09 March 2011 ~ 3 Comentarios

ARGENTINA Y LA VIOLENCIA SUBSIDIADA

Carlos Alberto Montaner
La Feria del Libro de Buenos Aires, la mayor de todo el ámbito cultural en lengua española, invitó a Mario Vargas Llosa, reciente Premio Nobel de Literatura, a inaugurar el evento el próximo 20 de abril. Inmediatamente, un grupo de intelectuales argentinos, encabezados por el Director de la Biblioteca Nacional, se opuso mediante una carta pública, porque, supuestamente, la presencia del escritor peruano “ofende a un gran sector de la cultura argentina”, es decir, a la facción peronista. Con bastante sentido común, la presidente argentina, Cristina Fernández, llamó al fanático que la defendía con tanto ardor y le pidió que depusiera su actitud. Era contraproducente.
Vargas Llosa, en el pasado reciente, cuando vivía D. Néstor, fue un crítico acerbo del matrimonio Kirchner, especialmente por la asombrosa capacidad que tenían los esposos para multiplicar el patrimonio familiar de manera poco ortodoxa. El artículo que irritó hasta el cólico hepático a los peronistas se tituló Flor de pareja, y explicaba, en un tono irónico, con un toque de humor negro, basándose en información pública, cómo este dúo de políticos compraba grandes terrenos al costo (aproximado) de un dólar por metro cuadrado, para venderlos, un año más tarde, a setenta. De esa manera, en muy poco tiempo, los Kirchner multiplicaron por diez la fortuna familiar conocida, hasta convertirse en multimillonarios.
Uno de los rasgos más enigmáticos del peronismo, y en cierta medida de una parte sustancial de la sociedad argentina, es la indiferencia cómplice ante la manifiesta deshonestidad de muchos de sus políticos. No les importa que saqueen el erario público, que reciban cuantiosas coimas o que vulneren medio código penal constantemente. Cuando llegan las elecciones, los candidatos peronistas que tienen ese comportamiento (no todos, afortunadamente) son respaldados por unos electores que no parecen entender que las riquezas que amasan estos ladrones, directa o indirectamente salen del bolsillo de la totalidad de los argentinos.
¿Por qué una parte, quizás mayoritaria, del electorado argentino es insensible ante estas violaciones de la ley y de las normas morales? A mi juicio, por tres razones:
• Porque el peronismo introdujo en el país, desde hace sesenta años, una práctica política clientelista, mediante la cual el militante otorga su apoyo a cambio de algún privilegio o de alguna dádiva que le concede el político. Votan con el estómago, no con el corazón ni con la cabeza.
• Porque prevalece una actitud cínica hacia el sistema democrático, forjada en la falsa premisa de que “todos los políticos son igualmente corruptos”. (No es verdad en Argentina hay políticos y funcionarios honrados).
• Porque muchos argentinos, tras varias generaciones de anomia continuada, están dispuestos a incumplir las leyes si obtienen de ello algún beneficio, lo que convierte en una quimera el ideal republicano de contar con una sociedad de ciudadanos responsables, voluntariamente colocados bajo la autoridad de la ley. Esa actitud, sencillamente, no es la que prevalece en un país en el que un sector notable de la población se ufana de romper las normas.
No es de extrañar, pues, que en este lamentable clima cívico, tan propicio para el surgimiento del fascismo y tan alejado de las virtudes republicanas, haya arraigado la costumbre de utilizar algún grado de violencia contra quienes denuncien las violaciones de la ley o, simplemente, manifiesten criterios contrarios a la corriente oficialista.
Aunque, a pedido de la presidente, se suspendió el movimiento de quienes pretendían impedir que Mario Vargas Llosa inaugurara la Feria, lo probable es que los sectores oficialistas del peronismo, ante la presencia del famoso novelista, monten lo que en Argentina llaman un “escrache”, extraña palabra que describe una especie de violento pogromo orquestado para callar a los conferenciantes o intimidar a los asistentes que desean oírlo.
¿Quiénes serán los escrachadores? Los hay de sobra. Argentina es uno de los pocos países del mundo cuyo gobierno subsidia a grupos violentos para que metódicamente destrocen la paz social y crispen las relaciones entre sectores de distintas vertientes. Son profesionales de la bronca, patoteros sostenidos con el dinero de los contribuyentes. Viven de eso y para eso. Son los agentes de la intolerancia tarifada.

3 Responses to “ARGENTINA Y LA VIOLENCIA SUBSIDIADA”

  1. Mariano M. 9 March 2011 at 6:45 pm Permalink

    Sigo desde hace años los artículos y libros del gran Carlos Alberto…

    Celebro que en esta ocasión dedique algunas líneas a lo que sucede en Argentina, uno de los pocos países que en los últimos 100 años ha pasado de ser uno de los faros del mundo ha convertirse en una cleptocracia tercermundista.

    En relación al artículo de marras creo que el peronismo además de ser el principal partido político de la Argentina (de los últimos 50 años ha gobernado prácticamente el 50% del tiempo, y ha gobernado el 69% del tiempo desde el regreso de la democracia – 1983) es una forma de hacer política y que se ha convertido en un rasgo cultural de gran parte de la población, y por ende de la clase política.

    Creo que gran parte del éxito del peronismo lo explica la famosa frase de Peron cuando dijo que “no es que yo sea bueno, es que los demás son muy malos”. En Argentina, el peronismo logró inocular la idea (falaz por cierto) de que es el único partido político que puede asegurar la gobernabilidad, y por ende brindar una aparte estabilidad política e institucional. Argumento falaz ya que el peronismo nació de un golpe de estado y ha sido uno de los principales causantes de la inestabilidad política que sufrió la Argentina desde la segunda mitad del siglo XX. A tal punto, que hasta el mismo Perón alentó en los 70 (y desde el exilio) a los grupos terrorista que operaban desde la clandestinidad para imponer la dictadura del proletariado. A su vez, fue el propio Eduardo Duhalde (mentor de Nestor Kirchner) el que propició los saqueos que adelantaron la caída de Fernando de la Rua (presidente 1999-2001).

    En efecto, no es que el peronismo sea bueno. Perón tenía razón. Es que en la Argentina no hay partidos políticos que corporicen una alternativa realista y superadora de lo que ofrece el propio peronismo, que a su vez tiene la elasticidad de desdoblar y multiplicar las ofertas políticas, que ya hoy en día una de las principales oposiciones al gobierno (peronista) es justamente una facción del propio partido peronista.

    A este panorama político también debemos sumar el gran deterioro educativo y cultural de parte mayoritaria de la sociedad argentina que simpatiza con las proclamas estatistas y redistribucionistas, a lo que hay que sumar un profundo anti-americanismo.

    En definitiva, el peronismo representa (con una eterna y asombrosa capacidad de adaptación) un “sentir” nacional y popular…algo así como una gran tradición argentina.

    Aun así, los argentinos tenemos la asombrosa característica de quejarnos de los resultados sin recapacitar seriamente sobre las causas de nuestra decadencia.

  2. JUSTINO RENEE MORALES 10 March 2011 at 8:50 am Permalink

    ¿Por qué será que la gran parte del pueblo argentino, que dice ser “tan europeo” se comporta como la peor de las repúblicas bananeras? es una lástima, un país tan bello. Otra cosa que noté en mis visitas a Argentina, la mayoría de las personas con las que conversé son de extrema izquierda intransigentes y ante ideas políticas de centro o de derechas, yo diría que hasta son un poco violentos…..

  3. EDDIE 24 March 2011 at 10:57 pm Permalink

    Sr Montaner admirable su inteligencia y su valiosa capacidad para discernir de la triste realidad por la que pasa nuesta desgraciada America Latina gobernada por estos pillos ladronzuelos dictadores con infulas de monarcas bananeros. Gracias !!!


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