19 August 2021 ~ 1 Comentario

Carta a Miguel Diaz Canel Bermúdez

Señor presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez:

   Soy Elena Patricia Gutiérrez-Menoyo y Sala.

  Soy la hija de un héroe de la Revolución Cubana: el comandante Eloy Gutiérrez-Menoyo. Pertenezco a la Nación cubana aunque no nací en la isla. Pertenezco, además, a su generación, los que nacimos después del triunfo de 1959.

Cuba y mi padre me forjaron en un compromiso de solidaridad ante el dolor y me regalaron para siempre una sed de lucha por la verdad y la justicia. Soy, también, la sobrina de otro héroe de la Revolución Cubana: Carlos Gutiérrez-Menoyo, jefe militar del histórico asalto al Palacio Presidencial, donde cayó luchando frente al dictador Fulgencio Batista, el 13 de marzo de 1957.

Escribo desde Puerto Rico con gran consternación por los acontecimientos estremecedores del pasado domingo, 11 de julio, día en que las profundas preocupaciones y frustraciones de los cubanos salieron a la calle.

Le escribo porque el tono y contenido hostil de sus primeras palabras, tras las marchas, provocó en mí gran desasosiego e indignación, al hacer usted tristemente tangible una voluntad de exterminio del contrario, y al emitir un irresponsable llamado a las tinieblas, al rencor y a la lucha fratricida que todos deberíamos tratar de evitar. De hecho, le doy la bienvenida a sus palabras de ayer con un tono algo más conciliador.

Lo confronto con sincero respeto, señor presidente. Me inspira la buena fe sobre la que descansa el amplio concepto de la cubanidad. Lo llamo a frenar cualquier instinto febril y partidista en este momento en que Cuba atraviesa una de las crisis más hondas de su historia.

El vacío ideológico no se llena con represión ni con estalinismos de nueva cosecha. Le invito a ampliar la reflexión señor Díaz-Canel.

El domingo, los cubanos rompieron el silencio para gritar lo que muchos se tenían callado. Gritaron su desencanto y le dijeron a su gobierno que el hilo conductor del proceso revolucionario cubano se quebró desde hace rato por la falta de libertad y de verdadera igualdad. Se quebró para siempre, podríamos añadir, en la falta de verdad, de futuro, de presente, de comida, de electricidad, de vacunas, de asidero moral y de verdades creíbles, señor presidente.

El vacío ideológico al que ha llegado el pueblo en la isla es el resultado de 62 años de empecinado atrincheramiento en el fracaso bajo el pretexto de la soberanía en peligro de agresión por parte de los de EE. UU.

Le pido que revise su lenguaje peligroso. Es áspero, y excluyente. Le insto que analice con limpieza de espíritu el fracaso de un proyecto que inspiró una promesa utópica y que hoy se pega de narices contra la realidad imperante. No se le puede exigir al pueblo cubano que siga soñando esa utopía mientras es testigo y víctima de dos economías abismalmente diferentes, entre los beneficiados y los desprotegidos. No se le puede pedir paciencia a los cubanos mientras los nietos del privilegio muestran, sin pudor ni prudencia, la espuma exhibicionista de su exclusivo bienestar en las redes sociales, en lo que los ciudadanos de a pie se comen sus estrecheces, su dolor, su escasez y el fatigado delirio de un sueño roto.

Mi padre decía que los cubanos no podían ni merecían tener solamente tres opciones para soñar y aspirar en sus vidas: las cárceles si protestaban, el exilio si no tenían a qué aspirar o los cementerios si se rebelaban o si se quedaban sentados viendo sus vidas pasar. No saquen “boinas negras” a las calles, señor presidente. Saquen a caminar el respeto y la esperanza. No se puede sostener una economía para extranjeros y un modo de vida esclavista para los cubanos. No se puede vivir sin verdadera libertad o con una libertad a medias dictada por un partido único.

Vuelvo a mi padre: Menoyo, quien luchó en la Sierra del Escambray, aunque se le haya tratado de descalificar, apostó por luchas para conseguir la paz entre todos y se fue a vivir humildemente en la Cuba que amaba, aunque también había sido su cárcel y su calabozo de muchos años. Lo hizo para alentar allí el proyecto ilusionado de Cambio Cubano. Si bien Fidel Castro le permitió albergar esperanzas, usted debe conocer verdades de adentro, entre ellas, que a mi padre se le negaran sus pedidos más sustantivos y se le espió su activismo en el país hasta que murió con su salud quebrantada, como es cierto, pero aquejado, además, en dolorosa medida, por el más profundo desencanto.

¿Qué harán ustedes ahora? Pregunto con candor y desde la sinceridad. Ruego que no se repita una estrategia de comprar tiempo. Los tiempos son muy difíciles, como habría dicho el poeta Heberto Padilla. No podrán decir, señor Diaz-Canel, que no se ha anunciado el futuro. Mi padre lo hizo. El reto radica en cómo lograr por igual libertad y progreso sin metrópoli ni coloniaje. Es innegable que el caos se podría enseñorear si no se le da oxígeno al pueblo que ha demostrado sentirse frustrado y oprimido. Los cubanos que han salido a desfilar se resisten a su desdicha. ¡Nadie quiere ser desdichado de por vida y hasta el infinito! Ellos saben que el cambio es necesario. Usted lo sabe también.

Por último, señor presidente, no debería ser motivo de demasiado asombro el hecho de que el pueblo haya salido a la calle. Como editora y cubana en el exterior, sedienta por el conocimiento de mi isla, a menudo examino nuestro pasado y ni usted ni yo podríamos olvidar la admirable tradición histórica de luchas del pueblo cubano. Esa lucha por sus conquistas y por su independencia en las calles, en las escuelas y en la histórica Universidad de La Habana. Esas luchas culminaron con el triunfo del primero de enero de 1959. La única forma de acallar esas luchas es imponiendo un pensamiento monolítico a base de una odiosa represión. ¿Traicionará usted esa tradición histórica del pueblo cubano o contribuirá a dejar el pensamiento monolítico hundido en el olvido bajo los escombros de las viejas sociedades cerradas?

La vitalidad de ese ideario de lucha se ha hecho patente otra vez en las calles de nuestro país. Ese ideario no será vencido jamás con represión. Usted debe saberlo, señor presidente. Yo solo he venido ante usted para recordárselo humildemente, respetuosamente y cubanamente.

 Elena Patricia Gutiérrez-Menoyo y Sala.

PD- por si no lo tuviese a mano, me tomo la libertad de adjuntarle con entusiasmo el Testamento de Eloy Gutiérrez-Menoyo que me parece tan vigente hoy como ayer. EPGM.

One Response to “Carta a Miguel Diaz Canel Bermúdez”

  1. Francisco Yaniz 24 August 2021 at 11:06 am Permalink

    Por su formidable contenido y por venir de la hija de Eloy Gutierrez Menoyo, creo que esta carta meritoria debe publicarse en ENH y si es posible en el NYT. No sé, Montaner, si puedes ayudar a que eso ocurra.


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