06 April 2014 ~ 5 Comentarios

Cataluña y España

por Carlos Alberto Montaner

Cataluna

(El Nuevo Herald) Una parte sustancial de los catalanes quiere separarse de España. Crearían, si los dejan, un estado independiente. ¿Cuántos son? Parece que algo más del 50 por ciento, pero no se sabe con precisión porque la Constitución no autoriza los plebiscitos (Rajoy tiene razón: no puede admitir lo que la ley prohíbe). En todo caso, el número de los secesionistas aumenta paulatinamente. Dato, este último, que tiene dos lecturas. De la misma manera que, coyunturalmente, crece, también puede reducirse en el futuro.

El nacionalismo catalán es de vieja data. Tuve cuatro tías abuelas que se quedaron solteras en La Habana, pese a ser bonitas y educadas, porque nunca encontraron catalanes con los cuales casarse. Mientras estuvieron en edad de merecer viajaban anualmente a Cataluña en busca de compañeros, pero regresaban con las piernas vacías. Ejercían una forma extrema de nacionalismo genital. Hace muchos años, cuando se lo conté a Jordi Pujol, entonces Presidente de la Generalitat, se le aguaron los ojos de patriotismo.

En todo caso, los catalanes independentistas esgrimen argumentos dotados de cierto peso. Tienen una historia parcialmente diferente y hablan una lengua romance distinta al español. A lo que el resto de sus compatriotas les responden que cada región de España también tiene una historia diferente y, al menos dos de ellas, conservan otros idiomas además del castellano: el gallego y el euskera.

España, precisamente, es eso: un mosaico de trozos medievales surgidos, esencialmente, de un pasado edificado sobre un milenario sustrato celtibérico al que Roma, a lo largo de muchos siglos, dotó de una lengua, una ley, una religión y un perfil urbano comunes. Fue con esos mimbres con los que los Reyes Católicos, finalmente, tras derrotar a los moros en Granada, trenzaron algo parecido a España a fines del siglo XV.

Pero el nacionalismo no es un asunto que atiende razones. El nacionalismo es una cosa del corazón. Una emoción profunda que tiene su asiento en los lazos secretos que unen las tribus. Esto lo entendí muy bien leyendo los papeles de un culto antropólogo español llamado José Antonio Jáuregui, a quien, injustamente, casi nadie toma en cuenta en nuestros días.

Para Jáuregui, nuestra especie estaba a merced de la acción de los neurotransmisores, grandes fabricantes de sensaciones placenteras o dolorosas, y a estos desalmados mecanismos solo les interesa que el bicho humano se reproduzca y prevalezca. Para esos fines, los nexos unificadores eran importantes porque forjaban metas comunes que no estaban al alcance de individuos aislados.

El amor a la patria, el temblor emotivo al escuchar los himnos nacionales, el orgullo por las victorias de nuestros ejércitos, o las distinciones conferidas a nuestros héroes, incluso el grito de alegría genuina cuando gana nuestro equipo, son estrategias de supervivencia inducidas por los neurotransmisores. Nos gratifican con esas sensaciones agradables con el objeto de que las reproduzcamos. Nos castigan cuando nos movemos en la dirección opuesta.

Por eso es inútil decirles a los catalanes independentistas que la separación es un mal negocio o rebatirles los argumentos históricos o culturales con informaciones eruditas que demuestran los errores en los que incurren. A las emociones no se les combate con razones. ¿Qué se hace entonces?

No hay una respuesta clara. Tal vez la solución menos mala es juntar a los partidos nacionales (el PP, el PSOE, y UP y D) y forjar una barrera legal infranqueable. Tal vez sea modificar la Constitución para dejar abierta la puerta de la secesión, como los canadienses en Quebec o los ingleses en Escocia, evitando que, algún día, en el futuro, la sangre llegue nuevamente al río.

Es probable que la mayor parte de los habitantes de Cataluña no quieran la independencia si pudieran acceder a ella, como sucede en Quebec y en Escocia, pero acaso la imposibilidad de separarse de España sea uno de los factores que aumenta la tendencia rupturista, en la medida en que les multiplica a los secesionistas la sensación de ser víctimas de una gran injusticia, factor que incrementa la temperatura nacionalista.

En todo caso, lo más importante es solucionar el conflicto pacíficamente. El pasado 1 de abril se cumplieron 75 años del fin de la Guerra Civil española. Varios cientos de miles de personas dejaron la piel en aquel conflicto fratricida. Uno de los factores que los lanzó a las trincheras fue el separatismo. Nunca más debe suceder algo así. Paradójicamente, tal vez la manera de evitarlo es abrir la puerta, pero invitando sinceramente a los catalanes a que se queden. Son una parte fundamental de España.

5 Responses to “Cataluña y España”

  1. Raf 6 April 2014 at 10:27 am Permalink

    Estimado Sr. Montaner,
    No olvide que España tiene además un territorio que fue conquistado por esa España hilvana por los reyes Católicos en el siglo XV, que contribuimos al desarrollo de su país Cuba,bajo la explotación de otros españoles principalmente catalanes, al igual que sufrimos el desprecio de los vascos en Venezuela y que estábamos en el programa de invasión y captura de territorios que USA tenía en mente a finales del XIX junto a Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Un territorio que nunca hemos abandonado la idea de ser independiente para ser libres, porque hay razones del corazón que la razón no entiende, y eso lo sabía mejor que nadie José Martí. Cuando Cuba se independiza, o la independizan, en las cortes monárquicas españolas se debatía el estatuto de autonomía como un acto desesperado de evitar la pérdida de su provincia caribeña, última perla colonial que hacía muchos años que no era una colonia y participaba como una provincia española más en el Parlamento de España ( cosa que los españoles de hoy ignoran y muchos cubanos seguro). Le hablo de Canarias y le hablo desde la sensación de que nunca España supo querer de verdad lo que decía que era suyo. La provincia española de El Sáhara todavía recuerda como se puede abandonar a ciudadanos españoles sin pestañear. Habría que saber que hace que una de las regiones imperialistas y dominantes en la historia de España, como es Catalunya, hoy prefieren hacer con el corazón lo que con la cabeza nunca harían.

  2. Francisco Jayo 6 April 2014 at 11:43 am Permalink

    Déjeme aclarar que soy anti-nacionalista. El nacionalismo y la religión, como excusas, han cobrado ya demasiados muertos en la historia de la humanidad. Tenemos que aprender a medir los valores de nuestros gobiernos mirando a un futuro en los que nos une, no en lo que nos diferencia.

    Sin embargo, clasificar el Euskera (Vasco) como uno mas, de los idiomas que se hablan en España, es muy poco informativo. La dilución de una situación importante confunde. Sobre todo en un articulo en el que se discuten los méritos de un nacionalismo en base a la diferencia de su historia y cultura.

    El Gallego y el Catalán son lenguas romances que se mantienen vivas. Lenguas romances que parten del Latín. Muchos los consideran dialectos mas que idiomas, pero eso ya es una decisión política mas que lingüística.

    El Euskera, otra lengua viva, no tiene origen común. Ni con el Español, ni con el Latín, ni con ninguna otra lengua en el mundo. Es una lengua aislada. Y en gran parte, de ahí surge el peculiar y único derecho a la independencia vasca. Muy distinta situación a la catalana.

    • Maximiliano Herrera 6 April 2014 at 4:23 pm Permalink

      Aunque tengas razones, no me parece un argumento 100% definitivo o solido. Entonces Papua Nueva Guinea tendria que partirse en centenares de micro estados porque si hay montones de lenguas aisladas. Que decir de Brasil donde hay lenguas que no tienen relacion con ninguna otra,como el Pirah.
      Yo tampoco soy nacionalista, todo lo contrario, para mi lo mas importante es una union de pueblos y regiones y lo nacional no es muy importante. Mi modelo favorito es Suiza.

    • Faz de Tudo 18 April 2014 at 12:25 am Permalink

      entonces ni mencionemos la palabra Francia.

  3. José Vargas 6 April 2014 at 12:34 pm Permalink

    Más allá de la cuestión legal-formal (podría hacerse un plebiscito no vinculante, por ejemplo) y de que la Carta de Derechos de la ONU reconoce el derecho a la libre determinación de los pueblos (con los cual, el gobierno catalán podría exigir que se cumpla) me parece incoherente esta suerte de crítica al nacionalismo catalán… y no decir nada del otro nacionalismo que está en juego y tensionando la situación: el nacionalismo español/castellano…

    En síntesis, están en conflicto un nacionalismo “localista” y un nacionalismo “expansionista”.


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