17 January 2015 ~ 6 Comentarios

A coger al enano y otras ideas irracionales

por Carlos Alberto Montaner

enano

Cuando yo era muy joven, hace medio siglo, los cómicos y el público se reían de los cojos, jorobados, negros, chinos, bizcos, homosexuales, tartamudos y fañosos. También de los curas y las monjas. Creo que sobreviven los chistes étnicos, especialmente los de “gallegos” (que son los mismos de los “polacos” o de los “pastusos” colombianos), pero cada día con menos adeptos. Hoy ese humor es de mal gusto.

Había en La Habana de entonces un hilarante programa de televisión titulado “A coger al enano”. Soltaban en un barrio popular a un diminuto actor –risueño, cabezón, de brazos y piernas cortos–, y al que lo llevara cargado al estudio le daban 100 dólares.

Al pobre hombrecito casi lo destrozaban en la aventura todas las semanas. Recuerdo haberlo visto desde mi autobús escolar, con un puro en la mano, gritando en medio de una turba que se lo disputaba a empellones.

Ya no es posible repetir esa expresión cruel del humor. Los críticos lo calificarían como una agresión a la dignidad de una persona afectada por acondroplasia.

Probablemente tienen razón. La sensibilidad ha cambiado mucho. ¿Qué ha pasado? Aceleradamente, en el curso de dos o tres generaciones, en medio planeta, quizás por influencia norteamericana, la sociedad se ha hecho multiculturalista, multiétnica y mucho más aceptante. Ya no se puede o debe ofender a nadie.

El problema radica en quién determina lo que es ofensa, cómo se impide o cómo se castiga. ¿El propio afectado se convierte en juez? No parece razonable. Cuando un energúmeno decide “vengar” al profeta Mahoma porque unos dibujantes lo han pintado y ello se prohíbe en el Corán, ¿tiene alguna justificación la represalia?

Por supuesto que no. La misma que hoy tendría que un cristiano ejecutara a un hereje por no comer carne de cerdo, como hicieron hasta entrado el siglo XVIII. (“Yo te untaré mis obras con tocino/ para que no me las muerdas, Gongorilla” le advertía irónicamente el antisemita Quevedo al judaizante Góngora para que no lo plagiara).

Todas las religiones están llenas de prohibiciones o imposiciones arbitrarias. Es conveniente predicar cierto amable respeto a esas costumbres, pero, simultáneamente, hay que enseñar a quienes las practican que no deben responder violentamente a quienes se burlan de ellos.

La tolerancia pasa por admitir, incluso, a los intolerantes, e ignorar a los irreverentes. La misma Charlie Hebdo que se burlaba de Mahoma, poco antes había tenido el mal gusto de dibujar en portada un menage a trois en el que el Padre era penetrado por el Hijo, mientras el Espíritu Santo sodomizaba al Hijo.

Evidentemente, existían unos cuantos millares de franceses que encontraban alguna diversión en esa caricatura, pero, para la mayoría, lo que en el pasado se hubiera considerado sacrílego, apenas era ya una tonta grosería a la que no había que darle importancia.

A los cristianos seguramente les mortificaba el dibujo, pero la madurez cívica consiste en entender que, en realidad, no existen los delitos de opinión más allá de nuestra subjetiva fantasía.

¿Se puede educar para la tolerancia? Yo creo que sí. Si estuviera en mi mano inculcarles a los jóvenes y adultos una sola lección, un texto de apenas mil palabras,  los invitaría a leer y discutir las “Once creencias irracionales básicas” de Albert Ellis, fácilmente accesible en Internet. Y no sólo porque le conviene al conjunto de la sociedad por el clima pacífico que genera, sino porque me parece vital para desarrollar una personalidad equilibrada y aceptante, a prueba de frustraciones y neurosis.

Toda la obra de Ellis, un gran psicólogo, creador de la “Terapia Racional Emotiva”, está basada en enseñarnos a descubrir las ideas absurdas y a luchar contra ellas, y no hay expresión más peligrosa ni más absurda que ésa de los que aseguran que es “la voluntad de dios”.

Si hay ideas completamente desquiciadas, totalmente irracionales, son las que depositan el honor personal o la felicidad en la supuesta complacencia de un ser superior o en los textos sagrados que éste inspirara, de acuerdo con las convicciones del creyente.

Educar para la tolerancia es educar para la duda y el escepticismo. Lo que nos matan son las certezas y las verdades absolutas. Hay que huir de ellas como de la peste. Ese mensaje está en Ellis. Vayamos en su búsqueda antes de la próxima matanza.

6 Responses to “A coger al enano y otras ideas irracionales”

  1. Adolfo DiMare 18 January 2015 at 8:43 am Permalink

    Tolerancia … El Camino a la Felicidad … En lugar de poder y dinero todos debiéramos aspirar a ser tolernantes … Pero, qué difícil es serlo si hasta comprenderlo nos cuesta!

  2. Lilliam Moro 18 January 2015 at 5:33 pm Permalink

    ¿Humor negro? No: razonamiento transparente. Pero cuidado: se debe ser tolerante siempre, pero hay que tener presente que “de buenas intenciones está empedrado el camino del Infierno”.

  3. OsoBob 19 January 2015 at 8:45 am Permalink

    Alguien encontró en internet el texto que nos recomienda Montaner (“Once creencias irracionales básicas” de Albert Ellis) Por favor compartan el enlace.

  4. Sam Ramos 19 January 2015 at 4:41 pm Permalink

    OCCIDENTE: LA GUERRA SANTA QUE VAMOS PERDIENDO

    Posted on January 19, 2015 by Nuevo Accion

    Por, Antonio Robles-© Libertad Digital, vía Heritage Libertad

    “Un día, millones de hombres abandonarán el Hemisferio Sur para irrumpir en el Hemisferio Norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria.”

    Esta lapidaria frase, pronunciada por el expresidente de Argelia Huari Bumedian ante la Asamblea de la ONU en 1974, está preñada del mismo odio y fanatismo que la yihad islámica ha demostrado en su crimen contra la libertad de expresión en París.

    A sabiendas de que habrá quien rápidamente deduzca de la cita una invitación a la xenofobia, hemos de tomar conciencia de qué precio ha pagado la civilización occidental desde la Atenas de Pericles hasta los Estados de Derecho de nuestros días para saber a ciencia cierta qué riesgos corremos si no nos tomamos en serio esa mentalidad medieval.

    ATAQUEALASTORRESGEMELASDe momento, la guerra emprendida contra Occidente el 11 de septiembre de 2001 la vamos perdiendo. Antes de explicar por qué, reparemos contra qué mentalidad nos estamos enfrentando. Hemos de ser conscientes de que, ante un fanático, el diálogo es inútil. El fanático está poseído por una verdad que lo trasciende y lo vuelve inmune al contraste de la razón. Occidente no es para ellos un adversario cultural, sino la mismísima encarnación de Satanás que debe ser eliminada. Él libera a sus mujeres de tradiciones injustas, introduce en sus vidas música, imágenes y modas sensuales que pervierten su poder, Occidente es internet, es la libertad, es la Ilustración ante sus aquelarres medievales, la ley que persigue la ablación y todas las formas de sumisión de la mujer, Occidente es el diablo porque Occidente es el relativismo, la tolerancia, la irreverencia, la risa de todo lo que para ellos es sagrado. Tolerancia frente a dogma, voluntad frente a fatalismo, libertad religiosa frente a sumisión.

    Ocioso es señalar que los fanáticos no son el islam ni sus creyentes musulmanes. El fundamentalismo islámico es tan enemigo suyo como nuestro. Como el Ku Klux Klan lo es de Roma. Pero tampoco es ocioso subrayar que estos fundamentalistas islámicos han surgido del islam, toman el islam como su causa y es el islam su justificación. Por eso es tan importante que sean los propios musulmanes los primeros en salir a la calle a combatirlos con su presencia, a enfrentarse a su barbarie y arrebatarles el islam. Y no ha sido eso lo que hasta la fecha ha pasado, muy al contrario, a menudo se han mostrado recelosos ante el poder de Occidente, allí donde viven. Puede que por una extraña necesidad de arremolinarse alrededor de sus raíces religiosas y culturales como cualquier emigrante fuera de su atmósfera cultural.

    Esta guerra la estamos perdiendo. No por sus masacres, ya numerosas: Charlie Hebdo en París, Bombay en 2008, Londres en 2005, los trenes de Atocha en 2004, la discoteca de Bali en 2002, las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. No por sus masacres, repito, sino por el miedo infundido en nuestra civilización. Desde 2001 todos sufrimos las consecuencias de sus bombas de forma directa: debemos hacer colas en los aeropuertos, en todos los aeropuertos, puertos, estaciones de tren, acontecimientos deportivos, embajadas; asegurar medios de comunicación y centros religiosos. Nuestros sistemas informáticos gastan presupuestos astronómicos para que no los boicoteen. Vivimos con el miedo en el cuerpo. Ahora mismo, mientras escribo, en Madrid se ha producido un caos monumental de tráfico por una falsa alarma de bomba. Durante meses, después del atentado de los trenes en Madrid, la gente miraba recelosa a cualquier persona con aspecto árabe que subiera al metro con una mochila. Estamos perdiendo esta guerra también porque la autocensura se ha instalado en muchos de nuestros medios. Periódicos tan emblemáticos como The New York Yimes, The Wall Street Journal o la agencia de información Associated Press, entre otros, han cedido al chantaje y se han negado a publicar las caricaturas de Mahoma del semanario Charlie Hebdo. El diario danés Jyllands-Posten, que en 2005 publicó caricaturas de Mahoma, es la imagen de la derrota al declinar hacerlo ahora.

    Es su victoria, el terror generalizado, su única victoria. De momento. No estaría de más que los gobiernos occidentales presionaran a esos gobiernos árabes amigos y enemigos bañados en petrodólares para que dejaran de patrocinar madrasas y mezquitas donde se adoctrina impunemente en el odio a Occidente. Si un día alguna de estas facciones lograra comprar de estraperlo una bomba nuclear sería el principio del fin de un modo de vida para Occidente. Dinero les sobra. Y fanáticos.

    Los tibios se escandalizarán, son tan ciegos como los niños de papá incapaces de apreciar el costo de su vida regalada.

  5. Aelredus 19 January 2015 at 4:45 pm Permalink

    ¿Existe alguna verdad o alguna certeza que no sean absolutas? Si yo dijera que no se puede afirmar absolutamente que 2+2 =4, no me tomarían por loco? La misma afirmación “No existen verdades absolutas” sería, de ser cierta, la única verdad absoluta, contradiciéndose a sí misma.
    No, la solución para la violencia no es el relativismo. La solución es el diálogo entre posturas contrapuestas para acercarlas lo más posible mediante el uso de la razón.

  6. Juanamaria 13 April 2015 at 8:43 pm Permalink

    Es correcto el hablar de tolerancia, sin embargo en absolutamente indispensable educar en el respeto. no por el hecho de que usted sea ateo y yo católica significa que le voy a hacer daño por no creer en Dios, sin embargo usted me debe el mismo respeto que yo y por tanto todos deberíamos respetar. Eso también es signo de civilidad.

    La irreverencia debería ser cuestionada y sancionada. Fue terrible lo que sucedió a Charlie hebdó, y en ningún momento se merecían la muerte sus integrantes, ni tampoco Teo Van Gogh ni nadie, pero eso no es en modo alguno razón para permitir la irreverencia o la falta de respeto a las ideas por más retrógradas que parezcan. Yo no tengo el derecho de burlarme de su madre o de su familia ni de la de nadie, ni de sus creencias por absurdas que parezcan. Tenemos que re educar en el respeto a lo distinto.


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