07 September 2020 ~ 3 Comentarios

COMPLOT A LA VISTA

Por Fernando Londoño

               Gustavo Rugeles

La furia de los conspiradores no pasa de un tic nervioso, el que sienten todos los de su especie cuando quedan la vista sus maquinaciones criminales.

El periodista Gustavo Rugeles se limitó a poner en evidencia ante el país la trama de estos pájaros de cuenta.

A la cabeza estaba, como correspondía, el más siniestro personaje de la reciente dolorosa historia de Colombia. Juan Manuel Santos no se robó cualquier cosa. Se robó un país entero. Los colombianos siempre se preguntarán qué se hizo la más grande bonanza petrolera de todas las épocas, que seguramente no volverá. Se la robaron Santos y sus amigos, que convirtieron ese inmenso patrimonio de Colombia en mermelada para llenar las fauces glotonas.

Pero no le bastó al contertulio jefe de esta reunión para el complot. Pasarán varias generaciones antes de que se pague el endeudamiento que  puso en las espaldas del país. Para no andar con cifras que confundan, resumamos este atraco diciendo que Santos endeudó a Colombia en una cantidad igual a la que lo hicieron, sumados, los presidentes desde Simón Bolivar hasta este supremo saqueador del erario. Razón había para esconderlo detrás de un armario.

El anfitrión de la fiesta era Juan Fernando Cristo, el que saltó a la fama como miembro destacado de la pandilla samperista, la que se robó unas elecciones con la plata de los carteles de la cocaína. Ya entenderán por qué este complot se perfila como el de los protectores y beneficiarios del negocio maldito que despedaza a Colombia.

Tercero en esta concordia de rufianes resultó el Senador Cepeda, famoso  porque se dedicó a recorrer cárceles para asociar a su causa, con video grabadora en mano, a los peores delincuentes que poblaban estos recintos. No se le conoce otra habilidad. Carece de talento y de ilustración para tareas más altas.

Con esa terna de ases cualquiera se pone en guardia. Y se llena de estupor y pánico cuando ve a estos sombríos personajes acompañados por los máximos dirigentes de las FARC, que no han tenido arrepentimiento ni para cambiar el nombre de su grupo terrorista. Siguen siendo de las FARC, Timochenko y Catatumbo y Alape, y Tornillo y El Paisa y Márquez y Fabian Ramírez y Joaquín Gómez y Gentil Duarte. Todos alineados para ejercer su poder maldito sobre vastas regiones de Colombia, con las banderas de la cocaína en alto.

Ya se explica cualquiera el armario encubridor, la reacción de los sicarios que acompañaban a estos truhanes y las explicaciones de Cristo, el malo, apenas proporcionales a su talento.

Las cosas son claras, máxime cuando el dueño de casa sale a contar que semejante ágape era para examinar la marcha de la paz en el país. Era sencilla la cuenta de los desplazados, los muertos en la masacres de todo este tiempo, los niños robados, los soldados y policías asesinados, la cocaína exportada. Se la saben de memoria como que ahí estaban los autores y responsables de semejante tragedia.

Pero a la verdad que no estaban reunidos, entre las sombras de la noche, en secreto ignominioso, solo para hacer cuentas. Algo mucho mejor los convocaba, no las miradas a su pasado de vergüenzas sino los proyectos que se traen para el futro que los enlaza y los agrupa. Los que empiezan, claro está, por el complot que organizan contra un Presidente que no lo nota, o hace como que no lo nota ni le importa y contra lo que queda contra esta pobre Patria nuestra, queridos lectores.

La reunión de los Santos y los Cristos, póngale cada uno el nombre que le plazca, tiene por obvia primera causa la de seguir disfrutando de sus gajes actuales y mejorarlos para su mañana. No les basta lo que han hecho. Quieren mucho más o tal vez adviertan que no tiene regreso su caída al abismo. Y no hay nada más peligroso que una rata acorralada.

No tengan duda de que es el objetivo primero del complot, mantener cada día más provechoso el negocio de la cocaína. Y cuidar sus rendimientos, desde luego. Hay que echarle un vistazo a los miles de millones de dólares guardados para seguir dominando el tráfico y a sus víctimas, todos nosotros. Sin droga, no hay futuro, lo saben.

Sigue la tarea de empobrecer más al país. Esta mafia se dice comunista para encubrir lo que pretende. Y no hay comunismo sin miseria. Nada más peligroso para estos socialistas que un pueblo progresista, con empleo y esperanzas. Lo necesitan miserable, entregado, iracundo sin que sepa, exactamente, por qué. Los paros inminentes no son casualidad.

Rugeles los puso en evidencia. Nos corresponde a todos, si no hay gobierno que los enfrente, exhibirlos a la luz del día, con sus aspiraciones siniestras, sus maquinaciones repugnantes. Las imaginábamos. Ahora están a la intemperie.

3 Responses to “COMPLOT A LA VISTA”

  1. razón vs instinto 8 September 2020 at 12:21 pm Permalink

    Los pueblos no viven en Democracia porque así lo desean sino porque son o no capaces de vivirla.
    Y los pueblos latinoamericanos ya hemos dado demasiadas pruebas de su absoluta incapacidad (con las únicas excepciones de Chile, Uruguay y tal vez Costa Rica).
    Las “democracias” latinoamericanas ya son en realidad dictaduras de los incapaces y de los corruptos. Y lo peor de todo, por lejos, es que se vuelven cada año que pasa más y más de izquierda. Y consciente de que las dictaduras de izquierda son extraordinariamente más destructivas que las de derecha, pues ya voy entregando mis banderas. Si de elegir dictaduras se trata, que venga una de derecha.

  2. Manuel 8 September 2020 at 9:52 pm Permalink

    Mr. Biden, “Energy, attitude and personality cannot be ‘remoted.’”

  3. Manuel 8 September 2020 at 10:13 pm Permalink

    YET, DESPITE THE SEEMINGLY ENDLESS CASCADE OF BAD NEWS about the virus and the economy, many Americans remain optimistic about the financial future. In the Newsweek/LendingTree survey, there were, after all, 40 percent of respondents who expected to be in a much better place financially within two years. And nine in 10 thought there was an upside to the crisis that will last as people adopt healthier money habits and values.
    And while the pandemic and economic fallout has led many to become jaded about the prospects for getting ahead in this country, a sizable minority are still believers in the American Dream. In fact, the survey found that 17 percent of respondents have actually become more optimistic about the chances of getting ahead in America as a result of their pandemic experiences.
    That may be because the complex brain process of emotional tagging does not only apply to traumatic events like recessions and massive layoffs, but also to affirmative experiences with money. At a time when some workers are using credit cards less, saving more and seeing their bank accounts swell, many young adults are seeing the crisis as a chance to get their financial act together. In a recent survey by Northwestern Mutual, nearly one fifth of millennials and one-quarter of Gen Z respondents did not have a financial plan before the pandemic but are developing one now.
    Meghan Fernandes is one of them. The process of taking a deep look at what her family was doing wrong financially and taking concrete action to remedy it has been transformative, she says. “I felt very dark, very depressed, when the pandemic hit,” says Fernandes, who expects to return to her job at the skating rink in September. “Now I feel like we’re in a much better place.”
    → Paul Keegan is a freelance writer and co-author, with City Winery founder Michael Dorf, of indulge your senses: scaling intimacy in a digital world. He has also written for The New York Times Magazine, Esquire, GQ, fortune, inc. and Outside. ■


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