22 June 2014 ~ 2 Comentarios

El corazón de la Guerra Fría

Montaner

Entrevista completa a Carlos Alberto Montaner sobre la novela Tiempo de Canallas realizada por Hernán Vera Álvarez para El Nuevo Herald.

¿Cómo surgió la idea de “Tiempo de Canallas”?

Surgió de mi anterior novela, Otra vez adiós. Escribía un capítulo en el que contaba la visita a Cuba de los españoles Salvador de Madariaga y Julián Gorkín con el propósito de crear uno de los frentes antisoviéticos del Congreso por la libertad de la Cultura. Se me hizo evidente que el tema era muy importante y merecía ser explorado en una novela independiente. Eliminé ese capítulo y lo trasladé a mi próximo libro, que acabó llamándose Tiempo de Canallas. El corazón real de la Guerra Fría fue la lucha por la conquista de la intelligentsia planetaria. Por supuesto, debía insertar en esa batalla una historia humana que despertara el interés del lector de ficción. Tenía que ser creíble y, en este caso, terrible, porque se mezclan el amor, los crímenes y la traición con una dosis de sadomasoquismo. 

En sus novelas los datos históricos siempre tienen un lugar muy importante. En este sentido, la documentación es vital. ¿Cómo fue en el caso de esta obra, con tantos nombres y hechos importantísimos? Digo, en el sentido de cómo desechar lo menos importante  de lo importante en la trama.

Como en cualquier ficción basada en hechos históricos, lo primero es que resulte verosímil e interesante. Y lo segundo, es que atrape al lector para que continúe leyendo. Eso obliga a seleccionar la información que resulte útil al relato y eliminar todo lo que desvíe su atención.

En su nueva novela también se cuentan los inicios de la CIA –con su poco conocido lema mesiánico “Solo la verdad os hará libres” – y cómo, por ejemplo, dentro del  gobierno personajes como Edgar Hoover, del FBI, no estaban muy contentos con el nuevo organismo. Por ésto y otras cuestiones (la galería de personajes históricos, la trama de amor), ¿se podría decir que si no es “la” es una de las novelas más ambiciosas en la narrativa de Carlos Alberto Montaner?

No sólo Hoover se oponía a la CIA. Joe McCarhty también la combatió, tal vez sin darse cuenta que las acusaciones que le llegaban de que el organismo estaba lleno de excomunistas procededían de los servicios de inteligencia soviéticos. En realidad, en todas las novelas que he escrito –cinco hasta ahora— he puesto el mismo entusiasmo. Como amo la historia y la literatura, a partes iguales, no me propongo escribir la novela definitiva, sino un libro que me satisfaga y en el que deposito todas mis emociones y esfuerzos.

Entre otros temas, “Tiempo de canallas” plasma cómo la CIA fue tejiendo  su trama de aliados con la prensa y el rol que tuvieron los medios de comunicación en Estados Unidos como el Time, The New York Times, Newsweek, entre otros.  Algunos por convicciones y otros no tanto. Es otra de las partes fascinantes de la novela. (¿Qué piensa sobre ese tema?)

Era una época en la que muchos periodistas sentían que, además de informar, tenían el deber civico de defender la libertad y la democracia. Eso ha cambiado. La profesión se ha vuelto indiferente a los fines y valora más los medios. El dilema, anecdóticamente explicado, es éste: digamos que un periodista acompaña a una unidad militar americana en una operación contra Al Qaeda y es la única persona que advierte que hay un francotirador enemigo apostándose para matar soldados. ¿Qué debe hacer? ¿Avisarle a “su” gente para que maten al francotirador, convirtiéndose de hecho en un soldado más, o reportar objetivamente cómo el francotirador de Al Qaeda eliminó a media docena de soldados americanos? Durante los inicios de la Guerra Fría casi todos los periodistas americanos sentían que tenían deberes patrióticos. En nuestros días se ha desarrollado una especie de frigidez emocional en torno a esas responsabilidades. Muchos periodistas americanos hoy piensan que no tienen otra obligación moral que contar objetivamente (si tal cosa es posible) lo que sucede y publicar, al día siguiente, cómo murieron sus anfitriones.

En la novela hay una historia de amor. ¿Cómo fue confeccionar el personaje de Sarah Vandor, meterse en la sensibilidad femenina?

La psicología femenina casi siempre es más compleja e interesante que la masculina. Tiene más matices, está menos constreñida por el juego de roles rígidos al que nos sometemos todos los varones. Sarah Vandor es una mujer que se enamora, odia y es capaz de tratar de vengarse de quienes le han hecho daño de una manera muy auténtica, sin dobleces. Disfruta, además, de una sexualidad algo perversa o kinky, como dice ella misma. Me encantó construir y desarrollar el personaje. Sí, es difícil tratar de meterse bajo la piel femenina.

Además del mundo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, en paralelo, por los manuscritos de Rafael Mallo, nos enteramos de un mundo casi de ensueño (aquello que tan bien describió Stefan Zweig en su autobiografía):  París, La Habana,  Barcelona, en Moscú, México, New York.  (Y la Guerra Civil Española como primera herida para desembocar en los conflictos bélicos en Europa.)   Es decir, cuando el tablero del mundo era un tanto más claro. ¿ Este contrapeso de dos mundos fue de alguna manera pensado en la novela?

En efecto, el mundo de entreguerra es fascinante. Marca la eclosión del surrealismo, del psicoanálisis freudiano, la aparición del cubismo. Es verdad que una de las figuras clave es Stefan Zweig, hoy felizmente rescatado. También es la época de la fascinación con la revolución bolchevique y del enfrentamiento entre fascistas-estalinistas-trotskistas. Con el surgimiento de la URSS apareció el primer intento planetario de conquistar el mundo mediante la difusión de ideas, consignas y métodos de lucha. Por eso Moscú despachó a un número de agentes a construir partidos comunistas en toda partes. Así llegó Fabio Grobart a Cuba, un joven y habilísimo polaco de apenas 20 años. En ese panorama la Guerra Civil española fue esencial. Fue un parteaguas. Unos mil cubanos fueron a pelear de forma voluntaria a ese conflicto, casi todos en el bando comunista. Por eso mi personaje central, Rafael Mallo, participa en esos hechos.

Es increíble cómo en el principio de la Guerra Fría, al menos para los gobiernos de Estados Unidos, la sombra del comunismo en América Latina no era algo de temer. No vislumbraban lo que sucedería en pocos años. Es difícil no esbozar una sonrisa amarga. (¿Qué piensa al respecto de esa “ingenuidad” de EEUU?)

Desgraciadamente, América Latina siempre ha sido un segmento marginal de Occidente. Incluso, algunos historiadores y ensayistas discuten y niegan el carácter occidental de América Latina. Piensan, equivocadamente, que es otra cosa. Estados Unidos, que en eso, como en tantas cosas, hereda cierta tradición inglesa, ignora lo que acontece al sur de su país. Cuando comienza la Guerra Fría, Washington crea unos mecanismos de contención para enfrentarse a Moscú en América Latina, pero sin tomarlos demasiado en serio: en 1947 organiza el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), funda la OEA en el 48, pero nunca les dio importancia porque la región, pese a los lazos comerciales, siempre le resultó extraña y poco peligrosa. Truman, que sentó las bases de la resistencia frente a los soviéticos, en 1950 llevó a sus ejércitos a pelear a Corea durante tres años, a miles de kilómetros de distancia, para evitar que esa península cayera toda en poder de los comunistas, pero Eisenhower, a sólo seis años de haber concluido la Guerra de Corea, Kennedy y los otros ocho presidentes posteriores, aceptaron que en Cuba, a un tiro de piedra de su frontera sur, se instalara una dictadura comunista prosoviética. Eso se explica, entre otras razones, por la poca importancia estratégica y cultural que les dan a los latinoamericanos.

En la obra  hay una escena de sadomasoquismo. Tal vez la primera que aparece en su obra. ¿Es así? (En “La mujer del coronel”, creo, había erotismo pero no esas imágenes tan descarnadas y perversas de “Tiempo de Canallas”)

La sexualidad es uno de los aspectos más interesantes del bicho humano. Es extraordinario que las parejas se jueguen la vida para amarse. El sexo motiva a las personas, explica conductas, moviliza la voluntad de los individuos. En Tiempo de Canallas, sin embargo, el sadomasoquismo tiene una función literaria que se va perfilando hasta llegar a la escena final, donde es totalmente necesario. Como novelista, necesitaba ese recurso. El lector, tal vez no lo perciba (lo cual es conveniente), pero me permitió crear la escena final.

En la trama aparecen personajes bien delineados como Rafael, Sarah y Larry, pero a contrapelo, como cameos en un film, irrumpen celebridades y políticos. (El índice onomástico es una prueba de ello). (¿Qué piensa al respecto?)

Es una práctica que a mi me gusta y, supongo, que al lector también. Por ejemplo, cuando buscaba información sobre un personaje secundario, pero importante, de la novela, el agente de la CIA Carmel Offie, un brillante homosexual de vida torturada, descubro que había tenido contactos en París con el entonces congresista John F. Kennedy. ¿Por qué privar al lector de ese dato sorprendente? Kennedy, que era muy burlón, lo llamaba “la belle Offie”.

“Tiempos de canallas” remite al pasado, ¿pero podría hacerlo al presente, en el sentido de los canallas?

Siempre habrá canallas. El tanguista Discépolo lo advirtió, melancólicamente, en Cambalache: “que siempre ha habido chorros, Maquiavelos y estafaos”. La traición, el dogmatismo y la maldad siempre nos acompañarán, pero también la lealtad, la tolerancia y el idealismo. Por eso es tan interesante la aventura de vivir. Arthur Koestler, que es un personaje mencionado en mi novela, escribió un brillante ensayo llamado Jano, ese dios romano con dos caras que simboliza a nuestra especie espléndidamente.

2 Responses to “El corazón de la Guerra Fría”

  1. el inagotable 22 June 2014 at 6:03 pm Permalink

    Me lei el primer capitulo de su novela Montaner, a pesar de que hace annos que no leo ficcion. Reconozco que lo que lei, me motiva a seguir leyendo para conocer el desenlace.

    Ahora. Como suelo ser muy critico, me pregunto si el tal Mallo era tonto de capirote o usted no logro dar a esa escena, un toque de realismo… o de picardia. Las partidas de ajedrez, a mi juicio, deben tener otro final.

    Copio:

    Incluso, si tenían tiempo jugaban una partida de ajedrez que con frecuencia ganaba el prisionero.
    Casi siempre, e indefectiblemente cuando perdía, Casteleiro se despedía sin aclararle si había decidido o no que lo fusilaran al amanecer.

    Read more here: http://www.elnuevoherald.com/2014/06/22/1779337/tiempo-de-canallas-fusilamiento.html#storylink=cpy

  2. el inagotable 23 June 2014 at 3:25 am Permalink

    Dice Carlos A MOntaner que como en cualquier ficción basada en hechos históricos, lo primero es que resulte verosímil e interesante. Y lo segundo, es que atrape al lector para que continúe leyendo.


    Je Je Efectivamente, a mi me atrapa aunque mas verosimil seria que

    un prisionero se dejase ganar la mayoria – no todas para dar emocion

    a las partidas- de ajedrez que juegue con su captor porque

    de enojarlo, en ello le pudiera ir la vida.


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