12 August 2018 ~ 0 Comentarios

EL G9 ES COSA NUESTRA

Por ALICIA FREILICH

(EL NACIONAL) Un fantasma imperial recorre al planeta. Nació hace dos siglos en Italia como distracción clandestina grupal llamada “La Cosa Nostra”, se expande sin límite por migraciones,diásporas, alianzas oportunistas y terrorismo hasta que se empodera transnacionalmente  a través de mercados paralelos que absorben  receptores ingenuos, diversos cómplices particulares y empresariales hasta que se instala en el corazón mismo de sistemas económicos y  políticos.

Para detectarlo falla la criminología clásica y se aplica una disciplina mixta, detectivesca, útil, actualizada, sobre  su incidencia en la nueva geopolítica del trasmundo, sus instituciones y  la intimidad individual.

Su gigantesca red  paralela  es un poder oculto, discreto, fragmentado en  microimperios invisibles desde Familias (células mafiosas que pueden o no ser consanguíneas, de parentesco cercano y lejano) hasta alcanzar gremios, partidos únicos o distintos, usos caseros. Así se infiltra en autocracias, dictaduras, revoluciones  y sólidas democracias violando constituciones, reglamentos, códigos y leyes  tradicionales.

Antes, durante o después de implantar la corrupción y el asesinato por capos militaristas o no, sus padrinos usan el arma  eficaz y cotidiana de  un lenguaje verbal y escrito enmascarado, repetitivo, ceremonioso-populista, fachada  oficial de su inmutable delictiva crueldad frente al sufrimiento ajeno, únicamente solidario con sus obedientes ahijados a cualquier distancia.

Sus fuentes financieras básicas son el  contrabando en tráfico de armas, estupefacientes, drogas duras y blandas, riqueza minera y agropecuaria, prófugos, juegos de azar, prostitución y secuestro. De allí que sus  funcionarios controladores a su vez controlados,  son cabeza en oficinas judiciales, electorales, recaudadoras de impuestos y multas, vigilancia  de fronteras en ciudades y pueblos de  fachada marítima y fluvial, fichas en  puertos y  aeropuertos principales con  guías de trochas para escondidas pistas de aterrizaje.

Sus métodos  de sociedad secreta transitan el mapamundi legalizando de facto la ilegalidad marginal subterránea convirtiendo a sus jefaturas y dependientes incondicionales  en casta capitalista dominante, dueña de una sociedad sometida y al final tolerante víctima de la criminalidad.

Son apenas trazos de un estudio profundo y  fundamental (550 páginas):  El G9 de las mafias en el mundo. Geopolítica del Crimen Organizado (Tendencias Editores,2007,España). Su autor Jean Francois Gayraud avisa en el prólogo que continúa su indagación con la lupa puesta sobre la mafia  rusa y  su cortejo latinoamericano, régimen ya divinamente novelizado hasta el neo-sovietismo de Putin en la autoficción  Limónov (Editorial Anagrama, 2012) del magistral escritor-periodista Emanuel Carrere.

Los jóvenes políticos venezolanos, sin techo de vidrio ni rabo de paja, deben conocer además  la continua proyección del  imperial G9 consultando el académico The Oxford Handbooks in Criminology and Criminal Justice (2014).Y sus implicaciones directas en la Venezuela castrochavista desde el recién publicado  Blood Profits (en vía de traducción como Lucros de sangre) de la  investigadora venezolana Vanessa Neumann, presidenta de la Consultora Asymmetrica, quien analiza los estrechos vínculos entre políticas públicas y privadas del negociado comercio ilícito, la droga y el terrorismo del Estado Islámico en las Américas Central y del Sur.

Es que para rehabilitar un país–basural,su región y/o continente repletos de  escombros resulta imprescindible limpiar primero y a fondo cloacas y cañerías, aunque sus aguas luzcan claras.

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