24 December 2011 ~ 9 Comentarios

El Hombre que Amaba la Libertad

por Carlos Alberto Montaner

Vaclav Havel

(FIRMAS PRESS) Fue como un cuento. En diciembre de 1989, súbitamente, Vaclav Havel se convirtió en presidente de Checoslovaquia. En pocas semanas, el escritor checo pasó desde de la más absoluta indefensión a la cúspide del poder. Todavía a mediados de noviembre la policía política continuaba aporreando a los disidentes y el Partido Comunista mantenía las riendas del control social.

En la tercera semana de noviembre comenzó la asombrosa Revolución de Terciopelo. Las calles y las plazas se llenaron de miles de personas que, finalmente, se atrevieron a manifestar lo que creían del sistema comunista, pero no se aventuraban a decir: era un tormento horrible que debía terminar cuanto antes. Comenzaron las huelgas. El régimen se desplomó. El comunismo teórico era un disparate. El comunismo real, consecuentemente, se había tornado en una creciente pesadilla. Havel le llamaba “Absurdistán”.

Hubo algo sorprendente en el vertiginoso fin del comunismo checoslovaco. En febrero, los eslovenos –entonces una república adscrita a la federación yugoslava— crean un partido de oposición. Polonia, de la mano de Lech Walesa y con el impulso masivo del sindicato Solidaridad, había comenzado a derrotar la dictadura en las elecciones de junio. Los tres países bálticos, en agosto, pidieron la independencia de la URSS. En octubre, los comunistas húngaros habían cambiado de nombre y aceptaban el pluripartidismo. A principios de noviembre los alemanes derribaban el Muro de Berlín. El 25 de diciembre los rumanos fusilaron al dictador Nicolás Ceaucesu y a su pérfida mujer, la inefable Elena, para poder dar inicio a los cambios. Un mes antes lo habían elegido por unanimidad como líder del Partido Comunista.

Los checos, en cambio, parecían rezagados. De pronto, la libertad llegó como un relámpago. El29 de diciembre Havel era elegido presidente por un Parlamento que no veía otra salida a la crisis. Su figura se había agigantado al frente del Foro Cívico, una organización que agrupaba, esencialmente, a escritores y artistas disidentes. Era el primer país que rompía sin ambages la cadena moscovita e iniciaba el entierro de las supersticiones marxistas. Seis meses más tarde la inmensa mayoría de la sociedad le concedía sus votos a Havel.

Y aquí vino lo bueno. Los agoreros pensaban que un escritor poco conocido, sin experiencia política, y mucho menos burocrática, amante del jazz y del rock, bohemio y tímido, que había pasado casi toda su vida adulta preso o perseguido, sería incapaz de gobernar a un país que mudaba de sistema y se enfrentaba a la inmensa tarea de corregir las arbitrariedades, errores, abusos y estupideces cometidos durante algo más de cuarenta años de dictadura comunista.

Es verdad que no fue fácil y en el trayecto, al poco tiempo, checos y eslovacos se divorciaron por mutuo consentimiento (algo que hoy parece mucho menos traumático que entonces), pero, en general, el escritor inexperto resultó ser un gran estadista.”  ¿Cómo sucedió ese fenómeno? Ocurrió algo primordial: Havel no conocía de leyes, pero había conocido la injusticia. No sabía economía, pero sí experimentó la escasez y la falta de oportunidades. No tenía experiencia gerencial, pero estaba dotado de sentido común, sabía delegar y escogía bien a sus colaboradores. Era, además, una persona inteligente.

Havel tenía un objetivo: devolverles a sus compatriotas el control de sus vidas. La libertad era eso: la posibilidad de tomar decisiones sin coerción ni miedo. Los checos, que una vez formaron parte del imperio austrohúngaro, habían visto cómo los austriacos libres se habían convertido en ciudadanos prósperos de una nación pacífica. Y habían comprobado que la Alemania libre era mil veces más feliz y rica que la Alemania comunista. La regla de oro era obvia: había que tomar decisiones y crear instituciones que fortalecieran la libertad individual. Havel gobernaría desde los valores y los principios. El pragmatismo casi siempre es el disfraz de los oportunistas y los inescrupulosos. El título de una de sus últimas obras resumía su concepción de la política: El arte de lo imposible.

Por eso Havel me honró con su trato solidario. Cuando era presidente me recibió en Praga, en el Castillo, públicamente, con toda la alharaca posible, para subrayar su respaldo a los demócratas cubanos y su repudio a la dictadura de Castro. Creía que lo sex satélites europeos tenían una obligación moral con las víctimas de la última tiranía marxista-leninista de Occidente. Los pueblos habían sido hermanos en el infortunio y debían salvarse juntos. Cuando dejó de ser presidente organizó un Comité Internacional por la libertad de Cuba y una tarde me convocó a Praga para que presentáramos juntos un libro del gran poeta cubano Raúl Rivero, entonces preso en la Isla. Lo hicimos en un café, como cuando él luchaba contra la dictadura checa. Ya estaba enfermo, pero los ojos le brillaban con fiereza. Era el fuego de la libertad.

9 Responses to “El Hombre que Amaba la Libertad”

  1. Cuco 24 December 2011 at 4:01 am Permalink

    Nadie quita que un día en Cuba suceda algo similar..a pesar de las apariencias que siempre engañan, hay en Cuba una gran cantidad de gente culta, instruida que en cuanto se propicie una oportunidad viable, saldrán de su aparente letargo a decidir el futuro. Es solo cuestión de tiempo..!

  2. Sergio Botero 24 December 2011 at 7:53 am Permalink

    Está muy bueno el artículo pero le sugiero corregir un par de errores de ortografía (especialmente “sex satélites”). Luego pueden borrar mi comentario. Saludos.

  3. José López Mera 24 December 2011 at 9:04 am Permalink

    Excelente artículo…como siempre…para “variar”.
    Realmente la experiencia de Havel y los checos demuestran que lo esencial para gobernar bien es dar libertad, usar el sentido común, evitar todo sectarismo ideológico y elegir colaboradores competentes y que compartan el amor a la libertad individual y la justicia.

  4. Josue 24 December 2011 at 1:53 pm Permalink

    Este escritor poco conocido, sin experiencia política… tímido y bohemio fue capaz de gobernar un país que cambiaba de sistema porque, sencillamente, poseía la capacidad de hacerlo, sólo que no había tenido la oportunidad de ponerlas al servicio de su nación.

    Podría decirse que muchas personas tienen un potencial de capacidades sin desarrollar hasta que un día se revelan y se ponen en práctica. Como también un día manifiestan capacidades literarias para abordar nuevos temas no explotados anteriormente.

    Si sorprendente fue conocer las capacidades de V. Havel para gobernar su país, sorprendente fue para mí la capacidad de Carlos Alberto, autor de La mujer del coronel, para describir con profusión de detalles, quizás innecesarios por demasiados eróticos, las relaciones entre Nuria y el Profesor Martinelli.

  5. Boris 24 December 2011 at 2:58 pm Permalink

    Nosotros, los cubanos, tendremos a nuestro Havel tambien; que nos guiara despues de este medio siglo de pesadillas.

    • Rubén A.M. 25 December 2011 at 11:32 pm Permalink

      … y que ojalá sea Carlos Alberto Montaner.
      Saludos.

      • JOSE 29 December 2011 at 3:45 pm Permalink

        NO, JAMAS PODRA SER CARLOS A MONTANER, NUESTRO HAVEL TENDRA QUE SER UN HOMBRE O MUJER QUE HAYA SUFRIDO EN CARNE PROPIA ESTE MEDIO SIGLO DE TERROR Y MISERIA DE NUESTRO PAIS, EL SENOR MONTANER MERECE OTROS RECONOCIMIENTOS POR SU LUCHA EN BUSCA DE LA LIBERTAD Y DEMOCRACIA DE NUESTRO PUEBLO, PERO NO MERECE DIRIGIRNOS, HAY QUE ESTAR AQUI Y LUCHAR DESDE AQUI PARA MERECER TAL HONOR.

        • -JAD- 1 January 2012 at 1:50 am Permalink

          Bueno, Carlos Montaner ha dicho claramente en alguna entrevista que no le interesa ser Presidente de Cuba, así que eso cerraría el tema. En todo caso, lo importante es lo que sus ideas puedan aportar, que yo creo que es mucho.

          Saludos y un buen año.


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