08 February 2017 ~ 7 Comentarios

El secreto del milagro sueco

MAURICIO ROJAS
Santiago de Chile | Febrero 06, 2017

Suecia se ubica en el sexto lugar en el último índice de competitividad del Foro Mundial ( Global Competitiveness Index 2016-17) mientras que, de acuerdo a la revista Forbes, encabeza la lista de los mejores países para hacer negocios ( Best Countries for Business 2016). A su vez, entre 2000 y 2016, el crecimiento de su PIB per cápita se ubicó entre los más altos de los países avanzados. Estos notables resultados no dejan de sorprender pensando la profunda crisis que afectó a Suecia en los años 90, después de un largo período de estancamiento relativo que entre 1975 y 1990 la convirtió en el país desarrollado de más bajo crecimiento después de Nueva Zelanda.

¿Cómo se logra una transformación semejante? La respuesta más evidente es la siguiente: bajando los impuestos, limitando el tamaño del Estado y desmontando los monopolios públicos. El otro lado de la medalla ha sido una fuerte expansión del sector privado, que ha complementado sus bases industriales tradicionales con notables éxitos en áreas propias de la nueva economía del conocimiento. Algunas cifras pueden ilustrar lo ocurrido.

De 1975 a 1990 la carga tributaria aumentó del 39,4% al 50,4% del PIB, mientras que de 1990 a 2016 disminuyó al 43,5%. La evolución del gasto público es aún más notable, expandiéndose un 44,4% entre 1975 y su tope en 1993, mientras que entre ese año y 2016 se redujo un 28,8%, pasando del 69% al 49% del PIB. Al mismo tiempo, el empleo público, que había crecido espectacularmente desde los años 60, disminuyó un 18,9% de 1990 a 2015, con una reducción de más de 300.000 puestos de trabajo. Esto implica que en relación al empleo total la parte pública disminuyó del 37,7% al 28,9% de 1993 a 2015.

En su conjunto, estas cifras ilustran la mayor reducción del sector público jamás experimentada por un país desarrollado. Un aspecto importante de este proceso ha sido la desmonopolización y privatización masiva de una multitud de servicios básicos (transportes, telecomunicaciones, energía, medios audiovisuales, correo, farmacias, entre muchos otros) así como la apertura de los servicios del bienestar financiados públicamente (educación, salud, apoyo a los adultos mayores, etc.) a la oferta privada mediante diversos sistemas de vouchers o subsidios a la demanda que apoyan la libertad de elección ciudadana. Así, más de una tercera parte de la atención primaria de salud financiada públicamente es brindada hoy por proveedores privados. De la misma manera reciben su educación secundaria más de una cuarta parte de los jóvenes suecos y sus cuidados una igual proporción de adultos mayores. Esto explica una fuerte reducción del empleo público en paralelo a la expansión del empleo total en las áreas clave del accionar del Estado de bienestar.

Simultáneamente, el sector privado retoma el liderazgo económico que había perdido durante las décadas de fuerte expansión del sector público y sus monopolios. Así, el empleo privado se expande un 33,5% entre 1993 y 2015, lo que significa un aumento de 830.000 puestos de trabajo y contrasta fuertemente con la significativa pérdida de empleo privado registrada durante las décadas anteriores. Al mismo tiempo, la productividad del trabajo ha aumentado un 80% durante los últimos 25 años. Esto ha sido un aspecto crucial de la profundización del perfil exportador de la economía sueca, propio de un pequeño país abierto al mundo. Las exportaciones en relación al PIB suben así de 31,3% en 1993 a 45,6% en 2015, siendo la exportación de servicios su componente más dinámico.

En este contexto es interesante señalar que según el Índice de competitividad global ya aludido las mayores fortalezas de la economía sueca se encuentran en las siguientes áreas: solidez y probidad institucional (puesto 4 de 138 economías consideradas), buen manejo macroeconómico (puesto 5), capacidad de absorción tecnológica ( technological readiness; quinto lugar), sofisticación empresarial (sexto lugar) e innovación (también en sexto lugar).

Estos aspectos nos permiten precisar el contexto en el que se ha producido el gran vuelco de la economía sueca: el proceso generalizado de privatización ha ido acompañado de instituciones ejemplares en cuanto a sus niveles de probidad, agilidad y protección tanto de las libertades ciudadanas como del derecho de propiedad, junto a un manejo macroeconómico impecable y una fuerza de trabajo altamente competitiva y capacitada para ubicarse en la delantera del cambio tecnológico-organizativo del presente.

Tomar estos aspectos en consideración es clave para el futuro de una economía como la cubana ya que nos advierte de que no se debe convertir a la privatización en una especie de panacea universal que por sí misma lo resuelve todo. Bajo otras condiciones puede perfectamente terminar, como bien lo atestigua el caso de Rusia, en un tipo de capitalismo depredador dominado por mafias ya sea nuevas o provenientes de la antigua nomenklatura comunista. O también en un capitalismo subdesarrollado, como es el caso de la mayoría de los países latinoamericanos, donde las carencias de su capital humano lo condenan a un crecimiento extensivo eternamente dependiente de la abundancia de recursos naturales y fuerza de trabajo barata.

Estas son las lecciones del milagro sueco que, en realidad, nada tienen de nuevo. Su secreto está en la libertad económica respaldada por sólidas instituciones inclusivas que brindan la posibilidad de que las capacidades de cada uno se realicen en beneficio de todos.
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Mauricio Rojas fue diputado en el Parlamento de Suecia. Actualmente, es catedrático de la Universidad de Lund y Senior Fellow de la Fundación para el Progreso (Chile)
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7 Responses to “El secreto del milagro sueco”

  1. Ramiro Millan 8 February 2017 at 3:10 pm Permalink

    Como siempre, CULTURA e INSTINTO como factores centrales en la organización de las sociedades decidiendo su éxito o fracaso.
    Los pueblos con una CULTURA dónde se destaca el apego al cumplimiento de las normas y reglas, logran fácilmente INSTITUCIONES eficientes en medio de un elevado nivel de organización social, lo que les permite utilizar un elevado gasto público en relación al PBI y mantener una economía floreciente.
    Es lo que conocemos como estado de bienestar.
    Sin embargo, el aumento desmedido del gasto público siempre acompañado de una elevada presión fiscal, tarde o temprano choca de frente contra el instinto humano que nos exige destacarnos mediante la competencia económica a través de lo que bien conocemos como ambición o codicia.
    Cuando la presión fiscal es lo suficientemente elevada, el instinto busca la manera más eficiente de destacarse y comienza la búsqueda a través de la carrera burocrática en desmedro de la actividad emprendedora y empresarial dónde el esfuerzo ya resulta demasiado elevado.
    Llegada a ésta situación, la parálisis económica es inevitable.
    Los sistemas comunistas sirven de ejemplos que no dejan lugar a dudas o, mejor aún, los países subdesarrollados dónde la inclinación hacia la vía burocrática, cuando la presión fiscal elevada más un deficiente control ciudadano, inclina a los emprendedores hacia donde la corrupción puede hacer grandes negocios y muchísimo más efectivos para acumular riquezas que la vía del esfuerzo y la inversión genuina.
    Suecia comprendió que seguir inhibiendo la fuerza que significa el estímulo del Instinto, solamente podría llevar a más decadencia.
    La política adoptada fue sencilla, bajar la presión fiscal lo suficiente como para que la codicia vuelva a dirigirse hacía la actividad económica productiva.
    Todas las sociedades deberían tener presente este principio que va más allá de la voluntad humana.
    Cuánto más capacidad de organización tiene una sociedad (condicionada casi exclusivamente esta capacidad por su cultura) más presión fiscal puede utilizar manteniendo la energía positiva en su actividad económica.
    Pero siempre encuentra un límite que está dado por el instinto y su consecuente, la codicia.
    Cuando la codicia decide tomar un rumbo diferente al de la actividad emprendedora, entonces se está en un grave problema.
    Es tiempo de bajar los impuestos.
    Es aquí dónde los pueblos subdesarrollados encuentran un obstáculo insalvable, buscan insistentemente asimilar la presión fiscal a la de los países desarrollados sin tener en cuenta que sus culturas inhiben muchísimo antes a la codicia emprendedora y productiva real, dirigiendo su interés mucho antes hacía la burocracia y la corrupción.
    Jamás se debe intentar una economía vigorosa en pueblos subdesarrollados con niveles de presión fiscal equiparables al de Los países organizados y desarrollados.
    Y los países desarrollados deben saber que la presión fiscal siempre encontrará un límite y ese límite estará marcado por el instinto y su fiel compañero, la codicia.

    • Humberto 8 February 2017 at 5:24 pm Permalink

      Es decir, cuando un país se desarrolla, ya tu lo pasas a otra etnia mental, je, je,… esta buena tu tesis loco, como me ha hecho reír.

      • Ramiro Millan 8 February 2017 at 7:09 pm Permalink

        No se trata de “etnias mentales” sino de culturas.
        Por ejemplo, la cultura latinoamericana a la que seguramente usted pertenece (como yo) es muy propensa a incumplir la normas y reglas.
        Normas como las que permiten una buena convivencia e impiden generalmente faltar el respeto a los demás.
        Es justamente a lo que me refiero cuando destaco que hay culturas que favorecen el orden y la organización y otras que impiden la buena convivencia y con ello el respeto, el orden y la organización social.
        Espero haya comprendido ahora la idea.

        • MANUEL 10 February 2017 at 7:02 am Permalink

          señor, de lo q trata el artículo es de lo q el mejor capitalismo puede lograr. Por supuesto q la cultura es muy importante, pero fíjese q de llegar a ser el último entre los primeros hacia 1990, el cambio de política lo sitúa a la vanguardia de los mejores. De eso se trata el artículo.
          Para todos está claro q todos esos “mejores” han creado, porq han invertido en ello por siglos, una cultura superior sobre la q hoy se levantan los países mas avanzados q ha conocido el planeta; pero ojo (o Mosca, si eres venezolano) todo ese avance tiene una cara oscura q no acaban de abordar con el mismo éxito: un planeta lleno de plagas q nadie sabe como amainar con la misma eficiencia con q algunos países (quisá como Suecia) han logrado controlar dentro de la pequeñez de sus territorios y poblaciones. Otra cosa es llevar progreso a los billones q viven en otro mundo, en los círculos mas negros de Dante.

          • Ramiro Millan 11 February 2017 at 10:19 am Permalink

            Manuel, el artículo, para mí, trata de la imperiosa necesidad de Suecia de reducir los gastos para reactivar su decadente economía, siempre dentro del marco del capitalismo.
            La cuestión era cuánta intervención del estado era posible dentro de su sistema capitalista.
            El estatismo y dirigismo económico ya era inviable.
            No había iniciativa de política económica instrumentada a través del estado que habría hecho posible modificar el decadente rumbo.
            Pero ¿por qué?
            ¿No es acaso mucho mejor que el crecimiento económico sea programado y calculado para que los beneficios lleguen a cada rincón y habitante del país?
            ¿No es mejor la actividad económica calculada y estructurada para el buen funcionamiento de las empresas y el Estado, a dejar que decida el azar a través de las inversiones movidas por la codicia de los inversores que no ven más allá de las ganancias que quedarán en sus bolsillos sin importar en absoluto lo que suceda con la contaminación ambiental y la justicia social entre otro enorme número de riesgos a los que nos exponen?
            ¿Riesgos que ud menciona con la frase “los circulos negros de Dante?
            La respuesta es evidente, la razón, el cálculo y el sentido común tienen sus límites (los países que experimentaron el comunismo los conocen perfectamente).
            Límites marcados por la cultura y las pulsiones. Culturas porque algunas permiten un mayor dirigismo e intervencionismo de la organización social y de sus economías que otras.
            E Instinto o pulsión porque todos los pueblos del planeta, incluidos Noruega, Suecia, Dinamarca y otros altamente organizados, deben saber que hay un límite que no pueden traspasar: las exigencias de los instintos a los que inevitablemente deben darse su lugar.
            Así como una sociedad jamás podría imponer una política de control de la natalidad prohibiendo cualquier tipo de actividad sexual, tampoco puede sostener una actividad económica suficiente para sustentarse si se prohíbe a la codicia dirigir sus objetivos en la actividad económica productiva real.
            Suecia descubrió esa lamentable e inevitable realidad y decidió cambiar el rumbo.
            Decidió incluir a la codicia en sus políticas económicas.
            Sin ella, la economía hubiese seguido el camino al ostracismo a la que estaba condenada de no cambiar el rumbo.

  2. Rosa Espinoza 9 February 2017 at 6:25 am Permalink

    Interesate noticia de como llegar hacer qué un gobierno deje de ser cuna de tantos gastos en servicios publicos y a la vez vender las empresas del estado. Los gobiernos son malos administradores de empresas y se hacen de una gran carga social,aquí en Sudamérica deben aprender de esta lección qué Suecia nos da como lograr salir adelante con un orden desde el mismo ejecutivo.


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