19 May 2016 ~ 5 Comentarios

Conferencia «Venezuela: La tierra prometida»
por el Emb. Diego Arria

5 Responses to “Conferencia «Venezuela: La tierra prometida»
por el Emb. Diego Arria”

  1. nestorpvictore 24 May 2016 at 1:08 am Permalink

    Maduro ya consolido el golpe de estado,este gobernador para la colonia de castro llamada Venezuela cumplio a cabalidad los objetivos propuestos.
    las estadisticas dicen que su impopularidad llega al 85%…eso no es verdad
    Maduro no tiene en realidad ni el 3% de acertacion…al igual que su amo de cuba.
    Pero tiene firmemente agarrada las nalgas del tribunal supremo,bajo control el ejercito….y se rie en la cara de la Asamblea Nacional,sencillamente se limpia el trasero con todas las leyes que esta emite.
    El poco tiempo de vida que le queda a la asamblea antes que sea disuelta debe emplearlo en llamar a la cuidadania a la desobediencia civil y otras tacticas para demoler el gobierno titere de Maduro,a la asamblea se le acaba el tiempo.
    Venezuela se Somaliza….es un proceso de desintregracion,la pandillas poco a poco empezaran a marcar territorio y cobrar impuestos,el ejercito esta totalmente corrupto,el jefe es un perrito faldero de los castro.
    Bendito Pinochet,ese si era un hombre decente,derecho y incorruptible ,evito que Chile pasara lo que esta pasando Venezuela hoy en dia,Allende era un Maduro en mano de los Castro,pero la prensa cobarde demonizo al matarata en vez de enaltecerlo….que militar hoy en dia se atreve a hacer lo que hizo nuestro querido Augusto Pinochet…ninguno,todos se mean los pantalones antes de cumplir sus deberes de guardianes de los poderes publicos…y quien tiene principalmente la culpa…los cobardes y irresponsables intelectuales,los gobiernos timoratos,la prensa guiada por la mercadotecnia,el gobierno norteamericano dandole la espalda a sus amigos…
    tenia que suceder Venezuela…un Carlos Andres Perez estupido…diciendo que creia que Castro era su amigo…imbecil,castro nada mas que tiene compinches
    y hasta un punto…cuando Chavez no le convino lo mato.
    Hay que ser muy valiente para defender a Pinochet pero la mayoria de la gente es cobarde y ignorante,por eso estamos como estamos,Castro viviendo su vida de viejito tranquilo,mientras cientos de miles de personas han muerto por su culpa alrededor del mundo,y millones en la miseria ,cuando se dejen de hipocrecia el mundo se tiende a arreglar pero a quien le importa eso.
    Matar terroristas no es un crimen,Batista fue blando y mira lo que paso,quizo ser un pedazo de pan y se lo comieron,asi es el mundo,y muchos imbeciles se sienten orgullosos de haber “tumbado a Batista”que fue ejemplar en muchos sentidos y pusieron un pichon de facista llamado Fidel Castro.
    Cuando murio Raul Reyes o el Mono jojoy…todo el mundo se alegro,eso es un sentimiento sano….por eso Colombia a pesar de todo se ha salvado al menos por ahora,se hubieran sentido los cubanos el mismo sentimiento cuando mataban un hijo de perra en la Sierra Maestra,estuviramos hoy mejor,mas prosperos y seguros,pero la leccion todavia hay idiotas que todavia no la han aprendido,y hablan de los heroes y la revolucion traicionada.

    • Julian Perez 24 May 2016 at 1:12 pm Permalink

      Cuando yo vivía en España tenía una compañera de trabajo que tuvo que viajar a Chile para una venta. Ella solía leer la prensa de izquierda (valga la redundancia, aunque por aquel entonces el ABC aún lo dirigía Ansón y se podía leer: mis compañeros de trabajo me miraban con mala cara cuando yo llegaba con mi ABC debajo del brazp) y se creía todo lo que allí decían. Regresó de Chile asombradísima. No entendía como era posible que la mayor parte de la gente en la calle simpatizaba con Pinochet que, por cierto, ya no estaba en el poder, y le agradecía haber salvado al país.

      Por cierto, Nestor, tuve que googlear al Raúl Reyes para ver quién era porque el único que yo recordaba era el pelotero de los Industriales que fue el primero en batear 3 jonrones (e impulsar 11 carreras) 🙂

      • nestorpvictore 25 May 2016 at 8:55 pm Permalink

        Luis Édgar Devia Silva, alias Raúl Reyes, (La Plata, Huila, 30 de septiembre de 1948 – Santa Rosa de Yanamaru, Ecuador, 1 de marzo de 2008) fue un guerrillero acusado de terrorismo por el estado Colombiano, miembro del Secretariado, portavoz y asesor del Bloque del Sur de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el grupo ha sido calificado por la Unión Europea, Estados Unidos, OEA, y otros países como terroristas. Organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch, y Amnistía Internacional han criticado acciones de la FARC, y le han reclamado que respete el Derecho Internacional Humanitario, obligación que se adquiere al estar considerada parte beligerante. Antes de unirse a la FARC fue sindicalista y político local.

        Murió en territorio ecuatoriano a causa de una incursión a uno de sus campamentos realizado por fuerzas de seguridad colombianas,Horas después de la muerte de Raúl Reyes, el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez felicitó a los miembros de las fuerzas militares, de la policía y grupos de inteligencia que participaron en el operativo. Uribe afirmó que “hoy hemos dado otro paso contra el terrorismo que no respeta fronteras y que pretende seducir pueblos mientras ve la posibilidad de utilizarlos y finalmente los invade y los sorprende”, agregando que “como presidente constitucional de la nación, asumo la responsabilidad total de los hechos de la operación”,Horas después de la muerte de Raúl Reyes, el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez felicitó a los miembros de las fuerzas militares, de la policía y grupos de inteligencia que participaron en el operativo. Uribe afirmó que “hoy hemos dado otro paso contra el terrorismo que no respeta fronteras y que pretende seducir pueblos mientras ve la posibilidad de utilizarlos y finalmente los invade y los sorprende”, agregando que “como presidente constitucional de la nación, asumo la responsabilidad total de los hechos de la operación”,, la Fiscalía General de Colombia había abierto contra él más de 100 procesos por los delitos de terrorismo, sedición, secuestro, asesinato, etc. Raúl Reyes contaba también con unas 30 órdenes de captura emitidas en su contra.4 Reyes tenía circular roja de la Interpol.

        • Julian Perez 26 May 2016 at 4:05 pm Permalink

          Gracias, Nestor. Sí, Wikipedia me había sacado del despiste pero tu información es concisa y completa.

  2. Sam Ramos 24 May 2016 at 12:11 pm Permalink

    El misterio sin resolver de Jonestown:
    Despues que lean este articulo, recuerden como el lider de la Robolucion cubana dijo y expuso tambien muchas veces al pueblo cubano al suicidio colectivo si su experimento estuviera a punto de ser interrumpido, empezando con la consigna tan repetida de patria o muerte o el hundimiento de la Isla en el mar.

    Historia

    El misterio sin resolver de Jonestown: el suicidio con cianuro de 918 hombres, mujeres y niños

    César Cervera – C_Cervera_M – 24/05/2016 a las 02:36:26h. – Act. a las 04:51:14h.Guardado en: – Temas: CIA , Guyana , Sectas

    El líder, Jim Jones, increpó megáfono en mano a aquellos miembros de la secta que gritaron de dolor: «Debéis morir con dignidad». Él prefirió pegarse un tiro con una escopeta

    En un remoto lugar de la Guyana, en América del Sur, el pastor evangélico Jim Jones pronunció las últimas palabras que oyeron cientos de personas: «Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía». Ese 18 de noviembre de 1978 perdieron la vida 918 personas en un evento que los periódicos calificaron del mayor suicidio colectivo en la historia, y que protagonizó una secta con antigua sede en California. Hoy, sigue abierto el misterio sobre el desenlace de una comunidad que había nacido como una utopía socialista y había degenerado en algo aterrador.

    En 1955, el pastor Jim Jones creó una secta denominada el Templo del Pueblo, cuya mayor parte de seguidores eran de raza negra. De afiliación comunista, el reverendo Jones adquirió cierta notoriedad por su lucha contra el racismo y la defensa por los derechos de los homosexuales (incluso Harvey Milk, activista y político homosexual, simpatizaba con el movimiento). De hecho, Jim Jones y su esposa Madeleine adoptaron a seis niños de diversas razas, para fundar así su «familia del arcoíris» y criarlos de forma comunal.
    Jim Jones en una manifestación en San Francisco (California)Jim Jones en una manifestación en San Francisco (California)- Wikimedia
    En medio de la psicosis nuclear que produjo la Guerra Fría, Jones trasladó su comunidad desde California a Sudamérica. En la remota Guyana fundó Jonestown (Pueblo Jones), una granja de 140 hectáreas que pretendía sobrevivir a la guerra nuclear y a los peligros de unos EE.UU. –decía– cada vez más desbocados y próximos a su final. Su cóctel doctrinal, que mezclaba pasajes de la Biblia, textos de Marx y el credo evangélico Pentecostal, atrajo a una comunidad de cerca de 1.000 personas a sudamérica.

    El Templo del Pueblo y los maltratos

    Al estilo de las comunas hippies características de los años 70, los seguidores de Jones cultivaba su propia comida, criaban ganado, fabricaban toda clase de productos y educaban entre todos a sus hijos. Esto es, una utopía socialista regida con mano de hierro por Jones. «Jonestown es un lugar dedicado a vivir por el socialismo, por la equidad económica y racial. Estamos viviendo de una forma común increíble», se escucha en una grabación que fue recuperada por el FBI. Lo que al principio era simplemente un estilo de dirección demasiado autoritario fue mutando hacia abusos y maltratos.

    Desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, los miembros de la secta trabajaban sin descanso, niños incluidos, bajo temperatura cercanas a los 38 °C. Según los testimonios de ex integrantes de la secta, las comidas consistían en nada más que arroz y legumbres, de inferior calidad a los alimentos que recibía Jones y su familia próxima.

    En caso de desobedecer las órdenes, Jones encerraba a los indisciplinados en una caja de madera minúscula. Según los testimonios más crudos, las palizas eran frecuentes, así como el uso de un «hoyo de tortura» donde Jones tiraba a los niños desobedientes en mitad de la noche. Asustaba a los niños haciéndoles creer que había un monstruo en el fondo del pozo y, en caso de que fueron ya mayores para creer en cuentos de miedo, los amarraba desnudos para electrocutarles los genitales.
    Memorial en homenaje a las víctimas de JonestownMemorial en homenaje a las víctimas de Jonestown
    Como es evidente, para salir de Jonestown no bastaba con pedirlo en recepción. Los que intentaban escapar eran drogados, mientras que guardias armados patrullaban el pueblo día y noche para asegurarse de que las órdenes de Jones se cumplieran. A raíz de los testimonios cada vez más inquietantes, la CIA investigó la forma de acabar con este «paraíso socialista».

    El asesinato de un congresista de EE.UU.

    En 1978, el congresista del Estado de California, Leo Ryan, y una comitiva que incluía a varios periodistas, familiares de miembros de la secta y un desertor de la comunidad, visitaron Jonestown. Originalmente, el líder de la secta les acogió con cordialidad y preparó un recibimiento musical para sus huéspedes. Tras varios días de visita cada vez más tensa, donde el congresista sufrió un atentado con arma blanca, Ryan invitó a todo aquel que quisiera abandonar la comunidad a regresar con él en su avioneta. Varios miembros del Templo del Pueblo aceptaron aparentemente la invitación y se reunieron con la comitiva del congresista. No obstante, durante la reunión los miembros de la secta sacaron armas de fuego y dispararon contra Ryan y los demás.
    El congresista Leo Ryan.El congresista Leo Ryan.
    Ese 17 de noviembre destrozaron el avión y asesinaron al congresista, a tres periodistas e hiriendo a nueve personas. Después de acribillar el cuerpo del congresista y dejarle irreconocible, los fanáticos regresaron a la comunidad: era la hora de alcanzar un nuevo nivel de horror.

    El suicidio colectivo era una idea recurrente en el Templo del Pueblo. Desde hacía varios meses, Jim Jones organizaba una vez cada dos semanas «pruebas de lealtad», donde simulaba suicidios masivos, que incluían la ingesta de falsas pociones de veneno. Jones las llamaba «noches blancas». Aquellos que vacilaban en tomarse el líquido eran obligados a beberlo bajo la amenaza de que, si no cumplían con la orden, se les dispararía. «Durante estas noches blancas, Jones le daba a los miembros de Jonestown cuatro opciones: huir a la Unión Soviética, cometer un “suicidio revolucionario”, quedarse en Jonestown para luchar contra los invasores o huir hacia la selva», reveló el mencionado informe del FBI.

    Cianuro con zumo de uva

    Jim Jones había perdido la cabeza y estaba dispuesto a llegar hasta el final con tal de no vivir el final de su ciudad. Tras el asesinato del congresista, Jones reunió a toda la comunidad y advirtió el final del sueño socialista: «Hemos obtenido todo lo que hemos querido de este mundo. Hemos tenido una buena vida y hemos sido amados».

    A continuación, los hombres cercanos al líder repartieron frascos llenos de cianuro, mezclado con zumo de uva, a las más de 900 personas que formaban la comunidad. Mujeres, hombres y niños bebieron el cianuro potásico, cuyos efectos provocan una muerte especialmente dolorosa. Pero Jones no. El líder aguantó en pie hasta el final increpando a los miembros de su comunidad por morir «sin dignidad», puesto que pocos pudieron contener los gritos de dolor. Él, por si acaso, se quitó la vida con el disparo de una escopeta.
    Imagen aerea de Jonestown con cientos de cadáverImagen aerea de Jonestown con cientos de cadáver- EFE
    Mientras el ejérico americano descubría cientos de cadáveres en la granja, los familiares de los fallecidos asaltaron las viviendas de la secta en distintos lugares en busca de respuestas. Pero lo cierto es que incluso hoy faltan respuestas y resulta un misterio lo que realmente ocurrió en los últimos días de Jonestown. La prensa calificó el suceso como «el mayor suicidio colectivo» de la historia, pero en realidad no está claro cuánto hubo de suicidio y cuánto de asesinato. A través de sus noches blancas, Jones dejó claro que no existía la posibilidad de negarse a tomar el cianuro; eso, sin mencionar que los simulacros habían transmitido la falsa sensación de que la secta solo trataba de probar a sus miembros pero sin dañarlos.

    Un año después de la masacre, Michael Prokes, jefe del gabinete de prensa de la secta, se reunió con un grupo de periodistas de todo el país para explicar lo que había ocurrido en Jonestown. Es decir, un intento por blanquear y justificar el horror. No en vano, ante una de las preguntas de los periodistas, Prokes bandonó la sala y se pegó un tiro en el baño. «Los compañeros que se quitaron la vida lo hicieron porque no tenían elección y no querían permanecer en los infestados guetos de Norteamérica», había asegurado poco antes de suicidarse.


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