04 July 2011 ~ 0 Comentarios

Entrevista a Enrique Ghersi, Ex Parlamentario Peruano

ENRIQUE GHERSI

Enrique Ghersi es uno de los grandes juristas latinoamericanos y un notable pensador liberal. Es peruano y pasó por Caracas para dictar una conferencia invitado por CEDICE, un importante think-tank de ese país. El diario El Universal lo entrevistó y dijo algunas cosas valiosas sobre Venezuela y Perú. Vale la pena leer la entrevista:

 

Entrevista de Roberto Giusti a Enrique Ghersi para El UNIVERSAL*

(EL UNIVERSAL) Directo y al grano. Enrique Ghersi no tiene recato a la hora de hablar sobre la situación venezolana. Coautor, con Hernando De Soto, de un libro que ya es un clásico, El Otro Sendero, este abogado, político y ex parlamentario peruano, considerado uno de los más connotados voceros del liberalismo en el continente y profesor visitante en universidades del continente, vino a Caracas para participar en la asamblea anual de Cedice en honor a Enrique Zuloaga.


-¿Qué sensación le genera la situación venezolana a un visitante como usted?

-Preocupación y angustia. La Venezuela saudita de los 70 ya no existe. Uno ve un país decaído, con una crisis económica injustificada por su enorme riqueza. A juzgar por los precios internacionales del petróleo Venezuela debería disfrutar de unos ingresos espectaculares, pero encontramos un país sumergido en la crisis y la inflación. Una situación absurda. Simultáneamente uno encuentra en los venezolanos desencanto y desilusión. Parece haber desaparecido esa exuberancia optimista que los ha caracterizado a ustedes.

-¿Cree que hay fatalismo, derrotismo, a pesar de unas expectativas de cambio?

-Creo que hay algo de fatalismo porque la expectativa de cambio está relacionada con el corto plazo y el régimen lleva en el poder más de doce años. Es difícil que hasta el más optimista sienta que un líder, luego de doce años sin haber impulsado un cambio positivo, pueda hacerlo en el futuro cercano. Entonces la desilusión cunde. Además de que el discurso ideológico del presidente Chávez es más bien flojo, hecho a la medida de las circunstancias y con mucho de oportunismo político. No tiene, por tanto, la carga ideológica de los regímenes estalinistas o de Pol Pot en Camboya.

-Quizás se parezca más, aunque suene paradójico, a los regímenes liberales porque, a pesar de su vocación intervencionista, ha perdido control en muchas esferas.

-Felizmente. En Venezuela existe un gran sector informal que es el refugio de la libertad. Incluso gente que podría haber tenido simpatías hacia el Gobierno constituye el colchón de amortiguación que le permite desarrollarse a muchos sectores del país. Toda una paradoja porque el sector informal debería haber sido suprimido completamente en un esquema como el que plantea el régimen actual. Pero no le es posible porque apenas comienzan las medidas intervencionistas aparecen los mercados negros.

-¿No tenemos tanto intervencionismo como mercados negros, lo peor de ambos mundos?

-Cuando se altera los incentivos en una sociedad se produce una conjunción de males. Una suerte de perversión social donde se maximiza los perjuicios y no los beneficios.

-¿No resulta hasta cierto punto razonable y comprensible que ante la enfermedad del Presidente que, en otro país sería causa de preocupación pero para el cual hay previsiones legales acatadas y piezas de recambio, en Venezuela provoque un revuelo porque la próstata o el colon del presidente son la próstata y el colon del país?

-Hay una especie de metonimia: cuando no existe Estado de Derecho se confunde el fondo con la forma. Entonces el Presidente viene a ser una especie de representación real del país. Si se enferma de la próstata o del colon, estos se convierten en la próstata o el colon del país porque no hay una separación. El Gobierno es una persona. Pero el Estado de Derecho es distinto al estado de legalidad. Hay unas leyes, pero esas leyes van de acuerdo con lo que el Presidente dice. Entonces no gobiernan las instituciones sino las personas. La enfermedad de una persona se convierte en la enfermedad de un país, nadie toma decisiones y todo el mundo se queda paralizado por la sorpresa. La parálisis es el reflejo de la situación política. Ahí el poder no tiene límites institucionales.

-¿La ausencia de límites institucionales no implica superar los límites democráticos?

-Eso prueba que más que gobiernos democráticos tenemos presidencias bonapartistas, en el sentido de Luis Napoleón, quien da un golpe contra sí mismo el 18 de brumario, tal y como lo caracteriza Marx. Ese esquema, más que otros, es el sistema latinoamericano de presidencias imperiales. Desde México hasta Argentina, con notorias y notables excepciones. Y el presidente Hugo Chávez se ha convertido en la versión moderna de Bonaparte.

-El otro problema es la desinformación. Aún no sabemos cuán enfermo está el Presidente, cuál es la extensión del mal, ni dónde se localiza.

-Hay una absoluta diferencia entre el comportamiento de los países donde hay democracia y Estado de Derecho con los países que no lo tienen. En EEUU si el Presidente se interna para curarse un grano, salen a relucir informes médicos, se presentan evidencias y se publican los diagnósticos porque el ciudadano tiene derecho a saber qué le sucede al Presidente. Pero en un país donde no existe Estado de Derecho no se informa, o se informa de manera indirecta. Sin mentir, tampoco se dice la verdad. Señalan cuáles son los síntomas pero no la enfermedad. Es el Newspeak de Orwell: "vamos a decir las cosas de tal manera que el poder no se vea afectado".

-En la situación que usted describe, ¿no crean las enfermedades de los presidentes expectativas de cambio?

-Eso ocurre cuando no hay Estado de Derecho y éste es sustituido por la voluntad individual de una persona. Es el estado voluntarista, como lo denominan algunos sociólogos. Así, la expectativa de transformación política es la expectativa de cambio de personas y no de modificaciones institucionales. No me extraña para nada que en ese contexto se produzca una inquietud. Es un poco lo ocurrido con Fidel Castro. Hasta hoy su enfermedad es un gran misterio.

-También hay velo sobre la muerte de Stalin.

-Ese es otro misterio Hay versiones macabras sobre Beria bailando alrededor de un Stalin moribundo.

-¿Qué expectativas tiene con Humala? ¿Comparte el voto de confianza que le dio Mario Vargas Llosa?

-Humala es una incógnita. Ha dicho y hecho cosas contradictorias. Durante la campaña electoral, no obstante haber tenido, al principio, un plan de gobierno más en su tradición socialista, se comprometió, con juramento incluido, a respetar la Constitución y a adoptar un programa centrista. Luego presentó una hoja de ruta en la que asumió compromisos políticos económicos y sociales. Ganó por muy poca diferencia (400 mil votos). Así que no tiene un cheque en blanco. El suyo será un gobierno minoritario porque carece de mayoría parlamentaria. En Perú tenemos un sistema francés, con presidente y primer ministro y éste último requiere el voto de investidura del parlamento. De manera que para formar gobierno necesita los votos de los parlamentarios de Pedro Pablo Kuczinski, Alejandro Toledo, Keiko Fujimori y Luis Castañeda, todos de oposición.

-Parece que ya tiene parte de esos votos.

-Hasta ahora ha demostrado inteligencia emocional y fue práctico en la campaña electoral. Ya veremos si esto es una estratagema política o un acto de madurez.

-De su respuesta uno deduce que en Humala no hay una voluntad de cambio, sino que está atado a las circunstancias.

-Alan García gobernaba igual. Estoy seguro que no piensa como gobierna. Alberto Fujimori ganó las elecciones con la izquierda y gobernó con la derecha. Kant nos indujo a un grave error. Juzgar a la gente por sus intenciones y no por sus actos. Yo estoy en la tradición de liberal de Bernardo Mandeville y creo que la gente mala puede hacer cosas buenas. Los antecedentes de Humala no hablan bien de él, pero la gran prueba será la designación de su gabinete que irá al parlamento.

-¿Humala ganó porque la mayoría esperaban que aplicara su vieja receta o por el cambio de ese discurso?

-El dejó claro que no va ser lo que propuso en la campaña anterior. El voto marginal, que significó la diferencia a su favor, no fue un voto por él sino en contra de Keiko Fujimori. Y la gran sorpresa del fujimorismo fue descubrir el grado de resistencia que, veinte años después, sigue causando en la población. Ellos pensaban que con el neo-fujimorismo de Keiko la gente recordaría sólo lo bueno y no lo malo de Fujimori. No fue así, aun cuando sacó una importante cantidad de votos. Otra sorpresa es que candidatos de centro derecha como Kuczinski o Lucho Castañeda llamaran a votar por Humala.

-¿No tuvo que ver en ese apoyo la posición de Vargas Llosa?

-Sí y la de Alejandro Toledo, quien finalmente respaldó al Comandante Humala, pese a haber sido enemigo político suyo. Además del movimiento juvenil, que hizo una gran campaña a través de las redes sociales.

*EL UNIVERSAL

Leave a Reply