03 October 2013 ~ 6 Comentarios

Estreno de una revolución

por Vicente Echerri

Hotel Nacional

(El Nuevo Herald) Se cumplen 80 años exactos, mientras escribo, de los dramáticos sucesos del Hotel Nacional de La Habana, que vinieron a consolidar el golpe de Estado ocurrido casi un mes antes (el 4 de septiembre) cuando un grupo de sargentos, apoyados por el Directorio Estudiantil Universitario y algunos intelectuales, se apoderaron de los mandos militares y depusieron al gobierno provisional que se había establecido desde el derrocamiento de Gerardo Machado el 12 de agosto.

Si el golpe había sido prácticamente incruento, lo acontecido en el Hotel Nacional vino a ser el sello sangriento de su reafirmación. Se producía en Cuba, aunque algunos no lo vieran así entonces, una ruptura del orden institucional, para dar paso a la improvisación revolucionaria que pretendería, con mediano éxito, refundar la república. A pesar de la nueva Constitución con que, siete años más tarde, se intentaría legitimar un origen espurio, la estabilidad política siempre sería precaria en cualquiera de las dos vertientes en que habría de bifurcarse aquel movimiento conforme a sus líderes (Fulgencio Batista y Ramón Grau) y pese a haber coexistido con momentos de gran actividad económica.

Cuba había iniciado su vida como nación independiente en 1902 –luego de una guerra brutal y de una intervención extranjera– de mano de los jefes separatistas (militares y civiles) que aspiraban a la fundación de un Estado eficiente y honrado –no importa que algunas de estas buenas intenciones se malograran luego en la práctica. Con excepción del frustrado intento reeleccionista de Estrada Palma (en 1906) y de la llamada “brava electoral” del presidente Menocal en 1916, el proceso democrático no había sufrido interrupciones graves ni los cubanos habían padecido dictaduras, que ya para entonces constituían un fenómeno típico en Hispanoamérica.

Machado es el primero que se acerca un poco a la figura del dictador –al eludir unos auténticos comicios bajo la figura de una coalición de los grandes partidos y una enmienda constitucional para extender su mandato otros seis años. Este recurso, unido al desplome del mercado internacional de valores y a la crisis subsiguiente, hizo entrar a los cubanos en el clima de una revolución que –en consonancia con las tendencias del momento en el ámbito internacional– tiene un marcado acento social y antiimperialista. Los hechos del 4 de septiembre le dan un sesgo definitivo; los del 2 de octubre lo consagran.

El Hotel Nacional, de cuya inauguración no se habían cumplido aún tres años, es el lugar que el recién depuesto jefe del Ejército, brigadier Julio Sanguily, había elegido para convalecer de una operación, acaso por ser también la residencia del embajador de Estados Unidos, el poderoso Benjamin Sumner Wells. En protesta por el masivo licenciamiento que le imponen los sargentos el 4 de septiembre, los oficiales se refugian en el hotel donde los soldados –que ya no obedecen sus órdenes– los sitian a partir del 7 de septiembre. El 2 de octubre, los soldados atacan el hotel, empleando incluso artillería, a lo que los oficiales sitiados responden, con sus escasos medios, como auténticos francotiradores y les causan no pocas bajas a los asaltantes. Finalmente, al quedarse sin municiones, se rinden y algunos son asesinados por los soldados iracundos.

Así concluye una jornada en que se decapita a la casta militar republicana –que se tenía por una de las mejores del continente– sustituida por la promoción revolucionaria que encarnan los sargentos rebeldes.

Algunos estudiosos de estos hechos, como el historiador Herminio Portell Vilá, afirman que Batista y sus soldados asaltaron el hotel con el visto bueno de Washington. A mí me parece una conclusión temeraria. Habían pasado muy pocos días del golpe de Estado que derrocara el gobierno salido de la mediación de Sumner Wells, para que éste viera alguna diferencia real entre Batista y Grau, las figuras principales de un gobierno que debe haber provocado –por su fracaso personal– toda su frustración y su cólera. Que los americanos encontraran una figura más dúctil a sus intereses en Batista y concentraran toda su enemistad en Grau, es verdad incontrovertible; pero eso ocurriría, a mi ver, meses después.

Sin embargo, la fractura institucional provocada por la revolución del 4 de septiembre, consagrada violentamente el 2 de octubre, liberó un maléfico genio que nadie podría volver a encerrar. A partir de entonces, se hizo evidente que las instituciones podían derrocarse, disolverse y refundarse en nombre de esa fórmula que prometía el paraíso mediante la violencia. En ese clima vivimos por un cuarto de siglo. Todo lo que vino después sería secuela.

6 Responses to “Estreno de una revolución”

  1. Lazaro Gonzalez 3 October 2013 at 7:06 pm Permalink

    de un ligero plumazo el autor nos impone la comoda y suprema explicacion a los ultimos 79 anos [y contando] de cuba: el fatalismo historiografico kubiche.ahora todo es cuestion de los humores y hormonas de nuestros abuelos y bisabuelos y no de los sujetos que dia a dia con sus decisiones [y ambiciones e intereses] modelan la nacion que somos y el pais que tenemos.

  2. Eddy Bons 4 October 2013 at 3:49 pm Permalink

    Pues yo estoy basicamente de acuerdo. Cuando la sociedad deja de creer que se pueden cambiar las cosas por medio de la institucionalidad, y que esta es obstaculo en lugar de instrumento para el cambio, es la hora de los mesias revolucionarios. Cuba no es el unico caso. Mas bien ha sido la gran epidemia latinoamericana, como señala el autor. La falta de FE en las instituciones y el deslumbramiento con los caudillos es nuestra cruz.

  3. JJ 4 October 2013 at 7:08 pm Permalink

    Como Cubanos tenemos lo que merecemos.

  4. joseluis 5 October 2013 at 11:28 pm Permalink

    Hace muchos años, pero recuerdo como si fuera hoy, que los castros producían y hacían industrias al pal de Estados Unidos. Un amigo mío trabajaba en ese circo. Pues llegaban, según él, con instrumentos obsoletos, que solo se mantenía minutos en actividad, podían ser veinte o treinta minutos, no más, necesario para que las cámaras de los castro filmaran. Se ponían un casco, en mano, pala, pico, venían los castro y firmaban películas, después la propaganda en la televisión. Hemos hecho tal mas cual combinado y todo era un show cuando más de media hora.
    Sin embargo yo requerí a migo: coño chico, como tú te presta para eso el, y tipo me dijo: ellos me dan condiciones, y me dijo de todas las prebendas miserables que les ofrecían, sin embargo a mí me cogieron para eso sin darme cuenta.
    Llegó la bolo amenazante: que el que no estuviera trabajando seria condenado a prisión por peligrosidad, pues yo fui al ministerio del trabajo y me dieron un trabajo que para la propaganda era de bombos y platillos; pero el pago era de $95 con treinta centavos, yo creo que como unos tres dólares mensuales, bueno es el progreso bullicioso.
    EL CABLE CORCIAL. Ese era el plato bullicioso de la propaganda del falso progreso, hacer show era progreso. Bueno: ni hubo cable ni tal corciabilidad , todo fue un show más y yo sin saber que era un actor del teatro castrista. Todos esos fracasos de los castro industriales, ganaderos y agricultores, todos fueron show montados por Fidel castro y sus allegados, nunca hubo intención de progresar, solo de entretener, hacer circo sin pan, solo palo y manipulación.

  5. Kenia Campano 6 October 2013 at 7:30 pm Permalink

    La historia no es “fatalismo”, es historia, y no hay suceso histórico desvinculado de otros, es una “gran miopía” creer que el status quo está divorciado de los anteriores, los procesos sociales no funcionan de esa manera, así caídos del cielo o por antojo de algún “revolucionario”, si no existen condiciones para las “revoluciones”, no ocurren. Una condición importante es la solidez de las instituciones, éstas deben ser más fuertes y sólidas que los hombres, por encima de los hombres (líderes o no) es una condición indispensable para la sustentabilidad de las democracias.

  6. juventino 8 October 2013 at 3:06 pm Permalink

    Desde 1902 la republica adolecia de graves problemas (racismo, luchas por el poder politico, enrriquecimiento ilicito, mucha corrupcion), la dictadura de G. Machado fue un momento critico en ese proceso y desboco en una revolucion de consecuencias nefastas. En 1940 se trato de restablecer el sistema democratico, y se logro en alguna medida, pero continuo la corrupcion unida al gangsterimo, las pandillas, etc. Con el suicidio de Chibas y el subsecuente golpe de estado de F. Batista de nuevo se cayo en la falta de instituciones confiables, la represion sangrienta para mantener el poder del dictador, y las acciones revolucionarias (practicamente un guerra civil) que destruyo el Pais abriendo el camino a la nefasta aparicion de F. Castro y todo lo que ya sabemos.


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