29 August 2017 ~ 2 Comentarios

Gastos electorales y corrupción


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2 Responses to “Gastos electorales y corrupción”

  1. Maximiliano Herrera 29 August 2017 at 10:27 am Permalink

    el mas grande escandalo de corrupcion internacional jamas visto.
    Por suerte, el forunculo estallò.

  2. Ramiro Millan 30 August 2017 at 7:16 am Permalink

    De las palabras del señor Montaner se desprende fácilmente la noción de que la corrupción en latinoamérica es generalizada.
    Y los hechos y estadísticas sociales lamentables de estos países dan fe de que es indispensable solucionar ésta peste que se extiende como una pandemia.
    Y se disemina porque el “virus” que la produce está en cada uno de los seres humanos que habitan éstas tierras y lamentablemente no disponemos del único “antibiótico” capaz de controlar a semejante plaga.
    Este antibiótico se llama cultura colectivista y la que poseemos los latinoamericanos es la cultura individualista que definitivamente no sirve para controlar esta peste (tal vez se destaque en otros aspectos de la vida de los pueblos, pero no en éste).
    El virus de la corrupción anida en una pulsión humana que presiona para que compitamos, que superemos al otro toda vez que sea posible.
    El político y funcionario inevitablemente está expuesto a la presión ejercida por este primitivo mecanismo y si dispone del dinero “fácil” del estado que nadie controla, es muy probable que se deje dominar por las intenciones de este maligno germen y busque competir por quién es más rico o poderoso con quién tenga al lado.
    La consecuencia la describió claramente el Sr Montaner, corrupción generalizada en cuanto pueblo comparta esta cultura.
    También se desprende de las palabras del Sr Montaner otra probable conclusión no menos importante que ésta: que las leyes no sirven para controlar la plaga de la corrupción:
    rige siempre “hecha la ley, hecha la trampa”.
    Este concepto es clave porque permite enfrentar y favorecer a una de las corrientes de pensamiento que compiten por quién es dueña del verdadero secreto para solucionar ésta problemática.
    Los institucionalistas y los culturalistas.
    Los institucionalistas creen que construyendo las instituciones adecuadas, las políticas necesariamente serán exitosas sin importar que cultura prevalezca, entre estas políticas no solo las económicas o educativas sino otras como las que combaten la corrupción.
    En cambio, los culturalistas coinciden en que mientras la cultura individualista predomine, no habrá institución alguna que funcione con la eficiencia necesaria.
    Si bien es posible que las instituciones adecuadas mantenidas durante un determinado tiempo logre transformar a la cultura, es mucho más probable que la cultura degenere a cualquier institución si ésta no se adapta a la misma.
    En fin, es una discusión aún sin dueño o ganador, pero de lo que no tengo dudas es que si se produce el milagro de un cambio cultural hacia actitudes mucho más colectivistas de la ciudadanía latinoamericana, todas las instituciones serán eficientes y con ello cualquier política que se propongan, entre ellas las que combaten la plaga de la corrupción.
    Lamentablemente, siempre nos encontramos con el mismo escollo invencible, ¿cómo cambiamos nuestra cultura individualista por una colectivista? (única con capacidad de ejercer lo que se conoce como CONTROL CIUDADANO, el verdadero “antibiótico” capaz de controlar al “germen” responsable de la pandemia llamada corrupción.
    “¿Un escollo invencible?”
    razonvsinstinto.blogspot.com


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