17 April 2017 ~ 14 Comentarios

LA BIOGRAFÍA DE KIM IL SUNG QUE NUNCA ESCRIBÍ

Por Antonio Sánchez García
@sangarccs

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Debe haber sido durante la primavera del año 1976. Recibí un llamado desde Paris pidiéndome me desplazara de München, donde vivía – trabajaba por entonces en el Max Planck Institut en Starnberg, a algunos kilómetros de la capital bávara – a Berlin Oriental. Me comunicaron los datos del apartamento en el que debía presentarme al día siguiente para encontrarme con Andrés Pascal Allende, máximo dirigente del MIR chileno luego de la muerte de Miguel Enríquez y el más alto dirigente del MIR, que acababa de salir al exilio tras un rocambolesco enfrentamiento con los agentes de seguridad del dictador chileno.

Nos conocíamos desde hacía algunos años, recién fundado el MIR, y antes del triunfo electoral que llevara a Salvador Allende y a la Unidad Popular al gobierno chileno. Sociólogo, casado con Carmen Castillo Echeverría, historiadora y amiga muy cercana de mi primera esposa, habíamos comenzado una muy grata relación de amistad durante una estadía de un mes en Chile, en septiembre de 1968. Año de inmensa trascendencia para mi generación: había ocurrido el mayo francés, habíamos sido profundamente impactados por la muerte del Che Guevara, en quien teníamos puestas todas nuestras esperanzas para que se diera cumplimiento a nuestra máxima aspiración,  y vivíamos con inmensa pasión la revolución cultural china y el movimiento estudiantil, que había conmovido las bases de las sociedades industriales tradicionales al son de los Beatles, los Doors, los Rolling Stones, Bob Dylan, el haschich y la marihuana, el LSD y la locura psicodélica. Como lo cantara el bardo newyorkino, los tiempos estaban cambiando.
La muerte del Che nos había dejado sin aliento. Rodeando al mundo que aspirábamos construir de magia y misterio. Pero en el camino del MIR chileno se cruzó la inesperada victoria electoral del sempiterno candidato socialista y todas las apuestas se concentraron en dar por hecho aquello en lo que ninguno de nosotros creíamos sinceramente: por lo menos en Chile, la vía electoral no era el camino para desalojar al régimen burgués capitalista, conquistar el poder total, montar una dictadura proletaria y construir el Estado socialista. Nosotros apostábamos por la vía armada, sin la menor consideración a las específicas condiciones de la sociedad y del Estado chilenos. Pensábamos que acceder al gobierno  bajo las condiciones imperantes era un paso descomunal, de inmensa trascendencia en la ruta hacia el Poder, no cabía la menor duda, pero de allí al Estado Proletario mediaba un abismo cuyo cruce sería impedido a sangre y fuego por las fuerzas sociales opositoras, las distintas instituciones del Estado bajo su dominio y las Fuerzas Armadas. El Estado chileno era un hueso infinitamente más duro de roer que el cubano. Se abría un proceso prerevolucionario que podría culminar en una guerra civil. Fue lo que discutimos durante los días finales de 1970 y los primeros del 71 con un conocido de años, el senador socialista Carlos Altamirano. Le redacté con sus ideas, que hice mías, un documento que sería su propuesta programática para conquistar la secretaría general del Partido Socialista del Allende gobernante, lo que sucedió en febrero de 1971 durante el Congreso de La Serena. Lo titulé: Socialismo o Fascismo,  el enfrentamiento es inevitable. Fue respaldado masivamente por la enfebrecida militancia socialista chilena, procubana, profidelista y definitivamente ganada para la vía armada, en irreconciliable contraste con el Partido Comunista, prosoviético, reformista y gradualista, que rechazaba frontalmente tal estrategia. Ganó la Secretaría General, convirtiéndose en el segundo hombre en importancia en las filas de la revolución democrática chilena. Una contradicción que pronto mostraría sus letales efectos.
Lo que siguió es una historia de todos conocida. El gobierno se vio entorpecido por esas diferencias estratégicas, la ineficacia gerencial condujo al caos desatado a los mil días del experimento, los precipitados avances y una precipitada política de absurdas estatizaciones hacia la conformación de un estado proletario terminaron por alebrestar a la clase social dominante, el país se vio enfrentado al abismo del desabastecimiento y la crisis económica y la oposición, dominante en todas las instituciones del Estado, salvo en el gobierno, terminó por declarar la ilegitimidad del gobierno al violar los acuerdos del pacto de gobernabilidad aceptado por Salvador Allende para ser nombrado presidente por el parlamento chileno – no había obtenido la mayoría absoluta sino tan solo un tercio de los votos, lo que dejaba su elección en manos del congreso – , exigir su dimisión y facultar a las Fuerzas Armadas para que dieran el brutal golpe de Estado escenificado el 11 de septiembre de 1973 que terminara con la vida de Allende, su gobierno, su proyecto político y la revolución chilena.
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Pude salir al exilio a los pocos meses del sangriento golpe de Estado, cuando arreciaba una feroz acometida de la dictadura contra la militancia de izquierda, luego de ser expulsado de mi cargo de profesor e investigador en el Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO) de la Universidad de Chile. La permanencia en la clandestinidad se me hizo literalmente imposible. Los hábitos de vida clandestina de uso corriente en el MIR nos habían permitido unos meses de anonimato, pero a esas alturas las infiltraciones, las delaciones, las traiciones y la brutal y sangrienta represión de la DINA, el servicio de información de las Fuerzas Armadas, había logrado reconstruir el organigrama del partido y los esquemas de funciones y tareas de nuestra militancia, a sus distintos niveles. Yo estaba a cargo de medios, universidad, arte y cultura, un sector particularmente frágil y expuesto, pues suponía en todos sus miembros una abierta militancia y actuación públicas. Días después de salir a la Argentina, allanaron la casa de mis padres en mi búsqueda. De haberme retrasado esas horas, posiblemente no estuviera contando esta historia.
Luego de un tiempo en Buenos Aires, a sólo una hora de avión desde Santiago pero libre de la espantosa pesadilla que se estaba viviendo del otro lado de la cordillera y la pampa, salí finalmente a Alemania Occidental, invitado a trabajar en el Instituto Max Planck, bajo la dirección de Carl Friedrich von Weizsäcker, el afamado físico nuclear y hermano de quien sería pocos años después presidente de la República Federal de Alemania, y el renombrado filósofo Jürgen Habermas. último representante de la afamada Escuela de Frankfurt fundada por Theodor W. Adorno y Max Horckheimer. Ante nuestra inesperada llegada, Herbert Marcuse, que solía venir de California a pasar anualmente un semestre en el Instituto, tuvo la infinita amabilidad de permitirnos compartir escritorios en la torre circular del Instituto. Desde cuyos ventanales podía disfrutarse de una esplendida vista sobre el Lago de Starnberg, los montes bávaros y los bosques aledaños.
No se crea que ese pastoril escenario satisfacía nuestras preocupaciones y angustias. Como imagino que las certidumbres de que disfrutan quienes se han sumado en estos últimos años a la diáspora venezolana lejos de sus familias y parientes no les merma su nostalgia y su dolor de ausencia. Pues esos fueron los años más crueles, más represivos y más espantosos del horror dictatorial chileno. Leía y traducía a Brecht y a Hermann Hesse, pensando en el mismo destino de quienes huyeran de Alemania cuando la tiranía hitleriana. recibiendo a diario las trágicas noticias que ocurrían a diario en mi país. Cuando en Octubre de 1974 recibí la noticia de la muerte en un enfrentamiento de Miguel Enríquez, en quien muchos habíamos depositado todas nuestras esperanzas, perdí la voz. Tarde días en recuperarla. Bautista Van Schowen, con quien  trabajara veinte horas diarias de incesante actividad, pues era el responsable en la Comisión Política del área a mi cargo, había desaparecido del convento en que se guarneciera, siendo asesinado en medio de brutales torturas. Lumy Videla, joven militante, miembro de los aparatos de seguridad y excelente amiga, fue asesinada por los esbirros de la DINA luego de espantosas torturas y su cadáver tirado por sobre los muros del jardín de la residencia de la embajada de Italia, atestada de perseguidos políticos. Prácticamente todos mis compañeros de la dirección universitaria, entre ellos Alfonso René Chanfreau, con quienes mantuviéramos una frenética actividad militante en la dirección universitaria del partido, habían desaparecido para siempre. Sus cuerpos jamás serían encontrados.
Nelson Gutiérrez y Andrés Pascal Allende, rompieron el cerco de un enfrentamiento en Malloco, en donde estaban enconchados, y lograron salir asilándose en la embajada de Suecia y en la Nunciatura, respectivamente, para salvar sus vidas y asumir el trabajo de organización necesario en Europa. Pocos meses después recibiría un llamado de Andrés solicitándome me presentara en Berlín Oriental. Es el motivo de la narración de esta historia.
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Tomé el tren nocturno München-Berlin, amanecí en el Bahnhof am Zoo, en Tiergarten y allí mismo tomé el tren de superficie que atravesaba Berlin Occidental y se adentraba en Berlín Oriental, hasta Friedrich Strasse, en el centro de la capital de la RDA. Media hora después de mi arribo caminaba por entre la fila de ocres, masivos y feos edificios de apartamentos típicamente socialistas hasta dar con el que se me había señalado. Lo habitaba la familia de Osvaldo Puccio Giesen, viejo amigo y secretario personal de Salvador Allende, uno de cuyos hijos, Osvaldo Puccio Huidobro, había sido militante del MIR, en donde nos conociéramos. Habían pasado tres años del golpe. El reencuentro fue emocionante.
Debí calmar mis nervios por las expectativas que esta cita me había despertado y cuyo propósito ni siquiera imaginaba. A pesar de haber sido automáticamente expulsado del partido al salir al exilio – medida tomada por Miguel Enríquez para evitar la desbandada – me había visto obligado a asumir la dirección del partido en Alemania. Era el único militante que hablaba el idioma, trabajaba en uno de los institutos de investigación científica más importantes y prestigiosos del país, mantenía importantes contactos con la intelligentzia de izquierdas e incluso había forjado otras, como la relación de amistad que hilvanáramos con Wolff Biermann, el más importante cantante de protesta de la Alemania comunista. Solía presentarme a las reuniones con intelectuales y políticos alemanes pidiendo disculpas y aclarando que yo estaba expulsado del MIR, pero como el encargado oficial era un joven brasileño – los militantes extranjeros sí habían sido autorizados a exilarse – y apenas podía hilvanar un par de frases en alemán, además de tener una muy precaria preparación política, quien de facto dirigía el partido era yo. Una situación embarazosa, entre absurda y humillante, solo soportable por quienes hacíamos gala de un soberbio y fanatizado bolchevismo soviético. Como dice Brecht en uno de sus poemas de militancia: mil ojos ven más que uno. Y el mío estaba expulsado.
Llegué en medio de una reunión que Andrés Pascal sostenía en una de las habitaciones con el máximo dirigente del Partido Socialista chileno en el exilio, el sociólogo, director de las Escuela de Sociología de la Universidad de Chile y ex canciller durante el gobierno de la Unidad Popular Clodomiro Almeyda. Militante de la Seccional Cordillera a una de cuyas células Carlos Altamirano me invitara a incorporarme, integrada por Jaime Faivovich, alto directivo de CODELCO, la Corporación del Cobre y luego Intendente de Santiago, Hugo Zemelman, profesor e investigador de la escuela de sociología y Almeyda, canciller de la república. La aristocracia intelectual del socialismo chileno. En franco desacato con esa oportunidad de entrar al gobierno por arriba, preferí comenzar a militar como simpatizante en el MIR por abajo. La revolución me parecía infinitamente más atractiva que una embajada, un alto cargo ministerial o una gerencia general en una empresa estatizada. Para mí, en Chile, la revolución socialista pasaba necesariamente por el Mir. Pero su hora jamás sonaría.
En una de las habitaciones del pequeño apartamento se encontraban reunidos Andrés Pascal y Clodomiro Almeyda. Puede que hayan estado presentes otros dirigentes del PS, además de Osvaldo Puccio padre, pero lo cierto es que ni lo recuerdo ni tengo constancia. Por fin pudimos vernos y luego de los abrazos de rigor pasamos a tratar el tema por el cual se me convocaba. Se trataba de Corea del Norte y su líder máximo Kim Il Sun. Por entonces, Corea del Norte había iniciado una campaña de promoción de su líder máximo mediante una costosa serie de remitidos a página completa en los principales periódicos de Occidente y estaba empeñada en divulgar la doctrina Juche, o Suche, una forma nacionalista y tradicional de reinterpretar el pensamiento marxista leninista adaptado filosófica y prácticamente a las particulares condiciones culturales del país.
La invitación que me cursó Andrés, más que una invitación, una tarea a cumplir en el tiempo necesario, con el mayor rigor y la más estricta disciplina partidista, consistía en viajar e instalarme en Pyongyang, consultar toda la bibliografía histórica existente sobre Corea del Norte, profundizar en las raíces filosóficas de la teoría Suche – o Juche -, reunirme con el jefe de la revolución tantas veces como lo estimara pertinente y escribir una suerte de biografía novelada del máximo dirigente de la revolución coreana Kim Il Sung.
“Eres historiador, eres filósofo, tienes una sólida cultura literaria y podrías escribir una obra fascinante sobre ese personaje tan fascinante que es Kim Il Sung” – me dijo Pascal Allende, exagerando mis escasas virtudes  intelectuales y literarias. No era una ocurrencia insólita y gratuita. El MIR esperaba de Corea del Norte el mayor respaldo para su lucha en Chile y mi trabajo sería parte del intercambio de favores acordado entre el partido y la revolución norcoreana. Permanecer en Corea del Norte tanto tiempo como fuera necesario para cumplir el encargo. Su gobierno se encargaría de mi estadía, me daría todo el respaldo que fuera necesario y publicaría la obra difundiéndola masivamente. Kim Il Sung debía convertirse en un ser tan admirado y respetado en Occidente como Lenin o el Che Guevara.
Fue más que un balde agua fría: un auténtico mazazo. La sola idea de sumergirme en el universo de una dictadura totalitaria como la norcoreana y verme obligado a escribir las alabanzas de un tirano me puso los pelos de punta. Una cosa era admirar al Che Guevara, rosarino, familiar, desenfadado, poeta, barbudo y maloliente, bohemio y romántico como un héroe de la antigüedad clásica, y otra muy distinta sacarse de la manga un ditirambo para un déspota oriental por el que no sentía la menor simpatía.
No quise o no me atreví a negarme de plano. Le pedí unos días para pensármelo, argumentando mis obligaciones laborales y mis compromisos familiares, que por entonces me anclaban a Alemania Occidental. Pero Andrés, perspicaz e inteligente, debe haber captado de inmediato que su oferta no me había provocado el menor entusiasmo. Al extremo que ni yo volví a hablarle del tema ni él a sugerirme lo hiciera. Doblamos la página e hicimos como si esa reunión jamás hubiera tenido lugar.
No volvimos a encontrarnos. Él siguió a cargo del poco de vida que le iba quedando al partido, yo distanciado para siempre de los delirios revolucionarios. Creo haberlo divisado alguna vez en algún aeropuerto del Caribe, pero ni él me vio ni yo quise abordarlo. Temí que no fuera una equivocación mía y que esa figura borrosa, absorta y distante fuera, en efecto, el ex de Carmen Castillo, el miembro de la Comisión Política al que convencí de postularse a rector por la Universidad de Chile, cuya absurda campaña dirigí, y recordando que Laurita, su madre, se había suicidado en La Habana, preferí darlo por una visión imposible.
No escribí la biografía de Kim Il Sung. En lugar de volar al Extremo  Oriente y aventurarme por el corazón de esas tinieblas tiempo después tome un avión de Airfrance en Paris y volé al Caribe. Había tomado la mejor decisión de mi vida. La felicidad se cruza una sola vez en el camino de un hombre desventurado.No la dejé pasar.
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14 Responses to “LA BIOGRAFÍA DE KIM IL SUNG QUE NUNCA ESCRIBÍ”

  1. Bacu 18 April 2017 at 5:15 am Permalink

    Cuando leo cosas como esta me doy cuenta de como desgraciadamente, muchas veces en los delirios de la juventud tenemos a gente en nuestras mentes que se consideran como heroes, como el che, cuando en realidad son asesinos despiadados. Pinochet fue lo que fue, pero al menos los chilenos le deben la libertad y el país que tienen ahora. Que lastima que en Cuba no hubo un Pinochet que nos hubiera evitado toda la desgraciada de estos casi 60 años de sufrimiento y destruccion.

    • Manuel 18 April 2017 at 5:29 pm Permalink

      el médico asesino (Che), entre tantos más:

      https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/apr/18/bashar-al-assad-trained-as-a-doctor-how-did-he-become-a-mass-murderer

      Hace unos 25 años, mientras estudiaba medicina, estudiamos la sublimación. Vimos q hay fuertes “instintos y tendencias” q terminan siendo sublimados: asesinos en potencia (amantes de cortar a otros humanos) q en cambio terminan siendo grandes cirujanos, etc. Tal vez otros, como Che, simplementemente sus tendencias naturales terminan siendo más pote tes q cualquier educacion formal q reciban:

      https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/apr/18/bashar-al-assad-trained-as-a-doctor-how-did-he-become-a-mass-murderer

    • Ana 18 April 2017 at 11:37 pm Permalink

      Qué bueno que en Cuba no hubo un Pinochet!! Ni tan siquiera me puedo imaginar al Estadio Latinoamericano lleno de jóvenes esperando para ser torturados de forma horrenda en sus instalaciones! Qué espanto! No veo la diferencia entre un criminal como Fidel Castro y otro asesino como Pinochet. Ambos masacraron a sus pueblos, provocaron estampidas en masa hacia cualquier parte, torturaron de mala manera (aunque debo reconocer que las torturas en Chile eran más horrendas y espantosas), ambos establecieron un aparato de Inteligencia en una sociedad netamente policíaca (DINA- DSE),se impusieron por la fuerza de las armas en una sociedad destruida y ambos robaron a manos llenas del Erario para vivir a toda leche junto a su familia y amigos para “salvar al pueblo”. ¡Por favor! El crimen a favor o en contra del socialismo, para mi, es barbarie igual. No puedo estar a favor de ninguna sociedad que crea que establecer campos de concentración, desaparecer y torturar personas, sea lo correcto! Para mi ambos dictadores debieron ser juzgados igual que el carnicero de los Balcanes, por carniceros y delincuentes. Claro que hay diferencias sustanciales: el asesino siniestro de Pinochet duró sólo 17 años mientras que Cuba padece una dinastía repugnante y criminal que se extiende por más de medio siglo, el criminal del sur contribuyó al desarrollo económico del país y el criminal del Caribe destruyó la economía isleña.
      No podré estar de acuerdo jamás con que ningún país en la Tierra tenga que padecer ningún asesino en serie llamado “político”, aunque enarbole los pretextos que sean. Me niego a pasar esa línea de humanidad y derecho en la que todos los Estados debieran vivir. Lamentablemente, esa fecha oscura de la historia chilena (11 de septiembre de 1973), está inmersa dentro de la Guerra Fría que se luchaba en aquellos años de postguerra en todo el mundo. Lo siento mucho por todos los chilenos y cubanos que tuvieron (y tienen) que padecer a esos sátrapas fascistas sentados en el trono político de sus países, no importa que sean de derecha o izquierda. El crimen no tiene perdón, quien quiera que sea que lo lleve a cabo.

      • Manuel 19 April 2017 at 6:45 am Permalink

        en democracia la opinión pública fluctúa, es una fuerza más. En dictadura (soviética, nazi, fascista, norcorea, cuba, venezuela) se hace uso sesgado de lo q para corrientes filosóficas es la “construcción de una nueva sociedad/hombre, de las q se alimentan estos extremistas en esos algunos lugares/tiempos q menciono (entre muchos otros). Para estos la Guerra Fria no ha terminado, terminó el campo en Europa, pero ellos se empeñan en mantener un hilo y esperar condiciones q permitan el resurgir de otro polo de poder como aquel. Se enquistan y al mismo tiempo dedican 100% de sus recursos en lograr ese objetivo. Cualquier acción q tome USA “y sus aliados” será reinterpretada por ese prima y lanzada subversivamente por todo el mundo (sobretodo latinoamericano, árabe, africano; pero siempre mucho más allá, hasta donde les sea posible calar). Sus pueblos, como el de Stalin, Fidel, Maduro, etc; sufrirán represión como la sufrida por los q soportaron El Eje en la sefunda guerra mundial, Batista, Trujillo, Pinochet, …
        ¿Cómo terminar esta historia? No diciendo q la Guerra Fria terminó, esto es cerrar los ojos puerilmente y enviar un mensaje tonto de lo q ha estado pasando en el mundo por 100 años. Si hay tormenta, cerrar los ojos no hará q pase más rápido, es mejor abrirlos, estar claros y concientes, hacer algo.

      • Ramiro Millan 19 April 2017 at 6:54 am Permalink

        Mmmmmm, es difícil no estar de acuerdo con usted Ana.
        Sin embargo, para muchos la guerra fría se trató de una verdadera guerra.
        En cuyo caso, Pinochet no hizo algo muy diferente con Allende respecto de lo que los líderes de operación Valkiria intentaron con Hitler.
        Y si estos hubiesen tenido éxito, seguramente hubiesen tenido la misión de exterminar cuanto resto de nazismo quedaba en Alemania.
        ¿Es un criminal Alguien que mediante matanzas u otros actos “inmorales” evita a un Stalin o un Kim Jong Un o un Hitler?
        De algo estoy seguro y es que el hombre no tiene todas las respuestas y ésta es una de ellas.
        Entonces mejor opinar y no afirmar.

        • Ana 20 April 2017 at 1:18 am Permalink

          Ramiro, me alegro que no estés de acuerdo conmigo, honestamente no pensaba convencerte. Las dictaduras criminales asesinas y genocidas de derecha o izquierda, me parecen espantosas.
          De todas formas, entiendo muy bien que a muchas personas esa barbarie les guste, a mi no, afortunadamente. Hitler pudo convencer a un pueblo culto de establecer campos de exterminio mientras sus mejores oficiales escuchaban música clásica.Así se comporta la especie a la que pertenecemos. Incluso, de acuerdo al color político que se defienda, cualquier crimen está justificado. Para mi no, difiero de ud y me alegra porque la tortura y la carnicería humana no me gusta, no me parece justa ni humana.
          Defiendo otros valores más humanistas.

        • Julian Perez 20 April 2017 at 11:28 am Permalink

          Me gustaría contar una experiencia personal.
          Cuando vivía en España (en España gran parte de los jóvenes son izquierdistas) la empresa en que trabajaba tenía un negocio con Chile y mandó una representante, una joven española, que fue con sus ideas preconcebidas, alentadas por El País y otros periódicos españoles, acerca de Pinochet.
          Regresó muy desconcertada, porque la gente de a pie (el chofer de un taxi, los empleados del hotel…) sentía cierta gratitud por Pinochet y consideraban que había salvado al país del desastre al cual lo estaba conduciendo Allende.
          Sin olvidar lo del plesbicito y que Pinochet soltó el poder viluntariamente. ¿Cuántos dictadores hacen eso? El 99.99% de las veces hay que darles candela como al macao o se mueren sin soltarlo. Creo que el 0.01% sería Pinochet.

          • Julian Perez 20 April 2017 at 11:31 am Permalink

            A mi me miraban ¨atravesao¨ porque leía el ABC, que en aquella época estaba dirigido por Ansón. Ya no sigo mucho la prensa española, porque vivo en USA y me interesa más lo que pasa aquí, pero tengo la impresión de que ya el ABC no es lo que solía ser.

      • antfreire 19 April 2017 at 8:10 am Permalink

        Hoy la voy a ayudar en su imaginacion. El dia 17 de Abril de 1961 una brigada de cubanos desembarco en Cuba y se desato lo que se llama la Invasion de Bahia de Cochinos. Fidel Castro inmediatamente ordeno que se detuvieran y reconcentraran a todos los ciudadanos que no demostraban simpatias con su revolucion. El Estadio Latinoamericano fue llenado de jovenes esperando ser volados en pedazos por dinamita que se habia colocado en el lugar por si la invasion progresaba. Hoy se cumplen 56 anos de la derrota de aquel esfuerzo por liberar a Cuba y al mismo tiempo la salvacion de aquellas personas que tanto en el Estadio como en cientos de lugares en la isla habian sido reconcentrados para volarlos en pedazos en caso de que la invasion progresara.

        • Ana 20 April 2017 at 1:24 am Permalink

          Gracias por la ayuda a “mi imaginación” que no le solicité.
          ¿Ya ve? Entonces su imaginación también le dice que Pinochet y Fidel Castro son las alas del mismo monstruo. Y en ese caso, coincido plenamente y ratifico todo lo que “mi imaginación” expuso: no estoy (ni estaré) de acuerdo con Pinochet y su estela de crímenes horrendos, ni con Fidel Castro y su rastro criminal de sangre. No importa el color de sus banderas políticas, no importa el lado que ocupen en el espectro ideológico, fueron unos asesinos. Desafortunadamente no es mi imaginación: ahí están los muertos, torturados, vejados, volados y desaparecidos de esos 2 dictadores enfermos de poder y sangre.

  2. Manuel 19 April 2017 at 11:43 am Permalink

    los comunistas (saco de mil contradicciones) se escandalizan y atribuyen a los imperialistas seguir el infame principio “el propósito justifica los médios” —si este es bueno, aquellos (los q sean) también— y se la pasan nombrando ,hiroshima, hitler, etc.; como expresiones máximas de esa verdad: al tiempo q esconden el pragmatismo propio, la violación permanente y sin esperanza de lo contrario de cada derecho humano. El pueblo se asquea no de lo que hacen, q quisá sea menos q los no comunistas; se asquea de su doble moral, porq nada hay más asqueroso.

  3. Humberto 20 April 2017 at 10:17 pm Permalink

    408-Acabo de descubrir algo histórico para los humanos; que Marx, Engel, Lenin, Fidel Hipolito,… se había equivocado, EL SOCIALISMO SI ES POSIBLE, pero no puede haber o llegarse al socialismo sin alternancia honesta en el poder.

    http://humbertomondejargonzalez.blogspot.com/2017/04/408-acabo-de-descubrir-algo-en-lo.html

  4. Humberto 20 April 2017 at 11:17 pm Permalink

    http://www.elblogdemontaner.com/la-biografia-de-kim-il-sung-que-nunca-escribi/#comment-210734
    Lo importante no es lo que pensemos o lo que nos guste; sino lo que muestra la realidad histórica y es que las dictaduras de derecha si fueron una efectiva barrera de contención ante la expacion incontrolada del colonialismo KGB ruso en américa y ante las vitrinas y lavada de cerebro que le daban a los jóvenes con sus métodos de propaganda científica.
    http://humbertomondejargonzalez.blogspot.com/2017/03/399-el-manual-cientificos-kgb-del-siglo.html
    Tal es así, que una vez que se desmerengo el sistema colonial de la KGb bolchevique; desaparecieron las dictaduras de derecha en américa, pero no la cubana.
    Entonces, se imaginan que donde quiera que había una dictadura de derecha durante la Guerra Fría; la KGB rusa hubiera podido poner una dictadura estilo KGb como la de Cuba.
    Se imaginan que ahora mismos esos países estuvieran igual que Cuba.
    Visto así, te pueden gustar los muertos comunistoides tontos útiles pro KGb rusa o no; pero lo que si esta claro es que si no los hubieran matado, “ellos te hubieran matado a ti” y esos países estuvieran todavía sin democracia y sus gentes sumidos en una desgracia igual a la de los cubanos.
    Por ejemplo, detrás de la oreja de Salvador Allende ya estaba Balba Roja; que fue el ejecutivo de Fidel para crear los pueblos cautivos en Cuba, aunque eso los historiadores no lo sepan.
    https://www.google.com/webhp?sourceid=chrome-instant&rlz=1CALEAI_enUS723US724&ion=1&espv=2&ie=UTF-8#q=cuba/barba+roja
    A Sandino lo comenzó a construir en 1964, llegaron los primeros presos, la otra parte, mujeres, ninos, familias de los presos, sin los presos claro; llego en 1967 y después el tipo desapareció de ahí.
    Donde estaba?
    Bueno al menos se sabe con seguridad que ese personajillo macabro y fantasmagórico; si estaba en el Miraflores chileno.
    Que hacia ahí, si tan bueno y honesto era Salvador Allende?
    Sencillamente no hay que llorar a Salvador Allende, solo un tonto no ve que el tenia una agenda castrocomunista oculta.
    Bueno, solo que después de la experiencia cubana de la traición de la familia castro a la revolución y demas revolucionarios que lo apoyaron (misionemos uno solo caso critico Mario Chanes de Armas, expedicionario del Granma); tal ves no tan oculta, o fácil de ocultar si la gente que te rodea como Pinochet te esta viendo junto a semejante delincuente cubano.
    Estoy 100% seguro que si Pinochet “no lo mata”; el hubiera acabado matando a Pinochet cuando hubiera acabado la escuelita KGb cubana a la que estaba asistiendo. Como mismos paso en Cuba, con la escuelita KGB rusa y de la Stasi alemana.
    Claro, la diferencia era que los castros ya eran asesinos antes, alumnos talentos, delincuentes vulgares consumados; pero no hay que descartar que cunado adquirieron los métodos científicos, se volvieron unos gatillos alegres, mas alegres aun.

  5. johnny reday 22 April 2017 at 2:31 pm Permalink

    Me pregunto quièn financiaba ese trabajo.
    Apuesto que era la misma fuente que impuso la cultura siniestra (en sentido polìtico y en la vida real) en todo el planeta: dinero del pueblo soviètico.
    Cultura tan enclavada en las cabezas de los educadores, OJO! en mayorìa son empleados de un gobierno y nada saben de “iniciativa privada”) que de los libros se borrò el hecho que la IIWW se iniciò en la Polonia invadida por Alemania…y URSS! …pero nadie sabe nada de la segunda parte…
    La misma URSS que poco despuès invadìa la Finlandia…tampoco eso se sabe…
    La misma cultura que logrò que todo el mundo conozca el Holocausto, y nadie sabe nada del Holodomor, peor que la masacre de judìos…
    Todo eso como premisa para aclarar que no es correcto poner en el mismo nivel dictador de derecha y dictador de siniestra.
    Dictador es dictador, hay que rechazar cualquier dictadura, y en eso estamos, pero todo el mundo olvida que, si dejamos a lado la IIWW, iniciada como dije por nazistas y socialistas, los dictadores de derecha entregaron trabajo, progreso, bienestar a sus pueblos.
    Hitler, Mussolini, Franco, Trujillo y màs adelante un Pèrez Jimènez o un Pinochet entregaron tremendo desarrollo y prosperidad a sus pueblos.
    Es o no es?
    Ahora vamos a mirar los resultados que dejaron los siniestros?
    La URSS se desintegrò por hambre, la China de mao y la Corea Norte llegaron al canibalismo, puede ser tambièn Cuba, aunque el monstruo de Biràn a lo mejor logrò ocultar eso,
    el Vietnam dejò el socialismo en el 1990 con la ayuda yankee para salir de una horrorosa hambruna, la Yugoslavia llegò a la “limpieza ètnica” para salir de la miseria y la hambruna impuestas por el socialismo, toda Europa Este se fue corriendo al capitalismo, con làgrimas de alivio…
    Ejemplo: la Eslovenia en el 1990 tenìa un Pib per càpita un tercio de Italia…ahora, en capitalismo, llegò casi al mismo nivel..lo mismo vale por Rep.Checa, Slovàquia, Polonia, antigua Alemania Este…
    La misma Rusia vio despegar su PIB desde cuando dejò el socialismo…
    Venezuela…el desastre siniestro està frente a nuestros ojos, y quema en el estòmago, en la carne, en los nervios, en el hìgado que se enferma por la impotencia.. Venezuela ahora es un paìs sin futuro, en marcha atràs con respecto al progreso y al desarrollo, puro atraso…con mèdicos cubanos, atrasados de 50 años, que tendrìan que garantizar la sanidad…y no sabìan ni que enfermedad estaba matando a fidel..


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