01 February 2020 ~ 84 Comentarios

La estupidez y Palestina

Por Carlos Alberto Montaner

Los dirigentes palestinos inmediatamente destrozaron el plan de paz presentado por Donald Trump. Ha sido otra estupidez de los dirigentes palestinos. Culpo a los dirigentes porque sospecho que los palestinos de a pie hubieran preferido que lo aceptaran para encarar la vida con cierto optimismo. Como, melancólicamente, previó Golda Meir: “la paz llegará cuando los palestinos amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”. Ese momento ha llegado para las masas, pero no para los dirigentes que viven en olor de batallas. Falta mucho tiempo. Quizás no llegue nunca.

Esto ha ocurrido a los 75 años de la liberación de Auschwitz-Birkenau, un complejo de campos de concentración enclavado en Polonia donde los nazis torturaron y asesinaron a algo más de un millón de personas, casi todas judías. El “casi” es porque también mataron gitanos, homosexuales y comunistas. Estos últimos fueron exterminados tras el fin de la alianza entre Berlín y Moscú, finalizada en junio de 1941, cuando Hitler atacó a su aliado de la víspera en medio de la “Operación Barbarroja” (otra estupidez, aunque fuera afortunada).

Por supuesto que el Holocausto fue el peor de los crímenes que registra la humanidad, y eso es mucho decir, pero estuvo fundado en una reiterada estupidez que antecede dos mil años a los nazis. Surgió en un oscuro pleito sucedido en las sinagogas, luego prolongado cuando el cristianismo niceno (había otros cristianismos) se convirtió en la religión del imperio romano en época de Teodosio a fines del siglo IV.

Desde entonces, la estupidez antijudía, muchas veces transformada en actos criminales, nunca abandonó a Europa. Prácticamente todas las naciones europeas la padecieron, y llegó a apoderarse de las neuronas enfermas de Adolfo Hitler. En Mi lucha está clarísimo: el origen del mal está en “los judíos”. Si los extirpaban solucionaban uno de los mayores problemas. Es decir: el fundador del nazismo creía que una compleja etnia era la responsable de la mayor parte de los quebrantos de la especie, y sólo se curaba matando a los portadores de la malignidad. Era el sanguinario sequitur de una colosal estupidez.

¿Por qué la dirigencia palestina rechaza el plan de paz ofrecido por Trump, como antes lo hizo con ocho presidentes americanos que intentaron mediar en el conflicto? Porque han nacido o se han criado en la enrarecida atmósfera de la guerra y las intifadas. Pactar con Israel suele ser visto como una suerte de traición. Impera la razón testicular y siempre hay un imbécil dispuesto a matar a quien cede, como le ocurrió en Egipto a Anwar Sadat o en Israel a Isaac Rabin. Ningún dirigente está dispuesto a admitir lo obvio: que perdieron las guerras y no les queda otro remedio que buscar una forma de transacción.

La novedad de la propuesta de Trump, sin duda previamente examinada por Benjamín Netanyahu, está en no pedir el desmantelamiento de los hogares y empresas judías establecidas en territorio “palestino”. Es verdad que nunca ha habido un Estado palestino, pero eso no quiere decir que no exista una nación árabe-palestina capaz de parir un Estado. A mí eso me parece bien, como me resulta tranquilizante que ese hipotético Estado tenga en su seno cristianos, árabes y judíos. Si Israel puede vivir con un 20% de palestinos y cristianos dentro de su territorio, ¿por qué los dirigentes palestinos quieren crear un Estado étnicamente uniforme? No hay nada más peligroso que los Estados étnicamente uniformes. Ahí están los delirios de los nazis para probarlo.

El gran peligro que acecha a Israel no es el Estado palestino que puede surgir en sus entrañas, sino que no se cree esa entidad, y que los ayatolás iraníes, afectados por la estupidez, continúen utilizando a los terroristas de Hamás en contra de los judíos de Israel y en contra de las juderías del mundo occidental. Mientras no estalle la paz, Israel hace muy bien en prepararse para el combate. Si vis pacem, para bellum decían los clásicos. Si quieres la paz, prepárate para la guerra. Tenían razón.

84 Responses to “La estupidez y Palestina”

  1. Manuel 1 February 2020 at 12:53 pm Permalink

    pero lo cierto J, es que aunque a ese 23 de abril, el papa lo haya convertido en 3 de mayo, no deja de seguir siendo 23 de abril, lo unico que le cambiaron fue el nombre, el papa dijo “a partir de hoy ya no es 23 de abril es 3 de mayo” y agarro un borrador y tachó abril y puso mayo, y al 23 le borró el 2, pero esto no quiere decir que no murieran con solo un dia de diferencia. Si hubieramos tenido cable en esa epoca, habrian anunciado el entierro de cervantes el 23, y ese mismo dia estarian anunciadno que murio shakespeare, aunque luego en el siglo 18 el papa hiciera lo que digo arriba que hizo

    por otro lado, hay quienes dicen que shakespeare nacio ese mismo dia, El dia del libro, por tanto, declarado así por tu quirida UNESCO

    (lo traigo acá, para que pueda verlo, pues en otro post se pierde en el gran numero de comentarios)

    https://www.history.com/this-day-in-history/birth-and-death-of-william-shakespeare-celebrated

    • Manuel 1 February 2020 at 1:09 pm Permalink

      te jugué esta broma para hacerte navegar

      la confusion está en que cuando ponen una fecha no aclaran si es para el Juliano o el Gregoriano, y por tanto a ciencia cierta nadie sabe de que se esta hablando

      por eso en la wiki parece que uno murio el 22 y el otro el 23, sin aclarar en el segundo que se refiere al calendario Juliano. Esto quiere decir que Shakespeare murio el 23 del Juliano, el 23 del Juliano se corresponde con el 3 de mayo del Gregoriano. Por tanto, cdo Shakespeare muere ya hacia 11 dias que lo había hecho el otro

      • Manuel 1 February 2020 at 1:14 pm Permalink

        en las cadenas de noticias veriamos a la reportera de Espana diciendo el 3 de mayo que acaba de morir Willy; y en la BBC diciendo ese mismo dia, pero mostrando una fecha de abril 23, la misma noticia.

        me pregunto. Cuando un barco bajo fecha Gregoriana llegaba a puerto Juliano,
        ¿cual fecha de llegada de ponia en los documentos?

        pues supongo que en el baco pondrian su fecha Gregoriana, y en el puerto las autoridades y demas de ese pais pondrian su fecha Juliana, un mismo evento, dos fechas

  2. Manuel 1 February 2020 at 12:56 pm Permalink

    Víctor López
    29 October 2019 at 10:21 pm

    Después de décadas de afirmar utopías, el buen Carlos Alberto ha planteado aquí la “sospecha” de que sin ciudadanos no hay república (jaja). Si en Uruguay y Argentina no hacen fraude, es solo porque son más claritos (lo mismo que en Costa Rica), y esto no es racismo, es entender que los sistemas de gobierno republicanos, que surgieron en las ciudades griegas y en la antigua Roma, fueron (y son) así, porque esa es la forma natural de organizarse de los pueblos caucásicos, excepto los dináricos o muy dinarisados.

  3. Manuel 1 February 2020 at 1:32 pm Permalink

    menos fortuitas fueron las de Mussolini el 28 y hitler el 30

    la muerte de esos totalitarios debio servir de ejemplo a muchos, pero como el Comunismo Real es totalitario, todo lo que en retorica llamara a la union de todos los proletarios bajo el yugo del partido unico, sin derechos humanos de ningun tipo ESTABA MUY BIEN

    y todo el que pretendiera lo mismo, pero aliado a los imperios de occidente, pues eran, y son, llamados “fascistas”, aunque en la practica sean la misma porquería

  4. Manuel 1 February 2020 at 1:33 pm Permalink

    “La mañana del día 28 se reunió a Mussolini y a Clara Petacci en una casa campesina de Dongo y hasta allí llegó desde Milán un grupo de partisanos comunistas dirigidos por Walter Audisio, con la orden de ejecutarlos. Aunque Mussolini creyó en un primer momento que Audisio venía a liberarlos, hasta la aldea de Giulino di Mezzegra donde, junto a la vía XXIV Maggio, y ante las puertas de Villa Belmonte fueron fusilados a las 16:10.

    Una vez bajados de los vehículos, Audisio leyó una breve sentencia en nombre del pueblo italiano y a continuación levantó su ametralladora para dar muerte a Mussolini. Audisio ordenó, «¡Agáchate!»; Petacci abrazo a Mussolini e intentó interponerse. A pesar de que la ametralladora se encasquilló se realizaron disparos con otra prestada por Moretti, y Pettaci cayó muerta. Justo después Mussolini abrió su chaqueta y gritó «¡Disparame en el pecho!». Audisio le disparó en el pecho con la misma ametralladora. Mussolini cayó por cinco disparos pero no murió y estaba respirando con dificultad, Audisio se acercó con su revólver y lo remató con un certero balazo en el corazón.

    Los cadáveres fueron trasladados en la tarde del mismo 28 de abril en un camión a Milán. En el trayecto no se permitió a nadie acercarse a los cuerpos, hasta que llegaron el día 29 a la plaza Loreto de esa ciudad. Allí fueron sometidos a toda clase de ultrajes por la muchedumbre. El servicio de policía colgó luego los cadáveres cabeza abajo en una gasolinera de la plaza.”

    • Manuel 1 February 2020 at 1:36 pm Permalink

      e aquí totalitarios de “izquierda” liquidando a los de “derecha” aliados al imperio Britanico y Norteamericano; en ese entonces los aliados a los imperios de occidente eran los de izquierda, luego todo cambio y entonces lo bueno era estar contra los “imperios” no con ellos

      • Manuel 1 February 2020 at 1:37 pm Permalink

        ¿no son una delicia estos “comunistas”?

        • rene 1 February 2020 at 5:15 pm Permalink

          son uno hijo de pt como los democratico y liberale???????

          alguien me puede decir cual es la diferencia

          • Manuel 1 February 2020 at 6:48 pm Permalink

            nadie, tienes que vivirlo en tu pellejo pa que puedas entender, o tener a alquien querido pasando por ello

          • Manuel 1 February 2020 at 6:48 pm Permalink

            si su profesion e intelecto no te dan pa saberlo

  5. Humberto Mondejar Gonzalez 1 February 2020 at 2:31 pm Permalink

    A ver Montaner, la verdad que usted se pasa y hasta desvaría:
    Que tiene que ver aquí esa parrafada traída por los pelos del holocausto Judíos; que de tanto abusar de ella ya todos dudas que no sean exageraciones o manipulaciones?
    Yo no veo que se necesite traer constantemente el problema de los judíos en la Alemania Nazi; para que las person as entiendan que allí hay un problema que solucionar. Me parece el peor de los motivos.
    El problema actual con Israel en el fondo es otro; que al ser una especie de Democracia (las circunstancias que les rodea creo que no pueden serlo totalmente) y eso es un mal ejemplo para las dictaduras que le rodean.
    Por lo tanto, siempre existirá un pretexto de líderes que son financiados por esas dictaduras; para obstaculizar y lograrse la paz entre palestinos e israelíes.
    Si los que elaboran esos proyectos de paz no ven cómo neutralizar ese mal de fondo; jamas esos planes cuajaran.
    …………
    El Plan del Yerno de Trump se ve bastante bueno; pero creo que Israel tiene que ceder mas en varias cosas.
    Por ejemplo, tiene que darle acceso a los Palestinos al lago ese que tenia acceso antes de la Guerra. Tal vez no tanto aceso, pero si me parece correcto que tenga frontera al lago; porque no se puede construir un país en esa área sin acceso a ese Lago.
    Y areglar el asunto de Jerusalén, alguna autonomía dentro de la Ciudad, para que sea una capital compartida o cosas asi…
    Lo que me gusto por novedoso fue lo del túnel.
    Lo otro es que Jordania queda muy poco compacta porque hay muchos puntos israelíes dentro y eso tampoco es bueno para ningun país.

  6. Luis MorenoEste tipejo no es más que un miserable canalla neo-comunista y profundo odiador de USA. Además un mentiroso patológico, como todos los comuñangas de mierda. ¿ Que hace en este pais? 1 February 2020 at 3:54 pm Permalink

    Creo que nunca habrá paz entre palestinos y judios por la sencilla razón de que los árabes jamás han tenido y mucho menos creído en la democracia ni les interesa, jamás han practicado ni creen en la igualdad de géneros y ni les interesa, no tienen ni puta idea de que es el Estado de Derecho ni les interesa y por ahí sería casi interminable seguir. Son eso, simplemente árabes y los judíos, no todos, pero la inmensa mayoría son tacaños y codiciosos, solo piensan en su bienestar y tienen otros muchos defectos, pero la media judía está muchísimo más educada que la media árabe, son estudiosos y excelentes profesionales en sus oficios y profesiones, destacan en las ciencias, las letras, las invenciones, la ingeniería, la medicina, etc. y los árabes aún tienen millones de analfabetos en sus países, mucha miseria, mucho odio a todo lo occidental, mucho estúpido fanatismo religioso, mucha intolerancia y un casi infinito etc. de ignorancia e imbecilidad. El actual Israel es la única democracia dentro de un cerco de semi-salvajes ideológicos y descerebrados totalitarios. No creo que los israelies vayan a ceder, conviertiendose en un porciento elevado a la cultura árabe ni que los árabes vayan a hacer lo mismo convirtiendose a la cultura israelita o a la occidental judeo-cristiana. Solo miremos la lista de premios Nobel adjudicados a los judíos y los adjudicados a los árabes. La diferencia es abismal. Soy ateo, pero si comparamos la Biblia judeo-cristiana con el Corán musulmán podríamos encontrar perfectamente la imposibilidad de la convivencia entre ambas culturas. Judíos ateos existen y muchos. Arabes ateos no creo que existan y de existir alguno y ser descubierto será inexorablemente ejecutado y colgado en la vía pública. He ahí una muy robusta diferencia. No creo que por ahora y durante muchas décadas futuras vayan judios y árabes a convivir muy tranquilos y sin pelear a muerte.

  7. rene 1 February 2020 at 5:04 pm Permalink

    es viejo penejo por que no habla del prolema de espana

  8. Manuel 1 February 2020 at 6:52 pm Permalink

    “ sus niños continúan corriendo frente a carteles de “NO Pase. Peligro de derrumbe”, jugando a los escondidos en edificios sin cartel como este, donde la indolencia de un gobierno roba vidas y luego marcha, como si nada hubiera ocurrido.

    Los niños del barrio no hablan de otra cosa. En sus cabecitas inocentes entró por primera vez la señora de guadaña, desconocida para ellos hasta ver los tres asientos vacíos. Así, uno de ellos deja sus galletas de la merienda, aun sabiendo que ellas tampoco las van a comer.

    Los vecinos del barrio no han parado ni un momento. Llegan hasta el altar improvisado a cambiar las flores, a barrer los pocos escombros que la brigada, sin pensar en el dolor ajeno, dejó sobre la acera con nombre de niñas.

    Solo algunos familiares se atreven a llegar: los otros están digiriendo aun este alimento amargo, con espinas, intragable; sin otro remedio que engullirlo, de una o de a poco.

    La muchacha del pullover rojo enciende la vela una y otra vez. El viento vuelve a apagarla. En esta disputa están un rato, mujer y naturaleza. Ella vence.

    Quienes pasan no pueden evitar persignarse. Un vecino masculla intenciones de venganza y ella lo mira amenazante: su niña no sabe de odio, no debe escuchar siquiera escuchar sobre semejante sentimiento, no puede ser molestada ahora, en su momento, cuando sus compañeritos han venido a verla.

    La miran los pequeños de la cuadra, que ya no saltan ni gritan al pasar por allí, que se detienen a dejar un beso, un dulce, amor. Ella recuerda a la niña en bicicleta: “¿Tú eres la de la piyamada, no?” Y le pide que la acompañe un momento, hasta la puerta contigua, le cuente cada detalle. Eso no se la traerá de vuelta, lo sabe, pero la dejará dibujarla en todas sus facetas cuando, en la noche, solo le quede llorar.

    Todavía no he visto unas imágenes que hagan justicia a lo que se siente frente a esa fachada verde. La impotencia y las ganas terribles de llorar no se van nunca. Te quedas allí, tranquila, pareciendo una más, siendo fuerte al ponerle vida a las familias, y darte cuenta de que es real.

    En Jesús María hay funeral todas las tardes, a las cinco. En La Habana habrá muchos más, a otras horas. Estoy segura de que el Apóstol no les perdonará esto nunca: ustedes dejaron ir a tres de las que saben querer.

    Tú, que tienes el poder y no hiciste nada por evitar esto, tenías que haber ido, encender una vela, dejar un chocolate, una oración, un peluche, una flor. Eso hicimos aquellos a quienes nos falta comida y nos sobra humanidad. Tus condolencias tardías no valen de nada ahora.

    Texto y fotos: María Carla Prieto

    • Manuel 1 February 2020 at 6:57 pm Permalink

      https://www.cuballama.com/blog/funeral-eterno-frente-fachada-verde-jesus-maria/

    • Manuel 1 February 2020 at 8:05 pm Permalink

      Por: Alexei Padilla Herrera

      Más de veinte años pasando por la avenida 100 fueron suficientes para que mi memoria grabara la expresión que rezaba en la valla propagandística colgada en el puente peatonal que da acceso al Hospital Pediátrico William Soler, de La Habana: «No hay nada más importante que la vida de un niño. Fidel Castro».

      Es cierto que incluso en los momentos más difíciles del infinito Periodo Especial se mantuvieron las clases en la mayoría de las escuelas, así como las campañas de vacunación para prevenir el tifus, el sarampión, la meningitis y otras enfermedades erradicadas después del triunfo de la Revolución. También perdí la cuenta del número de veces que me atendieron en el viejo policlínico del barrio a la luz de un quinqué o de un farol chino.

      La falta de recursos materiales y financieros no puede aceptarse como justificación para tragedias como la que asistimos 27 de enero de 2020, día en que la desidia y la negligencia segaron las vidas de María Karla Fuentes (12), Lisnavy Valdés Rodríguez (12) y Rocío García Nápoles (11). En todo caso, faltó el sentido común, la empatía y el respeto por la vida de los cubanos y cubanas que a diario circulan por las calles de Jesús María, uno de los barrios más humildes y guerreros de la capital desde los tiempos de la colonia española.

      Es inmoral que la caída del balcón de un edificio inhabitable y en ruinas impusiera el luto permanente a tres familias cubanas, una escuela y toda una comunidad. Es inmoral porque según afirmaron familiares de una de las víctimas y varios vecinos, la demolición del inmueble se dilató por meses y solo concluyó con una operación relámpago, justo después del fatídico incidente.

      La nota que sobre estos hechos Granma publicó el pasado 28 de enero, se refirió a la presencia en el lugar de Luis Antonio Torres Iríbar y Reinaldo García Zapata, primer secretario del Comité Provincial del Partido y gobernador de La Habana, respectivamente. Bien por ellos. Sin embargo, nada se dijo sobre si el caso está en investigación ni sobre los posibles responsables.

      De acuerdo con el testimonio de la tía de una de las víctimas, Secons era la entidad que pudo evitar el luto de esas tres familias. Una vecina del barrio de Jesús María, comentó a Cubadebate que el trabajo de las brigadas de demolición se limitaba a tumbar tres ladrillos y colocar una cinta para evitar que los transeúntes pasaran por debajo de la edificación. Las personas que retiraban la cinta que advertía el peligro también actuaron negligentemente.

      Es cierto que la negligencia debe ser compartida entre diferentes entidades y actores, pero la mayor cuota de responsabilidad corresponde a los trabajadores a pie de obra y los directivos de Secons. Es cierto que la preservación de la cinta amarilla pudo haber evitado que las personas se acercaran a la zona de riesgo pero no impediría el desplome del balcón.

      Si la empresa responsable por la demolición del inmueble sabía que un balcón no apuntalado era peligro potencial para la comunidad, no estamos hablando de un accidente, sino de un crimen.

      Dejo para otro momento el análisis más profundo sobre el tratamiento que los medios partidistas dieron al infausto acontecimiento, si el canciller Bruno Rodríguez hizo bien al darle el pésame a la familia del genio del baloncesto Kobe Bryant y obvió a las de las niñas cubanas, o si las escuetas y tardías condolencias enviadas por el presidente Miguel Díaz-Canel, vía Twitter, fueron resultado de sus sentimientos o de las obligaciones del cargo y la críticas a su silencio que circularon por la media social.

      Espero que la omisión a que la prensa partidista nos tiene acostumbrados cuando de ciertos casos se trata, no sea reflejo de la tibieza de las autoridades políticas. Por cierto, no he visto un solo periodista del NTV pedir – tal como hicieron ante tumulto durante la reinauguración del Mercado de Cuatro Caminos – que sobre los responsables de la demolición que llegó tarde caiga todo el peso de la ley. Un peso tan grande como el nefasto balcón.

      Aunque vivimos un tiempo en que el cinismo, la simulación y la obediencia parecen ser carta de triunfo en no pocos ámbitos, me niego creer que hayamos llegado al estadio en que un par de puertas rotas, el hurto de productos alimenticios y de latas de bebidas generen más indignación en los medios oficiales que la desidia que provocó la tragedia de Jesús María. ¿Apelará Thalía González a la decencia para que se investigue este caso?

      De todo lo anterior he tomado nota, mas sé que los reproches no traerán de vuelta a María Karla, Lisnavy y Rocío, ni le dará paz a esas tres familias. Lo que sí interesa por una cuestión de justicia es la identificación de los responsables de la permanencia de un edificio en harapos a pocos metros de una escuela primaria, ubicada en una calle bastante transitada.

      La responsabilidad directa de la muerte de tres inocentes no corresponde a entes abstractos, ni mucho menos al bloqueo de los Estados Unidos, ni al presidente Díaz-Canel. No obstante, este último, junto a sus subordinados del Partido y el Gobierno en el municipio, tiene la obligación moral y legal de exigir a Fiscalía que investigue, identifique y denuncie a los responsables. Cabe a la sociedad civil demandar porque así sea.

      Conviene a los dirigentes cubanos ser diligentes y transparentes con el esclarecimiento de los hechos. Nada pido para mí. Todo exijo por esas tres familias y por la seguridad de quienes andan y desandan por La Habana. En tiempos de medios sociales todos sin excepción serán juzgados por sus obras.

      Hay quien afirma que esta tragedia no debería utilizarse como indicador de la forma en que el país cuida la vida de los ciudadanos en general y de niños y adolescentes, en particular. Yo les diría que al no hacerlo, se corre el riesgo de naturalizar y/o banalizar la negligencia y la desidia que pululan en hogares, comunidades, centros de trabajo y medios de transporte.

      Ojalá que a juzgar por lo sucedido en La Habana Vieja el lunes último, la citada frase de Fidel Castro que da fe de la especial preocupación y ocupación del Estado y sociedad cubanos por infantes y adolescentes, no sea colocada entre signos de interrogación. De los dirigentes y de los dirigidos depende.

      Que las vidas de María Karla Fuentes, Lisnavy Valdés Rodríguez y Rocío García Nápoles, y la fuerza que esas tres familias necesitarán para sobrellevar el dolor, movilice la ciudadanía para evitar, en la medida de lo posible, nuevas víctimas de la desidia

    • Humberto Mondejar Gonzalez 2 February 2020 at 11:16 am Permalink

      Los derrumbes que matan ninos continuarán, si no luchamos por la restitución de la C-40.

      https://www.youtube.com/watch?v=kQiRZvaRi6g

      • Constitucion del 40Luis MorenoEste tipejo no es más que un miserable canalla neo-comunista y profundo odiador de USA. Además un mentiroso patológico, como todos los comuñangas de mierda. ¿ Que hace en este pais? 2 February 2020 at 3:36 pm Permalink

        Dice Ud. que la restitución de la Constitución del 40 va a acabar con los derrumbes y las muertes accidentales de niños. No, lo que va a acabar con el desastre que es ese país hoy es la sacada del poder a patadas del maldito y criminal régimen comunista, la ejecución inmediata de todos los culpables que aún quedan por cientos o miles y la restitución del sistema capitalista de mercado, la democracia, la propiedad privada y todo lo demás que funciona en las 20 ó 30 democracias desarrolladas del planeta.

  9. Frank 2 February 2020 at 8:14 am Permalink

    Manuel, crea tu propio blog para que descargues toda esa incontinencia verborreica. Es aberrante tu descarga

    • Manuel 2 February 2020 at 10:27 am Permalink

      No son mias, en cada una pongo de quienes son

      • Manuel 2 February 2020 at 10:28 am Permalink

        no son aberrantes, son crímenes de la dictadura cubana

        • Manuel 2 February 2020 at 10:29 am Permalink

          si no te gusta, creo que el que equivocó blog
          Fuiste tú

          • Manuel 2 February 2020 at 10:33 am Permalink

            Es muy fácil, no lea, acá nadie le está obligando a hacerlo
            “ Entre en la selva y no cargue con rama que no tenga fruto”

          • Manuel 2 February 2020 at 10:40 am Permalink

            ¿se siente violado? 🙂 , este NO es su blog, por suerte,
            “ En la cruz murió el hombre en un día: pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días”

  10. Víctor López 2 February 2020 at 9:59 am Permalink

    La fundación de Israel en su antiguo espacio geográfico fue un error de suelo y de bases, por eso toda la obra estructural está condenada a derrumbarse. La Torá igual que todos los textos “sagrados” son códigos de supersticiones anacrónicas, que la humanidad arrastra como un pesado lastre. No haberlo comprendido a tiempo e incluso proseguir en la obtusa superchería no cambia la irreparable equivocación cometida.

    Sus hijos más inteligentes emigrarán, el crimen alemán (que dañó para siempre la estructura moral de esa gran nación) ya no se repetirá, pero cuanto más pronto se llegue a comprender esta realidad, mucho mejor será para los hijos de Israel y para todo el mundo. Entiendo su frustración y la comparto Carlos Alberto, pero nunca habrá paz. La habría tal vez con una gigantesca negociación que incluyera la adquisición de un nuevo espacio, bajo inmensas regalías y el desmantelamiento y traslado de todo el estado actual.

    Por supuesto que eso es una utopía, por lo que los hebreos, si no se disuelven como pueblo entre nosotros, volverán a vagar por el mundo durante muchos siglos más. Muy cordialmente.

  11. Manuel 2 February 2020 at 11:20 am Permalink

    Casual, solo casual, que cuando se tocan ciertos temas, algunos comentaristas se vuelven locos, otros reaparecen, y los mudos hablan

    • Manuel 2 February 2020 at 11:23 am Permalink

      Aberrantes son nuestras dictaduras y no les ves disparar un solo chícharo denunciando sus atrocidades.

      Frank enstein ?

      • Julian Perez 2 February 2020 at 11:58 am Permalink

        Manuel

        Primera vez que veo un post de ese tal Frank aquí. Puede ser un nickname de otro, quizás de Vicente. ¿Realmente vale la pena que se le preste atención?

        Es perfectaente comprensible tu estado de indignación extrema con el derrumbe de ese balcón y la muerte de esas niñas. Hay cosas que sobrepasan los límites.

        • Manuel 2 February 2020 at 1:04 pm Permalink

          Cosas que no desaparecen, sólo adoptan nuevas formas>

          ‘ In Kyoto, Japan, a $1 million robot began work as a Buddhist priest, and tiny automated chaperones were used to accompany potential couples on their first dates. Russian television appeared to show an equally impressive display of robotics early in the year, until news got out that it was actually a human in a costume.’

  12. Víctor López 2 February 2020 at 12:32 pm Permalink

    Difiero.

    El señor Frank no se refiere a las niñas como ustedes (Julián y Manuel) quieren hacerlo suponer. Se refiere al abuso de post, la mayoría con desvarios que nadie lee a excepción de RvI (con el que comparte problemas emocionales). Por supuesto que es un irrespeto al blog la conducta de Manuel, y la observación es válida.

    Aclaro para el caso, que mi ética no me permite ingresar bajo un seudónimo o distorsionar concientemente la verdad. Saludos.

    • Julian Perez 2 February 2020 at 1:51 pm Permalink

      El post del tal Frank vino ¨exactamente¨ después de tres posts relacionados con el tema de las niñas. Si no tenía relación con el tema no pudo elegir un momento más inoportuno para ese post.

      • Manuel 2 February 2020 at 2:05 pm Permalink

        no te parece gracioso este tipo hablando de “irrespeto”, el que se pasa diariamente insultando de “estúpido” y demás creaciones a la mitad de los que comentan acá?

        el tipo sólo se dedica a joder, y sólo ud, bacu y dos o tres mas no parecen darse cuenta

        él mismo lo ha dicho, fuera de sus comentarios de las publicaciones, sus intercambio son lúdicos

        todo en el es contradictorio, ud le sigue la rima como el pitcher que no capta lo que pasa, que no se da cuenta de nada

        es otro troll asqueroso, lo sabe Cubano, lo sabe Ramiro, lo sé yo

        es muy irritante verlos caer, teniendo el hijeputímetro que tenemos los cubanos, da mucha tristeza verlos caer ante este tronco de estúpido

        • Víctor López 2 February 2020 at 2:15 pm Permalink

          Deje las botas de Julián en paz.

        • Manuel 2 February 2020 at 2:16 pm Permalink

          ¿quién el único en salir en defensa del “Frank”, con sus estúpidos y risorios argumentos, precisamente él

          no me joda!

          • Manuel 2 February 2020 at 2:16 pm Permalink

            you can do better J

          • Julian Perez 2 February 2020 at 3:03 pm Permalink

            Manuel

            Para dejarlo claro. No creo que sea un troll. Hace con demasiada frecuencia (creo que adiario) comentarios de una grosería inaudita. Pero lo hace por mero placer de ser HP, no porque nadie se lo mande ni porque tenga intenciones aviesas con el post en general porque a CAM, por ejemplo, nunca lo insulta ni desacredita, que sería el principal objetivo de un troll.

            El problema es que, cuando no está insultando, hace buenos comentarios, así que es una lástima que sea tan HP. Y, efectivamente, parece ser un conservador bastante ortodoxo y eso no abunda.

            No puedo hablar por Bacu, pero me imagino que le ocurre lo mismo.

            Pero cada día se me hace más difícil ignorar a Mr.Hyde porque de vez en cuando salga un Dr.Jekyll. Me temo que mi vaso se desbordó. A Ann Coulter, otra a la que le encanta insultar, hace rato que dejé de leerla por ese motivo.

          • Manuel 2 February 2020 at 3:13 pm Permalink

            uso troll como sinónimo de espíritu burlon, persona sin idea ética de nada, el va a su punto, y punto. Sin la intención de mejorar, su entrada es destructiva, sin ofrecer un discurso coherente alternativo, sin repetar al otro, su alternativa y tiempo la dedica a ser creativo en el insulto y el modo que el entiende más efectivo para hacer saltar al otro en pedazos, sacarlo de su dinámica y aportes

            (slang) (computing)
            a. el troll (m) (slang)
            Some troll has been posting nasty comments on my sister’s blog.Algún troll ha estado posteando comentarios feos en el blog de mi hermana.

            3. (slang) (computing)
            a. trollear (slang)
            The young actress has stopped tweeting after she was trolled for her political views.La joven actriz ha dejado de tuitear después de ser trolleada por sus ideas políticas.

          • Julian Perez 2 February 2020 at 3:19 pm Permalink

            Ya veo. Si esa es la acepción se le puede dar ese calificativo. Pero me parecía que el término ¨troll¨ se usaba para elementos designados por la dictadura para malear los sitios de sus enemigos. No me parecía que se pudiera aplicar al caso que nos ocupa.

            El Inagotable, por ejemplo, no es un troll cuando se mete en CubaDebate a joder. Es un agente libre.

          • Manuel 2 February 2020 at 3:31 pm Permalink

            hay una diferencia entre querer ser aniquilador con unos dictadores asesinos que con unos comentaristas que vienen a ofrecer sus puntos de vista sobre aspectos que no son lesivos a la dignidad de nadie, y que apuntan hacia un analisis de estos fenómenos que nos mantienen en la miseria, miserias de todo tipo; diferimos, pero no nos destruímos; nos apasionamos y extendemos, y muchas veces se nos va la olla, pero no es esto el signo de base de sus comentarios, lo que los caracteriza mayormente

            la impresión que me da es la que tiene Cubano, el hombre requiere estar en el centro y ser atendido todo el tiempo como un chico egocéntrico: y si la gente no le hace caso, pues patea la mesa y le cae a mordidas a todo el que se le pase por delante

            el mismo usó el adjetivo adecuado: lúdico, lo cual es sumamente pueril, por decir lo menos

          • Víctor López 2 February 2020 at 3:32 pm Permalink

            Lo he dicho otras veces y vuelvo a repetirlo: será que yo los descompenso. Cómo puede ser que usted, Julián, mencione a otro colaborador del blog para suponer que “opina igual sobre este HP”, porque este HP…

            Lo consideraré lo que supongo que es, un desconcierto involuntario que ha todos nos puede suceder. Un muy cordial saludo.

          • Manuel 2 February 2020 at 3:35 pm Permalink

            las personas que suelen llevar a cabo críticas constructivas, demuestran tener empatía, altruismo, mente abierta, comprensión y compasión. También destacan por poseer una alta autoestima y un buen autoconcepto.

            Pero, por otro lado, aquellas personas que con frecuencia hacen críticas destructivas manifiestan escasa empatía, egoísmo, rigidez mental, intransigencia e insensibilidad. Muestran también su baja autoestima y su pésimo autoconcepto.

            Ahora que sabes todo esto, ¿qué tipo de persona quieres ser? Si crees que sueles realizar críticas destructivas, ¡es hora de cambiar! Pues esto no te beneficia ni a ti ni a tu entorno.

            Las críticas importantes son siempre constructivas.

            {
            -Imre Lakatos-

            En definitiva, una opinión debe ser dada si la otra persona nos la pide o nos permite decírsela. De modo que, si vas a criticar, tienes que hacerlo en virtud de los demás, buscando las palabras apropiadas para no dañar ni hacer sentir mal a la gente.
            https://unycos.com/blog/diferencias-critica-constructiva-destructiva/

          • Manuel 2 February 2020 at 3:36 pm Permalink

            fíjese como lo que piensa Cubano se articula con lo que exponen los que se dedican a estos temas:

            la impresión que me da es la que tiene Cubano, el hombre requiere estar en el centro y ser atendido todo el tiempo como un chico egocéntrico: y si la gente no le hace caso, pues patea la mesa y le cae a mordidas a todo el que se le pase por delante

            el mismo usó el adjetivo adecuado: lúdico, lo cual es sumamente pueril, por decir lo menos

            “Muestran también su baja autoestima y su pésimo autoconcepto.”

      • Víctor López 2 February 2020 at 2:13 pm Permalink

        Ahh fue “exactamente”.

        Entonces usted de verdad cree que el señor Frank escogió postear por esa razón?

        • Julian Perez 2 February 2020 at 2:36 pm Permalink

          No sé si escogió postear por esa razón, pero si un post sigue a otro, se puede asumir una relación de causa y efecto. Manuel postea todos los días. Sus posts siempre han tenido las mismas características, como los de Cubano, como los míos.

          La muerte de las tres niñas es un golpe para la dictadura. Es posible que haya reacciones populares. Es posible que estén preocupados, dado que su estilo siempre ha sido matar moscas a cañonazos y esto es más que una mosca. Tuve amigos que eran revolucionarios sinceros y dejaron de serlo cuando supierin que problemas de malnutrición estaban dejando ciegos a niños. Lo de los niños ciegos fue demasiado para ellos. Lo que le ocurra a niños sensibiliza particularmente.

          Si, precisamente, después de los posts relacionados con la muerte de las tres niñas, aparece ese post del tal Frank sugiriéndole a Manuel que haga su propio blog y no postee aquí, asumir que no hay relación (y me voy a permitir usar ese adjetivo porque usted lo usa y eso da cierta autorización para usarlo, es estúpido.

          Usted se llena la boca para tildar a otros de estúpidos y de cuanto hay. Procure no serlo.

          • Julian Perez 2 February 2020 at 2:46 pm Permalink

            Y, por cierto, me llama poderosamente la atención que critique tanto a Manuel por su trato conmigo (que no siempre ha sido cordial, como es sabido se enfadó muchísimo con el incidente del guetto y pasó varios días diciéndome hasta del mal que me iba a morir) y no le dedica ni un solo insulto, ni una sola burla a Héctor, cuyas frases de ¨Ha dicho mucha verdad en pocas palabras¨, que ha repetido a menudo refiriéndose a post suyos, son el ejemplo de lacayismo más obvio.

          • Víctor López 2 February 2020 at 2:56 pm Permalink

            Ya lo he exonerado de que su conducta sea consecuente con sus enunciados. ESTÚPIDO es por supuesto el calificativo que amerita un doctor que ante la tormenta que se avecina, sugiere que “comiendo sano” no hay de qué preocuparse. … y doblemente estúpidos quienes viendo el insólito aislamiento a China y las desesperadas medidas que se toman, suponen que el asunto es intrascendente. Un saludo.

          • Víctor López 2 February 2020 at 3:12 pm Permalink

            Sigue faltando a la verdad, Julián. No lo enfadó su comentario, sino la creencia que le iban a arrebatar sus botas. No hay tampoco ninguna “animadversión” hacia el pobre Manuel, solo es sujeto de diversión, y hago la señalación (eso no es un juego) de su trastorno, que como es evidente trastorna el blog. El señor Frank hizo también esa señalacion, aunque usted pretenda que sea de otra cosa. Saludos.

          • Julian Perez 2 February 2020 at 3:37 pm Permalink

            Bueno, Víctor, al igual que no acepto de nadie que intente imponerme que no intercambie con otro, también puedo decidirlo por propia voluntad.

            Creo que con Mondejar no intercambiaré porque la obsesión con la C-40 (que, además, ni siquiera me gusta demasiqdo) me cansa.

            Y también el llamado ¨show¨ me resulta aburrido. Como ya dije, hay muy poco Dr.Jekyll para tanto Mr.Hyde. Comunico oficialmente que doy por terminados nuestros intercambios. Por supuesto, con ello me habré ganado el carnet de ¨estúpido¨ (aparte del de ¨supersticioso ignorante¨, que ya tenía). No importa. Me han llamado cosas peores 🙂

          • Manuel 2 February 2020 at 3:39 pm Permalink

            sus intentos por destruir los comentarios de este blog se estrellarán siempre, y sólo lograrán un efecto contrario

            el Frank, que oportuno el Frank, altamente sospechoso

            “Muestran también su baja autoestima y su pésimo autoconcepto.”

            la impresión que me da es la que tiene Cubano, el hombre requiere estar en el centro y ser atendido todo el tiempo como un chico egocéntrico: y si la gente no le hace caso, pues patea la mesa y le cae a mordidas a todo el que se le pase por delante

            el mismo usó el adjetivo adecuado: lúdico, lo cual es sumamente pueril, por decir lo menos

          • Manuel 2 February 2020 at 3:43 pm Permalink

            cada nuevo intento te seguirá undiendo aún más, porque la idea que tienes de los cubanos es de “estos torpes boludos con los que puedo jugar a mi antojo” te quedó corto por acá 🙂

            Víctor López
            1 February 2020 at 11:39 am

            Cuba está descerebrada, Ramiro. De ahí ya no hay retorno. Podemos perder la lengua, las costumbres, etc. Pero si la inteligencia se pierde (matamos) nunca más puede recuperarse nada. Ejemplo de que la lengua y demás poseciones pueden recuperarse es Israel.

          • Manuel 2 February 2020 at 3:43 pm Permalink

            hundiendo

          • Manuel 2 February 2020 at 3:45 pm Permalink

            grandísimo te quedamos che

            sólo puedes hacer de las tuyas con los bacu, julian y joseluis

            pero hasta ellos se te han plantao bonito de vez en vez 🙂

          • Víctor López 2 February 2020 at 4:28 pm Permalink

            De mi parte tendrá siempre el respeto y el agradecimiento por todos los buenos intercambios tenidos. Puede suspender el diálogo por siempre o retomarlo cuando le plazca. Por supuesto, como le dije una vez, aquí nadie es Prima Dona por lo que cuando me parezca oportuno me referiré u opinaré sobre sus comentarios o persona. Un fuerte abrazo de su cordial servidor.

    • Frank 2 February 2020 at 3:25 pm Permalink

      Gracias Victor; Este señor es atorrante y excesivo con sus comentarios, CAM deberia tener un moderador para detener este desborde de incontinencia verborreica de los manueles y julianes.

      • Manuel 2 February 2020 at 3:33 pm Permalink

        para tu desgracia francito, eso no pasará 🙂

      • Víctor López 2 February 2020 at 4:16 pm Permalink

        Jajaja por supuesto que no “Frank”. No debe existir la censura. Más bien todos deberíamos colaborar proponiendo y dejando espacio para las ideas. Desgraciadamente el blog está en manos de gente con problemas emocionales (de ahí la incontinente verborrea). Julián es un ser de principios,hasta donde lo permite el trópico, y aporta una excelente forma de expresión. Un cordial saludo.

  13. Manuel 2 February 2020 at 1:25 pm Permalink

    hasta el buen Fuentes (‘norbertus’) se queja>

    “… la propaganda del Gobierno cubano cada día es peor. Joden esta joyita de Silvio y seguro que en el próximo estribillo aluden a la campaña de vacunación contra la polio. Si el gancho es la canción de Silvio, el pretendido mensaje se les escapa como agua entre las manos. Yo lo que quiero es seguir oyendo a esa niña con su respaldo de violines y no que me la interrumpan con una arenga. Yo, presto a arremeter de inmediato contra Díaz Canel y todo su Consejo de Ministros, cuando me doy cuenta de que sí, de que se trata a todas luces de un acto de propaganda, mondo y lirondo, pero no del Gobierno cubano sino del grupo de rap y hip-hop llamado Orishas. Sí, caramba, pero si yo he visto sus conciertos. Los ponen en Netflix. Conciertos en La Habana de un grupo que reside en Europa. Vaya caramba, cómo hemos avanzado. Todo ha sido perdonado, y al parecer, de ambas partes. Pero de pronto, hete aquí que —es lo que pienso— algo debe estar yéndoles mal a los músicos y entonces recurren al manido recurso de los tantos y tantos artistas mediocres que arriban a estas tierras —Miami o Madrid, da lo mismo. Sustituir su falta de talento por la narrativa de las heridas del exilio. Siempre da resultado, aunque la experiencia enseña que es un episodio de poca duración. Porque atrás vienen los nuevos inquilinos del exilio y estos sí que traen la última. Y esta es “la última” que trajo Orishas. Apoyarse en “Ojalá” de Silvio y en todo su poder emblemático de una época, para demoler una Revolución. Así que era eso. Un sutil acto de contrición: Ahora sí que hemos quemado las naves. Ya no regresaremos más a Cuba. Hernán Cortés era un niño de tetas comparado con Orishas, ¿saben? Y les digo que usar en beneficio propio —sobre todo cuando el talento se te agota—, los sentimientos legítimos de una parte considerable de nuestra población, y procurar convertir un robo en un acto de patriotismo, es una burla. Y apuesto a que los volveremos a ver regresando a La Habana. (Otra nueva contrición en el futuro.) En el espacio mínimo de los 3 minutos 16 segundos de la grabación, se produjo el choque de lo que es un producto político de ocasión y la obra de un artista. Que es lo que te sigue grabado en la memoria. Si tú los oyes, es por las porciones de “Ojalá”, no por los estribillos de reciente inclusión. Yo creo que en un evidente afán de competir en un mercado muy duro y muy difícil, en un evidente afán de llamar la atención, emplearon el recurso más gastado de los advenedizos del exilio: los golpes de efecto. Y por otro lado, el asunto, chicos, no es que se hayan metido con Silvio, sino con una generación. No olviden el poder de evocación que tiene la música. Atesora la memoria de momentos, gentes, lugares de los que en muchos casos ya no existen ni los edificios. Además de la injusticia galopante que significa arremeter desde la seguridad de una casa en Madrid, o donde quiera que residan, contra uno de los artistas más rebeldes que conoció el proceso cubano. Silvio, con su guitarra y su camisita blanca de la libreta de abastecimientos y el mínimo tatuaje en el dorso de su mano izquierda expulsado del Instituto Cubano de Radiodifusión por defender a los Beatles ¡en el año 1968! Déjenme contarles algo, para cerrar: Yo recuerdo al general de División Fabián Escalante, nombre de guerra “Roberto”, jefe de la Dirección Política Central del Ministerio del Interior, en el comedor de Tropas Especiales un día de principios de 1989. Estaba preocupado por Silvio. Ya “el muchacho” estaba dando conciertos a teatro lleno en el Carlos Marx y a Ciudad Deportiva llena y a Plaza de la Revolución como solo Fidel lo lograba y aquello era preocupante. “Ese muchacho se puede convertir en un flautista de Hamelín. Y no tenemos control sobre él.” Mas nadie se acuerda de este general aunque fuese uno de los sospechosos sobrevivientes del Ministerio del Interior en la purga de la Causa número Uno de julio de 1989. En ese sentido Orishas y el generalato del Ministerio se dan hoy la mano.”

  14. Manuel 2 February 2020 at 1:35 pm Permalink

    nada, que Ramiro sigue teniendo menuda razón:
    dice que los chinos socializaron los medios de producción. ¿alguien duda que esto es un troll o simplemente la realidad superando cualquier ficción?

    vicente
    2 February 2020 at 1:29 pm

    …al rico le produce un placer orgasmico acumular propiedades y medios de produccion aunque para eso tenga que explotar despiadadamente al pobre,no le deja formarse ni estudiar porque lo unico que le sirve es como instrumento para engordar su capital,igual que se engorda una vaca para convertirla en bistec.Frente a eso esta la etica que debe fijar pautas y condiciones para garantizar una vida digna,el capitalismo esta hecho para unos pocos paises donde la gente vive bien,USA,Canada,Europa Occidental,Israel,Japon,Corea del Sur,Taiwan,Singapur,Australia y Nueva Zelanda,estos paises suman menos del 15 por ciento de la poblacion mundial y acaparan casi toda la riqueza,que le queda al restante 85 por ciento de la poblacion,apretar los dientes y seguir adelante, que hay de malo en socializar los medios de produccion, eso es lo que hacen los chinos y les va bien, USA trata a Latinomerica como su patio trasero.

    • Manuel 2 February 2020 at 1:39 pm Permalink

      me refiero a que Ramiro tiene razón en cuanto a estas gentes, de no ser un troll, que no pierde su tiempo y cree que se lo puede hacer perder a alguien.

      Este último post es tan retardado, tan tonto, que no creo que alguien pierda tiempo explicándole algo al “vicente”

      • Manuel 2 February 2020 at 1:41 pm Permalink

        me refiero a que Ramiro tiene razón en cuanto a estas gentes, de no ser un troll, que pierde su tiempo y cree que se lo puede hacer perder a alguien.

        tienen tiempo de vida, pero al final la superioridad de Occidente se los desayunará cdo menos lo esperen

        pobres criaturas

        • Manuel 2 February 2020 at 3:57 pm Permalink

          tengo pa uds trolitos, y tengo pa vicente, tengo pa todo el mundo, aunque de doctor torrente no tengo nada, porque no he desarrollado ese don, mas bien soy terrible, pero tengo la voluntad de echarmelos a todos ud y a cien más con argumentos de peso

          por Randy Saborit Mora / Fotos de Randy Saborit Mora

          Como “Doctor Torrente” calificaron a José Martí guatemaltecos reaccionarios en sueltos que circularon, en noviembre de 1877, con la intención de burlarse de sus dotes oratorias.
          Aquellos, de quienes ni se recuerda sus nombres, intentaron desprestigiar ante sus discípulos y simpatizantes al que ha sobrevivido al paso de Cronos, el implacable.
          Quizás muchos anhelarían descubrir la “máquina del tiempo” para escuchar al menos una de sus clases magistrales, como las impartidas en la Universidad de Guatemala, el Instituto Nacional de Señoritas o la Escuela Normal de Varones.
          Los discípulos de la última le regalaron una leontina quien confesó que acá se hizo maestro “que es hacerse creador”. Aquel plantel lo dirigió el patriota cubano José María Izaguirre y en la actualidad es un centro de enseñanza media.
          En la Universidad de Guatemala lo designaron, con solo 24 años, catedrático de Literatura francesa, inglesa, italiana y alemana y de Historia de la Filosofía.
          También deleitó a las alumnas de la Academia de Niñas de Centroamérica, donde estuvo inscrita María García Granados, inmortalizada en su célebre poema La Niña de Guatemala.
          María era la hija del expresidente Miguel García Granados, con quien el más universal de los cubanos jugaba ajedrez en su residencia, a una cuadra de la casa donde vivió.
          Con luz en la frente salió en julio de 1878 de Guatemala el Apóstol, a quien un año antes habían nombrado vicepresidente de la Sociedad Literaria El Porvenir, que realizaba veladas en el Teatro Colón, destruido tras el terremoto de 1917.
          Hoy, donde fuera erigido aquel centro cultural a semejanza de un templo griego, está un parque por el cual caminan a diario cientos de capitalinos, que a lo mejor ignoran lo mucho que hizo el poeta de actos por esta nación.

  15. Manuel 2 February 2020 at 1:57 pm Permalink

    trato de traer solo links, pero casi siempre traigo los posts pegados, o los fragmentos que entiendo relevantes, porque en medio de esta guerra de pendejos y torturadores, muchas publicaciones aparecen y desaparecen. Por el mismo motivo, muchas cosas que salen acá las tengo salvadas en varios lugares con poderosos motores de búsqueda, por si a alguien se le ocurre un día cargarse tambien este blog, o parte de él

    • Manuel 2 February 2020 at 2:31 pm Permalink

      Como este sobre el papel del Liberalismo en los últimos 300 anos>

      “ Only in the presence of an alternative—the various movements for shared self-government that descend from the Enlightenment—has any other arrangement really been imagined. As the counter-reaction to Enlightenment liberalism swept through the early decades of the twentieth century, dictators, properly so called, had to adopt rituals that were different from those of the kings and the emperors who preceded them. The absence of a plausible inherited myth and the need to create monuments and ceremonies that were both popular and intimidating led to new public styles of leadership. All these converged in a single cult style among dictators.
      That, more or less, is the thesis of Frank Dikötter’s new book, “How to Be a Dictator: The Cult of Personality in the Twentieth Century” (Bloomsbury). Dikötter—who, given his subject, has a wonderfully suggestive, Nabokovian name—is a Dutch-born professor of history at the University of Hong Kong; he has previously written about the history of China under Mao, debunking, at scholarly length and with a kind of testy impatience, the myth of Mao as an essentially benevolent leader. “How to Be a Dictator” takes off from a conviction, no doubt born of his Mao studies, that a tragic amnesia about what ideologues in power are like has taken hold of too many minds amid the current “crisis of liberalism.” And so he attempts a sort of anatomy of authoritarianism, large and small, from Mao to Papa Doc Duvalier.
      Each dictator’s life is offered with neat, mordant compression. Dikötter’s originality is that he counts crimes against civilization alongside crimes against humanity. Stalin is indicted for having more than 1.5 million people interrogated, tortured, and, in many cases, executed. (“At the campaign’s height in 1937 and 1938 the execution rate was roughly a thousand per day,” Dikötter writes.) But Stalin is also held responsible for a nightmarish cultural degradation that occurred at the same time—the insistence on replacing art with political instruction, and with the cult of the Leader, whose name was stamped on every possible surface. As one German historian notes, you could praise Stalin “during a meeting in the Stalin House of Culture of the Stalin Factory on Stalin Square in the city of Stalinsk.” This black comedy of egotism could be found even among neo-Stalinist dictators of far later date. In 1985, Nicolae Ceauşescu, Romania’s Communist leader, ordered up such television programs as “The Nicolae Ceauşescu Era” and “Science During the Nicolae Ceauşescu Epoch.” By law, his portrait was featured at the beginning of every textbook.
      Dikötter’s broader point is that this manner spread to the most improbable corners of the world. His most interesting chapters, in some ways, are on the “tin-pot” dictators—like Duvalier, in Haiti, and Mengistu, in Ethiopia—who, ravaging poverty-stricken countries, still conform to the terrible type. The reason his subjects exhibit a single style is in part mutual influence and hybridization (North Korean artists made Mengistu a hundred-and-sixty-foot-tall monument in Ethiopia), and in part common need. All share one ugliness because all bend to one effect: not charm but intimidation, and not persuasion but fear.
      The elements come together in almost every case to make one standard biography. There’s the rise, which is usually assisted by self-deluding opportunists who believe that they can restrain the ascendant authoritarian figure; old Bolsheviks like Grigory Zinoviev, countering Trotsky, played just as significant a role in Stalin’s ascent, largely through abstention, as the respectable conservative Franz von Papen did in Hitler’s. (“We can control him” is the perpetual motto of the soon-to-be-killed collaborator.) Next there is the attainment of power, and the increasingly frantic purging, followed by a cult of personality made all the more ludicrous by the passage of time, because it is capable only of inflation, not variation. Along with that comes some re-identification with figures from the national past. The exploitation of the imaginary Aryan history, bestrode by Valhallan gods, became central to the Hitler cult. In the same way, Dikötter shows, Duvalier took up the animism of Haitian vodou and presented himself as the avatar of the cemetery spirit Baron Samedi.
      f0085-01
      The elements of dictators’ biographies, from rise to fall, come together in almost every case to make one standard narrative.
      Then comes the isolation of the dictator within his palace—friendless and paranoid—and the pruning of his circle to an ever more sycophantic few. The dictator, rather than exulting in his triumph, withdraws into fearful seclusion. Finally, after all the death and brutality imposed, the dictator’s power, and often his life, ends with remarkable suddenness. You can watch video footage of Ceauşescu, in Bucharest, 1989, confidently addressing an assembled audience and realizing in a single moment that the crowd has turned. “Comrades! Quiet down!” the dictator cries out, while his wife shrilly shouts, “Silence!” The firing squad was only a few days away. Mussolini was ejected just as abruptly, and Hitler would have been, too, if he hadn’t killed himself first. Stalin seemed to make it to a natural end, but, as that terrific movie “The Death of Stalin” shows, he probably died sooner than he otherwise would have, because his flunkies were too terrified to do anything when they found him unconscious in a pool of his own piss.
      Still, Dikötter’s portrait of his dictators perhaps underemphasizes a key point about such men: that, horribly grotesque in most areas, they tend to be good in one, and their skill at the one thing makes their frightened followers overrate their skill at all things, like children of a drunken father who take a small act of Christmas charity as proof of enormous instinctive generosity. Compare Dikötter’s account of Hitler’s rise with John Lukacs’s account, and one recalls how Lukacs, without softening the portrait one bit, recognized that Hitler did some things extremely well. Hitler’s occasional moments of shrewdness and even statesmanship—in seeing that Stalin would trust him not to invade Russia, or that France was not prepared to fight—made his followers more convinced than ever of his genius.
      The difference between charismatic leadership and the cult of personality—different points in the trajectory of the dictator—is that the charismatic leader must show himself and the object of the cult of personality increasingly can’t show himself. The space between the truth and the image becomes too great to sustain. Mao, like God, could be credibly omniscient only by being unpredictably seen. Imposing an element of mystery is essential. And so most of the subjects here rarely made public appearances at the height of their cults. Stalin and Hitler both remained hidden for much of the war; to show themselves was to show less than their audiences wanted.
      During the Cultural Revolution, Mao’s image was everywhere, but, when preparing to greet Richard Nixon, he made much of the imagery disappear. “All signs of the Chairman were removed from window displays,” Dikötter writes. “Thousands of statues were dismantled, discreetly sent off for recycling.” The king or the emperor has his glory channelled into the national religion or ritual; the dictator, rising with a revolution against the old order, is in some sense an iconoclast, and has to be more enigmatic. Months went by in which nobody saw Mussolini; Stalin refused to take part in his own victory parade after the Second World War, leaving the task to his top general, Georgy Zhukov; Duvalier holed up in his palace, then suddenly appeared shopping in little Port-au-Prince boutiques. Sometimes there, sometimes not, now you see him, now you don’t—less the hero of a thousand faces than the overseer with a million eyes. You never know when you’ll see Big Brother—or when he’ll see you.
      The really significant historical question is how the modern authoritarian’s cult of personality differs from the monarch’s or the emperor’s. Roman emperors, after all, were actually deified. It matters that the twentieth-century cult of political personality rose in the context of the broader twentieth-century cult of celebrity. Monarchs coming to power in the centuries preceding mass media could be mythologized and poeticized because myths and poems were the chief cultural material around. The dictators competed with movies, and with stars. Charlie Chaplin said once, “When I first saw Hitler, with that little mustache, I thought he was copying me.” Though Chaplin was retrospectively rueful, it was not a crazy notion—and he would use it to fantastic comic effect in “The Great Dictator,” still the best satiric study of dictator style ever created. Fandom and fanaticism made their historical appearance hand in hand. (Even today, Donald Trump likes dictators not only because he likes authoritarians but also because they present themselves, in ways he understands, as kitsch celebrities, with entourages and prepackaged “looks.”)
      Dikötter makes a case that there has been a dictator style, stretching across the planet. Is there also a dictator sound—a specific way that they use language? “The Ogre does what ogres can,/Deeds quite impossible for Man,” Auden wrote in 1968, after the Soviet tanks rolled into Prague. “But one prize is beyond his reach,/The Ogre cannot master Speech.” The idea that language was the last bulwark against lunacy was central, in the middle of the last century, to minds like Camus and Orwell. Lucidity is a test of integrity, as Orwell insisted in “Politics and the English Language.” Tyrants can’t talk sense.
      But what if, dreadful idea, the reverse is true—what if language is exactly what the ogres have mastered, and bad people tend to have a better command of language than good ones, who are often tongue-tied in the face of the world’s complexities? What if the tragedies of tyranny were, in the first instance, tragedies of eloquence misapplied—of language used for evil ends, but used well? For centuries, students learned Latin by memorizing the writing of the great Roman tyrant and republic-ending ogre Julius Caesar. They did it exactly because Caesar’s style was so clear, efficiently sorting out Druids and Picts, always focussed on the main point.
      The worst dictators tend to be the most enthusiastic readers and writers. Hitler died with more than sixteen thousand books in his private libraries; Stalin wrote a book that was printed in the tens of millions, and though that is easier to do when you run the publisher, own all the bookstores, and edit all the book reviews (only Jeff Bezos could hope to do that now), still, he did his own writing. Mussolini co-authored three plays while ruling Italy and was the honorary president of the International Mark Twain Society, writing a greeting to the readers of his favorite author while installed as Duce. Lenin and Trotsky, whatever else they may have done, both wrote more vividly and at greater length than did, say, Clement Attlee or Tommy Douglas—social-democratic politicians who did great good in the world and left few catchy slogans behind. “Political power grows out of the barrel of a gun” and “The revolution is not a dinner party,” Mao’s apologias for mass killing, may not be admirable sentiments, but they are memorable aphorisms—far more memorable than the contrasting truth that some political power grows out of the barrels of some guns some of the time, depending on what you mean by “power” and “political,” and whom you’re pointing the gun at.
      This contrarian hypothesis is nicely put in Daniel Kalder’s “The Infernal Library: On Dictators, the Books They Wrote, and Other Catastrophes of Literacy”(Henry Holt). In many ways the literary companion to Dikötter’s book, “The Infernal Library” is the work of a non-academic scholar with a staggering appetite for reading. The same dictators fill both books, but Kalder’s focus is on their words more than their acts. He has worked through a reading list that would leave most people heading desperately for an exit, and an easier subject. Anyone can read “Mein Kampf ” who has the stomach for the maunderings of a self-pitying, failed Austrian watercolorist. But Kalder has actually made his way through the philosophy of António de Oliveira Salazar, for decades the semi-fascist quasi-dictator of Portugal, and gives his 1939 tome, “Doctrine and Action,” a fair review. We may have heard that Stalin’s “Foundations of Leninism” was printed in the millions, but Kalder has read it, and with a certain kind of devil’s-due respect: “He is clear and succinct, and good at summarizing complex ideas for a middlebrow audience: the Bill Bryson of dialectical materialism, minus the gags.”
      Kalder’s point is the disquieting one that the worst tyrants of the past century were hardly the brutal less-than-literates of our imagination. (Hitler, twenty and poor in Vienna, put down “writer” as his occupation on an official document. He wasn’t, but it was what he dreamed of being.) Their power did not grow out of the barrel of a gun. It grew out of their ability to form sentences saying that power grew out of the barrel of a gun, when in fact it was growing out of the pages of a book. Mao was even more effective as an advocate than as a general. The trouble with these tyrants’ language was what they used it for.
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      Kalder proposes Lenin as the originator of the modern totalitarian style in prose, adopting Marx’s splenetic polemical tone for the purposes of Communist revolution. Kalder’s Lenin is a useful corrective to the more benign version of Lenin that still crops up from time to time—partly owing, it must be said, to Edmund Wilson’s 1940 book, “To the Finland Station: A Study in the Writing and Acting of History.” Wilson’s Lenin may have been insufficiently sensitive to civil liberties, but he was fundamentally humane and philosophical, a firstrate intellect caught in a first-rate crisis. His flaw was a lack of patience with his own deeply felt humanism, self-censoring even his love of Beethoven in pursuit of the public good. (Following Wilson, Tom Stoppard, in his great 1974 comedy “Travesties,” showed Lenin listening longingly to the “Appassionata” Sonata.) Vladimir Nabokov, who knew better, regularly tried to disabuse Wilson of this belief. “What you now see as a change for the worse (‘Stalinism’) in the regime is really a change for the better in knowledge on your part,” he wrote to Wilson in 1948. “Any changes that took place between November 1919 and now have been changes in the decor which more or less screens an unchanging black abyss of oppression and terror.”
      Kalder shares that view. After reading Lenin’s “The State and Revolution,” he writes, “It’s impossible to be surprised that the USSR turned out so badly.” Already in 1905, we learn from Kalder, Lenin is dismissive of the very notion of “freedom” within an exploitative society, writing,“ The freedom of the bourgeois writer, artist, or actress is simply masked (or hypocritically masked) dependence on the money-bag, on corruption, on prostitution.” It’s significant that the “actress” comes in for Lenin’s disapproval; John Stuart Mill and Harriet Taylor, in “The Subjection of Women,” from 1869, had singled out actresses as a cynosure of liberal feminism, since they were the one kind of woman artist whose equality, or superiority, to men was on public display. (Taylor’s daughter Helen, who also worked on the book, was herself an actress.) Demoralizing actresses as mere prostitutes is therefore an essential part of the Marxist attack on bourgeois feminism.
      Stalin, in Kalder’s account, not only succeeds Lenin as an author but surpasses him. Against the Trotskyite view of Stalin as a Georgian bandit chief, Kalder argues that Stalin was actually a big thinker and a good writer, capable of popularizing Marx in ways Lenin could not. He was a devoted craftsman of prose, too, as his much marked manuscripts attest. “Because Stalin’s primary means of interacting with the physical world was through paper, it is not surprising that he continued to demonstrate a superstitious awe for the power of the written word,” Kalder observes. “He was still fascinated by books, by novels and plays, and by the arts generally.” Some writers even sought out Stalin for literary advice. The amazing thing is that they got it: one prominent playwright, Alexander Afinogenov, started sending his plays directly to Stalin for a first read, and, despite the burdens of ruling a totalitarian empire, Stalin would get back to him with notes. If you want to know what a country with an editor at its head looks like, there it is.
      Stalin, Kalder concludes, “was a naïve romantic, at least insofar as he believed in the transformative power of literature.” He recognized that words shape ideas, and ideas shape souls. In 1932, he cheerfully summoned forty of the leading writers of the Soviet Union to come to dinner, exhorting them with language one might expect from a faculty dean making a case for the humanities: “Our tanks are worthless if the souls who must steer them are made of clay…. And that is why I raise my glass to you, writers, to the engineers of the human soul.” Of the writers who were in that room, Stalin had eleven murdered before the decade was over. Editorial rigor could achieve no more.
      After spending time with Stalin, one finds Hitler and Mussolini, taken as authors, almost anticlimactic. Yet Kalder spots something that is hard to articulate but worth brooding on. When Stalin addressed workers who made tractors, he was actually interested in tractors: they were a means toward a more productive Russia. The better life—based on efficient, electrified, and modernized farms—was visible, however many lives you had to take to get there. By contrast, Hitler and Mussolini were apocalyptic pessimists. Their work expends far more energy on the melodrama of decline and decadence, on visions of Jews giving syphilis to Aryan maidens and on the Roman ruins, than on a positive future. (Part of what drew Hitler to the Wagnerian œuvre was the imagery of downfall.) Kalder has read Mussolini’s memoir, written after his deposition, and is struck by the Italian dictator’s self-pitying conviction that the price of power is complete self-enclosure: “If I had any friends now would be the time for them to sympathize, literally to ‘suffer with’ me. But since I have none my misfortunes remain within the closed circle of my own life.” It is significant that his bleak estrangement is what he most wants to register. It really is all about him. This taste for despair was part of both men’s romanticism, and, in Hitler’s case, directly responsible for the horrific last months of a war already lost. He wanted the world to burn. Germany hadn’t deserved him.
      Kalder’s analysis suggests another signal difference. The Soviet Union, and left totalitarianism in general, is a culture of the written word; the Third Reich, and right authoritarianism in general, is a culture of the spoken word. Wanting the prestige of authorship but discovering that writing is hard work, Hitler dictated most of “Mein Kampf ” to the eager Rudolf Hess. Hitler was always unhappy with the slowness of reading and writing, compared with the vivid electricity of his rallies. Where the Marxist heritage, being theory-minded and principle-bound, involves the primacy of the text, right-wing despotism, being romantic and charismatic, is buoyed by the shared spell cast between an orator and his mob. One depends on a set of abstract rules; the other on a sequence of mutual bewitchments.
      Where does the double tour of dictator style leave us? Dikötter, in “How to Be a Dictator,” seems uncertain whether he is writing an epitaph or a prologue to a new edition. On the one hand, he deprecates the continuities between the twentieth-century cults and the more improvisatory autocrats of our day. “Even a modicum of historical perspective indicates that today dictatorship is on the decline,” he maintains. But he sees ominous signs in Erdoğan’s rise, in Turkey, and notes that, in China, Xi Jinping has become consistently idolized by a “propaganda machine.” In 2017, Dikötter points out, “the party organ gave him seven titles, from Creative Leader, Core of the Party and Servant Pursuing Happiness for the People, to Leader of a Great Country and Architect of Modernisation in the New Era.” Meanwhile, he observes, as “the regime makes a concerted effort to obliterate a fledgling civil society, lawyers, human rights activists, journalists and religious leaders are confined, exiled and imprisoned in the thousands.”
      Thousands are better than millions, certainly—though historically thousands have a way of leading to millions. If there is little comfort in numbers, there is even less in words. Auden’s noble picture, in which the poets fight the mute ogre, can’t survive the shock of history. The ogres, it turns out, are part of literary culture and always have been—they speak and write books and read other people’s books. If by protecting the integrity of language we mean upholding the belief that literary culture, or even just plain truth-telling, is in itself a bulwark, the facts don’t bear out the hypothesis. Literary culture is no remedy for totalitarianism. Ogres gonna ogre. Rhetoric is as liquid and useful for the worst as it is for the best. The humanities, unfortunately, belong to humanity.
      Perhaps the most depressing reflection sparked by both books is on the supine nature of otherwise intelligent observers in the face of the coarse brutalities of dictatorships. Kalder writes, as many have before, about Mao’s successful courtship of Western writers and leaders, who kept the Maoist myth alive as his cult descended into barbaric absurdity. He also writes of finding, in a small Scottish town, a contemporary English translation of Stalin’s “Speech at a Conference of Harvester-Combine Operators,” delivered in December of 1935, including interpolated parentheticals of audience response: “Loud and prolonged cheers and applause. Cries of ‘Long live our beloved Stalin!’” The marvel is that the pamphlet had been translated into English within days after the speech was given. “Then,” Kalder observes, “berserk cultists spirited it across the waves, and read it, and found value in it, in a society where nobody was being starved to death, shot in the head or interned in a slave labor camp.” The capacity for self-delusion on the part of cosseted utopians about the actuality of utopia remains the most incomprehensible element of the story of the twentieth century, and its least welcome gift to the twenty-first.
      ILLUSTRATION BY CHRISTIAN NORTHEAST; PHOTOGRAPHS (FROM TOP TO BOTTOM): HEINRICH HOFFMANN/GETTY; APIC/GETTY; KEYSTONE-FRANCE/GAMMA-KEYSTONE/GETTY; UNIVERSAL HISTORY ARCHIVE/GETTY; OPPOSITE: SERGE BLOCH ■

      • Manuel 2 February 2020 at 3:18 pm Permalink

        Tyrants can’t talk sense.

        por eso hace dos dias traje esta secuencia:

        “el comunismo no se adapta a la naturaleza humana”.>>

        y, por tanto, necesitan parir un hombre nuevo>

        No pueden parirlo sin mentir>

        la mentira tiene piernas cortas>

        Represión>

        Crisis económica>

        Lento languidecer de todo lo robado, “logrado”, conquistado>

        derrumbe del proyecto por los modos posibles

        Esta secuencia la hemos visto siempre, menos en China y Vietnam
        porque en los últimos 40 años decidieron crear un modelo
        que viene a ser más un híbrido
        (economía capitalista abierta-partido único)
        y conservando un poco de la retórica marxista, siempre
        que esta no se meta con el modo de producción que tantos
        avances económicos ha generado

    • Víctor López 2 February 2020 at 3:16 pm Permalink

      Se da cuenta, Julián, que Manuel está enfermo?

      • Manuel 2 February 2020 at 3:50 pm Permalink

        ¿cuál es mi diagnóstico doctor?

  16. Víctor López 2 February 2020 at 2:22 pm Permalink

    Para los doctores y matemáticos del blog:

    2 más 2 igual cuatro.
    2 por 2 igual cuatro.
    2 al cuadrado igual cuatro.

    Veeeenn… todo es igual a cuatro.

    “Lávense las manos”, “coman sano” que “es otro chiste como el calentamiento global”.

  17. Manuel 2 February 2020 at 3:22 pm Permalink

    un troll hace uso feliz de todo el arcenal que le brinda las criticas destructivas:

    “Para poder diferenciar entre la crítica constructiva y la destructiva, hay que fijarse en tres factores:

    La intención y la actitud del emisor.

    El modo de formular el mensaje.

    Las palabras que se utilizan.

    De forma que, realizar una crítica constructiva tiene como objetivo principal resolver un problema o ayudar a las personas a mejorar. En cambio, la crítica destructiva tiene como única finalidad hacer daño y herir a la persona criticada.

    En líneas generales, la crítica constructiva se caracteriza por una serie de aspectos, entre ellos cabría mencionar los siguientes:

    Se transmite con educación, asertividad y respeto.
    Es recíproca.
    Promueve una comunicación positiva.
    Potencia las habilidades sociales.
    Refuerza las relaciones y la confianza.
    Fomenta el desarrollo personal.
    Evita los conflictos.
    Favorece la empatía.
    Reduce el estrés y la ansiedad.

    Nada que ver con su polo opuesto.Por otro lado, la crítica destructiva se caracteriza por los siguientes matices:

    -Se transmite con agresividad, apatía y resentimiento.
    -Resalta aspectos negativos.
    -Destruye las relaciones interpersonales.
    -Dificulta el desarrollo personal.
    -Causa conflictos.

    • Manuel 2 February 2020 at 3:22 pm Permalink

      arsenal

    • Manuel 2 February 2020 at 3:24 pm Permalink

      las personas que suelen llevar a cabo críticas constructivas, demuestran tener empatía, altruismo, mente abierta, comprensión y compasión. También destacan por poseer una alta autoestima y un buen autoconcepto.

      Pero, por otro lado, aquellas personas que con frecuencia hacen críticas destructivas manifiestan escasa empatía, egoísmo, rigidez mental, intransigencia e insensibilidad. Muestran también su baja autoestima y su pésimo autoconcepto.

      Ahora que sabes todo esto, ¿qué tipo de persona quieres ser? Si crees que sueles realizar críticas destructivas, ¡es hora de cambiar! Pues esto no te beneficia ni a ti ni a tu entorno.

      Las críticas importantes son siempre constructivas.

      -Imre Lakatos-

      En definitiva, una opinión debe ser dada si la otra persona nos la pide o nos permite decírsela. De modo que, si vas a criticar, tienes que hacerlo en virtud de los demás, buscando las palabras apropiadas para no dañar ni hacer sentir mal a la gente.
      https://unycos.com/blog/diferencias-critica-constructiva-destructiva/

  18. Manuel 2 February 2020 at 3:38 pm Permalink

    tus intentos por destruir los comentarios de este blog se estrellarán siempre, y sólo lograrán un efecto contrario 🙂

    “Muestran también su baja autoestima y su pésimo autoconcepto.”

    la impresión que me da es la que tiene Cubano, el hombre requiere estar en el centro y ser atendido todo el tiempo como un chico egocéntrico: y si la gente no le hace caso, pues patea la mesa y le cae a mordidas a todo el que se le pase por delante

    el mismo usó el adjetivo adecuado: lúdico, lo cual es sumamente pueril, por decir lo menos

  19. Víctor López 2 February 2020 at 4:03 pm Permalink

    Este por sobretodo es un blog político. La columna que antecede a toda la cháchara manuelense y la cuchara juliana, se refiere al fracaso de la propuesta del Plan de Paz para el medio oriente. Sobre esto no se ha posteado aquí nada, exepto una salvajada de Humberto.

    Porqué sucede esto? Hay dos razones y ambas pueden estar presentes. Una, que nadie tenga una idea sobre la complejidad del tema, y dos, que cualquier comentarista educado pierda el interés por comentar en este revoltijo de recortes, sandeces y… “tocaditas de culo” por así llamarlas.

    Creo que el deber de cada uno para con CAM, sería referirse al tema y después debatir o dialogar sobre este u otros tópicos. Pero esto no es posible por cualquiera de las dos razones anteriores (o ambas). Así las cosas solo queda medrar entre estas sin razones.

    El elemento que aquí interactúa es además tan mediocre que hasta se conjura en un Klan para “protegerse”. Es patético.

  20. Manuel 3 February 2020 at 8:05 am Permalink

    Creencias:

    Aunque la mayoría de los musicólogos sitúa el origen del rock en los años cincuenta del siglo XX, con Elvis Presley haciendo vibrar a las masas, parece que hace más de 1.500 años ya existía algo parecido. Un equipo de antropólogos británicos ha llegado a la conclusión de que la primera sala de conciertos no fue otra que Stonehenge, el mítico monumento megalítico formado por enormes piedras dispuestas en círculo y situado cerca de Amesbury, en el condado de Wiltshire (Inglaterra). Entre sus restos los arqueólogos han encontrado tres docenas de esqueletos de adolescentes y jóvenes con el oído interno dañado. ¿La causa? Sospechan que fue el exceso de ruido al que se exponían cuando alguien tocaba justo en el centro del escenario. ■

  21. rene 3 February 2020 at 10:38 am Permalink

    “No hay carro fúnebre para trasladar los cadáveres en Cuba”
    Las trágicas imágenes muestran a los que parecen ser familiares del fallecido acomodándolo en la carretilla…

    es triste pero lo cubano tiene lo que ellos querian

    patria hambre y miseria hasta la muerte

  22. Manuel 3 February 2020 at 4:56 pm Permalink

    por Carlos Alberto Montaner:

    Steve King, congresista republicano de Iowa, tuiteó: “No podemos reconstruir nuestra civilización con los hijos de otros países”. A lo que le respondieron, contrariados, dos congresistas cubanoamericanos, también republicanos, Carlos Curbelo e Ileana Ros-Lehtinen. Ileana precisó: “la diversidad es nuestra fuerza”. La polémica fue reflejada en El Nuevo Herald.

    • Julian Perez 3 February 2020 at 5:07 pm Permalink

      Voy a diferir de ambas posiciones. La fuerza de este país es que ha sido el ¨melting pot¨ o, en otras palabras ¨e pluribus unum¨. Diversidad en procedencia o en etnias sí, pero unidad en los principios en que se fundamenta el país. Lo de la diversidad está siendo mal entendido en los últimos tiempos, hay que matizar bien cuando se usa el término. El éxito de la comunidad cubana ha tenido mucho que ver con que se hizo más ¨americana¨ que otras comunidades de AL.

      • Manuel 3 February 2020 at 5:39 pm Permalink

        Cierto

      • Manuel 3 February 2020 at 5:57 pm Permalink

        para responder adecuadamente creo que habría que ver en que contexto fue dicha la frase

        así tomada aislada, cabría preguntarse si este país no fue construído enteramente por hijos de otros pueblos, y que de modo espectacular crearon este credo que dio origen a la nacion mas poderosa de la Historia capaz de deshacer el fascismo y el comunismo del siglo pasado, y se mantiene en pie pese a los mil embates de recibe de todos lados

        • Manuel 3 February 2020 at 5:58 pm Permalink

          sobre todo desde dentro

      • Manuel 3 February 2020 at 6:11 pm Permalink

        por aqui le dejo lo que ud comentó en ese post hace case 3 años:

        Julian Perez
        27 March 2017 at 8:09 am

        No sé. Ambos enfoques, el racial y el cultural, son un poco deterministas para mi gusto. Hasta los astrólogos suelen decir que ¨las estrellas inclinan, pero no obligan¨. Quizás yo sea un poco ingenuo o pasado de moda pero sigo creyendo en el libre albedrío. Pienso que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, es decir, libres, y que nuestro destino no depende de nuestra raza ni de nuestras circunstancias culturales sino de nuestras decisiones. Como dijo Steinbeck in ¨East of Eden¨ la correcta traducción del ¨timshell¨ del Génesis es ¨tú puedes¨. Lo siento, pero no soy marxista. No creo que la conciencia dependa del ser social sino todo lo contrario.

        Julian Perez
        27 March 2017 at 8:28 am

        Amigo Ramiro:

        Yo completaría la frase con ¨los Hitler o los stalinistas, valga la redundancia¨. Al igual que Cuba y Puerto Rico, son ¨de un pájaro las dos alas¨

        Siempre disfruto sus escritos. (Y de todos los que argumenten sus puntos de vista, como Johnny Reday, aunque yo no esté de acuerdo con ellos, sin descender a los insultos y a las descalificaciones)

        • Manuel 3 February 2020 at 6:14 pm Permalink

          3 años llevamos “fajados con Ramiro” 🙂

          pero ha sido un placer hermano Millan

          un placer tenerlo por acá SIEMPRE

          • razón vs instinto 3 February 2020 at 9:56 pm Permalink

            Lo mismo digo amigo Manuel.
            Y probablemente nos seguiremos fajando.
            De allí surgirán tal vez nuevos descubrimientos.
            No importa si descubrimientos ciertos o tonterías. Después de todo ¿Qué importa?

  23. Víctor López 3 February 2020 at 6:46 pm Permalink

    La fortaleza (hasta donde cabe), de la comunidad cubana, se debe por sobre todo a que su primera inmigración fue la de las capas sociales mas altas. Después de esta oleada llegaron otros que tenían algún parentesco con estos y por último una pléyade que en poco o nada se diferencia de la inmigración venezolana o colombiana.

    Por cierto la diversidad, lo mismo que la pluralidad étnica es muy nutrida en el área del Caribe y el nordeste brasileño, y francamente los resultados intelectuales y económicos que se reflejan son lamentables. La escolaridad es bajisima y los índices de criminalidad espantosos. Tal vez lo que les falta es “unidad en los principios que se fundamenta el pais”.

    Francamente mmmmmmmmmm… no lo creo.


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