09 February 2020 ~ 79 Comentarios

La familia liberal: amigos y enemigos

Para Antonella Marty, por su capacidad de divulgar las ideas de la libertad
Por Carlos Alberto Montaner

Hace pocos años sabíamos lo que debíamos hacer en América Latina para superar el subdesarrollo: imitar a Chile.

No siempre fue así. En 1959, año en que triunfa la revolución comunista cubana, Chile tenía un desempeño mediocre. Su per cápita y su índice de desarrollo económico, eran dos tercios de los que Cuba exhibía.

Hoy se han invertido esos datos y Chile marcha (o marchaba) a la cabeza de América Latina, triplica el per cápita de Cuba y lleva (o llevaba) camino de ser el primer país de América Latina que alcanza ese mítico lugar llamado “Primer Mundo”.

Sin embargo, y aquí radica el núcleo de estas reflexiones, hay miles de chilenos destruyendo metódicamente las expresiones materiales de la formidable transformación chilena.

¿Por qué sucede este fenómeno absurdo de autofagia? ¿Por qué miles de jóvenes chilenos atentan contra su propio bienestar? A mi juicio, por un error clave en la identificación de los aliados potenciales y de los inevitables adversarios.

Durante siglos, desde la revolución francesa, cuando los jacobinos se sentaban a la izquierda y los girondinos a la derecha en el Parlamento, quedó esta costumbre de calificar a los partidos políticos como “izquierda” y “derecha”, pero esa división hoy es totalmente inadecuada.

La frontera hoy es distinta. Hay una serie de partidos dentro de la “democracia liberal”, que tienen marcadas diferencias en torno a las cuestiones económicas, pero esas diferencias no los hacen adversarios.

Conservadores, liberales y libertarios, democristianos y socialdemócratas, coinciden en estos cinco aspectos fundamentales:

1.-Todas las personas son iguales ante la ley.
2.-Existen libertades imprescriptibles.
3.-Debe existir una separación entre poderes que se equilibren.
4.- Los poderes deben ser limitados y sometidos a elecciones plurales, libres y transparentes, capaces de renovar a las autoridades periódicamente, permitiendo el relevo generacional y la circulación de las élites.
5.-El mercado, con su crecimiento espontáneo, ha demostrado su capacidad de asignar recursos mucho más eficientemente que la rígida planeación de los “expertos”.

Las diferencias fundamentales e insalvables, son las que se tienen con los autoritarios, ya sean francamente totalitarios, como los comunistas y fascistas, o lo que hoy se denominan “democracias iliberales”.

Estos grupos iliberales pueden llegar al poder mediante elecciones, pero su carga ideológica tiene muy poco que ver con los valores y principios que anidan en la familia liberal. Suelen ser nacionalistas, antiinmigrantes y, por ende, contrarios al libre comercio y a la globalización, aspectos básicos de la familia de la democracia liberal.

No es conveniente, pues, hacer pactos de gobierno con los comunistas, como hicieron en Chile durante la Concertación, o como han hecho los socialistas de Pedro Sánchez en España.

Hay que entender que los comunistas y fascistas no coinciden ni remotamente con la visión compartida por las distintas ramas de la democracia liberal. A ellos la coyuntura política les exige jugar a la democracia, pero sin la menor convicción.

  • Creen en la violencia como “partera” de la historia, como opinaba Marx. Y creen en la peregrina idea de que el pensador alemán dio con los mecanismos que regulan el curso de la historia: la plusvalía, las diferencias entre el socialismo científico y el utópico, el legendario rol de los obreros y los otros dogmas de la secta.
  • Creen en un partido único, de acuerdo con el diseño de Lenin.
  • Creen en la planificación centralizada.

Y si son esenciales las cosas en las que firmemente creen, más importante es todo lo que rechazan de la familia liberal:

  • Rechazan la propiedad privada de los medios de producción y, naturalmente, el mercado.
  • Rechazan la separación de poderes. Les parece una estratagema de dominación.
  • Rechazan la libertad de expresión, con el criterio de que expresa la voluntad de los dueños de los medios.

Convengamos, al menos, que no es inteligente dormir con el enemigo. Esto se ha visto claramente con la destrucción material de Chile. La posición de algunos grupos comunistas era de aliento total a la actitud devastadora de los enemigos de las empresas chilenas.

Eso tiene todo el sentido del mundo visto desde la perspectiva comunista. Si uno cree que hay que rehacer el mundo desde sus cimientos, es conveniente manipular a los destructores, al “lumpen proletario”, que es lo que han hecho en Chile.

Lo que resulta totalmente absurdo es tratarlos como si fueran aliados, y no como lo que realmente son: enemigos de la ley y del orden libremente establecido por más del 80% de los chilenos. Si no lo entendemos estamos condenados a desaparecer y a enfrentarnos a la pobreza, la cárcel, la muerte o el exilio.

Así de sencillo.

79 Responses to “La familia liberal: amigos y enemigos”

  1. Víctor López 9 February 2020 at 10:20 pm Permalink

    Este tema se está haciendo ya redundante. Para la existencia y acción de agitadores, pero primordialmente para que puedan obtener resultados, deben existir también los agitables (no es muy difícil de entender esto). Los primeros los puede poner Cuba, si así lo quieren, pero también el cono sur los tiene y por montones. Los “agitables” obligatoriamente tiene que ser un segmento representativo de la población, sea por su cultura, sus genes o por ambos a la vez.

    Creo que el artículo tiene la intervención de “un negro”. Se llama así a quienes hacen el trabajo de escribir por otros (lo había dicho antes). El que escribe el pequeño prólogo confunde al “lumpen”, que no es proletariado (Montaner no hubiera cometido esa equivocación) sino subproletariado, y lo integran vagos de cualquier estrato social. Mis respetos al proletariado, me identifico con él, son los constructores del mundo. Simples y solidarios, no hay en ellos espacio para el racismo o la exclusión. En las guerras y “las revoluciones” son los primeros que ponen los muertos.

    Pasé mi infancia en Macachín, comunidad vasca contigua a Carué, que fue cuartel del cacique Calfucurá, general de los ejércitos del Arauco que asolaban la Patagonia y las pampas argentinas. Abuelos y tíos abuelos míos se batieron a muerte con las últimas bandas de renegados que vagaban por el oeste pampeano, eran hombres crueles y salvajes que no daban ventaja ni tregua. Conocí a varios de sus últimos hijos perdidos, conservo todavía algunos objetos de ellos, entre otros una daga de pelea del “tigre Güín Chan”, proxeneta y matón a sueldo cuyas correrías se dieron entre el Macachín y Toay. Chile contiene a la mayoría de este pueblo ancestral, y eso es un asunto a tomarse en cuenta, en mi opinión es la principal razón de su conflictividad.

    Pero sí, pueden buscarse las causas en otras partes, hay infinidad de sociólogos que suscriben tesis para todos los gustos. Cordialmente.

  2. Orlando Martinez 10 February 2020 at 11:08 am Permalink

    Se extraña a Pinochet porque el sabía como nadie el único idioma que entienden los comunistas. Que mató? Ok . Por causas del comunismo han muerto más.

  3. razón vs instinto 10 February 2020 at 12:37 pm Permalink

    El autor de la nota se pregunta asombrado, porque no puede encontrar una respuesta racional a semejante desvarío popular, lo que copio y pego del artículo:
    “¿Por qué sucede este fenómeno absurdo de autofagia? ¿Por qué miles de jóvenes chilenos atentan contra su propio bienestar?”
    Mi respuesta acá todos la saben, porque somos seres emocionales que razonan y no seres racionales con emociones.
    Las emociones mandan y cuánto más jóvenes los involucrados, más aún.
    Ahora yo me pregunto ¿Cómo es posible que aún los intelectuales, dirigentes, políticos, medios de comunicación, etc, no incluyan en sus análisis a esta ley de nuestra naturaleza humana? ¿Cómo luchar de manera efectiva si se desconoce su origen?

    Dicho esto, en lo que estoy totalmente de acuerdo es en la descripción que hace de los comunistas disfrazados de demócratas socialistas exactamente como son. Es una descripción perfecta.
    Pero no estoy de acuerdo con la afirmación de que no hay diferencias sustanciales entre los demócratas de izquierda y los de derecha.
    Los demócratas de izquierda generalmente (los verdaderos y no los falsos escondidos “detrás de la línea” como los comunistas y “filiales” muy cercanas) desconocen el poder de la cultura cívica y política de los pueblos.
    Eso los lleva mucho más a menudo de lo que todos creen a considerar que la presión impositiva para moderar los supuestos efectos no deseados de la libertad económica sin restricciones, teóricamente propios de las políticas liberales de derecha, puede ser tan elevada como se desea. Creen que solamente es necesario cuidar que los fondos de la recaudación impositiva, no importa cuánto sea, sean destinados como programan las políticas.
    Si se desconoce la cultura, como la de los latinoamericanos, superado cierto nivel de presión fiscal, los recursos comienzan a ser utilizados para cualquier cosa menos para lo que la sociedad realmente necesita. clientelismo político, corrupción rampante, asignaciones donde no se necesita, patria contratista, etc, etc, se vuelven la norma.
    Es de suma necesidad que se entienda que aunque sea dentro de la Democracia y dentro de los parámetros generales de las leyes de mercado, la presión fiscal (recursos del estado en manos de los políticos al fin y al cabo) nunca debe superar lo que la sociedad en su conjunto está preparada para ADMINISTRAR. Y fundamentalmente, para CONTROLAR que se hace con ella.
    En Argentina por ejemplo ¿Qué administración y control eficiente puede haber de esos recursos si el partido político gobernante es conocido por la población entera y comprobado por los medios y la justicia, como ladrones del primero al último, y aún así los vuelven a votar una y otra vez?
    Si la sociedad fuera capaz de CONTROLAR el uso de los recursos del Estado, jamás de los jamases estos delincuentes podrían ganar más de una elección presidencial. Y deberían desaparecer del arco político una vez la sociedad es consciente de que se trata de una banda masiva de delincuentes.
    Sin embargo sucede exactamente lo opuesto. Ganan y vuelven a ganar y obviamente, siguen robando y haciendo desastres.
    Definitivamente, una vez superado ese guarismo óptimo de presión fiscal para la cultura dada, todo comienza a funcionar mal. Todo. Si la sociedad no es capaz de controlar que se hace con esos fondos, inevitablemente se sufren sus consecuencias.
    Así que me pregunto ¿Cómo es posible que esta realidad innegable ya no forme parte de cualquier programa económico?
    La izquierda debería ser consciente de esta limitación tan elemental y evidente y actuar en consecuencia.
    Sin embargo……

    • Julian Perez 10 February 2020 at 1:11 pm Permalink

      >>¿Por qué miles de jóvenes chilenos atentan contra su propio bienestar?

      ¿Quizás porque son jóvenes? ¿Quién de joven no ha sido un poco estúpido? Va con la edad. Es menos justicable en gente de la edad de un Sanders o una Pelosi.

      >>Pero no estoy de acuerdo con la afirmación de que no hay diferencias sustanciales entre los demócratas de izquierda y los de derecha.

      Yo tampoco. Hay más diferencia entre estar sano y tener la gripe que entre tener la gripe y tener una neumonía. Para mi todo lo que sea izquierda tiene el virus, lo que pasa es que algunos lo tienen más desarrollado que otros. Pero lo pueden desarrollar.

      • razonvsinstinto 10 February 2020 at 3:41 pm Permalink

        Mientras no cambie nuestra naturaleza humana amigo Julían, vaya haciendo cálculos cuánta es la presión fiscal tolerable para su país.La izquierda seguirá avanzando. paso a paso, tal vez con algún retroceso pero recuperará terreno siempre.
        En Argentina, por ejemplo, sabemos que hasta un 25% de presión fiscal respecto del PBI las cosas funcionan. Cuando llega al 30% comienzan a aparecer problemas y superada esa cifra el descalabro, la ineficiencia, la incompetitividad, la inflación, la corrupción, etc, aumentan de manera directamente proporcional.

    • Manuel 10 February 2020 at 3:56 pm Permalink

      es un círculo vicioso en el que todos ganan, es una banda perpetua en esa corrupcion, por centenares de años.

      lo que salvó a EEUU de esa debacle, ya lo sabemos, lo hablamos acá todos los dias, y no por eso deja de seguirnos pareciendo un milagro

      la iglesia debería canonizar esta tierra, con todos sus defectos, los agradecidos seguiremos encandilados con tanto bien que ha hecho y sigue haciendo por la humanidad

      • razón vs instinto 10 February 2020 at 4:06 pm Permalink

        Coincido totalmente.
        De hecho, si se observa un poco, se ve que el único país del mundo (democrático o dictatorial) en el que se utiliza lo más parecido al liberalismo económico es en EEUU.
        Y con apoyo popular. Que es lo más difícil de ver. De hecho, las dictaduras tienen todas alta participación del Estado en la economía y no es por decisión de los dirigentes políticos, sino por presión popular (las dictaduras tienen mucho más ataduras provenientes de exigencias sociales de lo que generalmente se cree). Incluso es más que seguro que muchos dictadores sueñan con liberar todo lo posible la economía pero no pueden.
        Lamentablemente, es probable que lentamente también los EEUU entren en este juego.
        Vendrán por la salud, después por la educación, después por el retiro laboral, después por las empresas de servicio inevitablemente monopólicas (electricidad, agua, etc) y …..

        • Julian Perez 10 February 2020 at 6:13 pm Permalink

          >>se ve que el único país del mundo (democrático o dictatorial) en el que se utiliza lo más parecido al liberalismo económico es en EEUU. Y con apoyo popular. Que es lo más difícil de ver.

          Amigo Ramiro

          Amén a eso.

          El excepcionalismo norteamericano es un hecho. Eso no implica necesariamente superioridad, solamente que Estados Unidos es distinto y punto. Es algo que no se puede negar.

          El primero en comprender eso, como he dicho en otras ocasiones, fue Chesterton, que no era norteamericano, en su libro “Lo que vi en America”, cuando dice que Estados Unidos es el único país del mundo basado en un credo. Chesterton no es precisamente apologético en su libro. Describe lo que vio y a veces hasta le parece divertido. Dice, por ejemplo, que todos los hoteles son el mismo hotel. Lo que quiso decir con eso lo podemos entender hoy en día con solo visitar cualquier franquicia. Sus eternos intercambios de estocadas con su amigo y rival Bernard Shaw muestran que Chesterton, además de ser un gran escritor y un gran pensador, era un gran humorista.

          Pero eso, tan bien descrito por Chesterton, es lo que hace que en España yo nunca fuera realmente español, por más que fuera ciudadano con una serie de derechos y votara en las elecciones, pero aquí si soy norteamericano (más que muchos nacidos aquí que ya no comparten esas ideas). Por eso esto es el melting pot, el único verdadero.

          • Manuel 10 February 2020 at 6:20 pm Permalink

            “It’s a paradox of democracy that the best way to defend it is to argue about it.
            (PHOTOGRAPH: MASSIMO LAMA / GETTY)
            The last time democracy nearly died all over the world and almost all at once, Americans argued about it, and then they tried to fix it. “The future of democracy is topic number one in the animated discussion going on all over America,” a contributor to the New York Times wrote in 1937. “In the Legislatures, over the radio, at the luncheon table, in the drawing rooms, at meetings of forums and in all kinds of groups of citizens everywhere, people are talking about the democratic way of life.” People bickered and people hollered, and they also made rules. “You are a liar!” one guy shouted from the audience during a political debate heard on the radio by ten million Americans, from Missoula to Tallahassee. “Now, now, we don’t allow that,” the moderator said, calmly, and asked him to leave”

          • Manuel 10 February 2020 at 6:27 pm Permalink

            “people were lining up for blocks to get scraps of food, and democracies dying, from the Andes to the Urals and the Alps.
            In 1917, Woodrow Wilson’s Administration had promised that winning the Great War would “make the world safe for democracy.” The peace carved nearly a dozen new states out of the former Russian, Ottoman, and Austrian empires. The number of democracies in the world rose; the spread of liberal-democratic governance began to appear inevitable. But this was no more than a reverie. Infant democracies grew, toddled, wobbled, and fell: Hungary, Albania, Poland, Lithuania, Yugoslavia. In older states, too, the desperate masses turned to authoritarianism. Benito Mussolini marched on Rome in 1922. It had taken a century and a half for European monarchs who ruled by divine right and brute force to be replaced by constitutional democracies and the rule of law. Now Fascism and Communism toppled these governments in a matter of months, even before the stock-market crash of 1929 and the misery that ensued.
            “Epitaphs for democracy are the fashion of the day,” the soon-to-be Supreme Court Justice Felix Frankfurter wrote, dismally, in 1930. The annus horribilis that followed differed from every other year in the history of the world, according to the British historian ArnoldToynbee: “In 1931, men and women all over the world were seriously contemplating and frankly discussing the possibility that the Western system of Society might break down and cease to work.” When Japan invaded Manchuria, the League of Nations condemned the annexation, to no avail. “The liberal state is destined to perish,” Mussolini predicted in 1932. “All the political experiments of our day are anti-liberal.” By 1933, the year Adolf Hitler came to power, the American political commentator Walter Lippmann was telling an audience of students at Berkeley that “the old relationships among the great masses of the people of the earth have disappeared.” What next? More epitaphs: Greece, Romania, Estonia, and Latvia. Authoritarians multiplied in Portugal, Uruguay, Spain. Japan invaded Shanghai. Mussolini invaded Ethiopia. “The present century is the century of authority,” he declared, “a century of the Right, a Fascist century.”
            American democracy, too, staggered, weakened by corruption, monopoly, apathy, inequality, political violence, hucksterism, racial injustice, unemployment, even starvation. “We do not distrust the future of essential democracy,” F.D.R. said in his first Inaugural Address, telling Americans that the only thing they had to fear was fear itself. But there was more to be afraid of, including Americans’ own declining faith in self-government. “What Does Democracy Mean?” NBC radio asked listeners. “Do we Negroes believe in democracy?” W.E.B. Du Bois asked the readers of his newspaper column. Could it happen here? Sinclair Lewis asked in 1935. Americans suffered, and hungered, and wondered. The historian Charles Beard, in the inevitable essay on “The Future of Democracy in the United States,” predicted that American democracy would endure, if only because “there is in America, no Rome, no Berlin to march on.” Some Americans turned to Communism. Some turned to Fascism. And a lot of people, worried about whether American democracy could survive past the end of the decade, strove to save it.
            “It’s not too late,” Jimmy Stewart pleaded with Congress, rasping, exhausted, in “Mr. Smith Goes to Washington,” in 1939. “Great principles don’t get lost once they come to light.” It wasn’t too late. It’s still not too late.
            There’s a kind of likeness you see in family photographs, generation after generation. The same ears, the same funny nose. Sometimes now looks a lot like then. Still, it can be hard to tell whether the likeness is more than skin deep.
            In the nineteen-nineties, with the end of the Cold War, democracies grew more plentiful, much as they had after the end of the First World War. As ever, the infant-mortality rate for democracies was high: baby democracies tend to die in their cradles. Starting in about 2005, the number of democracies around the world began to fall, as it had in the nineteen-thirties. Authoritarians rose to power: Vladimir Putin in Russia, Recep Tayyip Erdoğan in Turkey, Viktor Orbán in Hungary, Jarosław Kaczyński in Poland, Rodrigo Duterte in the Philippines, Jair Bolsonaro in Brazil, and Donald J. Trump in the United States.
            “American democracy,” as a matter of history, is democracy with an asterisk, the symbol A-Rod’s name would need if he were ever inducted into the Hall of Fame. Not until the 1964 Civil Rights Act and the 1965 Voting Rights Act can the United States be said to have met the basic conditions for political equality requisite in a democracy. All the same, measured not against its past but against its contemporaries, American democracy in the twenty-first century is withering. The Democracy Index rates a hundred and sixty-seven countries, every year, on a scale that ranges from “full democracy” to “authoritarian regime.” In 2006, the U.S. was a “full democracy,” the seventeenth most democratic nation in the world. In 2016, the index for the first time rated the United States a “flawed democracy,” and since then American democracy has gotten only more flawed. True, the United States still doesn’t have a Rome or a Berlin to march on. That hasn’t saved the nation from misinformation, tribalization, domestic terrorism, humanrights abuses, political intolerance, social-media mob rule, white nationalism, a criminal President, the nobbling of Congress, a corrupt Presidential Administration, assaults on the press, crippling polarization, the undermining of elections, and an epistemological chaos that is the only air that totalitarianism can breathe.
            Nothing so sharpens one’s appreciation for democracy as bearing witness to its demolition. Mussolini called Italy and Germany “the greatest and soundest democracies which exist in the world today,” and Hitler liked to say that, with Nazi Germany, he had achieved a “beautiful democracy,” prompting the American political columnist Dorothy Thompson to remark of the Fascist state, “If it is going to call itself democratic we had better find another word for what we have and what we want.” In the nineteen-thirties, Americans didn’t find another word. But they did work to decide what they wanted, and to imagine and to build it. Thompson, who had been a foreign correspondent in Germany and Austria and had interviewed the Führer, said, in a column that reached eight million readers, “Be sure you know what you prepare to defend.”
            It’s a paradox of democracy that the best way to defend it is to attack it, to ask more of it, by way of criticism, protest, and dissent. American democracy in the nineteen-thirties had plenty of critics, left and right, from Mexican-Americans who objected to a brutal regime of forced deportations to businessmen who believed the New Deal to be unconstitutional. W.E.B. Du Bois predicted that, unless the United States met its obligations to the dignity and equality of all its citizens and ended its enthrallment to corporations, American democracy would fail: “If it is going to use this power to force the world into color prejudice and race antagonism; if it is going to use it to manufacture millionaires, increase the rule of wealth, and break down democratic government everywhere; if it is going increasingly to stand for reaction, fascism, white supremacy and imperialism; if it is going to promote war and not peace; then America will go the way of the Roman Empire.”
            The historian Mary Ritter Beard warned that American democracy would make no headway against its “ruthless enemies—war, fascism, ignorance, poverty, scarcity, unemployment, sadistic criminality, racial persecution, man’s lust for power and woman’s miserable trailing in the shadow of his frightful ways”—unless Americans could imagine a future democracy in which women would no longer be barred from positions of leadership: “If we will not so envisage our future, no Bill of Rights, man’s or woman’s, is worth the paper on which it is printed.”
            If the United States hasn’t gone the way of the Roman Empire and the Bill of Rights is still worth more than the paper on which it’s printed, that’s because so many people have been, ever since, fighting the fights Du Bois and Ritter Beard fought. There have been wins and losses. The fight goes on.
            Could no system of rule but extremism hold back the chaos of economic decline? In the nineteen-thirties, people all over the world, liberals, hoped that the United States would be able to find a middle road, somewhere between the malignity of a state-run economy and the mercilessness of laissez-faire capitalism. Roosevelt campaigned in 1932 on the promise to rescue American democracy by way of a “new deal for the American people,” his version of that third way: relief, recovery, and reform. He won forty-two of forty-eight states, and trounced the incumbent, Herbert Hoover, in the Electoral College 472 to 59. Given the national emergency in which Roosevelt took office, Congress granted him an almost entirely free hand, even as critics raised concerns that the powers he assumed were barely short of dictatorial.
            New Dealers were trying to save the economy; they ended up saving democracy. They built a new America; they told a new American story. On New Deal projects, people from different parts of the country labored side by side, constructing roads and bridges and dams, everything from the Lincoln Tunnel to the Hoover Dam, joining together in a common endeavor, shoulder to the wheel, hand to the forge. Many of those public-works projects, like better transportation and better electrification, also brought far-flung communities, down to the littlest town or the remotest farm, into a national culture, one enriched with new funds for the arts, theatre, music, and storytelling. With radio, more than with any other technology of communication, before or since, Americans gained a sense of their shared suffering, and shared ideals: they listened to one another’s voices.
            This didn’t happen by accident. Writers and actors and directors and broadcasters made it happen. They dedicated themselves to using the medium to bring people together. Beginning in 1938, for instance, F.D.R.’s Works Progress Administration produced a twenty-six-week radio-drama series for CBS called “Americans All, Immigrants All,” written by Gilbert Seldes, the former editor of The Dial. “What brought people to this country from the four corners of the earth?” a pamphlet distributed to schoolteachers explaining the series asked. “What gifts did they bear? What were their problems? What problems remain unsolved?” The finale celebrated the American experiment: “The story of magnificent adventure! The record of an unparalleled event in the history of mankind!”
            There is no twenty-first-century equivalent of Seldes’s “Americans All, Immigrants All,” because it is no longer acceptable for a serious artist to write in this vein, and for this audience, and for this purpose. (In some quarters, it was barely acceptable even then.) Love of the ordinary, affection for the common people, concern for the commonweal: these were features of the best writing and art of the nineteen-thirties. They are not so often features lately.
            Americans reëlected F.D.R. in 1936 by one of the widest margins in the country’s history. American magazines continued the trend from the twenties, in which hardly a month went by without their taking stock: “Is Democracy Doomed?” “Can Democracy Survive?” (Those were the past century’s versions of more recent titles, such as “How Democracy Ends,” “Why Liberalism Failed,” “How the Right Lost Its Mind,” and “How Democracies Die.” The same ears, that same funny nose.) In 1934, the Christian Science Monitor published a debate called “Whither Democracy?,” addressed “to everyone who has been thinking about the future of democracy—and who hasn’t.” It staked, as adversaries, two British scholars: Alfred Zimmern, a historian from Oxford, on the right, and Harold Laski, a political theorist from the London School of Economics, on the left. “Dr. Zimmern says in effect that where democracy has failed it has not been really tried,” the editors explained. “Professor Laski sees an irrepressible conflict between the idea of political equality in democracy and the fact of economic inequality in capitalism, and expects at least a temporary resort to Fascism or a capitalistic dictatorship.” On the one hand, American democracy is safe; on the other hand, American democracy is not safe.

          • razón vs instinto 10 February 2020 at 6:35 pm Permalink

            “el exepcionalismo norteamericano es un hecho”
            Coincido, no tengo dudas de ello.
            La cuestión es ¿Está en riesgo la subsistencia de ese exepcionalismo?
            Los candidatos demócratas me parece que están poniendo en jaque a ese exepcionalismo ya que más tarde o temprano llegará alguno de ellos al poder.
            Y son candidatos que no solamente no creen en ello, sino que además pareciera que lo detestan.
            ¿Ve ese riesgo?

          • Julian Perez 10 February 2020 at 6:48 pm Permalink

            Amigo Ramiro

            >>La cuestión es ¿Está en riesgo la subsistencia de ese exepcionalismo?

            Si, lo está. Yo espero que subsista, pero para ello no nos podemos dormir en los laureles. Por eso lo defiendo cada día con uñas y dientes. No solamente a la hora de votar, sino también (y principalmente, porque se puede hacer con más frecuencia), exponiendo las ideas dondequiera que tengo oportunidad de hacerlo. Y también lo defiendo con mis modestos aportes económicos a instituciones que luchan por ello como el Hillsdale College, la Heritage Foundation y la PragerU.

            “Freedom is never more than one generation away from extinction. We didn’t pass it to our children in the bloodstream. It must be fought for, protected, and handed on for them to do the same, or one day we will spend our sunset years telling our children and our children’s children what it was once like in the United States where men were free.” Ronald Reagan

          • Julian Perez 10 February 2020 at 7:02 pm Permalink

            >>ya que más tarde o temprano llegará alguno de ellos al poder.

            Ha ocurrido y no es el fin del mundo. Tuvimos 8 años de Obama y ahora tenemos a Trump. Parece que esto tiene, como el ave fénix, cierta capacidad para renacer de sus cenizas… Lo atribuyo a la solidez de sus ideas fundacionales.

            Pero hay que luchar porque sea así. No va a caer del cielo como el maná.

    • Víctor López 10 February 2020 at 4:02 pm Permalink

      No hay ningunos fondos estatales, Ramiro. Son fondos robados al campo. Argentina es el único país del mundo que penaliza la exportación. Destruye la base, el semillero de la argentina profunda para comprar propiedades en Georgia y otros estados, y repartir unas moronas entre la chusma. Saludos.

  4. Víctor López 10 February 2020 at 3:54 pm Permalink

    No, no es porque sean jóvenes o porque bla bla.. sino porque no son chilenos. Los franceses que se sublevan regularmente en Francia (las barricadas) son franceses, pero estos nunca quemaron Francia, los que ahora queman Francia no lo son, basta con verles las caras. Saludos.

  5. Manuel 10 February 2020 at 5:43 pm Permalink

    “Whatever people in general do not understand, they are always prepared to dislike; the incomprehensible is always the obnoxious.”
    Poet Letitia Elizabeth Landon, quoted in the Associated Press

  6. Víctor López 10 February 2020 at 7:07 pm Permalink

    Hay datos contradictorios, entre el sábado y el domingo el índice de nuevos contagios subió al 15 %. Espero que esto se deba a que los datos reales anteriores estaban manipulados. Si no es así, ya no se podrá contener. La mortalidad anda en el 25% con atención médica moderada. Los casos críticos pasan de los 6000. Si los casos críticos llegan a 20.000 o más, no podrá haber atención médica adecuada. Tal vez estamos a menos de 60 días de eso.

  7. Manuel 10 February 2020 at 7:29 pm Permalink

    “… in the nineteen-thirties four of five American superintendents of schools recommended assigning only those U.S. history textbooks which “omit any facts likely to arouse in the minds of the students question or doubt concerning the justice of our social order and government.” Beard’s books, God bless them, raised doubts.
    f0023-01
    Beard didn’t back down. Nor did W.P.A. muralists and artists, who were subject to the same attack. Instead, Beard took pains to point out that Americans liked to think of themselves as good talkers and good arguers, people with a particular kind of smarts. Not necessarily book learning, but street smarts—reasonableness, open-mindedness, level-headedness. “The kind of universal intellectual prostration required by Bolshevism and Fascism is decidedly foreign to American ‘intelligence,’” Beard wrote. Possibly, he allowed, you could call this a stubborn independence of mind, or even mulishness. “Whatever the interpretation, our wisdom or ignorance stands in the way of our accepting the totalitarian assumption of Omniscience,” he insisted. “And to this extent it contributes to the continuance of the arguing, debating, never-settling anything-finally methods of political democracy.” Maybe that was whistling in the dark, but sometimes a whistle is all you’ve got.
    The more argument the better is what the North Carolina-born George V. Denny, Jr., was banking on, anyway, after a neighbor of his, in Scarsdale, declared that he so strongly disagreed with F.D.R. that he never listened to him. Denny, who helped run something called the League for Political Education, thought that was nuts. In 1935, he launched “America’s Town Meeting of the Air,” an hour-long debate program, broadcast nationally on NBC’s Blue Network. Each episode opened with a town crier ringing a bell and hollering, “Town meeting tonight! Town meeting tonight!” Then Denny moderated a debate, usually among three or four panelists, on a controversial subject (Does the U.S. have a truly free press? Should schools teach politics?), before opening the discussion up to questions from an audience of more than a thousand people. The debates were conducted at a lecture hall, usually in New York, and broadcast to listeners gathered in public libraries all over the country, so that they could hold their own debates once the show ended. “We are living today on the thin edge of history,” Max Lerner, the editor of The Nation, said in 1938, during a “Town Meeting of the Air” debate on the meaning of democracy. His panel included a Communist, an exile from the Spanish Civil War, a conservative American political economist, and a Russian columnist. “We didn’t expect to settle anything, and therefore we succeeded,” the Spanish exile said at the end of the hour, offering this definition: “A democracy is a place where a ‘Town Meeting of the Air’ can take place.”
    No one expected anyone to come up with an undisputable definition of democracy, since the point was disputation. Asking people about the meaning and the future of democracy and listening to them argue it out was really only a way to get people to stretch their civic muscles. “Democracy can only be saved by democratic men and women,” Dorothy Thompson once said. “The war against democracy begins by the destruction of the democratic temper, the democratic method and the democratic heart. If the democratic temper be exacerbated into wanton unreasonableness, which is the essence of the evil, then a victory has been won for the evil we despise and prepare to defend ourselves against, even though it’s 3,000 miles away and has never moved.”
    The most ambitious plan to get Americans to show up in the same room and argue with one another in the nineteen-thirties came out of Des Moines, Iowa, from a one-eyed former bricklayer named John W. Studebaker, who had become the superintendent of the city’s schools. Studebaker, who after the Second World War helped create the G.I. Bill, had the idea of opening those schools up at night, so that citizens could hold debates. In 1933, with a grant from the Carnegie Corporation and support from the American Association for Adult Education, he started a five-year experiment in civic education.
    The meetings began at a quarter to eight, with a fifteen-minute news update, followed by a forty-five-minute lecture, and thirty minutes of debate. The idea was that “the people of the community of every political affiliation, creed, and economic view have an opportunity to participate freely.” When Senator Guy Gillette, a Democrat from Iowa, talked about “Why I Support the New Deal,” Senator Lester Dickinson, a Republican from Iowa, talked about “Why I Oppose the New Deal.” Speakers defended Fascism. They attacked capitalism. They attacked Fascism. They defended capitalism. Within the first nine months of the program, thirteen thousand of Des Moines’s seventy-six thousand adults had attended a forum. The program got so popular that in 1934 F.D.R. appointed Studebaker the U.S. Commissioner of Education and, with the eventual help of Eleanor Roosevelt, the program became a part of the New Deal, and received federal funding. The federal forum program started out in ten test sites—from Orange County, California, to Sedgwick County, Kansas, and Pulaski County, Arkansas. It came to include almost five hundred forums in forty-three states and involved two and a half million Americans. Even people who had steadfastly predicted the demise of democracy participated. “It seems to me the only method by which we are going to achieve democracy in the United States,” Du Bois wrote, in 1937.
    The federal government paid for it, but everything else fell under local control, and ordinary people made it work, by showing up and participating. Usually, school districts found the speakers and decided on the topics after collecting ballots from the community. In some parts of the country, even in rural areas, meetings were held four and five times a week. They started in schools and spread to Y.M.C.A.s and Y.W.C.A.s, labor halls, libraries, settlement houses, and businesses, during lunch hours.
    Many of the meetings were broadcast by radio. People who went to those meetings debated all sorts of things:
    Should the Power of the Supreme Court Be Altered?
    Do Company Unions Help Labor?
    Do Machines Oust Men?
    Must the West Get Out of the East?
    Can We Conquer Poverty?
    Should Capital Punishment Be Abolished?
    Is Propaganda a Menace?
    Do We Need a New Constitution?
    Should Women Work?
    Is America a Good Neighbor?
    Can It Happen Here?
    These efforts don’t always work. Still, trying them is better than talking about the weather, and waiting for someone to hand you an umbrella.
    When a terrible hurricane hit New England in 1938, Dr. Lorine Pruette, a Tennessee-born psychologist who had written an essay called “Why Women Fail,” and who had urged F.D.R. to name only women to his Cabinet, found herself marooned at a farm in New Hampshire with a young neighbor, sixteen-year-old Alice Hooper, a high-school sophomore. Waiting out the storm, they had nothing to do except listen to the news, which, needless to say, concerned the future of democracy. Alice asked Pruette a question: “What is it everyone on the radio is talking about—what is this democracy—what does it mean?” Somehow, in the end, NBC arranged a coast-to-coast broadcast, in which eight prominent thinkers—two ministers, three professors, a former ambassador, a poet, and a journalist—tried to explain to Alice the meaning of democracy. American democracy had found its “Yes, Virginia, there is a Santa Claus” moment, except that it was messier, and more interesting, because those eight people didn’t agree on the answer. Democracy, Alice, is the darnedest thing.
    That broadcast was made possible by the workers who brought electricity to rural New Hampshire; the legislators who signed the 1934 federal Communications Act, mandating public-interest broadcasting; the executives at NBC who decided that it was important to run this program; the two ministers, the three professors, the former ambassador, the poet, and the journalist who gave their time, for free, to a public forum, and agreed to disagree without acting like asses; and a whole lot of Americans who took the time to listen, carefully, even though they had plenty of other things to do. Getting out of our current jam will likely require something different, but not entirely different. And it will be worth doing.
    A decade-long debate about the future of democracy came to a close at the end of the nineteen-thirties—but not because it had been settled. In 1939, the World’s Fair opened in Queens, with a main exhibit featuring the saga of democracy and a chipper motto: “The World of Tomorrow.” The fairgrounds included a Court of Peace, with pavilions for every nation. By the time the fair opened, Czechoslovakia had fallen to Germany, though, and its pavilion couldn’t open. Shortly afterward, Edvard Beneš, the exiled President of Czechoslovakia, delivered a series of lectures at the University of Chicago on, yes, the future of democracy, though he spoke less about the future than about the past, and especially about the terrible present, a time of violently unmoored traditions and laws and agreements, a time “of moral and intellectual crisis and chaos.” Soon, more funereal bunting was brought to the World’s Fair, to cover Poland, Belgium, Denmark, France, Luxembourg, and the Netherlands. By the time the World of Tomorrow closed, in 1940, half the European hall lay under a shroud of black.
    The federal government stopped funding the forum program in 1941. Americans would take up their debate about the future of democracy, in a different form, only after the defeat of the Axis. For now, there was a war to fight. And there were still essays to publish, if not about the future, then about the present. In 1943, E. B. White got a letter in the mail, from the Writers’ War Board, asking him to write a statement about “The Meaning of Democracy.” He was a little weary of these pieces, but he knew how much they mattered. He wrote back, “Democracy is a request from a War Board, in the middle of a morning in the middle of a war, wanting to know what democracy is.” It meant something once. And, the thing is, it still does.
    For more from our Future of Democracy series, visit newyorker.com/democracy. ■

  8. Manuel 10 February 2020 at 7:54 pm Permalink

    Ramiro,

    Sobre el vaping.

    “On August 23, the CDC held a press briefing to reveal that vaping was associated with a mysterious lung disease that had affected 193 people, mostly young, in 22 states; the agency attributed one death to the unusual lung injuries. If the news bothered Tyler Huffhines, it wasn’t apparent from Snapchat. Several days later, on August 28, he was posting videos of himself sitting in the first-class section of an airplane. An informant had tipped off police that Huffhines was going to California with $300,000 in cash to buy a consignment of THC oil over the Labor Day weekend. Police knew he was in Los Angeles, Rowe says, and he continued to post photos of his weekend in California before flying home. (Two other “Wisco Bag Boys” flew out on one-way tickets, according to the criminal complaint, and drove the THC oil back to Wisconsin nonstop in a rental car.) Courtney Huffhines seemed more concerned. On the same day as Tyler’s departure, she shared an article about the vaping epidemic with her sons by cell phone, according to police, and imparted some motherly advice: “And it’s not a joke. They have huge warnings out. Btw it is all vape and e Devices. So might need to look into another business.”
    It’s not clear how many THC runs Tyler made or when he made them. (The police later alleged he went to California and Colorado to obtain vaping liquids.) But over the summer, there was a dramatic change in black-market THC supplies in California, according to industry observer Peter Hackett. As California regulators began to phase in tighter regulations for legal marijuana producers, the state ratcheted up quality-control rules, cracked down on illegal growers in Humboldt County, and issued warnings to thousands of producers that their temporary licenses were about to expire. All those actions, culminating in the spring of 2019, conspired to produce a sharp decline in supplies of THC oil, according to Hackett. To compensate for the sudden shortfall, he says, some black-market producers began to use thickeners and additives to meet demand. “Enter Honey Cut,” he says, naming one of the most common adulterants containing vitamin E acetate.
    At approximately 6 a.m. on the morning of September 5, police raided the condo in Bristol Bay, Wisconsin. They found, according to a later criminal complaint, 31,200 vape cartridges, each filled with about one gram of THC oil and representing more than a million dollars in street value; approximately 98,000 unfilled vape cartridges; 57 Mason jars, each filled with nearly one liter of “high quality” THC oil; approximately 18.5 pounds of marijuana; three money-counting machines; syringes used to fill empty vape cartridges manually; and scads of colorful “branded” counterfeit packaging that included “Chronic Sour Patch,” “Chronic White Runtz,” “Dab-woods Peaches & Cream,” and “Dank Bubblegum,” among many other flavors. As Sheriff Beth pointed out at a press conference the following week, “It looks like candy in these vaping cigarettes. It’s not candy. It’s highly potent drugs.”
    There is little doubt that black-market THC cartridges are linked to the disease outbreak in Wisconsin—state health officials received test results, reportedly in October, showing that “a number of THC products” connected to the outbreak, including some from a patient at Children’s Wisconsin, contained vitamin E acetate, according to a state health spokesperson. But direct links to the Huffhines operation, while typical of the black-market THC economy nationwide, remain unclear. “There is nothing that ties those materials that were found in that condominium to any injuries or deaths anywhere in the world,” says Mark Richards, Tyler Huffhines’s attorney, accurately. And as of last month, local authorities say they still have not received test results from the FDA on the THC cartridges seized in the condo raid. (An agency spokesperson says the FDA does not comment on “ongoing investigations.”) At the same time as the condo raid, police executed a search warrant at the Huffhines family home in Paddock Lake, one block from Westosha Central High School. The raid yielded drug paraphernalia, 0.6 grams of cocaine in Jacob’s room, nine cell phones, 11 guns, and $59,000 in cash. Several weeks later, police raided the real-estate office of Courtney Huffhines in nearby Union Grove, seizing evidence suggesting that it too had been used as a base to process THC cartridges. All three Huffhineses have been charged with multiple felony counts connected with the drug operation (and all three have pleaded not guilty). Tyler and Jacob have been in the Kenosha County jail since September; Courtney is out on bail.
    Additional evidence fell into the laps of investigators even as they announced the arrests of Tyler and Jacob Huffhines on September 11. “On the day we did the first press conference,” Beth told me, “we had a local U-Haul office call us and say, ‘Hey, I’ve got this eight-by-eight-by-five-foot crate that just arrived for Tyler Huffhines. Do you want it?’ And we’re like, ‘Yes!’ ” The crate contained more empty THC cartridges and fresh packaging “waiting to get filled,” Beth says. That was the same day that President Trump, in response to the burgeoning epidemic, promised sweeping federal action to ban flavored vaping products to protect children.
    SO LONG AS MILLIONS of young Americans continue to become addicted, figuratively if not literally, to getting their nicotine (and their highs) from the end of a vape pen, amateurs like the Huffhines will continue to be drawn to the margins of a market worth billions. But vaping is hardly a game for amateurs anymore. Almost all the top e-cigarette brands in the country have become extensions of Big Tobacco: The Vuse brand is owned by R.J. Reynolds; blu is owned by Imperial Brands; Logic is owned by Japan Tobacco; and in December 2018, Altria—the American-based spinoff of Philip Morris—acquired a 35 percent stake in Juul for $12.8 billion. Altria has recently written down two-thirds of that investment, but the aggressive wave of acquisition remains the quiet fulfillment of a prophecy made by a tobacco-industry executive about alternatives to tobacco that UCSF researchers unearthed in the Big Tobacco archives: “If anyone is going to take away our business, it should be us.”
    Many of those companies, and many e-cigarette lobbying groups, were in the room when the White House held a “listening session” (Politico called it a “vaping shoutfest”) on November 22. And it surprised no one who has battled Big Tobacco over the previous decades—including Matthew Myers of Tobacco-Free Kids, who was also in the room—that when the government finally acted on President Trump’s September vow to ban all flavored e-cigarettes, the regulations included what Myers called “a giant loophole.”
    On the afternoon of December 31, administration sources revealed that the sweeping ban on flavored e-cigarettes would be more modest: Only “closed” pod systems (such as Juul) would be affected, and menthol (the basis of “mint,” one of the most appealing flavors to teenage vapers) was exempted from the ban. “Open” tank systems, which allow users to refill their vaping containers with any flavored juice they want, and the cheap and increasingly popular disposable systems also fell outside regulation. According to press accounts in the New York Times and the Washington Post, Brad Parscale, manager of Trump’s 2020 presidential campaign, played a major role in shaping the new public-health policy, pushing the administration to back off a more comprehensive ban on flavors because of potential political backlash from the Trump base. The Trump policy has been denounced by the American Lung Association, the American Heart Association, and the American Academy of Pediatrics. After a spokesperson maintained that Melania Trump still “does not believe e-cigarettes or any nicotine products should be marketed or available to children,” her husband overshadowed her concern with his personal regrets. “I never should have done that fucking vaping thing,” he said.

    • razón vs instinto 11 February 2020 at 5:47 am Permalink

      Ya conocía el tema de la marihuana y la vitamina E en los líquidos de e cigars, igualmente muchas gracias por molestarse en mandarme info.

      • Manuel 11 February 2020 at 9:42 am Permalink

        Ramiro tambien habla de la nicotina y la relacion con Big Tabacco y los demas aditivos que tienen eso liquidos

        en el caso suyo, trate de usar los mejores liquidos, quizá sea mejor que volver al cigarrillo

        digo “quizá” porque en este mundo nuestro 2 mas 2 nunca es 4

        • Julian Perez 11 February 2020 at 9:44 am Permalink

          El método más efectivo para dejar de fumar es tener una hija que te esté diciendo 800 veces al día ¨papá, no fumes¨.

          En ese caso dejar de fumar es la ley del menor esfuerzo.

          • razón vs instinto 11 February 2020 at 9:48 am Permalink

            Jajaja, igual la tengo a mi señora que hincha bastante pero ni así.
            Voy a empezar probablemente con los chicles de nicotina

        • razón vs instinto 11 February 2020 at 9:47 am Permalink

          Hasta ahora todo lo que leí me dice que es mucho menos dañino que el tabaco.
          Pero con los años seguramente irán apareciendo problemas.
          En realidad tengo que dejar el electrónico y toda esta mierda.
          Pero la adicción es así, que le va a hacer.

          • Julian Perez 11 February 2020 at 10:39 am Permalink

            También podrías fumar tabaco en vez de cigarrillos 🙂 El humo del tabaco no se aspira. Es menos dañino.

  9. Manuel 10 February 2020 at 8:01 pm Permalink

    “… there is no objective truth to our emotional states. A racing heart and scattered mind could be proof that you are falling in L-O-V-E or that you’re panicked. Both are true; neither is true.
    The same goes for hangxiety. For a while, I was kind of mad that I had learned about the feeling. But then, in the middle of a hangxiety episode, I stopped mentally listing the reasons everyone hated me and instead considered the idea that the physiological symptoms were real but the meaning I had attached to them was maybe not. Emotions are 100 percent real and 100 percent made up. I guess we’d better start making up some good ones

  10. Manuel 10 February 2020 at 8:12 pm Permalink

    There is actually a woman behind buttigieg, she is Mrs. Smith:

    Smith finally arrived and slipped into the crowd. Someone grabbed her a drink. At one point, a woman approached her. “I fucking love you,” she said and talked about how good she thought Buttigieg’s answer on China had been in the debate. After she moved on, I asked Smith how often stuff like that happens to her. “More than it used to,” she said, shrugging.
    PHOTOGRAPHS: JAMES DEVANEY/GETTY IMAGES (SPITZER); SAUL LOEB/AFP VIA GETTY IMAGES (DE BLASIO); ELIJAH NOUVELAGE/REUTERS (SMITH). ■

  11. Julian Perez 11 February 2020 at 9:30 am Permalink

    Bonita historia

    https://patriotpost.us/articles/68479-four-children-lost-in-blizzard-save-two-year-old-2020-02-11

  12. Manuel 11 February 2020 at 9:52 am Permalink

    Vicente se nos ha quedado fijo en Marx:

    vicente
    11 February 2020 at 7:50 am
    PERMALINK
    Ni Marx mando a nadie al paredon ni al gulag-que ya existia antes de los bolcheviques- ni Jesucristo condeno a nadie a morir en la hoguera,si no sacamos conclusiones falsas,quiza podriamos debatir con calma.
    REPLY:

    ………..
    de qué es culpable marx entonces?

    de predicar su Biblia, una que nos dice que es posible cocinar, tener una economía y gobiernos ideales, si quitamos los medios a los ricos y los entregamos al Estado, o a la administracion de grupos de productores donde el Estado sigue siendo el dueno de toda la vaina.

    Esa Biblia, como la hitler, resultó fatidicamente criminal, y Martí lo sabia:
    Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres.

    lease, promover esas luchas de “clases”, mediante sus Internacionales, Dictaduras del Proletariado, lucha feroz contra el liberalismo. El liberalismo ha sacado a miles de millones de la miseria, los marxistas han llevado a millones a la miseria, a emigrar, a morir en campos de concentracion. Pregunte a los Venezolanos de hoy, no se nos vaya tan lejos en la Historia.

    la biblia de marx nos asegura que podemos cocinar debajo del agua, y debajo del agua lo que se puede hacer, por ahora, es Liberalismo, producir en libertad, reduciendo el gasto publico, fortaleciendo instituciones, funcionamientos realmente democraticos, combatiendo corrupcion

    lo demas querido amigo, cocinar debajo del agua, es criminal, como lo han demostrado los ultimos 102 anos de Socialismo Real, marxista, criminal

    • Julian Perez 11 February 2020 at 10:36 am Permalink

      Amigo Manuel

      Para mi, aunque todo lo que dices es cierto, hay un error más de base en las teorías de Marx. Se ha dicho en otras ocasiones: su error capital consistió en su desconocimiento de la naturaleza humana. Y el acierto fundamental de la base ideológica de Estados Unidos consistió en su conocimiento de la misma.

      En su famoso discurso ante la tumba de Marx, Engels dijo:

      ¨Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza idológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.¨

      Ahora bien, ¿es eso cierto? ¿Es esa verdad tan sencilla? Es cierto que el hombre tiene necesidades materiales, pero vemos, día a día, como constantemente las subordina a otras necesidades e intereses. Dale Carnegie estuvo más cerca de la verdad cuando puso en primer lugar ¨el sentido de la propia importancia¨. O Viktor Franki cuando escribió que la búsqueda de significado era lo más importante en la vida de un hombre. En otras palabras: el espíritu se antepone a la materia.

      Si las necesidades materiales estuvieran en primer lugar, los humanos no se inmolarían por ideales, ni se sacrificarían por sus seres queridos, ni ciertos asesinos cometerían crímenes horrendos con tal de salir en los periódicos y ser famosos, aún a sabiendas de que luego serían ejecutados.

      Al igual que el sueño de la razón procuce monstruos, el sueño del reduccismo a lo material produce tonterías.

      Para mi verdades sencillas son los axiomas de la declaración de independencia y el postulado de Madison en el Federalista 51: “If men were angels, no government would be necessary. If angels were to govern men, neither external nor internal controls on government would be necessary.” Porque tienen en cuenta lo que Marx siempre ignoró: la realidad de la naturaleza humana. Puede que los animales necesiten, en primer lugar, comer y beber (ni siquiera hacen política, ciencia, arte, religión, etc). Pero el detalle está en que, en realidad, no somos exactamente animales, aunque muchos piensen que sí lo somos.

      • Manuel 11 February 2020 at 10:51 am Permalink

        Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza idológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc

        (fíjense que acá se le dan varias ideas a vicente, pero que el regresa siempre con una o dos. Que probablemente son las que los cerebros de esta carne de cañón, de estas gentes en las que muerde facilmente el plan de estos ábiles totalitarios de siempre, Marx, Engels, Lenin, Stalin, Fidel Castro, Chavez, Maduro, Bernie…; mientras existan personas de tan limitadas miras y mentes, habrán totalitarios, aupándolos a comprar, por el mensaje simplista macondiano, peroniano, castrista, leninista, bernie sanders, que les venden. Y es en este sentido en el que el mensaje de Victor Lopez tiene asidero, su miedo que el dia en que estas gentes lleguen a ser mayorías en Europa y en EEUU, estamos jodidos, el miedo de Ramiro de que uno de estos socialistas radicales llegue a la Casa Blanca, y que ya tuvimos un avance con Obama)

      • Manuel 11 February 2020 at 10:56 am Permalink

        … descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc”

        Esta NO es LA LEY de la historia humana. Es una de las leyes. Estoy de acuerdo con eso. Pero resulta que hay otras leyes, y que el conjunto de esas leyes INFLUYEN, NO DETERMINAN. El determinismo de estos personajes es sumamente infantil. Veamos que ese determinismo SIEMPRE ha calado en las mentes infantiles, estrechas. Vean que la precaria educación de los hombres es la que permite que existan esas grandes manadas esperando por Mesias, como Bernie, para ir tras sus pasiones animales, como las describe Ramiro.

        • Julian Perez 11 February 2020 at 11:08 am Permalink

          Pero Marx y Engels la pusieron en primer lugar. Y lo corroboraron de múltiples formas. Como cuando dicen que la base ecoómica es lo que determina la superestructura. O cuando dicen que es el ser social es el que determina la conciencia social. ¿Y por qué, según ellos, la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases? ¿Qué define las clases sociales? La posición en las relaciones de producción. Así pues, todo está en función de la producción, de las necesidades materiales.

          Es una reducción materialista. Incluso dudan de la existencia misma de la conciencia y dicen que no es más que la propiedad de la materia de ¨reflejar¨.

          • Julian Perez 11 February 2020 at 11:15 am Permalink

            La perversión inherente de la teoría marxista es que, al sacar las causas de los problemas de nosotros mísmos, anula el sentido de la responsabilidad. Por eso fomenta el victimismo y se nutre de víctimas agraviadas. Siempre la culpa va a ser de la sociedad, del imperialismo, del sionismo, de los supremacistas blancos, del macho opresor, etc, etc. El problema está ¨afuera¨, no ¨adentro¨.

          • razón vs instinto 11 February 2020 at 11:39 am Permalink

            Excusas amigo Julián. Excusas.
            Recurren a las emociones de los ciudadanos para convencer de lo imposible.
            Pero las emociones encuentran a través de la razón las excusas que justifiquen lo injustificable.
            Y las excusas del imperialismo, la plusvalía, la explotación del trabajador por el rico y codicioso empresario, etc son las más utilizadas.
            Las excusas son una herramienta Política monumental.

        • Manuel 11 February 2020 at 11:15 am Permalink

          las leyes de la dialectica, y las leyes de la sociedad humana deben convinarse, todas esas leyes, y de esa interacción compleja surgen lso fenotipos que hemos visto.

          Hoy tenemos miles de millones con sus necesidades básicas cubiertas o no, pero pensando, soñando, y eso pone en jaque a las dictaduras que creían que usando la máxima marxista de tener a los hombre en la miseria material podian impedir que tuvieran aspiraciones políticas, espirituales, elevadas. Ellos han usado esa pobreza materia, y a esos pobres para sus “revoluciones”. No triunfó el plan en los paises mas avanzados, como creía Marx, triunfó en el mas atrazado, Rusia, que luego en su desesperación y aislamiento tuvo que imponer el proyecto en una docena de paises vecinos, y captar satélites como Cuba, Nicaragua, Viet Nam; lugares en los que era la masa de desposeídos los que formaban movimientos violentos que tomaban el poder; y NO la masa culta con sus necesidades básicas cubiertas, como aseguraba Marx. En Cuba en el siglo XIX, los cultos promovieron la revolucion, y lograron crear una masa crítica de alzados, a los que proponían Libertad, prosperidad, los echaban al monte a morir bajo las botas imperiales, y toda esa gente soñaba, no necesitaban tener ellos tambien sus necesidades primarias satisfechas, les bastaba con un mensaje simple y un plan para mejorar sus condiciones de vida: nada comprendían de aquella política de masas, y de aquellos escritos marxistas.

          Que el excedente de producción dio paso a una clase que se dedico a liderear a las masas, y ha crear nuevas formas de organizacion social, no es un descubrimiento de Marx, está en La Riqueza de las Naciones de Adam, Marx y Engels eran unos inteligentes charlatanes, de los que Lenin tomó nota para ser el Charlatán mayor del resto de descarados hijos de puta que le siguieron después, y que no voy a volver a mencionar, algunos de los cuales sí se han creído el cuento, son suficientemente tontos para eso. Vean a Sanders, pobre viejo decrépito. Razón tiene Julián, hay ideas tan absurdas que sólo un “intelectual” puede creerlas

          • Manuel 11 February 2020 at 11:17 am Permalink

            combinarse

          • Manuel 11 February 2020 at 11:30 am Permalink

            como pueden ver de la aparente contradiccion de mis ideas, es que una idea no siempre se abre paso, no es una necesidad que rompe con todo a ultranza. Una idea es sólo eso, una sugerencia, algo que tiene cierta influencia en ciertas condiciones, y en juego con otras ideas. Son leyes todas relativas, y que influyen en un determinado grado en los acontecimientos del momento.

            Hay momentos en que incluso, son las casualidades, el cúmulo de casualidades, los que determinan que se produzca una nueva realidad, una cadena de sucesos únicos, como los que se desprenden de la Independencia de las 13 Colonias, y todo lo que vino despues. La mera existencia de EEUU ha tenido un peso tan enorme en todos los hechos de los últimos 230 años, que tal parece que son las leyes las que se han amoldado a esa presencia y no lo contrario. El excepcionalismo americano ha hecho la historia, ha determinado gran parte de la historia, y no lo contrario. Existen leyes, y existen estructuras que determinan esas leyes, las moldean, las aplazan, las destruyen, las anulan, hacen de esas leyes los que le da la gana, como ha hecho la estructura EEUU, Unión Europea, Israel, China, todos esos colosos que hoy son enormes pedruzcos determinando los acontecimientos de este mundo, mas que las famosas leyes “desucbiertes” por este y otro famoso tejedor de falacias

          • Manuel 11 February 2020 at 11:32 am Permalink

            mas que las famosas leyes “desucubiertas” por este y otro famoso tejedor de falacias

          • Julian Perez 11 February 2020 at 11:52 am Permalink

            >>las leyes de la dialectica, y las leyes de la sociedad humana deben convinarse

            Manuel, las tres leyes de la dialéctica (paso de procesos cuantitativos a cualitativos, unidad y lucha de contrarios y negación de la negación) están muy bien pensadas para lo que fueron hechas: explicar cómo se produce el desarrollo.

            El problema de las ¨leyes¨ es cuando se les quiere aplicar ¨más allá¨. Darwin explica muy bien la microevolución. Falla con la macroevolución. La mecánica clásica de Newton funciona en su contexto, pero deja de funcionar en las condiciones en las que es válida la mecánica cuántica.

            Una teoría científica NO es la realidad. Es un modelo de la realidad en el que se hace abstracción de una serie de elementos. Por eso no se puede aplicar a todo. Cuando se intenta extender más allá de su contexto y empiezan a aparecer los elementos de los que se ha hecho abstacción, la cosa se jode.

            El materialismo dialéctico tenía cosas buenas. Hegel no era nada tonto. Lo quisieron extender al materialismo histórico y la cagaron.

          • Víctor López 11 February 2020 at 12:35 pm Permalink

            Hegel “materialista dialectico”?mmmmmmmmmmmmmmm… a todos nos puede pasar. Saludos.

          • Víctor López 11 February 2020 at 12:57 pm Permalink

            Ahhh jajaja casi no lo leo en sus cansinos diálogos con Manuel, y supuse sin completar la lectura, que incluía a Hegel como teórico materialista. Otra de mis pifias jajaja. Me disculpo.

        • razón vs instinto 11 February 2020 at 11:23 am Permalink

          Sucede que generalmente se sobrestima el nivel de conocimientos y capacidad de raciocinio en consecuencia tienen la mayoría de los ciudadanos.
          Y no es tal. La mayoría de los ciudadanos no andan por los blog informandose y discutiendo sobre teorías políticas y económicas.
          Simplemente se dedican a vivir su vida dejando de lado cuestiones que requieren cierta profundización de las ideas elementales que nos rigen.
          Por tanto, no tengo dudas que están mucho más expuestos de lo que se considera, a ser influenciados por sus pasiones o emociones o creencias culturales, etc.
          Hay un camino larguísimo aún por recorrer, si es que existe ese camino, para llegar a constituirse sociedades donde la mayoría de los ciudadanos sean conscientes realmente de sus responsabilidades cívicas en democracia (o no, da igual).
          Creo realmente que los países europeos desarrollados están más o menos cerca de estas circunstancias cívicas. Los japoneses, canadienses y los israelíes también pueden sumarse.
          ¿Los estadounidenses?
          No sé.
          ¿Y sabe cuándo se sabrá si los estadounidenses están tan preparados cívicamente como los europeos del Norte?
          Si un Sanders llega al poder y aplicara políticas redistributivas al estilo noreuropeo como tanto proclama.
          Si es una sociedad madura, preparada, consciente de sus responsabilidades, tendrán entonces en Norteamérica, una nueva Canadá.
          Caso opuesto se irán pareciendo a los uruguayos con suerte o a los portoriqueños si la maña suerte los sigue.

          • Víctor López 11 February 2020 at 11:36 am Permalink

            Buen comentario, Ramiro.

  13. joseluis 11 February 2020 at 10:14 am Permalink

    Los ciudadanos o pueblos actuan, segun en la democracias en que vivan, en Chile hay un presidente debil, y por lo tanto, asi van actual un por ciento de los ciudados destructores. Como dijo Jose Marti: Los hombres van en dos bandos: Los que aman y construyen y los que odian y destruyen.
    Para esos destructores, tiene que haber leyes fuertes, y presidentes fuerte que las apliquen.
    Si nos ponemos a espulgar la historia, y amoldear con retoricas aquellos que destruyen, y no hacemos nada al respecto, pues todos, nos ahogaremos en el fango.

    • razón vs instinto 11 February 2020 at 11:34 am Permalink

      Totalmente de acuerdo.
      Incluso, la necesidad de orden (algo tan elemental como eso, orden) llega a hacer necesario a veces la interrupción de un proceso democrático en el que el caos es la norma.
      Y mucho más aún si el gobierno elegido es de izquierda.
      Venezuela llegó a donde llegó por el caos y por el voto popular. La dictadura llegó después estando ya en el poder y para mantenerse dados los fracasos estrepitosos de sus políticas.
      Argentina misma hoy se encuentra en un punto intermedio en dónde cada día que pasa, la desorganización, el desorden, la desidia política “democrática”, más un enorme etcétera, nos lleva cada vez más a la necesidad de un poder fuerte, ordenador, sincerador de la caótica situación en que se encuentra el país si no queremos que las circunstancias nos vayan llevando, voluntaria o involuntariamente hacia una versión argenta de Venezuela.
      Si debe ser dictatorial, pues ya tengo dudas si mi respuesta es sí o no.

      • Víctor López 11 February 2020 at 11:56 am Permalink

        …y quién controla a los mano dura?

        Los jueces “duros” y corruptos? Los represores coimeros? Los maestros ignorantes e indolentes?

        Ahí están los ejemplos de Trujillo, Somoza y tantos otros “mano dura”. Saludos.

        • joseluis 11 February 2020 at 6:12 pm Permalink

          Cuando se habla de mano dura, ahi estan tambien los jueces corruptos.
          A todo se le puede sacar; pero no te acceda por que te quedas sin lapis con que escribir.

      • joseluis 11 February 2020 at 6:10 pm Permalink

        Y yo contigo, 100% de acuerdo.

        • joseluis 11 February 2020 at 6:13 pm Permalink

          razón vs instinto. Y yo contigo, 100% de acuerdo.

  14. Víctor López 11 February 2020 at 11:34 am Permalink

    Los ciudadanos somos muy diferentes unos de otros, José Luis, y los pueblos también. Aunque todos tenemos ojos, un ombligo y unas fibras en la cabeza que se llaman pelo. Con los pueblos las semejanzas pueden también confundirnos, como los hay emprendedores, solidarios y honrados; otros son invivibles. Chile tiene su segmento de su población ejemplar, pero también tiene a los inadaptables, y así será su sino por siempre.

    Todavía los EEUU tienen un segmento mayoritariamente ejemplar, pero se va erosionando, llegado al punto de inflexión comenzara su inevitable caída. Saludos.

  15. Manuel 11 February 2020 at 11:39 am Permalink

    mas que las famosas leyes “descubiertas” por este y otro famoso tejedor de falacias.

    el cúmulo de teorías, y el cúmulo de hombres, crea estructuras sociales; y esas estructuras sociales adquieren vida propia, e influencia mas allá de las condiciones materiales que puedan haber. Una vez que se desatan esos demonios, todo se vuelve una contienda interminable de ver quien, en la práctica, logra acumular el mayor poder, el mayor poder económico, político, militar: y por supuesto, que lo económico es la base de todo, es cierto, de todo en la Formación Socioeconómica, no “en el hombre”, una cosa son los hombre y otra esas formaciones: no se puede confundir la abeja con la colmena.

  16. Manuel 11 February 2020 at 11:49 am Permalink

    Como resalta Julian ” la realidad de la naturaleza humana”, ignorada por los marxistas, y la realidad de las formaciones sociales, el absurdo de ignorar esas leyes, con las que se armó los EEUU, y no hay Dios que lo detenga

  17. Manuel 11 February 2020 at 12:45 pm Permalink

    reglas de la práctica democrática que recogió el filósofo Aristóteles en su Política:

    “Elegir todas las magistraturas entre todos”.

    “Que todos manden sobre cada uno y cada uno, por turno, sobre todos”.

    “Que los cargos públicos se designen por sorteo, todos o los que no requieran experiencia y conocimientos técnicos”.

    “Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público o sólo en casos excepcionales”.

    “Que la misma persona ocupe pocos cargos públicos, con excepción de los relacionados con la guerra”.

    “Que todos los cargos públicos sean de corta duración, o al menos aquellos en los que sea posible”.

    “Que todos los ciudadanos, elegidos entre todos, administren justicia. Y que lo hagan sobre todas las materias o sobre la mayoría y, en cualquier caso, sobre las más importantes y primordiales: la rendición de cuentas, la constitución y los contratos privados”.

    “Que la Asamblea del pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas, o sobre las más importantes. Ningún cargo público tendrá soberanía sobre nada o, en todo caso, sobre asuntos de escasa importancia”.

    “Que ningún cargo público sea vitalicio, y si alguno queda todavía, procedente de alguna costumbre antigua, debe despojársele de su poder y hacer que sea sorteable en lugar de electivo”.

  18. Víctor López 11 February 2020 at 1:00 pm Permalink

    Qué se habrá hecho La Gringa?

  19. Manuel 11 February 2020 at 1:31 pm Permalink

    https://www.muyhistoria.es/h-antigua/preguntas-respuestas/era-hercules-bisexual-311563538128

    Hér.Cules

    • Manuel 11 February 2020 at 1:39 pm Permalink

      Una concepción distinta de la bisexualidad
      Tal vez el hecho de que Hércules mantuviera relaciones tanto con hombres como mujeres pueda resultar relativamente sorprendente debido a la imagen que ha perdurado del héroe griego, pero hay que tener en cuenta que la concepción de sexualidad en Grecia y Roma era distinta a la que se tuvo en los siglos posteriores. Si bien tampoco es del todo exacto que las relaciones homosexuales estuviesen totalmente aceptadas en la sociedad griega, sí que se toleraba en mayor medida que en otras épocas en las que las normas morales impuestas a la población eran más estrictas. En la Antigua Grecia, por ejemplo, una relación entre dos hombres con un mismo estatus social estaba mal vista pero no así cuando esta se tenía con un esclavo de su propiedad.

      Otro asunto completamente distinto era la relación que se podía dar entre un erómeno y un erastés, una pareja formada por un adulto y un adolescente. Siguiendo el ejemplo del propio Zeus, que tomó como amante al troyano Ganímedes, este tipo de relaciones pederásticas podían servir bien como iniciación del adolescente en la vida adulta o bien como forma de reforzar el vínculo existente entre soldados. Archiconocido es el Batallón Sagrado de Tebas, una unidad de élite del ejército tebano formada únicamente por parejas entre adultos y adolescentes que mantenían relaciones sexuales con el fin de exaltar el valor y la camaradería a la hora de combatir. Se dice que el Batallón Sagrado de Tebas solo fue derrotado por los ejércitos de Filipo II de Macedonia y tal era su convencimiento que fue necesario exterminar a las 150 parejas que componían el batallón, ya que se negaban a rendirse aun cuando la batalla estaba perdida.

      Se cree que esta misma práctica era muy común en Esparta, principal potencia militar de Grecia que primaba la vida del soldado por encima de cualquier otra cosa y en la que las relaciones homosexuales entre maestro y discípulo se veían como parte de la formación militar. Este mismo vínculo es el que se suele dar a la relación entre Hércules y su sobrino Yolao.

    • Manuel 11 February 2020 at 1:45 pm Permalink

      crece Buttigieg
      se encoge biden

      se aprovecha bernie

      y no se sabe nada de bloomberg

      • Manuel 11 February 2020 at 1:46 pm Permalink

        las 4 Bs

        • Julian Perez 11 February 2020 at 2:30 pm Permalink

          Bloomberg aparecerá cuando lo estime conveniente.

          Al igual que las leyes de la robótica de Asimov, los demócratas tienen sus ¨leyes de la demócrita¨

          Primera ley: Que no salga electo Trump
          Segunda ley: Que el candidato no sea Sanders a menos que esto contradiga la primera ley.

          Bloomberg está viendo ¨qué pasa¨. Intervendrá si puede hacer cumplir las dos leyes.

  20. Manuel 11 February 2020 at 3:21 pm Permalink

    Esperando a Guaidó
    https://youtu.be/zr-TYg2AIjE

  21. joseluis 11 February 2020 at 6:14 pm Permalink

    joseluis
    11 February 2020 at 10:14 am
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    Los ciudadanos o pueblos actuan, segun en la democracias en que vivan, en Chile hay un presidente debil, y por lo tanto, asi van actual un por ciento de los ciudados destructores. Como dijo Jose Marti: Los hombres van en dos bandos: Los que aman y construyen y los que odian y destruyen.
    Para esos destructores, tiene que haber leyes fuertes, y presidentes fuerte que las apliquen.
    Si nos ponemos a espulgar la historia, y amoldear con retoricas aquellos que destruyen, y no hacemos nada al respecto, pues todos, nos ahogaremos en el fango.

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    razón vs instinto
    11 February 2020 at 11:34 am
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    Totalmente de acuerdo.
    Incluso, la necesidad de orden (algo tan elemental como eso, orden) llega a hacer necesario a veces la interrupción de un proceso democrático en el que el caos es la norma.
    Y mucho más aún si el gobierno elegido es de izquierda.
    Venezuela llegó a donde llegó por el caos y por el voto popular. La dictadura llegó después estando ya en el poder y para mantenerse dados los fracasos estrepitosos de sus políticas.
    Argentina misma hoy se encuentra en un punto intermedio en dónde cada día que pasa, la desorganización, el desorden, la desidia política “democrática”, más un enorme etcétera, nos lleva cada vez más a la necesidad de un poder fuerte, ordenador, sincerador de la caótica situación en que se encuentra el país si no queremos que las circunstancias nos vayan llevando, voluntaria o involuntariamente hacia una versión argenta de Venezuela.
    Si debe ser dictatorial, pues ya tengo dudas si mi respuesta es sí o no.

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    Víctor López
    11 February 2020 at 11:56 am
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    …y quién controla a los mano dura?

    Los jueces “duros” y corruptos? Los represores coimeros? Los maestros ignorantes e indolentes?

    Ahí están los ejemplos de Trujillo, Somoza y tantos otros “mano dura”. Saludos.

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    joseluis
    11 February 2020 at 6:12 pm
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    Cuando se habla de mano dura, ahi estan tambien los jueces corruptos.
    A todo se le puede sacar; pero no te acceda por que te quedas sin lapis con que escribir.

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    joseluis
    11 February 2020 at 6:10 pm
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    Y yo contigo, 100% de acuerdo.

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    joseluis
    11 February 2020 at 6:13 pm
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    razón vs instinto. Y yo contigo, 100% de acuerdo.

  22. Manuel 11 February 2020 at 6:47 pm Permalink

    Trump will become the first President in U.S. history to be impeached and then reëlected 🙂

  23. Víctor López 11 February 2020 at 7:01 pm Permalink

    Por lo que sea. Pero las personas casi sin excepción, racionalizan su circunstancia personal, otorgándose valores y grandezas que están solo en su discurso o en su imaginación.

    Francamente no entiendo a que conocimiento o resultado veraz pretenderán llegar por ese camino. Si algo debe saber uno para arribar a un resultado asertivo es tener bien claro cuáles son sus limitaciones.

    Aquí no escapa nadie a esa falacia, y digo nadie sin excepción, tan establecida esta la costumbre de auto engrandecerse que se parte de la base de que el sujeto que expone de hecho se sustrae a la regla.

    Todas las racionalizaciones “constructivas” que aquí se hacen están viciadas, simplemente porque interponemos opiniones sesgadas por prejuicios, auto engaños y deseos de que nuestra realidad encaje “honorablemente” en el planteamiento.

    Si fuéramos un poco más honestos con nosotros mismos, nuestros países no serían la calamidad que son, y no es posible que gracias a las viciadas ocurrencias que pregona cada uno, vayamos a hacer algún aporte positivo a las sociedades de destino.

    Tengo una fiestecita ahora, va sin corregir. Saludos cordiales.

  24. Manuel 11 February 2020 at 7:09 pm Permalink

    Simplemente, un lider

    https://youtu.be/zFAGLHmKzGM

  25. Manuel 11 February 2020 at 7:14 pm Permalink

    As per harari “ humanity faces three primary threats: nuclear war, ecological collapse, and technological disruption. Other issues that politicians commonly talk about—terrorism, migration, inequality, poverty—are lesser worries, if not distractions”

    • razón vs instinto 11 February 2020 at 7:23 pm Permalink

      Es un genio harari.
      Nada enseña más de la vida, la política, las culturas, la economía de las sociedades que la historia.
      Harari es un claro ejemplo de ello.

      • Manuel 11 February 2020 at 7:45 pm Permalink

        el único modo de saber a donde vamos

      • Manuel 11 February 2020 at 8:01 pm Permalink

        “ Last September, while appearing onstage with Reuven Rivlin, Israel’s President, at an “influencers’ summit” in Tel Aviv, Harari said, in Hebrew, “Think about a situation where somebody in Beijing or San Francisco knows what every citizen in Israel is doing at every moment—all the most intimate details about every mayor, member of the Knesset, and officer in the Army, from the age of zero.” He added, “Those who will control the world in the twenty-first century are those who will control data.”

  26. Manuel 15 February 2020 at 4:36 pm Permalink

    economic sanctions to Cuba grow, funding for regime change flows into the hands of the media and figures of the opposition and Cuban exiles counteracting the Cuban government nazi propaganda all over the world over the last continue 734 months and counting


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