31 January 2016 ~ 8 Comentarios

La guerra nuestra de cada día

por Carlos Alberto Montaner

Montaner

Digámoslo rápido. El enfrentamiento actual que divide a medio planeta, y especialmente a los latinoamericanos, es entre el neopopulismo o democracia autoritaria contra la democracia liberal. Acabo de desarrollar un breve curso sobre el tema en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. No conozco otra institución tan comprometida con la libertad económica y política. Impresionante.

En la esquina neopopulista del ring comparecen, a la izquierda, el padre Marx,el estatismo, el clientelismo, la Teología de la liberación, la Teoría de la Dependencia, Eduardo Galeano, Che Guevara, Ernesto Laclau, Hugo Chávez, Evo Morales, Fidel Castro, “todos revolcaos”, más el caudillismo, el gasto público desbordado, la ALBA, el Socialismo del siglo XXI, el Foro de Sao Paulo y un tenso etcétera con el puño cerrado y la consigna callejera a flor de labio.

En la esquina liberal se encuentran, el padre Adam Smith, Mises, Hayek y los Austriacos, Milton Friedman y el mercado, James Buchanan y la Escuela de Elección Pública, Douglass North y los institucionalistas, la responsabilidad individual, la empresa privada, el estado de derecho, la ALCA, el comercio libre y global, los Tigres de Asia, la exitosa reforma chilena, Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Mario Vargas Llosa, el estado pequeño y eficiente. 

Este eje de confrontación es relativamente nuevo.

El siglo XIX fue el de liberales a la antigua usanza contra conservadores, también de viejo cuño. El XX vio, primero, la batalla entre las supuestas virtudes de la hispanidad frente a los defectos de los anglosajones (el Ariel de Rodó y las conferencias encendidad del argentino Manuel Ugarte). La revolución mexicana de 1910 se cocinó en esa salsa antiimperialista.

A lo que siguió la aparición del marxismo y del fascismo, primos hermanos que acabaron pareciéndose mucho. Los años veinte fueron los del psiquiatra argentino José Ingenieros, con alma y paraguas rojos, y los de José Carlos Mariátegui y sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.

Poco después, en la Italia de Mussolini un joven militar argentino observaba con admiración la experiencia fascista. Se llamaba Juan Domingo Perón y a su regreso a Buenos Aires puso en marcha su “Tercera vía”. Ni comunismo, ni capitalismo: justicialismo. O sea, peronismo puro y duro. Era la expresión criolla del fascismo.

Tras la Segunda Guerra, inmediatamente vino la Guerra Fría. Antes y durante, América Latina se llenó de espadones santificados por Washington. El eje de confrontación pasaba entonces por los cuarteles contra los comunistas, o todo lo que oliera a ellos.

En esos años cuarenta se abrió paso otra fuerza: la izquierda democrática. Comenzaron a triunfar en Guatemala (Juan José Arévalo), Costa Rica (José Figueres), Cuba (Carlos Prío), Venezuela (Rómulo Betancourt), y Puerto Rico (Luis Muñoz Marín). Eran demócratas anticomunistas que procedían de la izquierda. Luchaban contra el militarismo desde posiciones anticomunistas.

Constituían, además, una dulce variante vegetariana del populismo. Creían en el estado benefactor paternalista, y no rechazaban las medidas estatistas. En el campo económico reinaba su majestad Lord Maynard Keynes y los políticos utilizaban el presupuesto nacional y el gasto público para impulsar la economía. Maravilloso. Estaban intelectualmente legitimados para dilapidar fortunas. Simultáneamente, distribuían las rentas y ejecutaban reformas agrarias que casi nunca lograron sus objetivos.

En 1959 volvió a cambiar el signo de la lucha. Fidel y Raúl Castro, junto al Che Guevara, con la inocente ayuda de otros grupos democráticos, derrocaron la dictablanda militar de Batista, con el objeto de establecer una dictadura comunista calcada del modelo soviético. Se proponían, fundamentalmente, destruir los gobiernos de la izquierda democrática, definiendo al adversario por sus relaciones con Estados Unidos y con la propiedad.

Si eran pronorteamericanos y promercado, aunque fueran de izquierda y respetaran las libertades, eran enemigos. Cuba atacó a Uruguay, Venezuela, Perú, Panamá, a todo lo que se moviera o respirara. También, claro, a los viejos dictadores militares como Somoza, Trujillo o Stroessner, pero no por tiranos, sino por proamericanos y procapitalistas. La isla era “un nido de ametralladoras en movimiento”. Estados Unidos se sumó a la guerra y en 1965, en medio de una guerra civil, desembarcó marines en República Dominicana para, decían, “evitar otra Cuba”.

Con Allende en 1970 se inició el peligroso juego de la democracia autoritaria y terminó a tiros tres años más tarde. Pinochet, que era un hombre de Allende, o eso creía D. Salvador, acabó bombardeándolo. Sin embargo, como el general no sabía una palabra de economía, les entregó esas actividades misteriosas a unos jóvenes chilenos graduados de las Universidades de Chicago y de Harvard. Pronto comenzaron a darle la vuelta a la situación.

Era la primera vez que en América Latina se oyó hablar de Friedrich Hayek (Premio Nobel en 1974), o de Milton Friedman (1976). A mediados de los años ochenta era evidente que el populismo había hundido a América Latina en un charco de corrupción, inflación y gasto público irrefrenable. La región había fracasado. Se habló entonces de la “década perdida”.

Surgió así el primer ciclo liberal de América Latina. Sus principales protagonistas procedían de otra cantera ideológica, pero eran personas flexibles e inteligentes. Entre otros, incluía al boliviano Víctor Paz Estenssoro, que regresaba al poder en 1985 a enmendar los desaguisados de 1952; el tico Oscar Arias, el argentino Carlos Menem, el mexicano Carlos Salinas de Gortari, el colombiano César Gaviria y el uruguayo Luis Alberto Lacalle.

Más que las convicciones liberales los movía la certeza del fracaso populista. Desgraciadamente, las acusaciones de corrupción contra Salinas y Menem, más el aumento desmedido del gasto público en Argentina, desacreditaron aquella reforma liberal y los enemigos comenzaron a atacar eficazmente “la larga noche neoliberal”.

En 1999, finalmente, comenzó a gobernar Hugo Chávez y se inició otra fase de democracia autoritaria. Ésta que ahora llega a su fin, hundida en la miseria, el desabastecimiento y la corrupción, dándole paso al nuevo ciclo de la democracia liberal, acaso iniciada con la victoria de Mauricio Macri en Argentina. Esperemos que dure.

8 Responses to “La guerra nuestra de cada día”

  1. Maximiliano 31 January 2016 at 11:51 am Permalink

    No me parece que este’ llegando a su fin. Siguen las dictaduras de izquierda en Venezuela, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, la corrupta democracia autoritaria en Brasil (con Lula listo para entronizarse de nuevo en el poder) y San Vicente.
    El socialismo del siglo XXI esta’ en su apice , lamentablemente no se ha terminado.

  2. Juan Pueblo 31 January 2016 at 12:58 pm Permalink

    Lo más importante, en un estado democrático es la separación de poderes, y principalmente un poder judicial EJEMPLAR, para controlar el peor mal de nuestros tiempos la CORRUPCIÓN, que desgraciadamente es de derecha e izquierda.

  3. Sam Ramos 31 January 2016 at 9:29 pm Permalink

    Des pues de su visita a la Isla Esclava dice el ex-guerrillero Uruguayo Mujica que vio a la Bestia de Biran mas “CENTELLANTE”.

    Sera que ahora se parece mas a Centella el caballo de Rodolfo, el de los Tres Villabos?

    Lean y vean la foto del par de viejucos jamelgos aqui:

    http://goo.gl/BjrBdm

  4. Hector L Ordonez 1 February 2016 at 8:06 am Permalink

    Mujica como presidente,fue excelente no cabe duda,que sienta simpatía
    por el dictador castro es punto y aparte,en eso estoy en desacuerdo
    con este Expresidente,Mujica puede ser izquierda,aunque ya no tan izquierda,como en sus años mozos,cuando era bien joven,Mujica en sus años de presidente jamas afecto a la industria privada,jamas destruyo el aparato productivo,lo contrario hizo una política para atraer compañías extranjeras,que se establecieron en el uruguay con este presidente.

  5. Luis Pruna 1 February 2016 at 10:16 am Permalink

    Estimado Seńor:

    Se le olvido poner a la izquierda a Lord Maynard Keynes y todos sus seguidores (Stiglitz, Krugman, Bernanke y compańia), a todos los ecologos o ecoterroristas (recuerden un Verde es un Rojo inmaduro), a los creyentes en el Calentamiento Global, los Antiglobalistas, la Comunidad Europea(no Unión Europea)y al Papa Francisco en fin la lista es bien larga.

  6. menendag05 2 February 2016 at 10:01 am Permalink

    MONTANER Y EL POPULISMO.
    Enero del 2016
    Pensaba señalar algunos aspectos, que como resulta frecuente, no coinciden con mi modesta apreciación, pero las primeras colaboraciones expuestas casi me hacen desistir, por cuanto en breve síntesis, aportan contundentes elementos que forman parte de los orígenes de la patología social actual, que evidentemente se ignoran de manera pragmática y cuya ausencia le resta credibilidad al aparentemente profundo análisis del fenómeno.
    La breve síntesis histórica de un período tan largo y complejo, pasa por alto realidades insoslayables que forman parte de esa sustantividad y contribuyen de manera fundamental al surgimiento de ideas, doctrinas y procesos que florecen en medio de una objetividad innegable, que proporciona el substrato para su desarrollo.
    Montaner- Digámoslo rápido. El enfrentamiento actual que divide a medio planeta, y especialmente a los latinoamericanos, es entre el neopopulismo o democracia autoritaria contra la democracia liberal.
    Pericles- Ni la democracia liberal tiene siempre un carácter democrático real, pues generalmente no incorpora el verdadero sentir de los desposeídos, ni los populismos tienen necesariamente que ser siempre democracias autoritarias. La ventaja de las primeras es que cuentan con el apoyo del gran capital, con el que comparten sus ganancias y el apoyo material para su elección, mientras los segundos resultan agobiados por las presiones de este binomio, que pretendiendo conservar su patrimonio de dinero y poder apela a todos los subterfugios e informaciones potencialmente manejables, por medios de difusión, también parte del consorcio, que evidentemente lesionan el prestigio y la credibilidad de los que los que los dirigen, sin brindarles la oportunidad de materializar sus programas, única posibilidad de evidenciar su errores y aciertos
    Resulta obvio, simplemente con la valoración de la historia del último siglo, que las doctrinas políticas, los líderes, los modelos económicos y de convivencia social, que han servido de marco para la instrumentación de soluciones, en el ámbito clasificado como populismo han fracasado en sus propósitos. También ha quedado probado, que todos los arquetipos basados en la administración total de la economía por parte del estado y la ignorancia de su influencia negativa sobre la productividad del trabajo conduce, inexorablemente a la destrucción de la economía y por tanto a la imposibilidad de materializar el sostenimiento de sus propios programas, por justificados que resultaren. Esta realidad, con una prueba de campo lo suficientemente extensa en sentido temporal y espacial nos permite sacar conclusiones sobre la evidencia de una contradicción manifiesta entre la teoría y la realidad, representada, esta última, por la tradicional psicología humana. Sin embargo, aceptar que la contrapartida, el capitalismo puro y duro, tiene la intención de encontrar soluciones que sin menoscabo de sus enormes (e innecesarias) ganancias logre un mínimo equilibrio entre ellas y la realidad inobjetable de la pobre participación que corresponde al componente del sistema que las produce sería en realidad sencillamente utópica. Sería ingenuo confiar, que ese prototipo, bien conocido desde la primera revolución industrial, con los cambios cosméticos que no ha tenido otra alternativa que aceptar dada la imposición del devenir histórico y la dialéctica de la realidad objetiva consideraría de motu propio, la instrumentación de modelos aceptables para todos. Aun, incluso, cuando el aporte económico arrancado a los poderosos resultara ridículo y por tanto desproporcionadamente escaso para asumir soluciones realistas.
    El Peronismo, (primera expresión del populismo en el continente) independientemente de su origen y del pensamiento conocidamente fascista de su liderazgo, concilió la aplicación de una doctrina social, con la realidad de una economía (producto de su neutralidad en el conflicto mundial) que dio la posibilidad de materializar anheladas conquistas sociales y durante una etapa sublimó las eternas expectativas del hombre común con una objetividad económica que lo permitía.
    La megalomanía, enfermedad común de la clase política y la descomposición ética que conlleva, amén de otros componentes, deformaron y trasmutaron en simple bandera este movimiento, no obstante lo cual, conserva aún una fuerte presencia entre los desposeídos, pragmáticamente aprovechada por la nueva casta que los representa para la consecución de sus inconfesables conductas en el terreno político.
    Salsa antiimperialista.
    La Salsa antiimperialista, no resulta una expresión del gracejo popular, es una vieja realidad, lastrada por los intentos fallidos, los liderazgos sometidos a la presión de las coyunturas geopolíticas, la subordinación al instinto de asegurar y mantener el poder, la corrupción que supedita las ideas colectivas al beneficio personal y el uso de modelos obsoletos, con los que aun conscientes de su inconsistencia e inhabilidad para la búsqueda de caminos viables conviven, con el único fin de perpetuarse en el poder .
    Sin embargo no es este el único condimento donde germina el sentimiento antiimperialista. La historia del capitalismo, en particular del norteamericano, en los países al sur del Río Bravo, está tan plagada de errores estratégicos, imposición de modelos de explotación, respaldados por los capitalistas locales, los políticos corruptos y las clases privilegiadas. De apoyo incluso a regímenes inhumanos que paralelamente a su alianza económica inundaron de sangre e injusticias los territorios en los que determinados segmentos poblacionales se les enfrentaron.

    LA GUERRA NUESTRA DE CADA DÍA, continuará indefinidamente, por cuanto los sectores pertrechados de los recursos para encontrar la paz, están a la vez sumergidos en su prepotencia, su limitado humanismo y su amor a la riqueza, condicionantes de una estrategia universal, que se nutre de las raíces históricas que forman parte de su propia consustancialidad.
    Pericles

  7. Hector L Ordonez 2 February 2016 at 12:51 pm Permalink

    aquí le llaman a izquierda a todo,todo el que promueva cualquier ayuda a los mas necesitado,entonces son izquierdas,los que implantaron
    el medicaid.medicare,food stamps,tambien están en la lista de los izquierdistas,los que confunden con comunistas o sea han echo una mezcla de ambas cosas que nada tiene que ver una con la otra,estas personas ni tan siquiera leen el periódico,ni menos noticias,excepto
    lo que desinforma FOX,una emisora extrema derecha.Señores de la extrema derecha republicana,los tiempos han cambiado,el mundo de hoy
    es otro,no es el mundo que ustedes se aferran en vivir,CLARO!cada vez son un grupo menos reducidos,ya la Florida no responde a la directiva republicana,eso se demostró en las dos presidencias del
    presidente Obama,ganador de votos electorales y voto popular,decadas
    atrás el resultado hubiera sido lo opuesto,La política republicana esta basada en excluir a ciertos sectores de la población,como plantea
    el señor Cruz,la eliminación del medicaid y otras ayuda sociales,con
    esta base esta fracazado,si usted recibe medicaid votaria por cruz?
    Por supuesto que no,si usted tiene el Obama care votaria por Cruz?Por supuesto que me diría que no,hoy dia vemos un partido republicano
    dividido,con tendencia a desaparecer del panorama político.Y ojala que asi sea!.
    supuesto que no

  8. Hector L Ordonez 5 February 2016 at 7:35 pm Permalink

    Jose Marti nuestro apóstol,para estos republicanos tan bien era comunista,recuerden lo que dijo este gran hombre,CON LOS POBRES DE LA TIERRA QUIERO YO MI SUERTE ECHAR.


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