16 January 2016 ~ 9 Comentarios

La inacabada Guerra Fría

por Carlos Alberto Montaner

Migrantes cubanos

Otra vez miles de cubanos se aprestan a entrar en Estados Unidos. Ya llegaron los primeros. Es una vieja y cansada historia. Lo vienen haciendo masivamente desde 1959, cuando comenzó la dictadura comunista de los hermanos Castro. En esta oportunidad proceden de Costa Rica.

Desde 1966 los cubanos reciben un trato preferencial por parte de las autoridades migratorias norteamericanas. Le llaman la “Ley de Ajuste”. Es una de las múltiples excepciones que tiene la compleja legislación norteamericana en materia migratoria. 

Hay otras. Por ejemplo, otorgarles TPS (“protección migratoria temporal”) a millares de indocumentados radicados en Estados Unidos. Una docena de nacionalidades se benefician de esta medida, concebida para proteger a ciertas personas de los horrores de la violencia o de los desastres naturales que padecen en sus países de origen.

Pero existen diferencias esenciales entre los TPS y la Ley de Ajuste. La protección temporal debe ser renovada periódicamente y depende de la voluntad de un Congreso voluble. La regla que afecta a los cubanos, en cambio, conduce a la obtención de la residencia oficial transcurrido el año, y a la ciudadanía pasados los cinco.

En realidad, es una doble estupidez que los TPS no desemboquen en la residencia y la eventual ciudadanía. La provisionalidad y la falta de integración progresiva en la sociedad norteamericana perjudica cruelmente a los inmigrantes y convierte el “sueño americano” en una innecesaria pesadilla teñida por la ominosa persecución potencial de la Migra.

La otra punta del disparate es el daño que se autoinflige Estados Unidos. Lo que le conviene a este país, y a todos, es disponer de ciudadanos trabajadores que cumplan con las leyes, creen riqueza, paguen impuestos y se mezclen en el legendario melting pot norteamericano, como sucede con la inmensa mayoría de los cubanos.

La excepcionalidad cubana comenzó dentro de las reglas de la Guerra Fría. Fue la predecible respuesta americana cuando los Castro y un pequeño grupo de comunistas, convencidos de la superioridad de las ideas marxista-leninistas, de las bondades de la URSS y de la perfidia de Estados Unidos y de la economía de mercado, decidieron crear en la Isla una dictadura comunista.

Moscú, que sabía organizar satélites, porque lo había hecho cruel y eficientemente en Europa del Este tras el fin de la Segunda Guerra, prestó su apoyo incondicional de inmediato. No tardaron en llegar discretamente a la Isla los asesores soviéticos con el primer objetivo de aplastar a la oposición democrática cubana y crear las redes de la contrainteligencia. El segundo sería llenarla de misiles nucleares.

Lo decía Kruschev: ahora Estados Unidos sabría lo que era vivir con una daga apuntando a su cuello a pocos kilómetros de su costa. Era su represalia por el acoso de la OTAN.

Estados Unidos reaccionó. A mediados de marzo de 1960 el presidente Ike Eisenhower firmó una orden secreta autorizando las operaciones encubiertas para tratar de liquidar al satélite ruso instalado en Cuba.

Ya era muy tarde. Una semana antes había llegado a la Isla el general hispano-ruso Francisco Ciutat. Fidel lo recibió y lo llamó “Ángelito”. Pronto serían 40 000 militares y asesores soviéticos. La Guerra Fría estaba en su apogeo en el Caribe.

Treinta años más tarde los satélites europeos rompieron con la URSS y desapareció el Bloque del Este, incluida la propia Unión Soviética. La estrategia norteamericana de la contención había dado resultado. Estados Unidos había ganado la Guerra Fría.

Pero no toda. En Cuba y en Corea del Norte cavaron trincheras. Fidel Castro, enormemente enfadado con el “traidor” Gorbachov, proclamó, y su hermano Raúl aplaudió, que “primero se hundiría la Isla antes que abandonar el marxismo-leninismo”, asegurando que Cuba se conservaría como un baluarte comunista para alumbrar el día en que el planeta recobrara la lucidez revolucionaria.

Fidel, estalinista terco como una mula, con el respaldo de Lula da Silva, se dio a la tarea de  recoger los escombros del comunismo para erigir con ellos el Foro de Sao Paulo, una especie de Tercera Internacional en la que cabían todos los “luchadores antiimperialistas”, desde las narcoguerrillas de las FARC a los terroristas islámicos.

Hasta que apareció Hugo Chávez en el horizonte, nimbado por la ignorancia y la irresponsabilidad, y cargado de petrodólares. Inmediatamente, Fidel lo sedujo y reclutó, primero para esquilmarlo, y luego para luchar contra la libertad económica y contra Washington, para gloria de los pobres del mundo.

Juntos, de pipí cogido, como dicen graciosamente los colombianos, en un indomable eje La Habana-Caracas, triunfarían donde la URSS se había doblegado, objetivo y estrategia que nunca nadie ha desmentido o desechado. Lo anunció Felipe Pérez Roque en Caracas a fines del 2005, entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba. Hasta la victoria siempre, Comandantes.

De este espíritu de Guerra Fría –toda la que podían librar unos países atrasados– surgió la tétrica fantasía del “Socialismo del Siglo XXI” y el circuito antinorteamericano de la ALBA, contrapuesto al ALCA impulsado por Estados Unidos.

No es verdad, pues, como supone Obama, que la Guerra Fría ha terminado. Al menos en América Latina la mantienen viva los Castro, Maduro, Ortega, Evo y, en menor medida, Correa, con el apoyo lateral de Dilma Rousseff y el kirchnerismo, éste último felizmente desplazado del poder por Mauricio Macri.

Es inconcebible que en Washington ignoren esa lamentable realidad o que continúen pensando que se trata de una "molestia y no de un peligro". Enterrar la cabeza en la arena nunca ha sido una manera inteligente de enfrentarse a los problemas.

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9 Responses to “La inacabada Guerra Fría”

  1. Lorenzo Rodolfo 17 January 2016 at 8:28 am Permalink

    Estoy de acuerdo con la muestra cronológíca que hace Montaner, pero la Ley de Ajuste debe ser derogada, pues los cubanos no huyen de la isla por problemas políticos, sino económicos, abusan de las prerrogativas que la ley les concede (ayudas, subvenciones, etc.), no se integran al famoso “melting pot”, pues a la gran mayoría de ellos no les interesa en lo más mínimo aprender el inglés (requisito imprescindible para tal integración), pues viven en los “guetos” hispanos, tanto aquí en Dade como en otros lugares que he visitado y he constatado lo que estoy diciendo, una gran parte de ellos tiene tal confución ideológica en sus “lavados cerebritos” que se la pasan muchas horas del día desbarrando sobre los “defectos” que existen en los USA y las bondades que ellos tenían en Cuba, pues entre otras razones, explican que en Cuba se “trabaja para vivir” y aquí en USA se vive para trabajar, etc., etc. Fuera la Ley de Ajuste, que se ha convertido en una desgracia para USA, pues lo que está llegando de la isla es, salvo algunas excepciones, pura metralla representada por el “hombre nuevo” creado por la revolución de marras.

  2. Sam Ramos 17 January 2016 at 9:35 am Permalink

    Viajes a Cuba por Rafael Rojas publicado hoy en El Pais.

    Quienes llegan hoy a la isla no buscan una utopía sino un negocio, pero queda mucho por hacer

    Las estadísticas más confiables hablan de un crecimiento de la pobreza, la desigualdad y la emigración joven más acelerado que el del mercado, las inversiones, los créditos y la productividad interna. Retratan un país económicamente estancado y políticamente inerte, gobernado por un partido comunista único y un puñado de líderes octogenarios. Pero aún así, la vida diplomática en La Habana es cada vez más intensa y su impacto se percibe más allá del circuito consular, en la pequeña zona gentrificada de la ciudad, en paladares, galerías, clubes de salsa y mansiones de la nueva élite.

    En los últimos años han viajado a Cuba más estadistas y políticos del capitalismo global que en toda la historia de ese comunismo caribeño: Hollande, Kerry, el papa Francisco, líderes europeos, senadores, representantes y gobernadores de Estados Unidos. En los sesenta viajaban ideólogos de la descolonización y la Nueva Izquierda, Sartre y Wright Mills. En los setenta, jerarcas del socialismo real: Brezhnev, Ceausescu, Honecker. En los ochenta hubo un brevísimo lapso reformista y Felipe González y Mijaíl Gorbachov pasaron por allí. En los noventa llegó el turno del altermundismo, de los Chomskys y los Galeanos, los Saramagos y los Chávez.

    Hasta hace poco, la diplomacia cubana se dedicaba a construir alternativas globales. Fuera armando guerrillas en América Latina o en África, solidarizándose con los nacionalismos del Tercer Mundo, pactando con los soviéticos o alentando el neopopulismo, Fidel Castro hizo de Cuba un lugar de peregrinación de todos los radicalismos: montoneros y comunistas, teólogos de la liberación e islamistas, guevaristas y allendistas, separatistas vascos y panteras negras, neozapatistas y globalifóbicos. Sólo quedaron fuera los trotskistas y los anarquistas.

    Lo que significaba Cuba para esos viajeros podía ser tan distinto como un socialismo libertario y un totalitarismo estalinista, pero la seducción partía de una sociedad no capitalista y no democrática, aunque situada en el corazón de Occidente. Hasta la “batalla de ideas” (1998-2006), cuando en los obsesivos desfiles se distinguían hijos del ayatolá Jomeini y banderas de las FARC, Cuba fue santuario de una izquierda extremista que, sin embargo, ya veía la isla como símbolo o aliado geopolítico y no como modelo a seguir.

    Hoy es otra cosa. Los que viajan, políticos o empresarios, galeristas o productores, estrellas o turistas, buscan más un mercado que una utopía. Quienes venden la isla, desde el poder, han aprendido a ofrecer al viajero lo que éste busca: una anomalía amigable, un lugar intenso y superficial, adelantado en su atraso, sin Internet, ni derechos políticos, pero con reggaetón y lindas playas. El cubano de a pie recibe al viajero con una mezcla de orgullo y melancolía, admira a Obama y desconfía de Raúl, sabe que no vive bien, pero no tiene cómo mejorar.

    Esa Cuba expuesta al contacto con el viajero es, en todo caso, una minoría o una burbuja de la capital y otros polos turísticos. La mayor parte de la población vive en moneda no convertible, con salarios miserables, a expensas de subsidios que no llenan la canasta de consumo. Si la economía no se abre al crédito y la inversión, incluyendo fuentes del capital cubanoamericano, y a la pequeña y mediana empresa, la disparidad social crecerá. Para que eso suceda el régimen político debe flexibilizarse, algo que aterra a la élite del poder.

    La Cuba diplomática es muy distinta a la mayoría ciudadana, pero, también, a la Cuba oficial de Granma, la Mesa Redonda y el PCC, donde pareciera que el muro de Berlín no ha caído y Chávez no ha muerto. Lo único en común es que esos tres países depositan sus esperanzas en el exterior. La nueva clase espera por el capital foráneo, los ciudadanos por las remesas o la lotería de las visas y el oficialismo por el “fin del bloqueo y la ley asesina”. No es extraño que la mayor expectativa de unos y otros sea un viaje de Barack Obama.

    Si es verdad, como anunciaba hace días el New York Times, que Obama visitará Cuba en marzo, durante su gira por Colombia y Argentina, donde, por cierto, respaldará a Gobiernos que La Habana considera “neoliberales”, no está de más recordar que el presidente llegará días antes del VII Congreso del Partido Comunista, donde deberá prepararse la sucesión de poderes de 2018. Sería muy extraño que Obama no acompañe su visita con un llamado a la reforma política y a la extensión de libertades públicas en la isla. Más extraño sería que los gobernantes cubanos le hagan caso.

    Rafael Rojas es historiador.

  3. Alberto Otsir 17 January 2016 at 11:44 am Permalink

    Síntesis histórica necesaria y muy clarificante. Otra vez gracias CAM.

  4. menendag05 17 January 2016 at 10:32 pm Permalink

    Sobre un artículo de Montaner.
    Enero del 2016
    LA INACABADA GUERRA FRIA.
    Indudablemente que el trato preferencial en cuanto a la cuestión migratoria cubana fue un error estratégico. De no haber existido esta coyuntura, el 80% de la misma no se hubiera materializado y por consiguiente, como ha sucedido en otros escenarios, se hubiera trasmutado en un peso considerablemente fuerte dentro del escenario de la inevitable confrontación. Lo positivo, no obstante, es que ha constituido una solución satisfactoria para millones, independiente del alivio de la presión sobre el estalinismo reinante que significó su éxodo
    En realidad, jamás he creído que Castro hubiese estado nunca convencido de la superioridad de las ideas marxista-leninistas. Quizá un poco de la perfidia del modelo vecino, pero no de las ventajas sociales y económicas de la contraparte. Demasiado listo para creerse esas historias. Por supuesto que el sistema, en su variante de conservar indefinidamente el poder si puede haber sido de su agrado.
    De lo que si estoy convencido es de que las medidas utilizadas para neutralizarlo fueron erróneas. Cerrar todas las compuertas que le hubiesen permitido soñar con la conservación infinita de su jerarquía, simplemente le precipitó en los brazos del contrincante como única posibilidad de supervivencia. A ese otro polo, por supuesto, disponer de una vitrina de exhibición en el patio trasero del enemigo le encajaba divinamente y para ello estaba en disposición de asumir el costo, por oneroso que resultare.
    La ruta China y Vietnamita, que era el camino lógico y razonable para la conservación del poder, sí que resultó incididita por la tozudez y la tendencia, muy personal, alimentada además por el tiempo y su auto canonización como infalible guía de categoría internacional, y coyuntural y afortunadamente para él, por el surgimiento de la dinastía Chavista.
    El Socialismo del Siglo XXI y sus “componentes y accesorios” están, como diríamos en el lenguaje médico: en fase terminal y necesitada solo de cuidados paliativos, fundamentalmente para que los inocentes que viven bajo sus banderas sufran lo menos posible el inevitable proceso de extinción. No creo que sea acertado calificarlo de remanentes de la guerra fría. Si no, más bien, como síntomas terminales de un enfermo en franca agonía.
    Quizá, lo que sería recomendable es que los que ostentan el poder en el mundo al que todos quisiéramos pertenecer, por sus éxitos y sus perspectivas de futuro saquen experiencias de esa tortuosa senda que nos ha hecho transitar por décadas de angustia e infelicidad y lo tengan en cuenta para recurrir a terapéuticas eficientes y razonables o lo que sería ideal, para encontrar una vacuna que impida su reaparición
    Pericles

  5. Sam Ramos 18 January 2016 at 2:43 pm Permalink

    ARTIME apuntes para una biografia

    https://www.youtube.com/watch?v=aZ65PZYw74E

  6. Sam Ramos 18 January 2016 at 3:04 pm Permalink

    Acto de la Premiere del Video Artime

    https://www.youtube.com/watch?v=5zk4De7l0dM

  7. Hector L Ordonez 19 January 2016 at 9:17 am Permalink

    Mas que ver los echos,debemos mencionar los resultados quienes ganaron y quieren perdieron,los soviéticos invirtieron grandes recursos para convertir la america en un gran continente rojo,y como
    dice el dicho el tiro les salio por la culata,la economía soviética cayo en crisis,al extremo que desaparecio la unión soviética,y muchos de sus satélites hoy componen el grupo de defensa de la OTAN,el tiempo
    demostró que los soviéticos pensaron que ivan en via correcta y era todo lo contrario,ivan en via contraria.Obama sabe perfectamente como
    se maneja la política internacional,y conoce ciertos riesgos el presidente de tonto no tiene un solo pelo,el tiempo lo ha desmostrado.

  8. ANDRES PEREZ 20 January 2016 at 11:36 am Permalink

    La perspectiva de una supuesta sobrevivencia de la guerra fría, mediante el eje Habana-Caracas sería usar el mismo collar para distinto perro. Su planteamiento es admisible solo reinventando el alcance del término. El primero que usó esa denominación, en 1945, fue George Orwell para referirse a lo que predijo sería una contienda sin fin entre tres superpotencias nucleares. Cierto que detrás estaba la guerra propagandística entre dos sistemas sociales, factor algo semejante al actual contrapunto ideológico alimentado por el supuesto “antiimperialismo” de los países de la ALBA. No obstante, la Guerra Fría fue un fenómeno de dimensión mundial que gravitó en la política de casi todos los países y devino una constante confrontación que llegó a calentarse al máximo durante la crisis de los misiles.
    La Guerra Fría terminó efectivamente con la URSS desaparecida y una China, aunque totalitaria, que acabó asimilando las relaciones capitalistas. Que Rusia no renuncie a figurar en la primera fila de las naciones del orbe no resucita aquel antagonismo en todos los ámbitos incluidos, la carrera espacial y el poderío militar.
    Comparar el socialismo del siglo XXI y su ridícula rabia antiestadounidense, sostenida por dos regímenes agónicos e impotentes como la Venezuela en quiebra y su dependiente metrópoli caribeña, es conferirles una dimensión de la que carecen.
    Obama no se equivoca al considerar a los bocazas bolivarianos y revolucionarios una simple “molestia” y al priorizar su atención a la “guerra caliente” trágica y amenazante del demencial terrorismo de extremistas religiosos, y enemigos jurados de la civilización occidental.


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