09 September 2011 ~ 1 Comentario

La mujer del coronel

por Nicolás Pérez Díaz-Argüelles

La mujer del coronel

(EL NUEVO HERALD) Llevo 25 años escribiendo artículos para El Nuevo Herald y nunca he opinado sobre un libro. Ni siquiera algunos formidables como los de mis hermanos Tommy Fernández Travieso o Javier Denys. El caso es que no soy un crítico literario.

Por eso cuando leí que Carlos Alberto Montaner había escrito una novela erótica, me disgusté por dos razones. La literatura tiene tantas bifurcaciones como los ríos. Y el escritor es igual. Con sus naturales mañas escogen sus alturas y precipicios. Pero a saber, el ensayista no es poeta, el historiador no es redactor de noticias ni el articulista novelista. Y pensé que Carlos Alberto, perdón Carlos, no iba a lograr escribir una novela con contenido sexual aceptable.

La segunda razón es que después de ser el coautor de libro Después del Silencio con el padre franciscano Miguel Ángel Loredo, que fue un éxito editorial y quedará para la posteridad porque se trata de las relaciones Revolución cubana-Iglesia Católica en su desnuda raíz, que puse en ella un 1% de esfuerzo artesanal, y el cura un 99% de su historia, por soberbia intenté escribir una novela, casualmente también erótica, Pajarito Castaño, que desde El Espejo de Paciencia a la fecha ninguna editorial había publicado nada tan impublicable.

Aunque tengo casi todos los libros de Carlos Alberto me negué a comprar este. Pero la vida te da sorpresas. Millie Mendiela, una de mis mejores amigas, y que se cruza con mi esposa diariamente 72 mensajes de texto comentando los culebrones que ven juntas a distancia, le mandó a La China La mujer del coronel de regalo. Ignoré el libro hasta que un día por lealtad comencé a leerlo y después de las primeras quince páginas no lo pude soltar.

Advierto algo, no está escrito para reprimidos, ni para puritanos que les asusta el sexo, hombres que van a la cama a hacer el amor con saco y corbata, guantes de fieltro y sombrero de pajilla, o mujeres con escote alto y siete enaguas. Aparte de que es una historia universal de un erotismo duro está trabajada con erudición y tiene un contenido sexual tan explícito como aquellas novelitas de Mimí Pinzón que leíamos todos los niños traviesos con las hormonas desbocadas de mi época. Con una diferencia, nunca antes había entendido el enorme abismo que existe entre la pornografía y el arte, y el libro de Carlos Alberto, que es una monumental obra de arte, me lo hizo entender.

El libro cruza por la religión en puntillas. Sin sumergirse salpica con toques de tambores casi inaudibles a la psicología humanística de la escuela rogeriana y al psicoanálisis de Sigmund Freud. Y el autor se deleita como un sibarita en la antigua cocina romana con platos como lenguas de canario y pollo a lo Heliogábalo, el plato turco Kumba Suri, y una receta con la ubre y la vulva de una cerda virgen con Garum, mitológica salsa hecha con las vísceras fermentadas de ciertos pescados, lo cual me molestó, porque la única vez que comí en casa de Carlos Alberto no me frió ni un huevo, y pidió comida china por teléfono.

¿Mi sorpresa ante la obra? Cuando leí la última página concluí que una novela erótica era el libro con más alto contenido político de Carlos Alberto. Porque en él narra con intensidad la invasión a la privacidad, los chantajes, la glorificación de las portañuelas de los machos y la condena a las entrepiernas de las hembras: machismo por decreto revolucionario. La filmación de abortos a figuras claves del e stablishment para que Seguridad del Estado las tenga en sus garras, la persecución de los homosexuales y la prohibición a la clase dirigente de mantener relación alguna con sus familiares en el exterior, esencias del sistema.

¿Cuándo desaparecerá el castrismo? Créanme, no va a ser a través de una invasión norteamericana o de exiliados, ni de un embargo, ni por hambre, ni por una política insensata de aislar a Cuba de Miami. La hora 25 llegará cuando una trivial protesta popular sea apoyada por profesores universitarios, profesionales, poetas, científicos, miembros del Partido Comunista, militares y cantautores como Pablito Milanés, hartos de una vida de perversa simulación y llena de contradicciones. Cuando los que hoy dudan por cobardía digan basta, será el final.

Y que nadie exija que un solo cubano tenga que pasar bajo las horcas caudinas de pedir perdón, solo a Dios se le pide perdón. Rectificar es de humanos, y dejémonos de historias, quienes nos bajamos primero o después del barco es intrascendente, y es que en enero de 1959, salvo un grupo mínimo de batistianos, el 99% del pueblo cubano apoyó a la revolución cubana, por lo que todos los mayores de 65 años, exiliados y disidentes, por acción u omisión, parimos a Fidel Castro. Y a otra cosa mariposa.

One Response to “La mujer del coronel”

  1. 'Barbarito, el lector cubano' 13 September 2011 at 2:13 pm Permalink

    …y yo sigo (des)esperando a que se publique esta novela en España.
    Gracias.


Leave a Reply