21 May 2016 ~ 12 Comentarios

La nueva Guerra Fría

Por Carlos Alberto Montaner
Para Beatrice Rangel, que me puso sobre la pista

panama_papers1Tal vez fue una casualidad, pero coincidieron en el tiempo. En abril de 1990, durante el gobierno de George Bush (padre), pocos meses después del derribo del Muro de Berlín, cuando era evidente que la URSS y el comunismo se hundían, Washington comenzó a planear su próxima batalla en nombre de la seguridad nacional.

Fue entonces cuando se creó el Financial Crimes Enforcement Network (FinCen), una dependencia del Departamento del Tesoro que  habitualmente contrasta y complementa sus informaciones y actividades con el FBI, la DEA, la CIA, la NSA y otras agencias de inteligencia.

Originalmente, el nuevo enemigo era mucho más difuso, extendido y, al mismo tiempo, limitado: los traficantes de drogas. La estrategia era seguirle la pista al dinero por los vericuetos financieros hasta descubrir y asfixiar a los grandes capos. Al fin y al cabo, una masa de plata de ese volumen no se podía esconder en el colchón. Había que invertirla.

La vieja y sabia expresión de los investigadores anglo-norteamericanos se convertía en el plan de batalla: follow the money. Mientras los franceses aseguraban que, tras el delito, siempre había una mujer (cherchez la femme), para los estadounidenses la clave estaba en la plata. Acertaban.

Inmediatamente comparecieron en el radar los “lavadores” o “blanqueadores” que esta actividad generaba. Sólo que nada de esto podía ser posible sin cierta complicidad pasiva de los bancos, así que se dictaron medidas obligando a las instituciones financieras a “conocer” a sus clientes, a rechazarlos, y a comunicar cualquier depósito sospechoso.

El secreto bancario, en consecuencia, dejó de ser efectivo y la lupa policiaca norteamericana se colocó sobre los trusts suizos, las cuentas de Andorra o las compañías de Uruguay en donde los argentinos protegían sus ahorros en dólares, razonablemente aterrorizados por los corralitos con los que el Estado les robaba impunemente su patrimonio.

Como los “criminales” no solían actuar con sus nombres, sino escudados en empresas deliberadamente confusas, legalmente constituidas por bufetes de abogados fuera de las fronteras norteamericanas o, incluso, en los espacios opacos de Estados Unidos (Delaware, Nevada, Wyoming, South Dakota), era importante revelar los nombres de las compañías non sanctas y prohibirles hacer negocios en Estados Unidos. Así surgieron, primero, la Lista Clinton en 1995 y ahora, presumiblemente, los misteriosos Papeles de Panamá, en los que se mezclan indistintamente justos y pecadores.

Como suele ocurrir con los organismos burocráticos, las responsabilidades, el alcance, los presupuestos y el tamaño de FinCen fue extendiéndose inevitablemente. En el 2001 se produjo el ataque islamista a las Torres Gemelas y al año siguiente fue aprobada la llamada “Ley Patriota” que puso fin a numerosos mecanismos de protección de los derechos individuales.

El terrorismo pasó a ocupar la preocupación central de las autoridades norteamericanas, desplazando al narcotráfico, y se autorizó la investigación casi ilimitada en busca de enemigos encubiertos, lo que explica, aunque no justifica, el espionaje de la National Security Agency (NSA) a personas como la alemana Ángela Merkel o al francés François Hollande.

Pero en las redes tendidas para capturar terroristas y narcotraficantes, caían, además, los violadores del fisco, los funcionarios y políticos corruptos que vendían favores y cobraban coimas, las personas que escondían su patrimonio en medio de pleitos familiares, y un sinfín de individuos o entidades que trataban de proteger sus propiedades o su dinero (fueran éstos bien o mal ganados), de Estados voraces, de socios implacables o de familiares codiciosos.

Este volumen de información le abrió el apetito a Washington y dio inicio a una cruzada internacional en defensa de la moralidad pública que ha tenido su expresión más vistosa en la persecución de los directivos de la FIFA, coadyuvando la previa labor de otras manifestaciones similares, como la del fiscal Antonio di Pietro en Italia (Operación Manos Limpias), que liquidó por corruptas a casi todas las estructuras políticas del país.

Esta nueva Guerra Fría es más difícil que la que Estados Unidos libró y ganó contra la URSS. Al fin y al cabo, los comunistas pertenecían a una pintoresca secta surgida en el siglo XIX que sostenía ciertas supersticiones que llevaron a la ruina a las sociedades que las sufrieron, previa la cruel eliminación de decenas de millones de personas.

Para oponerse a Moscú, Washington podía reclutar a medio planeta tras la consigna de defender la libertad amenazada, pero ahora sus gobernantes están empeñados en imponer en el mundo the rule of law, algo realmente admirable, pero que contradice una antiquísima y muy extendida tradición planetaria que acompaña a la civilización desde sus inicios. Ojalá tengan éxito, pero será una batalla tremenda de muy difícil pronóstico.

12 Responses to “La nueva Guerra Fría”

  1. Maximiliano Herrera Verdugo 21 May 2016 at 11:26 am Permalink

    CAM llega tardisimo. La nueva guerra fria empezo hace 16 anyos, llevo por lo menos 15 anyos diciendolo y comentandolo, por fin CAM bajo’ de la luna y comprendio’ quien es Vladimir Putin. Yo siempre lo he sabido.

  2. Julian Perez 22 May 2016 at 1:55 pm Permalink

    ¿Cómo se llamaba ése que decía que la historia se había acabado? ¿Fukuyama? Debe de ser pariente de Al Gore. ¿Habrá alguna Ley del Limón para las bolas de cristal defectuosas?

  3. Sam Ramos 22 May 2016 at 3:23 pm Permalink

    CONVERSACIONES CON FUTURO

    “El capitalismo puede colapsar”

    Pionero de la sociología económica, Wolfgang Streeck analiza la crisis del modelo

    21 MAY 2016 Publicado ne El Pais de España

    El profesor Wolfgang Streeck (Lengerich, 1946) pasó más de tres décadas estudiando las relaciones entre capital y trabajo en las sociedades capitalistas. Sociólogo formado en la Alemania escindida por el Muro, desarrolló gran parte de su carrera en Estados Unidos, en las universidades de Columbia y Wisconsin-Madison, antes de asumir la dirección del Max Planck Institute, centro del que es director emérito. Nunca fue muy partidario de la teoría de los sistemas y análisis cuantitativo que triunfó en Estados Unidos a partir de los setenta —”las publicaciones académicas se convirtieron en un tostón”— y fue un pionero en la puesta en marcha de un programa de sociología económica. Pero en 2008, ante una crisis económica que describe como una experiencia casi mortal, fue cuando comprendió que la continuidad de las sociedades y de las oportunidades de la gente en el campo laboral dependían más que nunca del sistema global financiero: “Para entender las dinámicas de la sociedad moderna y la vida de la gente tienes que comprender el desarrollo y el papel de las finanzas globales como la condición dominante, había que integrar la política del sector financiero en la teoría macro de desarrollo social”. En eso anda empeñado, como demuestran sus artículos en New Left Review. Invitado en abril por el Centro de Estudios del Museo Reina Sofía y el ­MACBA a impartir sendos seminarios en Madrid y Barcelona, Streeck disertó sobre las crisis del capitalismo, la vacuidad de la política y la construcción europea.

    Pregunta. Los sindicatos han sido una parte esencial de su área de estudio. ¿Estaban ahí los elementos para anticipar su actual pérdida de influencia?

    Respuesta. Las predicciones son muy difíciles de hacer. A finales de los sesenta hubo una ola de agitación obrera, incluso en el bloque soviético. A partir de ese momento, los sindicatos tuvieron una fuerza creciente: la única manera de calmar ese malestar sin que subiera el desempleo era admitir tasas más altas de inflación, una especie de fuerza pacificadora. Pero esa medicina tenía contraprestaciones muy serias. La decisión de acabar con esto la tomó en 1979 Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal con Carter.

    P. ¿Qué pasó?

    R. Cuando yo era un estudiante se decía como una obviedad que un 5% de desempleo en una democracia era algo imposible, la gente haría saltar por los aires el sistema. El experimento político fue decidir jugársela. El desempleo subió al 20% en EE UU en los primeros ochenta, industrias enteras se borraron del mapa. Ahora incluso se han aprobado leyes para dificultar la organización sindical en Estados Unidos, el mismo país que en los años treinta introdujo legislación para promover esto, porque, siguiendo el modelo keynesiano, pensaban que unos sindicatos fuertes podrían redistribuir la riqueza, producir demanda agregada y crecimiento económico.

    P. Señala tres tendencias que se retroalimentan: el aumento de la desigualdad, la caída del crecimiento y la impresión de moneda y de deuda, algo que considera insostenible. ¿A qué conduce esto?

    R. A una situación impredecible de crisis potencial, de interrupciones emergentes o colapsos con una intensificación de conflictos entre países y clases sociales, y al declive del nivel y la esperanza de vida de una parte cada vez más grande de la población. El colapso del capitalismo es posible, lo ocurrido en 2008 podría repetirse pero a mayor escala, con muchos bancos cayendo al mismo tiempo. No digo que vaya a suceder, pero podemos estar seguros de una tendencia: el aumento del número de personas que quedan en los márgenes.

    P. ¿Las sociedades avanzadas se acercan al Tercer Mundo?

    R. Hay países considerados sociedades capitalistas altamente desarrolladas que presentan similitudes preocupantes con los llamados países del Tercer Mundo. Más y más gente depende de recursos privados para vivir bien. Luego, los países del Tercer Mundo están bajo mucho estrés y en un proceso rápido de deterioro: la clase media y las burocracias han perdido la esperanza. La promesa de desarrollo parece haberse roto totalmente.

    P. Apunta que la falta de una alternativa al capitalismo produce una clase política interesada, un descenso de la participación electoral, más partidos y una inestabilidad persistente. Pero, tradicionalmente, la teoría política consideraba la baja participación como un síntoma de madurez en democracia.

    R. Bueno, sobre esto no había consenso, pero la teoría era que la gente estaba tan satisfecha que no iba a votar. Yo me fijo en tendencias, y en la OCDE hay un descenso en la participación que coincide con otras curvas como el aumento de la desigualdad, la congelación salarial o las reformas del Estado de bienestar. Cabría pensar que la gente insatisfecha irá a votar, pero no. Es algo asimétrico: quienes recurrentemente se abstienen son quienes están en la base de la distribución de la riqueza. Ahora, sin embargo, estos ciudadanos que habían renunciado a la política están volviendo. En todas partes vemos un ascenso de los llamados partidos populistas.

    P. ¿Qué implicaciones tiene esto?

    R. Esa curva empieza a subir, pero a costa de la estabilidad política y de los partidos del centro que están cayendo; hay una mayor dificultad para formar Gobiernos porque los nuevos partidos tienen que entrar en el sistema y los viejos no se fían. Los conflictos inherentes en las sociedades empiezan a ascender y a subir al sistema político, después de 20 años de ver cómo quedaban fuera del discurso político oficial.

    P. ¿Otras tendencias también cambian?

    R. Las económicas se refuerzan de tal manera que algo muy gordo tendría que pasar para que alteraran su curso. Es como si el sistema tuviera muchas enfermedades al mismo tiempo, cada una de las cuales podría tratarse y curarse, pero no todas al mismo tiempo. Por ejemplo, el dramático aumento de la desigualdad se refuerza con esta gente que dispone de una increíble cantidad de herramientas y recursos para defender su riqueza.

    P. La filantropía, especialmente en EE UU, es el mecanismo que muchos encuentran para compensar. ¿Qué opina?

    R. El motivo por el que la esfera pública no puede hacer ciertas cosas por sí misma es porque no puede cargar impositivamente a los ricos; entonces estos se gravan a sí mismos, por supuesto de manera menor, y lo combinan con una gran operación de relaciones públicas. Es algo humillante para las sociedades democráticas depender de la buena voluntad de unos pocos. Es como una refeudalización.

    P. ¿Qué piensa de la revolución tecnológica que promete otorgar más poder a la gente y plantea otro tipo de economías?

    R. Es un tema muy amplio. A finales de los setenta, cuando estudié la industria automovilística, vi los primeros robots entrando en fábricas. Pensamos que significaría muchísimo desempleo, y así ocurrió en EE UU y en Reino Unido, pero no en Alemania o Japón, donde se diversificaron los productos que necesitaban de una mano de obra muy sofisticada. Las industrias se expandieron a un ritmo tan fuerte que el efecto del ahorro de trabajo quedó anulado por el volumen.

    P. ¿Y ahora?

    R. Hoy tenemos un problema parecido con el auge de la inteligencia artificial, estas máquinas que pueden programarse a sí mismas e incluso crear otras. Esto ataca a la clase media, es decir, a la gente que ha trabajado duro en la escuela y en la universidad para tener un empleo. El estadounidense Randall Collins, por ejemplo, predice que para mediados de este siglo la inteligencia artificial habrá causado un nivel de desempleo de al menos un 50% entre la clase media en todas las sociedades.

    P. Se ha mostrado muy crítico con el euro y habla de un cambio en la estructura monetaria. ¿Una vuelta a las monedas nacionales?

    R. En esta vida no hay vuelta atrás, pero algún tipo de restauración de la soberanía monetaria en los países que están quedando atrás es inevitable. Debemos empezar a pensar seriamente en un sistema monetario de dos niveles. Es una elección entre cirugía sin anestesia o con algún sedante. Y si quieres hacer una vivisección en Grecia ves que no tienen suficiente poder para resistir y está a punto de convertirse en un país del Tercer Mundo.

    P. Escribe que el capitalismo no va a desaparecer por decreto, nadie va a salir a anunciar su caída, y habla más bien de una mutación.

    R. Mi hipótesis es que atravesaremos un largo periodo de transición, en el que no sabemos hacia dónde vamos. Es un mundo de incertidumbre, desorden, desorientación, en el que todo tipo de cosas pueden pasar en cualquier momento. Nadie sabe cómo salir del problema, solo vemos que crece. No se trata solo de las desigualdades y las finanzas haciendo cortes por todas partes, es que también afrontamos límites en términos de medio ambiente y políticas energéticas, así como el ataque de las periferias. Todo simultáneamente.

    P. ¿La desaparición del comunismo le está buscando la ruina al capitalismo, que ya no tiene competencia?

    R. Desde el siglo XIX existía la presunción de que el capitalismo era estabilizado por sus enemigos, que forzaban crisis transformativas. El capitalismo hoy es muy distinto del de entonces, pero lo que tienen en común es el maridaje de la promesa de progreso social con la interminable acumulación de capital capaz de crecer por sí mismo, sin límite. La unión de estas dos cosas, la promesa de progreso y la acumulación de capital en manos privadas, es la cuestión crítica: ¿cuánto puede durar? Podría decirse que la acumu­lación de más y más capital no puede ser descrita como progreso, toca un límite. Y si el dinamismo capitalista empieza a tocar techo, entonces llegamos a la crisis.

    P. ¿Qué diría hoy Max Weber?

    R. Diría: “Karl y yo teníamos razón”.Si nos fijamos en los orígenes de la sociología y la teoría social, se consideraba que sus trabajos eran antagónicos, pero hoy parecen extremadamente similares.

    Nota de Sam: Se ha comprobado inumerables veces que el Capitalismo es el unico Sistema capaz de autocorregirse resurgiendo de las crisis periodicas que lo han afectado a lo largo de los siglos. La Humanidad ha avanzado a pasos enormes gracias a la naturaleza del propio Sistema que pone la propiedad privada como premisa para su efectividad y premio al esfuerzo individual. Todos los otros sistemas han fracasado y cuando tienen una crisis se desintegran. Es por eso que a mi este señor no me convence del todo.

    • Hector L Ordonez 1 June 2016 at 11:36 pm Permalink

      En uuna democracia que el desempleo llegue al 5 % es imposible? Si es posible,con Bush llego cerca del 12
      % o se te olvido,mi amigo Ramos,se que tiene mala memoria o presume de eso,pero no te preocupes eso
      le pasa a muchas personas,si quieres un remedio toma Fitina,que es muy bueno para la memoria.

  4. menendag05 22 May 2016 at 7:29 pm Permalink

    Mi teoría:
    El capitalismo es una mierda, pero es la única mierda que funciona.
    Sin embargo, no cabe duda que sobre su presente y su futuro se ciernen amenazas y las teorías para prevenirlas y tratarlas, cuando se impongan, son múltiples y siempre muy vinculadas, de una parte a los dueños del capital y de otra a los obreros y clases medias, sin los cuales tampoco es viable el modelo.
    La preservación de la productividad individual, sujeta a estímulos proporcionales y justos, resulta imprescindible. El respeto y la conservación de los derechos inherentes a ampos componentes del binomio que estructura el sistema son condicionales intocables.
    La tolerancia mutua y la modulación de las ambiciones, por ambas partes, pero en particular por los dueños del gran capital, los más favorecidos en la bonanza y los menos perjudicados en la crisis debe regir, si en realidad se desea encontrar soluciones justas, desprovistas de sueños que no son viables y dotada de una recuperación sustancial de la capacidad del hombre, para entendiendo la sociedad como un sistema imprescindible, convierta la polarización de las ambiciones en un incremento de la solidaridad, el sentimiento humanitario y el respeto mutuo .

    Pericles

    • Ana 23 May 2016 at 6:57 pm Permalink

      Pericles tu erudito lenguaje se contradice con la 1ra oración, y luego hay un manejo de términos que enlazados entre si,que no dicen mucho aunque puedan parecer que si.

      • menendag05 24 May 2016 at 9:25 pm Permalink

        Respuesta:

        La frase inicial no se puede leer de manera literal. Es simplemente una forma irónica construida en leguaje vulgar de expresar con concreción un pensamiento o una definición que encierra una verdad irrebatible.
        Un modesto aficionado por lo regular resulta poco explícito a la hora de desentrañar tan complejas eventualidades. Se percibe la noción de que analizando la historia y la realidad presente se llega al núcleo de las mismas, siempre con la sensación de que es mas factible el diagnóstico que el tratamiento y solución del reto que imponen a la sociedad en su conjunto.
        Pericles

  5. Sergio Linietsky Rudnikas 23 May 2016 at 11:01 am Permalink

    Oyw Carlitos, esta No es Fria, ES Valirnte.Son 500 billones de Fundamentalists contra 100000 cubano, 3000 Rusia 300 gringos y El Zunico Sirio que QUEDA en Siria: Assad. Si, hay Drones y Bombarded. AL dia mueren 70000. ESO, no es Frio. Si car Assad, car Bibi, Libano, Jordanian, Palestine, Egipto y Espana…..UN Abrazo, Carlitos, te veo en Jaimanitas……

  6. Sam Ramos 23 May 2016 at 2:46 pm Permalink

    El colaboracionismo de España con regimen castrista es cada dia mas grande: Leer aqui:

    http://www.14ymedio.com/opinion/Relaciones-Espana-Cuba-derecho-pernada_0_2003799607.html

  7. Sam Ramos 23 May 2016 at 2:52 pm Permalink

    Mas de los gaitos tratando de adelantarsele a los Gringos:

    http://www.14ymedio.com/nacional/espanola-Sercotel-planea-expandirse-Cuba_0_2003799610.html

  8. menendag05 24 May 2016 at 9:59 pm Permalink

    Para Sam.

    Los intereses que motivan a los europeos y americanos tienen un denominador común. La inversión de sus capitales en un terreno que promete buenos dividendos. De allí, que el asunto de los derechos humanos y las normas democráticas, ocupen, como impedimento, tan solo un pequeño espacio, por cuanto presuponen, sustentándolo en su tradicional estrategia pragmática que los mismos irán haciéndose su propio espacio con el transcurso del tiempo . Creo que al Liborio común, también le motiva de manera priorizada la agilización de estos trámites que pueden contribuir de manera sustancial en su calidad de vida.
    Pericles


Leave a Reply