11 February 2017 ~ 24 Comentarios

La revolución de la honradez

Por Carlos Alberto Montaner

Parece que el siglo XXI no será el de otro socialismo trasnochado, como pretendían algunos descerebrados empedernidos, sino el de la honradez, compañera imprescindible de la democracia liberal.

Me explico.

Odebrecht es el nombre de la mayor compañía de construcción de América Latina y una de las más eficientes. Lo novedoso no es que pagara sobornos millonarios en toda América, una práctica endémica en nuestra cultura, sino que ese delito se convirtiera en un escándalo internacional y llevara a la cárcel a decenas de funcionarios corruptos y a los directivos que aportaban las coimas. Eso es rarísimo.

Lo extraño es que el ingeniero Marcelo Odebrecht, heredero y cabeza de una empresa brasileña con 167 000 trabajadores, que opera en 60 países, acabara tras la reja condenado a 19 años de cárcel por haber hecho negocios fraudulentos, muchos de ellos vinculados a las trampas cometidas en la asignación de los contratos de Petrobrás, el gigante petrolero de su país.

Odebrecht repartió dineroprofusamente “bajo la mesa”. En su país, en época de Lula da Siva y Dilma Rousseff, 349 millones. En la Venezuela de Chávez, 98. En la Argentina de los Kirchner, 35. En el Ecuador de Rafael Correa, 33 (más que los “socialistas del siglo XXI” son los peores pillos del siglo XXI). En Panamá, 59. En República Dominicana, 92, en Perú, 29. En Guatemala, 18. En Colombia 11 y en México algo más de 10.

El total es de casi 800 millones de dólares entregados en sobornos a cambio de miles de millones de dólares adjudicados a la compañía por medio de contratos amañados. Coimas por las que la empresa ha aceptado pagar una multa en Estados Unidos de 3500 millones, de los cuales casi un tercio corresponden a Braskem S.A., una enorme filial de Odebrecht dedicada a la petroquímica.

¿Por qué Marcelo Odebrecht y otros ejecutivos revelaron sus delitos? Porque hace unos años se aprobó una ley en Brasil que rebajaba las penas de los condenados si colaboraban con la justicia. No fue un súbito ataque de mala (o buena) conciencia, sino una maniobra legal para salir del infierno de las cárceles brasileñas.

De alguna manera, esta violenta sacudida ha venido en auxilio de la vapuleada democracia liberal. La idea de que todos somos iguales ante las leyes presupone que todos estamos obligados a cumplirlas, y no hay duda de que en las tres cuartas partes del planeta, incluida casi toda América Latina, ese principio no se respeta.

La impunidad con que los políticos electos o los funcionarios de más alto rango violan la ley y se convierten en millonarios, tiene al menos dos efectos devastadores en la ciudadanía. Por una punta, genera una atmósfera de cinismo total ante un método de gobierno que postula la sujeción a la ley, pero los políticos y funcionarios que lo administran practican lo contrario. Y por la otra, provoca la imitación en cascada de la corrupción. “¿Si mi jefe se enriquece ilegalmente con estos negocietes por qué yo no voy a hacer lo mismo?”.

Muchos funcionarios menores, tras las huellas del mal ejemplo de sus superiores, venden los trámites a su cargo: los burócratas cobran por gestionar asuntos que deberían ser gratis, o por agilizar pagos legítimos; los policías negocian las multas, revenden la cocaína confiscada o se colocan discretamente en las nóminas de las mafias, y así hasta el infinito.

¿Cómo extrañarse de que la mitad de la policía mexicana – 250 000 personas – fuera corrupta cuando la casi totalidad de la jerarquía política de ese país incurría en hechos parecidos, pero mucho más costosos, que afectaban a una sociedad desmoralizada que acaba pechando con el sobreprecio?

Hace años, el hermano de un notable político español acusado de un delito de tráfico de influencias se hizo famoso con una frase reveladora que obtuvo la benévola comprensión de la sociedad: “Qué pasa, ¿es que siempre van a robar los mismos?”, dijo. El problema más grave de que roben algunos impunemente es que acaba robando todo el que puede.

Uno de los mejores pensadores norteamericanos contemporáneos, Douglass North, muerto en el 2015, Premio Nobel de Economía (1983) por haber demostrado la relación entre el funcionamiento de las instituciones de Derecho y la prosperidad, en uno de sus últimos ensayos explicó que las naciones podían dividirse en dos grupos, uno de “acceso abierto”, relativamente pequeño, y el otro, mucho mayor, de “acceso limitado”.

Las de acceso abierto, encabezadas por Estados Unidos y seguidas paulatinamente por las 25 más exitosas, fundamentaban su funcionamiento y el éxito de los individuos en la meritocracia, el mercado y la sujeción a la ley. Las de acceso limitado, en los contactos personales y la violación de las reglas. De ahí las diferencias en los resultados entre unas y otras.

En las de acceso abierto, a la mayor parte de las personas no les molesta que Bill Gates o Warren Buffett se hayan hecho inmensamente ricos operando dentro de las normas, pero no toleran que un sujeto se beneficie de las ventajas del sistema y se enriquezca haciendo trampas. Esto no quiere decir que no haya bribones, sino que se les combate y desprecia.

En las de acceso limitado “quien tiene padrinos se bautiza”. En ellas se comete todo género de tropelías e inmundicias en medio de sociedades encharcadas en la corrupción y anestesiadas por la impunidad con que operan los “triunfadores” elegidos por el poder político, perpetuando el círculo vicioso de empresarios que se enriquecen comprando políticos y viceversa.

Esto es lo que está cambiando ante nuestros ojos. Muchas sociedades están mudando la piel y en medio de grandes escándalos pasan a trompicones del acceso limitado al abierto, espoleadas por jueces probos dispuestos a limpiar la sentina, caiga quien caiga.

La gran revolución del siglo XXI es la de la honradez. Poco a poco el relato y la práctica se irán acercando. Tomará cierto tiempo, pero sucederá. Ya está ocurriendo.

24 Responses to “La revolución de la honradez”

  1. Efraín Montero 11 February 2017 at 12:41 pm Permalink

    Revolución es “un cambio por lo general violento, en las socioeconómicas y políticas de una comunidad nacional”. Honradez es “la integridad en el obrar”. Muy mal estamos en Iberoamérica si en las democracias liberales, el actuar con honradez en los cargos públicos es algo “revolucionario”. Deprimente que toda América Latina sea igual, una gran cantidad de ladrones ocupan cargos con la intención de recibir la mayor cantidad de coima posible. Triste es que únicamente por las cantidades se diferencian. Políticos como los Kirchner en Argentina, Toledo y los Humala en Perú, Bachelet en Chile, Lula en Brasil son aventureros ladrones estafadores, profesionales del robo, que usan las trabas en contra de la libertad económica como la llave de sus corruptelas. El caso de las empresas brasileras señala que, en Iberoamérica, no se puede ganar la buena pro de una obra si no se aceita “por lo bajo” a una larga fila se sinvergüenzas.

    Grave es que las izquierdas marxistas, las que se proclaman como los únicos depositarios de la honradez y dueños de la moralidad, no lo sean ni por asomo. Sabemos que esta izquierda tiene un proyecto país totalitario, que jamás renunciaron al marxismo leninismo. Y que, como Fidel Castro o Hugo Chávez, planean no una mordida de unos cuantos millones como Alejandro Toledo: proyectan robarse el país entero, usarlo de conejillos de indias, experimentar en ellos sus ideas trasnochadas decimonónicas. Peor. Sabemos que estás “honradas” izquierdas fueron financiadas por la Unión Soviética durante la Guerra Fría, planearon asaltos al poder como guerrilleros desde La Habana, recibieron fondos de campaña desde la Venezuela de los chavistas y por un tiempo: de la Libia de Gadafi.

  2. Errel Rodericis 11 February 2017 at 4:11 pm Permalink

    CAM siempre conciso, preciso, concreto. Sin duda el único político e intelectual cubano liberal y ¿por que? libertario que entendería que la solución transicional inmediata hacia una nueva etapa republicana en Cuba implica una REDUCCIÓN PRONTA DEL ESTADO si queremos evitar que la corrupción nos lleve del vuelta no ya al totalitarismo pero sí al autoritarismo. La TOTAL LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS para evitar la violencia y la inevitable corrupción de las agencias policiacas; además de la desrregularización de producción y los servicios, son no nada más la clave para superar el atraso, sino para convertir a Cuba en último bastión del capitalismo vedadero (laissez-faire) en el mundo. Una nueva Constitución que defienda al individuo (propiedad).

    Es una lástima que Rafael Rojas y otros no quieran bailar esa conga.

    Por suerte, el movimiento libertario cubano crece cada día. Y aún cuando Montaner nunca alcance la presidencia, otro vendrá a levantar la bandera del liberalismo en Cuba, como él la de otros liberales convencidos, como el propio Martí.

    Saludos y bendiciones

  3. Ramiro Millan 12 February 2017 at 11:02 am Permalink

    La crucial importancia de la cultura para el progreso y desarrollo de los pueblos es harto evidente.
    Sin embargo, a diario vemos en cuanto medio de comunicación existe, que cada vez que se tratan las problemáticas que afectan al funcionamiento de las sociedades, dedican horas interminables a las políticas económicas, si deben ser inclinadas más a la izquierda o al centro o a la derecha, si el déficit fiscal debe disminuir o no, si el gasto público hay que bajarlo o incrementarlo o un larguísimo etcétera.
    En mucho menor medida, le dedican tiempo a cuestiones que se acercan al fondo del asunto cuando tratan los problemas institucionales, en políticas de seguridad, por ejemplo, es frecuente discutir si las instituciones de la justicia o de prevención de delitos funcionan o no con la eficiencia suficiente y si es necesario realizar cambios que muchas veces se ven archi necesarios.
    Pero de lo que nunca, jamás, le dedican un solo minuto es al verdadero “culpable” de cuántas miserias les ocurren a los pueblos subdesarrollados, me refiero obviamente a la cultura.
    Hay demasiadas evidencias como para afirmar que las políticas económicas son absolutamente SECUNDARIAS en el camino al desarrollo. Hay países exitosos con políticas liberales y abiertas con una gran impronta individualista mientras otros se dedican a reprimir todo lo que esté a su alcance los efectos del individualismo (USA en el primer caso y los países del bienestar en el segundo).
    O países que han avanzado enormemente con políticas proteccionistas y mercantilistas mientras para otros esto les ha significado su perdición.
    (Vale aclarar que las políticas económicas tienen sus límites a la hora de esperar resultados positivos y ese límite se llama comunismo y que cuanto más distribucionismo es posible llevar a cabo, menos posibilidades habrá de que pulsiones o instintos o pasiones que no toleran las desigualdades pongan en riesgo la estabilidad política a través de continuos e interminables reclamos de “reinvindicaciones” sociales).
    Las instituciones, que duda cabe, son fundamentales y de su eficiente funcionamiento depende que un país sea organizado o no.
    La historia da cientos de ejemplos dónde es posible aseverar de que cada vez que un pueblo logró elevados niveles de organización social, sea a través de gobiernos autocráticos o dictatoriales o democráticos o el sistema político que sea, el progreso fue una regla, mientras que toda vez que pasaban por períodos de inestabilidad política, las desgracias eran una constante (entre ellas la de ser sometidos por otros pueblos).
    Vale la pena aclarar en este punto que el sistema organizativo superior en la actualidad pasa por las democracias y las que aún se basan en sistemas dictatoriales, llevan desventajas que tarde o temprano se mostrarán, salvo que logren avanzar culturalmente lo suficiente como para pasar al estadío de los auto gobiernos ciudadanos.
    El caso de China hoy es paradigmático, importante nivel de organización política que le permite avanzar, pero basado en sistemas ya superados.
    Pero, si bien es importante el tratamiento de la institucionalidad, los medios masivos de comunicación, jamás avanzan al nudo de la cuestión, la cultura. Cultura que si no es la adecuada, las instituciones por más geniales sean sus principios y estructuras, nunca serán efectivas (hecha la ley, hecha la trampa)
    Llegado a este punto, quiero resaltar lo que me parece fundamental, elemental, crucial o cuanto sinónimo se ocurra, el trato a través de los medios de comunicación masivos, de la cuestión CULTURAL.
    Porqué los cambios culturales son extremadamente difíciles de producirse y si hay algo de lo que el avance tecnológico ha mostrado, es que permite reducir drásticamente los tiempos.
    Tal vez, sólo tal vez, la difusión masiva de ésta cuestión pueda producir los cambios necesarios en el menor tiempo posible.
    Otra opción no creo que exista para evitar que sea el azar la que decida si los cambios se producirán o no.
    Si será el azar, habrá que resignarse a un brutal escepticismo.
    Permítanme agregar que como bien lo menciona Ana, no es prioritario de una cultura en particular el alcance de los propósitos que requieren el desarrollo, la cultura japonesa definitivamente no es la misma que la alemana. Es importante resaltar ésto porque implica que no es necesario cambiar toda una cultura, sino simplemente los aspectos conductuales más relevantes para la organización social, básicamente se trata de modificar las conductas y costumbres que intervienen en la predisposición o no al cumplimiento de las normas, reglas y leyes.
    Con ello seguramente es suficiente.
    Si las grandes mayorías cumplen las normas, la responsabilidad civil y la capacidad de ejercer control ciudadano vendrán necesariamente acompañados.
    Con estos elementos, las instituciones (aunque sean necesarias cambiarlas las veces sean necesarias) serán eficientes. No hay dudas hoy que con INSTITUCIONES eficientes, todo es muchísimo más fácil.
    Si bien el Sr Montaner, pone este tema en los medios, es evidente que él y los pocos que lo acompañan no alcanzan y están lejos de hacerlo.
    En fin…..
    Tal vez, lentamente se vaya imponiendo el tratamiento de la cultura.
    De nosotros depende.

    • Manuel 13 February 2017 at 12:48 am Permalink

      Justo al final se desmorona la estructura de todo su escrito cdo dice
      “Si las grandes mayorías cumplen las normas, la responsabilidad civil y la capacidad de ejercer control ciudadano vendrán necesariamente acompañados.”
      Señor, la historia ha demostrado que grandes mayorías seguirán alineándose en todas partes para subvertir el poder, que es lo que entienden, o les dejan como único médio, de como cambiar (mejorar) un estado de cosas.
      Qué ha aprendido ud. de revoluciones? Qué sabe de Martí, Maceo, Gomez, Gandi, Ho, Lenin, Che, Fidel, Hitler, Stalin, Putin, Chavez, Mao, Luther King,…?
      La gente va a seguir votando por los revolucionarios en todas partes le guste o no. La gente adora a Trump, Jobs, Robin Hood y al Zorro. La gente consume las historias de héroes q quieren tocer todas las creencias y normas y leyes y salvarnos de tanta basura. La gente seguirá apostando a las revoluciones le guste a ud., a los Bushes, a los Clintons, a Montaner, …. o no. Esta es una cultura. La del cambio, la de darle un vuelco a todo a ver si mejoramos. La otra cultura, la que tan bonitos frutos da a los 40 más organizados está en veremos, quizá ciega torpe testaruda a que un mundo mejor esosible o seguirá habiendo guerras.

      • Manuel 13 February 2017 at 1:17 am Permalink

        Gandhi

      • Ramiro Millan 13 February 2017 at 11:52 am Permalink

        Sr Manuel, creo que ud confunde cultura con naturaleza humana.
        Naturaleza humana expresada a través de instintos, pulsiones o pasiones o como quieran llamarlas.
        Permitame explicarme.
        Cultura, desde una concepción sociológica, se entiende como las costumbres, hábitos, conductas, etc, características de un determinado pueblo.
        Y no creo existan dudas sobre las diferencias culturales entre distintos pueblos.
        Siguiendo con la idea expresada en mi comentario, sin dudas, la cultura del pueblo somalí o afgano o vietnamita es definitivamente diferente a la cultura de los neozelandeses o daneses.
        Como tampoco tengo dudas que las culturas de estos últimos son mil veces más aptos para auto organizarse eficientemente.
        Con las mismas instituciones y con igual política económica en Somalia y Noruega, por ejemplo, los resultados serán siempre totalmente diferentes.
        Exitosos en Noruega y seguramente un fracaso en Somalia.
        Cuando ud hace referencia a las revoluciones y los revolucionarios, siempre presentes en todos los pueblos, con más o menos ímpetu en unos que en otros, se refiere a la tensión constante a las que nos someten nuestras pasiones.
        Especialmente una que no tolera diferencias sociales muy marcadas.
        Si presta atención, en mi comentario entre paréntesis, aclaro que a la hora de utilizar políticas económicas, el límite siempre debe ser el comunismo pero si es posible optar por aquellas que más chances tienen de evitar desigualdades sociales severas, tanto mejor.
        Mejor porque disminuye las posibilidades de enfrentar conflictos sociales por pedidos reiterados de reinvindicaciones sociales movidas por pasiones, justas o no, que hacen difícil mantener un orden político adecuado.
        Son éstas reinvindicaciones sociales que provocan muchas veces conflictos inacabables, conflictos que muchas veces terminan en “revoluciones”.
        Mao, Stalin, el che, Fidel, Gandhi y tantos otros no son más que consecuencias de fenómenos sociales y políticos derivados de este mecanismo dirigido y estimulado por pasiones y apoyados en la “razón” aportando las “excusas necesarias” (reitero, justas o no).
        Finalmente, como ud incluye en la misma “bolsa” a los países desarrollados y las injusticias a los que ellos también están expuestos, creo firmemente que se debe a la inevitabilidad del capitalismo.
        El homo sapiens aún (dudo alguna vez lo logre) no puede prescindir del capitalismo como medio para organizarse y producir los bienes que necesita con la mayor eficiencia y mínima conflictividad posible.
        Pero tampoco se puede olvidar que el capitalismo no es otra cosa que el dominio de pulsiones expresadas (entre otras formas) a través de la ambición y la codicia.
        Ante esta realidad, esperar la ausencia de conflictos e injusticias es imposible.
        Con solo mencionar la lucha por la supremacía entre las naciones con disposición de armamento nuclear capaz de destruir 100 veces el planeta o la, hasta ahora, inevitable destrucción del medio ambiente con 6.000 millones de habitantes adentro o los abusos codiciosos de los poderosos a pueblos atrasados una y otra vez, es suficiente para comprender que las injusticias seguirán acompañando nuestro recorrido a través del tiempo por siglos probablemente.
        Tal vez, sólo tal vez, si alguna vez el “ser humano” logra controlar y dominar las pasiones o INSTINTOS del “homo sapiens” sin generar degeneraciones como las producidas por el comunismo cuando lo intentó (o lo intenta), podremos disfrutar de un mundo justo.
        Mientras esto no suceda, seguiremos viendo individuos que pagan hasta decenas de millones de dólares por un famoso calzón de una prostituta mientras millones de pibes mueren de hambre.
        Siempre recuerdo que nadie es el dueño de la verdad.
        Tengalo en cuenta cuando lee mis comentarios.

        • Manuel 13 February 2017 at 9:04 pm Permalink

          las costumbres, hábitos, conductas, son algo relativamente mucho menos importantes que la torpeza con la que las personas de poder toman decisiones y organizan aspectos Sí muy importantes: la educación en cada escuela, la falta de acceso a informacion de calidad, la falta de acceso a servicios de salud de calidad y el fomento de todo lo contrario tienen un efecto potenciador de todos esos aspectos culturales negativos.
          La falta de libertad de empresa, de democracia, etc. generan como ud. dice muchas tenciones que en definitiva bienen a ser más importantes a nivel global que la cultura. Ud pone el acento en el papel de la cultura, yo veo otros aspectos como mucho más importantes: las tristes decisiones geopolíticas, ideológicas, mediocres que a la vuelta de dos o tres generaciones nos han hundido aún más en el atraso y han profundizado aquellos aspectos más indeseables de nuestras culturas, haciendo entonces más dificil lograr algún avance.
          Ejemplos hay de que se puede romper este círculo de atraso y de que una nueva cultura termina sustituyendo a aquella que en un inicio era obstáculo y luego solo rasgos o mayormente historia o relegada a grupos sociales q se han resistido a evolucionar o la evolucion los dejó a un lado y no supo arrastrarlos, involucrarlos y ahí siguen anclados fotos del ayer.
          Dejemos de creer en mitos, la realidad es más ricA y compleja. Y otro mundo es posible. Siempre ha sido posible.

          • Ramiro Millan 14 February 2017 at 12:18 pm Permalink

            Sr Manuel, es probable que haya muchas ideas en las que coincidamos.
            Permitame explicarme.
            Ud alega que el atraso no depende tanto de la cultura cómo de aspectos mucho más importantes como la libertad de empresa, democracia y más adelante hace mención a las ideologías a las que se recurren equivocadamente.
            Pues soy un convencido de que el atraso de los países subdesarrollados se debe a dos causas claves.
            Una es la CULTURA, tema del que ya deben estar hartos de leer en mis comentarios.
            Y la otra causa tan importante como ésta es la IDEOLOGÍA predominante (punto dónde probablemente encontremos coincidencia).
            Me explico, soy un convencido de que las decisiones más importantes que hacen al comportamiento social del homo sapiens, no las toma la razón libre de influencias de las pasiones o instintos, sino aquella razón que se encarga de elaborar elucubraciones que satisfaga los deseos subconscientes de nuestros impulsos o instintos.
            Este primitivo mecanismo pasional no tolera las diferencias sociales, busca que el individuo reaccione ante la desventaja (cómo también en la otra cara de la misma moneda, busca que superemos al otro, principio fundacional del capitalismo dicho sea de paso) y la consecuencia inevitable de este fenómeno es la siempre prevalente ideología que promete distribuir los recursos mediante la “expoliación” de aquellos que logran ventajas.
            En todos los países con grandes desigualdades, los ídolos políticos provienen siempre desde este espectro ideológico.
            No hay duda alguna.
            La consecuencia inevitable es la prevalencia de partidos políticos y políticos que prometiendo todas las ‘bondades” socialistas, ganan una y otra vez las elecciones.
            Y las políticas de izquierda en los países subdesarrollados siempre terminan en POPULISMOS (por factores culturales).
            Si se pudiera utilizar políticas liberales y abiertas con apoyo popular, dónde la participación ciudadana se reduce a un mínimo en la implementación de las políticas (con lo que se reduce también a un mínimo posible los factores culturales negativos típicos de los subdesarrollados) el éxito seguramente sería una realidad.
            De hecho, si se examina en profundidad la historia económica de Latinoamérica, se puede apreciar que los únicos períodos donde los países avanzan, son aquellos donde la libertad económica es la política utilizada.
            Pero también es muy claro ver que estas políticas solamente pueden ser utilizadas ante el hartazgo de la decadencia y la corrupción generalizada en las que cada período socialista (populista) deja sumido al país.
            Pero lamentablemente las multitudes solamente toleran las ideas liberales durante un corto tiempo y ante la desesperación por salir de graves crisis recurrentes.
            Una vez superada la crisis, siempre vuelve un Cháves o un Perón o un Correa o hasta un Fidel.
            Así, el famoso círculo vicioso latinoamericano reinicia el ciclo.
            En definitiva, o cambiamos nuestra CULTURA O cambiamos nuestra IDEOLOGÍA predominante.
            Las dos opciones son extraordinariamente difíciles de producirse.
            Porque las dos escapan al control de la razón y su voluntad.

  4. eusebio 12 February 2017 at 11:15 am Permalink

    Si el asunto es cultural, tal parece que otras culturas estan gravitando sobre la sociedad de Canada. En los ultimos años varios primer ministers y otros politicos han estado envueltos en escandalos de corrupcion; Preparan un juicio, unas cuantas lagrimas y palabras de arrepentimiento y ya esta; En las sociedades del primer mundo tambien se roba, lo que a diferencia del tercer mundo, se hace con guantes blancos. Los gringos tienen una frase magica para el perdon, el borron y cuenta nueva: I AM SO SORRY!!!! Y se San Acabo!!!!
    Ningun politico canadiense ha sido encarcelado por corrupcion y si un infeliz se roba en una tienda un chocolate, ahi mismo se acabo el mundo.
    El primer ministro Brian Mulroney estuvo implicado en un plan de retrocesos para comprar aviones de Airbus para Air Canada, se embolsillo unos milloncitos y no paso nada. Otro prime minister, Jean Chretien a fines de los años 80 envuelto en el escandalo de Shawinigate, se embolsillo unos cuantos billetes y no paso nada, alego que no se acordaba muy bien como habian sido las cosas, en el 2012 los senadores Mike Duffy, Mac Harb, Pamela Wallin, Patrick Brazeau y otros reclamaron gastos de viaje y vivienda del Senado por los que no eran elegibles, se embolsillaron unos cuantos billeticos y tampoco paso nadita y recientemente una investigación sobre el primer ministro Justin Trudeau que implica vacaciones de la Navidad a una isla en las Bahamas poseída por el Aga Khan parece que no tiene importancia.Estos son solo unos ejemplos.
    La pregunta ha hacerse en cualquier latitud seria: Por que las personas se vuelven politicos? Porque la politica da poder y como dijera Lenin, cualquier cosa es insensata menos el poder, con el poder se puede todo, incluyendo robar sin ser questionado. Ingenuo quien piense que en ciertas latitudes o culturas los politicos no roban.

    CAM, olvidastes enlistar cuanto dineroprofusamente repartió “bajo la mesa” Odebrecht a Raulito Castro en la construccion del Puerto del Mariel en la epoca de Dilma.

  5. Julian Perez 13 February 2017 at 3:37 am Permalink

    Primera vez que veo un artículo de Montaner tan lleno de wishful thinking. El no acostumbra ser tan optimista basado en una justificación tan endeble.

    Quizás sean los tiempos en que vivimos, tan poco propicios al optimismo. Quizás sea como eso de ¨dime algo bueno, aunque sea mentira¨.

    Lo puedo entender.

    • Ramiro Millan 13 February 2017 at 12:29 pm Permalink

      Amigo Manuel, coincido en cada palabra.
      Pensé exactamente lo mismo. Demasiado optimismo al ver que el ahora presidente de Brasil es tan o más sospechado de corrupto que el mismo Lula o Dilma.

      • Manuel 15 February 2017 at 8:11 am Permalink

        exactamente, ni un lado ni el otro puede safarse se tanta tentación.
        La gente seguirá buscando al mesias salvador y en esa adamos.
        Esta frase suya por tanto no tiene nongún sentido:

        Una vez superada la crisis, siempre vuelve un Cháves o un Perón o un Correa o hasta un Fidel.
        Así, el famoso círculo vicioso latinoamericano reinicia el ciclo.

        Esos personajes aparecen en medio de las crisis y movimientos que saben capitalizar muy bien. Lo que hace falta es un grupo con ganas de hacer y que sepa hacer. Esto es lo que no hemos tenido todavía. Esto es lo que por ejemplo lo cubanos hemos creído que era Martí y su pandilla y es por ello no podemos dejar de pensar a Martí. El sueño truncado por 122 años. El imposible, el que nos alienta a los que así lo vemos que te aseguro no somos muchos pero que no nos cansaremos de esperar y demandar un gobierno mejor, empezando por barrer este ostracismo que nos mantiene congelados y pobres.

        • Julian Perez 15 February 2017 at 8:22 am Permalink

          >>Así, el famoso círculo vicioso latinoamericano reinicia el ciclo.

          No solamente latinoamericano 🙁 Ha llegado a donde no parecía que pudiera llegar. Veamos cuan poderosos resultan ser los checks and balances.

  6. eusebio 13 February 2017 at 8:51 am Permalink

    Si el asunto es cultural, tal parece que otras culturas estan gravitando sobre la sociedad de Canada. En los ultimos años varios primer ministers y otros politicos han estado envueltos en escandalos de corrupcion; Preparan un juicio, unas cuantas lagrimas y palabras de arrepentimiento y ya esta; En las sociedades del primer mundo tambien se roba, lo que a diferencia del tercer mundo, se hace con guantes blancos. Los gringos tienen una frase magica para el perdon, el borron y cuenta nueva: I AM SO SORRY!!!! Y se San Acabo!!!!
    Ningun politico canadiense ha sido encarcelado por corrupcion y si un infeliz se roba en una tienda un chocolate, ahi mismo se acabo el mundo.
    El primer ministro Brian Mulroney estuvo implicado en un plan de retrocesos para comprar aviones de Airbus para Air Canada, se embolsillo unos milloncitos y no paso nada. Otro prime minister, Jean Chretien a fines de los años 80 envuelto en el escandalo de Shawinigate, se embolsillo unos cuantos billetes y no paso nada, alego que no se acordaba muy bien como habian sido las cosas, en el 2012 los senadores Mike Duffy, Mac Harb, Pamela Wallin, Patrick Brazeau y otros reclamaron gastos de viaje y vivienda del Senado por los que no eran elegibles, se embolsillaron unos cuantos billeticos y tampoco paso nadita y recientemente una investigación sobre el primer ministro Justin Trudeau que implica vacaciones de la Navidad a una isla en las Bahamas poseída por el Aga Khan parece que no tiene importancia.Estos son solo unos ejemplos.
    La pregunta ha hacerse en cualquier latitud seria: Por que las personas se vuelven politicos? Porque la politica da poder y como dijera Lenin, cualquier cosa es insensata menos el poder, con el poder se puede todo, incluyendo robar sin ser questionado. Ingenuo quien piense que en ciertas latitudes o culturas los politicos no roban.
    CAM, olvidastes enlistar cuanto dineroprofusamente repartió “bajo la mesa” Odebrecht a Raulito Castro en la construccion del Puerto del Mariel en la epoca de Dilma.

  7. Ramiro Millan 13 February 2017 at 12:32 pm Permalink

    Perdón, quise escribir Julián.


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