12 January 2012 ~ 8 Comentarios

La tozudez de la esperanza

por Arturo González Dorado

(otroLunes) Raúl Castro acaba de hablar en la farsa de asamblea que se reúne en Cuba dos veces al año para dar loas y aprobar sin rechistar las ordenes de los amos de la nación.

La única medida que podía haber indicado una real apertura, la única que podría haber dado una señal de que ciertamente se pretende palear el sufrimiento atroz de los cubanos, la reforma migratoria, brilló por su ausencia.

El totalitarismo es el mal, lo he dicho en otra ocasión, es el mal extremo, y ese mal es una opción básica ante el hecho de ser humanos. Es una elección, que en última instancia se asume a plena conciencia. Raúl Castro, y los que con él continúan destruyendo a nuestro país, han dejado otra vez claramente expresado que no han cambiado en nada, que lo único que merecen es ser barridos de la historia, como lo fueron los nazis, y que la única opción que ofrecen a su país es la continuación del desastre.

El año que finaliza, el año de las reformas “raulistas”, de la “actualización del modelo económico”, es otro número más en la monotonía decadente del comunismo cubano, del fracaso sin paliativos.

No hubo Navidades en Cuba, no hay esperanza. El anuncio que marca el momento más importante en la tradición del mundo occidental, el hijo de Dios se hizo hombre y vino a decirnos la buena nueva del amor, de que el Reino de los Cielos está en vosotros, ha quedado durante cincuenta años mancillado, destruido, olvidado en Cuba.

La nación se queda sin fuerzas, el desastre moral, económico, social y espiritual sigue su curso inexorable, casi como una tragedia griega, con la diferencia que la fealdad del comunismo no permite darle tintes heroicos o estéticos, es simplemente la grisura, la decadencia, la vulgaridad y el encanallamiento sostenido.

Las únicas luces que brillaron el año que justo termina son las de los valientes que tratan dando la última medida de su humanidad de que el panorama de la mentira y la decadencia no sea absoluto.

Aislados en un mar de indolencia y vulgarización, de desaliento y rispidez creciente, de propaganda asquerosa, porque la propaganda y la manipulación en Cuba continúan exactamente igual que siempre, los disidentes, los blogueros y opositores cargan con el poco honor que le queda a la nación cubana.

La muerte de Laura Pollan fue otro vacío, otra carencia difícil de llenar, otra señal de esa oscura maldición que marca nuestro destino. Los últimos meses han sido de una represión sostenida contra quienes osan disentir. Cierto que en otro nivel, ya no los fusilan, ya no necesitan hacerlo, ya no los envían a podrirse 30 años en el horror de la prisiones políticas cubanas, ahora se ensañan en el desgaste incisivo, meticuloso, constante. Golpizas, detenciones cortas, acoso incesante hasta que se cansen, porque confían, y con razón, que es prácticamente imposible sostener semejante presión sin que las consecuencias físicas y mentales se hagan sentir. Porque el control sigue siendo absoluto, y porque la mayoría de los cubanos en la isla de una forma u otra están encerrados en la trampa que los hace ser cómplices del mal, del comunismo.

Unos días atrás la delegación cubana votó en las Naciones Unidas en contra de una resolución de condena a esa pesadilla orweliana que es Corea del Norte, y no contentos con eso, no contentos con seguir empecinados en aliarse con cuanta barbaridad pueda existir en el mundo, siempre y cuanto sea enemiga de los EUA y de las democracias occidentales, las autoridades cubanas decretaron tres días de duelo oficial en honor a uno de los monstruos más perversos que ha conocido la humanidad, “el querido líder” Kin Jong Ill.

Esto desafía la inteligencia humana y cae de lleno en lo que decía antes, la elección del mal.

Defender a Corea del Norte, homenajear a los peores criminales del mundo actual, no es una revelación de intereses políticos tan solo, sino de comunidad de creencias. Es claro, la esencia totalitaria está intacta y no la van a cambiar, no son capaces de cambiarla.

Pero el mal peor a que nos enfrentamos en Cuba es la desesperanza. La debilidad del sistema para ofertar prosperidad, esperanza y futuro, arrastra consigo a la nación en pleno. Las agonías son la etapa más difícil de la muerte, y a veces se convierte en una especie de vida de zombi, en un limbo donde se está fuera del tiempo, donde las transformaciones sólo reciclan el mismo fracaso y desaliento.

No hay proyectos viables y realistas, con suficiente poder para ser una alternativa, fuera del sistema; los esfuerzos loables de los disidentes no son alternativa real de fuerza, y por desgracia el exilio de alguna forma está dentro de la misma dinámica que crea el totalitarismo como una trampa fatal, a la espera, sin una propuesta factible y capaz de movilizar a la nación.

La respuesta de los seres humanos a la decadencia a menudo suele ser más decadencia, las enfermedades sociales corroen desde dentro, y el retorcimiento de los valores, de la vida de la sociedad cubana es como un cáncer que sigue creciendo y envuelve, mancha, hace que los que están sufriéndolo no sean capaces de encontrar las forma de extirparlo por sí mismos.

No es sólo el miedo que ciertamente penetra profundamente en la sociedad cubana. No, quienes se lanzan a una emigración incierta, quienes se están arriesgando a ser encarcelados por vivir fuera de la ley, porque en Cuba es casi imposible vivir dentro de la ley, seguramente tienen miedo, pero ven un sentido en ello. El problema mayor de la nación cubana es justo eso, el sentido, la ausencia de proyecto colectivo, de una meta adonde mirar.

Sin ella lo único que queda es la sobrevivencia más mezquina, eso que podemos llamar la mentalidad del bandolero, del canalla, la sordidez y la vulgaridad, o el cansancio abrumador que mata los deseos de vivir, esperar, creer, y que convierte el absurdo en lo normal.

Del mismo modo que vivir en un asilo de lunáticos puede terminar por enloquecer a una persona sana, y hacerle pensar que la demencia es natural, la vida dentro de un totalitarismo en decadencia aliena hasta niveles inimaginables, porque es lo único que rodea, porque no se ven las alternativas.

Y aquí está el reto, el mayor reto que tienen los cubanos que aún creen que vale la pena hacer algo por su país: dar sentido, dar esperanzas, romper el lenguaje y la mentalidad del comunismo.
Porque el comunismo, y esa palabra no debe olvidarse con eufemismos, como se hace en la mayoría de los análisis sobre Cuba, el comunismo ha sido siempre una forma bestial de dictadura. Los grados de la represión ciertamente varían, en Cuba nunca fueron como en otras latitudes y afortunadamente ahora no vemos la brutalidad de años atrás, por muchas razones, y la más importante porque no es necesaria. Pero este lenguaje del comunismo, aun cuando este vaciado de contenido, ya ha permeado como el único habitual para la mayoría.

Por ello es menester no seguir el juego de esa dinámica del mal, no caer en el discurso del totalitarismo, aunque sea por rechazo, por hablar lo mismo desde el otro lado. Por ello la idea macabra de que la situación de Cuba sólo puede ser resuelta por los cubanos, lo que implícitamente quiere decir por los cubanos dentro de Cuba, sin apoyo externo, es otra de las trampas que el lenguaje totalitario ha creado.

No, la solución cubana es de todos los cubanos que aún tienen algo de dignidad, los de fuera y de dentro, y más los de fuera por el simple hecho de que escapar de la locura permite recuperar la sanidad, ver la realidad sin los prismas retorcidos de una sociedad comunista. Y es también un asunto de todos los que aman la libertad donde quiera que se esté.

Es menester que esto se tenga en cuenta para devolver el sentido al futuro nacional. Es imperioso tener claro que no habrá cambios si no se exigen, si no se recuerda que los derechos no se mendigan, se conquistan; si no se actúa en conjunto, si no está el exilio cubano ahí, con sus hermanos en Cuba; si no se logra involucrar a la comunidad internacional en nuestra ayuda.

Pedir auxilio en la enfermedad no es bochornoso, es racional. Unirse frente al desastre es la única opción viable ante la atomización del mero individuo en un mundo hostil, y luego, si se logra escapar, ante el aislamiento del emigrado, ante la desoladora realidad de la perdida del país, del lugar al cual se pertenece de modo natural.

Por ello el que el exilio cubano no haya logrado presentar una plataforma de unidad, un frente común con las bases mínimas para un cambio en Cuba, no es sólo una consecuencia más del desastre del totalitarismo, sino un fracaso sin justificación.

Se puede entender a los disidentes dentro de Cuba, acosados, penetrados, aislados, porque no logran unirse más; pero no se justifica que a estas alturas no haya entre los cubanos del exilio algo como una coordinadora, un frente unido para los cambios en Cuba.

Acabamos de ver las revoluciones árabes, ellas son una esperanza pero son también una vergüenza nacional. Si ahora los sirios están muriendo en las calles aplastados por otro canalla amigo de los nuestros, si lograron organizarse en el exterior, superar sus diferencias para enfrentarse al enemigo común, lo único que nos queda a nosotros frente a nuestra incapacidad de hacerlo en condiciones infinitamente más ventajosas, es una palabra, vergüenza.

No, no cambiarán si no se les obliga; no, lo que hacen es sólo tratar de sobrevivir, de racionalizar el absurdo que se llama comunismo, y lo pueden lograr, pueden prolongar la agonía durante mucho tiempo más. Pueden morir los líderes históricos y continuar lo mismo con otro rostro. Puede aparecer el petróleo y tener dinero e influencias para prolongarse por un tiempo indefinido; pueden encontrar nuevos aliados, pueden sobrevivir en medio del desastre.

Por tanto, basta de criticar y denunciar, basta de esperar dádivas de un sistema que sólo quiere perpetuarse en el poder, y que tiene posibilidades ciertas de hacerlo, o de transformarse sin que en lo esencial se vea un futuro mejor para Cuba. Basta de justificar la mediocridad y la desidia y las propias incapacidades con soporíficos y paliativos. No hay que pedir concesiones, continuar pasivamente a la espera como cobardes, como perdedores; hay que exigir, pero no se puede exigir sólo con artículos en periódicos a menudo de segunda línea, con ilusiones o con quejas que recuerdan a viejecitas plañideras; no, hay que unirse, hay que recuperar algo que parece muerto excepto en los héroes que dentro de Cuba se enfrentan al sistema, el espíritu de dignidad y grandeza de los cubanos. Hay que de nuevo recordar esa palabra, cubanos, y preguntarse, ¿qué estamos haciendo, qué nos pasa, acaso estamos muertos, acaso nos hemos rendidos, acaso ya nos hemos convertido en meros guiñapos sin fuerzas para creer, sin capacidad de sacrificio, hemos olvidado que sin patria no hay vida, sin nación, sin futuro no somos más que los fracasados de la historia?

La ayuda internacional es vital de cierto, pero no se acude en socorro de los fracasados, se ayuda a los que luchan, a los que mantienen viva la pasión y el ideal, a los que resistiendo convierten la ayuda en solidaridad, en obligación moral y no en mera caridad.

La falta de pasión, la falta de ideales nos lastra, porque los análisis que despejan el camino son imprescindibles, pero nadie vive ni muere por análisis, sino por ideales, y los ideales no se basan en meros cálculos, sino en algo mucho más esencial, en la más íntima naturaleza de ser humanos, en lo que sustenta la esperanza.

La esperanza es un rostro de la fe, y la fe es justo la creencia de que más allá de lo previsible algo aguarda, algo mueve. Esa fe tiene que recuperarse, tiene que sostenerse, tiene que proyectarse, y a la vez, tiene que apoyarse en el mayor realismo. La esperanza no es la espera pasiva, es la acción donde la espera se hace realidad posible. El sueño del ideal no es la espera rumiante, es la fuerza que guía la acción.

Por tanto, no es pedir al gobierno norteamericano que limite los viajes de sus ciudadanos a Cuba, es exigirle al gobierno norteamericano que haga todo lo que esté a su alcance porque los cubanos puedan viajar libremente; no es cerrar, sino exigir que se abra. No es esperar por una nueva administración para que cambien las políticas, sino obligar a quienes estén el poder a que nos oigan. No es ir suplicantes a los países de la Unión Europea a mendigarles ayudas, dádivas de menesterosos, es enfrentarlos a su propia razón de ser como naciones libres, dejarles claro que el apoyo a una dictadura es inmoral, y a la larga contraproducente. No es quejarnos de que la prensa internacional no reporte sobre Cuba, y que muchos gobiernos y personas le continúan haciendo el juego al comunismo cubano, es usar nuestro poder e influencias para que tengan que oírnos, para imponernos, para triunfar.

No es encerrarse en el gueto de Miami, viviendo de ilusiones que son otra cara de las ilusiones de quienes esperan que el gobierno cubano haga al fin viable el socialismo, sino abrirse a la realidad en que vivimos, enfrentarla con valor y actuar desde ella para movilizarnos y movilizar al mundo. No es esperar la mítica insurrección de los cubanos dentro de la isla desde la comodidad del exiliado, que no va a pasar al menos por el momento, sino hacer que esos cubanos sientan y crean que pueden cambiar las cosas, que escapar o corromperse en una sobrevivencia de pesadilla no es lo único que les queda en su propio país; no es negándose a la realidad edulcorándola u ocultándola, sino asumiéndola, y haciéndola cambiar.

No es tampoco aferrarse a discursos que ya no dicen, sino abrir el discurso a lo que realmente pueda mover y regenerar, dar de nuevo palabra al ideal, a sabiendas de que el ideal, el sueño, es la guía, pero no puede ser el soporífico escudo ante el fracaso y la incapacidad de lograr que las cosas cambien realmente.

Depende pues de nosotros romper definitivamente el manto del odio, de la división, de la mezquindad y la cobardía peor de todas, no la de tener miedo, sino la de ser incapaz de pensar y vivir por los demás, de transformar el miedo y el cansancio en acción. Depende de los cubanos salir de una vez por todas a exigir que se les devuelva su nación, probar que el espíritu de grandeza no ha muerto en nosotros, ser capaces de alzarnos sobre la bajeza y la decadencia, la cobardía y la pequeñez, y con rabia, con pasión, con amor, recuperar el país que nos han robado.

No puede ser que no seamos capaces de cambiar las cosas, no puede ser que el espíritu del Apóstol no nos ilumine más; no puede ser que una de las comunidades más prosperas de los EUA no pueda lograr lo que un hombre, José Martí, hizo más de un siglo atrás, sin dinero, sin negocios, sin Internet, sin el apoyo de gobiernos, sólo con la absoluta fuerza del espíritu; no puede ser más difícil ahora de lo que lo fue entonces, sólo hace falta que de nuevo resuene en el alma de los cubanos esa voz tozuda de la esperanza, y que podamos volvernos a la creencia, romper el hechizo del mal, y decir, vamos cubanos, vamos a recordar lo que la palabra cubanos significa, vamos a ganar.

8 Responses to “La tozudez de la esperanza”

  1. Eduardo Mesa 12 January 2012 at 6:54 pm Permalink

    Creo que este texto merece toda atencion y reflexion. Su lectura es gratificante porque esta escrito sin amargura, porque esta escrito con ESPERANZA.

  2. ricardo aguilar 20 January 2012 at 3:04 am Permalink

    me ha dejado sin aliento. no me esperaba de Montaner semejantes palabras. el mundo al que empezábamos a acostumbrarnos con algo de asco y fatiga deviene otra vez impredecible y todo puede pasar.no soy cubano pero me adhiero a su causa, le deseo suerte y me alegro de que se haya decidido a lo inevitable: pelear de frente y sin ambages contra esa bazofía histórica, inexcusable, llamada castrismo.

  3. Joseluis 21 January 2012 at 1:55 am Permalink

    Después de haber conocido, en prisión, e indagar con ex comandantes y ex oficiales del ejército rebelde, y de acción y sabotaje, gente que no presumían o alardeaban de un triunfo aguerrido que nunca existió, pude analizar que Fulgencio Batista estaba esposado por Estados Unidos y que Fidel Castro era su actor principal de un show revolucionario.
    Estos ex comandantes no son conocidos, porque no les interesó un protagonismo falso.
    Todos estos personajes que están en el poder y otros ex comandantes que están en el exilio, siguen alardeando de una confrontación que nunca existió, unos viven de una ficción para sus beneficios de ego aguerrido, y otros para hacer de Batista un dictador sanguinario, y justificar la dictadura actual en Cuba.

    A mi parecer: los emigrantes italianos, cuando se aventuraron de hacer de un desierto en Nevada, una cuidad, que le diera vida, a la que pareciese que nunca hubiese tenido solución para a vivar a un estado con arena, sol, y sin agua.
    Pues los americanos los dejaron correr (a los italianos) y se preguntaron: ¿Qué quieren hacer esto locos en un desierto?: Nada menos que una cuidad de casinos.
    Ya lograda esta cuidad, pues los americanos vieron en estos italianos, de lo que de principio se sabia: la mafia, y con este protesto, legal, bajo las leyes de este país (USA), persiguieron a estos contribuidores.
    Fulgencio Batista que era un progresista compulsivo, que quiso aprovechar la persecución a estos italianos, que en un momento dejaron de ser contribuidores, para ser mafiosos fuera de la ley de Estados Unidos, que era cierto.
    Fulgencio Batista les dio refugio a estos perseguido por la ley de Estados Unidos, para hacer de las playas cubanas, con un clima tropical, una música cubana enigmática, alegre y contagiosa, y una gente alegre y sana. — “¡Vengan para acá: que aquí pueden hacer mejor: lo que hicieron en Estados Unidos. Y así fue, lo intentó, como diciéndole a los americanos: “¡Que coño te pasa!
    Eso le costó: que los americanos lo esposaran, y trajeran Castro con su Show revolucionario, ¿que pasó: es que Fidel Castro se la tomo en serio y se pasó al lado de los soviet, para que estos les garantizaran el poder.
    Un personaje improvisado por los americanos: un tipo alto, bien parecido, que dominaba o domina la demagogia a la perfección: Fidel Castro Ruz, pues resultó ser un traidor para Estados Unidos.
    Fulgencio Batista: un dictador, bajo la propaganda de Castro y la confirmación sin remedio de hollywood, documentalistas, cineastas y periodistas de Estados Unidos.
    Fulgencio Batista, un osado que quiso hacer de Cuba un país del primer mundo. Stod.
    Fidel Castro ha hecho de Cuba un país del quinto mundo, no pasa nada, te damos a Chávez, y cuando no, te damos un poso de petróleo a manos de los españoles.
    Esto último es una sátira de mi parte.

  4. Joseluis 21 January 2012 at 2:33 am Permalink

    El castrismo tiene como discurso, el entretenimiento, el futurismo que nunca llega, es una forma de entretener o consolar o evitar una rebeldía posible.
    El castrismo está hecho de un perfil psicológico, ellos andan con el barrote y cediendo pulgadas de espacio, según con la seriedad con que se le exija, y a pulgada a pulgada, se van deteriorando sus cimientos de lodo.
    Actualmente los Castro tienen sobre los cubanos, mas que un terror materializado, un terror psicológico, están especulando del miedo, que en otrora dejaron; pero los cubanos ya no creen en ellos y están dispuesto, estos no son criado bajo una educación civilizada, con colonia y bañado con agua tibia, estos están cansado de ser esclavos, de vivir por vivir, sin futuro y la única opción es, que a los Castro se le vallan los pedos, por cien pedos, una pulgada de espacio para los cubanos de la isla

  5. Carlos Alberto 23 January 2012 at 3:49 am Permalink

    Carlos Alberto como veras en facebook hace tiempo te sigo..No voy a hablar tanto solo quiero decirte..Si ese proyecto si esas ideas q planteas en tu escrito lograran materializarse escucha bien..ADONDE SEA Q HAYA Q VIAJAR PARA DAR MI APORTE AHI ESTARE SIN DUDAS TOCAYO Q AHI ESTARE..

  6. Cuco 23 January 2012 at 4:55 am Permalink

    A donde haga falta viajar…bien dicho y ese es el punto clave. Y nos mudamos todos!!!
    Lo cierto es que tendrá que ser a empujones, tiros y patadas por las nalgas..!!!!
    Es el único idioma q van a entender estos delincuentes.

  7. Carlos 26 January 2012 at 5:35 pm Permalink

    Arturo, acabo de leer tu artículo, que me parece increiblemente bien escrito, me quedo con la frase: “en Cuba todo está intacto” es cierto, es verdad, el retorcimiento, la desilusión, la desesperanza, la agonía que parece eterne, ….pero como tú mismo dices o titulas el artículo, la Tosudez de la Esperanza…..!!!!!!!

  8. José A. Arias. 29 February 2012 at 4:26 am Permalink

    Estoy enteramente de acuerdo con el contenido de éste trabajo. Sin dudas, el meollo de la cuestión es la desunión que nos ha caracterizado en esta etapa de nuestra historia; ¿después de 52 años, cómo se hace posible conseguir esa,la tan necesaria unidad?.Según bien lo señala, Martí lo consiguió en su momento. ¿Quién entre nosotros puede ser el Martí que necesitamos y no aparece por ningún lado?. ¿Cómo fundir al políticamente atomizado exilio en una entidad unificadora como lo fue el Partido Revolucionario Cubano que alentó el Apóstol? Siento sus palabras como una evidencia de mis preocupaciones, pero me temo, sin embargo, que sigan siendo,y por nuestras propias culpas, un acto de insensata tosudez basado en la fe de una esperanza que no se materializa. Sin encontrar respuestas adecuadas, inteligentes y definitivas a los cuestionamientos anteriores el futuro de la nación cubana continuará vinculado a la inercia que lo ha caracterizado.


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