22 June 2020 ~ 58 Comentarios

LAS DESVENTURAS DEL LIBERALISMO EN IBEROAMERICA

Por Carlos Alberto Montaner

Dos notables expertos en mediciones e interpretaciones de la conducta ―Amando de Miguel y Pilar del Castillo―, en las Cuartas Jornadas Liberales llevadas a cabo en Albarracín, provincia de Teruel, bajo la dirección de Federico Jiménez Losantos, hace apenas un par de semanas, no sin cierta melancolía advertían que los españoles sistemáticamente les atribuyen mucha más importancia a la seguridad y a la autoridad que a la libertad y la responsabilidad individuales, rasgos que, a mi juicio, comparten las sociedades latinoamericanas. Al mismo tiempo ―como era previsible―, según todos los síntomas, el bicho ibérico tiene una escasísima confianza en sus compatriotas, lo que acaso explica la pasión nacional por los sellos notariales, los cuños y las ubicuas pólizas. Toda esa parafernalia burocrática parece reforzar unos compromisos que, de otra manera, serían inevitablemente violados o ignorados por los desaprensivos signatarios: “papeles son papeles, cartas son cartas, palabras de los hombres siempre son falsas”, cantan los niños de nuestra desconfiada cultura a ambos lados del Atlántico, y ya se sabe que la actitud clave en las sociedades exitosas es la confianza en que los pactos verbales y los contratos escritos se van a cumplir con seriedad. A explicar esta relación ha dedicado el Premio Nobel Douglas North una buena parte de su obra y el señor Francis Fukuyama su último libro: un largo y reiterativo ensayo que lleva por nombre esa virtud tan apreciada como estrafalaria entre nosotros: Trust.

Nuestra sociedad no es liberal

Comienzo por esta pesimista descripción, porque me propongo reflexionar sobre un fenómeno que tiene más de curioso que de sorprendente. Desde que en 1976 comenzó la transición española hacia la democracia, los liberales de esta bendita tierra han visto hundirse varios proyectos políticos acaudillados por valiosos líderes que reclamaban cierto espacio de centro en el que supuestamente se daban cita la mayor parte de las personas, presunción que luego han desmentido los votantes cada vez que han podido. Y tras esos fracasos electorales, como suele suceder, no han faltado las recriminaciones o la más desconsolada perplejidad, pero casi nunca se ha llegado al doloroso meollo del problema: sucede que en nuestra sociedad, sencillamente, no prevalecen los valores liberales. Sucede que esta no es una sociedad liberal. Tampoco lo son las latinoamericanas. Pedirles a los españoles el voto para el liberalismo ―para la libertad, para la responsabilidad, para la confianza en las propias fuerzas y en la buena voluntad del otro―, solicitarles el sufragio para restarle protagonismo al Estado y devolvérselo a la sociedad civil, es pedirle al olmo que se llene de peras, cortesía que el testarudo vegetal se niega rotunda y tenazmente a conceder.

            ¿Por qué y cuándo esta sociedad renunció mayoritariamente a sostener los valores liberales? Como es natural, resulta imposible contestar esas incómodas preguntas de manera tajante e  inequívoca, pero sí es razonable aventurar ciertas hipótesis afincadas en la historia y en la observación desapasionada de las formas en que los españoles han articulado sus relaciones de poder.

            En efecto, a partir del siglo XVI, o ―más diáfanamente-― en el XVII, época en que en Inglaterra, Alemania, Holanda o Francia comenzó a arraigar definitivamente la nueva ciencia empírica basada en la experimentación, periodo en el que en el norte y centro de Europa se desató la pasión por la tecnología y se abrió paso la idea del progreso material como objetivo final de la convivencia social, en España, en cambio, triunfaron de una manera clarísima el pensamiento escolástico y el viejo espíritu medieval. Es decir, el enérgico rechazo a la duda frente al discurso de las autoridades oficiales, la sospecha ante cualquier interpretación que pudiera negar las verdades reveladas en los libros sagrados, la paranoia religiosa contrarreformista, la brutal etnofobia expresada en el antijudaísmo, y ―en definitiva― el miedo al cambio en prácticamente cualquier terreno del quehacer humano. Cambiar en España siempre ha sido una peligrosa forma de pecar.

            En todo caso, tan importante como el espíritu contrarreformista que se enseñoreó en España debe haber sido el tipo de Estado represivo constituido para impedir a sangre y fuego la llegada de lo que algunos historiadores llaman la “Edad moderna”. No sólo fue, pues, un abstracto debate entre teólogos que se reunían a refutar las malvadas imputaciones de Lutero sobre la Trinidad, la naturaleza de Dios o la venta de indulgencias, sino algo mucho más sórdido, atemorizante y siniestro: unas leyes frecuentemente arbitrarias, autoridades despiadadas, jueces omnímodos, delatores sin rostro, salvajes torturas perfectamente legítimas, turbas asesinas alentadas desde los púlpitos, y el terror, precursor de Kafka, a que una pista semita, morisca o protestante sobre los antepasados remotos, falsa o cierta, ensuciara para siempre la sangre cristiana, trayendo con esta mancha la deshonra permanente a quien la sufriera y a sus descendientes.

            No estoy afirmando que los españoles fueran entonces víctimas de una tiranía que les repugnaba. Quevedo, por ejemplo, cuando piensa en la decadencia española siempre lo hace desde una perspectiva contrarreformista. Lope de Vega fue un entusiasta familiar  de la Inquisición―, sino pienso que el tipo de estado forjado en esos siglos debió ser tremendamente represivo, favoreciendo con su dureza el surgimiento en España de una sociedad cuya escala axiológica colocaba la obediencia, la búsqueda de seguridad y la total desconfianza en el prójimo por encima de cualesquiera otros valores y actitudes.

            ¿Cómo se definía socialmente un buen ciudadano español en aquellos siglos de simultánea grandeza y decadencia? En esencia, por su total subordinación a las autoridades políticas y católicas, puesto que los dos brazos del poder ―el secular y el religioso― solían estrujar sin piedad a quien se atreviera a abandonar la ortodoxia y fuera acusado por ello. Nada, en síntesis, de lo que nosotros relacionamos con el talante liberal formaba parte de la mentalidad social inducida e impuesta desde el vértice del estado. Lo que se recompensaba era la obediencia, la sumisión, la repetición minuciosa de los papeles sagrados y el culto por la jerarquía, actitudes que se expresaban mediante un  temor reverencial a unos gobernantes que tenían, realmente, la capacidad potencial de hacer muchísimo daño, profunda huella sicológica que todavía perdura en nuestra forma actual de relacionarnos. El miedo nos marcó por los siglos de los siglos.

Estado de derecho

Mal momento para el surgimiento de este fenómeno. Es precisamente a fines del XVII cuando los pensadores ingleses, encabezados por John Locke, le dan un giro radical a las relaciones de poder e introducen de una manera transparente lo que puede llamarse el “constitucionalismo” o ―lo que viene a ser lo mismo― el “Estado de derecho”. Es decir, sociedades que no delegan la autoridad en familias privilegiadas, sino en el derecho natural y en la voluntad del propio pueblo, ambos consagrados en textos legales que se colocan por encima de todos los ciudadanos, incluida la familia real.

            Al margen de la extraordinaria importancia que el constitucionalismo posee en el terreno de la política ―piedra miliar del pensamiento liberal―, es en otra zona menos comentada donde causa una verdadera y profunda revolución: en el oscuro territorio de las percepciones sicológicas. En efecto, cuando el constitucionalismo se convirtió en una verdad mayoritariamente compartida por la sociedad ―cuando el pueblo se sintió soberano porque no regía otro hombre o mujer por la gracia de Dios, sino regía un texto constitucional― de forma inadvertida, por la propia naturaleza de las cosas, se invirtieron los papeles que tradicionalmente desempeñaban gobernantes y gobernados. De pronto, en ciertos pueblos del norte de Europa surgió la noción del servidor público. De pronto, o tal vez paulatinamente, el pueblo sintió que era él quien mandaba, mientras al gobierno, humildemente, le tocaba obedecer. Gobernar, entonces, se convirtió en administrar lo más sabiamente posible ―y siempre con arreglo a las leyes― los fondos asignados por los ciudadanos mediante el pago de los impuestos. Ser un “tax-payer” dejó de reflejar una condición de manifiesta inferioridad (los verdaderos señores no pagaban impuestos en el antiguo régimen) para pasar a ser la fuente con que se legitimaba la autoridad de los mortales comunes y corrientes.

            En España, como todos sabemos, nunca, realmente, sucedió esa grandiosa metamorfosis. Aquí, tuvimos, es cierto, la Constitución de Cádiz de 1812, la famosa Pepa  por la que tanta sangre y rabia se derramara, pero jamás el pueblo español pudo someter a sus gobernantes al imperio de la ley, entre otras razones, porque el grito brutal de “¡vivan las cadenas!” era tal vez mucho más que una sorprendente consigna popular o la consigna ritual de una humillante ceremonia de vasallaje: acaso constituía la expresión resignada de un pueblo que no sentía al Estado como algo que le pertenecía, algo que era suyo y que libremente había segregado para su disfrute y conveniencia, sino lo percibía como una horma impuesta desde afuera para sujetar a unas personas necesitadas de ese tipo de coyunda para poder vivir en paz. “¡Vivan las cadenas!” era la manera española de admitir, humildemente, el dictum  de Luis XIV de Francia, que el Rey era el Estado, o que la oligarquía dominante era el Estado, dado que el pueblo intuía que muy poco contaba la sociedad dentro de aquel andamiaje institucional. Para muchos de aquellos españoles, y tal vez para muchos españoles de hoy, la función del gobierno no es obedecer sino mandar. Aquí no se produjo el cambio de  percepciones en el ámbito de las relaciones de poder. Aquí el Estado, como el Castillo de Kafka, siguió siendo una fortaleza ajena e inaccesible, gobernada por unos seres oscuros y todopoderosos alejados de los efectos punitivos de las leyes.

            No obstante, ese Estado, odiado por casi todos, dispensador de agraviantes privilegios, era, al mismo tiempo, el sueño dorado de la mayor parte de los españoles. El Estado podía ser ―y así lo calificaban las mayorías― una indómita burocracia, casi siempre inútil, a veces cruel, terriblemente onerosa, pero lo sensato, dado su peso y poder, no era oponérsele, sino sumársele. Lo prudente era convertirse en funcionario y vivir protegido por su mágico manto, lejos del alcance de las leyes y de las responsabilidades. Al fin y a la postre, la seguridad que el Estado ofrecía podía ser miserable en el orden económico, especialmente en los estratos más bajos, pero siempre era mejor que el desamparo de una sociedad civil poco fiable, o los riesgos de un mercado en el que no se solía triunfar por el esfuerzo y la competencia, sino por la asignación arbitraria de privilegios y canonjías.

            Pero, desgraciadamente, hay más. Esa aparente paradoja ―querer formar parte de lo que se detesta― no es la única que comparece en la sicología antiliberal del hombre iberoamericano. Su distanciamiento intelectual y emocional del Estado en el que vive y en el que desenvuelve sus quehaceres ciudadanos, le provoca una especie de burlona indiferencia ante las injurias que los demás puedan hacerle. Como el iberoamericano no se identifica con el Estado, como no es “su” Estado, le da exactamente igual que “los otros” no paguen impuestos, destrocen los lugares y vehículos adscritos al impreciso “bien común”, incumplan las leyes, evadan el servicio militar o derrochen los caudales públicos. Sólo así se explica ―por ejemplo― que a casi nadie en España le escandalice la increíble historia de Hunosa, una compañía minera que año tras año entierra muchísimo más dinero que el carbón que consigue desenterrar, pero como se trata de la tesorería general del Reino de España, la percepción de la sociedad es que no es ella quien paga. Pagan otros. Paga el Estado, ese ente ubicuo, pavoroso siempre ajeno. Ni los funcionarios ―en fin― han adquirido la conciencia de ser “civil servants”, ni los ciudadanos la de formar parte de los “tax-payers”. Y así, naturalmente, es casi imposible soñar con tener algún día un país gobernado con arreglo a los principios liberales.

Las percepciones engañosas

Lamentablemente, los inconvenientes históricos y nuestra escala axiológica de valores y actitudes no son los únicos obstáculos con que se enfrenta el pensamiento liberal en Iberoamérica. Hay otras barrerras de carácter general, presentes en todas las latitudes, y la más alta y peligrosa tiene que ver con nuestras percepciones sicológicas de los fenómenos económicos. Acaece que las premisas sobre las que descansa la cosmovisión liberal no sólo se dan de bruces con nuestra historia: también son contrarias al razonamiento intuitivo de la mayor parte de los mortales. La lógica nos traiciona.

            Si preguntamos, a voleo, qué es más conveniente, que las transacciones económicas que realiza la sociedad sean el resultado de un orden espontáneo surgido libremente del mercado,  o ―por el contrario― se limiten a actividades cuidadosamente planificadas por economistas graduados en buenas universidades, la respuesta más frecuente que oiremos apuntará a la supuesta superioridad de la cuidadosa planificación de los expertos.

            Si la consulta se hace sobre los controles de precios y salarios la respuesta será más o menos la misma. ¿Cómo el mercado va a favorecer a los pobres? Eso lo sostiene muy poca gente. Sólo la mano justiciera de los políticos o funcionarios dotados de buen corazón puede lograr que los bienes y los servicios tengan y mantengan un “precio justo”. Sólo un estricto control de los salarios puede evitar que la codicia de los empresarios convierta las retribuciones de los trabajadores en unas cuotas miserables.

            Algo parecido ocurrirá si se indaga sobre la forma de proteger las industrias nacionales y los puestos de trabajo: invariablemente se preferirán las barreras arancelarias y las trabas a la inmigración, porque el espejismo lógico apunta en esa falsa dirección, error al que generalmente contribuye con entusiasmo el discurso nacionalista más crudamente demagógico.

            No obstante, nosotros sabemos, por la vía experimental, que el mercado es mucho más eficiente que la planificación, tanto para crear la riqueza como para asignarla a los más débiles. Y sabemos que los controles de precios y salarios conducen al empobrecimiento de los pueblos, al desabastecimiento y a la inflación. Y sabemos ―además― que proteger a los productores locales de la competencia externa es la forma más rápida de envilecer la calidad de la producción, de encarecerla y de atrasarnos en el plano tecnológico. Pero, como reza el refrán brasilero, “tenemos razón, pero poca…y la poca que tenemos no sirve de mucho”.

            De manera que, frente a las engañosas intuiciones económicas, los liberales sólo pueden oponer los dictados de la experiencia acumulada tras varios siglos de cuidadosas observaciones. Mientras el socialismo ―en cualquiera de sus variantes― deduce sus conclusiones y hace sus propuestas desde seductores razonamientos abstractos perfectamente construidos, el liberalismo tiene que recurrir a los ejemplos concretos para lograr algún grado de persuasión, dado que el sentido común nunca parece acompañarlo.

            Más grave aún: los liberales tienen que defender propuestas que contradicen los instintos más elementales. ¿Cómo convencer a los mortales corrientes y molientes de que es bienvenido un cierto nivel de riesgo e incertidumbre en el mercado para que no decaiga la tensión competitiva? ¿Cómo hacerles ver que es bueno que la empresa ineficiente sea expulsada del mercado por otra más ágil capaz de utilizar los rescursos de una manera más eficiente? Sin la quiebra de los menos aptos el sistema no funcionaba con eficacia. Sin “ganadores” y “perdedores” todos acabábamos perdiendo. Sin diferencias económicas notables no eran posibles la acumulación y la inversión. El sistema dependía tanto de los aciertos como de los errores para avanzar, y aún estos últimos resultaban enormemente valiosos por todo lo que tenían de aprendizaje basado en el tanteo y el error como método de progresar incesantemente.

            Añádasele a este discurso liberal las apelaciones a la responsabilidad individual y la solicitud permanente de que el Estado deje de “protegernos” paternalmente contra nuestra voluntad, y se tendrá una idea clara de las ventajas sicológicas de la oferta socialista. Los socialistas siempre hablan de derechos conculcados, no de obligaciones esquivadas, y apelan al muy práctico esquema de las víctimas y los victimarios. Las responsabilidades de nuestras desdichas siempre son de otro. La culpa de nuestra pobreza invariablemente hay que atribuirla a la sevicia del otro. Pero esa injusticia ―claro― se terminará mediante la equitativa redistribución de la riqueza, esa mítica multiplicación de panes y peces que hace el político populista-socialista desde todas las tribunas.

            ¿Cómo puede, en suma, sorprenderse nadie de la inmensa popularidad de esta forma de entender la realidad social o ―en sentido contrario― de la falta de calor que suelen encontrar las propuestas liberales? Ese realista mensaje de “sangre, sudor y lágrimas” con que Churchill alistó a los ingleses frente a la amenaza nazi puede lograr su cometido en situaciones extremas, pero en las lides políticas convencionales funciona mucho mejor un candoroso texto con el que se embadurnaron las paredes de Lima en la campaña de 1990: “No queremos realidades; queremos promesas.”

La función didáctica del liberalismo

No es muy halagüeño, pues, el panorama descrito, pero esa es la verdad monda y lironda, lo que inevitablemente nos precipita a hacernos una ingrata pregunta: ¿qué podemos hacer los liberales ante esta realidad? Y la respuesta es bastante obvia: la tarea más importante que los liberales tenemos por delante es de carácter didáctico. Hay que hacer pedagogía, difundir ideas, explicar una y mil veces lo que nosotros sabemos, hasta conseguir que una masa crítica de iberoamericanos asuma racionalmente nuestros puntos de vista y comience a cambiar el escenario político.

            Afortunadamente, el liberalismo es una cantera de ideas y reflexiones que aumenta día a día, y cuyas premisas parecen confirmarse desde diversos ángulos por las cabezas más lúcidas de nuestra época, desmintiendo con sus estudios la desdeñosa acusación de que nuestra visión de los problemas de la sociedad y las soluciones que proponemos forman parte de una cosmovisión decimonónica ya sin puntos de contacto con la realidad vigente.

            En efecto: los recientes Premios Nobel concedidos a figuras liberales tan dispares como Hayek, Friedman, Buchanan, Coase, North, Becker o Lucas demuestran que el liberalismo ha ampliado y profundizado el marco de sus reflexiones, tanto dentro de la economía como en el derecho, la sociología o la historia. Asimismo, se multiplican los ejemplos de exitosas experiencias liberales en el mundo: la transformación de Nueva Zelanda, las privatizaciones de medio planeta, el surgimiento de cierto capitalismo popular en Gran Bretaña durante el gobierno thatcheriano, el sistema chileno de pensiones y ―en general― el “caso chileno”, el asombroso crecimiento sostenido del enclave hongkonés, el fulminante “milagro irlandés”, el efecto positivo de las desregulaciones o hasta el interesante ejemplo de Bostwana, uno de los países más pobres del mundo, que tomó el camino liberal en contraste con vecinos que han seguido la senda tradicional del socialismo africano de posguerra.

            Lo que quiero decir es que existen materiales más que suficientes para construir un plural mensaje, extraordinariamente persuasivo, que poco a poco vaya calando en la opinión pública hasta darle un vuelco a la conducta política de Iberoamérica. Es un camino arduo y difícil, pero no hay otro. Sólo cuando las personas de nuestra cultura entiendan que la mejor forma de defender sus propios intereses se encuentra en el mercado y en la libertad para producir y consumir, sólo entonces es que modificarán sus viejos y nocivos hábitos electorales. Al fin y al cabo, la conducta política es ―como diríamos hoy día― una consecuencia de las expectativas racionales. Sólo que esas expectativas, en nuestro confundido universo, están montadas sobre viejos pánicos, sobre mala información y sobre errores de percepción. Y es todo eso es lo que hay que cambiar. Menuda tarea.

58 Responses to “LAS DESVENTURAS DEL LIBERALISMO EN IBEROAMERICA”

  1. Víctor López 22 June 2020 at 8:56 pm Permalink

    Don Carlos Alberto se buscó un “negro” que escribe por él y que le encanta aburrir. A vuelo de águila encontré esto: “…en España, en cambio, triunfaron de una manera clarísima el pensamiento escolástico y el viejo espíritu medieval.” Jajajaja.

  2. Víctor López 22 June 2020 at 9:21 pm Permalink

    Viene del comentario anterior.

    Ni lo escuché ni lo leí. Bezmenov es la mano derecha de Putin y su único objetivo es hacer creer que Rusia, un estado casi fracasado es una “potencia” digna de tenerse en cuenta. En la retórica Rusa, los hechos no derivan del discurso, sino que el discurso se amolda posteriormente a los hechos para hacer creer que ellos tuvieron influencia en estos (desde los tiempos de Lenin es así). Son un puro camelo, como sus portaaviones y cazas inexistentes. El mismo cuento desarrolla Israel, que es un piojo global, dónde está la famosa vacuna que ya tenían casi lista para el coronavirus? Ahora están “descubriendo” la ivermectina, que yo uso todo el tiempo para yeguas, vacas y ovejas, y sin tener en cuenta que los bolivianos, que la usan también desde hace décadas para llamas y vicuñas la habían “descubierto” antes.

    Los hechos hablan por sí mismos, cualquiera con formación y que no sea del todo estúpido puede leerlos. Saludos

  3. Víctor López 22 June 2020 at 9:32 pm Permalink

    Costa Rica atiende a pacientes extranjeros con coronavirus a pedido de la OMS. Además de los “refugiados nicaragüenses” que llegan todos los días, un miembro de la organización contagiado en Haití será tratado en Costa Rica. Qué raro no, porqué no lo llevaron a Cuba? Es una gran dicha, ayuda a posicionar al país como un destino seguro para el nuevo paradigma turístico. Saludos.

  4. Manuel 23 June 2020 at 6:36 am Permalink

    Mientras viajamos en esta nave:

    measurements of the universe’s changing rate of expansion by detection of the light from supernovae exploding in distant galaxies. Far‑off galaxies are seen as they were in the past because of the time light takes to travel to us, and the Doppler shift also changes the wavelength of that light according to the galaxy’s motion relative to us. By 2000, the data from supernovae in galaxies at different distances pretty convincingly showed that the rate of expansion is not only greater than escape speed, but is also growing over time. The measurement led to the rebranding of the cosmological constant as dark energy, and later to the 2011 Nobel prize being awarded jointly to three members of two competing teams: Saul Perlmutter, Adam Riess and Brian Schmidt.
    The third vindication for the cosmological constant hypothesis came from the precise measurement of the variation in the temperature and polarisation of the cosmic microwave background radiation across the sky, which yielded a tight constraint on the effects of dark energy and dark matter.

    • Manuel 23 June 2020 at 6:54 am Permalink

      We haven’t been issued a guarantee that we can make sense of the physical world around us, or detect things such as dark matter. But lest there be doubt about how well physics has been doing so far, consider how successfully scientists and engineers can command the behaviour of electrons, atoms and molecules, as well as electric and magnetic fields, in cellphones. All of this has been done based on incomplete approximations.
      The theory of electric and magnetic fields that James Clerk Maxwell put together in the 19th century is still used in designing cellphones, electric power grids and so much more. But Maxwell’s theory is only a limiting case of quantum electrodynamics. That larger theory in turn emerges as a consequence of a broken symmetry in the standard model of particle physics, which is in turn a messy confusion of seemingly arbitrary parameters. Surely there is something better, maybe some variety of superstring theory to be discovered? And after that?
      My point is that all of physics is incomplete. I certainly don’t mean wrong, I mean that it can all be improved. Maybe there is a final theory of physics, or maybe it is approximations all the way down. And so it is with cosmology.
      When I started my cosmological research all those decades ago, I was uneasy at first because the subject then really was a kludge of ideas supported by pathetically little evidence. The evidence is now vastly more abundant and instructive, yet there, still, is the kludge of those hypothetical components. I don’t expect our current model will prove to be false. But I do expect we can do better – allowing future cosmologists to garner their continued share of Nobel prizes.

      PROFILE
      Jim Peebles is Albert Einstein professor of science, emeritus, at Princeton University. He was awarded one half of the 2019 Nobel prize in physics “for contributions to our understanding of the evolution of the universe and Earth’s place in the cosmos”. His book Cosmology’s Century is out this month. ■

  5. Manuel 23 June 2020 at 6:41 am Permalink

    La madre de estos demonios:

    a partir del siglo XVI, o ―más diáfanamente-― en el XVII, época en que en Inglaterra, Alemania, Holanda o Francia comenzó a arraigar definitivamente la nueva ciencia empírica basada en la experimentación, periodo en el que en el norte y centro de Europa se desató la pasión por la tecnología y se abrió paso la idea del progreso material como objetivo final de la convivencia social, en España, en cambio, triunfaron de una manera clarísima el pensamiento escolástico y el viejo espíritu medieval. Es decir, el enérgico rechazo a la duda frente al discurso de las autoridades oficiales, la sospecha ante cualquier interpretación que pudiera negar las verdades reveladas en los libros sagrados, la paranoia religiosa contrarreformista, la brutal etnofobia expresada en el antijudaísmo, y ―en definitiva― el miedo al cambio en prácticamente cualquier terreno del quehacer humano. Cambiar en España siempre ha sido una peligrosa forma de pecar.

    Cambiar Cuba es una manera de pecar:

    va contra el Führer, “sus” héroes, mártires y 68 años seguidos de victorias (desde los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel)

    Estamos hechos a imagen y semejanza de nuestra tozuda Madre Patria

  6. Manuel 23 June 2020 at 6:43 am Permalink

    67, no 68

    • Julian Perez 23 June 2020 at 7:55 am Permalink

      >>68 años seguidos de victorias

      Crisis de los misiles, Guerrilla del Ché en Bolivia, Zafra de los 10 millones (Palabra de cubano, ¡van!), Panamá (Noriega, amigo, el pueblo está contigo), Granada (Tenis Tortolena), Chile (Allende, Allende, el pueblo te defiende)…

      • Manuel 23 June 2020 at 8:41 am Permalink

        DESDE esos asaltos a esos dos cuarteles, las derrotas no lo han sido, pues siempre se ha mirado el lado positivo:

        crisis de los misiles: prometieron no atacarnos, el FBI se hermano con la seguridad del estado contra todo acto contra el Fuhrer

        muerte Che: orquestada por la CIA, lo convierten sus ideas en el paradigma mejor vendido de la historia propagandistica mundial

        los 10 millones: se inicio un proceso de institucionalizacion del pais que concluyo 5 años despues poniendo en todas las leyes nacionales, desde las varias Constituciones aprobadas por el pueblo, el caracter irrevocable del Socialismo.

        a Panama, Granada y Ayende le siguieron depuraciones en los cuerpos armados de modo publico, y la victoria definitiva de los sandinistas y los chavistas que ya se hacen inveterados en sus paises… y nuevas olas de Revolucionarios seguiran inspirados en la indignacion que esas intervenciones imperialistas han provocado en las mayorias desfavorecidas del Orden Mundial, etc etc

        tienen gente pensando 24/7 como convertir reveses en victorias, no lo olvide

      • manuel 23 June 2020 at 1:08 pm Permalink

        http://www.fidelcastro.cu/es/articulos/convertir-el-reves-en-victoria

        • manuel 23 June 2020 at 1:10 pm Permalink

          fíjese en el detalle de que la pagina está traducida a 8 idiomas

  7. Manuel 23 June 2020 at 7:06 am Permalink

    La ciencia es lo que ha hecho la diferencia.

    Llamamos “experiencia” (del griego “empeiria”) al conjunto de percepciones, y fenómeno a la realidad en tanto que se muestra a los sentidos; así, podemos decir también que las ciencias empíricas se refieren a la realidad fenoménica, oponiéndose ésta a la supuesta realidad trascendente de la que, por ejemplo, podría ocuparse la filosofía.

    Las ciencias empíricas utilizan el llamado método hipotético-deductivo: son conocimientos “científicos” por utilizar los momentos racionales de dicho método (la “formulación de hipótesis” y la “deducción de consecuencias”) y no ser una mera acumulación de datos, y “empíricos” por descansar también en momentos empíricos (la observación o punto de partida de la investigación y la verificación empírica o contrastación, bien merced al método observacional o al correlacional o al experimental). Estas ciencias decimos que “empiezan en la experiencia y terminan en la experiencia”, distinguiéndose de este modo de las llamadas ciencias formales y de la filosofía, que prefieren una mayor o total independencia de la justificación empírica y los modos de investigación y verificación propiamente racionales.

    Acá el representante de las formales es J.

    El resto nos decantamos por las empíricas.

    Pero eso no impide que seamos todos Liberales, con diferencias en el grado de pureza del Liberalismo del que somos entusiastas.

    • Manuel 23 June 2020 at 7:13 am Permalink

      J habla de momentos transcendentes, demasiado
      oportunos para ser sólo casuales. El le llama
      Momento, prueba, de la cosmología que el se armó
      con axiomas ajena a la que la Ciencia arma con los
      Granos que aporta un ejército de centenares de miles de personas Con aceleración creciente En los últimos 500 años

      • Julian Perez 23 June 2020 at 7:48 am Permalink

        Esos momentos no prueban la existencia de Dios. En todo caso pueden indicar que los poderes de la mente son mucho mayores de lo que sabenos, algo que nadie pone en duda. Tomemos, por ejemplo, el notable ejemplo de que Jefferson y Adams murieran el mismo día y este día fuera el 50 aniversario de la Declaración de Independencia. Pienso que probablemente ellos quisieron que fuera así y su mente lo propició.

        Cuando he mencionado ese tipo de cosas jamás ha venido a mi mente la teología sino la parapsicología.

        • Julian Perez 23 June 2020 at 1:09 pm Permalink

          Manuel, se me olvidó comentar esto.

          >>Pero eso no impide que seamos todos Liberales

          No, yo no me considero liberal. No izquierdista pero tampoco liberal. Los liberales piensan que el gobierno puede resolver los problemas sociales. Yo no. Considero que eso no es función del gobierno sino de la iniciativa privada. Para mi el gobierno debe ser mínimo y ocuparse solamente de la protección de los derechos básicos (lo cual incluye la defensa). Eso me define como conservador. Son puntos en los que diferimos.

          Lo que nos une a todos aquí (exeptuando a Vicente) es el común rechazo a las ideas de la izquierda. Pero yo no comulgo con la social democracia.

          • manuel 23 June 2020 at 2:14 pm Permalink

            un ejemplo sería el EEUU del siglo XIX, en el que el Gobierno era el Sheriff, y el resto lo resuelvian actores privados que poseen bancos, escuelas, fincas, tiendas y demas

            …pero pasado ese siglo llegaron los progresivistas: Woodrow Wilson, FDR

            QUE SUS razones tendrían para hacer lo que hicieron, sobre todo el segundo dada la crisis economica de los años 30s

          • manuel 23 June 2020 at 2:33 pm Permalink

            poder ejecutivo, judicial y legislativo.

            el problema es lo dificil que es mantener a esos 3 quimicamente puros. Se desbocaron esos corceles y ahora ud sólo sabe quejarse. Los Padres no pensaron que eso podía suceder, ¿fueron ingenuos en ese sentido, o será que no hay manera de evitarlo?. Estos ultimos 100 años de desbarranque, no dicen que por 130 años todo andubo mas o menos bien con la crisis de la Guerra Civil con resultado feliz para la Unión y el Conservadurismo, luego se formó el desorden que ya no hay quien lo pare

          • manuel 23 June 2020 at 2:39 pm Permalink

            Estos ultimos 100 años de desbarranque nos dicen que por 130 años todo andubo mas o menos bien, a persar de la crisis de la Guerra Civil con resultado feliz para la Unión y el Conservadurismo, pero en los ultimos 100 años se formó el desorden que ya no hay quien lo pare.

            El pronóstico es sombrío para los Conservadores, a la larga seguirán perdiendo terreno, como muy bien baticinara aquel decertor de la KGB en los 80s, sus predicciones se han ido cumpiendo de modo incidioso. La unica esperanza son Trump y Pence y similares, que logren salvar al menos esta década. Luego, tendremos que volvernos todos religiosos y acogernos a la misericordia de Dios

          • manuel 23 June 2020 at 2:41 pm Permalink

            vaticinios del desertor
            https://bigthink.com/politics-current-affairs/yuri-bezmenov?rebelltitem=8#rebelltitem8

          • manuel 23 June 2020 at 2:44 pm Permalink

            como el decía, mas que insidia, estaba, y sigue estando, a la vista de todos, ocuparon los medios y la enseñanza, ahora despliegan su poder en las calles, y en Noviembre veremos de que son capaces en las hurnas

          • manuel 23 June 2020 at 2:45 pm Permalink

            urnas.

            …hoy no me empato con una. Mi memoria fotográfica para las palabras es casi nula

          • manuel 24 June 2020 at 9:38 am Permalink

            el apoyo de CAM a kaballito me dice que estás en lo cierto. El gran estado, metido en todo cuanto les sea posible, es el sino de estos “Liberales”

            Veo que CAM pone énfasis en que el nacionalismo de trump lo aleja del Liberalismo, y que este debería alinearse a esa corriente globalista de librísimo mercado para ser aceptado como un buen tipo. Lo que ignora olimpicamente es como ese globalismo es usado hoy por China a la cabeza para avanzar sus agendas los totalitarios de todos los tonos

  8. Manuel 23 June 2020 at 7:54 am Permalink

    With some notable exceptions (ahem, A.O.C.), progressive challengers haven’t had the best track record of winning Democratic primaries.

    That may change this week.

    Primary elections in New York and Kentucky tomorrow will provide a big test of how Democratic politics are shifting amid a pandemic, an economic crisis and an uproar over racial injustice.

    In 2018, progressives nabbed some high-profile victories — including those by Alexandria Ocasio-Cortez of New York and her “squad” — but lost far more than they won.

    The path for progressives hasn’t gotten any easier in 2020. Three liberal House candidates who captured a lot of attention — Jessica Cisneros in Texas, Robert Emmons in Illinois and Morgan Harper in Ohio — lost their primary contests.

    Representative Rashida Tlaib of Michigan, a squad member, faces a stiff primary rematch against Brenda Jones, the Detroit City Council president, who lost by fewer than 1,000 votes in 2018. In Massachusetts, Senator Ed Markey, who is backed by Ms. Ocasio-Cortez and other progressive groups, is being outpolled by his primary challenger, Representative Joe Kennedy III.

    And, of course, Senators Bernie Sanders and Elizabeth Warren lost their primary bids to Joe Biden.

    But that was in the Before Times. Now, with crises roiling the country, progressive candidates are seeing their message of structural change amplified.

  9. razón vs instinto 23 June 2020 at 8:47 am Permalink

    Sencillamente una obra maestra de don Carlos Alberto.
    Muestra con una claridad digna de admiración las diferencias culturales entre España y el Norte de Europa allá por los siglos XVI y XVII.
    La Reforma como resultado de ello en el Norte y la persistente escolástica en España.
    La Cultura Colectivista en el Norte y la individualista en España (la que cree en el otro y en consecuencia capaz de conducir el colectivo social sin necesidad de una autoridad omnimoda de un lado y el que desconfía del otro y de la capacidad colectiva de crear su propio destino y por tanto condenado a un poder central para no desangrarse, del otro).
    Muestra, al fin y al cabo, la importancia crucial de la cultura cívica y política en el destino de los pueblos.
    Solamente le faltó aclarar que la Cultura cívica y política de España, en las últimas décadas se acercó mucho a la de sus vecinos del Norte a través del mecanismo de imitación de culturas vecinas exitosas (como también lo hicieron Irlanda y Portugal) y que explica porqué actualmente España, aunque aún a la zaga, se parece muchísimo más a una Francia que a una Argentina. La geografía y la evolución cultural determinada por ella nos distanció a los latinoamericanos favoreciendo a los europeos en el proceso.
    Y para terminar su obra maestra, don CAM nos advierte y recuerda la interminable predilección ideológica en iberoamerica (debería incluir al mundo entero en esta definición) por cualquier idea que se asocie a la distribución de la riqueza, la intervención del Estado para ello y la defensa del “pueblo oprimido” ante los intereses muchas veces espurios de los “ricos capitalistas explotadores”.
    No creo necesario insistir con mi punto de vista del porqué se da éste fenómeno psico político por más y más y más pruebas se den para explicar que el éxito económico pasa por el camino opuesto como bien lo destaca CAM en su ensayo, incluso resignado a que solo queda seguir insistiendo en dar más y más y más y más y más pruebas de ello con la esperanza de que alguna vez la razón se imponga a nuestras pasiones. Que la razón alguna vez se imponga a la envidia para decirlo con la claridad que merece el tema. La esperanza de que la razón avalada por una interminable lista de pruebas alguna vez finalmente se imponga.
    Muchas gracias maestro por ésta magistral clase de política.
    https://razonvsinstinto.blogspot.com/2014/08/instinto-y-cultura-nuestros-verdaderos.html

  10. Víctor López 23 June 2020 at 9:09 am Permalink

    El racismo es endémico, que se lleve con reservas o explícito es la única diferencia.

    Mi pregunta es: quienes son más racistas (en reserva o explícito), los negros o los blancos?

    Del post anterior. Si tuvieran la mínima creencia de que el “racismo blanco” es más virulento, ya estarían los alineados Ramiro y Julián señalando punto por punto. Hago la salvedad que el negro como amigo personal es más leal. “I kill for you” lo escuché de algunos cuando mantuve con ellos la obligada amistad del campo argentino. Cordial saludo

    • Julian Perez 23 June 2020 at 1:18 pm Permalink

      En Cuba y en España me quedé con la impresión de que los blancos son los más. Aquí en USA los negros son claramente más racistas, pero eso es porque la izquierda se ha encargado de alimentarles el victimismo y hacerles creer que son oprimidos por los blancos. Está emparentado con el feminismo. Las sociedades cubana y española son muy machistas (me consta). La norteamericana no, pero la izquierda ha hecho que muchas aquí se creen el cuento del techo de cristal, que una mujer necesita tanto de un hombre como un pez de una bicicleta y que Hillary perdió, no porque era una bandida, sino porque era mujer.

  11. Víctor López 23 June 2020 at 9:45 am Permalink

    “China abrió su feria anual de carne de perro…”

    El perro es parte del hombre, tenemos una simbiosis ancestral e indivisible. Esa costumbre es un crimen abominable, hará más por distanciarlos de Occidente que el coronavirus y todas las medidas de Trump juntas. Se lo merecen.

    • Julian Perez 23 June 2020 at 1:25 pm Permalink

      >>tenemos una simbiosis ancestral e indivisible

      También con el gato, pero no estoy seguro de que nunca me hayan dado ¨gato por liebre¨ 🙂 En Cuba las croquetas llamadas “de ave” (de averigue usted de qué están hechas) podían ser de cualquier cosa. Una vez se supo que eran de tiñosa así que no dudo de que alguna vez fueran de gato (y hasta de perro). Es un misterio la desaparición total de los pajaritos del Prado y de las palomas de la escalinata de la Universidad. Es posible que se convirtieran en croquetas.

      • Julian Perez 23 June 2020 at 1:28 pm Permalink

        Me acordé del cuento del turista que invitaron al restaurante ¨El Conejito¨ y fue y comió conejo, Luego lo invitaron a ¨El Cochinito¨ y fue y comió carne de cerdo. Y luego lo invitaron a ¨El Gato Tuerto¨ y no fue.

  12. manuel 23 June 2020 at 9:55 am Permalink

    desde el siglo “XVII cuando los pensadores ingleses, encabezados por John Locke, le dan un giro radical a las relaciones de poder e introducen de una manera transparente lo que puede llamarse el “constitucionalismo” o ―lo que viene a ser lo mismo― el “Estado de derecho”. Es decir, sociedades que no delegan la autoridad en familias privilegiadas, sino en el derecho natural y en la voluntad del propio pueblo, ambos consagrados en textos legales que se colocan por encima de todos los ciudadanos, incluida la familia real.”

    en cuba no nos enteramos: el totalitarismo captura todos los poderes bajo la familia real Partido Comunista de Cuba hasta donde llegan todos los hilos detras de todo “poder” formal, y que se autoproclama por encima de toda Constitucion aprobada por el pueblo. Nuestro pueblo en Cuba aprueba a estas alturas un engendro que en lo mas avanzado de la humanidad desaparecio hace mas de 300 años

    • manuel 23 June 2020 at 10:07 am Permalink

      en cuba no nos enteramos y nos enteraremos: de eso se trata el fascismo, control total de la opinion, por los mil modos que existen, depurados por los siglos de experiencia maniatando, manipulando, la voluntad popular

    • manuel 23 June 2020 at 10:07 am Permalink

      en cuba no nos enteramos y no nos enteraremos: de eso se trata el fascismo, control total de la opinion, por los mil modos que existen, depurados por los siglos de experiencia maniatando, manipulando, la voluntad popular

  13. manuel 23 June 2020 at 11:26 am Permalink

    esas expectativas, en nuestro confundido universo, están montadas sobre viejos pánicos, sobre mala información y sobre errores de percepción.”

    así es, ¿quién le dice a un cuarto de los cubanos en nuestro archipiélago que el capitalismo que les toca si renuncian al totalitarismo es el que tuvieron antes de 1959 con toda la corrupcion y crimenes a la vista de todos?

    ese pánico ha sido alimentado por los batistianos y los castristas desde 1952. mas de 68 años de mala informacion, victimismo, falta de creencia en el hombre y en el capitalismo. Del Liberalismo no saben nada, no sabemos nada, esos cuentos de Ada de Bostwana, Chile, Islanda y demás no nos los tragamos, sobre todo cuando salen a relucir desigualdades atroces, legales, que hay que aceptar como lo deseable. Tendrán que pasar otros 20 o 40 años para que una masa crítica de optimistas se carguen a todos los paniqueados en un clima de percepciones diferentes y suficinetes para el cambio que tanto necesitan estas sociedades fascistas de hoy

    • manuel 23 June 2020 at 11:27 am Permalink

      ¿quién le dice a un cuarto de los cubanos en nuestro archipiélago que el capitalismo que les toca si renuncian al totalitarismo no es el que tuvieron antes de 1959 con toda la corrupcion y crimenes a la vista de todos?

  14. Julian Perez 23 June 2020 at 12:22 pm Permalink

    Por si quedara alguna duda.

    https://disrn.com/news/video-surfaces-of-black-lives-matter-founder-saying-were-trained-marxists

    • Manuel 23 June 2020 at 12:30 pm Permalink

      Trained idiots.

      We’ve to talk and talk and talk…

    • Víctor López 23 June 2020 at 1:41 pm Permalink

      Por favor… Julián.

      Solo demuestra la carencia absoluta de ideología y sentido común alguno. Equivale a afirmar que el tal Floyd se inmoló a fin de llamar a la conciencia sobre la brutalidad policial. Son pobres trasnochados, que por carencia de algo mejor sigue un producto humano (sí señor) sin norte ni plan de vida, como el de aquella porción de baeboomers del 68 y 70s. Otros, chicanos, cabezas redondas, se ponen una uniforme de “camisas pardas” (cuando ni siquiera conocen la marcialidad prusiana) y salen a hacer creer a algún ignorante que son el nazismo, que ha vuelto. Nada, no tienen nada, igual que los trasnochados del clima que siguen a una adolescente con trastornos mentales, por carencia de alguien más creíble. Saludos.

  15. Víctor López 23 June 2020 at 3:02 pm Permalink

    El voto pobre, siempre será de izquierda. Si indios, mestizos, zambos, negros y mulatos nutren los cuadros de la pobreza, votarán por la izquierda o por quienes les hagan creer que van a “ayudarlos”, incluyendo a delincuentes y charlatanes. Por sobretodo, el caso de Venezuela es ese, y no siempre es malo para los pobres. Al menos mientras dura el saqueo de los bienes ajenos disfrutan o se ilucionan de lo que ellos suponen “justicia social”. Para la miseria el después no cuenta, siempre vive al día. Saludos.

    • vicente 24 June 2020 at 5:01 am Permalink

      Marx dijo “expropiar a los expropiadores“en Venezuela todos tienen vivienda,gracias a las politicas socialistas.

      • manuel 24 June 2020 at 3:13 pm Permalink

        y 5 millones han abandonado esas viviendas para irse a vivir a cualquier otra parte.

        viviendas llama ud a las posilgas de los barrios irrespirables de violencia, corrupcion y pobreza que el socialismo multiplica para poder perpetuarse inveteradamente por 75 años (norcorea), con aspiraciones de llegar a los 100 si hay cuerpo que lo aguante

  16. vicente 24 June 2020 at 5:01 am Permalink

    Marx dijo “expropiar a los expropiadores“en Venezuela todos tienen vivienda,gracias a las politicas socialistas.

    • manuel 24 June 2020 at 9:44 am Permalink

      marx estaba tan chiflado como ud. y todos los que le encumbran.

      Hay dos formas en que se puede leer el trabajo de Karl Marx. Primero, podemos mirar la rama económica de El Capital para ver a Marx como el historiador del materialismo dialéctico. En esta perspectiva, Marx argumenta que el desarrollo histórico de las condiciones materiales de existencia, en relación con la apropiación de los medios de producción, ha seguido una evolución teleológica en diferentes etapas históricas de desarrollo: 1) comunismo primitivo; 2) esclavitud; 3) feudalismo; y 4) capitalismo. Luego, sigue el argumento al indicar otras dos etapas dentro de un sistema comunista (inferior y superior). La primera etapa está asociada con el socialismo, tal como lo entienden los marxistas-leninistas, y se considera una etapa de transición que conducirá a la segunda y última etapa del desarrollo: el comunismo científico.

      En esta última etapa histórica, volvemos a la comunidad, como el polvo bíblico de donde venimos, pero con las herramientas morales y tecnológicas que pondrán fin a la alienación de las personas bajo una dictadura proletaria. Es importante recordar que Marx estaba investigando sobre la primera crisis capitalista en Inglaterra y argumentó que la crisis es inherente al sistema capitalista. ¿Por qué? Por el proceso dialéctico; es decir, cada sistema político crea sus propias contradicciones internas. Desde este punto de vista, el sistema capitalista está produciendo continuamente las fuerzas que en algún momento de su evolución lo destruirán. Entonces, en una perspectiva marxista, el fin del capitalismo conducirá a una nueva etapa de desarrollo, una etapa de transición, que abrirá la puerta a la revolución científica y humana final. Este es el camino marxista hacia el fin de la historia.

      Todavía hay otra forma de leer el trabajo de Marx; digamos una forma más política de leer a Marx. En el Manifesto Comunista, Marx está llamando a todas las fuerzas proletarias del mundo a unirse y emanciparse, es decir, acelerar el proceso de desarrollo humano en la sociedad. Y es precisamente aquí cuando todo se derrumba. La comprensión de Marx de la historia, la política y la economía se basaba en un enfoque naturalista de la actividad científica, como todos los demás lo hicieron en esos tiempos. Mientras criticaba a otro naturalista, Sr. Adam Smith -quien había estado argumentando desde el siglo XVII que el mercado era una fuerza sistémica natural que empujaba a las personas a perseguir sus intereses egoístas- Marx estaba creando otra «verdad» científica sobre la realidad social. Sin embargo, lo más interesante es la idea de la emancipación como una forma de romper el orden social y establecer uno nuevo de transición.

      Al traer de vuelta la revolución, Marx va contra el flujo natural del progreso y la historia. Marx, el historiador del materialismo, tenía razón. Le fue bien al explicar las contradicciones del capitalismo y mostró el camino a mejores condiciones laborales para una gran cantidad de trabajadores en todo el mundo. Claro, tuvieron que luchar por eso, pero esto no está en contradicción con la teoría de Marx, que ve la «lucha» como el motor de la historia. Marx no vivió el tiempo suficiente para ver por sí mismo cuánto tenía razón. Las condiciones que disfrutan los proletarios hoy en día en los países desarrollados son mucho mejores de lo que eran en el momento de la investigación de Karl Marx en el siglo XIX. Se ha avanzado mucho en este asunto, no globalmente, pero seguramente en los países capitalistas más regulados y desarrollados, como predijo Marx. El sistema capitalista seguramente está tratando de responder efectivamente a su propia contradicción interna y esta es en sí misma una evolución positiva para los proletarios de todo el mundo. Claro, no hay una tendencia global, pero mucha agua tiene que pasar por debajo del puente. Incluso los capitalistas ven el bienestar de los trabajadores como un factor principal en términos de productividad humana. Las empresas capitalistas de todo el mundo se vuelven cada vez más conscientes de estos problemas para mantenerse competitivas en un mercado libre, que es solo «libre» en su conceptualización teórica. En realidad, el mercado está regulado.

      Si Marx tenía razón, entonces los comunistas están equivocados. Podemos señalar dos razones. La primera es que los comunistas realmente creen en el fin de la historia de la misma manera que los cristianos creen en la vida después de la muerte. ¡Pero esto no es ciencia! Si tomamos en serio la ciencia, tenemos que hacer preguntas sobre la tesis de Marx: cada sistema produce sus propias contradicciones internas. Entonces, ¿cómo es posible que los comunistas no reconozcan las contradicciones internas del sistema que construyeron y apoyan? La respuesta a esta pregunta nos lleva a la segunda razón: mitificación teórica. Los comunistas están equivocados al pensar que una teoría podría convertirse en una ideología poderosa y conducir al fin de la historia. Sin embargo, las teorías son mapas cognitivos que crean significado al seleccionar varias cosas de una realidad compleja. Es por eso que las teorías generalmente están plagadas de defectos. Entonces, aquellos que mitifican la teoría marxista están ignorando esos defectos y, al hacerlo, están construyendo sistemas políticos plagados de los mismos defectos inherentes a la teoría. En el proceso, la sociedad se convierte en el laboratorio social dentro del cual algunos humanos, aquellos que poseen poder político, hacen experimentos sociales con otros humanos, en su mayoría sin poder.

      Para que los comunistas tengan razón, deben entender una cosa simple: una teoría social no puede sobrevivir a la mitificación ideológica. Las ideologías no permiten la contestación. Entonces, cuando los comunistas hacen lo que normalmente hacen, van en contra de la tesis de Marx de la «lucha» como combustible del progreso y el desarrollo. Además, la actividad científica es el producto de una eterna «lucha» entre explicaciones distintas sobre el mundo en que vivimos. Sin la posibilidad de contestación, sería imposible tener un progreso científico de ningún tipo. Es por eso que las teorías sociales deben respetar el principio de falsificación. Si los comunistas entendieran esto, seguramente serían más receptivos a las ontologías y epistemologías alternativas que provienen de la sociedad y renunciarían más fácilmente al espíritu dictatorial del estado socialista.

      Sin embargo, la mitificación no es exclusiva de los comunistas. Liberales, postmodernistas, conservadores, todos rezan en algún templo su religión. Y para la mayoría de nosotros, la ciencia se ha convertido en la nueva religión. Es nuestro opio moderno. Y, sin embargo, la ciencia se basa en «herramientas», no en «verdades». En este asunto, soy otro tipo de cristiano. Realmente creo en la ciencia, pero como un «kit de herramientas» que me ofrece diferentes «instrumentos» para enfrentar la realidad. Como herramientas, las teorías no son narrativas competitivas sobre lo que la realidad es y debería ser, sino complementarias. La pluralidad da lugar a un sistema de rendición de cuentas (checks and balances) en términos de conocimiento y poder. Y tenemos que adoptar la pluralidad para aceptar plenamente la complejidad del mundo, así como nuestros propios prejuicios. Si no, produciremos y reproduciremos el mismo orden social que intentamos cambiar tan radicalmente.

      Aquellos en contra de una sociedad dividida en clases se convertirán progresivamente en una clase opresora cuando se mantenga el poder político. Los que están en contra del dogmatismo se volverán dogmáticos al tratar con ideas que van en contra de su sistema de creencias. Entonces, los comunistas están equivocados cuando creen que, un día, se establecerá una «verdad» suprema para siempre. Pero esto escapa a la imaginación humana.

  17. vicente 24 June 2020 at 1:30 pm Permalink

    Sr Manuel,la mayoria de los paises capitalistas no son como USA ni como Belgica,son como Mexico,donde la mayoria de la poblacion vive con menos de 5 dolares diarios,pobreza moderada segun la ONU.Tienen que vivir un mes con lo que usted se gasta en propinas.De tanto cavilar,usted llega a la conclusion que el mercado esta regulado,efectivamente esta regulado por un puñado de multinacionales que matan de hambre a africanos y les compran sus tierras por cuatro reales.Si los paises del sur alcanzaran el bienestar de los paises del norte,el capitalismo seria inviable,el capitalismo es un sistema de dominacion tanto economica como ideologica,por que en todos los paises se va mas cine y TV made in usa que de sus respectivos paises

    • manuel 24 June 2020 at 3:05 pm Permalink

      Sí, no todos los capitalismos son iguales; pero si todos los socialismos, todos estos conducen al mismo deterioro material y moral sin esperanza de nada: cansados, hartos, los tozudos sovieticos y resto de Europeos montados en él, lo desecharon, como ya lo había desechado China, Viet Nam; sólo totalitarios dementes como los de norcorea, cuba o nicaragua se insisten en sus postulados estatistas que les permite soldarse por siempre en los controles para seguir sembrando mitos y engordando sus bolsillos hasta que no puedan más

      • vicente 24 June 2020 at 5:52 pm Permalink

        Daniel Ortega no gobierna como comunista y Vietnam tiene un sistema de mercado capitalista con partido unico -similar al chino- todos los paises que ud nombra hicieron guerras y revoluciones y obviamente no son como USA ni Europa,respecto a America Latina,su gran vecino del norte ha frenado todo lo posible cualquier intento de revolucion social y politica,usando todos los medios a su alcance,desde invasiones a embargos.

  18. vicente 24 June 2020 at 1:36 pm Permalink

    El fin del socialismo marxista no es el estado totalitario sino la extincion del estado al considerar que la unica funcion del estado es asegurar el dominio de clase,al desaparecer la division de clases-que solo responde a una educacion clasista- el estado se extinguira.Acaso el capital no es dogmatico,no actua peor que un estado totalitario,invadiendo paises,declarando guerras y embargos

    • manuel 24 June 2020 at 3:08 pm Permalink

      en papeles puede ser que planteen esas utopías, en la práctica son justo todo lo contrario, y la tendencia creciente es y ha sido siempre hacia todo lo contrario: te prometen agua y te dan polvo, polvo del sahara al por mayor

      • vicente 25 June 2020 at 12:18 pm Permalink

        La ideologia liberal-la de Montaner,Vargas Llosa,Hayek,Friedman- defiende la acumulacion de riqueza del 1 por ciento de la poblacion mundial-que acapara el 51 por ciento de la riqueza-superior al restante 99 por ciento.La utopia es pensar que esto es lo justo.

        • manuel 25 June 2020 at 12:43 pm Permalink

          no será lo justo, pero es lo mas cercano a lo justo de que hemos sido capaces los humanos, quizá en otra civilizacion otras cosas sean posibles, acá no se ha inventado nada mejor

        • manuel 25 June 2020 at 12:45 pm Permalink

          no será lo justo, pero es lo mas cercano a lo justo de que hemos sido capaces los humanos, quizá en otra civilizacion otras cosas sean posibles, acá en la civilizacion de los ultimos 300 años en el planeta Tierra no se ha inventado nada mejor

        • Julian Perez 25 June 2020 at 1:04 pm Permalink

          >>el 1 por ciento de la poblacion mundial-que acapara el 51 por ciento de la riqueza-superior al restante 99 por ciento.

          ¿Y…?

          Tomemos un aula. Algunos estudiantes sacan 100 y otros suspenden, ¿Qué sería lo justo? ¿Sumar las notas para que todos sacaran al menos 70 y aprobaran?

          Por cierto, eso ocurría en la enseñanza media con los llamados ¨trabajos en equipo¨. Los hacían uno o dos, los otros ni se molestaban y todos recibían la nota.

          • manuel 25 June 2020 at 1:10 pm Permalink

            vicente quiere que cambien las reglas del juego para que ese 1% no gane tanto, y repartir, esa es la base de todo estatismo, socialismo, comunismo, revolucion. Un cuento chiquito y cortito.

            No siguen la historia, el cuentito, de que al quitarle al productor sus ganancias, o peor aun al expropiarlo, destruyen la base productiva de la sociedad, el impetu, la ambicion, la supervision y el control, la innovacion y el hambre de progreso, para terminar produciendo esto monstruos a los Campo Socialista Europeo del siglo pasado, o regímenes delincuenciales como la cuba, nicaragua y Venezuela de hoy

          • Julian Perez 25 June 2020 at 1:10 pm Permalink

            Yo sé lo que pasaría: los que sacan buena nota dejarían de esforzarse porque daba igual y, eventualmente, el promedio bajaría a menos de 70 y todos suspenderían. Es que lo vi en Cuba: la mayoría de la gente no se molestaba en trabajar más porque les aportaría lo mismo que trabajando poco: había una eterna huelga de brazos caídos y la producción estaba por el piso.

          • Víctor López 25 June 2020 at 3:08 pm Permalink

            Lo suscribo, Manuel.

  19. Víctor López 25 June 2020 at 4:08 pm Permalink

    Lo suscribo, Julián. En mi caso siempre hice el trabajo, la mayoría bostezaba.


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