03 October 2017 ~ 3 Comentarios

Las nuevas Cumbres latinoamericanas de Florida


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3 Responses to “Las nuevas Cumbres latinoamericanas de Florida”

  1. Humberto 4 October 2017 at 1:22 pm Permalink

    Se ve bueno; pero todos son personas mayores del siglo XX (hasta la cabeza en la foto los delata, je, je,..), que como cosa lógica por su cosmovisión estan viciadas con las cosas de ese siglo y no tienen una estrategia a largo plazo de cara a las aspiraciones de las fuerzas progresistas jóvenes en este siglo XXI; que según mis investigaciones son las de un socialismo de verdad, digamos por ahora al estilo países nórdicos y no la viejas ideas del pasado que mutilan las igualdades con sentido común, sean en una dirección o otra.
    Digamos, un sistema de salud universal en USA fuera del negocio del liberalismo económico, que como cosa lógica mejoraría también la relación costo/beneficio, porque sobran los ejemplos ya. A nadie le importa si es liberalismo o otra cosa, sino cosas con sentido común o dicho de otra forma; que funcionen en la practica para todos, sin exclusión social.
    Estamos de nuevo ante otra oportunidad después que el socialismo petrodolares de Chavez fracasara; pero ya veo lo viejuno de estas tesis y los monólogos; que sera solo eso, otra oportunidad perdida.
    Es decir, hay un vector de fuerza que anda al garete y al final por lógica generacional, va a hacerle contrapeso a la efectividad que emanen de estas importantes cumbres.
    Es decir, nada nuevo los mismos errores de siempre en el pasado, cuando la élite intelectual maestrein y política de forma auto suficiente creen en sus monólogos que tienen todo el control y la influencia de la sociedad, para acabar descubriendo ante los fracasos, que al final no es así y menos ahora con el poder de la social medias de todos los tipos y colores, los blog personales, la Internet, la deep web,… donde la gente se ha hecho mas libre que nunca de la influencia de estos poderes y los medios oficiales financiados por ellos.
    Pero bueno, vivir para ver que hay conversiones que nunca logran sobrepasar en nivel de banquete y amigotes que se acarician los oídos y aplauden con las orejas como focas, je, je,…

    • Humberto 4 October 2017 at 1:34 pm Permalink

      Por seguir con el ejemplo de arriba, que aplica en este caso a USA:
      Casualmente, ayer hablaba con una pareja de jóvenes, trabajan duro y no tienen ni un seguro medico de mierda de esos que no sirven para nada y no saben porque eso no se los ofrece su respectivas companias, ni nada al respecto,…
      Creen que les importan, saben o entienden de que se habla en estas cumbres y ustedes que no tienen respuesta para ellos?
      Creo que se necesita mas pragmatismo, menos emociones y vísceras, please.

  2. manuel 4 October 2017 at 4:34 pm Permalink

    Hay una tecnologia que soluciono el partidismo y desacuerdo entre facciones. James Madison es el eje de esta historia. Y todo comenzó cuando James Madison estaba en su apogeo. Él mismo era el Einstein no solo de la Constitución de EE.UU., sino de un pensamiento constitucional más global, y, hay que reconocerlo, él lo sabía. En un período de solo tres años, de 1785 a 1788, concibió, teorizó, diseñó, aprobó y logró ratificar la Constitución de EE.UU.

    Y solo para darles una idea de la enormidad de lo que representaba este logro, ni siquiera Madison pudo saber en ese momento que hoy la misma tecnología constitucional que él inventó sigue en uso no solo en EE.UU., sino, 230 años después, en lugares como Canadá, India, Sudáfrica, Brasil. En un rango extraordinario de contextos en todo el mundo, esta tecnología sigue siendo dominante, la más usada y la más efectiva para gestionar la gobernanza.

    En ese momento, Madison creía que, habiendo resuelto esto, el país funcionaría sin problemas, y que había diseñado una tecnología que minimizaría los resultados de las facciones y que así ya no habría partidos políticos. Sorprendentemente, pensó que había diseñado una constitución en contra de los partidos políticos, que los haría innecesarios.

    Tuvo una cantidad enorme de ayuda en la fase final de promoción de su proyecto constitucional de un hombre que puede que conozcan, llamado Alexander Hamilton. Hamilton era todo lo que Madison no era. Era apasionado, mientras que Madison era reservado. Él era pansexual, mientras que Madison no le habló a una mujer hasta sus 42 años, y luego se casó con Dolley y vivieron felices durante 40 años.

    Para decirlo sin rodeos, Hamilton era el tipo de persona de quien uno escribiría un musical de hip-hop,

    y Madison el tipo de persona de quien uno “no” escribiría un musical de hip-hop.

    De hecho, ningún tipo de musical.

    Pero juntos, conformaban una pareja dispareja, y produjeron los Documentos Federalistas, que ofrecieron una justificación y, como he mencionado, un plan de promoción para la Constitución, que resultó ser muy eficaz y tuvo un éxito rotundo.

    Con el establecimiento del gobierno, Hamilton fue Secretario del Tesoro, y tenía una idea muy específica en mente. Pensaba hacer con las instituciones financieras y con la infraestructura exactamente lo mismo que Madison había hecho con las constituciones. De nuevo, todos sus contemporáneos lo sabían. Uno de ellos le dijo a Madison, a quien pudo no gustarle mucho, que Hamilton era el Newton de la infraestructura. La idea era bastante sencilla. Hamilton le daría a EE.UU. un banco nacional, una deuda nacional permanente, —dijo que sería “inmortal”, su frase— y una política de fabricación que haría posible el comercio y la manufactura en lugar de la agricultura, que era la principal fuente de ingresos del país, y siempre lo había sido.

    Madison era completamente incisivo. Y en esta decisión crucial y crítica, en vez de solo decirle al mundo que su viejo amigo Hamilton estaba equivocado y adoptando las políticas equivocadas, en realidad empezó a aducir que las ideas de Hamilton eran inconstitucionales, que violaban la propia naturaleza de la Constitución que ambos habían redactado juntos. Hamilton respondió de la forma esperada. Declaró a Madison “enemigo político personal”, estas son sus palabras.

    Así que estos dos fundadores que fueron amigos íntimos y aliados tan cercanos y grandes socios, empezaron a enemistarse. Y lo hicieron a la viaja usanza. Primero, fundaron partidos políticos. Madison creó un partido llamado Partido Republicano Democrático, “Republicano”, abreviado, y Hamilton creó un partido llamado Partido Federalista. Estos dos partidos adoptaron posturas en política nacional que eran extremas y exageradas. Para darles un claro ejemplo: Madison quien siempre creyó que el país tendría algunas industrias, algo de comercio, y algo de agricultura, empezó a atacar a Hamilton por ser herramienta de los mercados financieros a los que Hamilton quería poner a cargo del país. Eso fue una exageración, pero era algo que Madison llegó a creer.

    También atacó la vida urbana, y dijo que las costas eran corruptas, y que había que mirar hacia adentro, al interior del país, a los agricultores, que eran la esencia de la virtud republicana, y que se debía volver a los valores que habían hecho grande a EE.UU., sobre todo a los valores de la Revolución, los valores de los impuestos bajos, de la agricultura y de menos comercio. Hamilton respondió diciendo que Madison era ingenuo, que era infantil, y que su objetivo era convertir a EE.UU. en una autarquía primitiva, autosuficiente y completamente ineficaz a escala mundial.

    Ambos lo sentían, y había algo de verdad en todas sus afirmaciones, porque cada lado estaba exagerando las opiniones del otro para dar batalla. Fundaron periódicos, por primera vez en la historia de EE.UU., las noticias que la gente recibía pasaban totalmente por la lente o del partido Republicano o del partido Federalista.

    ¿Cómo terminó esto? Resultó que la Constitución hizo su trabajo. Pero hizo su trabajo de maneras sorprendentes que el propio Madison no había anticipado plenamente. Primero, hubo una serie de elecciones. Y las dos primeras veces, los federalistas destruyeron a los republicanos. Madison estaba asombrado. Por supuesto, culpó a la prensa.

    Y en una visión bastante innovadora, Madison nunca dejó de innovar cuando pensaba en algo, dijo que la prensa era tan pro-federalista porque los anunciantes eran federalistas, porque eran comerciantes de las costas que ganaban su capital de Gran Bretaña, con la que el federalismo tenía relaciones. Esa fue su explicación inicial. Pero a pesar de eso, los federalistas, una vez en el poder, promulgaron leyes que criminalizaron la crítica al gobierno —eso sucedió en EE.UU. Sin embargo, los republicanos lucharon, y Madison comenzó a enfatizar la libertad de expresión, que había construido en la Declaración de Derechos, y la capacidad de la sociedad civil de organizarse. Indudablemente, a nivel nacional, pequeños grupos locales —se les llamó Sociedades Democrático-Republicanas— empezaron a formarse y a protestar contra la hegemonía federalista dominante. Al final, los republicanos lograron ganar una elección nacional, eso fue en 1800. Madison fue Secretario de Estado, su amigo y mentor Jefferson fue presidente, y en realidad, con el tiempo, lograron sacar a los federalistas por completo del panorama. Ese era su objetivo.

    Ahora, ¿por qué sucedió eso? Sucedió porque en la estructura de la Constitución había varias características que manejaban a la facción como se suponía que se debió hacer en primer lugar. ¿Cómo fue eso? Primero, lo más importante, la libertad de expresión. Esta era una idea innovadora en ese entonces. Es decir, que si estabas fuera del poder, podías decir que el gobierno era horrible.

    Segundo, la organización de la sociedad civil. La capacidad de reunir grupos privados, individuos, partidos políticos y otros que se organizan para lograr un cambio fundamental. Quizás lo más significativo fue la separación de poderes, un elemento extraordinario de la Constitución. La cuestión de la separación de poderes, lo hizo entonces y lo hace ahora, pone el gobierno en el centro. Se puede ser elegido presidente en EE.UU. con la ayuda de la periferia, derecha o izquierda. Resulta que en realidad, no se puede gobernar a menos que estés en el centro. Hay elecciones a mitad de mandato que vienen increíblemente rápido tras el comienzo de una presidencia. Eso lleva a los presidentes al centro.

    Hay una estructura en la que el presidente ni regula ni gobierna, sino que solo puede proponer leyes y ver si otras personas están de acuerdo, otra característica que suele llevar a los presidentes que quieren impulsar su agenda, hacia el centro. Y una mirada a los periódicos de hoy les revelará que estos principios siguen operando por completo. Sin importar cómo sea elegido un presidente, el presidente no puede hacer nada a menos que primero siga las reglas de la Constitución, porque de lo contrario, se le expedirá en los tribunales, como de hecho ha ocurrido a veces, recientemente y en el pasado, en la historia de EE.UU. Y además, el presidente necesita gente, funcionarios electos que sepan que necesitan ganar elecciones de electores de centro, también para respaldar sus políticas y aprobar leyes. Sin eso, no pasa mucho.

    Algo que pueden llevarse de esta breve digresión sobre la historia del partidismo, es lo siguiente: el partidismo es real; es profundo; es extraordinariamente poderoso, y es terriblemente inquietante. Pero el diseño de la Constitución es mayor que el partidismo. Nos permite manejar el partidismo cuando es posible, y nos permite realmente superar la división partidista y producir compromisos, siempre que sea posible. Esta es una tecnología que funcionó para los fundadores, funcionó para sus nietos, no funcionó en la Guerra Civil, pero luego empezó a funcionar otra vez. Y funcionó para nuestros abuelos, para nuestros padres, y va a funcionar para nosotros.

    https://www.ted.com/talks/noah_feldman_hamilton_vs_madison_and_the_birth_of_american_partisanship/transcript

    como seria el mundo hoy si mas paises aplicaran esta poderosa maquinaria? la que ha demostrado ser lo mas inteligente, la que nos ha salvado de varios abismos en los que nos hemos precipitado por los ultimos 2 siglos en los que unas mayorias iluminadas nos han querido embarcar.


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