21 April 2019 ~ 68 Comentarios

Las razones de Washington

Por Carlos Alberto Montaner

Cuba está detrás del horror venezolano. La Isla aprendió de los soviéticos el arte de controlar a una sociedad, aunque el 80% de las personas se opongan al sistema impuesto. Basta el 0.5% de la población adscrito a la contrainteligencia, para conseguir la sumisión del conjunto.

La gente obedece por temor, no por amor, y mucho menos por razones ideológicas. En Cuba y en Venezuela, como en todo el ámbito del socialismo del siglo XXI, del que solamente quedan Bolivia y Nicaragua, apenas existe un puñado de descerebrados que se crean las consignas marxistas-leninistas.

Pero el problema no es ése. Al fin y al cabo, no es la primera vez que una isla pequeña controla a una nación mucho mayor, más poblada y rica. Esa es la historia del Reino Unido y la India. El problema es a lo que se dedica la colonia, más allá de ser explotada por la implacable metrópolis cubana.

La jefatura militar venezolana, encabezada por Nicolás Maduro, el títere elegido por La Habana, se dedica, primordialmente, al narcotráfico. De ese turbio negocio obtiene miles de millones de dólares. Mas ahí no terminan los compromisos venezolanos con el delito. Les prestan apoyo a los terroristas islamistas, a Irán y a todo aquel que diga estar contra Occidente. Es la manera que tienen de dignificar sus actividades delictivas. Las cubren con un manto ideológico “antiimperialista” de izquierda.

Eso es lo que piensan John Bolton, Mike Pompeo, Elliott Abrams y los cubano-americanos Marcos Rubio y Mauricio Claver-Carone. Nunca había habido una unidad de criterio tan consolidada en Washington. Todos saben lo que ocurre en Venezuela y no ignoran la importancia de Cuba como el poder detrás del trono.

El problema es cómo enfrentarse a ese peligro. Han llegado hasta solicitarle a Raúl Castro que abandone su presa venezolana. Parece que ése era el mensaje que llevaba el príncipe Charles en su sorprendente viaje a Cuba disfrazado de turista con su dulce Camila colgada del brazo. Es lo que Abrams les transmite a sus interlocutores de Cuba y Venezuela.

Pero es inútil. Cuba está dispuesta a pelear hasta el último venezolano. Primero, porque lo necesita desde un punto de vista material. El sistema impuesto a los cubanos –el “Capitalismo Militar de Estado”- es absolutamente improductivo y requiere adosarse a otra nación para que los sostenga y mantenga. Y, segundo, porque durante 60 años les ha dado resultado para controlar el poder y saben que sus adversarios cambian o se cansan. Todo está en mantenerse firmes en la misma posición.

Ante estos hechos, John Bolton, Asesor de Seguridad de Donald Trump, el 17 de abril pasado, en Miami, reveló las medidas que USA adoptará contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, las tres naciones que hoy constituyen “el eje del mal”.

Como se sabe, Estados Unidos ha optado por sanciones económicas incluidas en la Ley Helms-Burton aprobada durante la administración demócrata de Bill Clinton. Esa ley, promulgada por el Congreso y el Senado norteamericano, viene a decir que cualquier país que haga negocios con Cuba, en transacciones que involucren a las propiedades de estadounidenses, confiscadas por la revolución comunista, pudiera enfrentarse a represalias y a demandas ante los tribunales norteamericanos.

Asimismo, limita las remesas y las visitas de los emigrantes cubanoamericanos a los niveles que tuvieron durante el gobierno de George W. Bush (hijo), e impone un periodo de seis meses sin atracar en Estados Unidos a los barcos que toquen previamente suelo cubano. Esa medida ya ha provocado el terror entre algunos armadores y la parálisis del tanquero “Despina Adrianna” en aguas venezolanas, originalmente destinado a Cuba.

Realmente, esas son razonables medidas tácticas de mantenimiento de una semi hostilidad, pero no necesariamente conducen al fin de las dictaduras de Cuba y Venezuela. Si lo que se pretende es liquidar esos gobiernos enemigos de Estados Unidos, se impone el desarrollo de una estrategia, sometida a un calendario, para lograr esos fines antes de las elecciones del 2020, cuando pudieran cambiar las tornas.

Para conseguir esos objetivos, es importante alinear a todos los factores esenciales, y eso sólo lo puede hacer Estados Unidos si habla en serio cuando afirma que se “reserva todas las cartas”. Ningún actor internacional de primer orden (Canadá, el Grupo de Lima, la Unión Europea, la OTAN) le negaría a Washington su respaldo para eliminar a unos Estados forajidos dedicados al narcotráfico y a las conspiraciones antidemocráticas, y seguramente colaborarían en el empeño.

De lo contrario, si Washington opta por limitarse a enseñar los dientes y ser un “tigre de papel”, como teme y ha escrito Humberto Belli, el ensayista nicaragüense, no tiene sentido mortificar con más penurias a la sociedad cubana. En ese caso, Estados Unidos debe volver a la estrategia de contención: vigilancia, propaganda y denuncias precisas contra los transgresores de las leyes. Naturalmente, la pistola caribeña seguiría amenazando las cabezas de todos, como ha ocurrido a lo largo de seis décadas.

68 Responses to “Las razones de Washington”

  1. Cubano-Americano 21 April 2019 at 8:33 pm Permalink

    Sucede que si tu tienes a un mono amarrado y la soga la tienes tu…donde esta el peligro??..Es una Espada de Democles decia…pero no hay dia donde no se tomen medidas que estrangulen a Maduro y al regimen cubano..se estan ambos cocinando a fuego lento!!…y…lo mejor esta por venir!!!…nada peor para un adversario que no vea futuro..y lo peor esta por venir para ellos!!

  2. Víctor López 21 April 2019 at 9:08 pm Permalink

    Comparto su comentario en la mayor parte, CAM. Pero pudiera asegurar que todos esos “apoyos” que tiene el señor Guaidó, saltarían al unísono en contra de los EE.UU si este actuara.

    por la forma!! Por la forma!

    Así somos de hipócritas. La historia es un rosario de esa felonía.

  3. joseluis 21 April 2019 at 10:44 pm Permalink

    No entiendo ni entenderé como a un perro callejero, flaco con sarna y rabia, se gaste tanto tiempo en estrategias y formulas para liquidarlo como también a sus garrapatas.
    No creo que en estos tiempos sea tan difícil y menos imposible. Si se fijan en las barridas en el medio oriente por parte de Estados Unidos, a países con mucho más fuerza armamentista, y militares mas capases que los de Cuba y Venezuela… Hay que ser algo miope para no ver lo de Cuba como instrumento político electoral.
    Los subestiman, lo ven como lo que representan, unos perdiceros que viven de la truco maña, viviendo de las limosnas y del raterismo. Aquellos que subestiman a otros por su apariencia, pueden que mañana les traigan serios problema. Hay que cuidarse de los cobardes porque poco se dejan ver, a diferencia de los valientes.

  4. joseluis 21 April 2019 at 10:50 pm Permalink

    No entiendo ni entenderé como a un perro callejero, flaco con sarna y rabia, se gaste tanto tiempo en estrategias y formulas para liquidarlo como también a sus garrapatas.
    No creo que en estos tiempos sea tan difícil y menos imposible. Si se fijan en las barridas en el medio oriente por parte de Estados Unidos, a países con mucho más fuerza armamentista, y militares mas capases que los de Cuba y Venezuela… Hay que ser algo miope para no ver lo de Cuba como instrumento político electoral.
    Los subestiman, lo ven como lo que representan, unos pordioseros que viven de la truco maña, viviendo de las limosnas y del raterismo. Aquellos que subestiman a otros por su apariencia, pueden que mañana les traigan serios problema. Hay que cuidarse de los cobardes porque poco se dejan ver, a diferencia de los valientes. Perdón, pordioseros.

  5. Humberto Mondejar 22 April 2019 at 2:35 am Permalink

    ESTAS DE ACUERDO CON UNA INTERVENCIÓN MILITAR HUMANITARIA DE EEUU-OEA PARA RESTITUIR LA CONSTITUCIÓN DE 1940 EN CUBA?
    Votar Si o No en ese link:
    https://www.facebook.com/patriaandlibertad/posts/630462654067276

  6. Manuel 22 April 2019 at 2:56 am Permalink

    La Historia es escrita por hombres que dedican todo su tiempo a pensarla,
    pero es hecha por hombres que dedican todo su tiempo a no pensar.
    En lo primero hay caza incesante de razones y cadenas; en el segundo hay solo el momento presente, la interpretacion que de ello hacen los hombres que determinan el curso de los acontecimientos, las personas que importan.
    Uno es el plan a largo plazo, el otro lo inmediato; uno lo importante, el otro lo urgente.
    Esta contradiccion mina todo el devenir, lo tuerce de modos aberrantes, ciegos, torpes, tontos; que tanto sufren los que si pueden ver, sentir.
    La Historia es asi un caballo denso, un mar de fangos, que mira por hacia donde debemos ir a traves de sus ojos luminosos de cerebro, analisis, sintesis laser; si no de las piedras y tropezones; los cascos y heridas; las cidas y reventones; enfermedades, picadas y accidentes: haciendo de ella una aventura, triste, que muele de modo absurdo a millones de seres salvables, si esta anduviera guiada por planos inteligentes y no por caprichos ancestrales de criaturas terrestres.

  7. Manuel 22 April 2019 at 2:58 am Permalink

    La Historia es escrita por hombres que dedican todo su tiempo a pensarla,
    pero es hecha por hombres que dedican todo su tiempo a no pensar.
    En lo primero hay caza incesante de razones y cadenas; en el segundo hay solo el momento presente, la interpretacion que de ello hacen los hombres que determinan el curso de los acontecimientos, las personas que importan.
    Uno es el plan a largo plazo, el otro lo inmediato; uno lo importante, el otro lo urgente.
    Esta contradiccion mina todo el devenir, lo tuerce de modos aberrantes, ciegos, torpes, tontos; que tanto sufren los que si pueden ver, sentir.
    La Historia es asi un caballo denso, un mar de fangos, que No mira hacia donde debemos ir a traves de sus ojos luminosos de cerebro, analisis, sintesis laser; sino de las piedras y tropezones; los cascos y heridas; las caidas y reventones; enfermedades, picadas y accidentes: haciendo de ella una aventura, triste, que muele de modo absurdo a millones de seres salvables, si esta anduviera guiada por planos inteligentes superiores a todo lo vivo y no por caprichos ancestrales de criaturas terrestres.

    • Manuel 22 April 2019 at 3:05 am Permalink

      y va depositando cadaveres sobre los que tiene que andar
      y va andando caminos que a veces sufre tirones de la razon
      y de lo hecho hasta ese momento

      pero su andar sera siempre erratico, impredecible, inesperado
      burlon de los que quieren hacer de ella un tejido logico sufriente
      una historia Cristiana, lineal
      es una medeja de entuertos y desvios
      no el deseo de alguna alma justa
      superior a todos
      buena
      amable
      enamorada de alguna nacion

    • Manuel 22 April 2019 at 3:06 am Permalink

      y va depositando cadaveres sobre los que tiene que andar
      y va andando caminos que a veces sufre tirones de la razon
      y de lo hecho hasta ese momento
      pero su andar sera siempre erratico, impredecible, inesperado
      burlon de los que quieren hacer de ella un tejido logico sufriente
      una historia Cristiana, lineal
      es una medeja de entuertos y desvios
      no el deseo de algun alma justa
      superior a todos
      buena
      amable
      enamorada de alguna nacion

  8. Cubano-Americano 22 April 2019 at 7:00 am Permalink

    Si tienes un group important de paises de AL que no quieren la intervention military incluyendo Guaido…hay que hacer lo que USA esta haciendo…en Cuba es un hecho que lleva 60 años y aunque no nos gusta se ha ganado un espacio incluso entre celebridades de USA que desfilan por esa dictadura perdida en el tiempo..ademas..USA tiene relaciones con Cuba y pactos que son:
    1-Trafico aereo por el corredor de Colon.
    2-Reuniones periodicas de generales en Base de Guantanamo desde la epoca de Bush
    3-Lucha contra el narcotrafico..los narcos que captura Cuba los manda para USA.
    4-Accedio sin protesta los Talibanes en la Base de Guantanamo por un acuerdo secreto
    5- Regulation de la immigration por las costas Cubans..por eso devolvieron los que penetraron en la Base de Guantanamo.
    6- Recepcion de cubanos en proceso de deportation que no sean Ciudadanos americanos
    Hay otros acuerdos que desconocemos y tiene que ver con la Inteligencia
    Los paises no tienen ni amigos..ni enemigos..solo tienen intereses.

    • joseluis 22 April 2019 at 8:34 am Permalink

      Si, coincido en muchas cosas contigo, se te olvido que a veces Castro sirve como soplón de USA para suavízalos. No coincido contigo cuando dices: Los países no tienen ni amigos..Ni enemigos..Solo tienen intereses. Cuando hay un país que afecta los intereses de otro, pues ese es un enemigo, y cuando no, ese es un país amigo. Esa es la amistad y la enemistad del mundo político, que si existe.joseluis

  9. joseluis 22 April 2019 at 8:31 am Permalink

    Si, coincido en muchas cosas contigo, se te olvido que a veces Castro sirve como soplón de USA para suavízalos. No coincido contigo cuando dices: Los países no tienen ni amigos..Ni enemigos..Solo tienen intereses. Cuando hay un país que afecta los intereses del otro, pues ese es un enemigo, y cuando no lo afecta, ese es un país amigo. Esa es la amistad y la enemistad del mundo político, que si existe.

  10. Ramiro Millan 22 April 2019 at 8:34 am Permalink

    Y pensar que con solo anunciar un plan económico de apertura de la economía a la inversión privada en 6 meses Venezuela estaría creciendo al 10%.
    Solamente es necesario ver a toda la cúpula de poder delante de las cámaras anunciando un plan económico liberal y en unos pocos meses se revierte todo el desastre del pueblo venezolano.
    ¿Seguirían gobernando los mismos vándalos y delincuentes actuales? Si, pero es el mismo pueblo venezolano quien los llevó al poder. Son los mismos del Kremlin y del partido comunista chino quienes gobiernan Rusia y China, ambos con regímenes e historias económicas similares.
    Si la solución es tan simple ¿Por qué no lo hacen?
    Porque tienen en el cerebro mucho más de un chimpancé que de un humano.
    Una economía que parte con salarios e impuestos en dólares miserables, atrae como la miel a las moscas al inversor.
    ¿Y la seguridad jurídica y el respeto por la propiedad privada más toda esa alaraca?
    Argentina defoulteo y devaluó un 400% la moneda llevando salarios e impuestos por el piso y llovieron las inversiones aunque mientras traían los dólares el gobierno argentino llevaba en la cumbre del G20 a Fidel Castro y a Chávez a despotricar en plaza de mayo al imperialismo capitalista e instigaba a las decenas de miles de imbéciles llevados por el aparato político del gobierno argentino para que sientan el olor a azufre que traía Busch a la reunión.
    Mientras Fidel Castro hablaba en una plaza pública argentina apoyado por el gobierno argentino de turno, los corredores de bolsa agotaban las líneas telefónicas para aprovechar la ocasión que presentaba el antimperialista y anticapitalista gobierno local.
    A la codicia no la amedrenta nada. Ni siquiera Maduro y sus secuaces. Donde se puede hacer dinero, no importa el olor a podrido que puedan tener el lugar en donde está el negocio.
    Sino, miren a China. Dudo habría un ambiente más podrido que el de ese país asiático y sin embargo los “exigentes capitales de seguridad jurídica y respeto por las leyes y la propiedad privada” vaciaron los depósitos de los países desarrollados y llevaron conteiners los dólares a ese nefasto régimen de gobierno.
    Tan simple la solución en ese país y sin embargo…..

  11. Luis Moreno 22 April 2019 at 10:26 am Permalink

    Si Trump resulta ganador en el 2020 entonces otro gallo va a cantar, pero si es electo un demócrata, no habrá solución ni para Cuba ni Venezuela ni ningún otro país sometido al neo-comunismo. Trump por supuesto desea ser relegido y por ello se cuidará de aquí a las elecciones de intervenir militarmente en Venezuela o en Cuba, pues arriesgaría el voto de muchos de sus simpatizantes de hoy, sobre todo de estadounidenses, a los que Venezuela y Cuba hoy les importa un comino, y por supuesto, no sería electo si esas hipotéticas intervenciónes salen mal, se estancan, etc, aparte de que el Congreso podría vetarlo, realizarle un “impeachment”, formar una gran algarabía en USA, etc. No olvidemos que los cubanos, los venezolanos y los nicaraguenses han contribuido en gran medida a tener los gobiernos que tienen y hasta ahora (excepto los nicaraguenses) poco o nada han hecho para sacudirselos de encima. ¿O no?. ¿Por que deberían morir jovenes norteamericanos para sacarles las castañas del fuego a pueblos indolentes, irresponsables y estupidizados?. ¿Cuanto tiempo después de que sean liberados volverán a cometer las mismas imbecilidades, sobre todo cuando no hay comprensión de como funciona la democracia, la institucionalidad, la división de poderes, etc.,etc.? Las republiquetas letrinoamericanas son inmensamente corruptas y sus poblaciones también lo son, además de indolentes, irresponsables, ignorantes y estúpidas. ¿O no?.

    • Ramiro Millan 22 April 2019 at 10:46 am Permalink

      Coincido. De hecho poco importa cuán corruptos sean los que los gobiernan. Es más, aún un 60% cree que Chávez hizo un buen gobierno y que la culpa de sus males no las tiene Chávez sino Maduro que no supo continuar el modelo chavista. Eso significa que tarde o temprano tendrán otro Maduro si éste alguna vez se va.
      Lo único que moviliza a las demás naciones y a la humanidad en general es la crisis humanitaria. Salir se ella es lo que importa y no cómo. De eso nadie puede hacerse el distraído porque si así fuera ¿qué nos queda de humanidad?.
      Debería dar igual si es con o sin Maduro y Diosdado Cabello (de hecho el mismo pueblo venezolano los llevó donde hoy están).
      Con solo virar la política económica se solucionaría rápidamente el problema y sin derramamiento de sangre.
      Hay que recordar que la guerra debe ser un último recurso si es que es un recurso.
      Porqué no viran la política económica es algo prácticamente inentendible para la razón humana. Tal vez estudiando la psicología de los chimpancés se pueda interpretar mejor lo que allí sucede.

    • Maximiliano Herrera 22 April 2019 at 11:18 am Permalink

      Un democrata ya hubiera intervenido hace rato Clinton fue a Haiti, fue a Somalia, intervino militarmente todas las veces necesarias, se fue a los Balcanes, a Kosovo.
      En cambio esa basura de Trump adora a los dictadores comunistas como Putin y Kim Jong Un al que tildò de su hermano gemelo. Tambien adora a los talebanes puesto que ya esta poniendose de acierdo con ellos para sacar todas las tropas americanas y entregarles Afghanistan e los terroristas islamicos, echando a la basura 20 anyos de esfuerzos. Trump es la mas grande desgracia y calamidad que le pudo pasar a EEUU

  12. Maximiliano Herrera 22 April 2019 at 11:24 am Permalink

    que estupidez que escribiò CAM !

    “no es la primera vez que una isla pequeña controla a una nación mucho mayor, más poblada y rica. Esa es la historia del Reino Unido y la India”

    Ah porque la India era mucho mas rica que el Reino Unido ?? De veras ? donde , cuando ?

  13. Danette Noda 22 April 2019 at 3:43 pm Permalink

    https://youtu.be/LBqyU8st6Ew

    el puebo ya basta
    de 60 anos de mentiras
    patria hambre y miseria

  14. Adolfo 22 April 2019 at 7:14 pm Permalink

    Sin duda el narcoregimen castrista va a seguir con su criminal genocidio en Venezuela. Hay muchas más pruebas contra el castrismo que las hubo contra los jerarcas nazis en los juicios de Nuremberg al final de la segunda guerra mundial. Raul Castro y su camarilla de criminales lo saben mejor que nadie. Esa es la razón por la que han ordenado a los 50 mil espías cubanos en Venezuela que no muevan un dedo y que sigan con sus actividades criminales. La narcodictadura castrista ha llegado al punto de no retorno, como sucedió con los nazis. Todas las sanciones del mundo no van a lograr mucho precisamente porque el narcoregimen de La Habana y sus títeres los los narcogenerales venezolanos ganan astronómicas sumas de dinero con el narcotráfico.
    La administración de Trump ha tomado la decisión de no iniciar una operación militar por ahora, al menos no antes de las elecciones del 2020. Pero podría tomar otras medidas contra la narcodictadura cubana que serían contundentes. El bloqueo naval primero de Venezuela y luego de Cuba es una de las más potentes y eficaces para cortar el 90% del narcotráfico del que depende el régimen cubano. Washington también debería establecer un “no fly zone” como lo hizo para derrotar al criminal comunista Milosevic (cercano aliado de Castro)en los Balcanes. Esperemos que Bolton, Abrams y el propio Trump tomen al menos estas medidas que no comprometerían la seguridad de personal militar americano pero serían mucho mejores que simples sanciones económicas.

  15. Cubano-Americano 23 April 2019 at 2:35 am Permalink

    Solo tienen intereses. Cuando hay un país que afecta los intereses de otro, pues ese es un enemigo, y cuando no, ese es un país amigo. Esa es la amistad y la enemistad del mundo político, que si existe.joseluis
    ===================
    Cuba no constitute una amenaza para USA al contrario colabora con USA..Venezuela que affects??..al contrario La Florida se ha beneficiado del dinero proveniente de Venezuela…Los paises solo tienen intereses.
    Amistad es una calle en la Habana

    • joseluis 23 April 2019 at 7:50 am Permalink

      Creo que no leíste lo escrito por mí, te di entender que a los americanos los les interesa los Castro; pero en política cuando tu perjudicas mis intereses, pues eres mi enemigo, y al parecer para Estados Unidos los Castro no perjudican sus intereses, si en realidad les perjudicara, pues los Castro fueran sus enemigos. Y por lo tanto. ¿Crees tú que los Castro hubiesen podido llevar más de medio siglo en el poder, si los americanos los consideraran un enemigo real? Lo subestiman, a un bandido pordiosero a la vez limosnero no representa peligro. Creo que Cuba es el cuarto país que más ayuda recibe de Estados Unidos.

  16. Manuel 23 April 2019 at 5:40 am Permalink

    Ramiro,
    Hay algo en su interpretación de cultura que me llama la atención.
    Ud cree que el acento esta en la envidia.
    Yo le pregunto. Que es lo que envidian?
    Cdo responda se dará cuenta de muchas cosas.

    El sino del hombre es, uno, su incultura, y dos, su ansia de saber
    Uno, Su falta de educación, dos, su curiosidad incesante

    Lo uno lleva a hacerse ideas fanaticas del mundo,
    Ideas simples para explicarse todo,
    Para seguir en manadas tras esos mitos
    Falsos todos

    Es intenso lo segundo, lo dos.
    En pocos lugares se ha logrado encausar ese
    Tremendo caudal que es el deseo de prosperar
    En medio de reglas justas, iguales, con un poderoso
    Brazo de la ley, que funcione, como tiene que funcionar
    Junto a los medios, la prensa.

    Donde mejor se han implementado esas premisas
    Es, vaya hecho curioso!, en los paises mas ricos
    Que ha conocido la Historia
    Con EEUU a la cabeza.

    Pero al sur de esa maravilla, Que tenemos?
    700 millones de personas mal viviendo
    Tratando de llegar a EEUU.
    A ESO UD LLAMA ENVIDIA?

    HAY un grupo si, que ha interpretado la Historia desde
    El sur para montarse el teatro de la Revoluciones
    Sociales y empotrarse en el poder y las mieles
    Podridas y absurdas que tanto Marti detesto,
    Y a las que Silvio y Aute cantaron con despreció,
    Pero siguen abrazando.

    Por que?
    Por que no paran de abrazar esas mieles si
    Pueden ver que están corruptas?

    Por el mismo motivo que Don Quijote no pudo
    Dejar de abrazar sus alucinaciones.
    Porque una vez que te crees una historia
    De caídos y justicieros,
    De malhechores y Caballeros,
    Y de un remedio rápido y radical a esos males,
    Ya estas en la armadura del flaco de La Mancha.
    Y ya se te cerraron los ojos y la entendedera y ves
    Por el fanatismo brutal de tu ignorancia
    Miopía
    Sicosis.

    Que solo intelectos muy elevados (como el de Marti)
    Pueden salvarse.

    Para muestra, si no te basta el Uruguayo Galeano,
    Esta este “sabio” vegete de mi tierra:

    “Los más elementales libros de lógica enseñan que en un silogismo, si la premisa mayor es falsa, la conclusión no puede sino serlo también. Pienso en ello a propósito de algún que otro texto reciente en el que la premisa mayor es el deplorable libro (primero fue un artículo) del racista y reaccionario Samuel Huntington, quien, intentando robarles el trueno y aguar a autores como Oswald Spengler y Arnold Toynbee (y dando por sentado que los lectores superficiales a quienes se dirigía los ignoraban), se apareció con el presunto choque de civilizaciones, que no es más que el intento de cohonestar con lenguaje universitario (como corresponde a lo que Pierre Bourdieu llamara «la nueva Vulgata planetaria») las guerras coloniales en que Occidente, y en particular su país, llevan tiempo entregados. No es otra la razón por la cual centenares de miles de emigrantes asiáticos y africanos arriesgan morir (y mueren masivamente) en el Mediterráneo, con el fin de abandonar sus países de origen, devastados por los horrores que las naciones metropolitanas, y muy en especial los Estados Unidos, han implicado y continúan implicando allí. Similar es el caso de cuantiosos latinoamericanos y caribeños en sus patéticos esfuerzos por ingresar en los Estados Unidos, huyendo de la miseria y los crímenes que en sus países provoca el imperialismo estadunidense, que hace un tiempo los lacayos de siempre daban por inexistente, y en consecuencia no empleaban el vocablo, lo que mucho disgustaba a antimperialistas cabales como Harry Magdoff, y nunca fue aceptado por alguien tan independiente como Edward W. Said, quien tituló su notable libro de 1993 Culture and Imperialism.No es extrañoque Said haya impugnado, con erudición e ironía, la tesis de Huntington, en «The Clash of Ignorance» (The Nation, 4 de octubre de 2001), que pude leer gracias a Fernando Luis Rojas.
    El libro de Huntington había sido antecedido por el historicida (también fue primero un artículo) de Francis Fukuyama (ya impugnado avant la lettre, como dije hace años, por Althusser, al limitarse aquel a repetir tesis de Kojève), cuya obvia finalidad era asegurar, con la burrada del fin de la historia, y por tanto del fin de la lucha de clases, el triunfo definitivo del capitalismo depredador (especialmente, claro, el de los Estados Unidos).
    La América que fue colonia española nunca constituyó una unidad, y en cambio iba a ser más fragmentada: así ocurrió, por ejemplo, en el Río de La Plata y Centroamérica. A pesar de esfuerzos como los de Simón Bolívar, debido a razones muy concretas, espaciales y otras, no llegó a convertirse en una sola entidad, lo que a fines del siglo XVIII sí lograron las pequeñas y poco pobladas Trece Colonias del Norte. A propósito de ello, según información que debo a María Luisa Laviana, el agudo Conde de Aranda (Pedro Abarca), Embajador de España en Francia, hizo llegar en 1783 al rey Carlos III su Memoria secreta sobre América, donde planteó que la República que eran los Estados Unidos había «nacido pigmea», requirió la ayuda de Francia y España para obtener su independencia, pero, añadió, «mañana será un gigante» y «después un coloso irresistible en aquellas regiones». Aproximadamente un siglo después, corroborando tales palabras visionarias, José Martí llamaría a aquella República, ya abultada por compras y robos, «cesárea e invasora».

    Sobre la guerra que llevó al nacimiento de los Estados Unidos es necesario añadir algo. Durante mucho tiempo se dijo (yo también lo dije) que tal guerra para separarse de Inglaterra fue una noble hazaña, ejemplo para toda la humanidad. Pero recientes historiadores estadunidenses (encarnaciones de la valiosa y valiente intelectualidad de lo mejor de su país), así como el infaltable Noam Chomsky, han conjeturado que la causa de tal separación fue garantizar que los amos norteamericanos conservaran sus esclavos (a lo que no hace mucho se refirió nadie menos que Trump al pedir, para defender a supremacistas blancos, que se recordara que Wáshington y Jefferson tenían esclavos), pues en la Inglaterra de la época crecían vigorosamente proyectos abolicionistas que de triunfar dañarían obviamente los intereses de los colonos norteamericanos blancos. De hecho, el inicio de la famosa Declaración de independencia (1776),en la que se proclamó enfáticamente que todos los hombres «han sido creados iguales», etcétera, fue contradicho desde el primer momento. A los aborígenes, que ya estaban allí cuando llegaron los europeos, se los exterminó como a alimañas, según habían venido haciendo sus antepasados desde que desembarcaron del Mayflower,y lo que combatió con energía y coraje Helen Hunt Jackson en su libro de 1881 Un siglo de infamia, cuyo subtítulo es Un boceto de los tratos del gobierno de los Estados Unidos con algunas tribus indias,libro muy estimado por Martí, pero del que supongo que nadie se acuerda hoy en los Estados Unidos, aunque me gustaría no tener razón en este punto, así como en otros.
    Y a los descendientes de africanos se los mantuvo en el país como esclavos durante casi un siglo, hasta que tras la revolución industrial, que requirió nuevos esclavos que serían los obreros y no esclavos de tipo tradicional, «el leñador de ojos piadosos», como Martí llamó a Lincoln, decretó, en medio de una intensa Guerra Civil, el fin de la esclavitud de los negros. En cuanto a Lincoln, aunque no ignoro que es discutido, me gusta evocar que llevó su nombre la inolvidable Brigada estadunidense que combatió con las armas, precozmente, al nazifascismo en defensa de la agredida República Española, traicionada por los países occidentales «democráticos» de la época, que con excusa de neutralidad se negaron a venderle armas o a auxiliarla en cualquier forma. Ernest Hemingway escribiría, para una revista de izquierda estadunidense, el conmovedor epitafio de aquella Brigada, que traduje al español. Tampoco puedo dejar de recordar que, en acuerdo con la conducta hacia la República Española de aquellos países occidentales «democráticos», los Estados Unidos, en la llamada Segunda Guerra Mundial (es decir, el segundo período de la Gran Guerra), dejaron intocado el régimen de Franco, hermano gemelo de Hitler y Mussolini gracias a quienes ganó la guerra «civil», y en consecuencia tan hostil al comunismo como aquellos (Franco envió la Legión Azul española a combatir junto a los nazis contra la Unión Soviética), y como iban a serlo los propios Estados Unidos, de lo que el macartismo resultó ejemplo mayor, pero no único. No fue el macartismo el que acuñó la expresión «Imperio del mal» para referirse al país que, no obstante sus aspectos negativos, fue el que en medida incomparablemente mayor contribuyó a vencer al nazismo al precio de la muerte de muchos millones de sus hijos e hijas, en contra de lo que está de moda decir, sobre todo en los Estados Unidos. Añado que desde mi niñez (debido a que mis padres fueron fervientes partidarios de los que eran llamados entonces «los leales», como luego lo serían del Partido Ortodoxo al que perteneció Fidel y del Movimiento 26 de Julio) la causa de la República Española me ha sido muy importante, al punto de que en 1949, a mis diecinueve años, por contribuir a boicotear una farsa de poetas españoles franquistas, fui encarcelado junto con otros compañeros, y yo solía proclamar con orgullo que era de los últimos presos en América por defender la República Española, como lo habían hecho entre 1936 y 1939 más de un millar de cubanos y cubanas que fueron a combatir en España, no pocos de los cuales dejaron allí sus huesos.
    Volviendo a lo anterior, la condición de los negros sigue siendo deplorable en los Estados Unidos, como tuve el bochorno de contemplar, sobre todo en el Sur, cuando siendo adolescente los visité por primera vez (el macartismo me impidió regresar a ellos durante casi diez años), y como hoy mismo son víctimas preferidas de la policía, y proporcionalmente el mayor conjunto humano de prisioneros en ese país, campeón mundial de las prisiones que a menudo son empresas privadas. Por eso no me extrañó el libro Hitler’s American Model. The United States and the Making of Nazi Race Law (Princeton Universty Press, 2017), de James Q. Whitman, nuevo ejemplo, por cierto, de lo mejor de la intelectualidad del país. Y a propósito de esto último, no puedo sino recordar con admiración y respeto a quienes, como Emerson y Thoreau, se opusieron a la agresión a México; William Dean Howells, Henry y William James y Charles Eliot Norton objetaron la intervención en Cuba en 1898; y los que han defendido y explicado la Revolución Cubana, de C. Wright Mills y Leo Huberman y Paul Sweezy en 1960 hasta nuestros días.
    Establecimiento de centenares de bases militares en el mundo entero, invención de hechos falsos que justificarían agresiones, invasiones de todo tipo, autorizadas y sobre todo no autorizadas por la Onu, destrucción de países como Yugoslavia, Iraq y Libia (se recuerdan todavía las carcajadas ante las cámaras de televisión con que Hillary Clinton, no Trump, saludó el asesinato del líder libio Gadafi, y su expresión robada de Julio César: «Llegamos, vencimos y matamos»), asesinatos a mansalva de la CIA (preferentemente de líderes populares: en el caso de Fidel trataron de hacerlo más de seiscientas veces) y con aviones no tripulados, golpes de Estado duros y blandos, cárceles para torturar (como ocurre en la base naval de Guantánamo ilegalmente impuesta en mi país, y en muchos otros países) y numerosas lindezas similares hacen de los actuales Estados Unidos, sin comparación posible, el país más mortífero del planeta.
    Para que en nuestro continente tuviera lugar una verdadera revolución social, como no ocurrió nunca en los Estados Unidos (pues su guerra de independencia fue una revolución política, pero no social), hubo que esperar a la guerra de lo que fue el Saint Domingue francés, al cual los independentistas del país donde a finales del siglo xviii, por primera vez en la historia, fue abolida la esclavitud de los negros (quienes, por cierto, vencieron a tropas napoleónicas antes que en España y Rusia, lo que no se suele decir) llamaron a raíz de su triunfo, el primero de enero (fecha que iba a sernos familiar) de 1804, Haití, nombre indígena original. Dicho país, castigado de modo implacable por Occidente (en especial por la Francia napoleónica y posnapolénica, pero también por los Estados Unidos, a los que Napoleón les puso esa condición para venderles la Luisiana), le han hecho pagar un precio monstruoso, que ha convertido al pequeño gran país pionero en el más pobre del Continente y uno de los más pobres del mundo.
    Recordemos un par de criterios emitidos en el siglo xixsobre la nación nacida de las Trece Colonias por figuras esenciales de nuestra historia. En 1829 Simón Bolívar escribió que «los Estados Unidos […] parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad». (Retengamos esta última palabra.) Y a finales de ese siglo, Martí, quien radiografió al país como no hizo ni hubiera podido hacer Tocqueville, llamó «imperialistas» a quienes empezaban a serlo. Y, a propósito: todo hace pensar que el cubano fue el primer antimperialista de la historia, lo que sin duda es una de las razones por las cuales, de Fidel en adelante, se lo ha considerado autor intelectual de la Revolución Cubana.
    En cuanto a acontecimientos estadunidenses del siglo xix, el ilustre Jefferson, autor de la famosa (y falaz) Declaración, proyectó para su país y alguno de los nuestros, en 1809, lo que llamó con el oxímoron «un imperio para la libertad» (he ahí el destino de la palabra); la Doctrina Monroe, de 1823, fue reivindicada por el actual gobierno del país explicablemente: «América para los [norte]americanos» y «Hacer a América [los Estados Unidos] grande de nuevo» son consignas emparentadas; según denominación aportada por el oscuro John Louis O’Sullivan en 1845, el país iba a regirse desde entonces hasta hoy por la política del Destino Manifiesto(algunos mexicanos, ay, han considerado a Whitman poeta del Destino Manifiesto, porque aprobó la agresión contra México y, añado, más tarde escribió que Cuba debía pertenecer a los Estados Unidos, mientras la agresión contra México, nuevamente ay, fue aprobada también por Marx y Engels); entre 1846 y 1848 ocurrió el robo a mano armada de la mitad de México (ya los Estados Unidos habían engullido Texas en 1837), y en 1898, azuzados por la naciente prensa amarillade William R. Hearst y Joseph Pulitzer (este último ha dado nombre en los Estados Unidos a un destacado premio que de milagro no se llama como el auténtico ciudadano Kane),la intromisión en la que era guerra por la independencia de Cuba para birlarnos (con la excusa de la explosión del acorazado Maine en la bahía de La Habana: «el incidente del Golfo de Tonkín» de la época) tal independencia, por la que habíamos peleado durante treinta años, y convertir al país primero en territorio ocupado militarmente, y a partir de 1902 en su primera neocolonia hasta 1959. (Volveré sobre este punto.)
    Ya en el siglo xx, los Estados Unidos consideraron (y siguen considerando) al Caribe su mare nostrum,y lo hicieron víctima de la que con razón ha sido llamada Política del Garrote y las Cañoneras. Al principio de ese siglo, desgajándolo de Colombia para viabilizar su futura construcción del canal, se apoderaron de Panamá («I took Panama!» exclamó cínicamente Teddy Roosevelt), y poco después invadieron México, la República Dominicana (donde depusieron al presidente legal, que era el padre de Pedro Henríquez Ureña, lo que este no olvidó nunca y lo hizo hombre de izquierda), Haití, Nicaragua (en la cual encontraron la heroica resistencia de Sandino, defendido no solo por políticos de izquierda, sino por humanistas del calibre de Gabriela Mistral: Sandino, como se sabe, fue asesinado por el primer Somoza, a quien Franklin Delano Roosevelt reconocería como «hijo de puta», pero añadiendo que era «nuestrohijo de puta», y tras cuya ejecución, deplorándola, Ike Eisenhower llamaría gran amigo de la democracia y en particular de los Estados Unidos), Guatemala (donde una invasión urdida por la CIA, con el acicate de los hermanos Dulles, depondría al gobierno constitucional de Arbenz, cuyo pecado fue proponerse una modesta reforma agraria), Cuba de nuevo (a la que intentaron aplicarle la fórmula guatemalteca que había vivido en carne propia el joven médico argentino Ernesto Guevara, todavía no llamado Che, pero en la nueva ocasión fueron inolvidablemente vencidos en lo que los contrarrevolucionarios y sus amos llaman de Bahía de Cochinos, nombre de una derrota, y el pueblo cubano llama de Playa Girón, nombre de la victoria), otra vez la República Dominicana, a fin de impedir que regresara al gobierno para el cual había sido electo el valioso intelectual Juan Bosch: sin duda esa experiencia lo radicalizó, y lo llevó a escribir su espléndido libro De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial (1970), de lectura imprescindible para entender, entre otras muchas cosas, desde la Revolución Haitiana hasta su heredera la Revolución Cubana.
    Desbordando el Caribe, en la década de los setenta del siglo pasado, cuando ocurrieron en nuestra América tantas cosas horribles, una de las peores, o la peor sin más, fue el sangriento derrocamiento del gobierno chileno de la Unidad Popular encabezado por el gran compañero Salvador Allende, quien, como el guatemalteco Arbenz y el dominicano Bosch, había accedido al poder tras elecciones convencionales. Debido a su audaz meta de arribar al socialismo por vías inéditas, lo que era salvajemente atacado por una prensa cavernaria que tuve el disgusto de leer en el país, y que hoy, desde luego, campea por sus respetos, Allende fue llevado a la muerte en nuestro 11 de septiembre, de 1973. Aún no se ha aclarado el papel de los gobiernos de los Estados Unidos y la Arabia Saudita de entonces en el crimen, otro11 de septiembre, de 2001, de las Torres Gemelas en Nueva York, que sirvió de excusa para terribles agresiones ya programadas, y tal vez no se aclare nunca, como el asesinato de Kennedy, en relación con el cual todo hace pensar que estuvieron involucrados elementos del establishment junto a la mafia y la contrarrevolución anticubana. El espanto chileno fue llevado a cabo siguiendo orientaciones de Richard Nixon (volveré a mencionarlo) y Henry Kissinger (el guerrerista que, para escarnio de quienes se lo otorgaron, recibió el Premio Nobel de la Paz) por la deletérea CIA, con la colaboración de la derecha y militares locales fascistas. Después de lo cual el país fue entregado a los Chicago boys, quienes implantaron allí, sobre incontables asesinatos, torturados y encarcelados, el primer proyecto neoliberal del área, que hay quienes siguen presentando como modelo exitoso. No insistiré, por razones obvias, en las espantosas dictaduras militares del cono Sur americano, como tampoco en el no menos espantoso Plan Cóndor, unas y otro auspiciados por el Imperio.
    Las fechorías de los Estados Unidos prosiguieron, y algunas eran, además de asesinas, ridículas, como la invasión con bombos y platillos a la minúscula Granada. Una realidad particularmente grave fue la de Nicaragua, cuya experiencia seguí de cerca (llegué al país por primera vez a menos de un mes de la victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y volví a visitarlo incontables veces). Su revolución estaba lejos de ser socialista. Pero ni eso, ni la existencia en el país de partidos y medios de oposición, ni la presencia en cargos importantes del gobierno de socialdemócratas tibios y mil hechos más evitaron que el Imperio hostigara a la revolución que nació tras la derrota militar de otro Somoza, hijo del anterior y también hijo predilecto de Washington. Los Estados Unidos le declararon al país una violenta guerra sucia. Para llevarla a cabo, además de hostigarlo y calumniarlo sin cesar, hicieron de la vecina Honduras una base de operaciones para contrarrevolucionarios (era corriente la expresión «la Contra»), se valieron de fondos procedentes de maniobras delincuenciales como el escándalo Irán-Contra, minaron el puerto de Corinto, y cuando Nicaragua llevó al Tribunal Internacional de La Haya este asunto y ganó su reclamación, el gobierno estadunidense no hizo el menor caso a la decisión de aquel Tribunal. Además quisieron amedrentar al pueblo nicaragüense sobrevolándolo con aviones que hacían un ruido infernal y escuché más de una vez. Pero hay que aceptar que el gobierno sandinista cometió dos errores graves (desoyendo opiniones, que llegué a conocer, de dirigentes de otros países que simpatizaban en lo hondo con el Frente): envió a pelear a muchachos que cumplían el servicio militar obligatorio, no pocos de los cuales se contaron entre los millares de muertos en combate, lo que distanció a sus familiares; y organizó unas elecciones que no podía sino perder: el pueblo nicaragüense no votó en esas elecciones contra el Frente, votó por la paz y el respiro económico que solo podían garantizar los agresores Estados Unidos, triunfantes verdaderos en la contienda.
    Al pasar debo mencionar otra invasión estadunidense al área: esta vez a Panamá, con la excusa de encarcelar al presidente de turno, que al parecer había colaborado con la CIA, a cuyo frente estuvo quien a la sazón presidía al país invasor, Bush el viejo. Todavía no se conoce el número de los millares de panameños asesinados durante la nueva agresión, en ejercicio de una sarcástica concepción de los derechos humanos.
    Naturalmente, se está más familiarizado con lo ocurrido en la América Latina y el Caribe durante este siglo. A la radicalización del extraordinario Hugo Chávez en Venezuela siguió el establecimiento en otros países latinoamericanos de gobiernos antineoliberales muy esperanzadores, y la creación de organismos supranacionales de notable valor, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba-Tcp) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Pero en los años inmediatos varios de aquellos gobiernos fueron suplantados, de diversas maneras, por otros anuentes al Imperio que son bien conocidos. A su frente se hallan ejemplos de los que Martí, con su verbo pintoresco, llamara hombres tallados en una rodilla, mientras ¿judicialmente? se encarcela o persigue a exgobernantes antineoliberales, así sean tan inocentes y populares como el gran dirigente brasileño Lula. Una institución en particular lamentable es la Organización de Estados Americanos (Oea), cuya sede está naturalmente en Washington, no se sabe quién la llamó por primera vez, con acierto, ministerio de colonias yanquis, y surgió en la estela de las dos conferencias panamericanas celebradas en Washington a finales del siglo xix, cuando alboreó el imperialismo estadunidense y Martí las combatió y analizó minuciosa y memorablemente. La tal Oea, que no ha dicho una palabra sobre ninguna de las frecuentes invasiones estadunidenses a países de nuestra América, expulsó a la Cuba revolucionaria de su lenocinio, y está ahora sirviendo al amo yanqui en propósitos como el derrocamiento del gobierno legítimo de Venezuela, para lo cual el Imperio está buscando afanosa y vanamente un Pinochet venezolano, y no ha descartado la agresión militar directa. En el momento en que escribo, se ha dado a conocer que el secretario general de la Oea, el genuflexo uruguayo Luis Almagro, acaba de ser expulsado unánimemente del Frente Amplio, el cual gobierna en su país. Una buena noticia.
    Voy a detenerme un momento, como anuncié, en el caso de la Cuba de 1959 en adelante. El primero de enero de ese año ocurrieron aquí dos cosas: el inicio de una profunda transformación política, social y económica a la que se llama Revolución Cubana, la cual asumiría carácter socialista y está a punto de cumplir sesenta años de compleja vida polémica, heroica y creadora, y la obtención de nuestra independencia, la cual, por insuficiente que fuera, había sido conquistada ya por la gran mayoría de los demás países latinoamericanos en el primer cuarto del siglo xix. Con la relativa excepción del de Jimmy Carter, sin duda una persona honrada (como se puso de manifiesto a propósito del canal de Panamá y la conducta patriótica del general Omar Torrijos), todos los gobiernos de los Estados Unidos, graciosamente llamados demócratas y republicanos, desde 1959 hasta hoy han combatido contra Cuba a través de calumnias, campañas de prensa, agresiones múltiples, creación de grupos contrarrevolucionarios y la abierta invasión, hechos que nos han significado millares de muertos y mutilados, guerra bacteriológica, sabotajes, una estación radial y otra de televisión, ambas ilegales, que enfangan el nombre de Martí, un criminal bloqueo comercial, económico y financiero hipócritamente llamado por el Imperio «embargo», que dura bastante más de medio siglo, provoca carencias de medicinas e incontables productos, nos ha costado muchísimos millones de dólares, implica multas gigantescas para entidades extranjeras que han osado mantener transacciones mercantiles con nosotros, y es tan escandaloso que año tras año es rechazado en la Asamblea General de la ONU por todos los países del mundo, con la vergonzosa excepción de los Estados Unidos y su compinche Israel, heredero de los nazis en relación con los palestinos dueños de su tierra. Esa suma de horrores solo se explica porque a los Estados Unidos se les iba de las manos su primera neocolonia, lo cual, a los ojos de muchos pueblos, era un ejemplo fatal para el Imperio. Ello fue sintetizado por el extraordinario pensador brasileño Darcy Ribeiro al escribir: «Ninguna de las dos guerras mundiales, ningún acontecimiento internacional tuvo […] mayor impacto sobre Estados Unidos que la revolución cubana.» Esa es la realidad. Ahora bien: ¿era la única realidad posible?
    Quiero recordar el enigmático viaje de Fidel a los Estados Unidos en abril de 1959, a menos de cuatro meses de la victoria el primero de enero, y muchos años antes de ir a la Unión Soviética. ¿Qué se proponía Fidel con ese viaje, que tanta sorpresa causó incluso entre revolucionarios? Muerto él, nunca lo sabremos. En todo caso, quien era entonces presidente de los Estados Unidos, Eisenhower, no lo recibió: prefirió irse a jugar golf, que es también el deporte favorito de Trump. Le correspondió recibirlo a quien era el vicepresidente, Richard Nixon. La historia de este caballero es bien conocida, pero vale la pena evocar algunas de sus virtudes: se inició como inquisidor cuando el macartismo, era llamado en su país Dirty Dick (por algo sería), fue el responsable mayor del crimen chileno y al cabo, tras el incidente de Watergate, sería vergonzosamente defenestrado. No cuesta trabajo imaginar cuál fue la naturaleza del informe que Ricardito el Sucio elaboró a propósito de su encuentro con Fidel. En todo caso, desde hace tiempo es conocido que a partir del propio 1959, cuando la Revolución Cubana ni se había proclamado ni era socialista, los gobernantes estadunidenses la condenaron a muerte, y se conocen también muchas otras cosas, aunque quedan algunas por saber.
    Por hechos así es tan útil, tan necesaria una verdaderahistoria de los Estados Unidos, como la ofrecida por Howard Zinn en A People’s History of the United States: 1492 to Present. Pero debo confesar que cuando, entre 1957 y 1958, fui profesor en la Universidad de Yale, compré un ejemplar usado de la sexta edición (1952) del libro AmericanPolitical and Social History,de Harold Underwood Faulkner, y lo que el autor escribió allí sobre su país y el mío lo consideré bien ajustado a la verdad. Para este otro Faulkner, Cuba prácticamente pertenecía a los Estados Unidos, lo que había sido dicho ya con todas sus letras por Leland Hamilton Jenks en su libro de 1928 Our Cuban Colony. Vale la pena recordar que antes de que en 1902 los Estados Unidos inauguraran con el caso de Cuba su proyecto neocolonial, habían considerado otras variantes, como la condición cruda de colonia, que es la que hasta hoy impusieron a la hermana Puerto Rico, la anexión, como hicieron con Hawai, o el establecimiento de un imperio de tipo tradicional a la manera del británico, según estaba implícito en la obra en dos vastos tomos implacablemente racistas Our Islands and their Peoplesas Seen with Camera and Pencil (introducida por el mayor general Joseph Wheeler), que apareció en 1899, a solo un año del atroz 1898, cuyo conocimiento debo a John Beverley y está ahora en la Biblioteca de la Casa de las Américas.
    Para los pueblos de la América Latina y el Caribe, que han hecho suya la queja de origen mexicano según la cual estamos tan lejos de Dios –lo que no comparte la Teología de la Liberación– y tan cerca de los Estados Unidos, esa cercanía es fuente de enormes desgracias. Si bien en la segunda mitad del siglo XX la inexistencia de tal vecindad no impidió la bárbara agresión estadunidense a Vietnam, el cual ya había derrotado tropas de la humillada Francia colonialista como, para gloria de la humanidad, derrotaría también a tropas de los humillados Estados Unidos colonialistas. No es posible olvidar que se llegó al extremo de que un político yanqui que tenía mi nombre propusiera que se bombardease al país asiático hasta hacerlo regresar a la edad de piedra, lo que, en carta famosa que me enviara, escandalizó a Julio Cortázar y contribuyó a radicalizarlo. Pero los integrantes más sanos del pueblo estadunidense, y señaladamente no pocos de sus intelectuales y estudiantes, rechazaron abierta y valientemente aquella guerra. En gentes así pensaba Martí cuando habló de la patria de Lincoln que amamos, como ciertamente la amo yo. Permítanme añadir que tuve la ocasión de conocer de cerca aquella guerra atroz, porque en 1970 estuve en Vietnam colaborando en la realización de un filme sobre tal guerra. Allí, además, escribí, mientras escuchaba bombardeos y cañoneos, mi poemario Cuaderno paralelo.
    Debo mencionar los casos singulares de dos países no americanos. Uno es Rusia, que tras el caos que crearon Gorbachov por un lado y Yeltsin por otro, así como la sorprendente inacción de los pretensos revolucionarios en el que fuera integrante mayor de la hoy disuelta Unión Soviética, logró estabilizarse como país capitalista, pero fuera de la órbita de los Estados Unidos, que lo han hostigado insistentemente hasta hoy; y el otro es China, la cual sigue proclamándose socialista, en una evolución espectacular se ha convertido en la segunda economía del mundo, y también es hostigada por los Estados Unidos. Rusia y China estrecharían cada vez más vínculos entre sí, y han establecido relaciones, sobre todo comerciales, con países de la América Latina y el Caribe, para desolación de Washington.
    En vez de apoyarse en obras endebles, cuando no además plagiarias, de voceros letrados o semiletrados del establishmentcomo Allan Bloom, Francis Fukuyama o Samuel Huntington, o dar por buenas calumnias como la existencia de racismo institucional en Cuba, calumnias propaladas astutamente desde uno de los países más racistas de la Tierra, es aconsejable leer a autores como, por ejemplo, Eric Hobsbawm, marxista heterodoxo: lo que, paradójicamente, también fueron los propios Marx, quien confesó no ser marxista, y Engels. Pienso, por ejemplo, en dos obras suyas de 1994: el libro Age of Extremes. The Short Twentieth Century 1914-1991 y el ensayo «Barbarism: A User’s Guide» (New Left Review, 206). Me limitaré a citar algo sobre lo que anuncia el título del ensayo: la barbarie. Para Hobsbawn (quien, curiosamente, no tomó en consideración a las colonias, paraíso eterno de la barbarie, como observó Marx en uno de sus textos sobre la India que a diferencia de otros se menciona poco), la barbarie empezó a regresar con lo que consideró el inicio en 1914 del siglo xx, la llamada Primera Guerra Mundial: la cual, entre paréntesis, fue el primer período de una Guerra Mundial que conocería un segundo período y no es seguro que haya terminado, como ocurrió con la llamada Guerra de los Cien Años, que tuvo varios períodos, y por cierto duró más tiempo. Según Hobsbawn, «la barbarie ha ido en aumento durante la mayor parte del siglo xx, y no hay ninguna señal de que este aumento haya terminado». La observación es completamente válida avanzado el siglo xxi.
    Aunque apenas citada por Hobsbawm (solo en el ensayo, al pasar y dentro de un conjunto), se impone recordar a la gran Rosa Luxemburgo, a sus temibles palabras según las cuales, si el capitalismo no era sucedido por el socialismo, lo sería por la barbarie. Significativamente, para Hobsbawn, lo que llamó «el corto siglo xx» concluyó en 1991 con la implosión de la que había sido la Unión Soviética. Es decir, con el fracaso completo en Europa de lo que se había presentado como el socialismo real.
    ¿Cuál es el presente político de la humanidad? Al país más poderoso que nunca haya existido, los Estados Unidos, lo desgobierna, junto con un equipo de similar calaña (formado en gran parte por generales guerreristas y por multimillonarios como el propio presidente), un ser racista, xenófobo, sexista, mendaz, profascista, a quien he llamado «Calígula atómico», mientras el politólogo mexicano John Saxe Fernández ha hablado del «nacional trumpismo». Las cosas no son mejores en un número creciente de países europeos, y quien por supuesto es gran admirador de Trump, el también fascista Jair Bolsonaro, no esperó a tomar posesión como presidente de Brasil para recibir instrucciones de nadie menos que John Bolton, a quien puede ocurrírsele cualquier cosa siempre que sea negativa o, mejor aún, espantosa.
    Tiempos malos para todos los pueblos, no solo para algunos. Imaginemos lo que habría ocurrido si Hitler hubiera tenido armas atómicas. Pues bien: Trump las tiene. ¿Qué destino es dable esperar, para un mundo sumido de modo creciente en la barbarie, de quienes, mientras consideran inferiores a etnias que no son la suya y como tales las tratan (así habían actuado los nazis), niegan cosas tan obvias y tan peligrosas para todos, incluso desde luego para los Estados Unidos, como el calentamiento global?
    Concluyo con esa pregunta, y a pesar de la respuesta que al parecer se impone, volvamos a confiar en la Esperanza, que según Hesíodo fue la única que quedó en el vaso, detenida en los bordes, cuando todas las demás criaturas habían salido de él. En otros tiempos convulsos, tanto Romain Rolland como Antonio Gramsci mencionaron el escepticismo de la inteligencia, al que propusieron oponer el optimismo de la voluntad. Hace años conjeturé añadir a este último la confianza en la imaginación, esa fuerza esencialmente poética: la historia, dijo Marx, tiene más imaginación que nosotros. Atendamos a criterios de esa naturaleza, y tengamos en cuenta hechos concretos que mucho entusiasman, como el reciente triunfo electoral, en país tan importante como México, de Andrés Manuel López Obrador. Que una vez más avance, así sea en la sombra, lo que Marx llamó el viejo topo de la historia, y en algún sitio que quizá ahora no podemos prever está al salir a la luz.

    La Habana, 21 de diciembre de 2018.
    Año 60 de la Revolución”

    Fernandez Retamar (1930-present, próximo a cumplir 89 anos)

    • Manuel 23 April 2019 at 5:50 am Permalink

      Quise decir Vejete, viejo
      No vegete

    • Julian Perez 23 April 2019 at 7:19 am Permalink

      Retamar…

      No gozaba de las simpatias de Pablo Neruda. Fue el principal artífice de la carta que un grupo de intelectuales cubanos escribieron criticando que Neruda aceptara una invitación a una recepción en la Casa Blanca, carta que el poeta chileno, comunista por más señas, nunca perdonó y calificó de infamia.

      Sabido es que el presidente Trump no es precisamente santo de mi devoción, pero después de echarle una ojeada a lo que escribe Retamar, me temo que Trump ha subido algunos puntos en mi estima 🙂 Dicen que con los años se llega a alcanzar cierta sabiduría. Retamar es una prueba de que no siempre es así.

      • Julian Perez 23 April 2019 at 7:21 am Permalink

        Quien mejor caló a los intelectuales fue Orwell:

        “There are some ideas so absurd that only an intellectual could believe them.”

        • Julian Perez 23 April 2019 at 7:26 am Permalink

          Y hablando de Neruda…

          Algunas de las cosas que a veces intento (sin mucho éxito) leer me recuerdan unos versos suyos que siempre pensé fueron inspirados por una mujer que hablaba mucho y lo tenía loco…

          ¨Me gustas cuando callas porque estás como ausente¨

          • Julian Perez 23 April 2019 at 7:44 am Permalink

            Por cierto, junto con Rosita Fornés, Alicia Alonso, la reina Isabel y Olivia de Havilland, Retamar se está ganando un puesto en el club de los inmortales 🙂

          • manuel 23 April 2019 at 11:50 am Permalink

            ASI ES
            sweet mount Parnassus

          • Julian Perez 24 April 2019 at 10:28 pm Permalink

            En el caso de la reina Isabel, siempre he atribuido su longevidad a su hábito de bailar el danzón, un ritmo muy dulce y sabrosón 🙂

    • Luis Moreno 23 April 2019 at 1:49 pm Permalink

      Amigo, cree Ud que alguien entre los foristas será capaz de leer su extensisimo comentario. Pero además su “comentario” es marxistoide, “robolucionario” y pro-castrista. Recuerde que la URSS, cuna del primer gobierno comunista y genocida de los pueblos que la formaron se fue a pique al cumplir su aniversario 74, aunque ya desde el aniversario 72 comenzó la rápida desintegración. Ud., a los 79 años quizás no conozca lo que es ya la virilidad, pero aún no es tarde para conocerla y antes de irse de este mundo debería llenarse de algún valor (que nunca ha tenido) y dejar de lamerle el culo a los Castros y decir algo objetivo y digno contra toda esa mierda que es el castrismo y el marxismo-leninismo. Pero Ud. parece que jamás ha tenido las “bolas’ para ello y morira sin ellas, pero con su lenguja lista para seguir lamiendo el culo del hermano menor hasta exhalar el último suspiro.

    • vicente 29 April 2019 at 1:58 pm Permalink

      usted y sus discursos largos,luego critica al Comandante.

  17. Manuel 23 April 2019 at 6:05 am Permalink

    Hay una tremenda paradoja que acompaña a Trump.

    Simula, el personaje, que es un tipo sincero, sin miedo a la Verdad.
    En verdad es un cobarde mas, como el 99.99999…. % de los que hoy caminan
    Sobre el planeta.

    Pero el vende esa imagen de tipo sincero.

    El dice que nos va a dejar una buena biografía, llena de secretos, claves, verdades necesarias.
    Es mentira.
    El va a dejar lo mismo que los que le precedieron: basura.

    Que dejara Obama?
    Que dejaran los Clinton’s, los BUSHES, reagan (que para suerte de todos perdió la memoria,
    Para ahorrarnos meternos sus divagaciones, explicaciones, MENTIRAS);
    QUE DEJARA carter, que dejaron NIXON y el otro?, que lindon y kennedy, y los militares que
    Le precedieron y el dictador bananero Delano Roosevelt, etc etc

    Habla alguno que haya dejado un gramo de verdad?

    Se podrá confiar si quiera en algo escrito por Lincoln o algún otro politico
    Que abarrota los escritos, las calles, los conceptos, la razón, la cultura, la verdad
    Para dejarlo todo en miseria?

    Miseria, miseria, miseria, hacia donde mires, miseria

    • Manuel 23 April 2019 at 6:07 am Permalink

      *habra un gramo de verdad en todo lo escrito hasta hoy y que llamamos Historia?

      • Manuel 23 April 2019 at 6:13 am Permalink

        Para encontrar ese gramo habrá que conformarse con leer a los Padres Fundadores?

        • manuel 23 April 2019 at 1:18 pm Permalink

          y hay tanta gente sedienta de un microgramo de verdad,
          que muchos votaron por trump creyendo que lo tendrian

    • Luis Moreno 23 April 2019 at 2:04 pm Permalink

      Y Ud. ¿está fuera de ese 99.9999999… % del que habla?. O está dentro de ese % de marras del que habla. Yo estoy casi seguro, un 99.999999%, que Ud. forma parte de tal porcentaje y es de los primeros números del mismo. ¿O no?

  18. Ramiro Millan 23 April 2019 at 2:25 pm Permalink

    Manuel
    Desde mi paricular interpretación de los hechos políticos, la envidia, y su actividad en política, es un concepto que no incluye a la cultura.
    La cultura y su vital importancia, decide que pueblos son organizados y cuales no. En que sociedades las instituciones funcionan eficientemente y en cuáles son deficientes.
    Quienes prosperan y quienes no.
    Cultura entendida como los hábitos, costumbres, actitudes típicas de los pueblos.
    Le voy a dar el simple ejemplo de la importancia de la cultura a la hora de ver si un pueblo es limpio o sucio. Tan banal como si de limpia o sucia es una sociedad pero que sí se traslada la cultura a cuanto ámbito interviene en la organización social, se verá porqué algunos pueblos son organizados y prósperos, además de limpios, y porqué otros son un caos y decadentes, además de sucios.
    Así, la cultura de los latinoamericanos, predispone a la mayoría de ellos a simplemente tirar la colilla de un cigarrillo, el envoltorio de una golosina o cuánto residuo uno lleva consigo en el espacio público o en la acera del vecino.
    No son hechos calculados o pensados o razonados previamente sino que simplemente se ejecutan.
    Y se ejecutan porque son costumbres que se transmiten a través de la convivencia desde que se nace. Las costumbres, todas, se transmiten de generación en generación más allá de que sean buenas o malas. Y se actúa la mayor parte del día siguiendo conductas predeterminadas por las costumbres, los hábitos. Raras veces en el transcurso del día ejecutamos actos razonados previamente.
    Y por la costumbre de desechar la basura en el primer lugar que uno encuentra, nos enfrentamos a ciudades esparcidas por toda Latinoamérica decisivamente sucias. Ni siquiera a los responsables de la limpieza se les ocurre incursionar con medidas que reviertan la situación de mugre porque ellos mismos tienen incorporado en sus hábitos como algo normal. Como que simplemente así es. Se tira la mugre en cuanto lugar existe y se limpia como se acostumbra a limpiar. Punto.
    Mientras donde la cultura transmitida de generación en generación predispone a los individuos a ser cuidadosos con la limpieza y a respetar el espacio público, la basura se tira dónde corresponde.
    Resultado: ciudades podridas donde la cultura favorece el desecho de basura en la vía pública y ciudades impecables donde la cultura hace a los ciudadanos limpios.
    Se podrá interpretar de que no se trata de una cuestión cultural sino educativa (como ud adhiere) y si bien es cierto que con educación es posible cambiar una conducta, como la de tirar la basura donde corresponde, también es cierto que no habrá educandos si todos padecen las mismas costumbres y han sido transmitidos de ellas.
    Tal vez con educación se pueda cambiar una costumbre, tal vez dos o tres, pero créame que la educación difícilmente cambie las miles de costumbres y hábitos que nos caracteriza. Esto último es clave para mí y decide mi inclinación a darle a la cultura la importancia más relevante en nuestra organización social.
    Y así como la cultura decide que pueblo es limpio y cuál es sucio, también decide dónde las instituciones funcionan y dónde no. Donde hay prosperidad y dónde pobreza.
    Aclarado esto y en lo que no me creo dueño de la verdad por lo que respeto su punto de vista, voy a intentar transmitir la importancia de la envidia en política con ejemplos simples como el de la basura.
    Vayamos al chusmerio o diálogo entre dos o más interlocutores cotidianos posibles de observar en cuanto momento del día haya y donde uno pueda poner atención.
    Es extraordinariamente común que se critique a alguien y cuando esa crítica es para un afortunado en posesiones materiales, es muy frecuente que venga detrás una aclaración “y sí, es rico, pero todos saben que es corrupto” o “sí es cierto que ganó mucho dinero, pero también es cierto que no es feliz porque tiene el problema …….” Esto en psicología se conoce como ‘descalificación’. Son actividades psíquicas que practicamos a diario y en la enorme mayoría de las veces sin que seamos conscientes de ello, para mantenernos emocionalmente equilibrados. Competitivos, incorporados, pertenecientes al ámbito en que vivimos.
    Esto que parece una tontería, si lo llevamos al campo de las ideologías, lleva muchas veces, muchas veces pero no en todas pero si en las mayorías, a que se privilegie ideas que favorecen la igualdad, la oportunidad de ser competitivos, de achicar al afortunado. La ideología en este ámbito no actúa más que como excusa.
    Y si este mecanismo primitivo y secundario a la actividad de un instinto que nos presiona por destacar nuestro ego o de vernos competitivos al menos, si otro ego nos supera, lo trasladamos a la política, nos encontramos con un fuerte predominio de las ideas distributivas sobre las individualistas. Y sobre todo en la insistencia en ellas por más evidentes sean sus fracasos como no nos cansamos de ver en Latinoamérica.
    Somos competitivos y basta ver un simple partido de fútbol para observar que el deseo de ganar, de imponerse sobre el otro no es individual y dependiente del carácter particular de un individuo, sino que todos somos así. Queremos, nosotros los bosteros, los de Boca Juniors “destruir” a nuestros rival, a River Play. Y si nos ganan viéndose superiores, recurrimos enseguida al mecanismo de descalificación mencionado antes y decimos: “sí está bien, ganaron esta vez, pero nosotros tenemos más campeonatos intercontinentales, je, en eso no nos van a superar, son inferiores a nosotros” ¿Se entiende?
    Cómo con la cultura y la costumbre de tirar la basura, dónde desde una banalidad, puede deducirse la organización toda de una sociedad, con la envidia que desde la banalidad de la reacción de los individuos ante un simple partido de fútbol, es posible deducir hasta donde puede influir en nuestra organización social, económica y política nuestros impulsos. Nuestros instintos que nos presionan para ser ganadores (ser hincha de Boca por ejemplo, jej) y si perdemos, hacer lo posible para ganar y si no podemos ganar, al menos sentirnos competitivos. Y si lejos estamos de ser competitivos, al menos encontrar una descalificación que se adecue a nuestras necesidades.
    Y cuando ni siquiera es posible encontrar un mecanismo de descalificación eficiente porque las diferencias son abismales, surge la envidia y después el resentimiento. De allí al odio hay pequeños pasos a dar. El odio de los palestinos a los judíos proviene de este mecanismo por ejemplo.
    Es decir, este sentimiento subconsciente de inferioridad no querido, decide nada menos que la ideología política dominante en las sociedades. Es importante aclarar que aquellos que están en la cima del escalafón social como aquellos que logran fácilmente elaborar mecanismos de adaptación psíquica efectiva, si se inclinan por las ideas socialistas, es por convicción racional, no instintiva. Pero estos, al menos en Latinoamérica son los menos.
    Cómo se que alguna vez visitó mi blog, lo invito a leer la Zaga “Míralo, Zaratustra está ahí. Nadie lo ve pero siempre está (1) (2) (3) (4)” y encontrará una mucho mejor elaboración de la idea y además con documentación que aporta la ciencia de la psicología para reforzar los conceptos.
    Si le interesa mi opinión sobre el panfleto antiyankees de Retamar, lo haré con gusto más adelante.
    Solamente le puedo adelantar que Retamar desconoce que la cultura y nuestros instintos deciden nuestro destino político y se conoce como Realpolitik y no la razón como el recurre para criticar cuanto algo ha hecho los EEUU. Pero como se basa en la razón para criticarlo, olvida mencionar lo que se encuentra del lado que el defiende. Olvida a Mao, a Stalin, a Kim. Si tuviera que aludir a ellos, caería en el precipicio que le depara nuestros instintos y la cultura al hacerle ver qué lo que la razón indica cómo tienen que ser las cosas, pues así no lo son.
    La razón solamente aporta el andamiaje o estructura por donde nos movemos y hacemos conducidos por nuestros instintos y modulados por nuestra cultura. Por nuestras ambiciones, codicias, ansias de poder, ansias de dominar, respuestas envidiosas y cálculo ambicioso.
    Ese andamiaje, don Retamar, se llama CAPITALISMO.

    • manuel 23 April 2019 at 4:14 pm Permalink

      el sistema lo determina todo, junto a la educacion y la cultura.
      fijese como hasta los kibutz que tanto aportaron a Israel,
      Actualmente la gran mayoría de ellos están pasando por un proceso de transformación que incluye, en mayor o menor grado, la privatización de los medios de producción y los servicios, la implementación más extensiva de la propiedad privada y el salario diferenciado; cuando su exito initial, por casi 100 anos, se debio justo a todo lo contrario
      Ni los disciplinados Israelitas pueden llevar a buen puerto el Socialismo, ni siquiera a pequena escala por mas de 100 anos
      el Capitalismo termina imponiendose mas tarde o temprano

      • manuel 23 April 2019 at 4:16 pm Permalink

        no hay cuerpo que lo resista, el Socialismo, no importando cuan fuerte y disciplinada sea tu educacion y cultura
        es contranatura y el ser humano termina desechandolo por insoportable

        • manuel 23 April 2019 at 4:17 pm Permalink

          y poco rentable.

          pero esto puede cambiar

          no lo olvide

          • Ramiro Millan 23 April 2019 at 7:11 pm Permalink

            Si, puede cambiar, es cierto.
            Pero si ni los kibutz logran controlar nuestra naturaleza humana a pesar de contar con una cultura super colectivista es porque ese cambio, si viene, seguramente no será ni en este ni en el siguiente siglo.
            Hay capitalismo para largo. Con lo bueno del capitalismo, pero también con lo malo.

  19. manuel 23 April 2019 at 4:44 pm Permalink

    en 2018, 20 millones de estadounidenses necesitaba ayuda especializada para su problema de adiccion,
    solo 2 millones la obtuvieron

    sumele otros trastornos mentales, la pobreza y las armas y ya tiene el caldo de cultivo para la situacion que respiramos

    y no mire al sur de este pais,

    estan 10 veces peor

    • Ramiro Millan 24 April 2019 at 6:46 am Permalink

      ¡20 millones! ¡20 millones!
      ¿Y cuál se considera la causa de esta endemia?
      ¿Tendrá algo que ver la desigualdad?
      Apostaría a que alguna, mucha o poca, de influencia en la aparición y persistencia de esta peste, tiene la desigualdad.
      Apostaría sin dudar.

      • manuel 24 April 2019 at 5:47 pm Permalink

        cto le cuestan al pais esos adictos?

        740 billones al ano en perdida de salarios, crimenes y cuidados de salud.

        multiplica esa cigra por 10 si quieres que todos sean atandidos como se debe

        tiene estados unidos 5 trillones de dolares para atender a sus adictos?

        LA POBREZA TAMBIEN ES RELATIVA

        CUANTO ERES CAPAZ DE ATENDER A TU GENTE

  20. Ramiro Millan 24 April 2019 at 7:32 am Permalink

    A propósito del tema de la razón y sus enormes limitaciones a la hora de evaluar su desempeño en nuestra organización social y política comparándola con la relevancia tienen en ello nuestras pulsiones y nuestras culturas (culturas cívicas y políticas), vuelvo al comentario de Manuel donde hace referencia a Chomsky.
    Leí, hasta donde aguanté, varios libros de ese hombre al que considero un “caradura”, un estafador de las ideologías.
    Lo que hace Chomsky es describir con la puntería de un francotirador todas las maldades que produjo y producen los EEUU y sus principales “accionistas” en esa tarea: las multinacionales conducidas por sus codiciosos dueños y CEOs.
    En todo lo que él nos cuenta, con basta documentación, que avala sus dichos, no hace otra cosa que buscar las grietas que deja la razón al no poder controlar nuestro destino, nuestro camino al andar, al limitarse exclusivamente a armar el andamiaje en el que nos desenvolvemos, en el que vivimos y hacemos lo que nuestras pasiones, pulsiones y nuestra cultura nos tiene reservado. Al reservar la razón su responsabilidad en mantener el Capitalismo con vitalidad y funcionalidad suficientemente adecuada y equilibrada para que nuestros impulsos sean provechosos y limitarse a evitar, en todo lo posible, sus consecuencias negativas, Chomsky se prende de cuanta grieta o negatividad deja al descubierto el sistema.
    Obviamente, al estar muy limitada la capacidad de la razón para decidir nuestra conducta política y económica, surgen las grietas, las contradicciones y con ellas, las injusticias. Muchas injusticias. Injusticias a granel ¿Qué duda cabe?
    Pero son injusticias y contradicciones inevitables toda vez que estamos decisivamente limitados a ajustarnos a ese sistema toda vez que revertir esas injusticias y contradicciones deseamos ateniendonos a un sistema diferente, las contradicciones e injusticias que surgen son muchísimo peores que las que queríamos evitar (el comunismo como un clarísimo ejemplo de ello). Simplemente no está a nuestro alcance evitarlas.
    El comunismo o los socialismos democráticos ortodoxos nos lo demuestran cada vez que intentan revertir ese destino al que nos tiene reservado el capitalismo. Chocan siempre de frente con nuestra naturaleza humana haciéndonos ver con crudeza que lo que la razón cree como deben ser las cosas, simplemente no es posible imponerlas como ella espera porque no es ella la que tiene la última palabra.
    La razón puede modular, regular, sí. Decidir qué, difícil, muy difícil.
    Chomsky, si no es capaz de advertir ésta limitación humana, pues entonces simplemente estaríamos ante la presencia de un idealista ignorante, un Retamar.
    Sin embargo, mi impresión es que este hombre sabe de esa limitación y lo aprovecha para “su negocio” destacando cuanta injusticia y contradicción genera los EEUU y su capitalismo detrás para generar las expectativas que generan sus libros.
    Hace la de Retamar, pero consciente de que lo suyo es un “verso” adrede para ganar dinero espurio.
    No le creo a Chomsky y sus aullidos anticapitalistas. Para mí es un chanta. Creo que sabe demasiado como para no advertir que lo que crítica es parte de las reglas de juego que, con sus injusticias, es la única que funciona y a la que, nos guste o no, debemos atenernos.

    • Manuel 24 April 2019 at 9:18 am Permalink

      http://www.rageuniversity.com/PRISONESCAPE/PRISON%20MENTAL%20HEALTH/psychologypower.pdf

    • manuel 24 April 2019 at 9:25 am Permalink

      En el link que acabo de poner encontrara medio centenar de leyes, deben haber otro medio centenar mas. Sigo opinando que la envidia no es lo mas importante.
      lo invito a que nos ponga ejemplos de donde ve ud hoy en dia, ejemplos concretos de personas influyentes movidas por la envidia.
      sigo pensando que sus moviles son otros, y que se salen con la cuya porque estan rodeados… de imbeciles
      por eso en venezuela llevan 20 anos y en cuba 60
      80 anos de exito, los 40 ultimos ayudandose mutuamente
      y los demas?
      si no fuera por el empujan que viene dando EEUU este ano
      seguirian siendo simples personajes secundarios
      facilmente controlables

      • manuel 24 April 2019 at 9:29 am Permalink

        cuando digo “y los demas?” me refiero al mundo entero mirando el expectaculo

        y luego sigo:
        si no fuera por el empujon* que viene dando EEUU este ano (contra esos bandidos de cuba y venezuela) seguirian siendo simples personajes secundarios facilmente controlables

        • manuel 24 April 2019 at 9:34 am Permalink

          si no fuera por el empujon* que viene dando EEUU este ano (contra esos bandidos de cuba y venezuela) seguirian siendo simples personajes secundarios facilmente controlables (los “opositores” y todo el resto de victimas de esos dos regimenes de terror y miseria)

          no es que en EEUU no haya miseria,
          pero es una con esperanza
          un lugar que ha demostrado que puede superar resagos
          (la esclavitud, la discriminacion, las crisis)
          y reinventarse en pocos anos.
          aquellos dos (cuba y venezuela) si inventan algo, es para empeorar
          no para regenerar o mejorar nada
          esto dio al traste con sus iguales en Europa hace 30 anos
          pero ellos vienen a vendernos la formula magica
          el gran descubrimiento
          del agua tibia

          descubrimiento el pueblo ruso hizo por mas de 7 decadas el siglo pasado
          pero esto Genios nuestros no se han enterao

          • manuel 24 April 2019 at 9:35 am Permalink

            rezagos*

          • Ramiro Millan 24 April 2019 at 11:53 am Permalink

            Debo aclarar que si bien el capitalismo tiene sus facetas negativas, por suerte (y digo por suerte porque es el único sistema capaz de organizarnos con eficiencia dado que no tenemos opción a él) tiene muchísimas positivas.
            Sin embargo, debo decir que soy progresista porque creo en el progreso del hombre y ello implica, de ser posible, evitar las facetas negativas del capitalismo.
            Pero siempre dentro del capitalismo toda vez que evitarlo lleva a consecuencias mil veces peores (como ya lo hemos hablado y coincidido).
            Y con la fundamental aclaración que distribuir la riqueza sí, pero cuando la cultura del pueblo en cuestión lo permite, sino mejor deja al capitalismo actuar en total libertad con lo bueno y lo malo de él.
            Social Democracia en Latinoamérica y su cultura, por ejemplo, no. Produce un populismo tras otro.
            Social Democracia en Europa si. Produce un Estado de Bienestar tras otro.
            Simple.

      • Ramiro Millan 24 April 2019 at 11:44 am Permalink

        El problema no está en los “influyentes” sino en quienes los apoyan que les permite llegar al poder primero y mantenerse después.
        Un ejemplo práctico, en mi país: recientemente hubo una manifestación en contra del gobierno movilizado por el partido opositor (partido cuya líder tiene 11 procesos judiciales por corrupción con 5 pedidos de la justicia de cárcel a la que evita por contar con fueros por ser senadora de la nación, vale mencionar) y cuando los medios de comunicación se acercaban a la manifestación para tomar notas e imágenes, los expulsaban a los gritos con la excusa de que ellos no podían estar en ese lugar porque son periodistas ¡Defienden la los ricos!.
        Eso no es otra cosa que la expresión de la envidia, subconsciente con seguridad y escondida detrás de excusas ideológicas socialistas, pero envidia en el fondo.
        No tengo dudas de que, en más o en menos, esa envidia oculta actuando tras bambalinas movilizando ideológicamente a una enorme cantidad de individuos es la que a pesar de los enormes fracasos de los socialismos latinoamericanos inundados de corrupción desastrosa vuelvan una y otra vez.
        No es posible, al menos para mí, encontrar otra explicación a este fenómeno político (obviamente que intervienen otros factores, pero estoy seguro que el más relevante de todos es este fenómeno de nuestra naturaleza humana)
        Los influyentes, es decir los que tienen poder, dejaron la envidia atrás al llegar a posiciones de poder donde les es posible robar fondos públicos para sacarse esa insana envidia de encima transformándose todos en nuevos archi ricos y millonarios. Riquezas acumuladas ilegalmente que de ninguna manera puede responder a actos racionales toda vez que acumulan fortunas que pueden ser adjetivadas como sin sentido, ilógico al sumar decenas de millones de dólares ¡O centenas!
        Los influyentes eran envidiosos, ahora lograron el objetivo subconsciente que los llevó hasta ahí: ahora ellos son los ricos envidiados (no sé qué mecanismo psicológico actúa para que estos individuos que odian a los ricos acepten a los nuevos ricos y millonarios que los representan, supongo que deben recurrir a algún mecanismo psíquico de adaptación que los haga tolerable mientras defiendan sus intereses ideológicos).
        Obviamente, hay “influyentes” socialistas no envidiosos que llegaron a la conclusión de que es necesario distribuir la riqueza conducidos por la razón libre de presiones pasionales como la Envidia y estos se diferencian fácilmente de los “influyentes” envidiosos: estos no se corrompen, no se enriquecen con la función pública por la sencilla razón de que no son dominados por esa crónica sensación de inferioridad respecto de los afortunados. Mújica es un verdadero socialista para dar un ejemplo.
        También es obvio que nadie va a reconocer que es la envidia lo que los conduce ideológicamente por la sencilla razón de que ni siquiera son conscientes de ello.
        Saque la envidia del medio en las inclinaciones ideológicas en Latinoamérica y le aseguro que de cada 10 peronistas, chavistas, petistas, priistas etc que existen, quedará 1 con suerte.

        • manuel 24 April 2019 at 4:20 pm Permalink

          no tengo la misma percepcion, debe ser que los ideologizados que conozco pertenecen al 10% que no se mueven por envidia.
          Los mueven esas visiones de justicia, el deseo de intentar algo nuevo, posible, fructifero. a estas alturas ya deberian estan cansados pero siguen.
          otros solo estan ahi para sobrevivir o enriquecese… pero eso no es ideologia, eso es sobrevivencia, ambicion, adaptacion; que creo es lo que mas viene abundando.
          no veo la envidia por ningun lado, tengo ceguera para ella, no la identifico ni de modo explicito ni solapado

          • Ramiro Millán 24 April 2019 at 6:57 pm Permalink

            Respeto su opinión Manuel. Claro que sí.
            Como siempre digo, no me creo el dueño de la verdad pero si con el derecho de expresar mis opiniones. No más que eso, la opinión de un ciudadano más.

          • Ramiro Millan 24 April 2019 at 7:22 pm Permalink

            Manuel, no quiero que lo tome como un compromiso ya que su tiempo debe valer más de lo que le pido le dedique a lo que le voy a solicitar, pero lo hago porque me gustaría saber su opinión.
            Si en algún momento tiene algún tiempo ocioso lea mis conceptos vertidos en las entradas de mi blog “Míralo, Zaratustra está ahí nadie lo ve pero siempre está (1) (2) (3) y (4).
            De nuevo, no lo tome como un compromiso.
            Disculpe si soy molesto.

          • Manuel 24 April 2019 at 10:07 pm Permalink

            el filósofo estadounidense John Rawls, University Professor por la Universidad de Harvard, propone al Estado de cuatro ramas a cargo de cuatro funciones:
            Una rama de asignación de recursos, para mantener el sistema de precios razonablemente competitivo y prevenir la formación de algún poder de mercado. Entendiendo por poder de mercado la capacidad de crear barreras a la entrada de competidores.
            Otra de estabilización, para proveer pleno empleo en el sentido de que quienes quieren empleos pueden encontrarlos, de libre escogencia. Y a tal efecto el Estado tendrá que proveer la demanda efectiva. La otra rama estaría a cargo del mínimo social, garantizando subsidios y servicios sociales para los poco aventajados. Y finalmente, una rama a cargo de la distribución, aplicando impuestos para realizar ajustes a los derechos de propiedad.
            ¿Y todo ello para qué? Porque después de todo, se nos habla de evitar que se formen poderes en el mercado, sin importar que la fuente temporal de tales poderes fuera la máxima eficiencia en identificar y satisfacer los deseos de los consumidores. Más bien se nos habla de favorecer una menor eficiencia, o de dejar los deseos de muchos consumidores insatisfechos –y peor satisfechos los del resto– con tal de evitar el poder de mercado. También nos habla de proveer demanda efectiva, muy keynesianamente, pero no por las razones de Keynes, sino para garantizar la libre escogencia de empleos. Esto no es sino subsidiar con cargo a los impuestos que pagan todos, los empleos que algunos prefieren, pero que nadie está dispuesto a mantener demandando lo que producen a un precio que pague lo que aspiran obtener los ocupados en aquéllos empleos. Se nos habla de sustituir la caridad y la solidaridad mutua por la confiscación y redistribución gubernamental. Y finalmente de castigar lo que de todas formas subsista de riqueza con la redistribución a través de impuestos. El resultado de ello es una sociedad más pobre material y moralmente. Pero también que se derribe de su altar a la justicia en su lugar se entronice la envidia. Ni más ni menos.
            Y para quien lo dude, el propio Rawls lo dejó muy claro:
            El Principio de Diferencia representa, en efecto, el acuerdo de considerar la distribución de talentos naturales, en ciertos aspectos, como un acervo común, y de participar en los beneficios de esta distribución, cualesquiera que sean. Aquellos que han sido favorecidos por la naturaleza, quienes quiera que sean, pueden obtener provecho de su buena suerte sólo en la medida en que mejoren la situación de los no favorecidos. Los favorecidos por la naturaleza no podrán obtener ganancia por el mero hecho de estar más dotados, sino solamente para cubrir los costos de su entrenamiento y educación y para usar sus dones de manera que también ayuden a los menos afortunados. Nadie merece una mayor capacidad natural ni tampoco un lugar inicial más favorable en la sociedad. Sin embargo, esto no es razón, por supuesto, para eliminar estas distinciones. Hay otra manera de hacerles frente. Más bien, lo que es posible es configurar la estructura básica de modo tal que estas contingencias funcionen a favor de los menos afortunados. Nos vemos así conducidos al Principio de Diferencia si queremos continuar el sistema social de manera que nadie obtenga beneficios o pérdidas debidos a su lugar arbitrario en la distribución de dones naturales o a su posición inicial en la sociedad, sin haber dado o recibido a cambio ventajas compensatorias.
            Es la envidia legitimada como un absoluto social por Rawls lo que lleva a la filosofa y novelista Aynd Rand a aclarar que:
            Ciertas maldades están protegidas por su propia enormidad: hay gente que, leyendo esa cita de Rawls, no podría creer que realmente quiere decir lo que
            dice. Pero lo hace. No es contra las instituciones sociales contra las que Rawls (y Mr. Cohen) se rebela, sino contra la existencia del talento humano. No contra los favores gubernamentales, sino contra la existencia del talento humano. No contra los privilegios políticos, sino contra la realidad. No contra los favores gubernamentales, sino contra la naturaleza humana (contra aquellos que «han sido favorecidos por la naturaleza», como si un término como favor pudiera ser aplicado aquí).- No contra la injusticia social, sino contra el hecho de que algunos hombres nacen con mejores cerebros y hacen mejor uso de ellos que otros. La nueva «teoría de la justicia» exige que los hombres contrarresten la «injusticia» de la naturaleza mediante la institucionalización de la más obscenamente impensable injusticia: De privar a aquellos «favorecidos por la naturaleza» (esto es, el derecho a la vida) y conceder a los incompetentes, los estúpidos, los vagos el derecho al disfrute de bienes que no podrían producir; no podrían imaginar y ni siquiera sabrían que hacer con ellos.
            Hay que tomar nota de que una línea crítica de izquierda a la socialdemocracia de Rawls postula que si la justicia rawlsiana fuera fiel a sí misma, no podría permitir incentivos especiales de ningún tipo a los talentosos, y Rawls insiste en permitirlos con la condición de que mejoren a los no talentosos, lo que para algunos marxistas implica una «explotación extorsiva»; así como de que Bidet incluso señala en Rawls un retroceso ante el imperativo categórico de Kant, ya que formula su «imperativo» de justicia como un optativo. Ya a principios del siglo pasado Tugan-Baranowsky había postulado la idea de que las invenciones técnicas o científicas de cualquier naturaleza, así como el producto del trabajo intelectual en general, sería «peculio de todos» y no de sus creadores, pero a diferencia de Rawls no tenía realmente una justificación, por torcida que fuera, para su afirmación. Las críticas marxistas a Rawls lo acusan de no ser suficientemente rawlsiano relativizando el principio de diferencia que de ser coherentemente seguido exige la revolución y el socialismo como lo entienden los marxistas. Y en eso tienen razón, la idea de una economía de mercado funcionado bajo la extorsión de la envidia ideológicamente legitimada y devenida en legislación no se detendría jamás donde pide Rawls, sino que seguiría su propio camino de servidumbre hasta el socialismo totalitario, o renegaría de sí misma y retrocedería sobre sus pasos ante la evidencia de sus efectos cuando aún fuera tiempo.
            ¿Cuál es el problema?
            A estas alturas podemos empezar a tratar el problema que nos ocupa. Se trata de una particular relación entre la libertad interior y esa libertad en el orden social que dejamos «sin apellido». Y resulta ser lo que posiblemente llevo a Benjamin Franklin a considerar que «sólo un pueblo virtuoso es capaz de vivir en libertad. A medida que las naciones se hacen corruptas y viciosas, aumenta su necesidad de amos.»
            ¿Por qué la libertad interior, en el sentido antes citado, desaparecería bajo el influjo de las pasiones? Porque el hombre que actúa bajo la influencia de un poderoso sentimiento, tan poderoso que le denominamos pasión, no es libre en el mismo sentido interior que no lo es quién está mentalmente enfermo, o bajo el efecto de ciertas drogas. No es libre interiormente porque su juicio está bajo el influjo de una pasión que lo nubla y le impulsa a actuar de forma completamente diferente a como es razonable suponer que actuaría sin aquella influencia. Al hablar de ausencia de libertad interior estamos, hasta cierto punto, equiparando esa pasión que la causa, en el caso que nos ocupa, con la enfermedad que puede también causarla. La diferencia, obviamente, es que se trata de una enfermedad moral, no sicológica o neuronal. Es pues un vicio, y como vicio, algo que se sobrepone a la voluntad, la domina y la sustituye. No hay que dudar que la voluntad pueda dominar la pasión, el sentimiento y aún el instinto, y en tal sentido pueda controlar al vicio. Pero cuando lo contrario ocurre, ya el vicio no es voluntario, sino que es la ausencia de voluntad para contralar una pulsión que sabemos negativa. Así, la envidia es un vicio adictivo.
            Quién ha caído en el vicio de envidiar estará dispuesto a soportar en sí mismo

            Quién ha caído en el vicio de envidiar estará dispuesto a soportar en sí mismo el coste de disfrutar el mal ajeno, siempre que sea el mal de aquél o aquéllos que envidia. Cipolla lo definió como estúpido y «bromeó» brillantemente con modelos económicos de tal estupidez, pero también entendió que aunque podemos reírnos de la estupidez, propia y ajena, cuando tales idiotas prevalecen, la sociedad como tal está en problemas.
            El problema es pues que quienes han sucumbido a la pasión viciosa de envidiar han perdido su libertad interior y en ausencia de su mejor juicio se ven impulsados a actuar apasionadamente contra la libertad de los demás, e incluso de ellos mismos, en el orden social. ¿Qué puede satisfacer a la envidia sino el poder para destruir el bien envidiado? ¿Y qué más que la coacción arbitraria de unos hombres sobre otros permitiría tal poder? Aunque no le fuera completamente indiferente, el envidioso no necesita tener él mismo el poder, sino que la arbitrariedad a la que se empeña en denominar «justicia» caiga sobre aquéllos a los que envidia. Ni más ni menos. ¿Puede ser libre una sociedad que legitime y aún reclame de sus miembros la envidia? Pues si esa es la voluntad de la mayoría, pudiera tener soberanía, libertad política y amplia gama de posibilidades para dar curso a la arbitrariedad anhelada, pero no sería una sociedad de hombres libres, en el sentido que nadie estaría realmente libre de la coacción arbitraria de otros. El problema es pues que si la mayoría pierde su libertad interior en las garras de la envidia, la libertad de todos se verá crecientemente restringida en cualquier sociedad sometida a los efectos de tal vicio sobre la legislación y las políticas públicas.
            La envidia y la evolución de la moral
            ¿Sirve de algo la envidia? Por más destructivo que sea el citado sentimiento, algún resultado evolutivamente útil produjo para no desaparecer, de ser exclusivamente negativas sus consecuencias la selección evolutiva hubiera terminado por descartarlo. Y es aquí donde la teoría del orden espontaneo de Hayek nos ilumina el camino.
            La clave de la envidia como fuente de gran parte de las amenazas a la libertad, está en la coexistencia solapada de dos códigos morales dentro de toda sociedad humana a gran escala: dos códigos que lógicamente se nos presentan como mutuamente excluyentes, pero que sin embargo tienen que ser reconciliados constantemente en función de la inevitable interdependencia de los diferentes tipos de organización social en los que evolucionaron. El caso es que:
            Nuestros instintos morales, nuestros sentimientos espontáneos, han evolucionado durante probablemente cerca de un millón de años, que la raza humana dedicó a la caza menor y a la recolección en grupo. La gente no sólo se conocía cara a cara, sino que también actuaba en conjunto tras objetivos claros y comunes. Fue durante este largo período, que precedió al desarrollo de lo que llamamos civilización, que el hombre adquirió sus respuestas genéticas.
            Pero sería un error considerar que ese orden colectivista tribal fue sustituido por la emergente civilización, el orden tribal no fue sustituido por el orden extenso de las civilizaciones emergentes, fue superado sí, pero en el sentido que fue abarcado en aquél, y ya más difícil de reconocer subsiste y evoluciona en adelante dentro de aquél, en los pequeños grupos que aún se orientan por el viejo orden tribal con su atávica moral instintiva, dentro de la civilización porque:
            La evolución de una tradición moral, que nos permitió construir un orden amplio de colaboración internacional, exigió la represión gradual de estos dos instintos básicos de altruismo y solidaridad, especialmente de la búsqueda de objetivos en común con nuestros semejantes; y fue posible por el desarrollo de una nueva moral que el hombre primitivo rechazaría.
            Sin embargo, esto fue mucho mejor comprendido por los grandes filósofos morales del siglo XVIII. Uno de ellos, a quien admiro en forma especial, Adam Ferguson, dijo: «el salvaje que no conoció la propiedad
            tuvo que vivir en un grupo pequeño». De hecho, esencialmente, fue la

            tuvo que vivir en un grupo pequeño». De hecho, esencialmente, fue la evolución de la propiedad, de los contratos, de la libertad de sentimiento con respecto a lo que pertenece a cada uno, lo que se transformó en la base de lo que yo llamo civilización.
            Ahora, como el mismo Hayek identifica al socialismo en sentido amplio con ese atávico anhelo por imponer la moral de los originarios y minúsculos grupos en que vivió y evolucionó nuestra especie por cientos de miles de años, en la Gran Sociedad civilizada que surge con –y depende de– una moral impersonal, identificándolo consecuentemente como un error de hecho sobre la naturaleza del orden social civilizado mismo; nos queda por determinar si la envidia está entre esos sentimientos instintivos que permiten la cohesión de los grupos primarios y atentan contra la existencia misma de la sociedad civilizada, y si es por ello que la apelación de los socialistas en sentido amplio a la envidia difiere significativamente del uso político oportunista circunstancial que otros pudieran hacer de tal primario sentimiento.
            Los socialistas creen que hay dos tipos de fenómenos que podemos denominar orden, aquellos que corresponden a la evolución espontanea de las especies por selección evolutiva y aquellos que corresponden a la voluntad ordenadora de sujetos humanos en la sociedad. Y ciertamente, existen esos dos órdenes, ya Aristóteles los había clasificado así (aunque sin considerar evolutivo, ni el orden de los fenómenos naturales ni el de los sociales) pero lo que nos importa aquí es que tal desafortunada clasificación, luego adoptada férreamente en la filosofía racionalista cartesiana del siglo XVII en adelante, obscureció a pensadores como Rousseau y Voltaire, impidiéndoles la identificación de una tercera clase de fenómenos, ni completamente naturales ni íntegramente convencionales o artificiales; aquellos que surgen como resultado involuntario e imprevisto de la acción de los hombres en ausencia de cualquier convención previa orientada a originarlos, e incluso sin la menor noción anticipada de lo que podrán ser cuando efectivamente emerjan. Otra línea de la filosofía racionalista en la que se destacan pensadores escoceses, como David Hume y Adam Ferguson, reaccionaron ante los errores del racionalismo cartesiano mediante una interpretación de la civilización como él reino de esos terceros fenómenos del orden espontaneo evolutivo en la sociedad humana, con lo que identificaron el orden evolutivo espontaneo ajeno a la categoría de causa primero en la sociedad humana que en la biología; por ejemplo Ferguson en su Ensayo Sobre Historia de la Sociedad Civil de 1767 afirmó que «Cada paso y cada movimiento de la multitud, aun en épocas supuestamente ilustradas, fueron dados con igual desconocimiento de los hechos futuros; y las naciones se establecen sobre instituciones que son ciertamente el resultado de las acciones humanas, pero no de la ejecución de un designio humano» aunque con el tiempo aquello sería mayormente olvidado y los posteriores descubrimientos sobre la evolución biológica de las especies se tergiversarían para justificar teleologías seudo-evolucionistas del orden social, que bien pueden servir hoy de munición falaz contra quien estudie y describa tales fenómenos sociales como realmente son.
            Eduardo Zimmermann resume los postulados de tal orden en que; primero, por la complejidad inherente al orden de la sociedad los resultados esperados de las acciones humanas pueden ser muy diferentes de lo planeado; segundo; persiguiendo fines egoístas o altruistas, exclusivamente dentro de las reglas de conducta adecuadas, los individuos producen, a su vez, resultados útiles o beneficiosos para otros; y finalmente, el orden de la sociedad, esas reglas de conducta adecuadas y lo que en general llamamos cultura, es el resultado de conductas individuales que no tienen ese objetivo, pero que son orientadas a tales indirectos resultados por instituciones, prácticas y reglas, que a su vez tampoco son normalmente invenciones deliberadas, sino productos del proceso de evolución durante el cual dichos sistemas de normas guiaron exitosamente a los grupos o comunidades que los adoptaron. Cualquiera que coincida en tales tesis citara al lenguaje,
            derecho, dinero, sistema de mercado, y la moral misma; como evidentes

            derecho, dinero, sistema de mercado, y la moral misma; como evidentes ejemplos de instituciones resultantes imprevistas de las sucesivas interacciones humanas, particularmente favorables para la vida en sociedad. La asombrosa crítica de Argandoña, quien llega a acusar a Hayek de:
            …haber caído en este determinismo ciego: el hombre entra en ‘un orden de eficacia superior’ que lo recoge y lo lleva hacia la perfección, sin aportación personal, sin libertad
            Ya que, según el citado, si las instituciones claves del orden social:
            …no proceden de la razón, sino de hábitos de respuesta, como Hayek afirma, la razón no es, pues, sino otro hábito de respuesta (y uno no puede menos que empezar a preguntarse dónde está la libertad del hombre, si lo que hay en él de racional es sólo eso, un hábito de respuesta).
            Lo que equivale a que la libertad sería, nada más y nada menos que el poder de crear racionalmente las instituciones sociales a voluntad. Finalmente revela su propio prejuicio en lo siguiente: «¿Puede hablar Hayek de dignidad de la persona humana? No, porque ha negado cualquiera de los componentes posibles de esa dignidad, como la espiritualidad y la trascendencia» Lo que nos deja claro que la amplia, constante y fundamentada defensa de Hayek de la dignidad del ser humano partiendo de la auto propiedad y sin recurso a la teología, es lo que molesta al crítico, para quien no compartir sus creencias religiosas equivale a negar la dignidad y libertad humana. La primera razón para traer a colación el ensayo citado, es que resulta un caso ilustrativo de algo que no había indicado antes, la identificación de la libertad con alguna doctrina teológica ha sido frecuente y aún tiene defensores que no terminan de aceptar que la espiritualidad trascendente muy rara vez ha servido de protección a la libertad, y que tales especulaciones político-teológicas muy frecuentemente sirvieron, y sirven, de justificación a la brutal coacción arbitraria de los creyentes sobre los infieles, con todo el poder del Estado, tanto bajo regímenes dictatoriales como democráticos. Muy espirituales y trascendentes, además de democráticas y mayoritarias, son sin duda las ideas que sostienen al régimen de la República Islámica en Irán, tanto como inhumano y brutal es lo que hace con quienes no las comparten. La segunda razón es que, aunque señala su propio error al poner como ejemplo del supuesto error de Hayek al afirmar que: «Basta observar el comportamiento —solidario y altruista— de los padres en la educación de sus hijos, para comprender que en modo alguno merman sus posibilidades de desarrollo ni arruinan a la familia.» Pese a que Hayek había dejado perfectamente claro que:
            Si pretendiéramos aplicar las rígidas pautas de conducta propias del microcosmos (es decir, del orden que caracteriza a la convivencia en la pequeña banda o mesnada, e incluso en la propia unidad familiar) al macrocosmos (es decir, al orden propio de la sociedad civilizada en toda su complejidad y extensión) —como tan reiteradamente nos recomiendan nuestras profundas tendencias— pondríamos en peligro a ese segundo tipo de orden. Y si, a la inversa, pretendiéramos aplicar la normativa propia del orden extenso a esas agrupaciones más reducidas, acabaríamos con la misma cohesión que las aglutina.
            Cuando identifica los conceptos de Hayek de Solidaridad y Altruismo como peculiares, para después señalarlos como una conceptualización falaz expresamente al afirmar que: «Hayek se construye un concepto fantasma de solidaridad y altruismo, para poder arremeter contra él», lo que deja de lado es que en la base de tales actitudes, solidaridad y altruismo, están en efecto instintos que evolucionaron en un determinado entorno trival, por lo que en efecto son parte importante de la moral evolutiva de dicho entorno, pero la evolución de dicho entorno en algo tan nuevo y diferente como la sociedad a gran escala, mediante la emergencia evolutiva de otro código moral limitó la utilidad moral de tales actitudes a su entorno propio, resultando antisociales en el marco de la sociedad a gran escala tal y como Hayek señaló; y en eso sentido son más eso «peculiar», que lo que muchos «hombres de la calle y
            moralistas» filósofos y teólogos quieren creer que son. Nuestra segunda

            moralistas» filósofos y teólogos quieren creer que son. Nuestra segunda razón es que lo que quizás se pudiera echar de menos en La Fatal Arrogancia es algo que ciertamente se esperaría que señalara en una crítica aparentemente dogmatica de espíritu fundamentalista como la citada, y no sería sino la clara identificación de causa de cierta parte de los fenómenos sociales asociados a la solidaridad y el altruismo por Hayek; en lugar de aquello, a través de la imperfección de la naturaleza pecadora del hombre, al especifico pecado de la envidia, pero curiosamente Argandoña se conforma con afirmar que solidaridad y altruismo son algo diferente de lo que Hayek critica, sin intentar identificar el nombre propio de aquel «concepto fantasma» en una alguna doctrina religiosa que acepte.
            Pero es razonable suponer que entre esos instintos primarios evolucionados a la largo de cientos de miles años en que nuestra especie subsistió en el entorno social de los pequeños grupos con una economía de simple subsistencia, además de la solidaridad, el altruismo y la unidad de propósito, la envidia podía jugar, y jugo seguramente, un papel clave en la cohesión de tales grupos. Y habiendo evolucionado en un tiempo evolutivo relativamente corto la sociedad civilizada con su moral impersonal, enfrentamos similares problemas con la solidaridad y el altruismo que con la no menos instintiva envidia. Pero para entender que la envidia está en la base de la cohesión social y juega un papel diferente en los dos códigos morales identificados por Hayek, debemos recurrir a Schoeck.
            La envidia y la sociedad
            A finales de 1966 se publicó la primera edición del libro de sociólogo Helmut Schoeck, La envidia: Una teoría de la sociedad, obra erudita y polémica que escandalizaría a los socialistas de todas las tendencias, por dejar en evidencia la maligna perversidad de su completamente específica manipulación engañosa de la envidia. Ante todo hay que señalar que el libro colocó sobre la mesa el tema de la envidia como causa de fenómenos sociales a contracorriente de la tendencia que, a su vez, señaló hacia evitar, ocultar o esquivar la envidia como tema de investigación académico. Su autor explica que su propósito no es otro que el de:
            …explicar –a modo de teoría, y con la ayuda de diversas hipótesis– cómo se ha llegado a una serie de normas determinadas de comportamiento que actúan en todo grupo y en toda sociedad, sin las que no es posible la convivencia social, pero que, por otra parte, pueden degenerar también en peligrosas agresiones y crear enormes obstáculos para la acción. No tiene sentido querer analizar las estructuras sociales sin intentar antes comprender cuáles son los impulsos humanos que crean, soportan, modifican o destruyen esas estructuras.
            La evidente similitud que observamos ahí con las ideas hayekianas de la evolución de dos códigos morales, en muchos sentidos contrarios, que coexisten solapándose en la sociedad a gran escala es nuestro punto de partida. Lo que Schoeck nos irá demostrando en su teoría es que sin envidia no hubiera evolucionado la sociedad humana, pero que sin su control efectivo tampoco puede funcionar adecuadamente aquélla. Al correlacionarla con la teoría de Hayek resalta el estudio de Schoeck sobre el papel de la envidia mutua en la unidad de propósito y la obediencia hacia algún mando en los pequeños grupos como una primera clave del papel de la envidia en la evolución de la moral primitiva, ya que en los grupos humanos:
            El gozo por la pena del recién venido que todavía ha de fundirse con el grupo, la alegría por las sanciones que se le aplican al miembro no conformista, es lo que convierte automáticamente a cada miembro en un perro vigilante
            Lo que nos llevaría a comprender que:
            En contra de lo que afirman algunas teorías sociales, acaso el individuo no viva la experiencia de pertenencia al grupo como una plenitud, sino como una disminución de su ser humano.
            Y que por ello:
            …la sociología del poder y del dominio debería tener en cuenta el

            …la sociología del poder y del dominio debería tener en cuenta el
            aparentemente antisocial puede ser señalado como hechicero. De ahí, vemos
            factor de la envidia cuando se observa que algunos de los que se someten al poder desean que otros –que todavía han logrado substraerse a este influjo– se sometan también, para ser todos iguales. Fenómenos como el Estado totalitario, la moderna dictadura, sólo se entienden a medias en la sociología si se pasan por alto las relaciones sociales entre los ya igualados y los todavía inconformistas.
            No es difícil comprender el poder de cohesión que el sentimiento de envidia otorga a un grupo pequeño con unidad de propósito, ni que dependiendo de las tradiciones para evitar y manejar la envidia que prevalezcan en cada grupo, esa cohesión y unidad de propósito pueden tener un costo razonable o excesivo en la capacidad de desarrollar y/o adoptar innovaciones y con ello de mejor adaptarse al entorno cambiante. Pero en todo caso la utilidad evolutiva de la envidia que identifica Schoeck es que el hombre:
            …que ha conseguido una notable independencia respecto de las acciones instintivas y los comportamientos biológicos, puede, en virtud de las posibilidades que le da esta nueva libertad, realizar algo socialmente constructivo, si reduce a un mínimo la desviación de los comportamientos y las innovaciones.
            Debido a que:
            El espacio libre para las actuaciones individuales conquistado por un ser que ha superado los mandatos del instinto tiene que ser, pues, reducido de nuevo a unos límites, de modo que puedan funcionar los grupos sociales mayores. Y no hemos descubierto ningún otro motivo que pueda conseguir con tanta eficacia esta conformidad como el temor a despertar la envidia
            Con lo que no sólo se trata de que la envidia sea uno de los factores de cohesión de los grupos menores, sino que del manejo de esa envidia depende que dichos grupos crezcan pues:
            …los grupos menores y las familias cuyos miembros no acertaron a desarrollar sensibilidad bastante frente a la amenazadora envidia […] a la larga se mostraron incapaces de formar los grupos mayores requeridos para poder conquistar su medio ambiente.
            Lo que ciertamente se puede conciliar con que:
            …los esquemas de convivencia basados en los instintos […] únicamente apropiados a las pequeñas agrupaciones de nómadas que caracterizaron a los primitivos estadios de la humanidad y que, a lo largo de millones de años, fueron dando al homo sapiens su constitución genética […] instintos genéticamente adquiridos fueron capaces de orientar y coordinar […] una cooperación que sólo podía abarcar un limitado conjunto de sujetos […] el tipo de coordinación radicaba fundamentalmente en los instintos de solidaridad y altruismo, los cuales, por lo demás, sólo alcanzaban a los miembros del grupo y no a los demás […] La humanidad accedió a la civilización porque fue capaz de elaborar y de transmitir –a través de procesos de aprendizaje– esos imprescindibles esquemas normativos (inicialmente limitados al entorno tribal, pero extendidos más tarde a espacios cada vez más amplios) […] Esas normas constituyen una nueva y diferente moral […] encaminada a reprimir la «moral natural», es decir, ese conjunto de instintos capaces de aglutinar a los seres humanos en agrupaciones reducidas, asegurando en ellas la cooperación, si bien a costa de bloquear su expansión.
            Ya hemos mencionado la asociación de la envidia y la creencia supersticiosa en la hechicería, como ideología que permite justificar la creencia envidiosa de que quién alcanza algo –material, intelectual o moralmente– más de lo que escasamente alcance él propio envidioso, se lo ha quitado a éste –a lo menos en potencia– por medios inexplicables. El envidioso acusará de hechicero a quién se destaca, y en las culturas primitivas más dominadas por la envidia toda diferencia se explicará con tal recurso, pero también el envidioso crónico, como cualquier otro excéntrico, desagradable o

            aparentemente antisocial puede ser señalado como hechicero. De ahí, vemos
            imposible la igualdad que propone en la misma, pero que también, señala
            lo antiguo de la vergüenza de la envidia y la necesidad de enmascararla. Tras revisar ampliamente los datos de la etnografía Schoeck concluye que:
            Es evidente que el hombre primitivo […] consideran como caso normal el de una sociedad en la que en cada momento concreto todos sus miembros tienen una situación absolutamente igual. Este hombre primitivo está dominado por la misma idea de igualdad que puede observarse desde hace algunos años en las corrientes políticas de las altas culturas. Pero la realidad es siempre otra cosa muy distinta. Comoquiera que no consigue explicarse racionalmente las desigualdades existentes, este hombre primitivo atribuye causalmente las desviaciones, tanto hacia arriba como hacia abajo, respecto de la supuesta sociedad normal de iguales, a los poderes maléficos de otros miembros de la comunidad.
            ¿Cómo se explica la legitimación intelectual de la envidia en las sociedades avanzadas en las que se han superado, mayormente, las creencias supersticiosas en el poder de la hechicería? Pues Schoeck explica que:
            La autocompasión, la incapacidad de reconocer que otros pueden tener ventajas o méritos que no han debido robar necesariamente a un tercero, es decir, a la persona que se siente envidiada, se encuentra también entre los individuos de las altas culturas, que deberían estar mejor informados sobre la materia. No hay, en verdad, una gran diferencia entre las creencias en la magia negra propias de los pueblos primitivos y ciertas ideas modernas. Mientras que, desde hace más de un siglo, los socialistas se consideran robados y estafados por los empresarios y desde el año 1950 los políticos de los países subdesarrollados piensan lo mismo respecto de los países industrializados, en virtud de una abstrusa teoría del proceso económico, el hombre primitivo se considera robado por su vecino porque éste, con ayuda de la magia, ha sido capaz de embrujar una parte de la cosecha de sus campos.
            Lo que, hasta cierto punto, puede considerarse incluso un caso particular de un fenómeno más general y recurrente desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, como es que:
            Para la mente ingenua, que sólo es capaz de concebir el orden como resultado de un arreglo deliberado, quizá parezca absurdo que, ante condiciones especialmente complejas, tanto el orden como su adaptación a lo desconocido pueda garantizarse más eficazmente a través de la decisión descentralizada; y también que la pluralidad de los centros decisorios aumenta las posibilidades del orden en general. Pero es innegable que la descentralización permite, de hecho, hacer uso de superiores cuotas de información […] sólo el plural control de los recursos, es decir, la aceptación de que corresponde a diversos actores la responsabilidad de determinar su uso, permite aprovechar al máximo la dispersa información disponible
            En resumen, la mentalidad ingenua cree en una igualdad instintiva, que en realidad no observa estrictamente ni en los más pequeños grupos estrechamente regidos por una moral tribal, que es la expresión más completa de esos mismos instintos, y consecuentemente busca explicaciones supersticiosas para las mínimas desviaciones de dicha igualdad, pero cuando algunas de sus explicaciones le llegan a permitir racionalizar algún grado de desigualdad que permita la división del conocimiento y la descentralización de las decisiones, evolucionan nuevas instituciones mediante la emergencia de otro código moral que permite el progresivo cambio hacia la sociedad cada vez más rica, compleja y diversa que la mentalidad primitiva no puede entender y a la que, por el básico impulso instintivo de la envidia incontrolable, impulsada por las innumerables diferencias –incluso aquellas que son diversidad horizontal más que desigualdad vertical, en sentido material o intelectual– pretende imponer una moral tribal que imposibilita, como nos señala Hayek, el funcionamiento de la sociedad compleja haciendo

            imposible la igualdad que propone en la misma, pero que también, señala
            Schoeck, es incapaz de alcanzar la sociedad libre de motivos de envidia que se propone; y las dos cosas por similares razones de hecho, no de valoraciones o preferencias. O en otros términos, son equivalentes errores de hecho en su percepción de la realidad los que hacen creer a los socialistas que en alguna forma pueden hacer funcionar «mejor» el complejo orden espontaneo de la sociedad civilizada mediante la centralización de la información dispersa e intransmisible, cuando en realidad, simplemente no pueden ni siquiera hacerlo funcionar a largo plazo con unos medios que eventualmente lo colapsan; a los errores por los que creen que realmente es posible mediante la igualación forzosa y el adoctrinamiento «construir» un hombre nuevo libre de envidia, cuando de hecho los bases instintivas de la solidaridad y el altruismo están indisolublemente asociadas a las bases instintivas de la envidia, la cual, una vez legitimada supersticiosamente, se excitará en proporción más o menos inversa a la insignificancia de las diferencias materiales remanentes y se disparará ante las diferencias inmateriales propias de la individualidad física, intelectual y moral, por lo que a más esfuerzos por alcanzar la perfecta igualación forzosa, se incrementan las actitudes antisociales también a la escala más básica de los pequeños grupos, con lo que su adaptabilidad y su cohesión misma se llegarían a comprometer.
            Una adecuada explicación del papel de la envidia en el marco de los instintos de la moral tribal nos conduce a comprender que el problema del manejo de la envidia en el orden moral de cualquier tipo de agrupación humana, y muy especialmente en el complejo equilibro dinámico de los sistemas interdependientes de la sociedad a gran escala de la que depende la supervivencia misma de la población humana en sus números actuales, no es una cuestión de preferencia o valoraciones personales, más o menos caprichosas, sino una serie de asuntos de hecho sobre instintos humanos, instituciones sociales espontaneas y estructuras convencionales. Así explica Hayek que:
            Lejos de mí, insisto, cualquier intento de negar la posibilidad de perfeccionar racionalmente nuestros esquemas morales o nuestras realidades institucionales. Entiendo, sin embargo, que no es posible reorganizar nuestro sistema moral en la dirección sugerida por lo que hoy se entiende por «justicia social», aunque sin duda resulte posible realizar algún esfuerzo reformista contrastando cada una de las partes del sistema con la coherencia interna del sistema global. En la medida que tan moralidad pretenda dar solución a problemas que, en realidad, no está capacitada para resolver –por ejemplo, desempeñar en el ámbito colectivo funciones de organización y de búsqueda de información que, en razón de sus mismas normas, es incapaz de facilitar–, esa misma imposibilidad se convierte en contundente argumento contra el sistema moral en cuestión. Conviene abordar con el debido rigor estas cuestiones ya que admitir que el debate gira sólo en torno a diferencias valorativas y no a la estricta apreciación de la realidad es lo que fundamentalmente ha impedido a los estudiosos del orden de mercado evidenciar con la necesaria claridad que el socialismo es incapaz de cumplir lo que promete.
            Porque la sociedad es un orden de tal complejidad que no puede ser comprendida dentro de una convención racional que la recreé a voluntad según la guía de preferencias instintivas previas y en varios sentidos contrarias al orden social mismo.
            Sin pretender hacer aquí un resumen del texto, nos limitamos a señalar los aspectos más relevantes al propósito de éste trabajo, y los que siguen son que Schoeck nos recuerda que la envidia no está relacionada necesariamente con la riqueza relativa en el sentido material, pues desapareciendo aquellas siempre hay alguna diferencia que envidiar, cualquier distinción o talento es envidiable, y las posesiones llegan a servir para desviar hacia ellas la envidia que en su ausencia se dirigiría a la persona directamente, pues:

            persona directamente, pues:
            El envidioso sólo puede llegar a resignarse ante la mejor presencia de otro, su juventud más largo tiempo conservada, sus hijos, la mayor felicidad matrimonial de su vecino, envidiando sus ingresos, su casa, su automóvil o sus vacaciones de verano. Los bienes se deslizan a modo de escudo protector –socialmente necesario– entre los hombres, para proteger a las personas de los ataques físicos.
            De hecho Schoeck nos da una lista de bien documentados crímenes por envidia en la que destacan al menos dos ejemplos en que las víctimas despiertan la envidia del criminal, simplemente por «la insoportable aureola que rodeaba al bien parecido deportista» o por ser «la más hermosa alumna del colegio» Por lo demás es más amarga la envidia cuando se dirige contra quién se distingue intelectual, artística y sobre todo moralmente, y es por eso que:
            El antiintelectualismo y la hostilidad vinculada a él contra la ejercitación artística son –por definición– una secuencia de la envidia. En casi todos los grupos destacan los individuos que se concentran a solas en una actividad espiritual porque tienen capacidad y talento para ello, o simplemente los que parecen tener ideas más profundas. Esas actividades no pueden colectivizarse o socializarse. Hay que encomendarlas al individuo, que las ejercita según su capacidad, gusto, suerte o capricho del azar. Así, pues, en una sociedad que declara que el valor supremo es el trabajo en común, y sobre todo el trabajo físico, todo el que se dedica a ocupaciones espirituales provocará siempre irritación.
            No obstante hay que agregar que la razón por la que es imposible colectivizar o socializar el talento es la que lo hace más amargamente envidiable, ya que sobre las posesiones materiales puede, de una parte el envidioso imaginar equipararse al enviado y de otra disfrutar el mal ajeno de su destrucción en la perdida de las mismas por el envidiado. Pero por más que silencie, persiga o menoscabe al talento, e incluso si logra que quién esté dotado de él se sienta culpable de su propia distinción, no puede realmente quitárselo como podría quitarle una posesión material. Más aún es enervante a la envidia la superioridad moral, ya que el envidiarla evidencia la inferioridad moral y enaltece más al blanco de su envidia tornándolo inalcanzable.
            Habiendo constatado con amplia gama de datos etnológicos la universalidad de la envidia, la necesidad de su evitación y manejo, así como la inexistencia del supuesto gozoso colectivismo perfecto y libre de envidia en los pueblos primitivos, junto a la creencia supersticiosa, no tanto en el ideal sino en la supuesta normalidad, del igualitarismo más completo en los mismos pueblos, así como la existencia de equivalentes supersticiones en las altas culturas, nos pone sobre la pista de una serie de efectos de la envidia que paradójicamente pueden especularse razonablemente entre de las causas de la evolución de la sociedad a gran escala; la tensión entre que «el hombre se hizo autentico hombre en cuanto envidioso, en virtud de su capacidad de envidia.» y que:
            …el hombre, en cuanto ser envidioso, sólo puede convertirse en creador auténtico de cultura cuando unas determinadas concepciones, por ejemplo de tipo religioso, unas racionalizaciones sobre la desigualdad de la suerte (la idea de la fortuna) o unos ciertos derechos de factura política a favor de los desiguales, privan de gran parte de su poder a los envidiosos del grupo.
            Habiendo identificado la utilidad evolutiva de la envidia en la sociedad, que mayormente viene a ser la utilidad evolutiva de la evitación, restricción y control de la envidia para el funcionamiento de la sociedad, puede Schoeck explicarnos la imposibilidad de la eliminación de la envidia por medios externos y la necesidad de su restricción y control interno en los individuos maduros. Pero también nos hace notar como el sistema de incentivos que evolucione en cada cultura jugará el papel de reforzar ese manejo maduro del sentimiento de envidia impulsando el avance material y moral, o el de legitimarla, estancando todo progreso material, intelectual y moral.

            legitimarla, estancando todo progreso material, intelectual y moral.
            Finalmente, aunque nos aclara que si de una parte la envidia es políticamente neutral, y puede ser excitada por políticos de cualquier ideología para movilizar a las masas contra cualquier enemigo envidiable, de otra se ha venido desarrollando en la filosofía política occidental desde el siglo XVIII una nociva tendencia a la legitimación de la envidia, revirtiendo la carga de la culpa de los envidiosos a los envidiados, para proponerse el rediseño racional de las instituciones sociales en orden a eliminar las causas de la envidia misma. La utopía de una sociedad libre de envidia es inalcanzable por motivos de hecho, es simplemente contraria a la naturaleza diferenciada de los seres humanos y lo ancestralmente instintivo de tal sentimiento. Tal ideología legitimadora absoluta de la envidia y proponente de un futuro mundo perfectamente igual y libre de envidia es el socialismo, en cualesquiera de sus diversas versiones. Que la envidia es el motivo oculto de la abrumadora mayoría de los adherentes del socialismo se ve al constatar su gran interés en el castigo y destrucción de los supuestos explotadores en las sociedades capitalistas más ricas y menos desiguales, frente a su absoluta tolerancia con una mayor desigualdad en el nivel de vida bajo el socialismo realmente existente, pues:
            Si se les cita entonces algunos hechos económicos de la Unión Soviética, por ejemplo que las diferencias de ingresos entre los dirigentes y los asalariados bajos de la URSS es de 40 a 1, mientras que esta relación es en los países occidentales, por ejemplo en los Estados Unidos, Alemania Occidental, Suiza o Inglaterra, de 10 a 1, y que los impuestos máximos de los que tienen grandes ingresos en la Unión Soviética no pasan del 13%, suelen aceptarlo sin protestas y dudas. Pregunto entonces: «¿No le escandaliza a Ud. que un manager, un general, un realizador de cine, un director o un profesor cobre en la Unión Soviética, comparativamente hablando, un sueldo que es, respecto de los que tienen jornales más bajos, mucho más elevado que un hombre de su categoría en el Occidente capitalista?» Pero la exposición de estos hechos no les aparta de su idea básica: que el caso es diferente, porque los soviéticos mencionados trabajan para el pueblo (…) en un Plan que dentro de cincuenta años (si todo va bien, y, probablemente, a pesar del plan y no gracias al plan) permitirá que el ruso medio tenga auto, una buena vivienda o una casa. Pero para los dirigentes y empresarios de Occidente, que han hecho posibles desde hace ya muchos años aquellas conquistas y otras muchas, nuestro joven crítico de la sociedad encuentra que una proporción de 10 a 1 es «socialmente insoportable».
            Y lo que Schoeck ha señalado es que en la última línea de defensa del socialismo, que es su apropiación de la ética por medio de la justificación de la envidia igualitarista, se esconde otro aspecto de la inviabilidad del modelo social propuesto y su potencial de destruir la sociedad realmente viable, así que:
            En nuestros días puede afirmarse con seguridad científica –y en cualquier caso con mejores argumentos empíricos de cuanto hubiera sido imposible hace cincuenta o cien años– que el mundo no puede pertenecer a los envidiosos. También puede afirmarse, con no menor seguridad, que nunca podrán eliminarse de la sociedad los motivos de envidia. No se debería admitir ya en serio la discusión acerca de la sociedad sin clases o sin estamentos y otras islas de consuelo para mentalidades encalladas y sentimientos incómodos. Las ciencias humanas deberían dignarse poner al hombre en sus ecuaciones tal cual es y no tal cual se le imaginan, después que por inexplicables razones, ha perdido aquel factor impulsivo que, como esperamos haber demostrado, le permitió formar las comunidades características de nuestra especie.
            Incluso los que nunca han tomado en serio las utopías de una sociedad sin clases, de hombres literalmente iguales, o las ideas de un socialismo puro, se han visto inducidos en los últimos cien años a la

            socialismo puro, se han visto inducidos en los últimos cien años a la
            falsa y engañosa conclusión de que se podría conferir a los sentimientos envidiosos, supuestamente aplacables mediantes conductas condescendientes y comprensivas, una función crítica como principio normativo de la política social y financiera. […] Ya Francis Bacon había sabido ver que nada hay que tanto excite y cause insatisfacción al envidioso como el que lleva a cabo una acción irracional, el que abdica de una posición, con la intención de quitar armas a la envidia.
            Ya va siendo hora de actuar de tal modo que no se crea necesario
            hacer del envidioso la norma de la política económica y social
            Puesto así, la teoría de Schoeck sobre el papel jugado por la envidia, tanto en el funcionamiento de los grupos humanos más primitivos, como en su evolución hacia las altas culturas, junto con su papel y peligro en las mismas, resulta tanto coincidente como complementaria con la de Hayek sobre el papel de los instintos y las tradiciones en la formación de dos códigos morales, aquél originario de los grupos más primitivos anclado fundamentalmente en los instintos sociales del ser humano, y aquél otro propio de la gran sociedad, surgido de la capacidad humana de escapar en cierto grado a la tiranía del instinto, llegando a generar tradiciones por medio de la selección competitiva de los grupos que hace de las instituciones claves del orden social un producto de la acción humana, más no de la voluntad humana. La razón para correlacionar las teorías de Hayek y Schoeck, cosa de la que éste trabajo no pretende ser más que un esbozo, es que nos permite poner en perspectiva el enorme papel de la envidia en la base moral primitiva y el no menos importante de su condena en la de sociedad civilizada, así como que la legitimación socialista de la envidia nos refuerza, a ésta luz adicional, la identificación del socialismo como inviable anhelo atávico de imponer la moral más primitiva sobre la sociedad a gran escala.
            Conclusión
            Si coincidimos en que los enemigos de la libertad son prejuicios irracionales anclados emocionalmente en la mente de las personas, debemos identificar correctamente la base instintiva de los mismos.
            Ciertamente, como explica Hayek, la solidaridad y el altruismo jugaron un papel clave en los grupos humanos más primitivos, no ya en el orden de la sociedad a gran escala que surge precisamente de la capacidad humana para adaptarse paralelamente a un orden moral impersonal en las relaciones con extraños, y al antiguo orden moral tribal más primitivo en las relaciones entre miembros de los grupos pequeños y cohesionados que subsisten dentro de la gran sociedad.
            Pero solidaridad y altruismo instintivos no explican completamente el error supersticioso de los hombres primitivos ante las mínimas desigualdades de su propio orden tribal, y si bien pudieran explicar el surgimiento del error intelectual de hecho que es el socialismo como racionalización de aquella moral tribal primitiva, en modo alguno explican completamente la irracional insistencia en el error, contra toda evidencia, por parte de una gran parte de los creyentes del mismo. Como la abrumadora mayoría de los prejuicios que consideramos «los verdaderos enemigos de la libertad» son a su vez parte de ese socialismo en sentido amplio, incluso en aquellas variantes que se escandalizarían de ser adjetivadas así, es importante para quienes entienden la naturaleza e importancia de la libertad en el orden social identificar correctamente la causa de aquella «terca insistencia el error» contra toda evidencia y a cualquier coste, que llega a poner en peligro la existencia misma del orden civilizado. Y la única pulsión instintiva primaria capaz de ocasionar tales conductas es, como hemos visto, la envidia. La envidia, en cuando su base es instintiva, universal e inevitable, no podemos evitar sentir envidia ante los estímulos que la desatan, como no podemos evitar sentir deseo sexual ante los estímulos que lo desatan, pero podemos dominar nuestros instintos y sobreponernos a ellos, especialmente cuando las tradiciones morales nos impulsan a hacerlo, a través de poderosos incentivos sociales, tanto negativos como positivos. Así pues, no es para nada

            sociales, tanto negativos como positivos. Así pues, no es para nada
            equivalente la manipulación oportunista de la envidia por cualquier grupo político en circunstancias especificas, o manipulaciones similares a otros propósitos, con su legitimación sistemática, constante y universal en las doctrinas socialistas, ya que está última ataca directamente a las tradiciones morales que han permitido la evolución de la civilización a través, en gran parte, de ese control individual de la envidia que refuerzan dichas tradiciones morales. No es un asunto de preferencias u opiniones, ni tiene validez alguna replicar que la envidia existe en todo orden social y tiende a sublimarse en conductas competitivas en los ordenes sociales más libres, pues de lo que se trata es de que el socialismo propone un orden social sustentado moralmente en la legitimación de la envidia como valor universal supremo, y eso también hace del socialismo en sentido amplio una imposibilidad como orden social a largo plazo; en tanto que las tradiciones morales que conducen a cualquier otro orden social son, en buena parte, rechazo, control y restricción de la envidia, y sólo muy limitadamente legitimación circunstancial de la misma.
            Recordemos que «Conviene abordar con el debido rigor estas cuestiones ya que admitir que el debate gira sólo en torno a diferencias valorativas y no a la estricta apreciación de la realidad es lo que fundamentalmente ha impedido a los estudiosos del orden de mercado evidenciar con la necesaria claridad que el socialismo es incapaz de cumplir lo que promete».
            Ahora bien, si lo que racionalizaran las ideologías colectivistas fuera única y exclusivamente solidaridad y altruismo, los partidarios de tales teorías pudieran contrastarlas con el hecho de las consecuencias no intencionadas de intentar aplicar fuera de su contexto adecuado una moral de cohesionados grupos pequeños sobre una sociedad extensa, dichas consecuencias son a tal punto inhumanas y genocidas, que la solidaridad y el altruismo universales impulsan a su vez a evitarlas por simple empatía. Eso explica que una vez comprendidos los hechos hay quienes abandonan tales teorías con pena, pero no explica la negación permanente de tales hechos por algunos, ni que impulse a otros a sostener la superior moralidad de las mismas a pesar de no negar tales consecuencias, y menos a considerar dichas consecuencias inherentemente morales, necesarias y deseables. Y como de una parte no faltan quienes justifiquen y prefieran el exterminio si los supervivientes, por pocos que sean, han de vivir en el tipo de sociedad que consideran ideal, pero es obvio que a eso no puede moverlos exclusivamente la solidaridad y el altruismo; y de otra abundan quienes se empeñen en negar la existencia de tales consecuencias no intencionadas de las acciones humanas, tenemos que comprender que hay algo instintivo profundamente irracional y claramente destructivo tras los igualitarismos políticos, y ese algo es envidia. Ceder ante el llamado instintivo de la envidia es pues un vicio, quién en aquél cae pierde su libertad interior, y dominado por dicho vicio actúa en el orden social contra la libertad exterior de todos, incluido él mismo. La utopía de una sociedad libre de envidia es ciertamente un imposible, pero una sociedad de hombres libres, y por consecuencia diferentes, exige que los incentivos morales de la conducta social sean proclives a la condena de la envidia para que la mayoría de los hombres logre vivir «libre de envidia» en el sentido interior de rechazar y superar sus propios sentimientos negativos de envidia cuando surjan. Ese es el único sentido en que podemos estar «libres de envidia» y que la abrumadora mayoría de los individuos llegue a estarlo es necesario para que logremos mantener el dinámico equilibrio evolutivo del orden social libre de toda restricción arbitraria a la acción humana

  21. Ramiro Millan 25 April 2019 at 11:40 am Permalink

    Muchas gracias Manuel por compartir ese trabajo de la literatura política.
    Trabajo, raro de encontrar, donde es posible ver la fundamental importancia para nuestra organización social, económica y política de la envidia como expresión de instintos, de nuestra naturaleza humana de la cual derivan esos instintos, de la razón y sus limitaciones más los errores en que es posible caer al desconocer esas limitaciones, de la cultura como cohesionador, o al revés dependiendo, de los valores morales que surgen en razón del grado de adaptación en el paso de orden tribal a sociedad avanzada, más otros tantos temas que a menudo insisto en difundir, ya que es uno de mis hobbies, en este blog, en mi blog y en un medio periodístico de mi país.
    De nuevo, de agradece.
    De más está mencionar que tengo una amplia coincidencia con Schoek. No en todo ya que no llegué a las ideas que priorizan a la envidia, la ambición, la razón y sus limitaciones más la cultura en nuestra organización social a través de la lectura de ese autor sino a través de intuiciones personales. Obviamente no me tomo el atrevimiento de mencionar mis diferencias. No corresponde.

    • manuel 25 April 2019 at 12:19 pm Permalink

      yo voy a procesar el largo texto y poner lo que pienso

      por que no corresponde?

      • manuel 25 April 2019 at 2:06 pm Permalink

        en las traducciones se pierden a veces importantes ideas y otras se oscurecen

      • Ramiro Millan 25 April 2019 at 3:36 pm Permalink

        Procese el texto Manuel.
        Es genial.
        Es un análisis donde enfrenta ideas y pensadores en temas centrales, trascendentales, de la política y la sociología. Ideas, conceptos y conocimientos sin los cuales para mí es muy difícil hacer una verdadera interpretación de los hechos que sucedieron y nos suceden.
        Hay que tener un conocimiento muy profundo de teorías y pensamientos de cuantos intelectuales han sido referentes en nuestra historia de las ideas para desarrollar un escrito como éste que ud ha transcrito.
        Puedo intercambiar opiniones, no criticar ese texto. Demasiado bien desarrollado.
        No es fácil interpretarlo aunque por suerte la traducción en poco dificulta su interpretación.
        Como los leí y por ello conozco las ideas centrales de Rawls, Schoek, Hayek, Aynd, Rousseau, Voltaire, Hume puedo interpretar muy bien todas las ideas y las confrontaciones a las que el autor los expone para desentrañar la actividad de nuestros instintos, nuestra naturaleza humana, nuestra cultura, la evolución, o no de ella, etc.

  22. Ramiro Millan 26 April 2019 at 5:30 am Permalink

    Manuel, la clave de mis diferencias con Hayek y Schoeck está en el primer párrafo del trabajo del link que ud pone en la última respuesta que dice lo que insisto también yo en recalcar una y otra vez (algo en lo que ud no está de acuerdo según alguna respuesta por ahí expresada)
    Y dice: “La evidencia de las ventajas materiales y morales que ha traído la mayor
    libertad en aquellas sociedades contemporáneas que en mayor grado la
    disfrutan es tan abrumadora, que parece inexplicable por qué no la entienden
    y defienden como principal valor rector del orden social la mayoría de sus
    obvios beneficiarios. Y sin embargo, sería imposible negar que una idea muy
    amplia y revanchista de igualdad sea, en mayor o menor medida, el ideal que
    sentimentalmente prevalece entre nuestros contemporáneos”.
    Allí está el nudo de la cuestión.
    Mientras Hayek y Schoeck consideran a la razón, y con absoluta razón, moderadora de nuestros valores morales y limitada, queramos o no a esa función toda vez que darle una función trascendente, nos lleva a la pérdida de la libertad, en contraposición a los marxistas, racionalistas y teologistas que consideran la necesidad de imponer a la razón a nuestros instintos, entre ellos los que derivan en envidia, si queremos considerarnos libres, mi posición es algo así como un término medio entre la postura rawlista y la de Hayek y Schoeck.
    Me explico, Hayek y Schoeck consideran que cualquier imposición sobre la envidia ya enmarcada su actividad en la evolución cultural de tribal a moderna que fue configurando valores morales que llevan implícitos el control genuino de las consecuencias negativas de la envidia y liberan sus facetas positivas para el progreso social y económico, por lo que cualquier intervención voluntarista sobre ella es perjudicial al punto que en los extremos como el marxista nos lleva a perder la libertad (con absoluta razón como la historia y el presente nos lo han demostrado siempre) por lo que la libertad de acción de la envidia en ese contexto (que es lo mismo que dar libertad absoluta a la ambición) es lo que finalmente mejor se adapta a nuestra naturaleza humana y genera por ello el ámbito ideal para el desarrollo moral y económico de las sociedades. Resumen del ideal liberal.
    Dicho esto, mi postura es que si bien no se puede imponer la razón a nuestros instintos en las decisiones trascendentes de nuestra organización social, sí es necesario buscar su influencia en la medida que nuestra cultura lo permita (de aquí mis conceptos que tratan la posibilidad de buscar utilizar políticas que actúen en alguna medida controlando la ambición y la envidia a través de políticas igualitarias en los países con la cultura de los noruegos por dar un ejemplo y nunca intentarlo en culturas como la nuestra, de los latinoamericanos).
    ¿Por qué esa diferencia y no adherir en todo a los conceptos de Hayek y Schoeck, con los que tengo casi total coincidencia?
    La respuesta está en ese párrafo, increíblemente oportuno, que transcribí del trabajo sugerido por usted a través del link.
    Allí se destaca lo que siempre insisto, los pueblos que una y otra vez fracasan con políticas igualitarista, notablemente, vuelven a insistir con lo mismo a pesar de las evidencias extraordinarias de beneficios surgen toda vez que la libertad de elegir, de vivir la actividad económica, se adopta como conductora (como Hayek aspira que sea) y asume con verdad que es imposible negar una idea revanchista predominante en la mayoría de los ciudadanos. Idea revanchista que cabalga sobre la envidia como más adelante en ese trabajo se aclara.
    Llegado a este punto, mi posición es que si bien no puedes imponer la razón a nuestros instintos, debes buscar que influya en las decisiones toda vez que la envidia lleva a la predilección mayoritaria de las ideas distribucionistas y voluntaristas por lo que el liberalismo, tal como a Hayek le gusta, es imposible que pueda gozar de la aceptación mayoritaria. Y sin aceptación mayoritaria, nunca se podrá lograr un estado de equilibrio social. Siempre las mayorías estarán buscando algo distinto a lo que el liberalismo propone, por más geniales sean sus resultados cuando se lo utiliza. Es lo que todo el tiempo vemos sobre todo en Latinoamérica donde los economistas más serios nos insisten en que debemos adoptar la mayor libertad económica posible si queremos salir del atolladero socialista al que parecemos condenados sin entender que las mayorías, por más evidentes sea la necesidad de hacerles caso, no quieren ni querrán.
    Liberalismo sí, sin dudas, pero con las limitaciones que nuestra cultura política haga posible para evitar conflictos que hacen a veces imposible imponer el orden óptimo para el progreso.
    El origen de ésta diferencia surge en mi concepción de la envidia a la que incluyo en el concepto de un complejo Instinto que se expresa a través de la ambición cuando las circunstancias así lo permiten o a través de la envidia, cuando las circunstancias llevan a ella.
    En fin, es un resumen del resumen de otro resumen así que supongo que le resultará complejo entenderme. Sin embargo, si procesa lo dicho en la transcripción y lo del link, seguramente entenderá mi idea.
    Pero aclarando que es “mí idea”, la de un simple curioso.

    • Ramiro Millan 26 April 2019 at 5:45 am Permalink

      P/d esa 19 páginas de su link quisiera publicarlas en mi blog pero se ven con márgenes de cada página con alteraciones ¿Cómo puedo hacer para transcribirlas sin ese error?
      Gracias.

      • Ramiro Millan 26 April 2019 at 8:14 am Permalink

        Me rectifico, así como está no hace falta ninguna modificación.
        Y le reitero, gracias por este aporte.

        • Manuel 29 April 2019 at 6:37 pm Permalink

          Avise cdo publique

          Acá se le estima y sigue


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