06 October 2017 ~ 14 Comentarios

Los 10 rasgos de los gobiernos populistas


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14 Responses to “Los 10 rasgos de los gobiernos populistas”

  1. Humberto 7 October 2017 at 11:28 am Permalink

    389-Definición de populista en política.
    Un político populista es alguien que sabe identificar muy bien los problemas de un país, pero en su retórica no separa el banco de problemas de la soluciones a cada uno de esos problema para que se analice su viabilidad por el votante.
    Eso es todo.

    http://humbertomondejargonzalez.blogspot.com/2017/02/389-definicion-de-populista-en-politica.html

    • Manuel 7 October 2017 at 11:48 am Permalink

      un populista no conoce los problemas a cabalidad, por tanto no tiene idea de cuales son las mejores soluciones y termina dedicándose a tener lo más contentos posible a aquellos que le permitan perpetuarse en el poder, engañando a la mayor cantidad de gente posible el mayor tiempo posible usando todo tipo de herramienta sin consideraciones por los derechos humanos de nadie.

      • Humberto 7 October 2017 at 12:33 pm Permalink

        Je, je,… filosofemos un poco:
        Enumerar los rasgos del Populismo, sus rasgos distintivos; de cierta forma según mi definición de populismo; es hacer populismo intelectual.
        Veamos:
        Es decir, enumeras los problemas, caracterizas el objeto y dices, decimos; esto es lo malo y tal vez habría que decir también “esto es lo bueno” de el; dado que ni lo peor es totalmente malo, ni los buenos, nuestros buenos, lo hacen totalmente bien como para que perdure su poder.
        Los analistas alertan de que los populistas son lo peor a través de lo que son y pasa; pero sin dar las soluciones, sin tener un banco de soluciones paralelo a eso y eso en su trasfondo, es populismo intelectual igual.
        Eso yo creo que esta dado porque al igual que los populistas, los otros (lo pongo así, dado que no lo defines,… “pero nunca perdistes una pelea, no hombre esos cuentos se los dejo al que me gano”… para mi esta claro que siempre hay un otro, una antítesis,… pero bueno, tampoco es que sea tan necesario, sabemos de la patas político/económica que cojea Montaner, sus soluciones simplonas a estos problemas sociales multifactoriales, sumamente complejos) carecen también de la capacidad intelectual de mirase a si mismo no solo con el corazón, sino con la cabeza como analizan al resto.
        Esta claro para mi que si no puedes explicarle con claridad estos aberrantes fenómenos sociales a las personas, que no son estúpidos y subnormales como en el fondo se creen muchos; es porque tu mismos no te los explicas bien, no los entiedes todavía.
        Y por tanto, por un problema de praxis y de la solución que dan los otros; tampoco van a convencer a la gente del primer peligro, que es ya ponerse a coquetear con los políticos populistas que siempre traen debajo de la manga su segunda agenda para perpetuare en el poder.
        Así que si ustedes no tienen claridad final de como enfrentar el populismo de forma efectiva (al menos hasta el día de hoy ha sido así) y dado que lo importante no es tanto enumerar los rasgos distintivos del populismo de derecha o izquierda; sino saber que hacemos nosotros mal para que los pueblos caiga estúpidamente en las garras de los populista, o sigamos cometiendo ellos y nosotros una y otra vez los mismos errores de antes que son los que llevan a estos adefesios al poder.
        Ya la antigua y tal vez estrecha filosofía social del carpintero Cristo nos lo adelantaba; mirar y analizar a los otros con la cabeza y mirarnos y analizarnos a nosotros con el corazón no solucionara los problemas jamas; porque es no entenderlos todavía.
        En fin, si no basta enumerar los problemas del los demas, es porque algo le falta a nuestro constructo intelectual y es el banco de las soluciones balanceadas.
        https://www.youtube.com/watch?v=p7Hdyoxd-Qk&feature=youtu.be
        Las nuevas Cumbres latinoamericanas de Florida.

      • Humberto 7 October 2017 at 12:38 pm Permalink

        “un populista no conoce los problemas a cabalidad”

        Pues ese es el disparate mayor que se comete y comete todo político que ha enfrentado a un populista, creese superior intelectualmente al populista; cunado la realidad (si eres honesto contigo mismos intelectualmente hablando) demuestra que no lo eres, o son.
        Error, el populista si conoce y identifica los problemas muy bien; lo que lleva al populista al fracaso es que no sabe separar correctamente el banco de problemas (que repito, si los identifica correctamente) de las soluciones a esos problemas.
        Lee, lee el enlace a mi protocolo exploratorio al respecto.

        • Manuel 7 October 2017 at 2:50 pm Permalink

          opino q la causa fundamental por la q caen en el populismo es precisamente la ignorancia, q los lleva a creerse Mesias salvadores y actuar como tal. Muchos son muy inteligentes, pero han tomado partido por corrientes de pensamiento q en nada contribuyen al bien de su pueblo a largo plazo, terminan queda dose sin combustible y recurriendo a cada vez mayor brutalidad en todos los ambitos, hasta q son barridos como estatuas huecas de la fas de la política nacional

          • Manuel 7 October 2017 at 2:52 pm Permalink

            *faz

  2. Ramiro Millan 7 October 2017 at 1:19 pm Permalink

    El señor Montaner describió con absoluta precisión las características del populismo.
    Sin embargo me parece importante describir cómo se llega a esas circunstancias tan dramáticas para los pueblos que los condena al atraso eterno.
    Y para mí humilde interpretación (como ciudadano que los sufre me siento capacitado para opinar) si desglosamos las principales características del populismo nos encontraremos siempre con el máximo responsable de su aparición, su enemigo imbatible que se llama cultura individualista de los latinoamericanos.
    Con analizar la matriz del ideario que finalmente conduce al populismo alcanza y sobra para comprender cómo lo hace.
    Me refiero al estatismo y dirigismo económico: generalmente se proponen estos gobiernos una amplia participación del Estado en la actividad económica con el fin de empoderar al pueblo y contar con los elementos necesarios para distribuir las ganancias y darles la mayor participación posible a la ciudadanía en las riquezas de la nación. Que no es otra cosa que lo que eficientemente hacen los países desarrollados de Europa que tienen la enorme fortuna de contar con una cultura colectivista.
    Es paradigmático lo que sucede con las empresas de servicios públicos como el transporte o la producción y distribución de energía.
    La política utilizada habitualmente en estos casos es la estatización de las empresas o bien el control de las mismas mediante la fijación de precios y subsidios a las mismas para compensar pérdidas si en el objetivo del gobierno es incentivar el consumo mediante precios bajos de estos servicios.
    En cualquiera de los dos casos, si los directivos y empleados de las empresas no creen en la acción común, en la capacidad de todos para forjar un destino de progreso, si consideran lo que pertenece al Estado como algo ajeno a sus intereses, o tienen como única meta el interés propio considerando algo fuera de su incumbencia todo aquello que atañe al bien común. En fin, si tienen una cultura individualista y solamente se preocupan por asegurar lo que tenga que ver con sus beneficios personales y por tanto, para el empleado, trabajar lo mínimo posible y pasar de la mejor manera sus horas laborables, se transforma es una prioridad.
    Al pertenecer todos a la misma condición cultural, también los directivos padecen las mismas ineficiencias, solamente se preocupan por dar de sí lo mínimo e indispensable (lo suficiente para “cumplir”) y lejos de comprometer su paz interior metiéndose en conflictos con sus operarios que no cumplen con las mínimas exigencias que requiere una empresa viable.
    Obviamente, ante estas perspectivas, la parálisis e ineficiencias generalizadas es la norma.
    No tengan dudas de que es inevitable que se produzcan estas experiencias lamentables en la administración de las empresas del estado ante el desinterés generalizado.
    Este mecanismo se ve siempre fuertemente reforzado por la ausencia de control ciudadano.
    Así como los empleados y directivos, por su condición cultural ven como un problema ajeno la eficiencia o no de las empresas estatales, exactamente lo mismo sucede para la población general que es la que finalmente consume los productos o servicios en cuestión.
    Prácticamente a nadie se le ocurre interesarse en ello, no les parece en absoluto como una parte de sus responsabilidades como ciudadano controlar la eficiencia del estado que se encarga de conducir la actividad económica (solamente se interesan cuando estallan las crisis y llamativamente con gran impetu como si fuesen venidos del mismo infierno los responsables de los problemas).
    Evidentemente, éstas mismas ideas políticas y económicas son utilizadas en los países desarrollados de Europa y los resultados son claramente diferentes (en cualquier sector se trate, servicios, salud, educación, etc; todo es más eficiente).
    Si hay un lector alemán o noruego leyendo estas líneas, estoy seguro que comprenderá perfectamente las diferencias entre ellos y los latinoamericanos en este aspecto.
    Si se reduce el problema a estas circunstancias, tal vez, con una dosis fuerte de voluntarismo político se podría tener alguna chance de éxito presionando a todos los responsables para aumentar la eficacia en sus tareas.
    Lamentablemente siempre aparece otro actor clave ante la ausencia de control ciudadano por nuestra condición cultural, me refiero a nuestro instinto que presiona insistentemente y sin descanso para destacar nuestro ego.
    Esta pulsión “ama”, “adora” que los demás nos vean como alguien mejor, un exitoso, destacado y la manera más eficiente para lograrlo es mostrando riquezas, ostentando, exhibiendose como un ganador. Es de ésta manera dónde más endorfinas euforizantes regala este primitivo mecanismo instintivo al individuo que cumple su meta.
    Y sin control ciudadano, todos los que tienen acceso a dineros públicos caen rendidos a la “tentación” de seguir las órdenes de sus pulsiones al pie de la letra.
    Entonces tenemos el “combo” completo: ineficiencia y corrupción generalizada.
    La manera más característica de corrupción es mediante los contratos con proveedores.
    O forman ellos mismos mediante los famosos “testaferros” las empresas proveedoras a las que después pagan cifras escandalosas y con ello el aumento de los costos incompatibles con la eficiencia empresarial o bien a lo “Odebrecht”.
    Obviamente, la competencia por quién tiene el ego más grande va de arriba hacia abajo, o al revés (da igual) y cuando la corrupción domina los intereses de los gobernantes y directivos, definitivamente ya no hay solución alguna al intento del estatismo y dirigismo económico.
    Todo se degenera y se termina en lo que se define con la palabra POPULISMO.
    Que no es otra cosa que el intento de llevar a la práctica políticas estatistas o genéricamente denominadas socialistas en pueblos incapaces por su condición cultural.
    La justicia social del partido justicialista de mi país conocido vulgarmente como peronismo es el típico ejemplo que se repite con otros nombres en todos los países de Latinoamérica.
    Definitivamente debemos cambiar nuestra cultura, y eso intento humildemente al transmitir toda vez que oportunidad tenga, estas convicciones, ya que estoy convencido de que es una de las dos únicas opciones tiene Latinoamérica para salir de su atolladero.
    Cambiar la cultura individualista por una colectivista.
    La otra opción, tan difícil de cumplir como la anterior, es cambiar la ideología predominante de la ciudadanía latinoamericana.
    Permítanme explicar.
    Las experiencias estatistas, nacionalistas, distribucionistas que reiteradamente se intenta en latinoamérica y que siempre desembocan en populismos se debe a que los ciudadanos privilegiamos toda vez que podemos en una elección, a quienes representan estas ideas (en los períodos no democráticos es habitual que las dictaduras también se inclinen por estas ideas dado que perciben las preferencias del pueblo y les facilita el camino al apoyo popular siempre necesario para mantenerse en el poder).
    Una vez en el poder estos gobernantes, la cultura hace su trabajo para que el destino sea nuestro conocidisimo populismo.
    Si se pudiera cambiar esta predilección ideológica hacia las ideas opuestas, es decir por la libertad económica sin intervención alguna del estado dando la mayor libertad posible a los emprendedores, sin duda alguna, la economía tendría un enorme ímpetu, como siempre sucede si se dan estas condiciones.
    Lamentablemente, la libertad económica sumado a una cultura individualista lleva a que los empresarios que obviamente pertenecen a la misma cultura, busquen sacar todo el provecho posible sin tener la más mínima deferencia hacia el interés general compensando al trabajador con el salario más digno posible dentro de sus posibilidades, lo que lleva a la extrema desigualdad (recordar que Latinoamérica es la más desigual del planeta).
    Desigualdad que empuja a nuestras pulsiones a privilegiar siempre a cualquiera que prometa dar su merecido al “maldito y explotador capitalista”. Es decir, privilegiar al adorado distribuidor de la riqueza, obviamente estatismo dirigismo económico mediante.
    Si interpreta la idea comprenderá porque el círculo siempre se reinicia.
    Los socialistas aclamados por el pueblo terminan en tremendos desastres “embuchados” de corrupción más degradación económica y moral, populismo mediante, por lo que cada tanto nos vemos obligados a recurrir a los malvados capitalistas de derecha para que arreglen ese desastre de los socialistas traidores a nuestros “magnos” ideales.
    Apenas arreglan el desastre, si pueden, la desigualdad de siempre nos lleva de nuevo a nuestro viejo amor en la primera oportunidad tengamos.
    Al peronismo en Argentina o al PRI en México o a etc, etc.
    Si resulta que los capitalistas de derecha no pueden arreglar el desastre, entonces los mismos partidos políticos declarados una y otra vez del pueblo socialista por amor al pobre y desposeído, son los que sin escrúpulo alguno utilizan todas las recetas del odiado y vendepatria neoliberalismo para arreglar los desastres de siempre.
    Elegimos a los socialistas que degeneran en populismos por nuestra condición cultural y cuando gobiernan los liberales que son los que mejor se adaptan a nuestra cultura, los desechamos porque odiamos la desigualdad y volvemos toda vez que se pueda a nuestros amados distribucionistas de la riqueza.
    “De manual”.
    Es un círculo vicioso que lleva más de 100 años y del que parece imposible salir.
    “Colectivismo y cultura individualista”
    “Individualismo e ideología predominante”
    razonvsinstinto.blogspot.com

    • Humberto 7 October 2017 at 1:36 pm Permalink

      Si hay un lector alemán o noruego leyendo estas líneas, estoy seguro que comprenderá perfectamente las diferencias entre ellos y los latinoamericanos en este aspecto.
      …………..
      Yo siempre leo tus escritos y he concluido que el centro de tu tesis se basa el lo étnico, genético o cultural.
      Pero actualmente yo noto que lo que sostienen a USA, su aura no son los gringos (llamemoslo así para alejar lo teoretico), sino la gente que viene afuera, es decir una mezcla de etnia; cosa que no se como cuajar en tu tesis central.
      Como me dijo un amigo que tambien se dio cuenta de esto al ver lo que hacen los gringos; si esto fuera solo de gringos, ya se hubiera ido al carajo hace rato.
      Y comparar a Europa (o las etnias asiáticas o del medio oriente), un bando de locos violentos que se ha matado entre ellos decenas de veces; con la historia del sur del Rio Bravo, sus valores, su poca violencia relativa, es como comparar a Dios con el Diablo.
      No hombre, si eres riguroso e imparcial y te olvidas de tu sentido estrecho de comparación; es un orgullo irrenunciable, una experiencia única pertenecer a la etnia que pertenecemos.
      Por ejemplo:
      Creo que todo se ha dicho sobre Paddock, menos a que grupo étnico exacto pertenecía este senor, al cual se le enmascara esa interesante información en el epíteto policial de “hombre blanco”.
      Algún valiente que se salte los cánones de lo políticamente correcto podría revelarnos de que grupo étnico especifico es este senor?; y me explico:
      http://humbertomondejargonzalez.blogspot.com/2016/11/334-el-sincretismo-cultural-que-se-esta.html
      ………….

      • Ramiro Millan 7 October 2017 at 3:10 pm Permalink

        Humberto, es cierto que centro mis comentarios en dos ideas básicas: la cultura y el instinto que nos presiona para advertir nuestro ego, pero definitivamente no en cuestiones genéticas.
        La cultura nada tiene que ver con las etnias o razas.
        Por ejemplo, en una enorme parte de nuestra historia, por cuestiones geográficas seguramente, la cultura de los pueblos de Medio Oriente era infinitamente superior para organizarse y progresar (económicamente al menos) que los bretaños o anglos de entonces.
        Apenas servirían estos últimos para esclavos de los primeros.
        O la cultura de los griegos tan predispuesta a auto organizarse como nadie en alguna época.
        Tanto como para constituir una democracia.
        Nada más y nada menos que una democracia cuando todo a su alrededor era barbarie.
        Cultura totalmente desaparecida en la actualidad que apenas les permite sobrevivir bajo la conducción de fuerzas democráticas como la de Alemania actual.
        Las culturas no son buenas ni malas, simplemente se heredan de generación en generación y cambian (dudo que evolucionen)
        A veces de una u otra manera.
        Simplemente hay culturas que por las fuerzas del azar son más favorables para organizar las sociedades y otras menos.
        No más que eso.
        Tanto como algunas que alguna vez dieron inicio a nada más y nada menos que a nuestra civilización y hoy viven las consecuencias de su cultura cívica que hacen a los conflictos y crisis bélicas su mundo actual.
        Me refiero a lo que sucede en la famosa Mesopotamia del Tigris y Éufrates.
        No me confunda, no creo en el razismo.

      • Manuel 7 October 2017 at 5:10 pm Permalink

        me parece sumamente simple su preocupación por la etnia de Paddock, como esperando q por arte de magia esto arroje alguna luz. Este señor haya sido quien haya sido ha dejado a todos sumamente perdidos: ni un ápice que permita entender q sucedió con él. Sería interesante por tanto hacer un estudio profundo de todos estos casos, aobre todo desde el 9/11. Sería muy útil ver una descripción detallada de cada caso y que tienen en común entre sí. Sería el comienzo de entender algo de esta manifestación en el siglo XXI. Qué nexos? “Que fina sabia” está nutirendo las raices de semejantes monstruos, ahora mismo en cualquier lugar.

        • Manuel 7 October 2017 at 10:00 pm Permalink

          cdo pienso en el de Orlando en 2016 y en este último, el motivo Envidia, es el que más pesa para mí

  3. Humberto 7 October 2017 at 1:25 pm Permalink

    Je, je, miren en esos comentarios vomitivos; la nostalgia y el estrés pos traumatico que deja un populista en los que estaban pegado a la teta del clientelismo:
    https://actualidad.rt.com/programas/entrevista/252159-rafael-correa-destruir-ecuador-presidencia
    Mentira, después de los primeros 4 anos (se llame Correa o Lenin), después de su primera elección democráticas, todos hacen cambios para que en la próxima elección los elijan a ellos a través de mecanismos pocos democráticos, distintos actos de corrupción y clientelismo,… eso cuando no llegas hasta matar como Putin, que solo fue electo legalmente la primera vez.
    Por eso digo que solo 4 anos y basta.
    Cuando todos saber que solo tienen cuatro anos para dedicar su cabeza a mejorar el país y no a dedicarse a pensar en como trasformar la constitución y a corromper gente para para reelegirse, es que un país avanza.
    Trabajar por cuatro anos para el país, como un servidor publico transitorio que no esta por encima de las leyes y los demas ciudadanos, no queremos mas Dioses, lo hayan hecho bien, mal o regula; fuera después de 4 anos y nunca mas tendrás ese poder.
    Si quieres seguir en la política, crea tu partido y forma allí personas para que sean futuros presidentes y aporten algo de tus ideas y experiencias; pero desde sus cosmovisiones individuales de como se deben hacer las cosas ahora, no bajo tu melagomania.
    El poder corrompe hasta un santo y por eso hay que decir no a la reelección para presidentes y ministros después de 4 anos.
    http://humbertomondejargonzalez.blogspot.com/2014/11/126-protocolo-para-un-gobierno-hispano.html
    126- Protocolo para un gobierno hispano verdaderamente democrático.

  4. Brother Full 8 October 2017 at 8:01 am Permalink

    Los cinco pilares del populismo comunista

    JAIME G. MORA – jaimegmora Madrid
    16/05/2016 03:18h – Actualizado: 17/05/2016 09:21h.
    Guardado en: España
    Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Fidel y Raúl Castro, Rafael Correa, Evo Morales, Dilma Rousseff… Pablo Iglesias. «Si Bolívar viviera hoy y pudiera ver lo que ha ocurrido» en los países latinoamericanos, sostienen el intelectual chileno Axel Kaiser y la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez en «El engaño populista» (Deusto, 2016), «su depresión probablemente lo llevaría al psiquiatra». Los dos expertos desmontan en su libro las políticas de la ola populista que en los últimos años han «arruinado» la región.

    La corriente bolivariana que manda en Latinoamérica no pertenece a la tradición de izquierda, dicen Kaiser y Álvarez, son puro populismo. El líder de Podemos, como los presidentes a los que ha tomado como modelo, «ha promovido deliberadamente un gran engaño, que es el de prometer bienestar para todos con ideas y proyectos políticos cuyo resultado no puede ser otro que la destrucción de las posibilidades de progreso y las libertad de los ciudadanos». Los pilares del «socialismo del siglo XXI» son cinco.

    El «Pueblo» contra el «antipueblo»
    El líder populista distingue en su discurso el «pueblo» del «antipueblo», y él es quien encarna el «pueblo». Los autores del libro mantienen que esta dualidad «fomenta el odio en la sociedad dividiéndola entre buenos y malos», y recuerdan el lema del Che Guevara en 1967: «El odio como factor de lucha».

    Una vez establecido quién es el enemigo, «el segundo paso consiste en eliminar la libertad económica», siempre dentro de una «adoración febril del poder del Estado, su motor último». Según Kaiser y Álvarez, el populismo es estatista y, «más allá de la complejidad de las comparaciones, ideológicamente, gente como Mussolini, Hitler, Stalin y Mao estuvieron en la misma trayectoria de un Chávez, Perón, Castro, Iglesias». El fascismo y el nazismo están inspiradas en gran parte en el socialismo marxista, argumentan los dos politólogos.

    El líder «salvador» frente a los otros
    La culpa de todos los males la tienen los otros, ya sean los ricos, los «gringos», el capitalismo o la CIA. El político populista siempre es la víctima y se presenta como el «salvador» que pondrá «fin a la conspiración conjunta de las oligarquías nacionales y los perversos intereses capitalistas internacionales».

    Kaier y Álvarez explican que este complejo surgió hace varios siglos con el filósofo Montaigne, con la idea de que «el mercado es un juego de suma cero donde lo que uno gana se debe a que otro lo pierde».

    Una idea, la de culpar a otros de los propios errores, que ha sido desarrollada por sucesivos autores a lo largo del tiempo y «sigue estando tan viva como nunca». Es una característica esencial de los populismos latinoamericanos.

    Paranoia antineoliberal
    «El«neoliberalismo» es una especie de genio maligno que amenaza con sumergirnos en las tinieblas para siempre», escriben en «El engaño populista». Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Kirchner en Argentina…

    Todos han señalado al «neoliberalismo» como causante de las desigualdades y ofrecen el socialismo del siglo XXI como salvación. No saben que el término, acuñado en 1932 por el intelectual alemán Alexander Rüstow, hacía referencia a un camino intermedio entre el capitalismo y el socialismo.

    En su origen, el «neoliberalismo» estaba «más cercano al mundo socialista que al mundo propiamente liberal». Según los autores del libro, el uso populista del «neoliberalismo» es una trampa para justificar moralmente su «indefendible ambición de poder». Los números demuestran que los ingresos de los pobres son diez veces mayor en los países con más libertad económica que en los que esta queda restringida: «No es lo mismo ser pobre en Suiza que en Venezuela».

    «Destruir la democracia desde dentro»
    Si el socialismo clásico aspiraba a derrocar el orden burgués a través de la revolución violenta, el populismo «pretende llevar adelante su programa autoritario aprovechando los mecanismos electorales para destruir la democracia desde dentro».

    Según su lógica, quienes se oponen a las decisiones de las mayorías gobernantes son «golpistas o antidemocráticos». Kaiser y Álvarez se detienen en Pablo Iglesias, «el más leído y escrito entre la nómina de populistas actuales», quien declaró que la democracia «es el movimiento dirigido a arrebatar el poder a quienes lo acaparan (el Monarca o las élites) para repartirlo entre el pueblo». La idea de democracia del líder de Podemos es «aquella que propusiera el verdugo Maximiliano Robespierre en tiempos de la Revolución francesa».

    Cuando el secretario general de Podemos dice que la democracia solo es posible si desaparecen los privilegios de la clase dominante en favor de la mayoría desfavorecida, en realidad está diciendo que «la democracia equivale al socialismo, es decir, a la redistribución igualitaria de la riqueza», dicen los politólogos. Advierten de que Iglesias usa el concepto de democracia como una «mascarada, una verdadera farsa para avanzar proyectos populistas que buscan apariencia de legitimidad popular».

    «Igualdad en la miseria»
    El discurso populista, influenciado por el marxismo, se articula a partir de la igualdad material. Pero los propios líderes socialistas vulneran sus principios: Fidel Castro, con un patrimonio de 900 millones de dólares, es uno de los políticos más ricos del mundo. «Siempre es una élite la que reemplaza a otra», advierten Kaiser y Álvarez: «A lo sumo se puede decir que el populismo socialista ha logrado cierta igualdad, pero una igualdad en la miseria». La consecuencia de este igualitarismo es la corrupción: Transparencia Internacional sitúa a Venezuela al nivel de países como Haití y Corea del Norte.


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