09 September 2020 ~ 6 Comentarios

Los misántropos humanistas

Por Alonso Correa

La dismorfia corporal es una enfermedad mental en la que el que la sufre amplifica ciertos defectos que tiene en el cuerpo. Esta dolencia puede llegar a causar estragos en la psique del afectado haciendo que este se realice diversos “retoques” quirúrgicos para tratar de contrarrestar el desperfecto. En la mayoría de los casos la dismorfofobia, como también se la conoce, se manifiesta, a grandes rasgos por: rechazo al propio cuerpo, unas enormes ganas de tener la imagen de otra persona y la renuencia a ir a eventos sociales por pena a ser criticado. Este padecimiento no se cura por sí mismo y por eso es aconsejable buscar ayuda si se manifiesta algún síntoma ya que se puede llegar al límite del suicidio si no se trata a tiempo.

Y así como se puede llegar a odiar al cuerpo por pequeñas imperfecciones, existen muchos que odian su patria por situaciones excepcionales. Porque así como una cicatriz o una marca de nacimiento pueden llegar a dañar la autoestima de una persona, un acontecimiento puede llegar a desencadenar un inmenso sentimiento de odio y desagrado en contra del país mismo. Pero los que sufren de este tipo de aversión lo sienten de manera intermitente, dependiendo de distintos factores tales como: si ese odio nace de una injusticia hacia una parte concreta de la población, si es tendencia en las redes sociales el odiar al país o si la animadversión es llevada adelante por famosos.

El odio a lo propio no es reciente. Hemos podido apreciar ejemplos de este sentir a lo largo de la historia, por ejemplo, la comedia de 1666  “El misántropo” escrita por Molière o la frase de Schopenhauer “La existencia humana debe ser una especie de error”. Lo que sí es reciente es la mezcla del odio y el amor al ser humano. El odio a lo establecido y el amor a lo transgresor. El odio a sus congéneres y el amor a lo distinto. Porque lo que hoy vemos no es el odio al individuo, es el odio a lo afincado por un tropel de ofendidos.

El odio nunca es parte de la solución, y es eso lo que estos huraños no llegan a entender mientras se escudan con excusas. Lo único que trae consigo el detestar tu tierra es división y resentimiento. La antipatía que demuestra la turba de los disgustados es su amplia ignorancia y su  fe ciega en los líderes de sus movimientos. Porque la única razón por la que denigran es porque su prepotencia se alimenta de eso.

Lo que estos dolidos  no entienden es que la manera correcta de cambiar los desperfectos nacionales, así mismo como en la dismorfia corporal, es con amor y trabajo. Trabajo sin miramientos, siempre hacia adelante. Porque los errores no se tapan con cirugías ni con mentiras ni con incendios ni con saqueos. Sólo se puede llevar a cabo un verdadero arreglo social con esfuerzo, sudor y vocación.

Pero lo que demuestran queriendo que los cambios los hagan otros, que sean los otros quienes se amolden a sus caprichos, es holgazanería y pocas ganas de que los cambios se hagan realidad. Porque son como topos cuando de trabajo se trata, ciegos ante una responsabilidad que les golpea en la cara. Lo único que desean es seguir siendo el centro de la opinión con el menor empeño posible. Porque se han acostumbrado a ello a lo largo de los años y no desean cambiar sus costumbres, como un dismorfofóbico sin remedio se rehúsan a ser los engranajes que inicien el cambio y prefieren tapar sus inseguridades con gritos, lágrimas y negaciones.

6 Responses to “Los misántropos humanistas”

  1. Manuel 10 September 2020 at 8:19 pm Permalink

    Nobel Trump
    https://m.facebook.com/aquilescantocuba/photos/a.176234737356078/178843133761905/?type=3&source=48

  2. Manuel 11 September 2020 at 6:34 am Permalink

    Not cervantes
    https://www.google.com/amp/s/verne.elpais.com/verne/2020/08/07/articulo/1596795892_058627.amp.html

  3. manuel 11 September 2020 at 10:49 am Permalink

    por Alina B. López Hernández

    La ciencia no es emocional, es objetiva, me digo siempre. Hoy tengo que repetirlo cien veces antes de escribir este texto. Espero lograrlo. Es difícil, es un verdadero reto, porque vivimos en un país que desborda surrealismo.

    El programa la Mesa Redonda de ayer tuvo entre sus invitados al ministro de la industria alimentaria, que ofreció una de las intervenciones más desacertadas que he visto en un funcionario de su rango. Lo preocupante es que dirige un ministerio que constituye el corazón de la seguridad nacional en Cuba; más importante incluso que el MININT.

    La falta de profesionalismo, poca capacidad comunicativa, evidente dificultad para leer cifras de varios dígitos, el mal uso del lenguaje y la nula sensibilidad, se unieron ayer para mostrarnos la importancia que se le confiere a un asunto de tal jerarquía. La frase: “a pesar del bloqueo” era una muletilla que el ministro repetía incesantemente, no sé si para convencernos a nosotros o a él.

    Tampoco parece tener asesores competentes, porque el Power Point que utilizó tenía el mismo error en una cifra astronómica de millones de toneladas de alimentos que, según el ministro, se le garantiza a los cubanos. La descripción de la industria de la croqueta, que pasa a ser la base de todo de ahora en lo adelante, dejó asombrados a los televidentes, que se enteraron de que las gallinas decrépitas eran una especie; la biología estará de plácemes.

    Como somos un país surreal, ya fue decidido que esa intervención nunca ocurrió, por eso la retiraron del muro de Facebook de la Mesa Redonda, en YouTube la editaron para eliminar el fragmento con las erróneas cifras y la explicación de las susodichas croquetas, y en Cubadebate eliminaron la palabra decrépitas, que no ofendía a las pobres gallinas sino a millones de personas.

    Nosotros actuamos en tiempos digitales y los que deciden lo hacen en tiempo analógico. No son las gallinas lo único decrépito aquí. Esas estrategias de ocultamiento y negación son risibles. Ya compartimos la información en las redes, tenemos capturas de pantalla, varias publicaciones y, por supuesto, los siempre esperados memes, la adaptación de la caricatura política a épocas de internet.

    La alimentación es un enorme problema en Cuba desde hace bastante, pero hoy es una cuestión crítica. Garantizar a las familias el desayuno, almuerzo y comida diarios es un drama cotidiano que implica tensiones cada vez mayores y un desgaste físico y psíquico. No se trata solo del incremento sostenido de los precios, ya inalcanzables para sectores vulnerables como los ancianos y las personas jubiladas, sino de la inexistencia de los productos más necesarios para una alimentación básica: leche, huevos, harina, carne, pescado, grasa, viandas y frutas.

    La influencia de la pandemia es innegable, pero no es la única causa del desabastecimiento. Desde finales del pasado año, cuando se declaró una situación coyuntural, empezó la lucha por llevar comida a la mesa, algo que nunca ha sido fácil en este país. La imposibilidad de realizar un pago de 83 millones al Club de París, indicaba que las cajas del Estado estaban en gravísimas dificultades y que se recortaba también la importación de alimentos, cosa reconocida por el propio presidente.

    La demora injustificada para concretar el proceso de reformas anunciado desde hace más de una década nos ha conducido a un callejón sin salida. La lucha contra la especulación, los coleros y otras consecuencias, jamás será un enfrentamiento a las verdaderas causas de la ruina que es hoy la economía nacional.

    Los que están “por encima de la sociedad y del Estado”, que no han sido capaces de dirigirse a la ciudadanía desde que comenzó la pandemia, deberían tener presente que la situación de las cubanas y cubanos es casi humanitaria. Cambien de una vez lo que deba ser cambiado —y no me refiero únicamente al ministro de la industria alimentaria—, que la paciencia se agota ante una mesa vacía.

    Les propongo un ejercicio conjunto que podría potenciar en los que dirigen el deseo de trasformaciones rápidas: hagamos unidos las colas, luchemos codo con codo por un paquete de pollo o una botella de aceite, marquemos de madrugada para esperar que saquen algo, sudemos juntos tras las mascarillas. No vemos ya a los coleros, pero tampoco los vemos a ustedes, o a sus esposas, madres, hijos…

    Necesitamos alimentar a nuestras familias, ello no es un lujo. Recuerdo un tiempo en que el primer secretario del Partido decía que los frijoles eran más importantes que los cañones. Eso no ha cambiado, pueden estar seguros.

    Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

  4. Manuel 13 September 2020 at 4:58 pm Permalink

    in competencia

    “el ministro del MINAL no las tiene todas consigo para la medalla de oro. El que mando a difundir en los medios lo inminente de la unificación monetaria, provocando las aglomeraciones en bancos y una mayor tensión en la población, para despues decir que no era tan inmediato, o nuestros dirigentes de La Habana que cerraron a cal y canto las fronteras sin darse cuenta que dejaron sin abastecimiento agricola a la ciudad. O los ministros de Educacion que reiniciaron el curso escolar en territorios amenazados o incluso con circulacion del virus, o quien decidió inaugurar la Serie Nacional implicando cientos de PCR tensionando aun mas los laboratorios y un transporte interprovincial negado para toda la ciudadania. Para no mencionar el staff del comercio virtual imponiendo récords diarios de ineficiencia. La pelea está muy dura y ni hablemos de los comentaristas de nuestro NTV y articulistas de Granma y JR, ahi también la porfia es muy cerrada.De la Asamblea Nacional no hablamos pues no esta compitiendo en estos meses“

  5. Manuel 14 September 2020 at 3:44 am Permalink

    nutrition research is undergoing a much-needed revolution. It turns out that the way we respond to food varies so much from person to person that there is no such thing as a one-size-fits-all healthy diet.
    That may explain why science has failed to tackle the obesity epidemic. Consider a recent test of the efficacy of low-fat versus low-carb diets for weight loss. The DIETFITS study put more than 600 overweight people on one of the diets for a year. At the end, the average weight loss was the same in both groups, about 5.5 kilograms, but there was huge individual variation, ranging from much larger losses to significant weight gain.
    This fits the conclusion of cutting-edge nutrition research: that a customised diet based on an individual’s metabolism and microbiome is required. Devising such diets isn’t beyond us and should be at the forefront of anti-obesity strategies. The US has already committed to this. But in the UK, we get reheated scraps of earlier anti-obesity plans. To tackle this issue, we must think bigger. ■

  6. Manuel 15 September 2020 at 7:31 pm Permalink

    https://www.consumerreports.org/dietary-supplements/fdas-supplement-warning-system-has-deadly-limitations/


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