28 April 2015 ~ 1 Comentario

Malos acuerdos

KerryIran

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One Response to “Malos acuerdos”

  1. Sam Ramos 1 May 2015 at 10:46 am Permalink

    No se como pero la mejor cualidad de los izquierdistas es la de encontrar siempre a unos tontos (mas bien estupidos) utiles para salvarlos de sus crisis conceptuales y por ende economicas. La opinion que a continuacion copio me paraece muy oportuna:

    LA OPINIÓN DE Ignacio Camacho
    Se busca relojero

    Ay, la política. En Grecia iba a empezar el nuevo tiempo de la Europa insumisa y soberana, la rebelión de los espartanos de la izquierda, auuuuh-auuuuh, con Tsipras como nuevo Leónidas plantado en las Termópilas del neoliberalismo austericida. Pablo Iglesias proclamó, tic-tac, tic-tac, la cuenta atrás para Rajoy y el progresismo a la violeta se entusiasmó con la calva brillante de Yanis Varufakis, correlato de un cerebro privilegiado capaz de poner en su sitio a la Troika y a la madre Angela que la parió. Iba y venía por las cancillerías el descorbatado ministro de Finanzas con su bufanda Burberrys convertido en icono de los telepredicadores a la violeta, proclamando el favor que le iba a hacer a la UE al eximirla de tener que cobrarles a los griegos la deuda. Podemos, vaya si podemos. Las tertulias de la gauche caviar ponderaban su audaz cosmopolitismo mientras las revistas de colorines lo retrataban desayunando con su atractiva esposa en su ático con vistas a la Acrópolis. Cualquiera se hubiese venido arriba ante tanta coba, hasta el más templado de los siete sabios, que ni Solón ni Clístenes estaban hechos de piedra. Henchido de arrogancia el flamante astro del populismo posmoderno, el Teseo que iba a domar al minotauro global, se pasó de frenada y se puso estupendo citando a Rooselvelt: el malvado eurocapitalismo le tenía manía y él se pasaba tanto odio por el mismísimo friso del Partenón. Porque yo lo valgo. Y entonces la bomba que estalló, tic-tac, fue la de la realpolitik. Y se llevó por delante a Varufakis y su audaz cerebrito políglota. Retirado como interlocutor, laminado como embajador financiero, quemado como logotipo viviente de Syriza. Varufucked.

    Y ahí lo tienen, con su última genialidad a cuestas: una amnistía fiscal, como la de un Montoro cualquiera. Peor aún: una indulgencia casi gratuita, sin consecuencias penales ni tributarias, a cambio de que los pérfidos ricos repatríen la tela que sacaron cuando el reloj apremiaba el comienzo de la revolución populista. Traigan la pasta por favor, señores plutócratas, que nos hemos quedado a dos velas. Que no hay calderilla para pagar la luz de los ministerios ni la paga extra prometida a cambio del voto de los funcionarios. Que Tsipras se ha desplomado en las encuestas, que la Troika no abre la mano, que huele a nuevas elecciones, que la gente se impacienta. Que de donde no hay no se puede sacar y en Cambridge no enseñan a sacar las patas que se meten por bisoñez y por prepotencia.

    Con el socialismo 2.0 atascado en el laberinto griego, los apóstoles del tic-tac no saben hacia dónde mirar en busca de mitos de referencia. Superman Varufakis anda de capa caída, los Castro se abrazan con el gringo, Múgica se ha jubilado sin logros, Correa es poco conocido por estos pagos, Maduro no es presentable. Se busca un héroe alternativo o, en su defecto, un relojero con experiencia.


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