26 November 2012 ~ 0 Comentarios

Otra vez adiós, la mejor novela de Carlos Alberto Montaner

por Juan Manuel Cao

Otra vez Adios

(Neo Club Press) Carlos Alberto Montaner ha escrito su mejor novela, algo que parecía difícil para el autor de Trama, pero él mismo reconoce que ésta es la más ambiciosa de sus obras de ficción. Toda la primera parte del libro se desarrolla en Austria, en ese dramático instante en el que los nazis están a punto de entrar a Viena, un hecho al que asistimos de la mano de Sigmund Freud. Porque en este estupendo libro de Montaner son varios los personajes históricos que se tornan literarios: Batista, Laredo Brú, Hemingway o el propio Freud, conviviendo entre sí con tal naturalidad que uno termina por olvidar cuáles personajes son reales y cuáles imaginados.

Ese es uno de los mayores logros del libro: hacer creíbles a estos conocidísimos y, por eso mismo, difíciles protagonistas, de los que el narrador nos muestra sus otras cataduras.

Toda la parte central de la novela transcurre en Cuba. Y desde ese punto de vista insular vivimos la Segunda Guerra Mundial. Pero no esperen hallar una gota de chovinismo en esos capítulos: Montaner no abandona por un instante el ojo crítico, algo que como lectores estoy seguro agradecerán. No por gusto arribamos a La Habana a bordo del Saint Louis, aquel barco cargado de judíos que las autoridades de la época devolvieron al horror nazi. ¿Cómo logró el pintor David Benda, protagonista de la novela, ser una de las cuatro o cinco personas que desembarcaron entre aquel millar de infortunados? La insólita solución de ese conflicto es en sí un tratado sobre lo que tal vez era –y es– Cuba.

Mención especial merece el capítulo de La tertulia: divertimento delicioso y agudo en el que Montaner retrata, con rápidos trazos de dibujante, a la crema y nata de la intelectualidad de la época, y de paso ubica lo que significó la guerra civil española en la Cuba de 1939. En verdad, las dos décadas vividas por David Benda en Cuba constituyen un mural realista de esos años. Y como ya sabemos, de ese paraíso también hubo que escapar. Por eso la novela es, según el propio Carlos Alberto, la fuga infinita, la inmensa tragedia del siglo que hace poco terminó y que parece perseguirnos con sus malas semillas: los totalitarismo de derechas y de izquierdas, dispuestos a germinar en cuanto demagogo sin escrúpulos aparezca y en cuanta sociedad descuide o arriesgue sus convicciones democráticas, si alguna vez las tuvo.

Otra vez adiós es sobre todo un homenaje al pueblo hebreo, a su capacidad de sobreponerse a todos los horrores, a todos los prejuicios y a la milenaria persecución de la que ha sido objeto. La novela tiene el mismo espíritu angustioso de El grito, de Edvard Munch, y en ese sentido es un aguafuerte expresionista del holocausto, de la tragedia vivida por los judíos en el siglo XX; y un acercamiento humano a los pormenores de los crímenes cometidos en nombre de ideas descabelladas, de ideologías irracionales, de fatales discriminaciones.

A los cubanos, el libro de Carlos Alberto ofrece otra manera de acercarnos a nuestra propia tragedia, la oportunidad de verla desde una perspectiva más amplia y de meditar con mayor profundidad sobre la verdadera naturaleza del conflicto que atrapó nuestras vidas. Tengo la convicción de que, tanto para los exiliados cubanos como para los que viven en la isla (en caso de que algunos ejemplares logren burlar la censura), ésta será una lectura iluminadora.

Como novela histórica, Otra vez adiós tiene el mérito extra de la pedagogía: en ella aprendemos, nos educamos, vivimos de cerca acontecimientos cogidos con pinzas en los textos escolares o que sencillamente no aparecen. Pero es también una novela de aventuras, un ensayo político, una larga sesión de psicoanálisis y una novela de amor. Todo a la vez, como deben ser las narraciones modernas.

Hay tres momentos especialmente sentimentales en la trama, y los tres transcurren en la última parte: el momento en que Rachel y David Benda se reencuentran en Nueva York, tantos años y tantos infortunios después; el instante en que Yankel abraza a Baruj Brovicz, sobrevivientes polacos de una sinagoga que los hitlerianos quemaron con sus familiares dentro; y el momento inevitable del incómodo final, porque, como me respondió el autor en una entrevista: "Tiene un final incómodo, quizás porque la vida tiene un final incómodo; es decir, la idea de la felicidad permanente es una idea pueril, la felicidad es a ratos, a fogonazos, por momentos, es por un período largo, pero siempre no existe en la vida, siempre es una palabra falsa".

En cuanto al estilo, es sabido que a Montaner le gusta la prosa clara, siempre al servicio de la historia que cuenta, nunca atravesada como un florón en medio de la trama. Otra vez adiós es una novela dramática, profundamente emocional, pero también nítida y racional, como su autor, que como buen psicólogo no renuncia a buscar las razones, por muy oscuras que sean, detrás de cada acción del hombre. Y de eso se trata, de entender al hombre, ese ser contradictorio, capaz de dedicarse con el mismo entusiasmo al amor o al odio, a edificar la maravilla o el horror.

Conversatorio entre Cao y Montaner durante la Feria del Libro de Miami 2012

 

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