El Blog de Montaner

Bienvenido al Blog de Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Reside en Madrid desde 1970. Ha sido profesor universitario en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es escritor y periodista. Varias decenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen desde hace más de treinta años su columna semanal.

14 February 2011 ~ 1 Comentario

LA OTRA CARA DE LA FRUSTRACIÓN

Muchos egipcios quieren democracia. No sabemos cuántos ni a qué aluden cuando piden democracia, pero presumimos que se refieren, aunque sea vagamente, a elecciones y prensa libre, parlamento plural, multipartidismo y separación de poderes. Esos son los atributos clásicos y básicos de la democracia liberal. Muchos egipcios están cansados del gobierno monocolor instalado en El Cairo desde que el coronel Nasser dio un golpe militar en 1954.

¿Por qué quieren los egipcios democracia y libertades? Algunos, probablemente no demasiados, porque desean tomar sus propias decisiones. Les gusta construir sus vidas con actos voluntariamente escogidos. Pero otro porcentaje, seguramente mayoritario, está inconforme con los resultados materiales del mundo en el que viven. Son gentes hartas de la miseria, la pobreza y la falta de oportunidades.

En Egipto, cuando hay trabajo, está muy mal remunerado. El sistema público de salud y el de educación son pésimos. Muchas personas pasan hambre. La verdadera función de la policía no es proteger a los ciudadanos, sino extorsionarlos o amedrentarlos. El poder judicial es la cueva de Alí Babá, al servicio de los poderosos. El Estado es un desastre patrullado por incompetentes y ladrones. Así, dicen, no se puede seguir viviendo.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”, escribió Cervantes, probablemente cuando la había perdido y estaba preso. El problema es que la democracia y el disfrute de las libertades, aunque son bienes apreciables en sí mismos, no necesariamente resuelven el problema de la improductividad, la pobreza y la falta de oportunidades en países del Tercer Mundo. (Si los egipcios quieren ver países democráticos y pobres, pesimamente gobernados, pueden darse una vuelta por media América Latina).

Por la otra punta del ejemplo, en una nación como Singapur, en la que la democracia es una broma, y en la que la falta de libertades es casi total, sin embargo, la sociedad parece estar conforme con su gobierno, porque hay oportunidades económicas, la prosperidad general es notabilísima, las instituciones públicas son eficientes y los funcionarios se comportan honradamente.

En menos de medio siglo, el pequeño país, que comenzó siendo un desastre sin esperanzas, ha pasado a ser uno de los más ricos, cultos, sanos, desarrollados y modernos del planeta. No hay libertad, lamentablemente, pero sí la certeza de que el esfuerzo individual legítimo genera resultados materiales positivos.

En Egipto tienen lo peor de ambos mundos. No hay libertades ni esperanzas de mejorar. La “revolución egipcia” fue un engendro político que surgió en 1954 dentro de las coordenadas ideológicas del nacionalismo autoritario, panarabista, militarista y colectivista, aunque afortunadamente secular.

Desde su inicio, el” nasserismo, como entonces lo llamaron, fue muy ineficiente y corrupto, pero tenía un eficaz discurso populista, originalmente prosoviético y antiisraelí, que con el tiempo y las derrotas militares, en época de Sadat, y más acentuadamente con Mubarak, evolucionó hasta convertirse en una dictablanda pronorteamericana, anticomunista,” ” prudentemente en paz con Israel, cuyo gran aparato productivo estaba en manos de quienes detentaban el poder político, los cortesanos a su servicio y los jefes militares que custodiaban el negocio y se quedaban con parte de la renta.

Estamos, pues, ante algo más que un régimen desgastado. Estamos ante una perversa cultura política, ante una forma de conducir los asuntos públicos y privados, ante una injusta manera de dotar a la sociedad de estabilidad, muy extendida en el mundo árabe, basada en la colusión entre la élite política, la económica y los militares que controlan las armas y (por ahora) tienen el monopolio de la violencia.

Es un clásico ejemplo de lo que el Premio Nobel de Economía Douglass North llama “sociedades de acceso limitado”. En ellas no existe la meritocracia, no se alcanzan la cúpula y el éxito por medio del talento y el trabajo, ni se llega a la riqueza por el esfuerzo, el mercado y la subordinación a reglas justas. Nada de eso: el triunfo se logra trenzando una sinuosa cadena de relaciones personales y compaginando incesantemente intereses complementarios en detrimento de los sectores más débiles y peor relacionados.

Los egipcios, si finalmente alcanzan la democracia, lo que está por verse, comprobarán cuán difícil es crear una sociedad justa y próspera. Es probable que pronto descubran una nueva cara de la frustración.

14 February 2011 ~ 0 Comentarios

LA CUBA DE RAÚL CASTRO: LO PEOR DE AMBOS MUNDOS

Carlos Alberto Montaner

Publicado en Letras Libres

México y España

Enero de 2011

Raúl Castro ha convocado al Sexto Congreso del Partido Comunista cubano. Ya se siente firmemente en control para manejarlo a sus anchas. En Cuba no hay más poder que el suyo y, por delegación, el de la media docena de generales con los que controla la autoridad, toda la autoridad, auxiliado por su hijo Alejandro Castro Espín, un coronel de los servicios de inteligencia formado en la desaparecida Unión Soviética y presunto heredero de esta dinastía de militares.

¿Y Fidel? Fidel sólo conserva un rol simbólico y se entretiene jugando al gran estadista internacional, preocupado por el estallido de una guerra nuclear desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, o por el asesinato inminente de algún amiguete del socialismo del siglo XXI perpetrado por la CIA. Convertido en una especie de Casandra caribeña, profetiza todas las catástrofes. Nadie le hace caso, ” pero se preocupa tiernamente por el bienestar de sus hijos revolucionarios. Raúl, mientras tanto, simula que lo obedece y, obsequiosamente, repite como un mantra que sus iniciativas, en realidad, son todas de Fidel, algo que, sin duda, es falso.

Eso fue verdad en el pasado, pero ya no es así. Es una tragedia que les suele ocurrir a los ancianos cuando se deterioran ostensiblemente. Los que ayer se le subordinaban solícitos, dejan de hacerles caso. Periódicamente, sin embargo, Fidel suele reunirse con Hugo Chávez para aleccionarlo sobre técnicas de supervivencia política y para planear la conquista del planeta, como si fueran dos siniestros personajes escapados de un comic de Batman. Chávez, al contrario de Raúl, mantiene su deslumbrada admiración por el Comandante y se considera su hijo putativo y su heredero moral.

En todo caso, el Sexto Congreso se reunirá en la segunda quincena de abril del 2011. Su función será legitimar la voluntad de Raúl. Ya era hora. El Quinto se celebró hace 13 años, en 1997. El Cuarto transcurrió en 1991. De acuerdo con el reglamento del Partido, esos congresos generales deben realizarse cada cinco años, pero los hermanos Castro los reúnen cuando les parece útil. ¿Qué va a suceder en el próximo? Es importante describir lo que ocurrió en los dos congresos previos para poder predecir qué sucederá en el siguiente. Al fin y al cabo, los actores y el guión son casi los mismos.

Los congresos previos

El congreso de 1991 coincidió con la debacle del marxismo-leninismo. Fue una ceremonia ritual contra la perestroika dedicada a ajustar el régimen cubano a la nueva realidad. En 1989 los alemanes habían derribado el muro de Berlín, mientras se resquebrajaba todo el mundo comunista surgido tras la Segunda Guerra Mundial. En ese congreso, celebrado hace dos décadas, Fidel Castro, tras declarar lo que desde entonces se llama “periodo especial”, enfrentado al callado criterio de la clase dirigente y de casi todo el país, ratificó su adhesión al comunismo ortodoxo y aseguró que Cuba “se hundiría en el mar” antes que abandonar esta ideología. Con la fiereza que lo caracteriza, al final del Congreso dio los gritos rituales en favor del marxismo-leninismo, de la patria y de la muerte.

No obstante, el fin del subsidio soviético, entonces calculado en unos 5 000 millones de dólares anuales, obligaba al gobierno a hacer ciertas concesiones ante la crisis que atravesaba la Isla: el colectivismo había demostrado ser desastroso y el nivel productivo del país era tremendamente bajo. ¿Qué se podía hacer? Decidieron aceptar ciertas inversiones capitalistas foráneas, pero en sociedad con el gobierno cubano. Si algún inversionista extranjero quería beneficiarse de la mano de obra cubana o de ese mercado cautivo, tendría que asociarse al estado comunista para explotarlos conjuntamente. Con el objeto de premiar a sus partidarios más leales, y por su habitual paranoia política, el gobierno colocó como sus representantes en estas empresas mixtas a numerosos militares jubilados de los servicios de inteligencia.

En esa oportunidad, Fidel Castro aseguró que bajo su dirección la sociedad cubana no tardaría en recuperar los índices de consumo que le permitían sus privilegiadas relaciones con la Unión Soviética. Como entonces se acentuaba la falta de comida hasta el punto del hambre y la desnutrición, lo que provocó que unas 60.000 personas contrajeran neuritis óptica o neuritis periférica, y muchas quedaran ciegas, el Comandante se puso personalmente al frente de un llamado “plan alimentario” que supuestamente solucionaría el gravísimo problema de la comida en apenas dos años. Entonces aseguraban que en un quinquenio Cuba habría superado la crisis y el país quedaba como reserva ideológica comunista para cuando el planeta recobrara el camino del socialismo. Fue entonces cuando la oposición describió el experimento como la creación de “un parque jurásico del marxismo-leninismo”.

Por lo demás, las líneas maestras del plan de desarrollo pasaban por potenciar la industria azucarera, explotar intensamente el níquel, crear una gran infraestructura hotelera para recibir millones de turistas (a lo que se habían opuesto durante décadas para evitar la contaminación moral), y exportar masivamente productos de alta tecnología médica creados en los laboratorios del Estado. Al mismo tiempo, fomentarían el envío de remesas desde el exterior, para lo cual despenalizaron la tenencia de dólares y facilitaron las visitas de los emigrantes que hasta ese momento habían sido considerados traidores.

Fue el parto de los montes. La industria azucarera cayó en picado, las exportaciones de níquel, concesionadas a una empresa canadiense, dependían del oscilante precio de ese mineral y no generaban los ingresos esperados, las ventas de productos biotecnológicos fueron decepcionantes, y el turismo, aunque creció gradualmente, no le dejaba grandes ganancias al país porque casi todos los insumos debían adquirirlos en el exterior con moneda dura. A veces, tenían que importar azúcar, bananos y otras frutas de República Dominicana, dado que la agricultura cubana ni siquiera podía servir esos productos tradicionales.

Simultáneamente, la falta de mantenimiento, los huracanes frecuentes y la incuria de unos funcionarios a los que parecía no importarles el deterioro creciente de las ciudades y el campo, iban demoliendo paulatinamente el paisaje nacional al extremo de que los viajeros solían hablar de “un país bombardeado en el que no había ocurrido ninguna guerra”. Un ensayista y narrador cubano, Antonio José Ponte, escribió un magnífico texto llamado Un arte de hacer ruinas que luego sirvió de idea central de un laureado documental sobre la destrucción progresiva del país.

En 1997, cuando se celebró el Quinto Congreso, ya era evidente que la fórmula castrista para sostener el marxismo-leninismo no había dado resultados materiales. Seis años después del fin del subsidio soviético y de las nuevas directrices económicas, Cuba seguía empantanada en la miseria, aunque logró detener la caída de la ínfima calidad de vida que experimentaba la sociedad. Así que, poco antes de que se celebrase la reunión, el gobierno les pidió a los militantes que expresaran sus quejas, en lo que parecía ser un ejercicio del “centralismo democrático de abajo hacia arriba” que supuestamente norma las relaciones dentro del Partido. Decenas de miles de militantes se atrevieron a dar sus opiniones, descalificando el capitalismo estado, y pidiendo libertades para crear empresas o para salir y entrar del país sin necesidad de una autorización del gobierno. Si los extranjeros podían tener empresas en la Isla, aunque estuvieran asociados al gobierno, ¿por qué ellos no podían hacer lo mismo?

Todo fue inútil. El Quinto Congreso del partido reiteró la línea ortodoxa, Fidel Castro insistió en que el país no se apartaría un milímetro del marxismo-leninismo, separó del poder a los militantes que habían exhibido tendencias reformistas con demasiada vehemencia, y vaticinó el próximo fin de las sociedades capitalistas como consecuencia de sus contradicciones internas. Ni siquiera se tomó el trabajo de explicar por qué había fracasado el plan alimentario, por qué se estaba hundiendo la industria azucarera, y, en definitiva, que había pasado con aquellas promesas de recuperación económica forjadas en 1991. La sociedad cubana en su conjunto, y miles de militantes comunistas en particular, se sintieron decepcionados y, en muchos casos, traicionados. Escapar del país de cualquier forma se convirtió en el objetivo principal de millones de jóvenes.

En el verano del 2006, Fidel Castro enfermó severamente y le entregó el poder con carácter provisional a su hermano Raúl, heredero designado desde 1959, Segundo Secretario del Partido y eterno Ministro de Defensa. Dos años más tarde, tras una zizagueante agonía que lo colocó varias veces al borde de la muerte, Fidel aceptó que no podía retornar al poder y renunció a la presidencia, mas, supuestamente, mantendría una gran influencia en las grandes decisiones estratégicas del país.

Aparentemente, Raúl se ocuparía de administrar la dictadura, pero la definición ideológica seguiría siendo la que Fidel concibiera, algo que casi enseguida comenzó a desmentirse con la discreta persecución de algunos connotados fidelistas. Tres de los más importantes funcionarios del gobierno –Carlos Lage, Segundo Vicepresidente del Consejo de Estado, Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores, y Fernando Remírez de Estenoz, su Viceministro, los dos primeros del entorno de íntimo de Fidel—fueron separados de sus cargos y humillados. A los tres, como trascendió públicamente, se les imputaban actitudes reformistas contrarias a las directrices del gobierno y comportamientos corruptos. En realidad, Raúl Castro quería manejar todos los hilos del poder con sus hombres de confianza: un puñado de militares de alta graduación que lo acompañaban desde hacía décadas. Los fidelistas eran un obstáculo para sus planes.

El Congreso que viene

Y llegamos a la víspera del Sexto Congreso. ¿Qué va a pasar? Probablemente, nada significativo, pese a la alharaca desatada. Los mismos líderes con las mismas ideas producen siempre los mismos o parecidos resultados. Ya el gobierno ha hecho circular un documento de 32 páginas en el que describe los nuevos planes económicos, y en el que deja muy claramente fijada su posición con relación al modelo comunista: la esencia del sistema seguirán siendo el colectivismo, la propiedad estatal de los medios de producción, y la planificación centralizada por parte de los burócratas del Partido. Explícitamente, ratifican la vieja estrategia enemiga de las libertades económicas. Ni siquiera se dignan mencionar las civiles y políticas.

Se permitirá, eso sí, el trabajo por cuenta propia, siempre que se ajuste a las 178 modalidades en las que tal cosa es posible: alquilar vestidos de novia, actuar como payaso de fiestas infantiles, reparar ruedas de autos, forrar botones y un largo y extraño etcétera. También se podrá montar ciertas microempresas familiares o con pocos trabajadores contratados, dado que el objetivo no es que crezcan y obtengan beneficios, sino que absorban la mano de obra desempleada que el gobierno planea echar próximamente de sus puestos de trabajo.

En los próximos meses, 500 000 trabajadores serán despedidos, pero en menos de tres años Raúl Castro planea aumentar ese número a 1 300 000, el 25% de la fuerza laboral. El general y sus corifeos alegan que las plantillas están sobredimensionadas con empleados innecesarios que obstaculizan la labor de las empresas, mientras la sociedad padece el “síndrome del pichón” y espera del papá-estado la solución de todos sus problemas, una acusación sorprendente tras medio siglo de implacable persecución a cualquier iniciativa individual. En definitiva, quiere que la economía sea productiva liberándola del peso muerto de estos obreros prescindibles.

Naturalmente, la idea de que en una sociedad aplastada por medio siglo de colectivismo, sin capital, sin insumos, sin experiencia, mediante un decreto presidencial, se puede crear súbitamente una franja importante de trabajadores por cuenta propia o adscritos a microempresas –todos sujetos a una severa presión fiscal y a limitaciones en el crecimiento para que no acumulen excedentes–, no tiene pies ni cabeza, pero forma parte de las nuevas fantasías revolucionarias de un señor que tiene una idea muy vaga sobre cómo se crea la riqueza, cómo se malgasta o cómo se conserva.

¿Qué se propone, en definitiva, Raúl Castro? El general-presidente tiene dos objetivos fundamentales que están íntimamente ligados entre sí. El primero, es asegurar la sucesión dentro del sistema y con su propia gente. Es falsa la idea de que a los Castro no les interesa el futuro de Cuba una vez que ellos hayan muerto. Los Castro tienen un claro sentido de la historia personal y del país. Han concebido una fantástica narración en la que vinculan la guerra de independencia de fines del siglo XIX con la aventura de la Sierra Maestra. Fidel se percibe como el único heredero de Martí y Raúl se ve como el único heredero de Fidel. Quieren el gobierno revolucionario perdure. Pretenden que la generación de los hijos de los dirigentes recoja el bastón de mando y continúe la obra revolucionaria.

Pero, para lograr ese objetivo Raúl cree que el gobierno tiene que lograr que la sociedad cubana sea más productiva y competitiva. Raúl no ignora que la situación económica del país es terrible, circunstancia que ha producido un absoluto distanciamiento entre la inmensa mayoría de la isla, la cúpula dirigente y la mitología revolucionaria. En su primer discurso como jefe del estado, se preguntó enojado por qué la leche era tan poca que los niños cubanos sólo podían tomarla hasta los siete años. Pero esa pregunta podía extenderla a los otros aspectos básicos de la convivencia civilizada en un país moderno: por qué son tan escasas y de tan baja calidad la alimentación, el agua potable, la ropa y el calzado, la vivienda, el transporte, el suministro de electricidad y las comunicaciones. Raúl teme, y con razón, que muertos Fidel y él, nadie podrá evitar que quienes les sucedan en el poder, por las buenas o por las malas, echen abajo “la obra revolucionaria” como consecuencia de la miseria generalizada que padece la población.

¿Cómo se soluciona o alivia el inmenso inconveniente del fracaso material del país? Es obvio: con un sistema económico más productivo. Hasta Raúl Castro, tras medio siglo de absurdas chácharas revolucionarias, entiende que las sociedades desarrolladas y prósperas, dotadas de un buen nivel de vida, han alcanzado ese perfil como consecuencia de su aparato productivo. Viven mejor porque producen más y porque lo hacen a precios competitivos. El problema, pues, desde la perspectiva de Raúl y sus camaradas íntimos, consiste en hacer más eficiente el sistema comunista de manera que la sociedad cubana admita de buen grado la sucesión dentro de la revolución cuando haya desaparecido totalmente la generación de los padres fundadores.

El fracaso de la reforma

Pero eso es pedirle peras al olmo. El comunismo es improductivo por su propia naturaleza. La planificación centralizada, la propiedad estatal de los medios de producción, el control de los precios y la ausencia de libertades individuales para crear y acumular riqueza, inevitablemente conducen a la improductividad y la pobreza.

Además, el pacto social entre los gobiernos comunistas y las sociedades no está basado en la promesa de una gestión pública eficaz y resultados materiales apreciables (esas son categorías del mundo capitalista), sino en una distribución igualitaria de los poquísimo bienes y servicios que se producen y en la condena y escarnio del que descuelle y posea mejores formas de vida. Sin duda es lamentable, pero el comunismo real es eso.

Cuando Fidel gobernaba, el país vivía miserablemente, mas la defensa retórica de su gestión administrativa contaba con tres ejes: todo el mundo tenía un trabajo, acceso a la educación y a los servicios de salud. A Fidel no le importaba que las empresas perdieran dinero y la producción y la productividad fueran mínimas, sino que todos los cubanos tuvieran un puesto de trabajo y recibieran un salario, aunque fuera casi simbólico. Tampoco le importaba que el sistema de salud se hundiera en hospitales sin anestesia o sin hilos de sutura, o que el educativo careciera de buenos maestros y útiles escolares. Los servicios podían ser pésimos, pero estaban ahí y él se ufanaba de esa presencia constantemente. La legitimidad de la dictadura dependía de ese discurso, convertido en un incesante instrumento propagandístico.

Por otra parte, en vista de que el tejido productivo era irremediablemente raquítico, había dos maneras de justificar esa forma abominable de vivir: el embargo económico de Estados Unidos y, paradójicamente, las bondades de la austeridad revolucionaria. ¿Para qué quería más bienes materiales un buen revolucionario? El consumismo dejaba de ser una aspiración legítima de los trabajadores y se convertía en un pecado propio de la pervertida codicia capitalista instigado por el imperialismo, las multinacionales y otros monstruos de parecido pelaje. Los consumidores, o quienes aspiraban a serlo, eran calificados como amantes de la pacotilla (“pacotilleros”) ” atontados por el capitalismo corruptor.

La propuesta de Fidel era cruel, pero al menos se sustentaba sobre un sofisma poseedor de una cierta coherencia. La de Raúl es un puro absurdo: quiere que una parte sustancial de los cubanos produzcan como capitalistas, dentro de un sistema esencialmente comunista, abandonando, de hecho, el pacto social entre el estado y los individuos preconizado por la retórica marxista, mientras renuncia al igualitarismo y acepta el surgimiento de la desigualdad y el consumismo en la manera de vivir de los cubanos.

¿Para qué y por qué defender un modelo de estado comunista si la forma de gobernar se aleja totalmente de los supuestos marxistas-leninistas? El comunismo tiene una lógica interna: el Partido va a construir una espléndida sociedad, el paraíso del proletariado, en la que los medios de producción serán colectivos y las personas, cuando se logre, cuando se llegue a la fase superior del comunismo, como profetiza Marx en la Critica al Programa de Gotha, “(trabajarán) cada cual, según sus capacidades, (y recibirán) cada cual según sus necesidades”. Para llegar a ese punto, naturalmente, hay que atravesar la incómoda fase de la “dictadura del proletariado”, hasta arrancar del corazón de las personas los malditos hábitos y costumbres arraigados en ellas tras varios siglos de feudalismo y capitalismo.

Nada de eso queda en pie con las reformas de Raúl. Según su razonamiento, tras renunciar al “síndrome del pichón”, muchos cubanos se ocuparán de ganarse la vida según su talento, suerte y recursos, al margen del estado, y obtendrán por ello los mejores resultados que puedan, aunque su desempeño económico los alejen del modo de vida general de la nación.

La pregunta obligada que se desprende de todo esto es inocultable: si ya los objetivos no son edificar una sociedad comunista de acuerdo con los postulados de la secta, ¿para qué se conserva el modelo de estado de partido único y dictadura del proletariado prescritos por el marxismo-leninismo como fórmula de construir ese modelo de convivencia?

No creo que en el Sexto Congreso del Partido Comunista Cubano nadie formule esas incómodas preguntas. Como hicieron en el Cuarto y en el Quinto, los delegados aplaudirán, repetirán consignas y respaldarán sin chistar lo que Raúl Castro decida que se debe aprobar, pero entre los asistentes y entre la sociedad cubana quedará muy claro que la revolución comunista fracasó totalmente y que será imposible mantenerla a flote de manera permanente tras la extinción de la generación de quienes la pusieron en marcha en 1959.

Con razón, los pocos comunistas ortodoxos que quedan en Cuba se sentirán traicionados por Raúl Castro, mientras la inmensa mayoría del pueblo pensará, también con razón, que el hermano de Fidel les ha venido a traer lo peor de ambos mundos: un comunismo sin dádivas clientelistas y un capitalismo maniatado que no permite, realmente, el desarrollo individual y colectivo. No hay un pueblo latinoamericano más desesperanzado y con menos ilusiones que el cubano. Eso es triste.

14 February 2011 ~ 0 Comentarios

The other face of frustration

By Carlos Alberto Montaner

Many Egyptians want democracy. We don’t know how many, or to what they allude when they ask for democracy, but we assume that they refer – albeit vaguely – to free elections and a free press, a plural parliament, a multiparty system and the separation of powers. Those are the classic and basic attributes of a liberal democracy. Many Egyptians are tired of the monochrome government installed in Cairo since the days Col. Nasser staged a military coup in 1954.

Why do the Egyptians want democracy and freedoms? Some, probably not many, because they want to make their own decisions. They like to build their lives with acts they choose voluntarily. But another percentage, most likely in the majority, is dissatisfied with the material results of the world in which they live. They are tired of misery, poverty and the lack of opportunities.

In Egypt, when there is work, it is very poorly remunerated. The public systems of health and education are awful. Many people go hungry. The true function of the police is not to protect the citizens but to extort or intimidate them. The judiciary is Ali Baba’s cave in the service of the all-powerful. The State is a disaster patrolled by incompetent functionaries and thieves. That is no way to live, people say.

“Freedom, Sancho, is one of the most precious gifts given to man by the heavens,” Cervantes wrote, probably when he had lost his freedom and was in prison. The problem is that democracy and the enjoyment of freedoms, though appreciable bounties, not necessarily solve the problems of lack of productivity, poverty and lack of opportunities in Third-World countries. (If the Egyptians want to see countries that are democratic yet poor and abysmally governed, they should tour half of Latin America.)

At the other end of the example, in a nation like Singapore, where democracy is a joke and the lack of freedoms is almost total, society nevertheless seems to be satisfied with its government, because there are economic opportunities, the general prosperity is remarkable, the public institutions are efficient, and the officials behave honestly.

In less than half a century, that small country, which began as a hopeless disaster, has become one of the wealthiest, best educated, healthiest, most developed and modern countries in the world. Lamentably, there is no freedom but there is the certainty that legitimate individual effort generates positive material results.

In Egypt, they have the worst of both worlds. There are neither freedoms nor any hopes to improve. The “Egyptian revolution” was a political creature spawned in 1954 within the ideological coordinates of an authoritarian, pan-Arabist, militaristic and collectivistic nationalism – fortunately a secular one.

From its beginning, Nasserism (as it was then called) was very inefficient and corrupt. But it had an effective populist discourse, originally pro-Soviet and anti-Israeli, that – with time and the military defeats in Sadat’s rule and most markedly in Mubarak’s – evolved into a pro-American, anti-communist, “soft” dictatorship, prudently at peace with Israel. Its large productive apparatus was in the hands of those who held political power, the courtiers at their service, and the military chiefs who guarded the store and kept part of the income.

We are looking, therefore, at something more than a worn-out regime. We’re looking at a perverse political culture, at a way to conduct public and private affairs, at an unfair way to give stability to society (a widespread method in the Arab world) based on the collusion among the political and economic elites and the military officers who control the weapons and, for now, have a monopoly on violence.

Egypt is a classic example of what Douglass North, the Nobel laureate in economics, calls “limited-access societies.” In them, there is no meritocracy, people don’t rise to the top through talent and work or gain wealth through their efforts, the market and adherence to fair rules. None of that. Triumph is achieved by braiding a sinuous chain of personal relations and ceaselessly paginating complementary interests, to the detriment of the weakest and worst-related sectors.

If Egyptians ever attain democracy (something that remains to be seen), they will find out how difficult it is to create a just and prosperous society. It is likely that they’ll soon discover a new face of frustration.

07 February 2011 ~ 0 Comentarios

La solución está en otra parte

Por Carlos Alberto Montaner
(FIRMAS PRESS) Casi nadie tiene duda en Estados Unidos sobre la naturaleza de la crisis financiera del sistema. Sin subir drásticamente los impuestos no hay forma de hacerle frente, simultáneamente, a los gastos del sistema público de salud (Medicare), a las obligaciones del fondo de jubilaciones (Social Security) y a la factura astronómica del Ministerio de Defensa. ” Por otra parte, es obvio que un aumento sustancial de los impuestos reducirá la capacidad productiva del país, creará más burocracia y dispendio y acabará generando un problema ” mayor que el que se pretendía solucionar. (more…)

04 February 2011 ~ 4 Comentarios

La lógica torcida del policía cibernético

Esta nota termina con un link. Vale la pena verlo. Se trata de un joven oficial del Minint, especialista en guerra cibernética, que durante una hora les explica a unos militares y a otros “compañeros” cómo los “contrarrevolucionarios”, de la mano de Estados Unidos, utilizan las nuevas tecnologías para tratar de desestabilizar a la revolución y cambiar el sistema comunista. Su enemigo principal es Yoani Sánchez y dice sobre ella cosas tan peregrinas como que los premios en metálico que ha recibido o las distinciones periodísticas y académicas que le han otorgado han sido orquestados por Estados Unidos que así “blanquea” el dinero asignado a esta valiente bloguera.

03 February 2011 ~ 0 Comentarios

Un caudillo con la cara pintada

Hace doce años, el 09 de agosto de 1998, el periodista, analista político y escritor, Carlos Alberto Montaner publicó un artículo en este diario que intentaba dibujar las acciones que tomaría el actual presidente de Venezuela. Aún hoy, las advertencias que hacía el cubano están vigentes.

31 January 2011 ~ 1 Comentario

Contrataciones para Conferencias

For speaking engagements please contact HiCue Speakers (www.hi-cue.com)
+57 1 611-0913
Alexandra Orozco
aorozco@hi-cue.com

Para conferencias, favor contactar a HiCue Speakers (www.hi-cue.com)
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Alexandra Orozco
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31 January 2011 ~ 4 Comentarios

La decadencia norteamericana

(FIRMAS PRESS) El presidente Obama está preocupado por la presunta decadencia norteamericana. Lo acaba de decir, elegantemente, en su discurso anual ante el Congreso. Le parece que la calidad de la educación se ha deteriorado notablemente. Teme que ese fenómeno disminuya el ritmo innovador de la sociedad y que, como consecuencia, su país pierda la hegemonía planetaria que ha disfrutado desde hace un siglo, tras la Primera Guerra mundial. Siente que los chinos se aproximan a paso rápido, y, tras ellos, los hindúes. Uno de cada tres terrícolas es chino o hindú. Sólo uno de cada veintitrés es estadounidense. (more…)

31 January 2011 ~ 0 Comentarios

The decadence of the United States

By Carlos Alberto Montaner
President Obama is worried about a perceived decadence of the United States. He said so, elegantly, in his annual address to Congress. He believes that the quality of education has notably deteriorated. He fears that this phenomenon will slow down the innovative pace of society and that, as a consequence, his country will lose the worldwide hegemony it has enjoyed for a century, ever since World War One. He feels that the Chinese are approaching at a fast pace, with the Indians right behind. One of every three world dwellers is Chinese or Indian. Only one of every 23 is a U.S. citizen. (more…)

27 January 2011 ~ 0 Comentarios

In Latinoamerica giocano con il fuoco

In Latinoamerica il pericolosissimo gioco è a tra: Iran, Venezuela e Brasile.
L’Iran pretende mettersi a capo del mondo islamico. Per questo, i persiani hanno bisogno di armi nucleari e di formare un fronte internazionale ampio di appoggio che compensi il malcontento che suscitano nel mondo arabo. Scoprire, attraverso wikileaks, che l’Arabia Saudita ha chiesto ai nordamericani di distruggere le istallazioni nucleari iraniane prima che fosse troppo tardi, certamente li preoccupa. (more…)