El Blog de Montaner

Bienvenido al Blog de Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Reside en Madrid desde 1970. Ha sido profesor universitario en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es escritor y periodista. Varias decenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen desde hace más de treinta años su columna semanal.

25 October 2010 ~ 0 Comentarios

El presidente Funes y los empresarios se necesitan mutuamente

Entrevista publicada en: Laprensagrafica.com

Imágen obtenida de laprensagrafica.com

Carlos Alberto Montaner, un analista político internacional, ha venido a El Salvador para disertar sobre libertad y democracia, como parte de las actividades para conmemorar los 95 años de fundación de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador.

Salió de Cuba cuando tenía 18 años, de modo que, a estas alturas en las que se considera “de la tercera edad”, hasta casi ha olvidado la nostalgia. Carlos Alberto Montaner llama a los empresarios a entenderse con el presidente Mauricio Funes, pero también le pide a este que se acerque a los hombres de negocios. Sobre el Frente no tiene ni una palabra positiva. Eso sí, cree que la derecha la tiene muy difícil, tan fragmentada que podría permitir otro triunfo de la izquierda.

En el caso de la libertad de expresión y democracia El Salvador ha sufrido un retroceso, pero también los hay en Panamá y Bolivia, es decir, no está circunscrita a una ideología. ¿Qué pasa en la región?

Eso es grave. Hay que imitar la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que prohíbe a los estados legislar en materia de libertad de expresión. Cuando se subvierte el orden y los políticos se dedican a vigilar a la prensa, entonces estamos en camino al totalitarismo.

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14 October 2010 ~ 2 Comentarios

El origen del atraso latinoamericano

(FIRMAS PRESS. Madrid) Andrés Oppenheimer acertó de nuevo. Hace unos años publicó Cuentos chinos y el libro se transformó en un bestseller casi instantáneamente. Su descripción del crecimiento económico de China, cuya economía en 1985 era del tamaño de la brasilera y hoy es la segunda del planeta, sólo superada por Estados Unidos, fue (o debió ser) una especie de aldabonazo en la conciencia latinoamericana.

Ahora Oppenheimer ha regresado con una obra aún más importante: “¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las doce claves del futuro. La ha publicado Debate en México y es muy probable que se convierta en un componente esencial de la más antigua y viva de todas nuestras polémicas: por qué América Latina es pobre y subdesarrollada. Desde que el uruguayo José Enrique Rodó publicó Ariel en 1900 estamos explorando el tema sin encontrar una respuesta universalmente satisfactoria.

Por esa discusión han pasado absolutamente todas las figuras relevantes latinoamericanas, desde Octavio Paz hasta Hugo Chávez, desde Carlos Rangel hasta Juan Domingo Perón, unos armados con palabras y otros con fusiles, pero todos convencidos de conocer las razones profundas que explican por qué los habitantes de Suiza, un país multiétnico, sin salida al mar y escasamente poblado, como los de Bolivia, tienen quince veces el per cápita de este país latinoamericano.

La tesis de Oppenheimer, como el dios Jano, tiene dos caras. Por una parte, están las raíces culturales, generadoras de una actitud poco práctica ante la vida. Es una sociedad pródiga en abogados y humanistas, que gradúa muchos más psicólogos que ingenieros o especialistas en informática. En ese sentido, paradójicamente, es un libro dentro de la tradición de Ariel, pero mientras Rodó reivindicaba el componente espiritual del hombre latinoamericano, contraponiéndolo al materialismo desdeñable del Calibán anglosajón (arquetipos que Rodó extrajo de La Tempestad de Shakespeare), a Oppenheimer le resulta lamentable ese rasgo predominante en Hispanoamérica.

¿Hay remedio para el atraso relativo latinoamericano? Sí, postula Oppenheimer, pero sólo si se produce una profunda y duradera reforma educativa. Ese es el otro caballo de batalla que recorre su libro capítulo tras capítulo. En lugar de continuar discutiendo sobre los males de la colonia o sobre los viejos y continuados errores de la república, hay que observar cuidadosamente cómo enseñan y aprenden los finlandeses, dueños del mejor sistema educativo del planeta; qué han hecho los israelíes en medio del desierto para construir una sociedad próspera, libre y altamente desarrollada; cuáles son los secretos del pequeño Singapur, una excrecencia geológica situada en el Pacífico, atiborrada de personas, cuya riqueza per cápita es mayor que la norteamericana.

Como Oppenheimer es un hombre práctico, sólo toma en serio los resultados. No pierde el tiempo examinando teorías. Sabe que en un mundo globalizado, regido por la competencia, en plena civilización del conocimiento, ganarán los más sabios, los más productivos y organizados, los más innovadores y creativos, siempre que cuenten con las instituciones adecuadas, y esas personas, lamentablemente, no abundan en nuestros pagos.

En todas las pruebas escolares internacionales en las que los estudiantes miden su dominio de las matemáticas, los latinoamericanos invariablemente quedan en los últimos puestos, casi siempre junto a los africanos. ¿Cómo vamos a competir adecuadamente contra europeos, norteamericanos, chinos o hindúes, si nuestras masas están notablemente peor educadas y nuestras élites no acaban de entender la importancia de la ciencia, la tecnología y la investigación original?

¿Hay algún país latinoamericano que se aparte del pelotón y muestre algunos elementos de excelencia educativa? No, de acuerdo con los datos objetivos. Ni siquiera Chile, que hoy está a la cabeza del continente. Ninguno. No hay una sola universidad latinoamericana entre las 200 mejores del planeta, y apenas comparecen tres o cuatro entre las primeras 500. Un pequeño estado, como Israel, registra anualmente más patentes científicas que toda América Latina con sus 550 millones de habitantes. Es verdad que los brasileros fabrican aviones, pero ese logro no lo convierte en una pujante potencia del primer mundo.

¿Por dónde se comienza a reparar este secular fracaso? Un amigo banquero, entusiasta incorregible, ha comprado 20 ejemplares de “¡Basta de historias! para regalarlos a los mandatarios latinoamericanos. Ojalá que lo lean. Pero, sobre todo, ojalá que lo entiendan. [“©FIRMAS PRESS]

13 October 2010 ~ 0 Comentarios

At last, a well-deserved winner

The Swedish Academy gave an odd reason for granting Mario Vargas Llosa its Nobel Prize for Literature — for his “cartography of structures of power and his trenchant images of the individual’s resistance, revolt and defeat.”

Some gobbledygook. I imagine the writer was struck speechless. It would have been far simpler to say that the academy rewarded the most outstanding living novelist in Spanish literature.

The news found Mario at Princeton University, where he’s teaching a class this semester. Oscar Haza, the Dominican journalist from Miami, was first to interview him after the announcement. That, in journalistic parlance, is called a “scoop.”

I was on the air with his son, Alvaro Vargas Llosa, celebrating the triumph, when Haza managed to contact Mario. This year, the critics didn’t even mention him among the candidates. Mario had even forgotten that around this time every year the Swedish academicians select the winner. Always an early riser and careful teacher, he was preparing his lesson when he received the unexpected phone call from Stockholm.

Ever since, in 1981, Mario published The War of the End of the World, an extraordinary novel with a Brazilian theme, he deserved this recognition. It is probably the only important award he had not received.

The list of prizes, doctorates and distinctions he has been given in the course of his 74 years is impressive. Some were given to honor him; others, to extol the institutions that granted them, but that’s the inevitable ambiguity of all medals.

In this case, if Mario died without the Nobel for Literature, it would have been another unpardonable mistake by an institution that, throughout its history, has ignored figures the size of Kafka, Joyce or Borges while rewarding some writers with a lot less heft.

On this opportunity, however, there is a phenomenon beyond literature that morally boosts the figure of Mario Vargas Llosa. Among the dozens of messages I have received, many come from Venezuelans, Nicaraguans, Cubans and Chileans. All express their thanks for the permanent defense of freedom that the Peruvian-born author, along with his wife, Patricia, and son Alvaro, have turned into a true family leitmotif.

Paraphrasing Churchill, “Never did so many owe so much to so few.” There is no Latin American tyrant who hasn’t faced Mario’s criticism. There is no persecuted democrat who hasn’t encountered his helping hand when knocking at his door. There is no public protest that he hasn’t endorsed if the cause is worthwhile.

He even created (and heads) the International Foundation for Liberty, with the collaboration of Argentine economist Gerardo Bongiovanni, for the purpose of effectively disseminating the ideas in which he believes.

For us Latin Americans, this is very important. We live in dangerous political quicksand, where liberty and democracy always hang from a thread.

In the past, the generals would strike a blow and seize the government, but today the most obvious threat comes from elected leaders who use their authority to dismantle the rule of law and turn the judiciary into a tool to perpetuate themselves in power and persecute their adversaries, as happens in Venezuela, Nicaragua, Bolivia and Ecuador.

Faced with such leaders, because of the legitimacy of their origin, the genuinely democratic governments and institutions such as the OAS remain silent. Only the protests led by major figures manage to make headlines in the media.

This firmness in the defense of freedom has been costly to Mario Vargas Llosa. As always happens, the friends of tyrannies have accused him of selling out to Washington or being a CIA agent and have not spared their worst insults and slander.

They have even put his life in danger, as happened in Rosario, Argentina, a couple of years ago, when the most violent communist groups stoned and tried to burn a bus in which he traveled, along with other writers participating in a seminar organized by the International Foundation for Liberty.

What is going to happen to Mario now that he holds the Nobel? Nothing special, except in one aspect, which his son Alvaro has referred to in jest: Nobody will again mortify him with the uncomfortable question, “Why didn’t you get the Nobel this year?”

Justice has finally been done.

The Miami Herald

Posted on Tue, Oct. 12, 2010

Oct 12 , 2010

13 October 2010 ~ 0 Comentarios

Reacción de Kintto Lucas es paranoica

Entrevista

Carlos Alberto Montaner
Quien es: periodista, escritor y analista político cubano, crítico del régimen de Fidel Castro

Según el vicecanciller Kintto Lucas, una reunión mantenida el 23 de septiembre en los EEUU, en el Instituto Interamericano para la Democracia (IID), por el expresidente Lucio Gutiérrez, es otra prueba del fallido intento para derrocar al presidente Rafael Correa. Usted estuvo en esa cita. ¿Qué responde?
Jamás en mi vida he visto que una conferencia abierta al público, convocada por una institución académica y auspiciada por una universidad muy reconocida, filmada y colocada en Internet, junto a las fotos de los participantes, forma parte de una oscura conspiración. Esa es una reacción muy poco seria, paranoica, de quienes disfrutan el papel de víctimas y tienen la mala costumbre de alentar permanentementela conmoción social. El ex presidente Lucio Gutiérrez, como otros cuarenta disertantes antes que él, fue y dio su conferencia para hablar libremente y sin censura de los problemas de su país. El que desee ver y escuchar lo que dijo todo lo que tiene que hacer es buscar su intervención en la web del Instituto. Si el señor Lucas o el presidente Correa desean ocupar esa tribuna están invitados a hacerlo.

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11 October 2010 ~ 1 Comentario

UN NOBEL PARA LA LIBERTAD

La Academia Sueca explicó extrañamente la razón por la que le ha otorgado el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa: por su “cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”. Menudo galimatías. Me imagino que el escritor debe haberse quedado estupefacto. Mucho más sencillo era haber declarado que premiaban al novelista vivo más notable de la lengua española.
A Mario lo sorprendió la noticia en la Universidad de Princeton, donde dicta un curso este semestre. Oscar Haza, el periodista dominicano de Miami, le hizo la primera entrevista tras la concesión del Nobel. Eso, en el argot, se llama “un palo periodístico”. Yo estaba en el aire, junto a su hijo Alvaro Vargas Llosa, celebrando el triunfo, cuando lograron comunicarse con él. Este año las crónicas ni siquiera lo mencionaban entre los candidatos. A Mario hasta se le había olvidado que por estas fechas los académicos suecos seleccionan al ganador. Siempre madrugador y cuidadoso, preparaba su clase cuando recibió la inesperada llamada de Estocolmo.
Hace mucho tiempo, desde que en 1981 publicó La guerra del fin del mundo, una extraordinaria novela de tema brasilero, Mario merecía este reconocimiento. Probablemente es el único galardón importante que no había recibido. Es impresionante la lista de premios, doctorados y distinciones que le han otorgado a lo largo de sus 74 años. Algunos se lo han dado para honrarlo a él y otros para realzar a la institución que lo concede, pero ésa es la inevitable ambigüedad de todas las condecoraciones. En este caso, si Mario moría sin el Nobel de Literatura, habría sido otro fallo imperdonable para una institución que, a lo largo de su historia, ha ignorado a figuras del tamaño de Kafka, Joyce o Borges, mientras premiaba a algunos escritores de mucho menor calado.
En esta oportunidad, sin embargo, hay un fenómeno extraliterario que agiganta moralmente la figura de Mario Vargas Llosa. Entre las docenas de mensajes que he recibido abundan los enviados por venezolanos, nicaragüenses, cubanos y chilenos. Todos se muestran agradecidos por la permanente defensa de la libertad que el peruano, junto a su mujer Patricia y su hijo Álvaro, han convertido en un verdadero leitmotiv familiar. Parafraseando a Churchill, “nunca tantos le han debido tanto a tan pocos”. No hay un tirano latinoamericano que no haya tenido que enfrentar sus críticas. No hay un demócrata perseguido que no haya encontrado su mano amiga cuando ha llamado a su puerta. No hay una protesta pública que no lleve su firma si la causa valía la pena. Incluso, creó y preside la Fundación Internacional para la Libertad, con la colaboración del economista argentino Gerardo Bongiovanni, con el objeto de difundir eficazmente las ideas en las que cree.
Para los latinoamericanos esto es muy importante. Vivimos en una peligrosa tembladera política en la que la libertad y la democracia siempre penden de un hilo. En el pasado, los militares daban un manotazo y se apoderaban del gobierno, pero hoy la amenaza más obvia proviene de mandatarios electos que utilizan su autoridad para desmantelar el Estado de Derecho y convertir el sistema judicial en un instrumento para perpetuarse en el poder y perseguir a sus adversarios, como ocurre en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Frente a ellos, por la legitimidad de origen que poseen, los gobiernos genuinamente democráticos e instituciones como la OEA permanecen en silencio, y solo las protestas encabezadas por grandes figuras consiguen abrirse paso hasta los titulares de los medios de comunicación.
Esta firmeza en defensa de la libertad le ha resultado muy costosa a Mario Vargas Llosa. Como siempre sucede, los amigos de las tiranías lo han acusado de haberse vendido a Washington o de agente de la CIA, y no han escatimado los peores agravios y calumnias. Incluso, han puesto en peligro su vida, como sucedió en la ciudad de Rosario, Argentina, hace un par de años, cuando los grupos comunistas más violentos apedrearon e intentaron quemar un autobús en el que viajaba en unión de otros escritores participantes en un seminario organizado por la Fundación Internacional por la Libertad.
¿Qué va a suceder con Mario ahora que posee el Nobel? Nada especial, salvo en un aspecto que ha destacado con humor su hijo Álvaro: ya nadie volverá a mortificarlo con la incómoda pregunta de por qué este año no le concedieron el Nobel. Por fin se hizo justicia.

07 October 2010 ~ 0 Comentarios

Presentación del libro “Mañana In Cuba”

En la presentación del libro “Mañana In Cuba” de José Azel… Carlos A. Montaner le envía un mensaje al pueblo de Cuba y su futuro. El cambio… es inevitable… y el futuro esta en manos de cada uno de los cubanos… los dejo con Montaner.

07 October 2010 ~ 0 Comentarios

Ecuador: Caos y Crisis

Fue patética la forma en que el presidente Correa se enfrentó a la crisis. Ningún jefe de Estado serio se comporta de esa manera. Casi provoca un sangriento descalabro. Esa escena en la que se afloja el nudo de la corbata y reta a los policías a que lo maten pasará a la historia universal del disparate como una temeridad imperdonable”  en la que se mezclan la inmadurez, la bravuconería y la imprudencia. ¿Qué hubiera pasado si alguno de aquellos energúmenos le hubiera disparado? ¿Hubiese comenzado una suerte de guerra civil en la que acaso habrían muerto miles de ecuatorianos?

A ese hombre hay que serenarlo. El temperamento colérico no es el mejor para gobernar. En todo caso, lo que se ve es sólo una parte del problema. Aparentemente, la policía nacional ecuatoriana se insubordinó porque el parlamento había aprobado una ley que eliminaba ciertos privilegios de poca monta que beneficiaban a los uniformados: unos bonos cada cierto número de años, cestas navideñas y otras minucias que aliviaban las precarias condiciones de vida de los policías y sus familias.

Eso no es falso, pero el origen del mal es mucho más profundo: la absoluta indiferencia ante la ley que existe en ese país y en casi toda América Latina. Es verdad que los policías ecuatorianos actuaron de una manera censurable que les ganó el rechazo de toda América, desde Estados Unidos a la Argentina, pero también es cierto que en el pasado el presidente Correa ha actuado como le ha dado la gana con el poder legislativo y el judicial, ha utilizado porristas para acosar a sus adversarios, insulta a quien quiere, mantiene en constante jaque a la prensa, y nada o casi nada ha hecho por frenar la corrupción que pudre hasta el tuétano a su país: 2.2 en la escala deTransparencia Internacional, un índice del 1 al 10, en el que 10 sería la puntuación más alta de honradez y 1 la absoluta deshonestidad.

Se supone que cualquier país que caiga por debajo de 5 en la escala de” Transparenciatiene un serio problema de corrupción que va más allá del número de personas que violan las leyes. Eso quiere decir que el poder judicial no funciona adecuadamente, que es tanto como admitir que la institución clave de cualquier sociedad moderna está en crisis. Por cada dígito que una sociedad baja en esa escala la situación se agrava. Por debajo de 4 comparecen México (3.3), Guatemala (3.4), Panamá (3.4), El Salvador (3.4), Colombia (3.7) y Brasil (3.7). Además de Ecuador, por debajo de 3 caen Paraguay (2.1), Bolivia (2.7), Argentina (2.9), Honduras (2.5) y Nicaragua (2.5). ¿El país más corrupto de América Latina? Venezuela (1.9). ¿Por encima de 5, en la franja honorable? Costa Rica (5.3), Puerto Rico (5.8). ¿Los más honrados? Chile (6.7) y Uruguay (6.7), ambos por encima de países como España (6.1) y muy cerca de Francia (6.9).

Es un mal latinoamericano. El gobierno mexicano, por ejemplo, está empeñado en sanear la terriblemente corrupta policía, pero no hace nada con las estructuras políticas que saquean al país desde hace dos siglos, y muy especialmente desde que el PRI, hace ochenta años, institucionalizó el desvalijamiento metódico de los presupuestos públicos a todos los niveles del Estado. ¿Por qué muchos policías no van a pactar con los narcos si saben que numerosos políticos y funcionarios de alto rango utilizan sus cargos para enriquecerse ilícitamente? No es posible que la clase dirigente de una sociedad elija selectivamente qué leyes se cumplen y qué leyes se violan, o quiénes están autorizados a romper las normas impunemente y quiénes deben pagar por ello.

¿Terminó el incidente ecuatoriano con el rescate del presidente Correa? No lo creo. La famosa “revolución ciudadana”, que proclama y defiende Correa, como se vio en este episodio, es más un fenómeno de agitación y sobresalto que de serena corrección de los males endémicos que afectan al país. Correa ha tenido problemas serios con las organizaciones de indígenas, con los maestros, con los universitarios, con los periodistas, con los empresarios. Es verdad que los conflictos forman parte de la realidad de cualquier gobierno, pero donde se equivoca este impetuoso político es en la manera de enfrentarlos. No acaba de entender que él fue elegido para solucionar problemas, no para crearlos ni agravarlos.”  [“©FIRMAS PRESS]

29 September 2010 ~ 3 Comentarios

Living on constant alert

THE MIAMI HERALD

Posted on Tue, Sep. 28, 2010

Living on constant alert

BY CARLOS ALBERTO MONTANER
www.firmaspress.com

How does one measure the success or failure of a region? Is the level of violence useful as a parameter? Is there anything about it to celebrate in Latin America? Yes, of course, but rather than congratulate ourselves for the successes we achieved, we should do so for the mistakes we didn’t make.

In general, the Latin American scene has not been overly deadly, especially during the past century. While our European cousins engaged in making war and killing each other in the cruelest forms in the name of antifascism or communism, or under absurd pretexts such as “the balance of power” and “living space,” 20th-Century Latin America was frugal in terms of international conflict.

War — what passes for war in Latin America — broke out only once, between Paraguay and Bolivia, from 1932 to 1935. About 100,000 soldiers from two of South America’s poorest countries left their bones on the Chaco, an arid, almost uninhabitable stretch of land that was almost useless. It was the first time that someone defined a bellicose confrontation as “two bald men fighting over a comb.” (Borges used the phrase years later to describe the Falklands episode.)

True, there were skirmishes and brief battles between Honduras and El Salvador in the so-called Soccer War (1970), and Peru and Ecuador clashed over their jungle-covered border in 1995, but both episodes were scarcely important armed conflicts — except to the dead, wounded and homeless, of course.

Cuban executions

We had several lamentable domestic butcheries, however: the Mexican revolution in 1910, the Central American slaughters in the 1970s and ’80s, the thousands of murders committed by the Southern Cone countries during the same period as a reaction to Marxist-left violence, the old murderous insurgence of the Colombia narcoguerrillas and the opposing paramilitaries, and the intermittent executions by firing squad in communist Cuba, a country exhausted by half a century of bloody turmoil.

It seems like a lot, and it may be, but the number of victims is only one hundredth of the number recorded in Europe during the same period.

That sinister tally does not include the growing violence generated by the criminal mafias that lack any political color. It is perfectly legitimate to measure Latin America’s success or failure by the scant relative worth of life in some regions. John Locke, the father of the West’s modern states, stated that a government’s primary function was to safeguard the right to life, property and freedom.

Buenos Aires dangerous

In some Latin American countries, any talk about the right to life is a joke. In Guatemala, El Salvador, Honduras, some Mexican cities, and Caracas, hired killers charge a fistful of dollars to murder almost anyone. Paying for an assassination costs less than buying a cell phone or a pair of fine shoes.

The most serious development, however, is that the trend is spreading and intensifying. Buenos Aires, that great Latin American urban center, is becoming a very dangerous city. In Rio de Janeiro and Sao Paulo, many people live in terror. The same happens in Guayaquil and Quito, albeit on a smaller scale. Santo Domingo, which until a few years ago was a safe city, and San Juan de Puerto Rico, two capitals in the party-going, merry Caribbean, are two places where citizens live in constant alert, their windows barred for fear of burglary and robbery.

Nobody knows quite how to slow down this phenomenon. There are places where calling the police makes matters worse. Writer Raúl Rivero swears that he once read the following headline in a Mexican newspaper: “A train and a bus collide; survivors flee in panic as police arrive.” Might be a joke, might be the truth.

According to Mexican president Felipe Calderón, half the police officers in his country, a quarter of a million men and women, are corrupt. When they arrive at the scene of a crime, the safest thing for everyone to do is to hide.

23 September 2010 ~ 3 Comentarios

Fidel o la reinvención permanente

Fidel dijo que no dijo lo que dijo. Primero le declaró al periodista Jeffrey Goldberg que el modelo cubano no sólo no era exportable, sino que ni siquiera servía para su país. Dos días después, tras el escándalo mediático que se armó, aclaró que se trataba de una ironía mal interpretada por el periodista. Lo que él había querido decir era que el modelo de Estados Unidos no funcionaba y era lo que no se debía imitar.

En realidad, no estamos ante una interpretación errónea sino ante un freudian slip que el psicoanálisis ha estudiado muy bien. A Fidel se le “escapó” la frase. No fue una ironía, sino un chasquido involuntario de su subconsciente. Lo que el periodista transcribió es lo que Fidel, sin duda, sabe. Es lo que oculta en su magullado corazoncito: el sistema comunista implantado por él en Cuba es un desastre monumental que ha sumido a los cubanos en la miseria y la desesperanza.

Sin embargo, Fidel es incapaz de admitirlo públicamente, y mucho menos de tratar de mitigar el daño hecho. Por el contrario, el mayor esfuerzo realizado por él a lo largo de los últimos veinticinco años, desde la aparición de la perestroika en la URSS, ha estado encaminado a tratar de mantener el colectivismo en materia económica y la absoluta falta de libertades en el orden político, mientras reprime con fiereza a los reformistas que aparecen en su entorno. Como aquellos testarudos hidalgos españoles que confundían la terquedad con el carácter, su divisa más querida es “sostenella y no enmendalla”.

En todo caso, no es nuevo el Fidel que se dice y desdice con la más descarada facilidad.”  A lo largo de 1959, varias veces, enfáticamente, Fidel Castro condenó el comunismo y denunció a quienes lo acusaban de sostener esa ideología totalitaria y opresiva, como puede comprobar cualquiera con una simple visita al prodigioso Google. Sin embargo, el 2 de diciembre de 1961, en un discurso “definitivo”, afirmó que “era marxista leninista desde muy joven y lo seguiría siendo hasta el último día de su vida”.

Es una vieja historia. Hace cincuenta años, el notable periodista italiano Valerio Riva fue a Cuba a escribir la biografía de Fidel Castro. Se la había encargado la Editorial Feltrinelli y todo estaba previamente arreglado con el Comandante. Valerio viajó a La Habana, se reunieron varias veces durante un buen número de horas, pero muy pronto renunció a la tarea, regresó a Roma y le explicó a su editor que era muy difícil escribir la vida de una persona que constantemente alteraba su historia e ignoraba o escamoteaba documentos clave, o los reescribía esgrimiendo la curiosa teoría de que si ésa era una experiencia personal él tenía derecho a modificarlos.

Fidel se empeñaba en negar que había ” sido un matón durante sus años universitarios, pese a su participación en varios hechos de sangre totalmente comprobados. Quería construirse un pasado de líder estudiantil de primera línea, que no había sido. Deformaba los datos relacionados con la expulsión del poder del primer presidente de la revolución, Don Manuel Urrutia, la prisión del comandante guerrillero Huber Matos, la alianza con los comunistas y el enfrentamiento con los norteamericanos. Para Fidel, la realidad y la verdad eran elementos dóciles y moldeables que adaptaba a la construcción de un discurso permanentemente al servicio de su leyenda personal de gran líder de la humanidad. Fue en aquellos años cuando en las bibliotecas y hemerotecas comenzaron a esconder todas las publicaciones que desmentían parcialmente la gloriosa versión oficial de su vida ejemplar de revolucionario intachable comprometido con el comunismo desde su más tierna infancia. No hay duda de que está decidido a que lo entierren envuelto en ese disfraz.

16 September 2010 ~ 2 Comentarios

Sin noticias de Dios

La polémica continúa. Hace unas cuantas décadas, en una carta a su colega Niels Bohr, Albert Einstein afirmó que “Dios no juega a los dados”. No era la primera vez que utilizaba esa metáfora. Bohr le respondió que dejara de decirle a Dios lo que debía hacer. Einstein ponía en duda la incertidumbre en el comportamiento de la materia que postulaba la física cuántica. No había nada errático o aleatorio. Simplemente, no conocíamos las variables ocultas. Luego agregó: “A través del universo incomprensible se manifiesta una inteligencia superior infinita”.

Einstein estaba entre los genios persuadidos de que había un “gran diseño” tras la Creación. Stephen Hawking, el gran físico británico, junto al no menos brillante Leonard Mlodinow, acaban de negar esa posibilidad en un libro que estimulará una enorme (y bienvenida) discusión. Se titula, precisamente, The Grand Design (El gran diseño) y, a juzgar por los cables, postulan que las pruebas que aporta la Física actual demuestran que Dios, esa inteligencia superior a que aludía Einstein (y Aristóteles, y Newton), no existe. El universo se rige por leyes que nada tienen de divinas y la materia se transforma en el tiempo como consecuencia de fenómenos que ocurren sin que exista un plan o una voluntad superior. No sólo Dios no existe, sino que los dados juegan solos, impulsados por una fuerza ciega e inconsciente que lo mismo ha generado la existencia de la vida –la nuestra y la de los 208 virus del catarro–, que provoca ciclones, expande las galaxias en el espacio y crea universos incesantemente.

En realidad, Hawking y Mlodinow tampoco demuestran nada de una manera definitiva. Afirmar que Dios no existe, pero sí existe la Ley de gravedad o la selección natural de las especies, nos precipita inmediatamente a una pregunta: ¿y de dónde salieron esas leyes? ¿Por qué la luz viaja a una velocidad constante? ¿Cómo y cuándo se forjaron las reglas que afectan a la materia y a la vida? De acuerdo: hace unos cuantos miles de millones de años se produjo el Big-Bang, la gran explosión primigenia que dio origen a nuestro universo (parece que hay otros), pero ese fenómeno sucedió con arreglo a unas leyes pre-existentes: ¿cómo se formularon? Hay, claro, una respuesta perfecta que es, también, una perfecta tautología: la materia sólo puede existir si hay leyes que le dan forma. La existencia de moléculas y de un mundo subatómico presupone un orden. La materia, afirman, y las leyes que la gobiernan, han existido siempre. No obstante, esas reglas que han existido siempre, no se aplican rígida y uniformemente. En el universo no hay una inevitable relación causa-efecto: el azar juega un papel central en los cambios materiales.

Mi impresión es que si bien el primer libro de Hawking, Una breve historia del tiempo, publicado en los años ochenta, donde admitía la posibilidad de la existencia de Dios, reforzó el bando de los creyentes en el mundo académico, éste de ahora, más que aumentar el número de los ateos, reforzará el de los agnósticos, ese creciente porcentaje de personas escépticas, melancólicamente incapaces de asegurar ni de negar la existencia de Dios porque carecen de elementos de juicio para emitir una opinión definitiva basada en la razón, mientras tampoco gozan de las certezas que emanan de una fe religiosa.

Si esa es la consecuencia de The Grand Design, bienvenida sea. En un mundo tensado por los fundamentalismos religiosos, en el que abundan los gobernantes y líderes políticos convencidos de que conocen las intenciones de Dios, lo que los hace peligrosamente belicosos, es muy saludable que proliferen quienes, humildemente, declaran no saber casi nada. Lamentablemente, sigue siendo cierta la frase de Bertrand Russell, el más notable de todos los agnósticos contemporáneos: “cuanto más intensa ha sido la religión en un período cualquiera y más profundo ha sido el pensamiento dogmático, tanto mayor ha sido la crueldad”.”  [“©FIRMAS PRESS]