El Blog de Montaner

Bienvenido al Blog de Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Reside en Madrid desde 1970. Ha sido profesor universitario en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es escritor y periodista. Varias decenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen desde hace más de treinta años su columna semanal.

02 May 2011 ~ 1 Comentario

Tengo la ilusión de que lo que va a pasar en Cuba no ha ocurrido jamás

JUAN CARLOS SÁNCHEZ REYES” | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Su nombre ha dado la vuelta al mundo” a través del blog” Generación Y. Pero pocos sospechan que sus comentarios sobre la realidad cubana, los escribe, día a día, en su casa de La Habana desde la más absoluta indefensión y atacada sin tregua por la policía política del régimen. Frente a ello sólo tiene tres armas: su blog digital, su autoridad moral y sus ideas, que le sirven para informar sobre una sociedad que convive con el miedo, la ambigüedad y la represión más absoluta. Valiente y tremendamente comprometida, su voz se ha convertido en la conciencia de su pueblo. En esta entrevista repasa algunas claves del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado recientemente, y responde algunas cuestiones de actualidad relacionadas con el futuro de su país. Yoani Sánchez ha recibido numerosas distinciones, entre ellas, el Premio Ortega y Gasset de periodismo de El País y el Premio Internacional a las Mujeres de Coraje que otorga el Departamento de Estado de los EE.UU. También ha sido elegida por la revista Time entre las cien personas más influyentes del mundo.

-Durante el VI Congreso, Raúl Castro ha culpado al partido comunista de todos los problemas del país. ¿Podría” considerarse este discurso la primera capitulación oficial del sistema?

“No. Sólo podrá hablarse de capitulación cuando ese discurso autocrítico no vaya sólo dirigido a los burócratas, funcionarios y militantes sino especialmente al artífice de las desacertadas decisiones que nos han llevado hasta este punto. O sea, mientras no se responsabilice a” Fidel Castro” con buena parte del descalabro económico” y social en el que estamos, no podremos sentirnos” en presencia de un sincero” mea culpa. Para” el discurso oficial, él es la patria, la revolución, el partido, la historia y muchas cosas más. Justamente lo que dijo Raúl Castro, o lo que quiso decir, es que los cuadros intermedios no habían sabido interpretar y cumplir cabalmente las preclaras orientaciones del máximo líder. El hermano menor” sólo ha tratado de exonerarlo y para ello ha debido adjudicar los errores a otros.

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29 April 2011 ~ 0 Comentarios

Red Line: Syria, Cuba and Bradley Manning

April 26, 2011
Ekaterina Kudashkina,” Mira Salganik,” Sergei Strokan, Voice of Russia
Each week, Voice of Russia hosts Red Line, a discussion about the events of the week, as seen from Moscow. This week, events in Syria, changes in Cuba and Bradley Manning.

Participants: Ekaterina Kudashkina, Sergei Strokan, Mira Salganik, Murhaf Jouejati, Vitaly Makarov, Joe Glanville

Ekaterina Kudashkina: This week we start with Syria, which is being rocked by unprecedented anti-governmental protests demanding political and economic reforms and the resignation of 45-year old President Bashar al-Assad. We shall then move on to the Caribbean to look at Cuba where the Communist Party Congress—the first in 14 years—coincided with the 50th anniversary of the failed Bay of Pigs invasion; finally, we will discuss the story of the U.S. Marine Private Bradley Manning, still being held in solitary confinement in Quantico, Virginia

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18 April 2011 ~ 0 Comentarios

”Los esfuerzos por derrocar a Fidel fueron de gente que luchó junto a él”

Carlos Montaner fue encarcelado en 1960 por lanzar una huelga universitaria contra Castro. Sus declaraciones a” Infobae América, en el 50 aniversario de Bahía de Cochinos, esclarecen el carácter de la militancia anticastrista, diferente al difundido por el régimen.

El periodista y escritor cubano exiliado Carlos Alberto Montaner fue uno de los tantos que recibió la revolución castrista con esperanzas. Pero éstas no duraron mucho: la opción por el comunismo y los rasgos autoritarios que fue adquiriendo el régimen generaron innumerables disidencias.

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18 April 2011 ~ 0 Comentarios

LA ÚLTIMA FUNCIÓN

Me lo dijo un viejo y desengañado comunista cubano en un encuentro relámpago que tuvimos recientemente ” en Madrid: “este Sexto Congreso del Partido me recuerda esa atmósfera de tristeza y nostalgia que se respira en los teatros que realizan su última función antes de ser demolidos”.

Buena metáfora. La generación de Fidel, la que hizo la revolución, es ya octogenaria. Se está despidiendo. A Fidel, que tiene 84, lo jubilaron sus intestinos en el 2006, y Raúl, con casi 80, no tardará demasiado en abandonar la escena. Él mismo se ha dado un plazo de tres a cinco años para transmitir totalmente la autoridad y facilitar una especie de relevo generacional “para que los herederos continúen la obra revolucionaria”.

¿Qué quiere decir eso? Nada, salvo mantenerse en el poder. Aunque siguen repitiendo consignas, ya casi nadie cree en el marxismo-leninismo, mientras el gobierno trata de escapar de la improductividad crónica del sistema fomentando ciertos espacios para que la iniciativa privada alivie el desastre del colectivismo. Al tiempo que aplauden los lemas revolucionarios, los muchachos le llaman a Marx “el viejito que inventó el hambre”.

Los adultos, confidencialmente, reconocen este panorama. Después de 52 años de dictadura, y sin un parlamento hostil o una oposición que obstaculizara la obra de gobierno, los seis elementos básicos que determinan la calidad de vida de cualquier sociedad moderna se han agravado hasta convertirse en pesadillas: la alimentación, el agua potable, la vivienda, la electricidad, la comunicación y el transporte.

Raúl Castro, que es una persona realista, y que no se explica por qué los niños cubanos no pueden tomar leche después de los siete años, no ignora que su hermano ha sido el peor gobernante de la historia de la república fundada en 1902. En 56 años de capitalismo, pese a los malos gobiernos, la corrupción, las revueltas frecuentes y los periodos de dictaduras militares, la Isla se convirtió en uno de los países más prósperos de América Latina y La Habana en una de las ciudades más hermosas del mundo. El sector público era mediocre o malo, pero la sociedad civil funcionaba razonablemente bien.

En 52 años de comunismo, en cambio, sujetada con una correa que impedía los alborotos, la sociedad se empobreció hasta los huesos y el paisaje urbano adquirió la apariencia de un territorio bombardeado. El sector público impuesto por los comunistas era terriblemente torpe, infinitamente peor que el de la etapa capitalista, y la sociedad civil (a la que ahora Raúl trata de darle respiración artificial para ver si revive) había sido cruelmente aplastada.

Es con este melancólico diagnóstico con el que los comunistas cubanos celebrarán su Sexto Congreso. Raúl ha convocado a una cúpula dócil a que respalde sus tímidas reformas y legitime a los funcionarios seleccionados. Se propone designar cuadros de menos de sesenta años, pero los que había (Carlos Lage, Felipe Pérez Roque, Roberto Robaina, Remírez de Estenoz) ellos mismos se encargaron de destruirlos.

¿Quién emergerá como el presunto heredero? Se menciona, sotto voce, aunque nadie está seguro, a Marino Murillo, un economista de 50 años, ex oficial del ejército y ex Ministro de Economía, despreciado por los apparatchiks (“es un simple auditor, no un economista”, me contó uno de ellos especialmente sagaz), hoy a cargo de disciplinar al Partido para que durante este VI Congreso acepte sin chistar los cambios propuestos por Raúl. Se le atribuye una lealtad total al general-presidente y la decisión de mantener los elementos fundamentales del sistema comunista, aunque eliminando el paternalismo.

¿Tendrá éxito? No lo creo. Raúl, con el auxilio de Murillo, su entenado ideológico, quiere construir un socialismo sin subsidio y un capitalismo sin mercado. Eso es imposible. Ese disparate hay que enterrarlo, como sucedió en Europa del Este. Sin embargo, no es improbable que, tras la desaparición de los Castro, durante cierto tiempo las Fuerzas Armadas mantengan férreamente el poder, pero sólo hasta que salte la chispa y veamos en Cuba un desenlace violento. Quienes se empeñan en impedir la evolución natural de la historia acaban provocando unas devastadoras catástrofes.

16 April 2011 ~ 0 Comentarios

Carlos Alberto Montaner sobre el Congreso del PCC

08 April 2011 ~ 2 Comentarios

TERREMOTO EN LOS ANDES

Ecuador. El presidente ecuatoriano Rafael Correa persiste tercamente en crearle problemas a su gobierno y, de carambola, a todos sus compatriotas. La acusación por injurias al respetado articulista Emilio Palacio por una columna publicada en” El Universo es otra prueba de que el impulsivo gobernante no entiende cómo opera una república democrática. No comprende que una de” ” las labores clave de los periodistas es juzgar la labor de los funcionarios del sector público y no al revés.

Todavía no se había calmado el escándalo generado por la injusta acusación a Palacio, cuando Correa provocó otra crisis: expulsó a la embajadora de Estados Unidos, Heather Hodges, por el contenido de un cable confidencial enviado al Departamento de Estado que ponía en entredicho la honorabilidad del jefe de la policía. Washington, en represalia, declaró persona no grata al embajador ecuatoriano y se tensaron inútilmente las relaciones entre los dos países.

Ninguna persona sensata se explica por qué Correa, si se sentía injustamente tratado, no manejó discretamente su molestia ante este WikiLeak, como antes había hecho el presidente Felipe Calderón en México en una situación parecida, conflicto que se saldó con la renuncia voluntaria del embajador norteamericano Carlos Pascual. Al fin y al cabo, Ecuador utiliza la moneda de Estados Unidos, su principal socio comercial, y a ese país acude la” intelligentsia profesional para perfeccionarse intelectualmente, como hizo el propio presidente ecuatoriano cuando era estudiante de economía. Las seres cuerdos no se dan patadas en el estómago o en el cerebro.


Perú. Las elecciones peruanas han puesto sobre el tapete una escalofriante realidad: una parte sustancial de ese país no tiene convicciones democráticas o no entiende cómo se crea la riqueza y se combate la miseria. Por una punta del espectro político, la de Ollanta Humala, están los colectivistas, admiradores del chavismo y de la dictadura dinástica cubana, y por la otra, los seguidores del ingeniero Alberto Fujimori, representado en esta contienda por su hija Keiko. Entre ambas fuerzas –discrepantes en el terreno económico, pero coincidentes en el desprecio a las formas democráticas que exige el funcionamiento de una verdadera república– suman casi el cincuenta por ciento del censo electoral.

El dato es muy grave. Demuestra que la estabilidad del país y su espléndido crecimiento económico de la última década, tanto bajo Alejandro Toledo como bajo Alan García, no ha servido para convencer a la inmensa mayoría de los peruanos de que el modelo de la democracia liberal, que es el de los treinta países más felices del planeta, es el que debe mantenerse firme y permanentemente si el país quiere encaminarse hacia el modo de convivencia que se observa en el primer mundo, como ha hecho el vecino Chile. La sociedad peruana no habrá llegado a ese nivel de maduro realismo hasta que los enemigos del mercado, de la libertad y de un genuino estado de derecho ocupen menos del 10% del electorado.


Venezuela. Hugo Chávez ha anunciado la creación de una milicia de un millón de soldados. En realidad, se trata de un ejército partidista de ocupación. Es una enorme banda política armada hasta los dientes y con licencia para hacer daño. Ese millón de ciudadanos será reclutado entre los partidarios del chavismo. Será una tropa roja, rojita, al servicio de Hugo Chávez. De esa colorida manera, esta indumentaria la acercará a sus precedentes históricos más próximos y evidentes: los” camisas negras de Mussolini y los” camisas pardas de Hitler. La función de estos cuerpos paramilitares, generalmente envueltos en una coreografía castrense intimidante, es asustar a la sociedad para obligarla a obedecer los caprichos del caudillo. Si hay algo mil veces comprobado, es que el miedo moldea y unifica el comportamiento de las personas aunque las destroce psicológicamente.” ” A fuerza de golpes y atropellos, la sociedad acaba por bajar la cabeza, se coloca de rodillas y aplaude.

Esta es una mala noticia para los países vecinos de Venezuela. Colombia tiene nuevas razones para preocuparse intensamente. También Guyana, cuyo Esequibo –160,000 kilómetros cuadrados– es intermitentemente reclamado desde hace un siglo por Caracas. Las formaciones paramilitares suelen generar una especie de mentalidad de conquista en el caudillo y en la cúpula dominante. Se sienten invencibles, como les sucedió a Mussolini y a Hitler, y atacan o invaden. Antes de la Segunda Guerra, los italianos se lanzaron primero sobre Etiopía; los alemanes, sobre Austria y Checoslovaquia. Como música de fondo de esas aventuras se podía oír el paso de ganso de las milicias. Como ahora sucede en Venezuela.

04 April 2011 ~ 3 Comentarios

Carter y Raúl Castro

Jimmy Carter fue a visitar a Raúl Castro. La iniciativa fue de Raúl. Quería dejarle saber al presidente Obama que todo era negociable, incluida la puesta en libertad de Alan Gross, un norteamericano condenado a quince años de cárcel en la Isla por obsequiar computadoras y equipos de comunicación para que los desinformados cubanos pudieran acceder a internet. De momento, no liberó a Gross, pero todo se andará. Es cuestión de tiempo.

No está nada claro por qué Raúl Castro no recurre a los diplomáticos norteamericanos acreditados en Cuba para mandar sus mensajes, pero es probable que no confíe en Hillary Clinton y en el Departamento de Estado. Acostumbrado, como está, a que las decisiones importantes las toma él, como las tomaba su hermano, no entiende el funcionamiento institucional de Estados Unidos y tampoco percibe que los asuntos cubanos apenas tienen importancia para el inquilino de la Casa Blanca.

¿Qué quiere Raúl Castro a cambio de su rehén? Tiene, fundamentalmente, dos objetivos: que la Casa Blanca elimine las restricciones de viaje a los norteamericanos para que rápidamente se duplique o triplique la actual cifra anual de turistas que visitan la Isla –unos dos millones—, y que Washington interrumpa de manera permanente la ayuda económica y la distribución de equipos electrónicos a la oposición cubana. En todo caso, esa ayuda hoy está detenida por obstáculos legales interpuestos por el senador demócrata John Kerry, presidente del Comité de Relaciones Internacionales.

¿Tiene Raúl algo más que brindar, además de la libertad de Gross? Tiene poco y es escasamente elegante: se trata, fundamentalmente, de un cambio en la estrategia represiva. En síntesis, maltrata con menor crueldad a sus compatriotas. Escalonadamente, ha puesto en la calle a los 75 demócratas presos en la llamada “primavera negra” del 2003, deportando a España a la mayor parte, y es posible que continúe liberando gradualmente al centenar de presos políticos que todavía quedan en las cárceles.

Ya no condena a los disidentes a largas penas. Se limita a infiltrarlos para saber sus movimientos, los golpea, los intimida y los detiene por periodos breves. Cuando se reúnen o salen a las calles, lanza contra ellos turbas dirigidas por la policía política en lo que allí llaman “actos de repudio”. Raúl ha comprobado que para mantener a la sociedad asustada y en un puño, evitando que el poder se le escape de las manos, bastan esas medidas coercitivas. No es necesario encerrar a los adversarios. Basta con aterrorizarlos. Fidel era exageradamente punitivo.

Pero eso no es todo. También es posible que Raúl abra un poco más la mano económica en el VI Congreso del Partido Comunista que se celebrará en abril. Sabe que la inmensa mayoría de los cubanos desean poder comprar y vender sus viviendas y no hay razón para continuar con las absurdas reglas que lo impiden.

Tampoco ignora que el deseo de los cubanos de poder salir de Cuba o entrar libremente en ella trasciende la cuestión ideológica: comunistas, anticomunistas e indiferentes están de acuerdo en que el gobierno no tiene derecho a prohibir el libre movimiento de las personas. Eliminar ese permiso de salida y de entrada sería extraordinariamente bien recibido por toda la población y él sería aclamado sin necesidad de efectuar ningún cambio trascendental. Sotto voce, los cubanos suelen señalar que Raúl Castro no tiene moral para quejarse de que el presidente norteamericano no deja viajar a los norteamericanos a la vecina Isla, cuando él mantiene secuestrado a su propio pueblo.

¿Habrá un cambio sustancial en la política de Estados Unidos hacia Cuba tras la visita de Carter? No lo creo. La percepción general en Washington, a juzgar por los WikiLeaks, es que el régimen cubano está en una fase final de desmoralización y desgaste y no tiene sentido hacer nada que detenga o revierta esa tendencia. La corrupción es rampante, los hijos de muchos dirigentes se marchan discretamente del país, y el estado anímico que prevalece en los cuadros medios es de fin de régimen. Raúl no ignora nada de esto, pero no tiene modo de impedirlo mientras insista en mantener un régimen colectivista de partido único y obediencia total. Hasta la derrota siempre, General.

04 April 2011 ~ 0 Comentarios

Cuba: Twilight of the regime

Jimmy Carter went to visit Raúl Castro. The initiative was Raúl’s. He wanted to let President Obama know that everything is negotiable, including the release of Alan Gross, an American sentenced on the island to 15 years’ imprisonment for handing out computers and communications equipment so that uninformed Cubans might have access to the Internet. For the moment, he has not freed Gross, but that will happen. It’s a matter of time.

It is not at all clear why Raúl Castro does not turn to the American diplomats who are accredited in Cuba to send his messages, but he probably doesn’t trust Secretary of State Hillary Clinton and the State Department. Accustomed as he is to making the important decisions as his brother did, he doesn’t understand the institutional functioning of the United States, nor does he realize that Cuban affairs are barely important to the White House tenant.

What does Raúl Castro want in exchange for his hostage? Basically, his objectives are two: that the White House eliminate travel restrictions on Americans so the annual number of tourists who visit the island — about two million — doubles or triples swiftly; and that Washington permanently interrupt the economic aid and distribution of electronic equipment to the Cuban opposition. In any case, that aid remains detained today by legal obstacles raised by Democratic Sen. John Kerry, chairman of the Foreign Relations Committee.

Does Raúl have anything else to offer, other than Gross’ freedom? He has little, and it’s hardly elegant: basically, it’s a change in the repressive strategy. In short, he mistreats his compatriots with less cruelty. By stages, he has freed the 75 democrats imprisoned during the so-called “black spring” of 2003, deporting most of them to Spain, and it is possible that he will continue to gradually liberate the hundred or so political prisoners who remain in prison.

He no longer sentences the dissidents to long terms. He infiltrates their ranks to learn their movements, beats them, intimidates them and detains them for brief periods. When they gather or go out on the street, he launches against them mobs directed by the political police, in what are called “acts of repudiation.” Raúl has learned that to keep society scared and in his grasp, to prevent power from slipping through his hands, those coercive measures are enough. It is not necessary to jail his adversaries. Terrifying them is enough. Fidel was exaggeratedly punitive.

But that’s not all. It is also possible that Raúl will open his economic hand a little more at the Sixth Congress of the Communist Party that will be held in April. He knows that the huge majority of Cubans wish to be able to buy and sell their homes and that there’s no reason to keep the absurd rules that prevent that.

Nor is he unaware that the wish of Cubans to freely leave or enter Cuba transcends the ideological issue: communists, anticommunists and those who are indifferent agree that the government has no right to prohibit the free movement of people. To eliminate that exit and entry permit would be extraordinarily welcome by the entire population, and he would be acclaimed without the need to make any transcendental change.” Sotto voce, Cubans usually point out that Raúl Castro has no moral standing to complain that the U.S. president doesn’t allow Americans to travel to the neighboring island when he himself keeps his own people hostage.

Will there be a substantial change in U.S. policy toward Cuba after Carter’s visit? I don’t believe so. The general perception in Washington, judging from the WikiLeaks, is that the Cuban regime is in a final phase of demoralization and erosion, and it makes no sense to do anything that halts or reverses that trend. Corruption is rampant, the children of many leaders are leaving the country discreetly and the state of mind that prevails among the mid-level cadres is that of an end-of-regime. Raúl is not unaware of this but has no way to prevent it, as long as he insists in maintaining a one-party collectivist regime that demands total obedience.

On to defeat always, general.

“© FIRMAS PRESS

THE MIAMI HERALD

Posted on Sun, Apr. 03, 2011

28 March 2011 ~ 0 Comentarios

Fifty million

The U.S. census has produced the figure of 50 million “Hispanics.” Two thirds of that human mass are of Mexican origin. Apparently, the definition of Hispanic comes from the language they speak or their ancestors spoke, or from the family patronymic.

A gentleman surnamed Pérez, a fourth-generation American who speaks not a word of Spanish, is a Hispanic. On the other hand, my friend Patterson, a brilliant professor of philosophy, a black Cuban who lives in Miami and speaks English with a very strong accent (“patriotically poorly,” as Unamuno wanted us to speak foreign languages) is not exactly a Hispanic in accordance with the census. But he’s also not an African-American. I don’t know which box on the census questionnaire Patterson checked.

The U.S. census is a conceptual absurdity. For instance, actress Jennifer López, of Puerto Rican origin, is Hispanic. However, actress Cameron Díaz, a descendant of Cubans, is not. Why? Impossible to know.

There’s also something of a “strategic identity” that is voluntarily assumed. Because the authorities in Washington have engaged in this absurd task of classifying society in various manners (by the color of the skin, by the surnames, by the geography, by the ethnicity), those who are classified learn to use their purported identity whenever it suits them.

For example, the five talented children of a couple I know – a male and four females – white, intelligent, from the higher middle class, born in the United States, fortunately blessed with a Hispanic surname, used this flimsy factor to gain access to good universities, preferential loans and the bureaucratic protection that benefits minorities.

The four women – married to U.S. Americans of Irish origin – acquired their husbands’ surnames. They and their descendants have now disappeared from the Hispanic census.

There is a basic contradiction between the legal concept of the American nation and the census the country conducts every 10 years. Supposedly, the United States is a legally egalitarian republic that does not take into account the sex, race, origin, religion or culture of those who live voluntarily subjected to its Constitution.

The State conceived by the founding fathers was based on that premise. With time, some scholars began to talk about the “constitutional patriotism” as the great cohesive factor of society. To be an American was simply to place oneself under the rule of law.

The Census, however, from the perspective of the mainstream – those 200 million white, non-Hispanic Americans – capriciously (and perhaps unconstitutionally) classifies the remaining 110 million – African-Americans, Hispanics of all races, Asians and other residual creatures of difficult taxonomy – without pausing to observe that its own definition changes with time.

What is the “white-non-Hispanic” category that occupies two thirds of the census? Several decades ago, the Italians, Irish and Jews suffered great discrimination and were not considered exactly as” white by the dominant stream, founded on the prejudiced outlook of a culture that was originally English-German-Dutch.

With time, however, the ranks of the whites opened and absorbed other people who were eager to blend into the melting pot of the central stream of U.S. society.

The President of the United States himself is an enigma to the Census. Why is he an African-American if his mother was white and he lived most of his life in a very exclusive and predominantly white milieu? Why not a European-American? For the purpose of collectivity and his work as chief of State, what real meaning does President Obama’s genetic composition have?

There’s no question that it is important to survey societies, to learn their material living conditions, identify their lacks and needs and make note of their changes, but it is foolish to introduce in the poll subjective factors impossible to ponder, forever anchored in prejudice.

Contrary to what one might think, these classifications, far from accelerating the integration of immigrants into a healthily homogeneous society, only prolong the differences.

I’ve told this many times, because it seems to me to be a precious example. In” Derso Uzala, the film by Akira Kurosawa, when Dersu, a Chinese nomadic hunter, is asked of what country he is a citizen, he stares in puzzlement and answers: “I am a human being.”” That’s the only important fact. [“©FIRMAS PRESS]

*www.firmaspress.com

28 March 2011 ~ 0 Comentarios

CINCUENTA MILLONES

El censo norteamericano arroja la cifra de cincuenta millones de “hispanos”. Las dos terceras partes de esa masa humana son de origen mexicano. Aparentemente, la definición de hispano viene dada por el idioma que hablan o que hablaban sus antepasados, o por el patronímico familiar.

Un señor de apellido Pérez, norteamericano de cuarta generación, que no habla una palabra de español, es un hispano. En cambio, mi amigo Patterson, brillante profesor de Filosofía, un cubano negro radicado en Miami, que habla inglés con un acento muy fuerte, “patrióticamente malo”, como quería Unamuno que se hablaran los idiomas extranjeros, no es exactamente un hispano de acuerdo con el censo. Pero tampoco es un afroamericano. Ignoro en qué casilla Patterson hizo su cruz en la famosa planilla.

El censo americano es un disparate conceptual. La actriz Jeniffer López, de ascendencia puertorriqueña, por ejemplo, es hispana. La actriz Cameron Díaz, descendiente de cubanos, en cambio, no es hispana. ¿Por qué? Imposible saberlo.

Hay algo, también, de “identidad estratégica” voluntariamente asumida. Dado que las autoridades de Washington se han metido en este absurdo berenjenal de clasificar a la sociedad de diversas maneras (por el color de la piel, por los apellidos, por la geografía, por la etnia), los clasificados aprenden a utilizar esa supuesta identidad cuando les conviene.

Por ejemplo, los cinco talentosos hijos de un matrimonio amigo –un varón y cuatro mujeres–, blancos, inteligentes, de clase media alta, nacidos en Estados Unidos, afortunadamente dotados con un apellido hispano, utilizaron este factor insustancial para acceder a buenas universidades, a préstamos preferentes y a la protección burocrática que beneficia a las minorías.

¿Qué los hacía merecedores de esa “acción afirmativa”? En realidad, algo que era una ventaja comparativa con relación a los anglos: eran bilingües y biculturales. Es decir, obtenían ciertos privilegios por poseer una identidad más rica y compleja. Las cuatro mujeres, hoy casadas con norteamericanos, casualmente de origen irlandés, adquirieron los apellidos de los maridos y ya ellas y sus descendentes desaparecieron mágicamente del censo hispano.

Hay una contradicción esencial entre la concepción jurídica de la nación americana y el censo que el país realiza cada diez años. Se supone que Estados Unidos es una república legalmente igualitaria que no toma en cuenta el sexo, la raza, el origen, la religión o la cultura de quienes viven voluntariamente sometidos a su Constitución. El Estado concebido por los padres fundadores partía de esa premisa. Con el tiempo, algunos estudiosos comenzaron a hablar del “patriotismo constitucional” como gran cohesivo de la sociedad. Ser americano era, simplemente, colocarse bajo la autoridad de la ley.

El Censo, en cambio, desde la perspectiva del” mainstream –esos 200 millones de norteamericanos blancos-no hispanos— clasifica caprichosa y quizás inconstitucionalmente a los 110 millones restantes (afro-americanos, hispanos de todas las razas, asiáticos y otras criaturas residuales de difícil taxonomía), sin detenerse a observar que su propia definición va cambiando con el tiempo.

¿Qué categoría es ésa “blanco-no hispano” que ocupa las dos terceras partes del censo? Hace varias décadas los italianos, irlandeses y judíos sufrían grandes discriminaciones y no eran considerados exactamente como” blancos por la corriente dominante fundada en la prejuiciada mirada de una cultura que, en sus orígenes, fue anglo-germana-holandesa. Con el tiempo, sin embargo, las filas de los blancos fueron abriéndose e incorporando a otros pueblos deseosos de fundirse dentro del” melting pot de la corriente central de la sociedad norteamericana.

El propio presidente de Estados Unidos es un enigma para el dichoso Censo. ¿Por qué es un afroamericano si su madre era una señora blanca y él ha vivido la mayor parte del tiempo en un medio muy exclusivo y predominantemente blanco? ¿Por qué no es considerado un “euroamericano” si de allí vienen el 50% de sus genes y el 100% de su cultura? Pero, a los efectos de la colectividad y de su trabajo como jefe de Estado, ¿qué interés real tiene la composición genética del presidente Obama? ¿A quién le importa esa absurda clasificación?

No hay duda de que es importante censar a las sociedades, averiguar sus condiciones materiales de vida, identificar sus carencias y necesidades y tomar nota de los cambios, pero es un disparate introducir en la encuesta factores subjetivos de imposible ponderación, casi siempre anclados en el prejuicio. Contrario a lo que pudiera pensarse, estas clasificaciones, lejos de acelerar la integración de los inmigrantes en una sociedad saludablemente homogénea en el terreno cultural, lo que consiguen es prolongar las diferencias.

Lo he contado varias veces porque me parece un ejemplo precioso: en” Derso Uzala, la película de Akira Kurosawa, cuando el oficial ruso le preguntan a Dersu, un cazador nómada chino que deambula por la estepa, a qué país pertenece, éste se queda mirando, asombrado, y responde: “yo soy un ser humano”. Eso es lo único importante.