El Blog de Montaner

Bienvenido al Blog de Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Reside en Madrid desde 1970. Ha sido profesor universitario en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es escritor y periodista. Varias decenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen desde hace más de treinta años su columna semanal.

16 November 2010 ~ 1 Comentario

Once again, Jefferson vs. Hamilton

(FIRMAS PRESS) The colorful note in these recent elections was provided by the organizers of the Tea Party, enthusiastic conservatives who call themselves the heirs and defenders of the Founding Fathers’ political tradition. Are they? Yes, but only to a certain point.

The Founding Fathers did not have a single vision of the functions of the state. Beginning in the last two decades of the 18th Century, Federalists and Anti-Federalists confronted each other vigorously in all forums in a debate that is still occurring, which then featured two of the most brilliant minds of the era: Alexander Hamilton and Thomas Jefferson. There is, then, a Tea Party that we associate with the Republicans, but there very well may be another one, of a Democratic nature.
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10 November 2010 ~ 0 Comentarios

Carlos A. Montaner – Seminario Internacional – 5to Aniversario MC

08 November 2010 ~ 1 Comentario

CUBA: El regreso de los partidos

Los partidos políticos, poco a poco, dentro y fuera de Cuba, aunque estén prohibidos y perseguidos en la Isla, van resurgiendo. Eso es magnífico: la democracia representativa necesita cauces de expresión y hasta ahora no se ha encontrado una fórmula mejor para darle vida a este sistema que la existencia de partidos políticos vigorosos, provistos de un diagnóstico de los males sociales, una receta para aliviarlos y un método para canalizar las naturales ambiciones de liderazgo.

Curiosamente, a fines del siglo XVIII, cuando surge en Estados Unidos la primera república moderna, las reflexiones de los “padres fundadores” se encaminan a perfeccionar la arquitectura institucional del nuevo Estado que se disponían a forjar, pero no hay previsiones sobre cuáles van a ser los vehículos para acceder al poder. Nadie habla de los partidos.

Sin embargo, paulatinamente, casi sin proponérselo, los líderes comienzan a formar partidos en lo que recuerda, en el terreno político, el “orden espontáneo” que luego Hayek consignara para describir el crecimiento del capitalismo. Surge un orden espontáneo de carácter político, no planificado, cambiante y proteico, que va modificándose con el paso del tiempo de acuerdo con los puntos de vista que imperan en la sociedad.

Ese orden político espontáneo hoy existe en Cuba. Es notable como dentro de la Isla las personas más inquietas, fatigadas de la mediocridad, los atropellos y los fracasos del Partido Comunista, comienzan a integrar grupos y formaciones nucleados en torno a cuatro de las tendencias más nutridas del mundo político democrático: liberales, democristianos, conservadores y socialdemócratas.
Es decir, el mismo tejido político que le da sentido y forma a la Unión Europea, como comprobamos cuando examinamos el Parlamento de esa institución: el noventa por ciento de sus representantes forman parte de algún partido político incardinado en una de esas cuatro orientaciones.

No obstante, acaso lo conveniente en esta fase de la historia cubana, en la última etapa de la dictadura comunista, sea forjar una suerte de gran frente democrático en el que comparezcan esa cuatro tendencias. ¿Es eso posible? ¿Qué tienen en común estas cuatro familias políticas? ¿Qué separa a estos partidos democráticos del Partido Comunista? A responder esas preguntas se encaminan los párrafos que siguen.

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04 November 2010 ~ 1 Comentario

Otra vez Jefferson contra Hamilton

La nota pintoresca de estas últimas elecciones norteamericanas la dieron los organizadores de los “tea party”, unos entusiastas conservadores que se dicen herederos y defensores de la tradición política de los “padres fundadores”. ¿Lo son? Sí, pero sólo hasta cierto punto. Los padres fundadores no tenían una visión única de las funciones del Estado. A partir de las últimas dos décadas del siglo XVIII, federalistas y antifederalistas se enfrentaron vigorosamente en todas las tribunas en un debate que llega hasta nuestros días y que entonces contó con dos de las cabezas más brillantes de la época: Alexander Hamilton y Thomas Jefferson. Existe, pues, un tea party que hoy asociamos a los republicanos, pero muy bien pudiera haber otro de carácter demócrata.

Hamilton, aunque de origen humilde –era un huérfano procedente del Caribe inglés–, desarrolló una cosmovisión urbana y sofisticada, y fue designado como Secretario del Tesoro por George Washington, de quien fue ayudante durante la Guerra de Independencia, y quien lo tenía como el intelectual más destacado de su gabinete. Hamilton defendía la necesidad de un gobierno central fuerte que estimulara el comercio y la industria. Puso en marcha un banco central federal para esparcir el crédito, dado que la Constitución no lo prohibía, y propuso tarifas proteccionistas para desarrollar el aparato productivo nacional encareciendo las importaciones extranjeras. Desde nuestra perspectiva contemporánea, Hamilton era un brillante intervencionista que podía ser declarado santo patrón del actual Partido Demócrata.

Jefferson, en cambio, desconfiaba de un gobierno central fuerte, mientras postulaba la idea de una república virtuosa, sometida al control de la sociedad y sostenida por pequeños agricultores. Pensaba que era mejor distribuir el poder entre los Estados y las entidades locales para proteger los derechos individuales del riesgo de la tiranía, su mayor terror. Al margen de su explícito rechazo al endeudamiento que tendrían que pagar las generaciones futuras por medio de impuestos, su argumento contra el gran banco federal desmontaba y revertía el razonamiento de Hamilton: como la Constitución de 1787 no autorizaba expresamente la creación de esa entidad crediticia, el gobierno no debía fundarla. Para Jefferson, los límites de la legalidad eran muy claros: el gobierno sólo podía hacer lo que la ley ordenaba; la sociedad, en cambio, podía hacer todo lo que la ley no prohibía. Eran dos ámbitos de acción e iniciativas muy diferentes. Jefferson, con toda justicia, podía ser el ángel guardián de los republicanos de nuestros días.

De manera imprevista, la querella entre estos dos formidables estadistas se acalló momentáneamente por un violento suceso: Aaron Burr, vicepresidente de Jefferson, mató a Hamilton en un duelo a pistola, tarea que no era nada fácil, dado que el famoso economista se había batido anteriormente en veintiuna oportunidades. Los dos padres de la patria, ambos héroes de la Guerra de Independencia, habían alimentado una creciente hostilidad y mutuas maledicencias que desembocaron en un sangriento enfrentamiento, como entonces se estilaba entre caballeros agraviados. Luego Burr terminó perseguido por Jefferson, pero no por haberle quitado la vida a Hamilton, sino por una oscura conspiración que tenía ribetes separatistas, supuestamente asentada en la inmensa Louisiana que Napoleón le había vendido por una bicoca al gobierno de Jefferson como parte de su estrategia antibritánica.

Es interesantísimo cómo los elementos esenciales de aquella polémica entre Hamilton y Jefferson conservan gran parte de su vigor original. Los republicanos, al menos teóricamente, aunque luego lo desmienten cuando ocupan la Casa Blanca, abogan por gobiernos pequeños, menos impuestos, presupuestos equilibrados, gasto limitado y cierto aislacionismo en política exterior. Los demócratas, en cambio, suelen decantarse por una enérgica acción pública, mayor presión fiscal encaminada a una redistribución más equitativa de la riqueza y, a veces, por cierta vocación intervencionista en política exterior que emana de la optimista convicción de que el gobierno federal es capaz de moldear la realidad a su antojo.

Esta vez ganó Jefferson. ¿Por cuánto tiempo? ¿Dos, cuatro, ocho años? Hamilton, en algún momento, recobrará el favor popular, pero sólo para perderlo después de cierto tiempo. Hace más de dos siglos estos dos gigantes le dieron sentido y forma a la República creando, de paso, el mecanismo dialéctico que animaría permanentemente el debate sobre los objetivos nacionales y el modo de alcanzarlos. Todavía está vivo. Hay algo muy hermoso en esa extraordinaria vitalidad. [“©FIRMAS PRESS]

26 October 2010 ~ 18 Comentarios

Carlos Alberto Montaner: no tengo la edad, la salud ni el deseo de convertirme en presidente de Cuba

Fotografía cortesía de: www.diariodecuba.com

El periodista y escritor Carlos Alberto Montaner, presidente de la Unión Liberal Cubana, responde a las preguntas de los lectores de DIARIO DE CUBA.

Rodolfo González González: ¿Cuáles deberían ser las primeras acciones de los gobiernos de América para tener lo antes posible una sola moneda y un mercado abierto?

La idea de un mercado común es buena. Lo que es más problemático es contar con una moneda única. Tal vez ni siquiera sea conveniente. Los países de baja productividad, como los nuestros, pueden encajar las crisis mediante las devaluaciones. Es una medida dolorosa, porque significa un empobrecimiento colectivo, pero es menos grave que el colapso total. Una moneda única para tantas economías disímiles traería algunos beneficios, como cierto control del gasto público, pero crearía más problemas de los que soluciona. Además, ¿dónde estaría el banco de emisión y quién lo controlaría? Me aterraría que una institución como ésa quedara en manos de economistas estructuralistas argentinos, de marxistas bolivianos o de otros funcionarios irresponsables convencidos de las virtudes de la inflación. Sería la total locura.

Presidente del CDR No. 22 de Playa: Walesa argumenta que con nosotros es un lío organizarse dada la cantidad de partidos y voces, muchas veces opuestos, como disidencia. ¿Qué estrategia, camino o señal aconsejaría usted para junto a la oposición interna, hacer un frente unido por la democracia en la Isla?

Sí, tenemos visiones diversas y estrategias distintas. Es natural en un universo formado por cientos de miles de personas que forman parte de distintas generaciones y poseen experiencias vitales totalmente diferentes. Un cubano-venezolano, un disidente nacido y criado en Cuba y un balsero cubano-miamense que llegó por el Mariel, por sólo mencionar tres variantes de opositores entre una posible veintena, necesariamente tienen que tener percepciones muy distintas sobre Cuba. Además, esa división de criterios probablemente es inevitable en cualquier colectividad que no tiene cómo jerarquizar sus opciones o evaluar a sus líderes. No obstante, paradójicamente, eso tiene una ventaja: las iniciativas de lucha contra la dictadura se multiplican espontáneamente. Antes existía Encuentro en la Red. Ahora existe, además, DIARIO DE CUBA y otras docenas de opciones. En Suecia, Alexis Gaínza hace la guerra por su cuenta y en Francia tenemos a Zoé Valdés o a Eduardo Manet. Podría dar mil ejemplos. La falta de unidad multiplica los frentes. Sin embargo, cuando llegue la hora de la acción política estoy seguro de que podremos forjar una suerte de frente común democrático.

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26 October 2010 ~ 16 Comentarios

Look toward the future, not the past

THE MIAMI HERALD
Posted on Tue, Oct. 26, 2010

BY CARLOS ALBERTO MONTANER
www.firmaspress.com

Andres Oppenheimer has done it again. Some years ago, he published Saving the Americas, and the book became a best-seller almost instantly throughout the region. His description of China’s booming economy — which in 1985 was the size of Brazil’s and now is the world’s second-largest, surpassed only by the United States — was (or should have been) a kind of wake-up call for Latin America’s conscience.

Now Oppenheimer has returned with an even more important work: Basta de Historias! (Enough of History!): Latin American Obsession With the Past and the 12 Keys to the Future. It was released by Debate Publishers in Mexico and most probably will become an essential component of the oldest and most vivid of all our conundrums: why Latin America is poor and underdeveloped. Ever since Uruguayan writer José Enrique Rodó published Ariel in 1900, we have been exploring the topic without finding a universally satisfactory answer.

The discussion has been joined by absolutely all the relevant Latin American figures, from Octavio Paz to Hugo Chávez, from Carlos Rangel to Juan Domingo Perón. Some armed themselves with words, others with guns, but all were convinced that they knew the deep-rooted reasons why the inhabitants of Switzerland, a multiethnic country without access to the sea and thinly populated, like Bolivia, have a per-capita income 15 times greater than the people in that Latin American country.

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25 October 2010 ~ 7 Comentarios

Conferencia en El Salvador

Fui a dar una conferencia a El Salvador invitado por la Cámara de Comercio y los servicios policiacos cubanos, como casi siempre, montaron su acostumbrado acto de repudio frente al edificio. Nada espectacular: unos cuantos sujetos que vociferaban obscenidades y sin ninguna imaginación gritaban consignas y entonaban pareados revolucionarios de los años sesenta y setenta. Los invitados a mi charla, unas 300 personas, ignoraron la gritería y procedieron tranquilamente al salón, en el piso veinte del soberbio edificio.

Al terminar mi conferencia, un diplomático radicado en el país, muy buen conocedor de la situación nacional, me explicó que el embajador cubano, un señor llamado Pedro Pablo Prada, era un fanático situado en el Salvador con el propósito de radicalizar el proceso político salvadoreño, conducta que preocupaba al gobierno del presidente Mauricio Funes, un demócrata empeñado en mantener la ley, la armonía y el sentido común en un país notablemente polarizado.

Le respondí que en los países libres existía el derecho a la protesta callejera, aunque fuera orquestada por una embajada extranjera que financiaba y coordinaba estos “actos de repudio”. Por otra parte, no tenía la menor idea de quién era o qué se proponía el señor Prada, pero tampoco me sorprendía su actitud. Ese tipo de conducta irresponsable y provocadora forma parte de la estrategia internacional de la dictadura comunista cubana. No obstante, le dije que nunca había entendido la rentabilidad ideológica de esas groseras manifestaciones públicas de la policía política cubana en suelo extranjero. Todo lo que consiguen es mostrar la peor cara del castrismo: la vulgaridad, la intolerancia, y la incapacidad para aceptar o debatir serenamente ideas diferentes a las que ellos predican e imponen por la fuerza. Esa noche, quienes escucharon mi conferencia (que sigue a continuación) tuvieron otra prueba de que mis afirmaciones estaban bien encaminadas.

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25 October 2010 ~ 1 Comentario

Montaner: la izquierda radical vende paranoia en la región

Fuente: Elsalvador.com

Imágen obtenida de elsalvador.com

Las denuncias de supuestos intentos de golpe de Estado y magnicidios en los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) y sus aliados son parte de una “paranoia estratégicamente manejada” para radicalizar a las izquierdas y encubrir problemas internos como la corrupción y la incapacidad para gobernar.

Esa es la conclusión a la que llega el escritor y periodista de origen cubano Carlos Alberto Montaner al ser entrevistado anoche por El Diario de Hoy, tras su llegada a El Salvador.

Montaner, quien es columnista de El Diario de Hoy desde hace décadas, analizó la situación coyuntural en América Latina y especialmente la ola de denuncias de supuestos golpes de Estado en varios países con regímenes de izquierda.

La constante en la mayoría de los casos, a su juicio, han sido las denuncias de supuestos golpes, intentos de magnicidio y amenazas a la libertad de expresión. Para él, todo esto tiene una razón que debe ser advertida por todos.

“Lo que están intentando es convertirse en víctimas de un peligro que no es real para que no haya garantías para toda la sociedad, como ha ocurrido en Venezuela y Ecuador y utilizar ese supuesto peligro para que no se hable de nada que tenga que ver con el mal gobierno del que son culpables”, enfatizó.

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25 October 2010 ~ 0 Comentarios

El presidente Funes y los empresarios se necesitan mutuamente

Entrevista publicada en: Laprensagrafica.com

Imágen obtenida de laprensagrafica.com

Carlos Alberto Montaner, un analista político internacional, ha venido a El Salvador para disertar sobre libertad y democracia, como parte de las actividades para conmemorar los 95 años de fundación de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador.

Salió de Cuba cuando tenía 18 años, de modo que, a estas alturas en las que se considera “de la tercera edad”, hasta casi ha olvidado la nostalgia. Carlos Alberto Montaner llama a los empresarios a entenderse con el presidente Mauricio Funes, pero también le pide a este que se acerque a los hombres de negocios. Sobre el Frente no tiene ni una palabra positiva. Eso sí, cree que la derecha la tiene muy difícil, tan fragmentada que podría permitir otro triunfo de la izquierda.

En el caso de la libertad de expresión y democracia El Salvador ha sufrido un retroceso, pero también los hay en Panamá y Bolivia, es decir, no está circunscrita a una ideología. ¿Qué pasa en la región?

Eso es grave. Hay que imitar la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que prohíbe a los estados legislar en materia de libertad de expresión. Cuando se subvierte el orden y los políticos se dedican a vigilar a la prensa, entonces estamos en camino al totalitarismo.

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14 October 2010 ~ 2 Comentarios

El origen del atraso latinoamericano

(FIRMAS PRESS. Madrid) Andrés Oppenheimer acertó de nuevo. Hace unos años publicó Cuentos chinos y el libro se transformó en un bestseller casi instantáneamente. Su descripción del crecimiento económico de China, cuya economía en 1985 era del tamaño de la brasilera y hoy es la segunda del planeta, sólo superada por Estados Unidos, fue (o debió ser) una especie de aldabonazo en la conciencia latinoamericana.

Ahora Oppenheimer ha regresado con una obra aún más importante: “¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las doce claves del futuro. La ha publicado Debate en México y es muy probable que se convierta en un componente esencial de la más antigua y viva de todas nuestras polémicas: por qué América Latina es pobre y subdesarrollada. Desde que el uruguayo José Enrique Rodó publicó Ariel en 1900 estamos explorando el tema sin encontrar una respuesta universalmente satisfactoria.

Por esa discusión han pasado absolutamente todas las figuras relevantes latinoamericanas, desde Octavio Paz hasta Hugo Chávez, desde Carlos Rangel hasta Juan Domingo Perón, unos armados con palabras y otros con fusiles, pero todos convencidos de conocer las razones profundas que explican por qué los habitantes de Suiza, un país multiétnico, sin salida al mar y escasamente poblado, como los de Bolivia, tienen quince veces el per cápita de este país latinoamericano.

La tesis de Oppenheimer, como el dios Jano, tiene dos caras. Por una parte, están las raíces culturales, generadoras de una actitud poco práctica ante la vida. Es una sociedad pródiga en abogados y humanistas, que gradúa muchos más psicólogos que ingenieros o especialistas en informática. En ese sentido, paradójicamente, es un libro dentro de la tradición de Ariel, pero mientras Rodó reivindicaba el componente espiritual del hombre latinoamericano, contraponiéndolo al materialismo desdeñable del Calibán anglosajón (arquetipos que Rodó extrajo de La Tempestad de Shakespeare), a Oppenheimer le resulta lamentable ese rasgo predominante en Hispanoamérica.

¿Hay remedio para el atraso relativo latinoamericano? Sí, postula Oppenheimer, pero sólo si se produce una profunda y duradera reforma educativa. Ese es el otro caballo de batalla que recorre su libro capítulo tras capítulo. En lugar de continuar discutiendo sobre los males de la colonia o sobre los viejos y continuados errores de la república, hay que observar cuidadosamente cómo enseñan y aprenden los finlandeses, dueños del mejor sistema educativo del planeta; qué han hecho los israelíes en medio del desierto para construir una sociedad próspera, libre y altamente desarrollada; cuáles son los secretos del pequeño Singapur, una excrecencia geológica situada en el Pacífico, atiborrada de personas, cuya riqueza per cápita es mayor que la norteamericana.

Como Oppenheimer es un hombre práctico, sólo toma en serio los resultados. No pierde el tiempo examinando teorías. Sabe que en un mundo globalizado, regido por la competencia, en plena civilización del conocimiento, ganarán los más sabios, los más productivos y organizados, los más innovadores y creativos, siempre que cuenten con las instituciones adecuadas, y esas personas, lamentablemente, no abundan en nuestros pagos.

En todas las pruebas escolares internacionales en las que los estudiantes miden su dominio de las matemáticas, los latinoamericanos invariablemente quedan en los últimos puestos, casi siempre junto a los africanos. ¿Cómo vamos a competir adecuadamente contra europeos, norteamericanos, chinos o hindúes, si nuestras masas están notablemente peor educadas y nuestras élites no acaban de entender la importancia de la ciencia, la tecnología y la investigación original?

¿Hay algún país latinoamericano que se aparte del pelotón y muestre algunos elementos de excelencia educativa? No, de acuerdo con los datos objetivos. Ni siquiera Chile, que hoy está a la cabeza del continente. Ninguno. No hay una sola universidad latinoamericana entre las 200 mejores del planeta, y apenas comparecen tres o cuatro entre las primeras 500. Un pequeño estado, como Israel, registra anualmente más patentes científicas que toda América Latina con sus 550 millones de habitantes. Es verdad que los brasileros fabrican aviones, pero ese logro no lo convierte en una pujante potencia del primer mundo.

¿Por dónde se comienza a reparar este secular fracaso? Un amigo banquero, entusiasta incorregible, ha comprado 20 ejemplares de “¡Basta de historias! para regalarlos a los mandatarios latinoamericanos. Ojalá que lo lean. Pero, sobre todo, ojalá que lo entiendan. [“©FIRMAS PRESS]