El Blog de Montaner - Page 210 of 216 - El Blog de Carlos Alberto Montaner

Bienvenido al Blog de Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Reside en Madrid desde 1970. Ha sido profesor universitario en diversas instituciones de América Latina y Estados Unidos. Es escritor y periodista. Varias decenas de diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen desde hace más de treinta años su columna semanal.

11 March 2011 ~ 0 Comentarios

SIN MUJERES NO HAY PAÍS

Ileana Fuentes es una notable ensayista dedicada a diversas tareas relacionadas con la cultura cubana, y una de ellas, probablemente la que más la apasiona, es la defensa de las buenas causas feministas. Ileana acaba de inaugurar un blog: http://sinmujeresnohaypais.wordpress.com. Bien por ese blog y por el ensayo que ha publicado. En él descubro que en 1958 había 900 asociaciones cívicas dirigidas por mujeres. Ese universo de mujeres alertas fue sustituido por la Federación de Mujeres Cubanas, al tiempo que se acusaba a las antiguas feministas de haber pertenecido a la burguesía, algo sorprendente cuando recordamos que la FMC fue el feudo particular de Vilma Espín durante varias décadas, una señora educada en Estados Unidos procedente de una rica familia oriental.

Acusar a las feministas cubanas de burguesas (sabe dios qué quiere decir eso) porque pertenecían a los niveles sociales medios y altos es tan miserable como acusar de eso mismo a los líderes de la insurrección contra España en 1868, o los que pelearon contra Machado, contra Bastista y contra Castro, porque la mayoría pertenecía a los estratos más solventes del país. Resulta que entre las virtudes de la clase dirigente cubana (por llamarle de alguna manera) estaba la de la responsabilidad social, al extremo de arriesgar la vida por conquistar las libertades. Eso nos honra y nos distingue de otros pueblos latinoamericanos en los que las personas con cierto nivel económico o educativo no suelen jugarse la vida o el bienestar por defender sus ideales.

11 March 2011 ~ 0 Comentarios

PM COMENTADO POR IGNACIO URÍA

PM COMENTADO POR IGNACIO URÍA

Ignacio Uría, profesor de la Universidad de Navarra y cubanólogo que ama a la Isla, ha escrito un comentario justamente generoso a propósito de PM. Se trata de un excelente artículo sobre una película, que si bien es un corto metraje filmado sin recursos y sin pretender lograr una obra maestra, tiene una gran dignidad profesional y, sobre todo, una importancia extrema en la historia de la entronización de la dictadura comunista. PM, de Orlando Jiménez-Leal, también director de El Super, una de las mejores películas cubanas de todos los tiempos, con la ayuda de Sabá Cabrera Infante, estremeció al mundo de los intelectuales y los enfrentó a tomar decisiones sobre la situación que se nos venía encima. Su prohibición, como diría Vallejo, fue el heraldo negro que nos avisó de la llegada del totalitarismo a Cuba. Tras el discurso de Fidel ya nadie podía dudar de que el estalinismo se había implantado en el país. PM es un hito clave en toda esta triste historia.

09 March 2011 ~ 2 Comentarios

Posted on Mon, Mar. 07, 2011 THE MIAMI HERALD Peronists seek to stifle Vargas Llosa

The Buenos Aires Book Fair, the largest in the entire Spanish-language cultural world, invited Mario Vargas Llosa, a recent Nobel laureate in literature, to inaugurate the event on April 20.
At once, a group of Argentine intellectuals headed by the director of the National Library, rose in opposition in a public letter, supposedly because the presence of the Peruvian writer “offends a large segment of the culture of Argentina,” i.e., the Peronist faction.

Showing considerable common sense, President Cristina Fernández of Argentina phoned the fanatic and asked him to drop his stance. It was counterproductive.

In the recent past, when Néstor Kirchner was alive, Vargas Llosa was a harsh critic of the Kirchners, especially of the couple’s astounding ability to multiply the family estate in a less-than-unorthodox manner.

The article that gave the Peronists a biliary colic was entitled The Flower of Couples, [roughly, What a Couple!] which explained, in an ironic tone with a touch of black humor, based on public information, how this political duo bought large tracts of land for approximately $1 per square meter and sold them, one year later, for $70. Thus, in a very short time, the Kirchners multiplied the known family fortune tenfold, to become multimillionaires.

One of the most enigmatic features of Peronism, and to some extent of a substantial part of society in Argentina, is its complicit indifference to the open dishonesty of many of its politicians.

They do not care that the politicians ransack the public treasury, that they receive large bribes or constantly infringe half the penal code. When elections come, the Peronist candidates who behave thus (not all, thankfully) are backed by some voters who don’t seem to understand that the riches amassed by these thieves are filched, directly or indirectly, out of the pockets of all Argentines.

Why is a segment, perhaps the majority, of the Argentine electorate insensitive to these violations of the law and moral standards? In my view, for three reasons:

• Because, 60 years ago, Peronism introduced a practice of patronage politics in which the militants give their support in exchange for some privilege or gift given by the politicians. They vote with their stomachs, not with their hearts or heads.

• Because a cynical attitude prevails towards the democratic system, built on the false premise that “all politicians are equally corrupt.” (That’s not true; in Argentina there are honest politicians and officials.)

• Because many Argentines, after several generations of continuous apathy, are willing to flout the law if they obtain some benefit from it. That makes a mockery of the republican ideal of a society of thoughtful citizens, voluntarily placed under the authority of the law. That responsible attitude simply does not prevail in a country where it’s common to boast about breaking the rules.

It’s no wonder that this lamentable civic climate nurtures an atmosphere conducive to the use of fascist tactics inimical to republican virtues, a habit of using some degree of violence against those who report violations of law, or simply express opinions contrary to the official current.

Although, at the president’s request, the movement of those who sought to keep Mario Vargas Llosa from inaugurating the fair was rejected, it is likely that the official sectors of Peronism will assemble what in Argentina is called an escrache , a word that describes a kind of violent pogrom designed to silence a lecturer or intimidate those who wish to hear him.

Who will be the escrachers? There are more than enough. Argentina is one of the few countries in the world whose government subsidizes violent groups to methodically wreck the social peace and strain the relations between sectors with different viewpoints. They are professional brawlers, thugs supported with taxpayer money. They live from that and for that. They are the agents of paid intolerance.

(c) 2011, Firmas Press

09 March 2011 ~ 3 Comentarios

ARGENTINA Y LA VIOLENCIA SUBSIDIADA

Carlos Alberto Montaner
La Feria del Libro de Buenos Aires, la mayor de todo el ámbito cultural en lengua española, invitó a Mario Vargas Llosa, reciente Premio Nobel de Literatura, a inaugurar el evento el próximo 20 de abril. Inmediatamente, un grupo de intelectuales argentinos, encabezados por el Director de la Biblioteca Nacional, se opuso mediante una carta pública, porque, supuestamente, la presencia del escritor peruano “ofende a un gran sector de la cultura argentina”, es decir, a la facción peronista. Con bastante sentido común, la presidente argentina, Cristina Fernández, llamó al fanático que la defendía con tanto ardor y le pidió que depusiera su actitud. Era contraproducente.
Vargas Llosa, en el pasado reciente, cuando vivía D. Néstor, fue un crítico acerbo del matrimonio Kirchner, especialmente por la asombrosa capacidad que tenían los esposos para multiplicar el patrimonio familiar de manera poco ortodoxa. El artículo que irritó hasta el cólico hepático a los peronistas se tituló Flor de pareja, y explicaba, en un tono irónico, con un toque de humor negro, basándose en información pública, cómo este dúo de políticos compraba grandes terrenos al costo (aproximado) de un dólar por metro cuadrado, para venderlos, un año más tarde, a setenta. De esa manera, en muy poco tiempo, los Kirchner multiplicaron por diez la fortuna familiar conocida, hasta convertirse en multimillonarios.
Uno de los rasgos más enigmáticos del peronismo, y en cierta medida de una parte sustancial de la sociedad argentina, es la indiferencia cómplice ante la manifiesta deshonestidad de muchos de sus políticos. No les importa que saqueen el erario público, que reciban cuantiosas coimas o que vulneren medio código penal constantemente. Cuando llegan las elecciones, los candidatos peronistas que tienen ese comportamiento (no todos, afortunadamente) son respaldados por unos electores que no parecen entender que las riquezas que amasan estos ladrones, directa o indirectamente salen del bolsillo de la totalidad de los argentinos.
¿Por qué una parte, quizás mayoritaria, del electorado argentino es insensible ante estas violaciones de la ley y de las normas morales? A mi juicio, por tres razones:
• Porque el peronismo introdujo en el país, desde hace sesenta años, una práctica política clientelista, mediante la cual el militante otorga su apoyo a cambio de algún privilegio o de alguna dádiva que le concede el político. Votan con el estómago, no con el corazón ni con la cabeza.
• Porque prevalece una actitud cínica hacia el sistema democrático, forjada en la falsa premisa de que “todos los políticos son igualmente corruptos”. (No es verdad en Argentina hay políticos y funcionarios honrados).
• Porque muchos argentinos, tras varias generaciones de anomia continuada, están dispuestos a incumplir las leyes si obtienen de ello algún beneficio, lo que convierte en una quimera el ideal republicano de contar con una sociedad de ciudadanos responsables, voluntariamente colocados bajo la autoridad de la ley. Esa actitud, sencillamente, no es la que prevalece en un país en el que un sector notable de la población se ufana de romper las normas.
No es de extrañar, pues, que en este lamentable clima cívico, tan propicio para el surgimiento del fascismo y tan alejado de las virtudes republicanas, haya arraigado la costumbre de utilizar algún grado de violencia contra quienes denuncien las violaciones de la ley o, simplemente, manifiesten criterios contrarios a la corriente oficialista.
Aunque, a pedido de la presidente, se suspendió el movimiento de quienes pretendían impedir que Mario Vargas Llosa inaugurara la Feria, lo probable es que los sectores oficialistas del peronismo, ante la presencia del famoso novelista, monten lo que en Argentina llaman un “escrache”, extraña palabra que describe una especie de violento pogromo orquestado para callar a los conferenciantes o intimidar a los asistentes que desean oírlo.
¿Quiénes serán los escrachadores? Los hay de sobra. Argentina es uno de los pocos países del mundo cuyo gobierno subsidia a grupos violentos para que metódicamente destrocen la paz social y crispen las relaciones entre sectores de distintas vertientes. Son profesionales de la bronca, patoteros sostenidos con el dinero de los contribuyentes. Viven de eso y para eso. Son los agentes de la intolerancia tarifada.

01 March 2011 ~ 1 Comentario

Otra vez el fin de la historia

(FIRMAS PRESS) Medio mundo árabe anda a la greña. Ciertos pueblos quieren cambiar el mundo en el que viven. ¿Por cuál? Lo más razonable sería que se acercaran a las naciones exitosas que han conseguido un grado razonable de estabilidad y prosperidad, para tratar de averiguar por qué han logrado prevalecer y triunfar en la historia.

En 1783, cuando Inglaterra reconoce a Estados Unidos, ningún poder europeo pensaba que la débil estructura republicana de la joven nación podría mantener la estabilidad en medio de los celos y las fricciones que tensaban las relaciones entre las antiguas 13 colonias de la Unión. Leer los informes de los diplomáticos de entonces –un viejo precedente de los wikileaks— demuestra el pesimismo de los expertos de fines del siglo XVIII: ¿cómo iba a perdurar una entidad regida por 13 constituciones y dirigida por una cabeza rotativa auxiliada por decenas de legisladores localmente escogidos por medio del sufragio?

Pero duró. Dura hasta hoy. ¿Qué pasó? Ocurrió que ese Estado experimental diseñado por los “padres fundadores”, desde el principio sirvió los intereses de los individuos que formaban la clase dirigente, pero con dos características básicas: podía transmitir la autoridad de manera organizada y pacífica por medio de elecciones periódicas, mientras acomodaba flexiblemente a un número creciente de personas capaces de tomar decisiones o influir en ellas, formando y absorbiendo los enormes niveles sociales medios que generaba progresivamente el eficiente aparato productivo, incluidos los afroamericanos y las mujeres, quienes estuvieron ausentes en el restringido proyecto original de la nación americana.

¿Por qué no ha habido revoluciones en Estados Unidos? Porque no han sido necesarias. Porque la sociedad creó y ha mantenido unas porosas instituciones capaces de asimilar los cambios sin violencia. Es realmente prodigioso (y admirable) que el mismo Estado que en 1789 eligió a George Washington como su primer presidente, un agrimensor convertido en militar triunfante y luego en rico hacendado esclavista, hoy sea dirigido por Barack Obama, un abogado mestizo de clase media, hijo de un africano y de una norteamericana blanca carente de la menor relevancia social o económica.

Y lo que es verdad en el terreno político y social tiene su equivalencia en el campo económico. El mercado abierto y la meritocracia hicieron posible que una república en la que el poder económico estaba en las manos de una pequeña minoría de plantadores y comerciantes con fuertes lazos con las autoridades coloniales británicas, se transformara pacíficamente en un enorme tejido empresarial plural y fluctuante, integrado por centenares de miles de compañías, en el que constantemente surgen y desaparecen agentes económicos que innovan y cambian la realidad material del país a una velocidad sorprendente, sin que nadie planifique la producción o escoja a los triunfadores o a los fracasados, rol que le corresponde desempeñar al consumidor soberano.

Ese elástico “modelo americano”, integrado por un Estado definido como democracia liberal y un sistema económico regido por el mercado y la existencia de propiedad privada, acabó siendo el paradigma por el que, paulatinamente, se fueron inclinando las otras naciones punteras del planeta, hasta que, a principios de la década de los noventa del siglo pasado, tras el hundimiento de la opción marxista-leninista, Francis Fukuyama advirtió, con una frase generalmente incomprendida, que habíamos llegado “al fin de la historia”.

Fukuyama no quería decir que no ocurrirían hechos dramáticos o contramarchas, o que nunca más un sujeto terco podría insistir en revivir el comunismo o cualquier otra variante fracasada de colectivismo estatista, sino que parecía evidente que los beneficios de la convivencia armónica, el cambio pacífico y la estabilidad institucional se lograban por medio de la democracia liberal, con todo lo que eso implica, mientras que al progreso y a la prosperidad se accedía por el mercado y por la existencia de propiedad privada.

¿Entenderán esta lección las naciones que abandonan las autocracias árabes de derecha e izquierda? No lo sabemos, porque es muy difícil predecir un futuro incubado en confusos motines callejeros, pero hay varios precedentes alentadores: Taiwan y Corea del Sur evolucionaron triunfalmente en esa dirección después de padecer gobiernos de mano dura. Casi todos los ex satélites europeos de la URSS, alentados por la UE, asumieron la democracia liberal y el mercado tras el fin de la etapa comunista y, fundamentalmente, acertaron con la decisión tomada.

¿Qué harán países como Egipto, Libia o Túnez? ¿Insistir en el desastroso modelo del socialismo árabe militarista inaugurado por Nasser en 1954 que ahora ha entrado en crisis? ¿Erigir una teocracia fundamentalista como la iraní? Lo inteligente sería que imitaran a las sociedades más ricas y felices del planeta. Lamentablemente, los rebeldes no siempre suelen acertar cuando llegan al poder. No saben muy bien qué es lo que quieren. [“©FIRMAS PRESS]

28 February 2011 ~ 1 Comentario

Once again, the end of history

By Carlos Alberto Montaner*

(FIRMAS PRESS) Half the Arab world is at loggerheads. Some nations want to change the world in which they live. What for? The most reasonable way would be to approach the successful nations that have achieved a reasonable degree of stability and prosperity to try to find out how they managed to prevail and succeed in history.

In 1783, when Britain recognized the United States, no European power believed that the weak republican structure of the young nation could remain stable amid the jealousies and frictions that strained relations between the former 13 colonies of the Union. Reading the reports of diplomats of that time – an old forerunner of WikiLeaks – demonstrates the pessimism of the experts in the late 18th Century. How could an entity ruled by 13 constitutions and led by a rotating head of government aided by dozens of legislators locally chosen by suffrage possibly last?

But it did. It lasts until today. What happened? It happened that, from the start, the experimental state designed by the founding fathers served the interests of individuals who formed the ruling class, but with two basic characteristics: the state could transfer authority in an organized and peaceful manner through periodic elections, while flexibly accommodating a growing number of people capable of making decisions or influencing them, shaping and absorbing the enormous social levels it gradually generated by the efficient productive apparatus, including African-Americans and women, who were absent in the restricted original project for the American nation.

Why haven’t there been any revolutions in the United States? Because they haven’t been necessary. Because society created and has maintained porous institutions able to absorb changes without violence. It is truly prodigious (and admirable) that the same state that in 1789 elected George Washington as its first president, a surveyor who become a triumphant military man and later a wealthy slave owner, today is led by Barack Obama, a mestizo middle-class lawyer, the son of an African black and an American white who lacked the slightest social or economic relevance.

And what is true in the political and social fields has its equivalent in the economic field. The open market and meritocracy made it possible for a republic in which economic power was in the hands of a small minority of planters and merchants with strong ties to the British colonial authorities to transform itself peacefully into a huge business network, pluralistic and fluctuating, composed of hundreds of thousands of companies, where economic agents are constantly emerging and disappearing, agents that innovate and change the material reality of the country at a surprising speed, with no one planning the production or choosing the winners or the losers, a role left to the sovereign consumer.

This elastic “American model,” consisting of a state defined as liberal democracy and an economic system ruled by the market and the existence of private property, came to be the paradigm that gradually attracted the other leading nations on the planet, until, in the early 1990s, after the collapse of the Marxist-Leninist option, Francis Fukuyama said, in an often misunderstood phrase, that we had reached “the end of history.”

Fukuyama did not mean that no dramatic events or setbacks would occur, or that never again would a stubborn fellow insist on reviving communism or any other failed variant of statist collectivism. But it seemed evident that the benefits of peaceful coexistence, peaceful change and institutional stability could be achieved through liberal democracy, with all that that implies, while progress and prosperity could be reached through the market and the existence of private property.

Will this lesson be learned by the nations that are abandoning Arab autocracy left and right? We do not know, because it is very difficult to predict a future incubated in messy street riots. But there are some encouraging precedents: Taiwan and South Korea evolved triumphantly in that direction after enduring heavy-handed governments. Almost all the former European satellites of the Soviet Union, encouraged by the European Union, took up liberal democracy and the market after the end of the communist era and, most importantly, made the right decision.

What will countries like Egypt, Libya or Tunisia do? Insist on the disastrous model of militaristic Arab socialism inaugurated by Nasser in 1954, which has now plunged into crisis? Erect a fundamentalist theocracy like Iran? The smart thing would be to imitate the richest and happiest societies on the planet. Unfortunately, rebels do not always seem to do the right thing when in power. They’re not quite sure of what they want. [“©FIRMAS PRESS]

25 February 2011 ~ 0 Comentarios

Vídeos y fotos de la presentación del libro “El Ocaso del Régimen que destruyó a Cuba” en la Universidad de Miami (Casa Bacardí)

24 February 2011 ~ 1 Comentario

LA CUBA DI RAÚL CASTRO: IL LATO PEGGIORE DEI DUE MONDI

Pubblicado su” Letras Libres – Messico e Spagna – Gennaio 2011

Raúl Castro ha convocato il Sesto Congresso del Partito Comunista Cubano. È sicuro di poterlo dirigere e controllare secondo la sua volontà. A Cuba non esiste potere più grande del suo, anche perché rappresenta pure una mezza dozzina di generali per mezzo dei quali controlla l’esercito e la polizia, aiutato dal figlio Alejandro Castro Espín, un colonnello dei servizi segreti formato nella scomparsa Unione Sovietica e presunto erede di questa dinastia di militari.

E Fidel? Fidel conserva soltanto un ruolo simbolico e passa il tempo giocando al grande statista internazionale, preoccupato per lo scoppio di una guerra nucleare scatenata da Stati uniti e Israele contro l’Iran, o per il prossimo omicidio di qualche amico del socialismo del XXI secolo perpetrato dalla CIA. Trasformato in una sorta di Cassandra caraibica, profetizza ogni catastrofe. Nessuno bada a quel che dice, ma lui si preoccupa teneramente per il benessere dei suoi figli rivoluzionari. Raúl, nel frattempo, finge di obbedirgli e, ossequiosamente, ripete come un mantra che le sue iniziative, in realtà, sono tutte di Fidel, anche se non è per niente vero.

È stato vero in passato, ma adesso non è più così. È una tragedia che di solito capita agli anziani quando le loro facoltà si deteriorano in modo evidente. Persone che fino a ieri si presentavano come fedeli subordinati, smettono di ascoltarli. Tuttavia, periodicamente, Fidel incontra Hugo Chávez per impartirgli lezioni su tecniche di sopravvivenza politica e per pianificare la conquista del pianeta, come se fossero due sinistri personaggi usciti da un fumetto di Batman. Chávez, al contrario di Raúl, mantiene la sua infinita ammirazione per il Comandante e si considera suo figlio putativo ed erede morale.

In ogni caso, il Sesto Congresso avrà luogo nella seconda quindicina di aprile del 2011. La sua funzione sarà quella di legittimare la volontà di Raúl. Ed era ora. Il Quinto si è celebrato 13 anni fa, nel 1997. Il quarto si è tenuto nel 1991. Secondo lo statuto del Partito, dovrebbe tenersi un congresso ogni cinque anni, ma i fratelli Castro non seguono le regole e li convocano solo quando serve ai loro scopi. Cosa accadrà nel prossimo? Vediamo a tal proposito di raccontare cosa è successo nei due congressi precedenti per tentare di capire il futuro. In fin dei conti, attori e copione sono quasi identici.

I congressi precedenti

Il congresso del 1991 ha coinciso con la fine del marxismo-leninismo. È stato una cerimonia rituale contro la” perestroika, volta ad adattare il regime cubano alla nuova realtà. Nel 1989 i tedeschi avevano abbattuto il muro di Berlino, mentre cadeva a pezzi tutto il mondo comunista sorto dopo la Seconda Guerra Mondiale. In quel congresso, celebrato dopo vent’anni, Fidel Castro, dopo aver proclamato quello che da allora si chiama “periodo speciale”, affrontando il giudizio silenzioso della classe dirigente e di buona parte del paese, ratificò la sua adesione al comunismo ortodosso e assicurò che Cuba “sarebbe sprofondata nel mare” prima di abbandonare la sua ideologia. Con la fierezza che lo contraddistingue, sancì la fine del Congresso con le grida rituali in favore del marxismo-leninismo e con il consueto “Patria o morte!”.

La fine del sussidio sovietico, calcolato in una cifra attorno ai 5.000 milioni di dollari annui, obbligava il governo a fare alcune concessioni di fronte alla crisi che attraversava l’Isola. Il collettivismo aveva dimostrato la sua inefficacia e il livello produttivo del paese era tremendamente basso. Cosa si poteva fare? Il Congresso decise di accettare alcuni investimenti stranieri, ma solo in società con il governo cubano. Se qualche investitore straniero voleva beneficiare della mano d’opera cubana o di un mercato protetto, doveva associarsi allo stato comunista per sfruttarli insieme. Il governo inserì come suoi rappresentanti in queste imprese miste numerosi militari in pensione dei servizi segreti, per premiare i più fedeli uomini di partito, e come conseguenza della solita paranoia politica.

Fidel Castro assicurò che sotto la sua guida la società cubana avrebbe presto recuperato gli indici di consumo che un tempo erano stati garantiti dal rapporto privilegiato con l’Unione Sovietica. Nonostante tutto, le mancanze alimentari divennero preoccupanti: fame e denutrizione fecero contrarre a circa 60.000 persone neuriti ottiche e neuriti periferiche, e molti cubani rimasero ciechi. Il Comandante si mise personalmente alla guida di un così detto “piano alimentare” che avrebbe dovuto risolvere il problema del cibo in appena due anni. Il governo assicurava che in cinque anni Cuba avrebbe superato la crisi e il paese si manteneva come una riserva ideologica comunista per il giorno in cui il pianeta avrebbe ripreso i cammino del socialismo. L’opposizione descrisse l’esperimento come la creazione di “un parco giurassico del marxismo-leninismo”.

Le linee guida del piano di sviluppo prevedevano di potenziare l’industria zuccheriera, sfruttare intensamente il nichel, creare una grande” ” infrastruttura alberghiera per ricevere milioni di turisti (cosa avversata per decenni per evitare la contaminazione morale), ed esportare in maniera massiccia prodotti di alta tecnologia medica creati nei laboratori dello Stato. Allo stesso tempo, il governo favoriva l’invio di rimesse dall’estero, depenalizzava il possesso di dollari e facilitava le visite degli emigranti che fino a quel momento erano stati considerati traditori.

Le cose non sono andate secondo le previsioni. L’industria zuccheriera ha subito un tracollo, le esportazioni di nichel, concesse a un’impresa canadese, dipendevano dal prezzo oscillante di quel minerale e non producevano le entrate sperate, le vendite di prodotti biotecnologici non sono state esaltanti e anche il turismo – pur con una crescita graduale – non portava grandi introiti al paese, perché quasi tutte le materie prime dovevano essere acquistate all’estero usando moneta forte. In certi casi, si dovevano importare zucchero, banane e altra frutta dalla Repubblica Dominicana, mentre l’agricoltura cubana non serviva neppure per i prodotti tradizionali.

Al tempo stesso, la mancanza di manutenzione, i frequenti uragani e l’incuria di alcuni funzionari ai quali sembrava non importasse niente del deterioramento crescente di città e campagne, distruggevano il paesaggio nazionale in maniera tale che i turisti erano soliti parlare di “un paese bombardato dove non c’era stata nessuna guerra”. Un saggista e narratore cubano, Antonio José Ponte, ha scritto un magnifico testo intitolato” Un arte de hacer ruinas (Un’arte di farerovine) che dopo è servito come base per girare un premiato documentario sulla distruzione progressiva del paese.

Nel 1997, quando si tenne il Quinto Congresso, era già evidente che la formula castrista per sostenere il marxismo-leninismo non aveva dato risultati pratici. Sei anni dopo la fine del sussidio sovietico e delle nuove linee guida economiche, Cuba era ancora impantanata nella miseria, anche se era riuscita a fermare la caduta dell’infima qualità della vita che sperimentava la società. Poco prima che cominciassero i lavori del Congresso, il governo chiese ai militanti di esprimere le loro lamentele, in una sorta di esercizio del “centralismo democratico dal basso verso l’alto” che regola le relazioni nel Partito. Decine di migliaia di militanti si azzardarono a esprimere le loro opinioni, screditando il capitalismo di Stato, e chiedendo libertà per creare imprese o per uscire e entrare dal paese senza dover attendere un’autorizzazione governativa. Se gli stranieri potevano possedere imprese sull’Isola, sebbene in società con il governo, perché i cubani non dovevano avere lo stesso diritto?

Fu tutto inutile. Il Quinto Congresso del Partito confermò la linea ortodossa, Fidel Castro ribadì che il paese non si sarebbe spostato di un millimetro dal marxismo-leninismo, allontanò dal potere i militanti che avevano mostrato con eccessiva convinzione tendenze riformiste, e predisse la prossima fine delle società capitaliste come conseguenza delle loro contraddizioni interne. Non si prese neppure la briga di spiegare perché fosse fallito il piano alimentare, perché stesse crollando l’industria zuccheriera e dove fossero finite le promesse di recupero economico fatte nel 1991. La società cubana nel suo complesso, e migliaia di militanti comunisti in particolare, si sentirono ingannati e, in molti casi, traditi. Scappare dal paese in ogni modo possibile, divenne l’obiettivo principale di milioni di giovani.

Nell’estate del 2006, Fidel Castro si ammalò gravemente e lasciò provvisoriamente il potere al fratello Raúl, erede designato dal 1959, Secondo Segretario del Partito ed eterno Ministro della Difesa. Due anni dopo, in seguito a una situazione di salute che andava progressivamente peggiorando, Fidel si rese conto che non sarebbe potuto tornare al potere e rinunciò alla presidenza, anche se, senza dubbio, mantenne una grande influenza nelle decisioni strategiche del paese.

Apparentemente, Raúl doveva occuparsi solo di amministrare la dittatura, mentre definire i connotati ideologici del regime sarebbe rimasto un compito di Fidel. Questa teorica ripartizione di compiti venne smentita nella pratica dalla persecuzione di alcuni noti uomini” fidelisti. Tre dei più importanti funzionari governativi – Carlos Lage, Secondo Vicepresidente del Consigli di Stato, Felipe Pérez Roque, Ministro delle Rapporti con l’Estero, e Fernando Remírez de Estenoz, suo Viceministro, i primi due nella ristretta cerchia degli intimi di Fidel – furono allontanati dai loro incarichi e umiliati. I tre funzionari vennero accusati pubblicamente di attività riformiste contrarie alle direttive del governo e di comportamenti corrotti. In realtà, Raúl Castro voleva muovere i fili del potere tramite suoi uomini fidati: un pugno di militari che sono al suo fianco da decenni. I” fidelisti erano un ostacolo per i suoi piani.

Il prossimo Congresso

E siamo alla vigilia del Sesto Congresso. Cosa accadrà? Probabilmente, niente di significativo, nonostante tutto il gran parlare che si sta facendo. Identici leader con le stesse idee producono sempre simili risultati. Il governo ha messo in circolazione un documento di 32 pagine dove descrive i nuovi piani economici e ribadisce in modo chiaro la sua posizione in relazione al modello comunista: l’essenza del sistema continuerà a essere il collettivismo, la proprietà statale dei mezzi di produzione e la pianificazione centralizzata da parte dei burocrati di Partito. Ratificano esplicitamente la vecchia strategia nemica delle libertà economiche. Non si degnano neppure di menzionare le libertà civili e politiche.

Sarà consentito, questo è certo, il lavoro privato, sempre che rientri tra le 178 modalità possibili: affittare vestiti da sposa, fare il pagliaccio nelle feste infantili, riparare ruote di auto, foderare bottoni e tanti altri strani mestieri. Si potranno costituire microimprese familiari, o con pochi lavoratori a contratto, dato che l’obiettivo non è farli crescere e ottenere benefici, ma assorbire la mano d’opera disoccupata che il governo pensa di lasciare senza lavoro statale.

Nei prossimi mesi, 500.000 lavoratori verranno licenziati, ma in meno di tre anni Raúl Castro pensa di aumentare il numero a 1.300.000, il 25% della forza lavorativa. Il generale e i suoi adulatori sostengono che le piante organiche sono sovradimensionate e che molti impiegati inutili ostacolano il lavoro delle imprese, mentre la società soffre la “sindrome del piccione” e attende dal papà – Stato la soluzione di tutti i problemi, un’accusa sorprendente dopo mezzo secolo di implacabile persecuzione nei confronti di ogni iniziativa individuale. Raúl vuole che l’economia divenga produttiva dopo averla liberata dal peso morto degli operai di cui si può fare a meno.

Cuba è una società annientata da mezzo secolo di collettivismo, priva di capitale, di materie prime e senza esperienza. Non è pensabile che con un decreto presidenziale si possa creare dal niente un nucleo importante di lavoratori privati o associati a piccole imprese, che saranno sottoposti a una severa pressione fiscale e a dure limitazioni per impedire la loro crescita ed eccesivi guadagni. Si tratta di un’idea bislacca che fa parte delle nuove fantasie rivoluzionarie di un signore che ha un’idea molto vaga su come si produce, si spreca e si conserva la ricchezza.

Cosa vuol fare, in definitiva, Raúl Castro? Il generale – presidente ha due obiettivi fondamentali intimamente legati tra loro. Prima di tutto vuole garantire la successione all’interno del sistema alla sua stessa famiglia. È falsa l’idea che i Castro non siano interessati al futuro di Cuba dopo la loro morte, perché hanno un senso molto forte della loro storia personale e di quella del paese. Hanno concepito una narrazione fantastica nella quale collegano la guerra d’indipendenza di fine secolo XIX con l’avventura della Sierra Maestra. Fidel si considera l’unico erede di Martí e Raúl si vede come l’unico erede di Fidel. Vogliono che il governo rivoluzionario non abbia fine. Pretendono che la generazione dei figli dei dirigenti raccolga il bastone del comando e continui l’opera rivoluzionaria.

Ma, per raggiungere questo obiettivo, Raúl crede che il governo debba fare in modo che la società cubana divenga più produttiva e competitiva. Raúl non ignora che la situazione economica del paese è terribile, circostanza che ha prodotto un divario incolmabile tra la stragrande maggioranza degli abitanti, la cupola dirigente e la mitologia rivoluzionaria. Nel suo primo discorso da capo di Stato, si chiese infastidito per quale motivo il latte fosse così poco, al punto che i bambini cubani potevano berlo solo fino a sette anni. Ma questa domanda poteva allargarla agli aspetti fondamentali della convivenza civile in un paese moderno: sono scarsi e di infima qualità i generi alimentari, l’acqua potabile, i vestiti, le calzature, le abitazioni, il trasporto, la somministrazione di elettricità e le comunicazioni. Raúl teme, a ragione, che una volta morti lui e Fidel, nessuno potrà evitare che i successori al potere, con le buone o con le cattive, abbattano “l’opera rivoluzionaria” come conseguenza della miseria generalizzata che soffre la popolazione.

Come si può risolvere o rendere sopportabile l’immenso problema del fallimento materiale del paese? È ovvio: con un sistema economico più produttivo. Persino Raúl Castro, dopo mezzo secolo di assurde chiacchiere rivoluzionare, comprende che le società sviluppate e prospere, dotate di un buon livello di vita, hanno raggiunto questa meta come conseguenza del loro apparato produttivo. Vivono meglio perché producono di più e a prezzi competitivi. Il problema, però, visto dalla prospettiva di Raúl e dei suoi intimi camerati, è quello di rendere più efficiente il sistema comunista in modo tale che la società cubana accetti di buon grado la successione all’interno della rivoluzione quando sarà scomparsa del tutto la generazione dei padri fondatori.

Il fallimento della riforma

Ma dalle querce non crescono i limoni. Il comunismo è improduttivo per natura. La pianificazione centralizzata, la proprietà statale dei mezzi di produzione, il controllo dei prezzi e l’assenza di libertà individuali per creare e accumulare ricchezza, inevitabilmente conducono all’improduttività e alla povertà.

Inoltre, il patto sociale tra i governi comunisti e le società non è basato sulla promessa di una gestione pubblica efficace e di risultati materiali apprezzabili (sono categorie del mondo capitalista), ma in una distribuzione egualitaria dei pochissimi beni e servizi che si producono, nel condannare e farsi beffe di chi scopre e possiede migliori sistemi di vita. Per quanto sia deplorevole, questo è il comunismo reale.

Quando Fidel governava, il paese viveva in maniera miserabile, ma la difesa retorica della sua gestione amministrativa si basava su tre punti fermi: tutti avevano un lavoro, potevano accedere all’educazione e ai servizi sanitari. A Fidel non importava che le imprese perdessero denaro, che produzione e produttività fossero minime, ma che tutti i cubani avessero un posto di lavoro e ricevessero un salario, per simbolico che fosse. A Fidel non interessava neppure che il sistema sanitario sprofondasse in ospedali privi di anestesia e senza fili di sutura, oppure che il sistema educativo fosse carente di buoni maestri e di materiale didattico. I servizi potevano essere pessimi, ma c’erano, e lui se ne vantava costantemente. La legittimità della dittatura dipendeva da questo discorso, che si è trasformato in un formidabile strumento propagandistico.

D’altro canto, visto che il tessuto produttivo era irrimediabilmente carente, esistevano solo due modi per giustificare un sistema di vita abominevole: l’embargo economico statunitense e,” ” paradossalmente, i benefici dell’austerità rivoluzionaria. Perché un buon rivoluzionario avrebbe dovuto aspirare a possedere un numero maggiore di beni materiali? Il consumismo non era più un desiderio legittimo dei lavoratori, diventava un peccato tipico della perversa avidità capitalista, istigato dall’imperialismo, dalle multinazionali e da altri mostri di simile portata. I consumatori, o coloro che aspiravano a diventarlo, erano qualificati come amanti della paccottiglia (pacotilleros)” ” storditi dal capitalismo corruttore.

La proposta di Fidel era crudele, ma almeno era sostenuta da un sofisma che possedeva una certa coerenza. Quella di Raúl è una pura e semplice assurdità: vuole che un certo numero di cubani produca da capitalista, ma all’interno di un sistema” ” essenzialmente comunista, abbandonando, di fatto, il patto sociale tra lo Stato e gli individui preconizzato dalla retorica marxista, mentre rinuncia all’egualitarismo, accetta il sorgere della disuguaglianza e il consumismo nello stile di vita dei cubani.

Perché difendere un modello di stato comunista se la forma di governo si allontana completamente dai presupposti marxisti – leninisti? Il comunismo ha una logica interna: il Partito costruirà una società splendida, il paradiso del proletariato, dove i mezzi di produzione saranno collettivi e le persone, quando giungerà la fase superiore del comunismo, come profetizza Marx nella” Critica al Programma di Gotha, “(lavoreranno) ognuno secondo le sue capacità, (e riceveranno un salario) ognuno secondo le sue necessità”. Per arrivare a questo punto, naturalmente, bisogna attraversare la scomoda fase della “dittatura del proletariato”, per strappare dal cuore delle persone quei maledetti usi e costumi così” ” radicati dopo diversi secoli di feudalesimo e capitalismo.

Niente di tutto questo resta in piedi con le riforme di Raúl. Secondo il suo ragionamento, dopo aver rinunciato alla “sindrome del piccione”, molti cubani si occuperanno di guadagnarsi la vita secondo il loro talento, la fortuna e le risorse, al margine dello Stato, e otterranno i migliori risultati possibili, anche se il loro riscatto economico li allontanerà dal sistema generale di vita della nazione.

La domanda sorge spontanea e non si può tacere: se l’obiettivo non è più quello di edificare una società comunista che segua i postulati della dottrina politica, perché si conserva il modello di Stato del partito unico e la dittatura del proletariato previsti dal marxismo – leninismo come formula per costruire quel modello di convivenza?

Non credo che durante il Sesto Congresso del Partito Comunista Cubano nessuno formulerà certe scomode domande. Come fecero nel Quarto e nel Quinto,i delegati applaudiranno, ripeteranno slogan e appoggeranno senza protestare le decisioni di Raúl Castro, ma tra le persone che assisteranno ai lavori e all’interno della società cubana sarà a tutti chiaro che la rivoluzione comunista è miseramente fallita e che sarà impossibile tenerla a galla in maniera permanente dopo l’estinzione della generazione di chi, nel 1959, mise in moto il” ” processo.

I pochi comunisti ortodossi che restano a Cuba si sentiranno traditi da Raúl Castro, mentre la maggior parte del popolo penserà che il fratello di Fidel porta con sé il lato peggiore dei due mondi: un comunismo senza generosità clientelari e un capitalismo con le mani legate che non permette un reale sviluppo individuale e collettivo.” ” Non esiste un popolo latinoamericano più disperato e disilluso di quello cubano. Tutto ciò è molto triste.

Traduzione di Gordiano Lupi

www.infol.it/lupi

22 February 2011 ~ 6 Comentarios

SE HUNDE EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

SE HUNDE EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Carlos Alberto Montaner

Arturo Valenzuela, Secretario de Estado adjunto de Estados Unidos para América Latina, acaba de declarar que declina la influencia de Venezuela en la región. Tiene razón. Se hunde, de manera evidente, el llamado Socialismo del Siglo XXI. Si hace cuatro o cinco años parecía que ésa sería la fuerza ideológica determinante en Hispanoamérica, comenzado el 2011 las señales que emite el Continente indican lo contrario. Los cinco países de esa cuerda política están en crisis.

Cuba, que es el cerebro del grupo y el faro ideológico, ha reconocido el fracaso de su sistema colectivista y trata de reemplazarlo por algo que llaman en la Isla el “modelo vietnamita”. Raúl Castro se propone mantener el control político y económico del país, pero autorizando la gradual creación de un tejido empresarial privado que mitigue los horrores del estatismo y aumente la raquítica productividad del país. Esa búsqueda de eficiencia incluye sincerar los precios y reconocer que el mercado es más competente que la planificación centralizada.”  Esta admisión de culpas y rectificación de rumbo deja al Socialismo del Siglo XXI sin referente ideológico. Chávez solía decir que Venezuela se desplazaba hacia el “mar de la felicidad” cubano. Cuando los pobres venezolanos lleguen a ese punto descubrirán que Cuba ya no está en el mismo sitio. Los cubanos navegan hacia el mar de la felicidad vietnamita.

Hugo Chávez ha perdido influencia en América Latina y, especialmente, en la propia Venezuela. Según Valenzuela, sólo el 30% de los latinoamericanos tienen una opinión favorable del chavismo. Es posible que, dentro del país, ocurra lo mismo, pese al control casi total de los medios de comunicación que Chávez posee. El pintoresco presidente, gran caotizador, se ha gastado en 12 años 950,000 millones de dólares –una cifra mayor que todos los ingresos del Estado a lo largo del siglo XX—, y lo que ha conseguido es poner en fuga a un millón de venezolanos laboriosos y educados, crear la sociedad más corrupta y peligrosa de América Latina, cerrar la mitad del parque empresarial y comenzar la haitianización de Caracas, mientras se crispan cada vez más las relaciones personales entre chavistas y antichavistas. En un país que era un modelo de cordialidad cívica entre adversarios, hoy se respira un profundo odio político que puede desembocar en un baño de sangre si alguna vez salta la chispa.

La popularidad de Evo Morales en Bolivia cayó estrepitosamente tras su fallido intento de subir el precio de la gasolina. El pueblo se lanzó a las calles y el gobierno se vio obligado a revocar el decreto. Como el mecanismo funcionó, se convirtió en una lección rápidamente aprendida por los bolivianos: ante cada medida de austeridad, comienzan las protestas. Puesto en esa situación, sin capacidad para ajustar la economía ni de poner fin a los subsidios, víctima de la demagogia populista a la que Morales era tan adicto cuando estaba en la oposición, el gobierno seguramente optará por imprimir moneda irresponsablemente para hacerle frente a las obligaciones del Estado. ¿Qué sucederá? Ocurrirá lo mismo que en el pasado: un proceso galopante de inflación que destruirá los fundamentos económicos del Estado Plurinacional de Bolivia, como hoy le llaman a ese desdichado país.

En Ecuador aumenta la resistencia frente a Rafael Correa ante su desmedido apetito de poder. Primero violó la constitución por la que fue electo y barrió el viejo parlamento para construir un Estado a su medida. Cuando lo logró, tras advertir que tampoco podía gobernar a su antojo, se ha dedicado a acosar a la prensa y a utilizar los tribunales para destruir a sus adversarios. Su aversión al capital nacional y foráneo ha creado el peor de los climas económicos posibles: el ahorro de los ecuatorianos se marcha al extranjero para ponerse a salvo de la corrupción y el mal gobierno, mientras los inversionistas internacionales no quieren oír hablar de Ecuador, especialmente tras el fallo de un tribunal contra Chevron, por el que multa con nueve mil quinientos millones de dólares a la compañía por unos supuestos daños ecológicos producidos en la selva entre 1972 y 1990, perjuicios que la compañía asegura que no han sido imparcialmente demostrados por peritos calificados, afirmando que se trata de una sentencia motivada por razones políticas.

Dejo para último a Nicaragua, el más pobre y atrasado de los países del Socialismo del Siglo XXI, cuyo gobierno sandinista, presidido por Daniel Ortega, sólo se sostiene por una razón: la incapacidad de los demócratas de la oposición para presentar un frente unido que le ponga fin. Bastaría con que los liberales tuvieran el patriotismo y el sentido común de presentar un candidato único a las próximas elecciones para sacar del poder a Daniel Ortega. Es una vergüenza que no lo hagan.

22 February 2011 ~ 0 Comentarios

Leftist influence in region waning

The Miami Herald
Posted on Mon, Feb. 21, 2011

Leftist influence in region waning

By CARLOS ALBERTO MONTANER
firmaspress@gmail.com

Arturo Valenzuela, assistant secretary of state for Latin America, has just declared that the influence of Venezuela in the region is declining. He’s right.The so-called 21st-Century socialism is clearly sinking. While four or five years ago it seemed that it would be the determining ideological force in Spanish-speaking America, the signals now coming from the continent indicate the contrary. The five countries riding that political wave are in crisis.

•” Cuba, the group’s brains and ideological lighthouse, has recognized the failure of its collectivist system and tries to replace it with something the island calls “the Vietnamese model.” Raúl Castro intends to maintain political and economic control of the country while authorizing the gradual creation of a private entrepreneurial fabric that will soothe the horrors of statism and boost the country’s feeble productivity.

That quest for efficiency includes justifying prices and acknowledging that the market is more competent than centralized planning. This admission of faults and correction of course leaves 21st-Century socialism without an ideological referent.

•” Venezuelan President Hugo Chávez used to say that Venezuela was moving toward the Cuban “sea of happiness.” When the poor Venezuelans get to that point, they’ll discover that Cuba is no longer in the same place. The Cubans are sailing toward the sea of Vietnamese happiness.

Chávez has lost influence in Latin America, especially in Venezuela itself. According to Valenzuela, only 30 percent of Latin Americans have a favorable opinion of” Chavism. It is possible that the same happens inside the country, despite Chávez’s almost total control of the media.

In 12 years, the colorful president, a great generator of chaos, has spent $950 billion – a figure larger than all of his country’s revenue in the 20th Century – only to spark the flight of one million hard-working and educated Venezuelans, create the most corrupt and dangerous society in Latin America, shut down half of the entrepreneurial sector and begin the Haiti-ization of Caracas, while the personal relations between” Chavistas” and anti-” Chavistasbecome tenser and tenser.

In a country that used to be a model of civic cordiality among adversaries, today one breathes a thick political hatred that could culminate in a blood bath if the spark is ever struck.

•” Evo Morales’ popularity in Bolivia crashed loudly after his failed attempt to increase the price of gasoline. The people took to the streets, and the government was forced to retract the decree. Because the mechanism worked, it became a lesson learned quickly by the Bolivians – each and every austerity measure will be met with protests.

Placed in that position, without the ability to fine-tune the economy or put an end to the subsidies, challenged by the populist demagogy to which Morales was so addicted when he himself was in the opposition, the government will undoubtedly choose to print more currency – an irresponsible option – to deal with its obligations.

What will happen? The same as in the past: a rampant inflation that will destroy the economic foundations of the Plurinational State of Bolivia, as that ill-starred country now calls itself.

•” Resistance to Rafael Correa is rising in Ecuador, in a reaction to his unbounded appetite for power. First, he violated the constitution under which he was elected and swept clean the old Parliament to build a state to his liking. After that, and after realizing that he couldn’t govern as he pleased anyway, he took to harassing the press and using the courts to destroy his adversaries.

His aversion to national and foreign capital has created the worst possible economic climate. The Ecuadoreans’ savings flee abroad to escape the corruption and misgovernment.

Meanwhile, international investors don’t want to hear the word Ecuador, especially after the court ruling against Chevron, fining the company $9.5 billion for alleged ecological damage to the jungle between 1972 and 1990, damage that the company insists was not impartially demonstrated by qualified experts. Chevron calls it a sentence motivated by political reasons.

•” Last comes Nicaragua, the poorest and most backward of the 21st-Century-socialism countries, whose Sandinista government, presided over by Daniel Ortega, remains upright for only one reason: the inability of the opposition democrats to present a united front that will put an end to the status quo.

It would be enough for the liberals to have the patriotism and common sense to present a single candidate to the next elections to knock Ortega from power. It’s a shame that they’re not doing it.

(c) 2011, Firmas Press