06 May 2019 ~ 18 Comentarios

PAZ CON COCA: UNA HISTORIA IMPOSIBLE

Por Fernando Londoño

La coca, desde que se la siembra hasta cuando se dispone de sus enormes beneficios económicos, es por esencia un estado general de violencia, incontenible, inatajable. Es lo que se resisten a entender los mentirosos apóstoles de la paz, o que entendiéndolo lo esquivan para mantener vivas las  canonjías creadas a su alrededor. Porque, vaya Dios lo que pasa por estas veredas, la paz se volvió el más productivo de los negocios, razón suficiente para convertirla en la diosa mítica de nuestro tiempo.

Pero vamos al grano de estos pensamientos. La coca es violencia por todas partes, decíamos, y no puede ser otra cosa.

La siembra de la planta, que cuidado no tiene en su desarrollo, solo es posible en lugares abandonados, en viejos bosques que se talan para abrirle espacio. La violencia primera de la coca es contra la selva fecunda, sustituida por esa maleza.

El sembrador no puede quedar alejado de los compradores del producto, que puede ser la pasta, solamente ella, o la cocaína ya procesada. Y los compradores no son los clientes, sino los amos. El cocalero no es el imaginario campesino que ayer sembraba yuca, hortalizas o frutales y un día se convierte en el primer eslabón de la tragedia. El cocalero llega a lo que será el plantío con pleno conocimiento de lo que hace y de la razón porque lo hace. Venido de cualquier parte, es un desertor de su oficio y un voluntario creador de su propia tragedia. Cuando con perversa y fingida ingenuidad se le propone sustituir el cultivo de coca, no es para que vuelva a ser lo que un día fue, sino para que desempeñe un papel que nunca quiso desempeñar. Y a ese plan se resistirá con todas sus fuerzas. La coca no tiene caminos de retorno.

La pasta no se prepara sola. Es el resultado de una operación química que tiene por ingenieros los niños de la familia y la señora del extraño hogar. Las malformaciones, los quebrantos, las violencias contra la salud vienen de esa salvajada. En las zonas cocaleras los niños no juegan con pelotas ni muñecos, ni camiones de plástico o madera. Juegan con ácidos y clorhidratos. El asunto apenas se trata.

Cuando viene la cosecha, cuando la planta está lista para que le arranquen las hojas, el campesino queda asociado con los que se llaman raspachines, expertos en ese menester. Llegados de cualquier parte, tampoco tienen objetivo ni futuro. Ni raigambre ni compromiso con nada. Lo suyo es raspar, cobrar y largarse, porque tampoco les conviene mantenerse en un lugar, como que es larga la historia de sus fechorías anteriores, apenas comparables con las de ahora o de mañana. El raspachín es un delincuente al que no gobierna sino una violencia mayor que la suya.

La pasta sale al mercado. Es una manera de decir que se vende al comprador obligado y cualquier deslealtad se paga con la vida. Pero como el negocio lleva en las entrañas utilidades tan altas, entre compradores potenciales las diferencias no las arregla el precio sino el plomo, supremo juez de esas causas.

De la pasta se salta a la cocaína pura, o clorhidrato de cocaína, para lo que son necesarios laboratorios ilícitos, con precursores ilícitos, guardias ilícitos, pagos ilícitos. La espiral de violencias no se detiene.

La cocaína no vale nada sino en manos de la mafia que la negocia, la que se ocupa de encontrar y mantener a bala sus propias rutas y de conseguir a más bala sus embarques y traslados. Esas rutas se cuidan con celo, desplazando o asesinando al que estorbe. Y para mantener los abastecimientos de pasta y de cocaína, las rutas, los puntos de embarque, los compradores, se vuelven indispensables los ejércitos que estúpidamente llamamos guerrillas. Esas constelaciones de bandidos pelean a muerte con las rivales y de pronto, casi por casualidad, con la policía o con el ejército.

Pero la cosa no termina. La cocaína ya está transformada en dólares y los dólares son otro botín de otra batalla. Esta, más sofisticada y peligrosa, es la guerra a muerte por los nuevos caminos de los dólares en efectivo que han de convertirse en químicos, jornales, adhesiones, tierras, rutas, barcas y submarinos. Y por supuesto, ya mucho más sofisticada la tarea, en embarque de importaciones fraudulentas, en la compra de conciencias, en la subasta de voluntades. El manejo de las fortunas no es asunto más leve ni pacífico que el de las materias primas.

La cocaína es violencia desatada, incontenible, de mil caras y cabezas como las de la leyenda antigua. Y mientras exista, nos seguirá matando. Lo demás, los cuentos de conflictos y acuerdos y tribunales especiales, no pasan de inventos para distraer majaderos y justificar lo injustificable. Hasta los Premios Nobel.

18 Responses to “PAZ CON COCA: UNA HISTORIA IMPOSIBLE”

  1. Cubano-Americano 6 May 2019 at 7:01 pm Permalink

    Yo creo que deberia liberarse el uso de la cocaine para que todo eso acabe…eso es producto de las prohibiciones..asi Paso en USA cuando la ley seca…Venezuela es un narco estado.

  2. Víctor López 6 May 2019 at 10:45 pm Permalink

    Así es el mundo Londoño.

    L9os coqueros tiene su propio código, los abogados no creen en la ley, los generales son cobardes…

    También hay economías muy prósperas gracias al narcotrafico, torres de cocaína, movilidad social…

    En fin “de todo como en botica”.

  3. Manuel 6 May 2019 at 11:15 pm Permalink

    enredaderas son las dictaduras
    crecen sobre los arboles de la ignorancia, la corrupcion, la inoperancia de las instituciones, la violencia, la pobreza, las drogas, las armas;
    mientras todos esos arboles sigan frondosos y saludables
    tendremos dictadura
    del tamano de los arboles que las sostienen

    las enredaderas no llegan mas arriba
    que los arboles que las sostienen

    • Manuel 6 May 2019 at 11:16 pm Permalink

      no vienen a solucionar
      vienen a perdurar

      solo por puro accidente algo bueno puede sacarse de algunas de ellas

  4. Manuel 7 May 2019 at 7:30 am Permalink

    “Lo llaman «el Libertador», ¿pero de qué nos libertó? ¿De los curas y los burócratas? Ahí siguen, mamando, pero camino a mi tumbacabezas, de mecanismo digital y bajo control del GPS, muy superior a la guillotina de monsieur Guillotin, una máquina burda, improvisada, hecha al vapor antes del siglo del vapor. En medio de un hervidero sanguinolento de cabezas cercenadas nació la maldita revolución de los derechos; en medio de otro nace ahora la bendita revolución de los deberes.

    Para salir de una vez por todas de este venezolano bellaco y no volverme a ocupar de él, dicen que cabalgó en pos de la Gloria por media América, y que de tanto cabalgar le salieron callos en las nalgas. ¿Pero cómo supieron? ¿Le bajaron los calzones? Ah con estos paisanos míos tan perezosos, no constatan lo que dicen y van soltando la lengua. Si afirman que a ese homúnculo le salieron callos donde dicen, digan quién lo dijo. Hagiógrafo riguroso de tres santos con los que llené veinte años del vacío de mi vida, a mí el «dicen» no me sirve. En cuanto diga de su biografiado el biógrafo tiene que citar sus fuentes. Así he procedido yo con los míos, y así procederán los míos conmigo. ¡Pobres! Nada descubrirán, buscarán en vano; el fantasma que tienen enfrente pero que no ven les ha borrado todas las huellas y embrollado todas las pistas. ¿Que Cristo resucitó al tercer día? ¿Y quién vio? ¿Las santas mujeres? No son creíbles. De santas nada tenían estas putas con las que andaba el Hijo de Dios, muy dado a sus Magdalenas. Cristo no resucitó, ningún muerto resucita. Lo enterraron de carrera y se lo comieron los gusanos. Ontológicamente hablando (que es como me gusta a mí, sobre todo cuando me dirijo a tan cultísimos lectores), la Muerte borra la resurrección. «Resurrección» sobra en el diccionario. Si el hippie Cristo se paró y ascendió al cielo, no estaba muerto. ¿Y en qué ascendió? Ah, eso sí ya a mí no me plantea problema: en cohete. Bolívar en cambio perseguía a su novia la Gloria en mula, en un humilde jamelgo que soltaba cada dos por tres ventosidades por el tubo de la cola. ¡Qué grotesco! Ha debido perseguirla en un brioso y taponado corcel.

    Punto y aparte, Peñaranda, y no me dejes hacer párrafos largos que desorientan al lector. Pártelos por la mitad como con machete. Como con una de esas herramienticas desbrozadoras de rastrojos y cabezas que se estilaban en nuestro país antes de mi invento y con las que decapitamos a trescientos mil, o por ai, en la era de la Violencia con mayúscula, como la solían escribir nuestros cronistas dando cuenta del horror. ¡Pero la pronunciaban con minúscula! Nadie pronuncia con mayúscula. ¡No jodan más entonces con la ortografía! Ministro de Educación, Gabriel, o como te llames: me suprimes del pénsum escolar la ortografía, que los pobres niños de hoy viven ya de por sí muy angustiados viendo a ver con quién copulan.

    ¡Y somos un país cristiano consagrado al Corazón de Jesús! ¿Cómo quieren entonces que estemos? Basta ya de ese cabecilla de hipócritas, que en el diccionario de sinonimia española que estoy escribiendo para la RAE puse «cristiano» entre los sinónimos de «malo». El Corazón de Jesús es un perturbado mental que se sacó el corazón del pecho y se lo señala con el dedo todo lacrimoso como poniéndonos la queja: «Miren lo que me hicieron los judíos». ¡Qué te iban a hacer, marica! Si estos usureros exhibicionistas que se recortan la punta de la manguera para que digan que tienen mucho de donde cortar de veras te hubieran crucificado, estaríamos en deuda eterna con ellos. Pero no. No hay prueba alguna de la muerte tuya. Vos ni siquiera exististe, ¡cardiópata!

    Los quejumbrosos judíos, que piden compasión pero que no la tienen, de zarpazo en zarpazo les han quitado a los árabes de Palestina su territorio. Que dizque es de ellos. Que dizque del pueblo elegido. Que dizque desde que salieron de Egipto. Que dizque desde hace seis mil años cuando dizque cruzaron el mar Rojo, que dizque se abrió de par en par para que pasaran y se siguieran dizque por el desierto del Sinaí que dizque se gastaron cuarenta años en cruzar, tras de los cuales dizque por fin llegaron a la Tierra Prometida, dizque un jardín de leche y miel. ¡Cuál jardín de leche y miel semejante yermo! ¿De qué manga se sacaron semejantes conejos tan orejones? De la Historia no, de la arqueología tampoco. ¡Cuáles seis mil años! ¿Por qué mejor no le ponen diez mil? Ay, tan prehistóricos ellos… ¡Y cuál Egipto! Allá no estuvieron. ¡Y cuál cruce de ese mar y ese desierto! No los cruzaron. ¡Qué se iba a abrir el mar y se iban a gastar cuarenta años para cruzar lo que uno se cruza en camello en dos días, o en jeep en unas horas! ¿Y quién vio que Moisés separó con su varita mágica las aguas del mar Rojo para que pasaran? ¿Cecil B. DeMille? ¡Cuál varita mágica! Moisés no existió. ¡Y qué es ese cuento del pueblo elegido! ¿Quién lo eligió? ¿Yahvé, el Dios carnívoro que el único animal que no comía era el cerdo por miedo a la triquinosis? ¿Y entonces por qué los ha hecho sufrir tanto si los quería? ¿Por qué los dejó gasear de Hi-tler en Auschwitz, Treblinka, Sobibor, etcétera? ¡Ah con estos circuncidados! Tan buenos para la usura pero tan crédulos. Están pues como las beatas de la catedral de Manizales que madrugaban a rezarle al Señor hasta que una mañana, cansado de tanta adulación, el Viejo se sacudió la tierra como se sacude un perro las pulgas para quitárselas de encima. ¡Y las sepultó bajo el techo y las dos torres! Si les está yendo mal en la vida, colombianos, no le pidan a Dios que les va a ir peor. Dios no los quiere por desechables. Por eso andan tan zarrapastrosos. Al que le pide, Dios sí le da, ¡pero palo, por haragán y mendigo! Trabajen, ahorren, no beban, no pichen, no coman y verán.

    ¿Y en calidad de qué hablo? En calidad de quien encarna el Estado y ejerce él solo los tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Yo, yo, yo. Yo soy el que ordena, yo soy el que manda, yo soy el que habla. ¡Nada de ejecutar leyes! ¡A ejecutar delincuentes! Si Colombia delinque, que pague. Si delinque uno, paga uno; si delinquen dos, pagan dos; si delinquen todos, pagan todos, que es lo que iremos viendo, si sí o si no. No se necesitan los tres poderes de Montesquieu, espíritu enmarihuanado y confuso que los equiparó a la democracia. Lo suyo no es democracia sino triplicación de funciones, despilfarro. Con un solo poder basta. Con el mío, el de la triple corona, el del que aquí dice yo y lo ejerce desde esta alta tribuna que domina la catedral y el capitolio, antros de ladrones, ensotanados o no, que voy a reducir a cenizas no bien termine este párrafo.

    ¡Cuánto engaño el de los adoradores circuncisos de Yahvé! ¿Y de los árabes qué nos dice? ¿Se salvan o no se salvan? No se salvan. Muy rezanderos y circuncidados también ellos, excretan una o dos veces diarias pero rezan seis. ¡Carajo! El bípedo humano no se puede pasar la vida prosternado en tierra con el culo al aire rezándole a una entelequia que no existe, como no sea en el corazón podrido de sus clérigos. Alá es Yahvé, Yahvé es Dios, y Dios tuvo un Hijo, el Crucificado. ¡Ay, el Crucificado! Cristianos rastreros, adoradores de dos palos. Hoy por lo menos con las novelerías de los paturrientos tiempos que corren los han venido cambiando por tres: los de la portería de una cancha de fútbol.

    —No son tres, Excelencia, son seis, porque en cada cancha hay dos porterías, cada una con su portero.

    —Ah… Entonces vamos a hacer la cuenta en patas. Cada portero tiene dos patas y son dos porteros. Multiplicando las dos patas de los dos porteros por las dos porterías nos da ocho patas. Dos por dos cuatro y cuatro por dos ocho.

    —Se equivoca, Excelencia, no son ocho sino cuarenta y cuatro patas porque son dos equipos, con once jugadores cada equipo, y cada jugador con sus dos patas. Once por dos y por dos, ¿cuánto da? Cuarenta y cuatro. Cuarenta y cuatro patas.

    ¡Las que sean! En todo caso, congratulaciones, excristianos, porque por más uñilargos que sean los de la FIFA, sustraen menos que los de la curia vaticana. Y el daño que le pueda hacer un balón inflado al ser humano se esfuma cuando se desinfla haciendo «pfffffrrr», como el tubo trasero de las mulas de Bolívar. En cambio el daño que le ha hecho el cristianismo al mundo durante dos milenios impidiéndole aparecer a la moral no tiene nombre. ¡Malditos los judíos y sus madres! ¿Por qué no remataron de un lanzazo al endemoniado Cristo cuando lo tenían inmovilizado en la cruz? La segunda oportunidad la veo calva.

    Nunca he querido a esa gente. Trabajan y trabajan, acumulan y acumulan, ¿y total para qué? ¿Para qué si ni siquiera tienen cielo? Aprendan, judíos, de los musulmanes, que tienen montado allá arriba un paraíso donde Alá le da al que llega ochenta vírgenes para que se sacie en ellas como a bien le plazca. Ochenta esclavas sexuales que uno puede abrir, cerrar, doblar, desdoblar, oler, lamer, chupar y patasarribiar a su gusto, ¿qué más podría pedirle a su Dios un cristiano? Pásense al mahometismo, judíos y cristianos, que Alá da más.

    ¡Qué carajos! Mujeres es lo que hay de sobra en este mun-do y tengo un mensaje urgente para Colombia que me escucha, sintonizada en todos los canales y emisoras de la tele y de la radio de la red patriótica que yo controlo y que me está transmitiendo en este instante mismo en vivo, pero grabándome por si algún día les falto y me les muero: «Colombia, mala patria, hija de España, hija de puta, te voy a enderezar, ¡torcida!» En cuanto a la China, la India, el Japón, Birmania, Tailandia, etcétera, ya iremos viendo. A cada capillita le llega su fiestecita.

    «Tengo hambre, tengo hambre, tengo hambre», claman los desechables de Colombia mirándome a mí en vez de entornar sus ojos hacia el cielo, el dispensador de maná para los hambreados. ¿Y qué culpa tengo yo de que tengan hambre? Si tienen hambre, coman; y si no tienen qué comer, aliméntense de smog, que es el actual maná de Yahvé, muy nutritivo y sustancioso por sus características celestiales. ¿No ven cómo reverdecen las plantas? ¿O han visto alguna vez a una planta quejándose por el smog? Al que se le ocurra darle una vez por despistado a uno de estos pordioseros váyase preparando para tener que darle cada vez que se lo encuentre, sin poder quitárselo jamás de encima, cargando de por vida esa cruz. Y ni se cambie de acera pues él también tiene patas y se cambia. Y si ya cargan ustedes con una cruz, o con cinco, o con diez, o con veinte, prepárense para cargar la veintiuna. He ahí el precio que tiene que pagar el buen colombiano por vivir en el jardín de las delicias.

    No se dejen arrastrar por la caridad cristiana que es alcahuetería. ¿Cuándo han visto pedir limosna al papa, colombianos? ¿O cuándo la dio Jesús? Me refiero al Jesús que se conoce con el alias de Cristo, no a Jesús Moncada, el trepador de montañas. Jamás dio limosna, Jesús, era avaro. O mejor dicho no tenía con qué porque no trabajaba, era un zángano. De muchacho haría algún ataúd o un par de camas en calidad de ayudante de su padre san José, que le enseñó carpintería. Después nada, no volvió a trabajar, se dedicó a vivir del cuento y de los peces que sacaban sus secuaces del agua. ¡Dizque los iba a hacer pescadores de almas! A un alma no la pesca ni el Putas, como dicen en Colombia. ¿No ven que es inmaterial? No vuelvan a dar, colombianos, que sumada a la carga demográfica el mundo padece hoy de la fatiga de los donantes.

    Y no bien le dan ustedes a un desechable, ¿qué les dice? Les dice: «Que mi Dios lo bendiga» o «Que mi Dios se lo pague». ¡Con el «mi» posesivo, como si Dios fuera propiedad de ellos! ¿Y cómo va a bendecir Dios, siendo como es inmaterial y por lo tanto manco? ¿Acaso es papa? ¡Blasfemos! Por eso los frailes dominicos de la Santa Inquisición torturaban y quemaban en su nombre. ¡Qué se iba a ensuciar Dios tocando humanos! Y he ahí la razón de su insolvencia, la que le impide pagar. Como a mí. El dinero también a mí me asquea. Ni Él ni yo tocamos plata.

    En todo caso Colombia ha sido más bien bondadosa con sus desechables: los metió en su nueva Constitución, que a nuestros constituyentes les salió maravillosa: ¡con doscientas veinte erratas! Por eso hoy disfrutamos de una constitución errática.

    ¿Y cómo despiden las mamás, en el país de las delicias, a sus hijitas cuando salen en la mañana para el colegio con su mochilita o fiambrera? «Que la Virgen me la acompañe, m’hija», les dicen. A una de estas niñas mochileras acompañada por la Virgen la violaron, ¿y de qué le sirvió a la nena la mamá de Dios? ¿Cómo puede confiar una madre colombiana, sabiendo dónde vive, en la que le puso los cuernos con el Espíritu Santo a san José, su legítimo esposo? «¿Y a mí qué me toca?» les preguntó la adúltera a los violadores, y uno de ellos, un rufián de cuchillo, mal encarado y con olor a pecueca, sin saber con quién estaba hablando le contestó: «Ve esta vieja marica…». Señoras madres: no les vuelvan a encargar a sus hijitas a la Virgen, que esta atolondrada mujer no sirve para un carajo. Mejor consíganles un guardaespaldas. O dos, para que cada uno vigile al otro. O tres, para que cada uno vigile a los otros dos. O mejor no tengan hijos, que aquí abajo ya no cabemos. Muéranse y se van p’al cielo a cantar en el coro de los angelitos.

    Paso a Mahoma, el impostor, quien a diferencia de Cristo, que no existió, este sí, y fue esclavista, pederasta, contratador de esbirros y asaltante de caravanas. Cuando se tuvo que ir a estafar a Medina y los judíos de esta ciudad no lo reconocieron como profeta, cambió la quibla, o dirección hacia la que rezan los musulmanes, de Jerusalén a La Meca. Días hay en el año en que la temperatura de La Meca llega a los 50 grados a la sombra, sin que Alá les suavice el horno a sus adoradores con una brisita tan siquiera. Ni más ni menos como se comporta el Señor con los habitantes de Caucasia, Antioquia, que arden a la orilla del río Cauca, de donde les viene el gentilicio de «caucásicos». La suerte del hombre a Dios no le importa. Por eso en este valle de lágrimas todo es un continuo llorar.

    Pero Mahoma da para un libro. Por lo pronto, pues me queda mucha tinta en el tintero para él, solo quiero recordarles a mis lectores de los cincuenta y dos países musulmanes que días después de que su profeta cambiara la quibla se lo encontraron sus secuaces excretando en un oasis con la cara vuelta hacia La Meca y el culo hacia Jerusalén. ¡Qué vengativos son los árabes! Por cualquier mísero reino de petróleo se matan entre sí padres e hijos, hermanos y hermanos. ¿Y para qué querrán petróleo en el paraíso, si allá les van a dar de a ochenta vírgenes por cabeza? A mí que Alá me dé también mis ochenta vírgenes aunque sean judías. O a falta de vírgenes hembras, sus hermanitos, aunque no estén vírgenes. En plato usado, si está limpio, también comemos los cristianos. Se lo tuve que explicar con detalle en una entrevista para la televisión a Margarita Vidal, una preguntona colombiana malintencionada que queriéndose pasar de lista me preguntó por mis gustos sexuales. No le contesté por mis gustos sino por mis aberraciones. Cuando acabé el detallado recuento dijo «Aaaaaaaah», con una a larga cargada de angustia, abriendo la boca como en El grito de Munch. Se había dado cuenta la pobre de lo que se perdió en la vida y yo no. Margarita, agua corrida, agua ida. Curate del vicio de preguntar.

    El cristianismo adora a un loco que no existió, repartido en veinte engendros de la leyenda. Veinte Cristos, posteriores todos al año 100 y ninguno de antes, de los cuales el Nuevo Testamento refundió tres en uno, que es al que le rezan ustedes. En unas cuantas páginas de La puta de Babilonia, obra magistral si las hay, el mayúsculo embrollo de la existencia de Cristo ha quedado plenamente aclarado, y desenmascarada la más grande estafa a la humanidad. El autor ya murió, me quedé sin conocerlo. No la dejen de leer, la recomiendo. «Es más, Manuel, ministro, o Juan, o como te llames: a partir de hoy La puta de Babilonia se convierte en texto obligatorio del bachillerato colombiano. Y de paso me suprimes del pénsum las “humanidades”, que todo lo que huela a humano apesta»

  5. Cubano-Americano 7 May 2019 at 8:19 am Permalink

    Manuel…me interesan tus temas..pero por favor..RESUMELOS!!…o dividalos porque no puedo leerlos me marean..y..son interested..creo que hablo por todos….

    • Manuel 7 May 2019 at 9:39 am Permalink

      tratare Cubano

      los ultimos dias son todos recortes de libros, con alguna u otra palabra mia por aca y por alla. Lo he hecho por los largos lectores que tenemos en el blog.

      pero voy a tener piedad de los que no

      dejare de poner estos escritos tan largos

      • Manuel 7 May 2019 at 9:42 am Permalink

        En este caso MEMORIAS DE UN HIJUEPUTA, publicado hace apenas 5 semanas
        de Fernando Vallejo, colombiano

      • Manuel 7 May 2019 at 9:43 am Permalink

        lectores *largos

  6. Víctor López 7 May 2019 at 10:31 am Permalink

    El arrevesado no entiende que aquí expresamos solo opiniones. Hecha a perder la secuencia de los colaboradores con peroratas interminables y fuera de tema.

    Si tuviera estabilidad mental estaría ocupado en sus proyectos personales y usando esta vitrina solo para lo que es, un espacio de observación y expresión subjetiva.

    • Manuel 7 May 2019 at 11:08 am Permalink

      victor, que perdio esta ud y que peo de jefe
      seguro ud no manda en su casa
      es el apestao de la familia
      comemierda

    • Manuel 7 May 2019 at 11:10 am Permalink

      este blog nunca se ha elevado mucho,
      pero desde que ud llego hemos conocido
      cuanto mas bajo puede descender su piso

      comemierda

    • Hector l Ordonez 7 May 2019 at 7:16 pm Permalink

      Es cierto!.

  7. Víctor López 7 May 2019 at 11:30 am Permalink

    Como todo incapaz ante el señalamiento de su torpeza, recurre al exabrupto.

    No denigra a nadie, Manuel. Solo a usted mismo.

  8. Cubano-Americano 7 May 2019 at 11:36 am Permalink

    Gracias Manuel…Saludos


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