15 April 2017 ~ 7 Comentarios

Prefraude, fraude y posfraude en Ecuador

Por Carlos Alberto Montaner

En Ecuador –afirma el gobierno– las elecciones del 2 de abril las ganó la “revolución ciudadana” y la perdieron los “pelucones”. “Revolución ciudadana” es la forma local de llamarle a la voluntad omnímoda de Rafael Correa. Allí se hace lo que a este señor le da la gana. “Pelucones” son todos los que se oponen a ella. Lo que en Venezuela denominan “escuálidos” y en Cuba “gusanos”.

Pero no sucedió así. Según todos los síntomas, en Ecuador ganó la oposición. Sencillamente, hubo fraude. La trampa estuvo precedida por el prefraude y ahora estamos en la fase del posfraude.

Me explico.

El prefraude es la etapa en la que se crea el clima ideal para consumar el engaño. Se cambia o adapta la legislación, se controlan los órganos electorales, y se introducen métodos electrónicos fácilmente manipulables.

Simultáneamente, se silencian los medios de comunicación independientes, y el dictador, disfrazado de presidente democrático, coopta los poderes legislativo y judicial para acogotar a cualquiera que ose criticarlo. Primero fragua una legislación ambigua, perfecta para iniciar las persecuciones, y luego suelta a los fiscales del Estado, como los cazadores liberan a sus perros de caza, para que acosen y atrapen a quienes se atreven a denunciar la falta de libertades. Algunos de los opositores van a parar a la cárcel o al exilio.

Naturalmente, se crea una atmosfera de terror. La mayor parte de las sociedades sometidas a esta violencia propenden a guardar silencio y a la obediencia dócil. Sólo protestan a pecho descubierto los más audaces y comprometidos. Los que mejor entienden cuanto sucede.

El fraude es el delito cometido durante el proceso electoral. Primero, se prepara comprando algunas encuestas que dan como virtual ganador al candidato oficialista. Y luego se lleva a cabo mediante el control del registro de votantes –los muertos continúan sufragando, se crean ciudadanos virtuales–, pero el truco mayor es el diseño sofisticado del software.

Es posible graduar exactamente con qué porcentaje se desea triunfar y dónde colocar los votos decisivos. La máquina interpreta los algoritmos programados y ofrece los resultados solicitados de una manera casi imperceptible. Esto se hace en minutos, generalmente cuando, oportunamente, se interrumpe la electricidad. (En todas partes cuecen habas. No sólo en el Tercer Mundo. En el condado de Miami-Dade, en Florida, cuando se decidía en una consulta el destino millonario de los casinos, dos computadoras “mal programadas” invertían los “sí” y “no” para darle la victoria a quienes favorecían la creación de casas de juego fuera de las reservas indias. Las máquinas fueron descubiertas y los resultados invalidados).

En Ecuador estamos en el posfraude. El órgano electoral, obediente y dependiente del poder, para darle a esa “victoria” una apariencia de verosimilitud, ya proclamó el triunfo de Lenín Moreno por una pequeña fracción. Nadie hubiera creído que el oficialismo ganaba por goleada cuando la predicción es que iba a perder. Sucedió lo mismo que en las elecciones venezolanas del 2013, cuando los resultados se acomodaron al éxito de Nicolás Maduro frente a Henrique Capriles, quien, a todas luces, había conseguido prevalecer con cierta holgura.

El posfraude le concede al régimen una pátina de legitimidad suficiente para contentar a los factores internacionales. Todos aquellos elementos –el Departamento de Estado norteamericano, el Vaticano con su papa peronista, la OEA– que prefieren la estabilidad a la verdad impredecible e incómoda de que hubo fraude, probable origen de desórdenes, se sienten aliviados y no vacilan en avalar los resultados. Al fin y al cabo, en muchas elecciones, como en México o Colombia, también hay fraudes.

Pero hay una diferencia. En los países del Socialismo del Siglo XXI (por ahora Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua) el fraude –condenable en todas las latitudes– es un instrumento para el mantenimiento de regímenes que nada tienen que ver con las democracias liberales a las que todos esos países (menos Cuba, que es una franca dictadura comunista), dicen pertenecer.

Todos juegan con la apariencia de un Estado de Derecho, dotado de una Constitución que garantiza las libertades, con separación de poderes, partidos políticos libres que participan en comicios abiertos, en el que las transacciones comerciales responden al mercado, y en los que supuestamente funciona la alternancia en el poder, pero todo es una mentirosa ilusión.

La verdad se la leí hace unos años a Salvador Sánchez Cerén, un viejo comunista exguerrillero salvadoreño, hoy presidente de ese país. En esa época era candidato de la oposición a vicepresidente y gobernaba el partido ARENA. Dijo, y cito de memoria, que cuando llegaran al poder terminaría la alternancia. El gobierno totalitario, como el amor, o como el odio, es para siempre. Como se ha visto en Ecuador.

Print Friendly

7 Responses to “Prefraude, fraude y posfraude en Ecuador”

  1. Ramiro Millan 16 April 2017 at 8:56 am Permalink

    Cuando se intenta aplicar politicas socialistas en Latinoamérica (ortodoxas o no) es tan simple el mecanismo por el cual se producen todos estos desvaríos que van destruyendo poco a poco aquello que se logra generalmente con grandes sacrificios, me refiero obviamente a la democracia, que cuesta horrores entender porqué insisten una y otra vez con algo que va inevitablemente al fracaso.
    Entiendan de una maldita vez por todas que nuestra CULTURA decididamente INDIVIDUALISTA destruye, poco a poco, cualquier iniciativa política que implique participación ciudadana en el proyecto, es decir en proyectos que requieran​ de una sociedad con cultura COLECTIVISTA.
    Si los ciudadanos solamente privilegian todo aquello que no se “aleje de sus narices” y son desinteresados del bien común, los planes socialistas se desvirtúan inevitablemente.
    El contribuyente solamente paga lo que está obligado a hacerlo y evade todo lo que está a su alcance.
    El empresario mantiene a tantos empleados en negro como le sea posible.
    El empleado público solamente se interesa por cumplir las mínimas obligaciones posibles sin interés alguno por el funcionamiento de la institución a la cual pertenece.
    Los funcionarios se preocupan exclusivamente por su bienestar y el de sus familiares y allegados con el inevitable despotismo consecuente (acompañado casi siempre de su fiel compañera, la corrupción).
    Las empresas estatales dirigidas por individuos que se preocupan por su futuro individual exclusivamente, contratan a cuantos empleados sean posibles para hacer proselitismo político destruyen una empresa tras otra llevando a su absoluta ineficiencia (es éste un fenómeno que se reitera siempre, de nuevo, siempre).
    Ciudadanos que despreocupados absolutamente de todo aquello que no incumbe sus intereses personales, y por tanto ignorando todo lo tenga que ver con el interés general, permiten cuantas desviaciones se produzcan​ y reaccionan (generalmente con gran impetu o fogosidad) cuando se percatan de que esas desviaciones, como la corrupción generalizada o la inflación descontrolada o la pobreza alarmante o la inseguridad agobiante, ya no compete al ámbito colectivo sino individual o personal (generalmente demasiado tarde como para evitar suculentas crisis que van atrasando más y más).
    Y más importante aún, los gobiernos ante cada fracaso van necesitando recurrir más y más al autoritarismo para seguir obstinadamente en un camino que más tarde o temprano termina en un precipicio.
    Comienzan con acallar a la prensa para que la población no se percate de las contradicciones que van surgiendo con cada fracaso.
    Continúan con la cooptación de la justicia para evitar ser sancionados por el autoritarismo, teóricamente necesario para hacer llegar la “justicia social a todo el pueblo maravilloso por el cual dedican y dan sus patrioticas vidas”.
    Y así hasta finalmente destruir lo más valioso que el progreso nos ha dado a los seres humanos: la democracia, la libertad y los derechos humanos.
    Podría dedicar un libro entero describiendo circunstancias que se desencadenan ante este fenómeno tan fácil de entender y que hace absolutamente inviable el socialismo en cualquiera de sus variantes en Latinoamérica.
    Tan simple es este mecanismo que se reduce a entender un simple concepto: cultura INDIVIDUALISTA y politicas SOCIALISTAS son antagonistas, no pueden funcionar juntas jamás.
    O cambias la CULTURA o utiliza políticas NO SOCIALISTAS si quieres obtener algún progreso.
    Señores socialistas, por favor, entiendan de una maldita vez por todas que la cultura latinoamericana no es apta para su utilización.

    • Manuel 19 April 2017 at 6:52 am Permalink

      ninguna “cultura” lo es. El ser humano, esté donde esté no quiere la basura comunista.

      • Ramiro Millan 19 April 2017 at 8:12 am Permalink

        Manuel, el comunismo fracasa siempre porque contradice una fuerza mucho más poderosa que la cultura.
        Contradice a nuestra naturaleza humana (instintos primitivos tan fuertes como nuestro Instinto sexual).
        De hecho, creo que si fuera posible hacer funcionar como la teoría dice al sistema comunista, el ser humano probablemente lo aprobaría decididamente.
        En mi comentario, hago referencia al socialismo en general (comunista y no comunista) y en este caso la gigantesca fuerza que se opone en Latinoamérica es la cultura INDIVIDUALISTA del ciudadano latinoamericano.
        Es la cultura lo que explica claramente porqué en Europa desarrollada el socialismo es éxitoso y acá siempre degenera en populismos corruptos y degradantes.
        Es nuestra incapacidad determinada por costumbres, hábitos respuestas típicas ante estímulos o circunstancias que hacen totalmente disfuncionales a las instituciones que deben conducir las políticas socialistas (estatistas, dirigistas, intervencionistas, etc).
        Sino ¿por qué en Noruega o Dinamarca la salud pública o la educación o el sistema jubilatorio o un largo etcétera, son archieficientes y en Latinoamérica, cuánto más se entromete el estado, peores​ son los resultados?
        La respuesta está en la cultura.
        Algunos aducen que la diferencia está en la educación.
        Pero justamente la educación es mala o buena dependiendo de la cultura, ya que las instituciones educativas solamente funcionan si la sociedad lo quiere o permite y los latinoamericanos nos empeñamos en destruir cuanta INSTITUCIÓN existe, entre ellas a las educativas.
        Lamentablemente, cambiar las culturas es una tarea titánica y ello explica porque el atraso persiste por siglos.

        • Manuel 19 April 2017 at 11:49 am Permalink

          el comunismo fracasa porq se vuelve sumamente asqueante (como hitler, hirohito, trujillo o mussolini).
          ellos, los comunistas (saco de mil contradicciones) se escandalizan y atribuyen a los “imperialistas” seguir el infame principio “el propósito justifica los médios” —si este es bueno, aquellos (los q sean) también— y se la pasan nombrando ,hiroshima, hitler, etc.; como expresiones máximas de esa verdad: al tiempo q esconden el pragmatismo propio, la violación permanente y sin esperanza de cada derecho humano. El pueblo se asquea no de lo que hacen, q quisá sea menos q los no comunistas; se asquea de su doble moral, porq nada hay más asqueroso

  2. Alba florez 17 April 2017 at 10:08 pm Permalink

    Porque cuatro (4) poderosos nos hacen flaquear nuestra Democracia y se lo hemos permitido? Sera que no sabemos evitarlo y nos hemos confiado demasido, y se estan aprovechando de la falta de educacion ciudadana debido al conformismo en que vivimos !!! muy triste.

    • Manuel 19 April 2017 at 6:57 am Permalink

      Exactamente.

      en democracia la opinión pública fluctúa, es una fuerza más. En dictadura (soviética, nazi, fascista, norcorea, cuba, venezuela, etc) se hace uso sesgado de lo q para corrientes filosóficas es la “construcción de una nueva sociedad/hombre” (las corrientes q se plantearon q “de lo que se trata es de transformar la realidad”), de las q se alimentan estos extremistas en esos algunos lugares/tiempos q menciono (entre muchos otros). Para estos la Guerra Fria no ha terminado, terminó el campo en Europa, pero ellos se empeñan en mantener un hilo y esperar condiciones q permitan el resurgir de otro polo de poder como aquel. Se enquistan y al mismo tiempo dedican 100% de sus recursos en lograr ese objetivo. Cualquier acción q tome USA “y sus aliados” será reinterpretada por ese prisma y lanzada subversivamente por todo el mundo (sobretodo latinoamericano, árabe, africano; pero siempre mucho más allá, hasta donde les sea posible calar). Sus pueblos, como el de Stalin, Fidel, Maduro, etc; sufrirán represión como la sufrida por los q soportaron El Eje en la sefunda guerra mundial, Batista, Trujillo, Pinochet, …
      ¿Cómo terminar esta historia? No diciendo q la Guerra Fria terminó, esto es cerrar los ojos puerilmente y enviar un mensaje tonto de lo q ha estado pasando en el mundo por 100 años. Si hay tormenta, cerrar los ojos no hará q pase más rápido, es mejor abrirlos, estar claros y conscientes, hacer algo.

  3. Juan Fco. BALLEN Mancero 19 April 2017 at 6:18 am Permalink

    Maldecir de nuestra cultura y de la sociedad latinoamericana no le hace bien a nadie.. ni al autor y peor a sus lectores.Queda poco de Montaner si alguna vez hubo algo. Para quienes estan sufriendo algun trauma politico en Ecuador usen LASSONIL


Leave a Reply