12 August 2019 ~ 11 Comentarios

¿Puede enseñarse la virtud?

Por José Azel

El Índice de Percepción de la Corrupción, publicado anualmente por Transparencia Internacional, mide los niveles percibidos de corrupción del sector público en 180 países. El informe de 2018 muestra que la vasta mayoría de países evaluados están haciendo poco o ningún progreso reduciendo la corrupción. Analizado por regiones, el informe muestra Europa occidental como la menos corrupta, y África subsahariana como la peor.

Delia Ferrara, directora de Transparencia Internacional, explica: “Nuestra investigación establece un vínculo claro entre tener una democracia saludable y combatir exitosamente la corrupción en el sector público. La corrupción es más propicia a florecer cuando los fundamentos democráticos son débiles. Esto queda claro en los casos de regiones con las menores calificaciones, como África, Europa del Este, Asia Central, y Medio Oriente, donde muchos países luchan con instituciones inefectivas y débiles valores democráticos.

Traigo a discutir la corrupción con nuestros lentes contemporáneos, un tema presentado por Platón alrededor del 402 A.C. en su diálogo de Meno. El diálogo comienza con Meno preguntando a Sócrates si la virtud puede enseñarse. La pregunta también nos concierne, como padres, cuando buscamos inculcar valores en nuestros hijos.

Platón, a través de la voz de Sócrates, primero fuerza a Meno a definir la virtud. Meno pasa dificultades, porque la virtud tiene diferentes significados a través del tiempo y de diferentes culturas. Para los antiguos romanos virtud era una larga lista de cualidades incluyendo virilidad, honor y más. La cristiandad combina los valores teológicos de fe, esperanza y amor con las virtudes cardinales de prudencia, justicia y moderación. Y así.

Las mismas dificultades se encuentran entre los pensadores. Para René Descartes virtud es el razonamiento correcto que guía nuestras acciones. Para Immanuel Kant ser virtuoso era comportarse de acuerdo con principios morales. Friedrich Nietzsche incluyó la soledad como virtud. Las siete virtudes de Ayn Rand incluyen independencia y productividad. Y Benjamin Franklin tenía una lista de trece virtudes que guiaban su vida. Aquí nos basta con definir virtud como conducta que muestra altos estándares morales.

Entonces, ¿puede enseñarse la conducta de altos estándares para combatir la corrupción? En Meno, Sócrates concluye que la virtud no es un tipo de conocimiento, y entonces no puede enseñarse. Tampoco cree que sea innata. Pero, entonces, ¿de dónde viene la virtud? La respuesta socrática es que la virtud es un hábito guiado por opiniones correctas inspirado por Dios en algunas personas. Esa respuesta la considero insatisfactoria. Sin embargo, el nivel de corrupción contemporánea parece apoyar la idea de que altos estándares morales no pueden ser enseñados.

Nuestro criterio actual se acerca al de Aristóteles. Los psicólogos consideran que el carácter moral se forma esencialmente antes que el niño comience en la escuela. La virtud es función de factores genéticos: por ejemplo, algunas personas parecen haber nacido con aptitud excepcional para la compasión, mientras otras carecen de ella. Pero la virtud es también función de tempranas influencias ambientales y familiar. Si no podemos enseñar virtud, ¿podremos inspirar altos estándares morales dentro de la mayoría corrupta de gobiernos del mundo?

Seguramente, como señala Transparencia Internacional, la supervisión democrática ayuda. Pero eso es equivalente a decir que la vigilancia disuade el delito. Estados policíacos, como los gobiernos totalitarios y autoritarios, están entre los más corruptos. Un Estado policial no es la receta que buscamos.

Aunque la conducta de altos estándares morales no puede enseñarse, puede aprenderse. Esto no es una distinción semántica sin importancia. Enseñarle música a alguien no hace a esa persona musical, y existen músicos talentosos que no estudiaron música. Ser virtuoso es similar. Enseñar implica un maestro y un estudiante; aprender requiere solamente un estudiante. Podemos aprender de muchas fuentes sin un maestro.

Esta reformulación sugiere un posible enfoque para combatir la corrupción e implica una política exterior para aquellos países con menores índices de corrupción: no prediquen, sean ejemplo de buen gobierno. Algunos considerarán esto nacionalista y aislacionista. Pero fortalecer el resultado económico y el gobierno democrático propios puede ser el camino más efectivo de ayudar a otros a mejorar sus gobiernos. Una política exterior de enseñar la virtud con el ejemplo, no con lecciones.

11 Responses to “¿Puede enseñarse la virtud?”

  1. Manuel 12 August 2019 at 2:12 pm Permalink

    Estes para Ramiro, Julián y yo.
    Ahora sí dió en el clavo: Ramiro no tardará en
    Llegarae airado, diciendo que la cultura es lo que es
    Y estamos Todos condenados;
    Julián que no se puede distribuir al por mayor
    La buena Educación y la Vitud;
    Yo, que sí se puede.

    CAM, el cuartito sigue igualito.

    • Ramiro Millan 12 August 2019 at 3:34 pm Permalink

      Ayer, mi país nos dió un extraordinario ejemplo de lo que implica la cultura en transparencia del Estado en las elecciones llamadas PASO, un entuerto que nadie entiende para que se hizo pero elección al fin y que decidió que el próximo presidente de la Nación será Alberto Fernández.
      Alberto Fernández es candidato porque así lo decidió la candidata a vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, ex presidenta de la Nación por dos períodos consecutivos constituyendo un hito que probablemente sea visto por primera vez en la historia global: que el vicepresidente elige al que será presidente en la fórmula.
      Es decir, la verdadera líder es Cristina Fernández de Kirchner, procesada por la justicia federal en 11 causas por corrupción y con 5 pedidos de prisión preventiva. Prisión que evitó por tener fueros como senadora de la Nación.
      Pues bien, esta fórmula sacó el 47% de los votos con 16 puntos de ventaja sobre el actual gobierno que no tiene ningún caso de corrupción.
      Y vale mencionar que en ese 47% están la mayoría de los maestros de la Nación Argentina.
      Por eso, la Cultura es la que determina qué y cuánto exigimos de los demás y del Estado y de esas exigencias los resultados consecuentes.
      Cuánto exigimos de virtud en los maestros y en consecuencia la educación obtenida (el nivel de enseñanza lo determina las exigencias de los padres a los maestros, si los padres poco exigen, sus hijos poca educación recibirán).
      Cuánto de honestidad exigimos de los políticos y en consecuencia la transparencia obtenida (si poco exigimos, más gobernantes corruptos tendremos como se demuestra claramente en las elecciones de ayer con un voto masivo a una persona conocida por toda la sociedad como archi corrupta).
      Cuánto de respeto por nuestros derechos exigimos y en consecuencia los derechos logrados (la libertad y la democracia son posibles dependiendo del nivel de exigencia de los ciudadanos respecto de los demás entre los que se incluyen a los líderes políticos y comunitarios).
      Cuánto de respeto por el cumplimiento de las normas y reglas exigimos y en consecuencia el nivel de organización social se vivirá (las instituciones dependen su eficiencia del nivel de cumplimiento por parte de la sociedad de sus prerrogativas).
      Y finalmente, lo que los ciudadanos hacen rutinariamente es lo que esperan que los demás también hagan y en consecuencia, eso es lo que exigen de los demás y finalmente también del Estado. Difícilmente las exigencias serán superiores a las que esperan que ellos mismos harían si ocuparan el lugar de quienes son los exigidos por su su función circunstancial.
      Si un ciudadano típico habitualmente tira la basura en la calle, si evade impuestos toda vez que sea posible, si soborna a los inspectores de tránsito o los inspectores lo sobornan a él, si no confía en sus representantes políticos ni gremiales, si no le interesa la acción comunitaria, ese ciudadano, sin duda alguna, esperará que los demás hagan exactamente lo mismo que lo que el haría y en consecuencia, eso determinará cuanto exigirá de los demás y del Estado (maestros, inspectores, funcionarios, políticos, gobernantes, etc, etc). El resultado de éste fenómeno no puede ser otro que el fracaso colectivo, entre ellos, el fracaso de la educación.
      -“Exigencias ciudadanas y sus resultados según la Cultura” “Borges, la crisis Argentina y lo que nadie dice” razonvsinstinto.blogspot.com-

      • Víctor López 12 August 2019 at 5:41 pm Permalink

        El MERVAL cayó 37.93%.

        Deben estar todos de fiesta. Me recuerda a cuando bailaban de alegría por Malvinas.

        Que lo disfruten.

  2. Manuel 12 August 2019 at 2:14 pm Permalink

    **Este es para Ramiro, Julián y Manuel (yo)

    Ahora sí dió en el clavo:

    Ramiro no tardará en
    Llegarse muy airado, diciendo que la cultura es lo que es
    Y que estamos Todos condenados;

    Julián que no se puede distribuir al por mayor
    La buena Educación y la Vitud;

    Yo, que sí se puede.

    CAM, el cuartito sigue igualito. 🙂

  3. Manuel 12 August 2019 at 2:31 pm Permalink

    con la virtud pasa como con las dietas:

    “El encaje de bolillos de Eslovenia, las tamborradas españolas, el yoga indio, la rumba cubana y la dieta mediterránea tienen algo en común: forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, según la Unesco. La receta de la última es bien sencilla: coja un puñado generoso de verduras, frutas y legumbres, añádale cereales y pescado en abundancia, carne día sí y día no, un yogur, y aderécelo todo con un chorreón de aceite y una copa de vino. Lo mejor es el que el premio por acatarla es vivir un año y medio más, según estudio que publicaba la revista British Medical Journal. Sobre todo si las proporciones de nutrientes se mantienen dentro de los márgenes que aparecen a la izquierda.
    “No obstante, estas recomendaciones son válidas para nuestro grupo poblacional”, subraya la doctora Alonso. Porque si miramos un poco más lejos encontraremos otras opciones aparentemente desequilibradas que, sin embargo, dan buenos resultados. Alonso nos pone como ejemplo a los tukisentas, una tribu de Papúa Nueva Guinea cuya dieta contenía un 94 % de carbohidratos – con generosas dosis de patatas dulces– y que no sabían lo que era la diabetes. De salud de hierro pueden presumir también los inuits, en el polo opuesto a los tukisentas, que hasta hace algunas décadas, cuando occidentalizaron su gastronomía, basaban más del 90 % de la alimentación en carne. Y lo mismo se puede decir de los masáis africanos, devoradores natos de carne roja pero sin problemas de cáncer, hipertensión o cardiopatías. Eso sí, todos ellos tienen en común que caminan –o corren– decenas de kilómetros cada día. Y ese ejercicio físico, qué duda cabe, compensa sus desequilibrios dietéticos”

    …si corres (eres exitoso, feliz) poco importa que
    has comido:

    Si tu proceder te lleva al triunfo, a la felicidad,
    properidad; eres virtuoso, te conviertes en
    Ejemplo a seguir, en paradigma, definición misma
    de Virtud.

    Corre y … triunfa!

  4. Víctor López 12 August 2019 at 2:56 pm Permalink

    Qué pasó Azel.

    Hace el planteamiento y usted mismo se contesta. Será que leyo mucho a Platón y se le adhirieron “los diálogos”.

    El caso subsahariano, como entenderá, no se reduce a instituciones débiles. Si va a abordar un tema de manera analítica no debe andarse con eufemismos, verdades a medias o simples mentiras. Ahí esta para ejemplo Liberia (el gran sueño de los afroamericanos) o puede echarle una ojeada al libro “CONGO”.

    Sin hacerlo muy largo, creo que la maraña de la corrupción, al menos en Latinoamérica, se reduciría muchísimo si legisláramos y reguláramos de manera oportuna y consciente.

    Claro que para ello deberíamos quitarnos o limitar al menos, a esos botarates que politiquean queriendo presumir de entendidos para disfrazar su ignorancia. Asunto que, como usted sabe, es totalmente imposible en nuestros países (pobre EEUU con el cucarachero que le está llegando).

    El problema es en la INTROYECCIÓN, Azel. Ya sea del conocimiento o de los valores. Un elemento humano incapaz de introyectar debidamente no entenderá ni aprenderá jamás nada.

    Saludos cordiales.

  5. Manuel 12 August 2019 at 8:56 pm Permalink

    HOY LA TECNOLOGÍA SE FABRICA EN CHINA. El 90% de los dispositivos electrónicos, incluidos móviles, portátiles y servidores, vienen de allí. Hasta ahora todo parecían ventajas. Las políticas neoliberales de la década de los noventa desviaron la producción a países subdesarrollados donde la ausencia de regulación laboral favorecía ciclos de vida cada vez más cortos de productos cada vez más baratos. Y el primer mundo se reservaba la inteligencia, en forma de marcas y patentes. El tercero solo ponía el músculo.
    Pero el pasado octubre, una investigación de la compañía estadounidense Bloomberg reveló que las placas base de los servidores de Super Micro Computer, Inc., un hardware habitual en la nube de Amazon, Apple y numerosos ministerios de Defensa, habían sido infectadas con microchips espía del ejército chino durante su fabricación. Las empresas mencionadas negaron haber sido intervenidas. Los especialistas en seguridad internacional y tecnología de vigilancia coincidieron en que el ataque era técnicamente viable y políticamente probable. China es un músculo con dientes… y con cerebro. En mayo de 2017, cuando Ke Jie, considerado el mejor jugador de Go de la historia, fue vencido por AlphaGo –el algoritmo de inteligencia artificial (IA) de Google– en tres partidas, el Gobierno chino tuvo su momento Sputnik. La tecnología los había machacado en su propio juego. Xi Jinping, presidente del país, activó un programa para el desarrollo de la IA que ya se ha puesto a la altura de Estados Unidos. Ha contado con dos grandes ventajas competitivas para hacerlo: un Gobierno totalitario y una cuarta parte de la población mundial.
    A DIFERENCIA DEL HARDWARE, la IA resulta invisible, pero es omnipresente y gestiona todos los aspectos de nuestra vida. Es micro y es macro, existe en lo crítico y en lo banal. El mismo algoritmo que determina el precio de nuestros billetes de avión de forma exclusiva para nosotros en función del mercado, la estadística y nuestro historial de búsquedas es el que decide el precio del suelo en las grandes ciudades. El algoritmo que calcula el valor de nuestro seguro médico es el mismo que condiciona el desarrollo de vacunas contra las superbacterias. El mismo asistente virtual que te ayuda a ser más estiloso es el que hace fluctuar el precio del algodón en Bangladés. Se ha infiltrado en los transportes, los hospitales, las finanzas y los mercados. Decide quién merece un trasplante, un crédito bancario o un disparo mortal desde un dron. Con dos potencias mundiales compitiendo por dominar el mercado mundial de esos algoritmos, podemos hablar de una nueva guerra fría.

  6. Manuel 13 August 2019 at 12:02 pm Permalink

    puede ensenarse la virtud cdo se siguen al pie de la letra los anhelos de Varela y Marti; no los de sectarios duenos del pais.

    «Desearía ver a Cuba tan isla en lo político como lo es en la naturaleza, (…) Cuba no debe esperar ya nada de España…ni de nadie, debe liberarse por si sola (…)»

    ‘No hay patria sin virtud’ nos decia el Padre Varela; el respeto de las leyes y la virtud; dos cosas que brillan por su asuncia en el 99% de los paises de latinoamerica.

    Hasta Che se enfrento a la dependencia politica y economica de URSS. Esto le costo el destierra y luego la vida.

    Nos quedan 50 anos de miseria; mientras Chile se adentra cada vez con mas fuerza en el Primer Mundo, nosotros ampliamos y actualizamos nuestra enorme lista de justificaciones para seguir siendo pobre, dependientes, mediocres, sectarios, antimartianos y antivarela (al que tenemos que decirle que no aprendemos a pensar, seguimos siendo victima de nuestro dogmatico violento absurdo modo de ver la sociedad, 200 anos de labor Vareliana y 150 de labor Martiana no nos han salvado de ese triste camino, y no nos salvara de el por al menos otro medio siglo)

    • Manuel 13 August 2019 at 1:25 pm Permalink

      dos cosas que brillan por su ausencia**


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