16 May 2017 ~ 5 Comentarios

Si no se combate la impunidad no se lucha contra la corrupción

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5 Responses to “Si no se combate la impunidad no se lucha contra la corrupción”

  1. Juan Carlos Rizo Tamarit 16 May 2017 at 7:13 pm Permalink

    Muy, pero muy cierto. Estoy plenamente de acuerdo

  2. Ramiro Millan 17 May 2017 at 1:00 am Permalink

    Vivo en una provincia dónde la corrupción ocupa un lugar central en la política y administración del estado.
    Los conozco, los veo, los escucho y muchas veces trato personalmente con corruptos.
    Si bien esto no significa que me haga experto en la materia, sin duda alguna sirve muchísimo para interpretar de la manera más profunda posible esta peste que se expande como si fuera una pandemia en todo el mundo subdesarrollado.
    Ojalá, mil veces ojalá, la solución sea tan simple como eliminar la impunidad a través de la fortuita y afortunada aparición de jueces dispuestos a combatir, tal “héroes adalides”, la impunidad y castigar de manera ejemplar la corrupción.
    Lamentablemente, no cuento con el optimismo del Sr Montaner.
    Sé, estoy seguro porque los conozco personalmente a muchos de ellos, que lo que los motiva para robar es la competencia entre ellos por quién posee más riquezas que el otro.
    Es “de manual” que si uno compro una 4 por 4 de una marca generalista, otro pronto querrá adquirir una igual y si es de marca premium, mucho mejor.
    Si otro se entera que un dirigente de una posición política similar a la suya compró un campo de grandes dimensiones, éste buscará incansablemente comprar uno más grande aún.
    Si otro tiene departamentos distribuidos por toda la ciudad, le seguirán sus colegas en la loca carrera por obtener lo mismo.
    Créanme que estos actos escapan absolutamente a la racionalidad, aunque se intente ver como racional justificar este vandalismo como la posibilidad de “asegurar” el futuro económico de su familia.
    Definitivamente no es el caso, porque al permitir las circunstancias culturales y judiciales, roban tanto como sea posible enmarcados en esa loca competencia por quién es más rico.
    No hay manera que la razón “pura”, libre de las presiones de instintos que intentan justificar lo injustificable, pueda aportar un sentido lógico a la adquisición de riquezas atormentadoras que llegan a sumar cientos de millones de dólares en medio de la pobreza generalizada.
    Solamente la acción de un instinto tan primitivo como el homo sapiens que intenta destacar nuestro ego mediante adquisición de riquezas superiores a la de los demás, puede ser responsable de actos como estos (ante la ausencia de frenos culturales y judiciales esta pulsión se manifiesta en su máxima expresión).
    La razón, ante este fenómeno social, tiene exclusivamente la tarea de justificar los actos vandálicos que se cometen.
    Justificar lo suficiente para acallar la conciencia o evitar desequilibrios emocionales ante la perspectiva de verse en algún momento responsable de los sufrimientos causados.
    Pero este mecanismo de adaptación solamente funciona durante un determinado tiempo, pasado éste, ya no interesa justificar los actos, ya da igual ser más o menos dañinos y se cae en una etapa incluso de psicopatía, es decir se llega habitualmente a una situación donde ya no saben discernir lo que está bien de lo que está más, lo moral de lo inmoral.
    A todo este proceso le falta sumar la fundamental colaboración de la cultura predominante (si la cultura no lo permite, la corrupción jamás se generaliza). Cultura que se caracteriza por la absoluta desconsideracion hacia todo aquello que tenga que ver con el bien común. Pasan y se transmiten de generación en generación, costumbres, habitos, conductas, reacciones típicas ante determinados estímulos que hacen a los ciudadanos desinteresados y descreidos de la posibilidad de alterar la organización social mediante la toma de decisiones que incumben al interés general.
    Tanto desinterés como para votar con cifras muy superiores al 50% a candidatos conocidos por el 99% de la población como corruptos. Ello no es un impedimento alguno si consideran que algún beneficio personal pueda obtener sin importar en absoluto si significa o no un perjuicio para los demás.
    Conozco tan bien a los funcionarios corruptos como a mis conciudadanos, sé cómo actúan y se desenvuelven socialmente. Los observo y no me dejan margen de duda alguna, su individualismo cultural es sumamente evidente (cuidado, no se debe hechar culpas personales ante este hecho ya que las culturas no se eligen, se heredan)
    Ante este ámbito, que surja un paladín de la justicia, solamente puede sobrevenir por acción de la más pura casualidad.
    El sistema judicial es habitual que se halle totalmente cooptado por el poder ante la mirada totalmente desinteresada de la sociedad ante cada avance de estas organizaciones mafiosas en esta institución elemental para el buen funcionamiento de la sociedad.
    Repito, ojalá y mil veces ojalá aparezca en cada pueblo atrasado como el mío paladines de la justicia y logren terminar con la impunidad.
    Honestamente, no creo.

  3. Humberto 17 May 2017 at 9:57 am Permalink

    Está claro que rebajar las condenas ayuda a desentrañar la madeja y las hojas de rutas de todos los delitos anteriores, llegando en algunos casos a los fondos de los intringulis de esas cuevas enramadas.
    Y claro, lo otro; si nadie es inmune a la justicia, sea quien sea, ocupe el peldaño político, social (por ejemplo, el caso de los curas y pastores) o económico (empresarios) que ocupe, pues eso frena la corrupción, que entre mas arriba, mas daño hace en términos de “PIB” de corrupción total, moral, ético, psicológico y material. Aunque por poca que sea y aunque sea a nivel local, de barrio primero, de dos amigotes; siempre su saldo es malo y en expacion cancerígena si no se frena a tiempo.
    ………………….
    Hasta ahí como decías la opinión pública, la sociedad y la justicia, “todos felices y comiendo perdices”; pero en esta tesis jurídica hay una fisura, un eslabón perdido, un salto cuántico que los teóricos de la jurisprudencia que tanto se regocijan con ella, no ven y por eso al final la cosa sigue mas o menos parecida.
    La corrupción es una mafia donde todos se benefician, unos mas y otros menos; ese es el fin que justifica los medios: Lucrar sin trabajar de forma honrada, o si consideras que ningún trabajo es en el fondo honrado del todo porque siempre tendrás que darle parte de ti al diablo de algún modo, al menos trabajar según las normas y costumbre de la decencia cultural establecida.
    Entonces al ser una sociedad lucrativa mafiosa, pues las tramas de la corrupción son bastante hermética; porque todos van ha perder.
    Es como la prostitución, si la haces ilegal, enseguida las estadísticas dicen que la prostitución disminuye. Pero en realidad no ha disminuido, sigue siendo la misma, lo que ahora no tienes un mecanismo para controlarla estadisticamente.
    Entonces esta tesis jurídica que tan feliz os hace, esta de dar cierta impunidad al chivato (como decimos los cubanos por otras razones morales), no combate la corrupción mas que dentro de una trama o subtrama descubierta.
    Pero tiene un vacío entre la corrupción descubierta (que como decía es siempre muy hermética, dificil de a ser descubierta) y la no descubierta. En caso de los Lulas lo demuestra, dado que fue por casualidad y de ahí su nombre de Lava Carro. Si no llega ocurrir tal casualidad o alguien al inicio corta de alguna manera pagando o porque se resiste a confesar por puros huevos (como digamos el terrorista llamado El Chacal) nunca se hubiera sabido nada, ni se hubiera volado tan alto, hasta el máximo poder político y económico, que al final eran la misma mafia, no había diferencias entre una cosa y otra.
    OK:
    1-Ya tienes los fiscales y jueces decentes, incorruptibles (cosa que tampoco es fácil llegar a formarlos ascéticos ni desde su época de universitarios), ya tienes los mecanismos legales para que ningún vector politico o economico pueda interrumpir su labor.
    2-Ya tienes el 100% de los corruptos del país presos y cantando la guantanamera a cambio de darle impunidad (si porque eso no tiene otro nombre por mas lindo que los acólitos de esta idea lo pinten).
    3-Ahora,como consigues averiguar que ese 100% de los corruptos, no es tal, sino solo el 10% de los corruptos del país. Sencillamente esta tesis no ayuda tanto a acabar con la corrupción como creen sus entusiasta. Porque para llevar el corrupto a la cárcel y darle impunidades negociadas; hay buscar un mecanismo mas efectivo de saber quien es corrupto.
    La cadena tiene tres eslabones complejos, no dos como se creen algunos:
    Corrupto-Detección-Cáncer con impunidad negociada.
    Y por eso nunca se acaba con la corrupción. Ese segundo eslabón es el mas difícil, el mas importante, porque es muy hermético a ser detectado, penetrado y si no tienes al corrupto en la cárcel, de que te sirve vanagloriarse de la gran idea de la impunidad negociada.
    Meditando sobre eso, yo descubri una forma de propiciar romper la hermeticidad de la comisión de los delitos, usando las mismas causas que los propician. Es decir, pasándole todos los beneficios económicos de la comisión de los delitos, sin importar el monto de estos; al “chivato’. Si el delito es mas grande, hay mas dinero; pues hace mas dano y el chivatazo será mas preciado. Esto se basa en que dentro de la comisión de los delitos, cualquiera sean estos; siempre, siempre hay gente que conoce que está pasando (por aquello de que entre cielo y tierra no hay nada oculto), pero de cierta forma no participan de forma activa de la comisión del delito.
    Estas personas no delatan el delito porque saben que podrían buscarse un malestar para su cuerpo; pero con un mecanismo bien calculado de protección y beneficio económicos acorde a todo el monto del delito; estas personas si delataran con sumo placer a los delincuentes y sus tramas.
    Supongamo hipotéticamente que unas personas (varías también, claro, pero es solo un símil)) delata parte de la trama delictiva del Chapo. Supongamos que se incautaron 1 000 millones de dólares. Entonces por ese mecanismo bien engrasado por la experiencia jurídica de múltiples casos a todos los niveles), bien pensado para propiciar la protección de estos delatores; esa persona recibirá 1 000 millones de dólares y las facilidades para cuidar su integridad física y la de sus seres queridos (no quiero meterme en esto último, porque quiero dejalo en la idea básica).
    Alguien puede decir que no es tentación irresistible delatar los delitos cualquiera sea estos, si se logra implementar un mecanismo asi en cada país, acorde a su filosofía jurídica?
    ……………..
    Es solo un protocolo exploratorio en bruto, porque yo no tengo tiempo para desarrollarlo. Ademas que es complejo, porque nunca se a puesto en práctica y en cada pais habria que hacerlo adaptado a sus criterios jurídico e ir perfeccionandolo en base a pruebas y errores.

  4. Humberto 17 May 2017 at 10:04 am Permalink

    Sorry, olvide poner el enlace a mi protocolo, aunque la idea ya está implícita en el ejemplo:
    http://humbertomondejargonzalez.blogspot.com/2016/12/371-ya-se-como-acabar-con-la-produccion.html
    371-Acabo de descubrir cómo acabar con la producción, distribución, venta y consumo de drogas en una semana sin gastarle un centavo al contribuyente.

  5. Ramiro Millan 17 May 2017 at 11:49 am Permalink

    Coincido absolutamente.
    Soy un convencido de que hasta que los gobernantes, medios de comunicación, redes sociales, ONG, organismos internacionales, etc no encaren una solución para ésta problemática terrible, la peste pandemica de la corrupción no se va a acabar.
    Para colmo no alcanza con tomar la decisión de hacerlo, es una tarea de una dificultad titánica.
    Va a llevar mucho tiempo pero no creo haya opción


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