19 December 2015 ~ 2 Comentarios

UNA DERROTA IRREVERSIBLE
(TERCERA PARTE y FINAL)

por Antonio Sánchez García
@sangarccs

Maduro

1

Pese a las hondas diferencias que han estallado en el seno del chavismo entre la mafia gobernante, vale decir: la nomenklatura de militares y civiles corruptos,  de los cuales Maduro, Cabello y El Aissami son los jefes supremos y los cárteles del Sol y de los Flores su expresión orgánica, y lo que podríamos denominar “el chavismo revolucionario”, en el que se alinean los ex ministros Giordani  y Navarro, así como la izquierda marxista leninista del chavismo – Aporrea y ad latere – , ambos comparten una misma ilusión: la creencia en que la derrota del 6D es un mero tropiezo, perfectamente reversible si se acometen cambios en la orientación y estructura del régimen. Toman una herida mortal por un rasguño. Siguen prisioneros de su “fatal arrogancia”.

La nomenklatura apuesta a toponear los oídos de sus mesnadas desoyendo el clamor popular, desconociendo la mortal gravedad de la crisis en que naufragan y tomando medidas de represión y control totalitarios, para continuar su despiadada lucha contra el pueblo democrático, su victoria y su nueva institucionalidad: la Asamblea Nacional. Hacen como si no hubiera pasado nada.  Y en el colmo del birlibirloque comienzan su misión imposible desconociendo la victoria democrática y popular atribuyéndosela a las mismas trampas, crímenes, marramucias y triquiñuelas electorales por ellos inventados y puestos en práctica por lo menos desde el 11 de abril de 2002: falsos electores, cadáveres votantes, multicedulados y el más genérico y ancestral de los mecanismos fraudulentos desde que existen las elecciones: el cohecho, la compra de votos.

Ambos grupos en disputa se dividen la faena: Maduro juega a la víctima herida en sus profundos sentimientos revolucionarios, por los que, dice, está dispuesto a ofrendar su vida antes que reconocer la paliza; Cabello es el represor inclemente, el inquisidor, el esbirro encargado del amedrentamiento y el chantaje; Rodríguez, el hijo del guerrillero secuestrador, hace del intelectual de la faena. Dado que fue el inventor del fraude automatizado, Smartmatic, digitalización y gerrymandering incluidos, de echar a la arena a los walking deads y manipular resultados contando con el respaldo de sus rectoras y las FAN, invierte el espejo, se hace un selfie y hace como el ladrón: juzga por su condición. Sabe de lo que inculpa, pues fue su progenitor.

Para este triarquía, las elecciones no fueron lo que eran. Y no se equivocan. Pero por lo mismo no les reconocen el menor valor. Se hacen fuertes en sus prejuicios, trampas e intereses y brincan al abismo. Fuite en avant, lo llaman los franceses: huida hacia delante. Contra viento y marea. Y lo que es simple señal de monumental ceguera y supina estulticia, lo intentan sin siquiera presentir que se están haciendo el Hara Kiri.

Se diferencian radicalmente de los segundos, los revolucionarios de espíritu – si cupiera el concepto – si bien ultra dogmáticos, quienes reconocen la derrota, culpan de ella a los primeros y piensan que de sacarlos del camino, barrer con ellos del escenario y volver el cuenta kilómetros a cero pueden reanudar lo que consideran la interrumpida aventura de la revolución. A la que ven gravemente herida pero recuperable. Si es, por fin, lo que siempre se negó a ser: una revolución socialista de tomo y lomo, como la castrista. Trágico error. Fatal arrogancia.

2

Los delincuentes de la Nomenklatura creen que haciéndose los desentendidos y sembrando el camino de minas antipersonales, colgando en los cruces de camino sus propósitos del “como sea”, llenando de hojillas a sus gallos pelones y dibujando el Apocalipsis en sus cuadernos de matemáticas la derrota irreversible se desinflará como por encanto, devolveremos la página y aquí no ha pasado nada. Ya inventaron una asamblea alternativa y se aprestan a gritar ¡FRAUDE!

Los pensadores de la revolución, del otro extremo,  creen que sacudiéndose las garrapatas de la Nomenklatura, sacudiéndose el decimonónico polvo caudillesco y depredador, volviendo a visitar el Samán de Güere, a releer el Manifiesto Comunista y rezar El Capital, el mandado está hecho. Marx y Lenin se burlaban del talante de estos radicalismos infantiles poniendo el ejemplo de aquellos alemanes idealistas que creían que bastaba creer que se estaba flotando para flotar y que de esa guisa se ahorraban el ahogo. El Mar del Norte se llenó de cadáveres putrefactos envueltos en la bandera roja con la hoz y el martillo. Si no se ha aprendido a flotar, no se flota con la mera voluntad, liebe Genossen!

La historia no es tan simple, queridos camaradas: los porfiados hechos, the facts que dicen los ingleses o die Tatsachen, que dicen los alemanes pesan más que una derrota estratégica. Primero: Chávez, el Deus ex Machina que se sacó de la cachucha este esperpento, está muerto. Irreversiblemente muerto. Segundo: se derrumbó el precio del petróleo, que ya bajó del umbral de los $30 y se dirige a los $ 20. Horror de horrores para quien se encargue del muerto.  Y según parece y al margen del deseo de algunos de los miembros de la OPEP, como la Venezuela de Nicolás Maduro, no volverá a subir según el capricho de los mendicantes que no siguieron el ejemplo de los países miembros que ahorraron e invirtieron para el inevitable zigzag de los precios. No es que no seamos suizos, como se complacía en reconocerlo Rómulo Betancourt. Es que tampoco somos noruegos ni kuwaitíes.  De esperar al futuro ciclo de alza, podríamos morirnos sentados. Tercero: se acabaron las reservas y el dinero, impreso por carretonadas aunque sin respaldo, es un flato, una ventosidad, un suspiro. Papel impreso sin respaldo del oro del Banco Central – ¿dónde fue a parar? – es agua destilada. A la hora de comprar veremos que se hicieron lágrimas. Y, finalmente, los precios no respetan bravuconadas de capitanes semi analfabetas. Es como las tormentas: se aplacan cuando les da la gana, no porque se le hagan preces al Señor.

La historia brilla de ejemplos. Uno de los más dramáticos es el de Boadbil: podía llorar a los gritos y contonear su cimitarra. La historia lo echaba de la península y el tiempo del reinado de los moros en España se había terminado por los siglos de los siglos. Hitler, que no quiso creerlo hasta el final, se descerrajó el cráneo. Mussolini y su amante terminaron colgando como reses, despellejados.  Sadam culminó su periplo, por cierto, muy semejante al de su amigo venezolano al que chofereó por los desiertos iraquíes, balanceándose en la horca, Gadaffi empalado y con los ojos desorbitados. Los ejemplos son infinitos y llenan de horror las páginas de la historia, de Julio César a Salvador Allende y de los Somoza a Alejandro Magno. En el imperio español no se ponía el sol. Y la armada invencible terminó hecha añicos.

Cuando se acaba, se acaba. Y como bien dice el maravilloso Héctor Lavoe, “todo tiene su final, nada dura para siempre.” ¿Por qué no asumirlo con hombría, con entereza, con grandeza? El que nació barrigón, ni que lo fajen chiquito.

3

Que la del 6D sea una irreversible derrota no significa, ni con mucho, que la del 6D sea nuestra irreversible victoria. La historia repugna de antónimos, paralelismos, sintagmas  y asociaciones automáticas. Después de liberar a seis naciones y ser el Libertador más poderoso de la historia, Bolívar murió solo, repudiado y rechazado por los suyos, en cama ajena y con camisa prestada. CAP juró que saldría en andas de Miraflores. Por poco lo hace enchapado en un ataúd. El único mandatario democrático que salió en vítores, fue Jaime Lusinchi. Pero como lo hizo a costas de las reservas internacionales y una colosal irresponsabilidad pública, pronto se ganó la caracterización con que lo honrara el más exitoso y el más fracasado de los políticos venezolanos, Carlos Andrés Pérez: dijo de él que era un pobre diablo. Caldera no se fue de este mundo cantando albricias. Y Uslar Pietri, el más imponente de nuestros figurones lo confesó con todas sus letras al final de este viaje: ya bajaba a los infiernos. Como era homme de lettres, escogió el del Dante.

Agraciada por los Dioses, Venezuela recibe una nueva oportunidad de rectificación y enmienda. Hasta ahora, y Dios siga velando por nosotros, sin derramamiento de sangre y, más allá de bravatas, chulerías y provocaciones, sin tragedias mediante. Una insólita incapacidad de continuidad histórica, metabolismo identitario y acumulación de experiencia y sabiduría hace que cada dos o tres generaciones los venezolanos olviden los traumas y horrores del pasado para volver a subir a la cumbre de la estupidez, volver a dejar caer la piedra de la grandeza y lanzarse a los abismos arrastrados por su bajeza. Nos empeñamos en ir de la cumbre de los gigantes al abismo de los pigmeos. De Bolívar a Nicolás Maduro. Sin sentir ni un ápice de vergüenza. ¿O es que esta pesadilla ominosa la protagonizaron los marcianos?

Que esta victoria sea irreversible no depende de los vencidos, así se empeñen con torva insistencia para que así sea. Depende de que los victoriosos se inclinen ante los más sabios de sus hijos – comenzando por encontrarlos – y asuman su protagonismo histórico con seriedad, magnanimidad, lucidez y decencia. No correr veleidosos y casquivanos ante el primer encantador de serpientes que les toque la flauta. Tomándose en serio. Asumiendo la democracia liberal como una obligación moral. Pensando en grande y soñando en el futuro. O el mundo nos verá caer una vez más en los brazos de unos delincuentes. 

2 Responses to “UNA DERROTA IRREVERSIBLE
(TERCERA PARTE y FINAL)”

  1. antfreire 21 December 2015 at 7:10 am Permalink

    De todo lo que se ha escrito aqui, lo mas posible que suceda esta en la ultima frase. O es que no somos Latinoamericanos?

  2. Hector L Ordonez 14 January 2016 at 2:03 pm Permalink

    hay un personaje que dice letrinaamerica,no se de que planeta es
    yo lo llamo cabeza hueca.


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