05 August 2018 ~ 4 Comentarios

Vladimir Putin y Donald Trump

Por Carlos Alberto Montaner

Vladimir Putin coincide con Donald Trump en ciertos puntos importantes. No en todos, pero sí en algunos. Se apartan, por ejemplo, en el respaldo a Israel por parte de Trump, que me parece atinado, y en el rechazo a las satrapías cubana, venezolana, nicaragüense y boliviana, que resulta coherente con la democracia estadounidense, pero no le quitan el sueño a la dictablanda rusa.

¿En qué coinciden? Por lo pronto, Trump negó que Rusia fuera una nación adversaria de Estados Unidos. Es lo que firmemente cree. Se lo dijo a Tucker Carlson en una entrevista para Fox que le hizo el joven periodista. Según Trump, Moscú había ayudado a USA a ganar la Segunda Guerra mundial, dato que casi nadie disputa. La URSS, en efecto, aportó 20 millones de cadáveres con el objeto de derrotar al nazismo.

No obstante, lo hizo tras el ataque de Adolfo Hitler, su antiguo aliado, en junio de 1941. La Guerra comenzó en el 39 con los nazis sometiendo a Polonia por el oeste, mientras los comunistas soviéticos lo hacían por el este. En las cláusulas secretas del pacto Ribbentrop-Molotov, hoy  conocidas, las dos potencias se habían dividido Europa. Si Hitler no hubiera abierto el frente ruso unos meses antes, probablemente Estados Unidos hubiese tenido que enfrentarse a los soviéticos tras el ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941.

¿En qué más coinciden Putin y Trump? Según Putin, la OTAN es una fuerza militar que amenaza a Rusia. Originalmente le hacía frente a las divisiones comunistas del Pacto de Varsovia, pero desde la desaparición de la URSS en 1991, y de esa alianza militar inmediatamente, la OTAN ha sido utilizada para intervenir en la antigua Yugoslavia, apuntalar la existencia de Kosovo a expensas de Serbia, y destruir la dictadura de Gadafi en Libia, todos clientes o aliados de Rusia.

De acuerdo con el hombre fuerte de Moscú, la OTAN debió disolverse tras el fin del Pacto de Varsovia. Simultáneamente, los antiguos satélites de la URSS –Estonia, Letonia, Lituania, Hungría, Bulgaria, Rumanía, Polonia, República Checa, Albania, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia, Montenegro- han corrido a guarecerse tras el paraguas militar de la OTAN y de la Unión Europea. Ucrania no lo hizo, y Rusia la invadió por partida doble.

Trump –un nacionalista proteccionista y anti globalización desde hace muchos años- tiene serias dudas de hasta dónde Estados Unidos debe comprometer la vida de sus soldados y su destino económico con pequeños países como Montenegro, un fragmento de la antigua Yugoslavia, sin nexos económicos o históricos con Estados Unidos, que luego se federó con Serbia y finalmente optó hace pocos años por la independencia. ¿Por qué, se pregunta Trump, en caso de un ataque ruso, como el realizado en Crimea, los americanos deben defender a tiros a los montenegrinos, si el 95% del país ni siquiera sabe dónde queda esa mínima nación balcánica?

¿En qué más se acercan las posiciones de Trump y de Putin? En el rechazo a los inmigrantes, especialmente a los de origen islámico, y a los acuerdos colectivos de comercio libre. Trump conecta con Putin en esos puntos. Ambos celebraron la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Putin mucho más discretamente), en el aprecio por el holandés Geert Wilders o en el aplauso que les merece el líder húngaro Viktor Orbán, también edificador de muros en su fronteras erigidos para disuadir a los inmigrantes que pongan en peligro la identidad blanca y cristiana de Europa.

Eventualmente, los europeos tendrán que defenderse solos, crear un ejército que sustituya a la OTAN, y pagar por esa organización. Afortunadamente, el músculo económico alemán y el dominio de la tecnología nuclear francesa pueden frenar el espasmo imperial ruso. Es verdad que Francia y Alemania son potencias de segunda categoría, pero también lo es Rusia, un país económicamente atrasado, con un per cápita similar al de Grecia, aunque dotado de unas desproporcionadas fuerzas armadas.

Es muy probable que Trump encarne un síntoma muy elocuente del debilitamiento del liderazgo internacional norteamericano posterior a la Segunda Guerra mundial y ligado a la Guerra Fría. Duró setenta años, pero hay una parte sustancial de la población norteamericana que prefiere cancelar ese periodo. Son, precisamente, los votantes de Trump.

En todo caso, lo importante para todos es que la Unión Europea resista el embate de sus enemigos interiores -los eurófobos– y los exteriores –Trump y Putin- hasta que se produzca la próxima implosión rusa. Tal vez el cataclismo no tarde mucho en llegar.

4 Responses to “Vladimir Putin y Donald Trump”

  1. Airb 5 August 2018 at 8:01 pm Permalink

    La UE es tan irreformable e ingobernable como lo llegó a ser la URSS. El pragmatismo británico lo sabe. Ese fenómeno, el del Brexit, no tiene absolutamente nada que ver con la ola populista en la que navegan Trump. La UE con su abultada burocracia y con sus normas y regulaciones atenta contra el globalismo tradicional británico. La UE no es democrática, detalle que en economía puede que no pese pero es un elemento que resulta bastante poco liberal.

  2. Airb 5 August 2018 at 8:03 pm Permalink

    La UE es tan irreformable e ingobernable como lo llegó a ser la URSS. El pragmatismo británico lo sabe. Ese fenómeno, el del Brexit, no tiene absolutamente nada que ver con la ola populista en la que navega Trump. La UE con su abultada burocracia y con sus normas y regulaciones atenta contra el globalismo tradicional británico. La UE no es democrática, su parlamento no legisla y sus altos funcionarios no son electos. detalle que en economía puede que no pese pero es un elemento que resulta bastante poco liberal

  3. Airb 5 August 2018 at 8:04 pm Permalink

    La Unión Europea es tan irreformable e ingobernable como lo llegó a ser la URSS. El pragmatismo británico lo sabe. Ese fenómeno, el del Brexit, no tiene absolutamente nada que ver con la ola populista en la que navega Trump. La UE con su abultada burocracia y con sus normas y regulaciones atenta contra el globalismo tradicional británico. La UE no es democrática, su parlamento no legisla y sus altos funcionarios no son electos. detalle que en economía puede que no pese pero es un elemento que resulta bastante poco liberal

  4. Ramiro Millan 6 August 2018 at 8:18 pm Permalink

    Es evidente que Trump pertenece a la corriente de pensamiento identificada como “Realista”.
    Y para un realista, todos son enemigos, todos van detrás, guste o no, de un solo objetivo, del poder. Y si en el camino hacia el poder de quien sea, te interpones tú, entonces puedes dar por seguro que serás un enemigo a eliminar no importa lo que tú hayas hecho o pienses -lo que perfectamente describe el Sr Montaner respecto de las coincidencias con Putin son claramente ejemplos típicos de las políticas Realistas-.
    Y es cierto, toda la historia del hombre desde que tenemos registro de ella, así lo demuestra, el Realismo siempre a sido protagonista excluyente en las relaciones internacionales. No existe la menor duda de ello.
    Pero el enorme problema es que esta “realista” interpretación de la historia y la decisión de seguir conduciendonos por los mismos principios, nos expone al primitivismo eterno. Es confirmar que seguimos siendo “tan poco humanos” como lo éramos hace 5.000 años y peor aún, decidimos continuar la historia ya que aparentemente no tenemos opción a ello.
    La verdad es que sería un error garrafal en la mayoría de las ocasiones en que se debe tomar una decisión de política exterior ignorar estos conceptos.
    De hecho ¿Existe una posibilidad de evitar recurrir al realismo cuando se discuten políticas con Venezuela o con Corea del Norte o con China o con México o con cualquier país de Oriente Medio como Irán por ejemplo?
    Definitivamente no. El riesgo de caer en un engaño por tonto es extraordinariamente elevado.
    Rusia es un país al que le cabe las de la ley del realismo también sin dudas aunque creo que hoy es buena idea tenerlo del lado de Occidente, del desarrollo, antes que vaya hacia el bando de Oriente, del subdesarrollo, de China para ser precisos.
    De hecho, durante toda su historia, Rusia siempre se identificó con Occidente. Su historia estuvo siempre orientada y motivada por lo que sucedía en Occidente y como hoy, siempre fue un pueblo que quiere ser occidental a pesar de que le cuesta horrores adoptar sus conductas, principios e instituciones al modo de vida occidental. Adoptar su cultura al fin, aunque créanme que siempre lo intentó y seguramente lo seguirá intentando y por ello debemos tenerlo de aliado ya que pertenece a occidente, Realismo mediante, pero aliado al fin.
    Pero las relaciones con Europa es una cuestión total y absolutamente diferente.
    Con Europa es primordial conducirse por el Idealismo, no solamente porque es posible hacerlo, sino porque es el camino que debemos seguir si creemos que somos capaces de progresar. Que en definitiva somos una especie realmente diferente a cualquier otra. Que no estamos solamente para perpetuar un genoma en la tierra.
    El Idealismo cree que la razón puede conducir nuestra historia, que somos capaces de crear nuestro propio devenir, que nuestro destino no está predeterminado por nuestras conductas instintivas sino por la razón, por nuestra “humanidad”.
    Noruega o Bélgica, por ejemplo, pueden tomar decisiones políticas no conducidas por el interés de un poder, sino por el interés del bienestar general aconsejado por el sentido común, por la racionalidad. Son pueblos cuyo progreso cultural y educativo logra priorizar el interés general y tener la capacidad de controlar a aquellos que puedan intentar priorizar sus intereses individuales por sobre los intereses colectivos dentro de sus sociedades. Son capaces de controlar al instinto del poder.
    Pero ¿Con México, Venezuela o Irán, es posible confiar en que en cualquier acuerdo prevalecerá lo que el sentido común aconseja por sobre el interés individual de uno o unos audaces dominados por sus pulsiones de poder? ¿O los encargados de llevar adelante los acuerdos se conducirán finalmente por lo que a sus intereses de poder mejor les viene?
    Si no hay una sociedad atrás con un desarrollo cultural lo suficientemente evolucionada para ejercer lo que se llama control ciudadano, la conducta esperable siempre será lo que al interés individual detrás de intereses de poder decidan. Si los hechos permiten cumplir los acuerdos, se cumplirán, sino es así, simplemente no se cumplirá.
    Trump debe ser Realista con quiénes debe serlo e idealista con quiénes es posible intentarlo al menos.
    La comunidad europea es un verdadero signo de que el idealismo, el progresismo, es posible.
    Y mientras exista una posibilidad de progresar, no debemos dejar de insistir en seguir por ese camino.
    “Progresamos o solamente vamos tras nuestro inevitable destino” razonvsinstinto.blogspot


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