30 October 2012 ~ 5 Comentarios

Why Colombia’s peace talks are likely to fail

by Carlos Alberto Montaner

Santos

(FIRMASPRESS) It is very unlikely that the peace talks between the Colombian government and FARC narcoguerrillas will come to a good end. It is even possible that they’re not a good idea.

And the reason is simple: The Colombian government is not sitting at the negotiation table with a group of violent patriots who have resorted to crime and lawbreaking to achieve a political objective.

That was the case with the Irish IRA, the Basque ETA, even the Colombian M-19 and the Israeli Irgun, which included among its members Menachem Begin, who, in addition to being a notable prime minister of Israel, received the Nobel Peace Prize in 1987. The FARC are something else.

The FARC (Revolutionary Armed Forces of Colombia), which half a century ago began its activities as the armed wing of the Communist Party — dreaming of creating in Colombia a society similar to the one advocated by the Soviet Union — along the way began financing themselves through drug trafficking, kidnapping and extortion, edging out the original political project to the point that the means replaced the ends.

They simply became a huge machine devoted to crime, more closely resembling the drug cartels than the violent revolutionary organizations.

If this is so, why did the FARC narcoguerrillas agree to participate in peace negotiations?

• The most widespread theory is that the attacks by the Colombian military, part of President Alvaro Uribe’s strategy, had hurt them seriously and they feared being liquidated, as happened to Raúl Reyes, Mono Jojoy and Alfonso Cano, three of the most important military chiefs, gunned down by government planes.

• Another probability is that they thought, following the example of the Vietnamese in the 1970s, that negotiating with the enemy while continuing to fight would weaken the adversary’s willingness to struggle until it totally demoralized him.

If that was the reasoning, a dialogue is a tactic of war more than a change in strategy, which would explain the arrogant and triumphalist attitude with which they’ve sat at the table.

• A third motivation, compatible with the two previous ones, is the triumph of Hugo Chávez’s vision of power seizure: to gain government via the electoral process, although, as happened in El Salvador, in the first phase they backed an independent candidate who was informally committed to the narcoguerrillas.

Supported by the huge revenues produced by drug trafficking and the fabulous aid that Chávez can provide, it is not outrageous to think that the FARC, hiding behind another acronym, believe in entering Nariño House, Colombia’s residential building, victoriously and peacefully.

Nor is it a mistake to assume that that’s exactly the advice given them by Cuba’s Raúl Castro, who by this time has grown disillusioned by all the wars launched by his brother, wars that Raúl supported in his turbulent youth.

As important as the “why” the narcoguerrillas are sitting down to talk is the “wherefore” an organization devoted to crime takes that step and tries to reach power through other means.

In my opinion, the only rational explanation is the intention to turn Colombia into a narco-state, to a much greater degree than what Gen. Manuel Antonio Noriega did in Panama in the 1980s, or some Haitian generals in their impoverished country, in the early 1990s.

That scenario is no fantasy. Why run a vast drug-trafficking operation from hideouts in the jungle when it can be run comfortably from government house? Aren’t there Venezuelan narcogenerals who will try to retain power when President Chávez dies from the grave cancer that afflicts him? What power could oppose an alliance between two narco-states the size and importance of Colombia and Venezuela?

And if that scenario is wrong, what is the right analysis of the peace talks? Should we believe that those hardened narco-guerrillas, fearful of defeat, are willing to disarm for the sole purpose of integrating into Colombia’s public life or civilian society in exchange for impunity for the crimes they’ve committed?

Frankly, I don’t believe so. That’s not the way criminal organizations act.

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5 Responses to “Why Colombia’s peace talks are likely to fail”

  1. José María Rodríguez González 30 October 2012 at 6:53 pm Permalink

    It’d be nice if you translate this study to your non-Spanish speaking readers due to the fact that it’s at the core of Colombian Peace Talks:

    http://www.mediafire.com/view/?d744409enrscvf8

    • Juan Sebastian 31 October 2012 at 2:36 pm Permalink

      Señor Rodriguez,
      Estuve leyendo su ensaño y no había encontrado en ninguna otra parte, de verdad, una forma tan torcida y amañada de presentar una realidad. Con todo respeto le digo que de la forma en que presenta a las Farc, me dio hasta pesar de ellos. Tiene que ser usted, o Fariano, o pertenecer a la nomina de dicho movimiento narco terrorista, para presentar los hechos de la forma tan torcida como que usted lo hace.

      • José María Rodríguez González 27 January 2013 at 11:32 am Permalink

        Don Sebastian,

        Los datos de mi ensayo corresponden a los conceptos internacionales sobre conflictos armados. Estos conceptos son comunes en las escuelas militares y de inteligencia de los gobiernos de mayor desarrollo militar del mundo.

        Los sunis en Iraq no son considerados terroristas así masacren a todos los civiles shiis que quieran. Para entender ésto es necesario aprender los conceptos expuestos en mi ensayo.

        A diferencia de los sunis, las FARC emboscan y hostigan frecuentemente al ejército y la policía y en esos enfrentamientos, de parte y parte, han muerto civiles.

        La delincuencia de financiamiento, como el narcotráfico en Colombia, es parte inherente de cualquier organización subversiva.

        La subversión siria recibe apoyo y entrenamiento de potencias económicas lo que hace que su delincuencia de financiamiento no sea tan notoria. Sus carros bombas y otro tipos de sabotaje al gobierno y ataques a civiles tampoco tienen el calificativo de terroristas.

        Que haya desconocimiento de lo que expongo no quiere decir que sea incorrecto.

  2. Rodrigo Puyana 31 October 2012 at 1:51 pm Permalink

    Visto desde la perspectiva de un colombiano residente, este artículo es muy acertado y se ajusta a la realidad del país. Las FARC son un grupo narcotraficante y terrorista. Según datos de la ONU, sus ingresos anuales por narcotráfico ascienden a $1 billón de pesos (Apróx. $600 millones de dólares) y por los otros delitos como la extorsión y minería ilegal suman otros $755.000 millones de pesos ($450 millones de dólares). Hoy en día las FARC no tienen un ideal político y por el contrario, quieren buscar la forma de blindar su negocio (como ya lo hizo Chávez en Venezuela).
    En lo único que no estoy de acuerdo, es en que se use el proceso de paz con el M19 como un ejemplo de voluntad política. Para mi, eso fue lo peor que le pudo pasar al país. Esa guerrilla ES aliada y asociada de la mafia, y en uno de sus “operativos”, se tomaron a sangre y fuego el palacio de justicia. Asesinaron a más de 300 colombianos y a todos los honorables magistrados de la corte suprema de justicia. Hoy, casi 3 décadas después, esas altas instancias de la justicia están habitadas por magistrados NO honorables, ex militantes de esa guerrilla o cómplices de los narcotraficantes. Además, roban cantidades mounstruosas de dinero desde alcaldías, gobernaciones, congreso y etc. El costo de esa negociación de paz fue demasiado caro. Por eso NO comparto el dialogo con Las FARC bajo ningún otro pretexto que la aplicación total de la justicia, reparación de las víctimas y ni una sola oportunidad de participación polítca (como lo dice la constitución política actual).

  3. Rafael Rivero Muñoz 1 November 2012 at 3:52 pm Permalink

    Afinando el,planteamiento, me permito una acotación
    Si se toma en cuenta el sostenido desplazamiento hacia el territorio de Venezuela de todas las operaciones de almacenamiento, estibado de cargas y de exportación de la producción de cocaína con destino a los mercados internacionales, pareciera que adquiere relevancia que estos narco-conversatorios de Oslo tuvieran como origen una reunión de ocho horas entre Timochenko y Hugo Chávez en territorio venezolano y que fuera luego de ella, que Juan Manuel Santos Calderón anunciara a los medios internacionales su inicio.
    Como queda en los hechos, las FARC de acuerdo a un programa en curso y que luego de Oslo pareciera tendrá su continuidad –y hasta estructuración definitiva– en La Habana, vienen desplazando esa parte del negocio de la cocaína a Venezuela.
    En Colombia y bajo acuerdos, quedarán siembra, cosecha y elaboración de pasta –que mantiene asegurado los ingresos a sembradores y afines–, mientras que el resto del negocio, el que mayor cantidad de titulares tiene en los medios, se desarrollará en los territorios menos hostiles y hasta despejados y protegidos por la revolución bolivariana.
    El tema ha sido ya tratado en varias notas que puede consultar.
    Saludos


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