26 August 2011 ~ 3 Comentarios

Armando Valladares en su Contexto Histórico

por Carlos Alberto Montaner*

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Todos conocemos quién es Armando Valladares y lo que significa Contra toda esperanza, este libro de memorias tan exitoso que él ha escrito y que ahora, sabiamente, reproduce y presenta el Inter American Institute for Democracy.”  Así que voy a limitar mis palabras a algo diferente: voy a situar a Armando Valladares en su contexto histórico.

Conocí a Armando Valladares a fines de diciembre de 1960. Las circunstancias eran dramáticas. Fue una época extraordinariamente represiva. La dictadura cubana encarcelaba diariamente a cientos de adversarios o presuntos adversarios y el paredón funcionaba incesantemente. Fui detenido junto a otros tres estudiantes: Alfredo Carrión, Néstor Piñango y Jorge Víctor Fernández. A Carrión lo guardias lo asesinaron en la cárcel años más tarde. Néstor y Jorge Víctor cumplieron muchos años de presidio. Yo tuve más suerte: como sólo tenía 17 años y carecía de la menor importancia, me internaron en una cárcel política para menores llamada Piti Fajardo, la antigua prisión de Torrens, de la que conseguí escaparme a las pocas semanas. En esa época era muy delgado y corría mucho, velocidad que probablemente aumentaba en función del miedo que sentía.

El Valladares que entonces conocí y recuerdo era un joven amable y con gran sentido del humor. Creo que me contó que era funcionario del Ministerio de Comunicaciones, nombrado tras la llegada del triunfo revolucionario. Antes había trabajado como oficinista en alguna dependencia administrativa de la policía alejada de las tareas represivas, lo que explica que el gobierno revolucionario le hubiera asignado un cargo público con mejor rango burocrático.

Nunca nos habíamos visto anteriormente, pero surgió entre nosotros un vínculo de confianza que nos llevó a tratar de fugarnos del G-2 de Quinta y Catorce mediante un plan descabellado que consistía en horadar una pared con un abrelatas. Creo que el hueco conducía al despacho de un capitán. Afortunadamente, fracasamos y acabamos trasladados a la Cabaña. Allí nos juzgaron sumariamente unos tribunales carentes de cualquier vestigio de seriedad jurídica, concebidos para cubrir formalmente el expediente de un simulacro de juicio cuyo resultado, incluida la sentencia, venía decidido por el Ministerio del Interior.

En esos días juzgaron y condenaron a muerte a varios estudiantes, obreros, campesinos y profesionales, en lo que era un claro mensaje intimidatorio contra toda la sociedad. Recuerdo vivamente el fusilamiento del joven médico Julio Antonio Yebra, a quien por toda prueba inculpatoria le ocuparon un rifle inservible, ya varios obreros de plantas eléctricas que fueron ejecutados al amanecer, a las pocas horas de haber pasado por una mascarada de juicio.

Como estos hechos ocurrieron hace más de medio siglo y la dictadura cubana ha sido capaz de desvirtuar la historia, contándola y desfigurándola como ha querido, quiero recordar que en aquellos años de instauración de la tiranía, la resistencia contra la entronización del comunismo no fue una actividad de burgueses perjudicados por las confiscaciones de sus propiedades, ni una revancha de los batistianos que querían recuperar el poder, sino fue la acción de las clases populares enfrentadas a una nueva tiranía.

Más de un año antes de la detención de Valladares ya había ocurrido el encarcelamiento del comandante Huber Matos y de sus oficiales. En el Escambray luchaban las guerrillas campesinas bajo jefes como Osvaldo Ramírez y Evelio Duque, que habían sido oficiales en la lucha contra la dictadura de Batista.

Los mayores grupos clandestinos eran el Movimiento de Recuperación Revolucionaria, MRR, dirigido por Manuel Artime, médico, y por Emilio Martínez Venegas, abogado, ex oficiales rebeldes en la Sierra Maestra de extracción católica, el Movimiento Revolucionario del Pueblo, MRP, presidido en la clandestinidad por el ingeniero Manuel Ray, y Rescate Revolucionario Democrático, RRD, cuyo jefe era el Dr. Antonio(Tony) Varona, ex primer ministro del gobierno democrático de Carlos Prío, hombre con fama de incorruptible que también había luchado ardientemente por restaurar la democracia liquidada por el golpe de Batista.

Las conspiraciones contra el comunismo en el aparato obrero las dirigían hombres como David Salvador, ex Coordinador General Obrero del 26 de Julio y luego fundador del anticomunista Movimiento 30 de Noviembre, junto al líder obrero Reynold González, asociado al MRP de Manuel Ray, también de procedencia revolucionaria, e Hiram González, un legendario luchador contra Batista en las filas de la clandestinidad urbana, terreno mucho más peligroso que la montaña, como no secansa de repetir Emilio Guede, quien fuera coordinador de propaganda del 26 de Julio en La Habana, quien en ese momento ya se había exiliado en España.

Con los estudiantes ocurría lo mismo: el líder del ala estudiantil del 26 de Julio, Pedro Luis Boitel, estaba preso y años más tarde moriría en la cárcel tras una cruel huelga de hambre. El presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Santa Clara, Porfirio Remberto Ramírez, ex capitán guerrillero de la lucha contra Batista, era fusilado. Las universidades y los institutos de Segunda enseñanza eran focos de patriotismo anticomunista. A ese liderazgo se asomaban algunos rostros nuevos, como los de Alberto Müller y Juan Manuel Salvat, del Directorio Revolucionario Estudiantil, quienes agregaban a la lucha política sus convicciones religiosas. Ambos, como casi toda Cuba, simpatizaron con la revolución cuando pensaban que con ella se inauguraba una etapa de pluralismo y respeto por la ley, la democracia y los derechos humanos.

Mi percepción de entonces, desde los dos ángulos en los que me movía, como estudiante nocturno y como representante comercial en farmacias –ése era mi trabajo—, era que más de la mitad del país estaba firme y resueltamente contra la entronización del comunismo en Cuba, y que la lucha armada contra la nueva dictadura era como una continuación de la que había liquidado al régimen de Batista, y que ésta estaba dirigida prácticamente por las mismas personas.

En ese momento, cuando Valladares es detenido, casi todo el primer gabinete de la revolución está enfrentado a la dictadura de Castro: el ex presidente Manuel Urrutia se encuentra asilado en una embajada. En otra está Juan Orta, ex secretario privado de Fidel Castro. El Dr. José Miró Cardona, Primer Ministro de ese gobierno por varias semanas, se encuentra en Estados Unidos tras desertar de la embajada de Cuba en Madrid y se dispone a dirigir al sector político que organiza la invasión que acabará desembarcando en Bahía de Cochinos.

El ingeniero Manuel Ray, Ministro de Obras Públicas del primer gabinete, héroe de Resistencia Cívica, un grupo clave en la derrota de Batista, ha organizado un movimiento, el MRP para rescatar a la revolución de la traición de Fidel Castro. Manuel Fernández, ex Ministro de Trabajo, procedente del guiterismo, junto sus subsecretarios –así se llamaba entonces a los viceministros— Carlos Varona y César Gómez, expedicionario del Granma, conspiraban febrilmente para tratar de impedir que Cuba se convirtiera en otro satélite de Moscú y que la isla fuera arrastrada a la Guerra Fría, como irresponsablemente impulsaba Fidel Castro.

Finalmente, la presentación de este libro acaso no es el momento para recordar detalladamente estos hechos, pero al menos resulta conveniente enunciarlos. Armando Valladares ha escrito un libro muy exitoso –esta es la vigésimo séptima edición– en el que cuenta sus atroces experiencias en la prisión, pero es útil situar el contexto en que fue apresado.

La dictadura comunista ha tratado de convencer a los cubanos de que aquellos hombres, Armando entre ellos, fueron apresados por oponerse a un proceso político glorioso, pero no es verdad. El sacrificio de aquellos hombres era otro episodio de la lucha por la libertad, como le llamó Hugh Thomas a su historia de Cuba.

Algún día, Armando, triunfaremos, incluso, contra toda esperanza.

* Presentación del libro Contra toda esperanza del exprisionero político cubano Armando Valladares, ex embajador de Estados ante la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra. Universidad de Miami, Casa Bacardí, 25 de agosto de 2011.

3 Responses to “Armando Valladares en su Contexto Histórico”

  1. Vicente Rodriguez 1 September 2011 at 7:52 pm Permalink

    Me pareció sin duda un gran libro y a pesar de que me considero un hombre más bien entre lo estoico no pude contener en ciertas partes del libro ese nudo que se le hace a uno en la garganta que es sin duda un reflejo de altruismo reciproco como comentan los sicólogos. Soy un muchacho muy joven, pero sin embargo tengo varios amigos que vivieron y formaron parte de aquellos hechos a los cuales escucho con gran atención y fascinación cuando cuentan las historias de sus luchas. Hombres como Luis Rodriguez Rodriguez y Sergio Puentes entre otros que estuvieron muchísimos años presos pero siempre con la cabeza alta en defensa de la dignidad de nuestra patria.

  2. Felix Lazaro Vega Lopez 19 September 2011 at 1:22 am Permalink

    Yo debore en su ocacion ese exelente testimonio y pude leer sucesivamente otros mas de diferentes autores verificando en cada uno de ellos los hechos que acontecieron por aquellos tristes años donde Cuba se perdio.El libro en cuestion es un desgarrador y afixiante relato de todo el sufrimiento y la agonia de su autor que llega por milagro divino a salvar el pellejo cuando nadie ni el mismo lo creia.Yo termine el libro por segunda vez todabia sintiendo la misma senzacion de impotencia y rabia ante los hechos narrados y vividos por Valladares.Me alegra sobremanera que pueda tener una nueva tirada para que muchos de los que no escuchaban puedan leerlos al calor de los nuevos acontecimientos que enlutan otra vez a la patria cubana.Espero que los vientos que soplan los hurracanes salidos del Africa traigan consigo los cantos de libertad que el cubano no puede escuchar por la interferencia que interpone la dictadura entre las noticias y el oido del pueblo.

  3. Juan Carlos Currás Garcia 15 June 2015 at 3:46 pm Permalink

    Don Carlos Alberto, estimado señor:
    Dicen que la distancia más corta entre dos puntos es la linea recta. No se imagina las vueltas que he dado para ponerme en contacto a través de la red, primero con el señor Armando Valladares, infructuosas, y después con Vd en alguna dirección, que no era capaz de encontrar.
    Hoy se me encendió la luz y me fijé en este apartado donde lo estoy haciendo, todavía no comprendo porqué no antes.
    No quiero cansarle ni abusar de su tiempo y le resumo:
    Tengo 56 años y hace dos que leí “Contra toda esperanza”, que le puedo decir que no se lo hayan repetido. Lo hice casi del tirón (en dos noches, me impresionó enormemente, me llenó de admiración hacia su amigo por su gesta, sufrí angustia con su lectura y enfín créame que descansé al llegar a la parte en que recobra la libertad. ¡Muchas felicidades para Don Armando por conseguirla!

    De usted, había leido varios de sus artículos y praticamente siempre coincidía, con su exposición. Este blog lo descubrí recabando datos, una vez finalizado el libro citado, al que le puse como epílogo su artículo: “Armando Valladares en su Contexto Histórico”.
    Mis respetos, muchos, también por Vd; Don Armando, que me permita la licencia, se puede sentir orgulloso de contar con su amistad.
    Dicho esto, paso al motivo principal de este atrevimiento, la pregunta. ¿Se pudo saber qué fué exactamente lo que fallo en su intento de fuga del Presidio Modelo, quién le traicionó?.
    Reciba mi más cordial saludo, que ruego haga extensible al señor Valladares, y le doy las gracias por anticipado de su respuesta.


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