13 July 2014 ~ 6 Comentarios

Brasil tras la derrota

por Carlos Alberto Montaner

Nueva Bandera Brasil

(ABC) Fue una «blitzkrieg» futbolística. Los alemanes se ensañaron. Siete a uno es demasiado castigo. ¿Tendrá consecuencias políticas en las elecciones generales de octubre? Sí, indirectamente. Ninguna persona sensata puede culpar a Dilma Rousseff de la derrota, pero la acusación de haber gastado miles de millones de euros en el Mundial, pese a las necesidades inmensas del país, ahora volverán a oírse con más fuerza y una pizca de rencor. Si Brasil hubiera ganado el campeonato, o aún si hubiera perdido heroicamente, el argumento del costo se habría debilitado. Tras la humillación, muchos lo reiteran. Pagar por ser pateado en el trasero es un ejercicio de sadomasoquismo que duele excesivamente tras los fracasos.

En todo caso, la derrota es un factor más del pesimismo que se respira en el ambiente. Brasil tiene ese componente ciclotímico. Unas veces está en alza, es «o pais mais grande do mundo», y todos piensan que pronto va a ocupar el lugar que le corresponde entre las grandes potencias del planeta. Otras -y en esa estamos- se trata de Belíndia, una mezcla de Bélgica y la India, como la calificó hace 40 años el economista Edmar Lisboa Bacha, con una minoría próspera y educada intercambiable con la belga, y una inmensa mayoría semejante a la que sobrevive en la India.

¿Brasil es Belindia?

¿Es el Brasil de hoy parecido al de la fábula técnica «O rei da Belindia», publicado en 1974 para alimentar el debate sobre la inmensa desigualdad del país durante el periodo en que gobernaron los militares? Sí y no. Veamos, primero, el sí.

Comoquiera que, primero Lula da Silva y luego Dilma Rousseff, han tenido el sentido común de no deshacer las reformas que puso en práctica Fernando Henrique Cardoso, el desarrollo económico, sin ser espectacular, se ha mantenido gracias al tirón de las importaciones chinas.

El nivel de desempleo es bajo: algo menos del 6%. Esto es un logro. También ha aumentado el número de brasileños que forman parte de los niveles sociales medios, hasta alcanzar al 53% de la población (hace diez años apenas era el 38%). Por otra parte, la mayoría de quienes han salido de la pobreza para ingresar en las clases medias sonnegros y mulatos, los olvidados de siempre.

Renta per cápita baja

¿Cómo se miden los niveles sociales medios? Naturalmente, por el promedio de ingresos (en torno a los 510 dólares mensuales), pero, sobre todo, por la percepción de movilidad social. La mayoría de los brasileños está convencida de que trabajando duro se sale adelante y se prospera. Esa sensación de «tierra de oportunidades», de país con futuro, es muy importante y explica el índice relativamente bajo de emigración que exhibe Brasil.

Hace 20 años el tamaño de la economía china era similar al brasileño. Hoy la asiática es cinco veces mayor. El per cápita anual de los brasileños es de sólo 12.100 dólares. Es cierto que se trata de una economía grande, pero sólo porque hay más de 200 millones de ciudadanos. El PIB per cápita de Brasil es aproximadamente la mitad del portugués y menor que el de, al menos, seis países latinoamericanos: Chile, Argentina, Uruguay, Panamá, México y Costa Rica.

La distribución del ingreso es muy desigual (Índice Gini 51.4) y muy irregular. Hay zonas del país, especialmente en el sur, con un nivel de riqueza comparable a Europa, mientras el nordeste sigue siendo extremadamente pobre.

La corrupción continúa invicta. De acuerdo con Transparencia Internacional, Brasil ocupa un poco honroso lugar en la lista de los países del mundo: es el 72. Entre los condenados a cárcel por corrupción hay algunos colaboradores cercanos a Lula da Silva y se ha denunciado que sus hijos no son ajenos a estas prácticas lamentables.

La debilidad de la economía brasilera es un reflejo de la fragilidad del conjunto de la sociedad de ese país. La violencia asociada al tráfico de drogas es un problema serio y creciente. La policía no puede controlar las favelas, liquidar a las mafias o poner orden en las cárceles.

Apenas hay investigación original. La educación tiene, en general, un nivel muy bajo reflejado en las pruebas de contraste llamadas Pisa. No hay universidades brasileñas entre las primeras cien del planeta. Eltejido empresarial es, en general, débil, y las grandes empresas practican una suerte de mercantilismo o capitalismo de amigos. Las fortunas se hacen al amparo del poder.

Todo esto explica que la productividad de Brasil esté entre las más bajas del mundo: la mitad de la mexicana y un 18% de la norteamericana. Una birria. Entre los países grandes, sólo la India es tan improductiva como Brasil (y más o menos por las mismas razones). Como las economías de esos países están blindadas frente a la competencia, no necesitan ser productivos. Los empresarios se asocian al Estado para proteger sus intereses y, en el trayecto, corrompen a los políticos.

Es un círculo, nunca mejor dicho, vicioso, que no se muerde la cola, sino la honra: los políticos les conceden prebendas a las grandes empresas y éstas enriquecen a los políticos. La burocracia es espesa y lenta. Suele acelerarse o ralentizarse de acuerdo con el efecto de las mordidas.

Amistades peligrosas

La política exterior del gobierno del Partido de los Trabajadores no es mejor que el resto de sus manifestaciones. Es claramente pro-iraní y antioccidental. Ahmadineyad llegó de la mano de Chávez y luego siguió su sucesor. La idea de construir un bloque especial -BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)- es para oponerlo a Occidente más que para colaborar con él. Las simpatías de doña Dilma están, claramente, con el chavismo y con su sucesor Nicolás Maduro. No puede olvidarse que Lula da Silva y Fidel Castro crearon el Foro de Sao Paulo a principios de los noventa, embrión de lo que luego sería el Socialismo del Siglo XXI.

¿Qué va a pasar en las elecciones de octubre? Probablemente, la actual presidenta Dilma Rousseff gane, pero deberá acudir a segunda vuelta y cada vez son más los brasileños que desean un cambio real en la administración del país. Quieren más eficacia, menos corrupción, mejor y más rápida justicia, y una administración más transparente.

La coalición que llevó a Lula da Silva al poder, y luego a Dilma Rousseff, es muy variada y existen signos de fatiga. Aunque hoyRousseff ganaría las elecciones, en octubre todo puede cambiar. La tendencia está en contra de esta economista de 66 años con fama de tener muy malas pulgas, un pasado juvenil comunista, y, nunca mejor dicho, ser una mujer de armas tomar.

6 Responses to “Brasil tras la derrota”

  1. Jambalaia 13 July 2014 at 7:36 pm Permalink

    Soy un brasileño de Sao Paulo, la capital.
    Su artículo refleja la realidad que vivimos.
    El sur de Brasil fue poblada por europeus ey árabes cristianos ortodoxos que huyen imigramtes persecución religiosa.
    Ellos (mis padres) tuvieron que trabajar para salir de la pobreza.
    Dijo hace años que Brasil seguía siendo colonizado por los europeos.
    Pasó el tiempo y la cultura de trabajo se estaba extendiendo por todo Brasil.
    Nativos brasileños pensaban que el estado debe mantenerse.
    Algo de la cultura de Getúlio Vargas, presidente y dictador del pasado de Brasil.
    .
    Los imigramtes no devueltos a Europa y sus hijos estaban aquí.
    Hoy en día el dinero para las muchas obras viales en la ciudad y la copa del mundo de que sólo unas horas, estaba bien organizado y me sorprendió.
    Aquí todo siempre termina en la confusión y, por supuesto, nadie es culpable.
    Los grupos de copa contra el mundo eran minoría y no han interrumpir cualquier cosa aquí.
    .
    No somos tan pobres como Índia, porque hoy en día hay mucho más dinero.
    No sentimos que estamos en crisis económica desde la época de Fernando Henrique Cardoso. Pero como país es grande, la productividad es algo que molesta a menos que los impuestos exorbitantes a los gobiernos federal y estatal.
    .
    El PT no se atrevió a cambiar las pautas de Fernando Henrique Cardoso, pero es un partido que es anti-americano y en el campo diplomático ha asumido posiciones que van en contra de nuestra cultura.

    • David 16 July 2014 at 7:53 pm Permalink

      Que yo sepa, Sao Paulo no es la capital de Brasil, como creía Nicolás Maduro, donde viajó en avión en su primer viaje como canciller de Venezuela mientras el resto de la delegación se fue a Brasilia, la capital del país. Medio vergonzoso es que no sepas la capital de Brasil siendo un brasileño, Jambalaia.

      • Jambalaia 22 July 2014 at 9:46 pm Permalink

        En Brasil hay 26 estados, cada uno con su capital.
        Brasilia está siendo llamada la capital federal de Brasil.

  2. Sam Ramos 15 July 2014 at 9:46 am Permalink

    Los BRICS y las fantasías del populismo

    La izquierda quiere que el grupo sea una vía nacionalista al desarrollo

    Carlos Pagni 14 JUL 2014 –

    Dilma Rousseff, que no se deleita con la política exterior, está ansiosa por sumergirse en una extenuante semana diplomática. La reunión de los BRICS, que comienza hoy en Fortaleza y se abrirá, en Brasilia, a los países de la Unasur, la sacará del inferno astral en que se convirtió para Brasil el Mundial de fútbol.

    Hasta ahora, Brasil, Rusia, China y Sudáfrica formaron un club sobre el criterio de un rasgo externo, que definió con ironía el brasileño Marco de Azambuja: “El documento es el tamaño”. La cumbre de estos días pretende sacarlos de ese estado. Los BRICS crearán un banco de desarrollo y un Acuerdo de Reservas de Contingencia. Fortaleza pretende ser una alternativa a Bretton Woods. Es decir, la cuna de una institucionalidad financiera distinta de la que se fundó en la posguerra bajo los auspicios de Estados Unidos y Europa.

    El banco será capitalizado por cada país con 10.000 millones de dólares. En cambio, para el fondo de estabilización, China aportará 41.000 millones de dólares; Rusia, India y Brasil 18.000 millones cada uno; y Sudáfrica 5.000. Estos organismos son la respuesta de los BRICS a la dificultad de traducir la gravitación económica en poder político dentro de los organismos internacionales. El Congreso de Estados Unidos se resiste a aprobar una reforma al FMI que habría llevado a China al tercer lugar en capacidad de decisión. Y que habría incorporado a Brasil, India y Rusia a los diez primeros. Hoy, el FMI es encabezado por Estados Unidos, Alemania, Francia y el Reino Unido.

    Los BRICS, sobre todo China y Rusia, aspiran a dar a su alianza antidólar una dimensión comercial, alentando los intercambios en sus propias monedas.

    Los gobiernos populistas de América latina, que han hecho de la catilinaria antiimperialista el leitmotiv de su política internacional, reciben con algarabía el desafío de los BRICS a Estados Unidos. Después de todo, ellos también intentaron sustituir al Banco Interamericano de Desarrollo con un Banco del Sur, que no nació.

    Para esa izquierda nacionalista, los BRICS actualizan una fantasía que también encandiló a las dictaduras de los años setenta: la apertura de una vía nacional al desarrollo. Cristina Fernández de Kirchner, Nicolás Maduro y Raúl Castro, por ejemplo, ven en ellos la posibilidad de un financiamiento Estado-Estado que les permita sustraerse al mercado de capitales con sus habituales exigencias.

    Los gobiernos populistas adjudican a los BRICS, en especial a China, la capacidad de procesar una modernización ajena al canon de la democracia pluralista, que supone garantías individuales, independencia judicial, libertad de expresión e iniciativa económica privada. Esa presunción supone que la incorporación de millones de chinos a la vida urbana no promoverá, a la larga, una liberalización.

    Xi Jinping y Vladímir Putin encontraron en la reunión de hoy la excusa para una incursión más amplia por esa América bolivariana que los recibe como a pródigos mecenas.

    Putin comenzó su gira por Cuba, a la que condonó una deuda de museo: 35.000 millones de dólares prestados por la antigua Unión Soviética. Antes de pasar por el Maracaná, estuvo en Buenos Aires, donde firmó acuerdos sobre energía nuclear y declaró a la Argentina “principal socio latinoamericano” de su país. Desde las sanciones que le valió la anexión de Crimea, Putin anda en busca de un reconocimiento extrarregional para su cuarto imperio ruso.

    Xi también protagoniza un parsimonioso descubrimiento de América. Además de Brasil, visitará Cuba, Venezuela y la Argentina. Se lo espera como a un exótico Papá Noel. En Brasilia anunciará la compra de 60 aviones Embraer; y en Buenos Aires, la construcción de dos represas por 6.000 millones de dólares.

    El país más incómodo con esta proyección latinoamericana de los BRICS, sobre todo de China, es uno de sus miembros: Brasil. China es un competidor en los negocios del vecindario. Por ejemplo: en la licitación de las represas argentinas Gezhouba desplazó a la constructora brasileña Odebrecht.

    A Xi le puede resultar simpático que su política latinoamericana sea vista como la respuesta al activismo asiático de Washington. Japón, Vietnam y Filipinas sellan acuerdos militares cada vez más intensos con Estados Unidos.

    Pero esa lectura bipolar, que experimenta el presente como un dèjá vu de la Guerra Fría, es un espejismo. Como demostró la sexta ronda de Diálogo Estratégico, que se acaba de celebrar en Pekín, el G-2 es una asociación dominante. China y Estados Unidos convergen en la agenda global de largo plazo: lucha contra el terrorismo, alimentos, medioambiente y, sobre todo, energías renovables.

    En esta materia, ha ocurrido una novedad: en todos los estadios brasileños se pudo ver, durante el Mundial, una publicidad de Yingli, la fábrica de paneles solares que iluminó Maracaná. China disimuló a través del fútbol su presentación internacional como potencia energética.

  3. David 16 July 2014 at 8:45 pm Permalink

    Por lo menos Paulo Coelho ya no es la mayor vergüenza de Brasil.

    • Jambalaia 20 July 2014 at 7:05 pm Permalink

      Con certeza.
      .
      Después de la 7 a 1,
      la equipo de fútbol brasileño tomó su lugar.


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