04 May 2018 ~ 4 Comentarios

Chile no reconocerá las fraudulentas elecciones de Venezuela

Por Marcel Oppliger*

El Presidente Piñera, en un diálogo sobre libertad y democracia con el Nobel Mario Vargas Llosa y el político venezolano exiliado Antonio Ledezma, sostuvo que la próxima elección presidencial de Venezuela será “fraudulenta” y que Chile “no la va a reconocer”. Eso es lo más tajante que ha sido un gobernante chileno en los casi 20 años de revolución bolivariana y marca una toma de posición a la que cuatro administraciones anteriores —incluyendo la de Piñera I— le habían sacado el cuerpo, hasta ahora: la inapelable condena del fracasado proceso chavista, devenido en dictadura bajo el mando de Nicolás Maduro.

No es poca cosa, porque implica abandonar una política exterior  de hipócrita (pero segura) ambigüedad respecto del régimen venezolano —“No es democracia, pero tampoco es dictadura”—, para adoptar otra de crítica asertiva. El tránsito del doble estándar a la honestidad intelectual. Este cambio de actitud no por tardío es menos correcto y necesario, ya que representa la mínima coherencia entre los valores democráticos que Chile asegura defender y las consecuencias que se derivan de ello. Es decir, entre la prédica y la práctica.

La verdad es que las elecciones venezolanas son fraudulentas hace un buen rato. Aunque el gobierno de Caracas siempre apunta al alto número de procesos electorales como evidencia de compromiso democrático, la mayoría no pasa el test de blancura. No basta con convocar a las urnas para obtener patente democrática, esa es la parte fácil.

Antes de la elección, los registros de votantes deben ser transparentes y estar más allá de toda duda; el diseño de los distritos electorales no puede obedecer a intereses políticos; las condiciones para competir deben ser las mismas para todos; el financiamiento de las campañas debe ser conocido; el gobierno no puede intervenir ni hacer propaganda a favor o en contra de ningún candidato; los medios de comunicación privados y estatales deben conceder igual espacio a todos los competidores; el discurso político debe ceñirse a ciertos estándares de respeto y buena convivencia; debe haber instancias de debate público entre los candidatos.

En cuanto al día mismo de la elección, los locales de votación deben funcionar en los horarios y lugares anunciados, no en otros; debe haber certeza de que el voto es efectivamente secreto y no será usado como instrumento de presión; nadie puede hacer propaganda electoral; no se puede amenazar ni alentar a los electores dentro o fuera del recinto de votación; las autoridades no deben manifestar preferencias; los cuerpos de seguridad y las FFAA deben dar garantías de imparcialidad y orden; debe permitirse la presencia de observadores independientes y de los partidos en el conteo de votos; el sistema de conteo debe tener credibilidad ante la ciudadanía; los resultados deben anunciarse sin dilación y en forma oficial… y respetarse, gane quien gane.

Por muchos años nada de eso se ha cumplido en comicios venezolanos para alcaldes, gobernadores, parlamentarios, Asamblea Constituyente y Presidente. Elecciones, sí. ¿Democráticas? Para nada.

Siendo francos, dejar los rodeos diplomáticos con Caracas no tiene hoy los costos que tenía en tiempos de Hugo Chávez, cuando ningún líder latinoamericano —salvo excepciones como el colombiano Álvaro Uribe— se atrevía a cruzarse en la mira del comandante y su aplanadora retórica, y cuando el socialismo del siglo XXI aún lucía el (engañoso) brillo de la novedad y la (dudosa) promesa de un futuro posible. Cuando la bonanza fiscal del petróleo a 100, 120 o 150 dólares el barril permitía mantener la ficción del éxito bolivariano a punta de discursos incendiarios, marxismo reciclado y gasto público a destajo (de “gasto social” tenía muy poco), a pesar de que todos los indicadores pasaban inexorablemente de graves a alarmantes.

La demagogia agresiva del líder venezolano, la fuerza de sus petrodólares y la aparente gravitación geopolítica de su iniciativa del ALBA (hoy difunta), inhibieron (¿amedrentaron?) o cooptaron a muchos líderes de la región. No ayudó que durante los 10 años que José Miguel Insulza fue su secretario general, la OEA consistentemente torpedeara cualquier intento por llamar al orden al gobernante bolivariano, mucho más por exigirle condiciones o adherir a reglas básicas, ni siquiera cuando los organismos de la propia OEA denunciaban regularmente ataques contra el Estado de derecho, las instituciones democráticas, los derechos humanos y la paz social en ese país.

Pero si bien Chávez logró a duras penas preservar la fachada de una revolución en marcha, con su sucesor la ilusión revolucionaria se estrelló definitivamente contra las crudas realidades del fracaso económico, el colapso social y el naufragio democrático. Basta ver las noticias; a estas alturas, nada se salva. El régimen chavista es un muerto caminando, aunque nadie sabe cuándo ni cómo será el funeral.

Por eso, en buena hora que más líderes de la región le rayen la cancha el gobierno de Maduro. Quizás no baste para desactivar la profunda crisis que sufre el país, pero es algo que los venezolanos han echado en falta por largo tiempo. Ellos han visto derrumbarse la democracia y la prosperidad de su país ante la mirada casi siempre impávida de sus vecinos. Peor, ante un silencio muy parecido a la complicidad.

Por otra parte, el actual secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha asumido un liderazgo que da cobertura diplomática para reconocer que el chavismo ha perdido toda legitimidad, por lo que ya es hora de buscar formas —pacíficas, democráticas, respetuosas de la soberanía— de impulsar una transición política en ese país.

La elección presidencial del 20 de mayo, donde ni siquiera habrá un candidato de la oposición,  será fraudulenta, sin lugar dudas, y hay que decirlo con todas sus letras. Pero aun así tendrá lugar y el gobierno celebrará el triunfo de Nicolás Maduro. En ese momento, el desafío para los líderes de América Latina —Piñera entre ellos— será respaldar sus firmes palabras con firmes acciones.

*Marcel Oppliger, periodista, autor de “La revolución fallida: Un viaje a la Venezuela de Hugo Chávez”

4 Responses to “Chile no reconocerá las fraudulentas elecciones de Venezuela”

  1. Ramiro Millan 4 May 2018 at 11:03 pm Permalink

    ¿Existe un solo individuo que no sepa que en Venezuela desapareció la democracia hace rato? ¿Existe alguna persona que no sepa que los líderes del chavismo son todos corruptos? ¿Existe alguien que crea que el sistema chavista es exitoso por lo mostrado hasta la fecha? ¿Puede la razón o el sentido común ignorar el fracaso?
    No. Definitivamente cualquier individuo racional sabe que en Venezuela no hay democracia, que son todos corruptos y de que la pobreza y la miseria es alarmante.
    Sin embargo, si se le pregunta a los militantes de la izquierda latinoamericana, la mayoría lo negará y si acepta algunas debilidades del régimen, expondrá alguna excusa para justificar un “parcial período de ajustes” que toda política más tarde o temprano debe enfrentar hasta “encontrar nuevamente la senda correcta” hacia ese “gran futuro” que les depara. La excusa clásica e interminable: el imperialismo. Sí señor. Siempre la culpa la tiene el “maldito imperialismo capitalista” que desvía o frena la “gloriosa revolución de la justicia social”.
    Otros pocos, aceptarán el fracaso y reconocerán la corrupción y el desastre social presente.
    ¿Por qué no pueden aceptar lo evidente la mayoría de los simpatizantes de la izquierda latinoamericana y solo algunos pocos reconocen el fracaso?
    Porque esos pocos, los VERDADEROS PROGRESISTAS o socialistas en latinoamérica son los menos.
    Son los verdaderos progresistas porque son los que adoptan las ideas de izquierda conducidos por la razón. Razón no influenciada o presionada por pasiones, por complejos o resentimientos. Y es esa misma razón “pura” la que les permite ver lo evidente. Ver la corrupción generalizada y el desastre humanitario más la absoluta imposibilidad de que un experimento como el chavismo pueda traducirse alguna vez en un verdadero progresismo o socialismo.
    Sin embargo, los que no reconocen el fracaso, las mayorías, los FALSOS PROGRESISTAS, son aquellos que adoptan las ideas de izquierda, no conducidos por la razón, sino por pasiones o instintos subconscientes que los obliga a buscar superar una oculta percepción de inferioridad a través de los métodos que puedan acceder. Presionar a los ricos a través de la distribución de la riqueza y sacándoles la conducción y mando de la economía (lo más valorado por la clase ostentosa) es una tentadora manera de lograr ese objetivo.
    Como no es la razón la que conduce sus convicciones, sino las pasiones (la razón en estos individuos solamente se encarga de encontrar las excusas que justifiquen las ideas a las que conducen las pasiones, llámese a esta faceta de la razón: “razón instrumental”) es difícil esperar que las respuestas a los fracasos sean precisamente racionales.
    Las respuestas surgen siempre desde su esclava, la obediente y muy “eficiente” “razón instrumental” y la teoría del imperialismo es la más usada por esta eficiente herramienta al servicio de los instintos entre las muchas que podemos encontrar para justificar lo que para aquellos que no nos dejamos dominar por el instinto de inferioridad, es harto evidente. Que es un fracaso total.
    A estos falsos progresistas es extraordinariamente fácil detectarlos cuando llegan al poder. Descubren de pronto que al tener a su disposición el destino de dineros públicos, pueden dejar de pertenecer al grupo de los envidiosos, los inferiores, y competir con los ricos y poderosos ya no a través de las ideas y la política, sino a través de sus mismos medios, de la riqueza material. Desde este punto a ver dirigentes socialistas distribuidos por todo latinoamerica en cantidades “industriales” con sumas extraordinarias de dinero acaparados en bienes y cuentas en paraísos fiscales hay que seguir simples pasos. Son todos socialistas millonarios. Más claro imposible.
    Como verá, no solamente los simpatizantes de la izquierda conducidos por pasiones son mayoría, también los dirigentes políticos lo son y el caso de Venezuela o del Kirchnerismo en Argentina son ejemplos extraordinariamente demostrativos de lo que quiero expresar. Todos los dirigentes de estos gobiernos son multimillonarios.
    Si el que leé estos renglones es de ideología de izquierda, sabrá si es un verdadero o falso progresista. Y si es un verdadero progresista, sabrá ahora a quien debe votar. Simplemente a cualquiera no sospechado de enriquecimiento durante una función pública.
    Al verdadero progresista no lo motiva la envidia, no necesita competir en riquezas con aquel que considera rico y egoísta. Simplemente ve conveniente limitar la acción de la codicia (presente siempre por cierto) porque sus conceptos de justo así lo guían. Simplemente busca justicia social porque así su verdadera razón lo cree conveniente. Lamentablemente, estos siempre son los menos y los pocos que hay, casi nunca, al menos en latinoamérica, llegan al poder.
    “El verdadero progresista” razonvsinstinto.blogspot

  2. Maximiliano Herrera 5 May 2018 at 6:46 pm Permalink

    El proceso chavista no ha devenido en dictadura con Maduro, YA ERA UNA DICTADURA con Chavez, solo un imbecil no se pudo dar cuenta. TODAS las elecciones han sido robadas, miles de manifestantes, opositores, periodistas presos o asesinados, propiedades expropiadas etc….
    Lo que haga Chile no va a importar nada, solo los venezolanos pueden sacar al regimen pero como son unos cobardes como los cubanos ,no haran nada o haran las mismas estupidas “protestas pacificas” que no sirven para un carajo.

    • Pablo. 6 May 2018 at 8:04 am Permalink

      no hables mierda las dictaduras tienen todo el poder el pueblo solo tiene su verdad y no son las herramientas necesarias contra un poder que lo tiene todo armas, policias paramilitares,un ejercito bien armado si miras la Historia las Dictaduras se prolongan por mucho tiempo en el poder,los jovenes en Venezuela lo han dado todo pero la verdad no puede ni podra con tanques de guerra y rifles automaticos y la oposicion Venezolana sigue en su lucha pero los medios de informacion ocultan la realidad.Si usted es cubano que has echo por la Libertad de Cuba?.

      • Carlos 6 May 2018 at 8:08 am Permalink

        Es cierto,pero los cobardes se comportan como el capitan arana como el Maximiliano que se la da de valiente en el area de Miami hablando mierda.El cobarde es el .


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