01 August 2014 ~ 1 Comentario

Diálogos con la historia (2/4)

por Mario Vázquez Raña

Montaner

(El Sol de Puebla) MADRID, España. 24 de julio de 1993. (OEM-Informex).- Carlos Alberto Montaner fue detenido en 1961 acusado de luchar contra el Gobierno comunista de Fidel Castro, por lo que fue condenado a 20 años de prisión, pero logró escapar a las pocas semanas y gracias a un salvoconducto salió de la isla unos meses después, iniciando su prolongado exilio, pero también su intenso trabajo político opositor al régimen castrista.

En reiteradas ocasiones ha sido acusado por el Gobierno de Fidel Castro de ser un agente de la CIA e incluso de terrorismo, lo que él siempre ha negado, aunque manteniendo su postura crítica hacia el comunismo cubano.

En esta entrevista que concedió en exclusiva para Organización Editorial Mexicana alerta que, si la situación en que vive la población se agrava, el desenlace podría ser violento, lo cual arrastraría al Gobierno de Washington a una intervención, y entonces el país habría perdido cien años de vida republicana en conflictos que nunca supo solucionar.

Pese a su postura contra el modelo comunista, aclara que no apoya la Ley Torricelli, pues desde su punto de vista es innecesaria, sobre todo en lo referente al derecho de extraterritorialidad que le da a Estados Unidos para gobernar empresas que deberían estar bajo la jurisdicción de los países donde están constituidas.

El bloqueo, la llamada Ley Torricelli, ha sido un arma económica y política que daña al Gobierno de Cuba pero igualmente a la población civil. ¿Cree usted que después de 30 años el bloqueo es un arma eficiente?

Creo que no es un arma eficiente, creo que el bloqueo no tiene ninguna responsabilidad en la situación económica del país, la situación económica del país seguiría siendo exactamente igual de mala con el embarco norteamericano o sin él.

La situación pésima por la que atraviesa el país es la consecuencia de una política económica equivocada mantenida durante mucho tiempo, son los resultados de la desaparición del bloque del Este y del mundo con el que Cuba realizaba sus transacciones comerciales; 80 por ciento de las transacciones comerciales de Cuba se hacían con el mundo comunista y eso ya desapareció súbitamente, así que el país apenas tiene producción.

Cuba este año exportará un poco menos de lo que exporta Costa Rica, que tiene tres millones de habitantes, y Cuba tiene 11, sencillamente no pueden adquirir las cosas que necesitan en el exterior, lo que explica que realmente el bloqueo sea una farsa; el propio Castro lo dijo hace algunos años, el propio Guevara lo dijo en los años sesenta, que el embargo había fracasado.

Lo que me temo es que no va a ser levantado el embargo por inercia política, y porque forma parte de un pasado político de Estados Unidos que hereda la administración Clinton y que ya no hay forma humana de revisar, por estar enquistado en la legislación del Congreso de Estados Unidos.

Si el presidente Clinton quisiera levantarlo no podría, tendría que ser el propio Congreso, y ese Congreso que el año pasado aprobó la Ley Torricelli difícilmente va a modificarlo.

Por otra parte, ese embargo le sirve al Gobierno de coartada para no cambiar las cosas, pero sería tan absurdo aceptar ese razonamiento, como si el día de mañana hay un embargo del Gobierno de Estados Unidos a México, que México implantara una dictadura y decidieran no levantar esa dictadura hasta que Estados Unidos levantara el embargo; son dos males independientes que no tienen ninguna razón entre ellos.

Cuando el Gobierno cubano tuvo una situación económica totalmente distinta a la que tiene ahora, tampoco hizo nada; si el embargo ahora le puede hacer algún daño, cuando no le hacia ninguno no hizo nada por modificar los rasgos principales de la dictadura, de manera que es difícil pensar que existe una relación entre las dos cosas, más allá de que Castro tiene una excelente coartada política para explicar su desastre.

Los oficiales del Gobierno cubano dicen que el bloqueo es una violación de la ley internacional. Señor Montaner, ¿por qué lo apoyan ustedes que dicen estar en favor de la ley?

Bueno, realmente, Don Mario, nosotros no apoyamos la Torricelli ni mucho menos; cuando hubo unas vistas en el Congreso norteamericano, un delegado de la plataforma democrática cubana acudió a esas visitas antes de la aprobación de la ley y manifestamos nuestras reservas ante la Ley Torricelli.

Nos parecía innecesaria especialmente en ese epígrafe que le confiere a la legislación norteamericana una especie de derecho de extraterritorialidad de gobernar las compañías norteamericanas establecidas en el exterior que deben estar no bajo la jurisprudencia norteamericana, sino bajo la jurisdicción de los países en donde están constituidas como sociedades, de manera que nosotros no aprobamos la Ley Torricelli.

Lo que ocurre es que nos parece un debate bizantino, es algo que escapa a nuestra posibilidad, que escapa incluso a la buena voluntad de la administración Clinton; pertenece al reino de las prerrogativas del Congreso de Estados Unidos, en 90 por ciento.

Es un cuerpo aislado del resto del mundo, que no sufre las presiones del resto del mundo y da igual lo que diga Castro, dan igual los piropos que le pueda decir a Hillary Clinton o las campañas de presiones internacionales.

El Congreso de Estados Unidos no va a levantar el embargo porque solo hay una persona que pueda levantar el embargo de Estados Unidos, y esa persona es Fidel Castro cuando comience un proceso de democratización y entonces ese Congreso se vea contra las cuerdas.

En el Gobierno cubano han aparecido dirigentes jóvenes que paulatinamente han sustituido a los tradicionales. ¿Cree usted que con esta nueva generación habría posibilidades de lograr mejores condiciones entre los exiliados y Cuba?

Es nuestro mayor deseo, todo conflicto político también es un conflicto generacional, lamentablemente; hemos visto con grandes esperanzas la aparición en el panorama cubano de personas que aun cuando son absolutamente leales a Castro, muestran síntomas de ser personas comprensibles.

Son personas moderadas y no dogmáticas, de quienes pudiera esperarse el inicio de la búsqueda efectiva de una solución consensuada; una solución en la cual la oposición y el Gobierno pudieran encontrar un terreno común para salir de esta crisis que, de lo contrario, nos llevará al desastre.

Tienen que convencerse, primero, de algo que me parece muy importante, Don Mario, y es que no pueden haber cambios económicos si no hay cambios políticos, porque no es cierto que los cambios económicos vayan desligados de los cambios políticos.

Los cambios políticos y cambios económicos son dos caras de una moneda común, cuando piensan imitar el modelo chino y permanecer como una dictadura de partido único, sin realmente admitir que la sociedad cubana se exprese en toda su pluralidad.

Lo que están haciendo es malgastar el tiempo inútilmente en un camino que no conduce hacia la solución y ni siquiera el alivio de los problemas, sino que conduce al agravamiento de los problemas.

Es bueno que estos jóvenes que aparentemente tienen voluntad de cambio en el Gobierno cubano se den cuenta que el reloj está en contra de ellos y que cada minuto que pasa sin que acaben de entender la necesidad de un cambio político, lo que está sucediendo es que se va erosionando su capital político y están llevando al país a un punto en el que el desenlace pudiera ser el que menos queremos nosotros, que es un desenlace violento.

Por varias razones, la primera es que ese pobre país va a sufrir, y la segunda es que si se produce un desenlace violento en Cuba hay una enorme posibilidad de que ocurra lo peor que le pueda pasar a la isla, que es la intervención militar de Estados Unidos.

Si en Cuba sucede un conflicto armado entre distintas fracciones del Ejército, casi inevitablemente los grupos de cubanos en la Unión Americana arrastrarían al Gobierno de Washington a una intervención, porque cualquier problema violento que surja en Cuba, automáticamente se convierte en un problema doméstico norteamericano por la población cubano-estadunidense que existe en el país y porque además hay congresistas cubano-norteamericanos.

Inevitablemente eso provocaría el desembarque del país y terminaríamos el siglo XX como terminamos el siglo XIX: invadidos por Estados Unidos como un país económicamente destruido.

Terminaríamos el siglo XX sin esperanzas, porque habríamos perdido cien años de nuestra república en conflictos civiles que nunca supimos solucionar por la vía pacífica.

Esta oportunidad que tenemos ahora es una oportunidad única, porque puede significar el punto de partida de una manera diferente de solucionar los conflictos entre los cubanos; podemos inaugurar una manera racional de acabar con las crisis políticas el país.

¿Considera usted, señor Montaner, que Cuba está preparada para un enfrentamiento con Estados Unidos en caso de una intervención?

Creo, Don Mario, que están preparados y creo que efectivamente podrían causarle numerosas bajas al Gobierno americano, eso me parece que es cierto, pero mientras más bajas le hagan al Gobierno de Estados Unidos, que es una potencia infinitamente más poderosa que Cuba, más destrucción habrá en el país.

Realmente carece de sentido llevar un conflicto político al tratar de sostener contra el sentido común, contra el sentido de la historia de lo que está sucediendo en el mundo, a un régimen insostenible hasta el punto en que se provoque un conflicto contra Estados Unidos, para demostrar el heroísmo de los cubanos a cambio de la destrucción de la sociedad cubana, porque lo que nadie va a pensar es que al final los norteamericanos no van a derrotar al Ejército cubano, ¡por supuesto que lo harán!

Mientras más resistencia hay, peor va a ser para la población civil, porque entonces van a barrer la ciudad y van a destruir lo poco que queda de la estructura ciudadana en ese país.

Hay que hacer todo para que ese no sea el desenlace, yo tengo un gran temor a las soluciones heroicas, porque en el caso cubano, desgraciadamente, no son soluciones, sino son puros gestos simbólicos que no conducen a nada positivo para la población civil, solo conducen a la gloria efímera de haberse enfrentado a Estados Unidos en una batalla desigual en la cual el país saldría destruido.

A mí me parece que eso es otra manera de cometer un crimen contra los cubanos.

A su juicio, ¿cree usted que la situación de la Cuba de Batista justificaba lo que sucedió?

Creo que la dictadura de Batista fue una dictadura repugnante que tenía y merecía la censura de todo el pueblo cubano, pero me parece que destruir las cosas positivas que había en ese país, la existencia de una clase medía, el punto de despegue económico en el que se encontraba el país, no era necesario; Cuba estaba, de acuerdo con todos los indicadores de la década de los 50, en el cuarto lugar de desarrollo en América Latina.

En ese momento eran 530 dólares per cápita, que eran bastante más que, por ejemplo, el mexicano, tengo un libro que le dejo donde está toda la información sobre lo que era Cuba en los 50.

Yo no soy un defensor de lo que fue la Cuba en los primeros cincuenta años de la vida republicana, que era un país con grandes problemas, derivados de ser, entre otras cosas, un país azucarero del Caribe que marca de alguna forma el desarrollo económico de la isla, pero Cuba no era Haití ni mucho menos.

Quien conozca La Habana y el resto de las estructuras urbanas en el país, en 1993, y ve lo que fue ese país en esa época, pese a la decadencia actual que logre ver por debajo de la destrucción y el deterioro de 35 años de olvido, podrá ver que el país alcanza unos niveles de desarrollo más grandes.

Hay un dato que siempre me gusta, porque es el más elocuente, el más sencillo, el que entienden todos los lectores: la manera más fácil de conocer el desarrollo de un país con relación a otro, es conocer el curso de las migraciones

¿Hacia Cuba iban los emigrantes a buscar trabajo y fortuna? ¿O de Cuba salían los emigrantes?

Hasta 1958, Cuba era un país receptor de emigrantes, en 1958 en el Consulado de La Habana, en Roma, había doce mil solicitudes de italianos que querían ir a Cuba, los gallegos, los asturianos, todos los que podían iban a Cuba o iban a Buenos Aires o iban a Caracas.

Eran los sitios que recibían emigrantes, los cubanos no emigraban, no había colonias cubanas en ninguna parte del mundo prácticamente.

Esto, Don Mario, quiere decir que aquella sociedad, pese a conflictos que padecía, era una sociedad lo suficientemente hospitalaria como para recibir a miles de emigrantes o al mismo tiempo mantener un crecimiento aceptable; pese a todo esto, insisto, no estaban ni remotamente resueltos los problemas, había problemas serios, pero podían solucionarse sin restaurar una dictadura como ésta, que eso me parece que fue un error terrible.

Incluso, Don Mario, creo que Fidel era un radical de izquierda que tenía en la cabeza las ideas que pregonaban los radicales de izquierda en la década de los 50, que era antinorteamericano y que tenía ciertas ideas sobre la economía de mercado y sobre el capitalismo, pero no era un comunista y, por supuesto, no era militante del Partido Comunista.

(Continuará)

One Response to “Diálogos con la historia (2/4)”

  1. Manuel Alexis Carbajal Bruzon 2 August 2014 at 9:24 pm Permalink

    Cuba…el sálvese quien pueda, el vale todo, el cambio del término inventar por luchar, el de robar por resolver, la vuelta a la cursilería de los años 50, la ostentación y el consumismo, la admiración desmedida a lo foráneo, el desprecio a nuestra identidad y cultura, van constituyendo las bases de esa nueva clase que se afianza cada día más y nos vamos resignando a ello.
    Con dolor veo que personas que han criticado duramente estos problemas, se cansan y comienzan también a luchar por lograr ese mismo status de cualquier manera, a toda costa.
    Se extienden por el país los negocios de todo tipo, yo deseaba mucho ver que la iniciativa, que las fuerzas productivas se liberaran de ataduras, regulaciones absurdas, medidas inflexibles y crearan, produjeran en cooperativas, en entidades particulares, en empresas estatales, en cualquiera de las formas que pueden existir, pero con orden, dentro de la legalidad, fundando un país serio, respetable de personas honradas, pero observo que el gobierno ha creado los mecanismos de control (la contraloría) que está cumpliendo una función necesaria, se lucha fuertemente contra la corrupción, las ilegalidades, etc, pero esto se aplica con fuerza en el sector estatal. Sobre los Directores de empresas u otros funcionarios estatales cae el peso de la ley ante cualquier error, equivocación, omisión, descontrol por pequeño que este sea, aunque no lo cometa él sino un subordinado al cual ni siquiera conoce, así debe ser, pero en el sector no estatal la burla a la legalidad campea por su respeto. El que alquila cuatro habitaciones, declara dos y solo paga los impuestos por esas dos, el que vende alimentos, compra en las tiendas de divisa unas libritas de harina u otros ingredientes, el resto lo “resuelve” en comedores, panaderías y otras entidades estatales, el que trasporta pasajeros no adquiere el combustible en los CUPET, lo ‘”resuelve” en el sector estatal, el que tiene permiso para un actividad .realiza varias actividades más sin pagar impuestos y así se está formando un sector amoral, sin escrúpulos, que no se esconde, ni niega las tramoyas que hace para tratar de enriquecerse, todas basadas en una cadena interminable de ilegalidades. Todo esto además del daño económico que nos hace, que creo es el menos significativo, corrompe al trabajador honesto que vive de un salario que no aumenta, desmoraliza a quienes aún mantienen una actitud basada en los principios convirtiéndolos en hazme reír hasta de su propia familia, desestima a las autoridades a todos los niveles, cultiva la doble moral, en fin hace florecer lo más feo e indigno del ser humano.
    Este tema es recurrente en mis pensamientos, porque siento la exigencia del estado por la legalidad y el orden, pero creo que esta no llega con el mismo rigor a todos los sectores de la sociedad..

    dijo CARMEN en…

    http://segundacita.blogspot.com/2014/07/malapalabra.html?m=1


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