09 April 2021 ~ 0 Comentarios

El árbol de la libertad tiene brazos nada canijos en Cuba – Por Vicente Morín Aguado

Por Vicente Morín Aguado.

En tiempos de José Martí los sietemesinos morían irremediablemente, de sobrevivir, difícilmente alcanzaban un físico normal, razón que explica el decir del apóstol de las libertades al escribir Nuestra América, ensayo publicado primero en Nueva York y después en Ciudad de México, al comenzar 1891.

“A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás.” Al invocar la Fe necesaria, concluye el Maestro: “No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, y dicen que no se puede alcanzar el árbol.”

El árbol de la libertad ha crecido entre nosotros, desafiando un ejército de leñadores enemigos de la naturaleza humana, cercenándolo sin cesar. La cosecha que se avecina resume el esfuerzo de varias generaciones, la última de ellas acaba de mostrarse en una fotografía digna de recorrer el mundo: El rapero Maykel Osorbo, brazo en alto, muestra la esposa policial rota por él mismo, con la ayuda de sus vecinos.

Hay muchos brazos nada canijos en la Cuba de hoy.

Desde el oriente del país, la isla de cabo a rabo, decenas de activistas de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), mantienen una heroica huelga de hambre, cuya razón está en la paradoja creada por un gobierno escapado de la realidad, cual Fuhrer ordenando ofensivas mientras los cañonazos aliados tronaban a su alrededor.

Los huelguistas renuncian a comer, acosados por la policía, reclamando el derecho a ofrecerle una ración de alimentos a numerosos ancianos y vagabundos, abandonados a su suerte, en tanto la familia Castro engulle langostas y se pasea en Mercedes Benz.

En ambos casos, las protestas se han visto obligadas a centrarse en las viviendas particulares de sus protagonistas porque, parafraseando al cantor Varela, como no les han dejado sitio a la gente donde expresar su dolor, usan sus casas, aún a riesgo probado de un allanamiento policial.

Nadie duda de que la dictadura está inmersa en una profunda crisis, pero se han conocido crisis anteriores, la última hacia 1994, asociada directamente a la desaparición del campo socialista encabezado por la Unión Soviética. Entonces el habilidoso Fidel Castro consiguió engatusar a la izquierda vergonzante de las democracias capitalistas, en tanto le llegaba la salvación desde Venezuela.

Tales “salvaciones”, farsas ofrecidas a la multitud en calidad de milagros revolucionarios, vienen a justificar en buena medida la crisis de Fe en la victoria final frente al oprobio, sumando el aporte nada despreciable de mil y una razones si de sociología, politología, geopolítica y cuantas disciplinas de estudio quieran citarse, invocando el prestigio de los términos greco latinos.

Sin embargo, ni estamos en la Grecia de los filósofos, ni somos la excepción del planeta. Martí respondió una vez al dilema, aludiendo al grande marino Cristóbal Colón, cuando le increparon sobre quedarse de rata sabia en una biblioteca europea del siglo XV o marcharse a la Mar Océana: “Yo me habría embarcado en las Carabelas”.

Entre nosotros se ha planteado la posibilidad de un diálogo, y la sola mención de tan civilizada palabra, suscita el proverbial discutir acalorado de mis compatriotas. El asunto mira hacia atrás, considerando diálogos fracasados, dialogueros complacientes con la Plaza de la Revolución, gritándole a La Casa Blanca y hasta un presidente norteamericano burlado y rechiflado por sus huéspedes en La Habana.

Tratándose de Barack Obama, tal vez fue el pago del despotismo a la búsqueda equivocada de la gloria.

Mirando hacia dentro, dialogar primero entre nosotros y, de presentarse la oportunidad, llegar a un debate con el poder, implica algunas preguntas:

¿Cómo rechazar la agenda que aún no se ha planteado? ¿Suspicacia ante una posible traición?

¿Traicionaron a sus muertos, miles, por cierto, Mandela, Walesa, Havel, el Mahatma y muchos líderes que, en su momento, dialogaron con los poderes opuestos a la libertad?

Suponer la posibilidad de un Núremberg, implica al igual que sucedió en Alemania, los ejércitos aliados ocupando el país, junto al precedente de los cadáveres, y no solo del bando derrotado.

La diferencia sustancial que marca a los líderes citados es que, al evaluar la realidad, tuvieron en cuenta que los bandos eran, al final, uno solo, sus conciudadanos, digamos, en nuestro caso, todos los cubanos.

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