17 August 2020 ~ 25 Comentarios

El perdedor radical en las redes de la Sociedad del Disparate

Por Armando Añel

El demagogo populista trabaja la indignación del “perdedor radical” -como llamara Hans Magnus Enzensberger al indignado permanente o egobiado-, quien se cree injustamente tratado por la vida. El demagogo reafirma al “perdedor” en lo “justo” de su indignación: ellos (los políticos, los triunfadores, los adinerados, los felices, los “globalistas”, los Fauci, los Bill Gates, el “establishment”, etc.) son injustos contigo, te roban o te manipulan o te ignoran, y hay que hacer justicia a tu favor. Y por supuesto, el populismo te libera de responsabilidades, es decir, te asigna una causa o un movimiento o un líder o una teoría de la conspiración que hacen justicia por ti. Si eres un idiota o un amargado, no es tu culpa. ¡Eres una “víctima”!

Estar libre de responsabilidades -que la responsabilidad de mi pobreza o de mi infelicidad o de mis errores siempre la tenga algo otro- es la libertad más cómoda que existe, y por tanto una de las más demandadas.

Relacionado con esto: Desarrollar teorías de la conspiración y hablar del “nuevo orden mundial”, los iluminatis, los “globalistas”, etc., se ha convertido también en un negocio en Youtube y otras redes digitales. El alarmismo conspiranoico de la Sociedad del Disparate también genera muchas vistas -esto es, atrae a gran cantidad de egobiados incautos-, lo cual se traduce en dinero por publicidad, donaciones, ventas, etc., para los videastas e influencers más pillos. Ya se sabe que cuando algo genera ganancias, “informativamente” hablando, casi al seguro se convierte en una bola de nieve: rueda cuesta abajo sin parar y se infla y se infla…

Por lo demás, en la Sociedad del Disparate el esfuerzo que demanda analizar imparcialmente, con agudeza, la actualidad noticiosa, brilla por su ausencia. “Esto es una guerra”, se dicen algunos perdedores radicales para tranquilizar de alguna manera su azorada objetividad, o lo que queda de ella. “Y en las guerras yo no hago prisioneros”.

En la Sociedad del Disparate las emociones suelen imponerse al razonamiento o al sentido común y la exageración tiende a normalizarse, a formalizarse socioculturalmente. De ahí que los bandos en pugna se combatan lanzándose a la cabeza, como platos desechables, cualquier cantidad de Fake News, y las teorías de la conspiración lluevan sobre mojado. A la sopa de la “posverdad” no le afecta un fideo más, un fideo menos, y en la era de la normalización de la exageración la irresponsabilidad es un derecho del pueblo.

25 Responses to “El perdedor radical en las redes de la Sociedad del Disparate”

  1. Manuel 17 August 2020 at 11:15 pm Permalink

    Kaballito y Kamala

    De la kagan la kagan:

    “ Responding to one about engagement with Cuba, Biden, 77, said, “Unlike the African-American community, with notable exceptions, the Latino community is an incredibly diverse community with incredibly diverse attitudes about different things.” He later clarified: “In no way did I mean to suggest the African-American community is a monolith—not by identity, not on issues, not at all.” Biden was also asked if he had taken a cognitive test, as President Trump has claimed.” No, I haven’t taken a test,” Biden said. “Why the hell would I take a test?” He then compared the question to asking the reporter, who was black and from CBS, if he had taken a cocaine test before the interview, likening it to someone asking him, “Are you a junkie?”

    Sólo denle un chancesito a Trump 😀
    Para que vean lo mal que la pasa
    kaballín d troya

    • MANUEL 18 August 2020 at 10:50 am Permalink

      Respondiendo a uno sobre el compromiso con Cuba, Biden, de 77 años, dijo: “A diferencia de la comunidad afroamericana, con notables excepciones, la comunidad latina es una comunidad increíblemente diversa con actitudes increíblemente diversas sobre diferentes cosas”. Más tarde aclaró: “De ninguna manera quise sugerir que la comunidad afroamericana es un monolito, ni por identidad, ni por cuestiones, en absoluto”. También se le preguntó a Biden si se había realizado una prueba cognitiva, como afirmó el presidente Trump “. No, no he tomado una prueba “, dijo Biden. “¿Por qué diablos iba a hacer una prueba?” Luego comparó la pregunta con preguntarle al reportero, que era negro y de CBS, si se había hecho una prueba de cocaína antes de la entrevista, comparándola con alguien que le pregunta: “¿Eres un adicto?”

      • Julian Perez 18 August 2020 at 11:01 am Permalink

        Esa fue buena. Tan buena como ¨el que no vote por mi no es negro¨. Pero, en mi opinión, la que se lleva la medalla de oro de todas las ¨Bidenadas¨ fue que Obama era el primer negro articulado.

        Ya estoy preparando mi bolsa de palomitas para verlo debatir con el presidente Trump. (Aunque también confío en que Pence le gane por KO a la Kamala)

        • manuel 18 August 2020 at 11:17 am Permalink

          la jugada kamala no es mala

          es el lógico resultado de un plan muy bien pensado pero no siempre bien ejecutado, se le ven demasiado las costuras como para que logren arrancar votos a la muy sólida base trumpista

  2. Manuel 17 August 2020 at 11:16 pm Permalink

    Kaballito y Kamala
    De q la kagan la kagan:
    “ Responding to one about engagement with Cuba, Biden, 77, said, “Unlike the African-American community, with notable exceptions, the Latino community is an incredibly diverse community with incredibly diverse attitudes about different things.” He later clarified: “In no way did I mean to suggest the African-American community is a monolith—not by identity, not on issues, not at all.” Biden was also asked if he had taken a cognitive test, as President Trump has claimed.” No, I haven’t taken a test,” Biden said. “Why the hell would I take a test?” He then compared the question to asking the reporter, who was black and from CBS, if he had taken a cocaine test before the interview, likening it to someone asking him, “Are you a junkie?”
    Sólo denle un chancesito a Trump
    Para que vean lo mal que la pasa
    kaballín d troya

  3. Manuel 17 August 2020 at 11:20 pm Permalink

    Kaballito y Kamala
    De q la kagan la kagan:

    “ Responding to one about engagement with Cuba, Biden, 77, said, “Unlike the African-American community, with notable exceptions, the Latino community is an incredibly diverse community with incredibly diverse attitudes about different things.” He later clarified: “In no way did I mean to suggest the African-American community is a monolith—not by identity, not on issues, not at all.” Biden was also asked if he had taken a cognitive test, as President Trump has claimed.” No, I haven’t taken a test,” Biden said. “Why the hell would I take a test?” He then compared the question to asking the reporter, who was black and from CBS, if he had taken a cocaine test before the interview, likening it to someone asking him, “Are you a junkie?”

    Sólo denle un chancecito a Trump 😀
    Para que vean lo mal que la pasa
    kaballín d troya
    Y ke-mala

  4. razón vs instinto 17 August 2020 at 11:42 pm Permalink

    El señor Añel sabiamente dice:

    “El demagogo reafirma al “perdedor” en lo “justo” de su indignación: ellos (los políticos, los triunfadores, los adinerados, los felices, los “globalistas”, los Fauci, los Bill Gates, el “establishment”, etc.) son injustos contigo, te roban o te manipulan o te ignoran, y hay que hacer justicia a tu favor”

    Traducido a “mi idioma” significa: el demagogo se apoya en el resentimiento de la plebe derivado de una subconsciente envidia hacia el stablishment para estructurar sus objetivos de poder.
    Después acertadamente también dice:

    “En la Sociedad del Disparate las emociones suelen imponerse al razonamiento o al sentido común y la exageración tiende a normalizarse, a formalizarse socioculturalmente”

    Las emociones se imponen en las sociedades de los disparates y entonces ¿Qué emociones pueden provocar éste fenómeno que no sea el resentimiento o la envidia?

    Así que demás está aclarar que estoy totalmente de acuerdo con el sr Añel.
    Por tanto, hasta que no sepamos controlar los efectos nocivos de nuestras emociones derivadas de primitivos núcleos cerebrales del homo sapiens, seguiremos teniendo Chávez, Castros, Kirchneres, Correas, Iglesias, Evos y ¿Sanders? ¿Harris?

    Pero si nadie le da la más mínima importancia a ésta temática crucial que decide el destino de los pueblos ¿Cómo evitarlo?

  5. Manuel 18 August 2020 at 12:05 am Permalink

    ¿Adónde c fueron los compradores?

    A la web:

    American shoppers have spent $435 billion online since the start of the year, and are on course to surpass total online spending in 2019 as soon as early October.
    Financial Times

  6. Manuel 18 August 2020 at 12:23 am Permalink

    An army has to be coordinated:

    State health departments are all independent of each other and independent of the feds.
    Then within each state, there are city and county health departments.
    It’s an extraordinary crazy quilt of organizations.
    We have to work toward a united concept, that everything is integrated, operates according to a certain standard, and in a much more timely fashion, like a real army.

    • Manuel 18 August 2020 at 12:27 am Permalink

      Then, this “army” has to find the ways to reach for
      Their customers ears:

      “The public health bodies tasked with understanding and controlling this pandemic are putting out information, but not in a way that’s accessible to people. If you aren’t reaching people on their level on social media accounts, other accounts with large followings are going to fill that void. And that’s how a lot of misinformation gets spread“

    • manuel 18 August 2020 at 9:57 am Permalink

      Then, this “army” has to find the ways to reach for
      its customers’ ears:

      “The public health bodies tasked with understanding and controlling this pandemic are putting out information, but not in a way that’s accessible to people. If you aren’t reaching people on their level on social media accounts, other accounts with large followings are going to fill that void. And that’s how a lot of misinformation gets spread“

  7. Manuel 18 August 2020 at 12:30 am Permalink

    On Memorial Day, Derek Chauvin knelt on the neck of George Floyd for nearly nine minutes,

    even after Floyd said he couldn’t breathe and went unconscious. Three officers who were with Chauvin never intervened. As Floyd’s death thrust the nation into protest, Mayor Jacob Frey described the city’s police union as a “nearly impenetrable barrier” to disciplining officers for racism and other misconduct, partly because of the legal protections it bargained for. “We do not have the ability to get rid of many of these officers that we know have done wrong in the past,” Frey told the podcast the Daily in June.

    • Manuel 18 August 2020 at 12:32 am Permalink

      key to understanding why officers across the country escape discipline time and again after beating or killing people. As other labor unions have shrunk in recent years, membership in police unions has remained high. While the Black Lives Matter movement encouraged people to document police brutality on camera and demand accountability, police unions, which now have hundreds of thousands of members, have pushed back in almost every way imaginable—by overturning firings, opposing the use of body cameras, and lobbying to keep their members’ disciplinary histories sealed.

  8. razón vs instinto 18 August 2020 at 6:59 am Permalink

    Se va aclarando la cuestión coronavirus

    COVID-19: ¿La “inmunidad de rebaño” está más cerca de lo que pensaban los científicos?
    New York Times

  9. Manuel 18 August 2020 at 9:50 am Permalink

    Alguien in the NEW YORK TIMES

    Acaba de darse un fuerte golpe en la cabeza
    Y le han aparecido estas preguntas y el pobre
    No sabe, no quiere, no puede, hacer nada con ellas:

    Quarantine or distance? Petition or protest? Fall semester of gap year? Journalism for every part of life.

  10. Manuel 18 August 2020 at 10:20 am Permalink

    One of his clients in the 1972 election was Joe Biden, then 29, running for the United States Senate from Delaware. Caddell told Biden not to attack his opponent. That would just make him look like another politician. Rather, he should run against Washington. Biden took the advice and won.

    Rick Perlstein tells this anecdote early in “Reaganland,” his absorbing political and social history of the late 1970s. More than 700 pages later, Perlstein notes that Biden, himself, went on to become “an exquisitely well-calibrated politician.” Perlstein doesn’t point out the irony, but he doesn’t need to. The joy of this book, and the reason it remains fresh for nearly a thousand pages of text, is that personality and character constantly confound the conventional wisdom. Perlstein’s broad theme is well known, partly because he has made it so through his three earlier volumes (“Before the Storm,” “Nixonland” and “The Invisible Bridge”) on the rise of the New Right in American politics. In the 1960s and 70s, liberals overplayed their hand and failed to see the growing disaffection of Americans who felt cut out or left behind. (Sound familiar?) But Perlstein is never deterministic, and his sharp insights into human quirks and foibles make all of his books surprising and fun, if a little smart-alecky at times.

    One of Perlstein’s favorite sports is to poke fun at the cluelessness of establishment commentators from the mainstream media. In the summer of 1977, Perlstein reports, pundits were writing long “thumbsuckers” pronouncing the near death of the Republican Party. The Boston Globe’s David Nyhan said “the two party system is now down to one and a half parties.” That was because, “the party of Abraham Lincoln forgot its heritage and started neglecting minorities.”

    In fact, Perlstein points out, the “party of Lincoln” knew exactly what it was doing: marching into the once-Democratic Solid South to convert angry white voters into Republicans. In 1968 and 1972, Richard Nixon had made a start with his Southern Strategy, using code words like “states’ rights” to appeal to racists, but by 1980, the Republican Party seemed to dispense with subtlety. Ronald Reagan’s first major appearance of the 1980 general election campaign was at the Neshoba County Fair in Mississippi. This was Klan country. In 1964, the bodies of three Northern civil rights activists had been found buried in an earthen dam a few miles away. Families came to the Neshoba County Fair every year to enjoy the mule races and beauty and pie-eating contests. “White families, that is,” Perlstein archly notes. “Blacks only participated as employees.”

    In the hot sun, before an adoring audience, on a stage crowded with Confederate flags, Reagan began with a football story and some corny jokes, and then plunged into the red meat of his speech, about the wickedness of federal interference in the lives of ordinary Americans. But then, Perlstein notes, a strange thing happened. Reagan, one of the most sure-footed stump speakers ever, began to get “wobbly.” Instead of pausing for his punch lines, he rushed ahead. He seemed to want to get the speech over with.

    The enthusiasm drained from the crowd. The speech was a bust. Reagan actually dropped in the polls in Mississippi. He recovered later, taking every Southern state but Jimmy Carter’s Georgia. Still, the plain fact was that Reagan was not comfortable playing the race card, and he couldn’t hide it.

    It’s a small, redeeming moment in Perlstein’s overspilling narrative, but the glimpse into Reagan’s conscience is characteristic of Perlstein’s storytelling. Reagan is hardly a hero to Perlstein, whose own politics are to the left. But in this description, the former movie actor turned politician is intensely human, and capable of empathy, or at least shame.

    Reagan is also sly, especially at outfoxing condescending liberals. In 1980, Jimmy Carter’s campaign advisers, along with most of the press corps, underestimated him. “They presumed the public would see what they saw. Which was that Carter was smart and that Reagan was stupid. And that therefore Reagan would lose any debate,” Perlstein writes. “Which overlooked the fact that Reagan had won practically every debate he had participated in — going back at least to 1967, when he appeared on the same TV hookup with Robert F. Kennedy to discuss the Vietnam War, and twisted his opponent into such knots that Kennedy subsequently yelled, ‘Who … got me into this?’ and ordered staffers never to pair him with ‘that son-of-a-bitch’ ever again.”
    At their final debate in late October, virtually tied in the polls, Carter started in on Reagan for having advocated, “on four different occasions,” for “making Social Security a voluntary system, which would, in effect, very quickly bankrupt it.” After Reagan responded with a wandering anecdote about an orphan and someone’s aunt, Carter bore in and attacked Reagan for opposing Medicare. Now, Carter warned, Reagan was trying to block national health insurance.

    As Perlstein tells it, Reagan looked at Carter smilingly, his face betraying “a hint of pity.” Then the old cowboy rocked back, and with an easy, genial chuckle, delivered the knockout blow. “There you go again!” he said, beaming. The audience gave a “burst of delighted laughter. … Jimmy Carter was being mean again.”

    With one deft jab, Reagan had finished off his opponent. A few days later, the Republican candidate won in an electoral vote landslide.

    The 1980 election marks the end of this book, and, Perlstein says in his acknowledgments, the end of his four-volume saga on the rise of conservatism in America, from the early stirrings of Barry Goldwater to the dawn of the Age of Reagan. One hopes Perlstein does not stop there. “Reaganland” is full of portents for the current day. Among the fascinating and disturbing echoes is his description of the night the lights went out in New York City in the midsummer of 1977. The city went feral. Looters ran wild. The police force, diminished by huge layoffs, seemed helpless to restore order. At the time, a congressman named Ed Koch was running for mayor. Koch was known as a liberal, but after the mayhem, he ran on a platform that featured bringing back the death penalty. He won. One wonders, in our own uncertain era, what the future will hold for Joe Biden, whom we meet on Page 8 of “Reaganland” as a Patrick Caddell-made populist candidate on his way to becoming “an exquisitely well-calibrated politician.” Maybe, some day, Rick Perlstein will tell us that story.
    Evan Thomas is the author, most recently, of “First: Sandra Day O’Connor.”

    REAGANLAND
    America’s Right Turn, 1976-1980
    By Rick Perlstein
    Simon & Schuster. 1120 pp. $40.

  11. razón vs instinto 18 August 2020 at 12:16 pm Permalink

    https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53787716

    Son las políticas que promete implementar Biden.
    Hacia una Salud Pública y Educación gratuita universal. Más adelante seguramente le seguirán el retiro laboral garantizado por el Estado y después probablemente la estatizacion de empresas monopólicas de servicios públicos esenciales (más no creo que nadie se anime siquiera)
    Así se empieza. Cómo termina esta historia es la cuestión.
    Como una nueva Argentina o una Canadá.
    Argentina era uno de los 7 países más ricos del mundo antes de que Perón comenzara en Argentina la misma historia que quiere empezar ahora Biden en EEUU (o continuar la que empezó Obama). Y hoy, después de 70 años de comenzado a transitar ese camino, Argentina compite mano a mano con países africanos en pobreza (6 de cada 10 menores de 17 años son pobres)
    ¡Cuidado!

  12. razón vs instinto 18 August 2020 at 12:47 pm Permalink

    fragmento sacado de la BBC:
    “En este video, al que tuvo acceso la BBC a través de su familia, Ghappar enseña las esposas que sujetan su muñeca izquierda al marco de metal de la cama, el único mueble en la habitación.

    El material se suma al conjunto de pruebas que documentan el impacto que está teniendo la lucha de China contra lo que llama las “tres fuerzas malvadas” del separatismo, el terrorismo y el extremismo, en la región occidental de Sinkiang.

    En los últimos años, según estimaciones creíbles, más de un millón de uigures y otras minorías se han visto obligados a ingresar en una red de campos de detención de alta seguridad en Sinkiang. China ha insistido en que son escuelas voluntarias para la capacitación contra el extremismo.”

    Más de 1 millón de musulmanes uigures en sinkiang China fueron o están encarcelados bajo condiciones inhumanas y contra los derechos humanos más elementales.
    Sin embargo ¿A quién odian los musulmanes iraníes, iraquíes, palestinos, afganos, pakistanies, etc. etc?
    ¿A China?
    No. China es un aliado casi incondicional.
    Odian a EEUU.
    Entonces, la pregunta obligada es ¿Por qué odian a EEUU y no a los chinos?
    La respuesta es una sola. Envidia.
    Eso sí, si algún día los ciudadanos más ricos y afortunados del mundo llegaran a ser los chinos, seguramente el odio y resentimiento de esos países virará hacia Oriente.

    • razón vs instinto 18 August 2020 at 12:56 pm Permalink

      Obviamente, algo que parece reducido a cuestiones emocionales, tiene una significación extraordinariamente más importante.
      Significaciones económicas desalentando, por dar un sólo ejemplo, la inversión extranjera directa proveniente de países occidentales que son los verdaderos motores de las economías de los países pobres.
      Significaciones políticas conduciendo a alianzas peligrosas para ellos y para la humanidad que terminan en políticas exteriores nefastas (las torres gemelas son una pequeña muestra de lo que implica esta faceta de las consecuencias que parecerían solamente emocionales)
      Y la lista podría seguir hasta completar una colección entera de libros.

      • manuel 18 August 2020 at 1:22 pm Permalink

        China sabe manipular la opinion, es lo que hacen muy bien los fascistas. Los totalitarios tienen TODO el caudal en dineros y humanos que trabajan 24/7 en eso. Se lo digo yo que soy hijo de un comisario de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias: ejercito cubano)

        EEUU en cambio es torpe, la libertad de los medios sacan todos los trapos sucios, y no hay nadie a cargo de lavar la imagen: debilidad de las repúblicas que los totalitarios saben aprovechar muy bien.

        • manuel 18 August 2020 at 1:30 pm Permalink

          en medio de una de las crisis elimentarias mas severa que ha sufrido el cubano de la isla bajo el Castrismo:

          estoy leyendo una revista Bohemia, del gobierno cubano, y veo en la seccion de juegos una imagen llena de un revoltijo de utensilios de cocina. Debajo se leia: “aunque no tenga que echar en ellas, diga cuantos utensilios de cocina hay en esta imagen”. Le mostré a mi padre, estrujó la frente y se marchó con la revista bajo el brazo. Nunca que supe que hizo, pero sospecho que armó tremendo revuelo en todas partes.

          • manuel 18 August 2020 at 1:34 pm Permalink

            El periodista oficialista Boris Fuentes, miembro hace ya algún tiempo del grupo de periodistas que acompaña al gobernante Miguel Díaz-Canel, podría haber sido apartado de sus funciones en el equipo presidencial.

            El cese de sus funciones estaría asociado a su último trabajo mientras cubría la reunión de los altos funcionarios del régimen sobre la Covid-19, en el que puede verse a Díaz-Canel hablar de modo casi ridículo del acceso masivo de los cubanos a la limonada, el guarapo y la masa para pizzas.
            https://www.periodicocubano.com/limon-limonero-boris-fuentes-primero/

        • razón vs instinto 18 August 2020 at 2:58 pm Permalink

          ¿Cómo es la relación actual con su padre?

          • manuel 18 August 2020 at 3:09 pm Permalink

            bandazos es la palabra que me viene sin pensar:

            unas veces me trata muy bien, sonrie y adora; y otras está rebelde y arisco: unas guarda silencio y aciente pensativo dulce, otras la ira se apodera de su rostro, una ira que nunca llega a hacerle levantar la voz, nunca le he escuchado levantar la voz, pero arruga la frente, dice dos o tres consignas castristas y se va.

            Es un caso sin remedio. Se debate entre el amor a sus hijos y el amor a la “causa”, esa que ha sido su pasión desde que tuvo conciencia social. Su religión.

            Hablamos tres o cuatro veces al año por teléfono, nos vemos dos o tres veces cdo yo visito Cuba, y siempre es igual. Procuramos no hablar de política, pero a veces es difícil soportar esa tentación. Mientras hablamos de otros temas somos los padres e hijos amorosos que ud debe estar cansado de ver.

          • manuel 18 August 2020 at 3:10 pm Permalink

            asiente


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