13 November 2016 ~ 2 Comentarios

EL REINO DE LA FARSA

Por Fernando Londoño

santospazcolombiaSantos es un pésimo gobernante y un mal farsante. Qué duda cabe. El “Nuevo Acuerdo” con las FARC lo usa para encubrir las peladuras que esconde debajo de la enjalma y para distraer la audiencia. De paso para llegar a Oslo, a recibir su Nobel, diciéndole al mundo que este mamotreto viene bendecido por el pueblo colombiano. Ese mismo pueblo que lo derrotó en su Plebiscito y que no conoce, ni por el forro, lo que han firmado ahora sus lamentables plenipotenciarios con los peores criminales de América.

Se sintió acosado, el Presidente. Su derrota del 2 de octubre, en el que el ochenta y tres por ciento de los colombianos le dijeron que no se dejaban embaucar en su cuento de paz, le pesaba como una lápida amarrada al cuello.

Pero no era el único asuntico del que quería ganar olvido. La crisis económica se le vino encima con alcances dramáticos. Inflación galopante; la cartera de los bancos en estampida; las exportaciones en derrota y el déficit en cuenta corriente imparable; el déficit fiscal inmanejable; la confianza del consumidor en el piso; el endeudamiento externo doblado en sus seis lamentables años de desgobierno; la bonanza petrolera perdida; el desempleo incontenible; la inversión extranjera en cero y la interna destrozada; la tesorería sin un peso, ni para pagar las cuentas de los contratistas; los hospitales al borde del cierre; la industriasin crecer un ápice y el comercio en crisis histórica, bastarían para poner serio al más cínico.

Como si lo dicho fuera poco, ya no pudo esconder por más tiempo la Reforma Tributaria, devastadora cuenta de cobro que por sus latrocinios, y los de sus paniaguados, ha debido pasarle a la clase media y a los más pobres del país. Ya está notificado, el Presidente, por sus mismos cómplices políticos, que no asumirán el costo de su Reforma, demoledor como sería para ellos en las elecciones ya próximas. Pero si no se la aprueban, las calificadoras de riesgo le quitan a Colombia el grado de inversión y ahí sí que el pasillo se le vuelve un vals.

Pero no acostumbran andar solas las desgracias, sino que vuelan como los patos, en bandadas. Se le vino encima el momento de presentar alegatos ante la Corte Internacional de Justicia, por la disputa con Nicaragua sobre gran parte de nuestro Mar Caribe, y nuestra nada avisada Canciller había anunciado a los cuatro vientos que Colombia le daría la espalda al proceso. En otras palabras, que se declararía en derrota sin defenderse. Esa decisión, la más estúpida y dañina de todas las decisiones de Santos y de la Canciller, había pasado sin daño, tal vez porque el tema estaba lejano. Pero ahora, no. Y sería bastante para tumbar un Presidente, aún prestigioso.

Hasta la semana pasada, este podía ser el retablo de las desventuras y dolores de Santos. Pero se le vino encima algo peor, si cabe. Y es que ha venido a saberse, ya sin disputa posible, que el expediente usado por él y por su Fiscal Montealegre, cuando era su amigo, para ganar la reelección que lo tiene en el poder, fue un horrendo montaje de su policía secreta.

Para desequilibrar moralmente a Zuluaga, su contendor victorioso en la primera vuelta, urdió Santos la trama de que en su campaña rival habían contratado un poderoso “hacker” para penetrar los secretos y archivos electrónicos de quienes negociaban la paz en La Habana. Todos supimos que se trataba de una vulgar estratagema, pero el escándalo de los medios y la agresión del Fiscal fueron de tal proporción que desequilibraron el debate y contribuyeron a la victoria de Santos. La otra parte la puso el fraude cometido en la Registraduría. Pero ese es otro cantar.

Pues hemos tenido que presenciar al autor mismo del disparate, el Director del CTI de la Fiscalía, Julián Quintana, confesando ante la Corte que todo había sido una invención del Almirante Echandía, el oscuro jefe de Inteligencia de Santos. El “hacker”, con dos personajes más, habían sido reclutados por el Gobierno, por Echandía precisamente, para infiltrar la campaña de Zuluaga y componer la escena.

Frente a este grotesco capítulo de los Servicios Secretos, el de Watergate es asunto de niños,Goebbels no pasa de ser un pobre majadero, el Che Guevara un infeliz principiante y Stalin no parece tan mal muchacho. A nadie se le había ocurrido infiltrar con delincuentes la campaña rival, denunciarla penalmente, poner en fuga a su Director, Luis Alfonso Hoyos y al hijo de propio candidato, David, amenazados con prisión, y abrir proceso penal contra el candidato mismo.

Santos tiene razón. Solo lo salva algo tan gordo como el Acuerdo Final con las FARC. Por tramposo que sea. No importa. ¡Como ya no habrá Plebiscito que deba refrendarlo!

2 Responses to “EL REINO DE LA FARSA”

  1. Oscar Orlando Quintero Lozano 14 November 2016 at 1:50 pm Permalink

    Siempre he izado la bandera de la ilegitimidad de la presidencia de Juan Manuel Santos sobre todo por la traición que hizo a Colombia, en el entendido de su amplio caudal elector, cuando habiendo recibido el respaldo para la continuación de las políticas de Alvaro Uribe Velez quien lo postuló e invitó a votar por él, hizo todo lo contrario una vez posesionado como Presidente de Colombia. Ese solo hecho lo hizo ilegítimo. Ahora, confirmada la sospecha que se tenía sobre la forma en que superó finalmente a Óscar Ivan Zuluaga, evidenciándose que se armó bajo su dirección todo un entramado con el tal hacker para perjudicarlo y judicializarlo, no queda la menor duda que nos encontramos ante un ilegitimo presidente que en un Pais serio -que no lo es Colombia- estaría ya de patitas afuera…Y, como antecedente se utilizó al Almirante Alvaro Echandía, el mismo que con igual procedimiento, hizo preso al Almirante Gabriel Arango Bacci finalmente absuelto por la Corte Suprema de Justicia quien en su providencia ordenó compulsar copias para investigar al Ministro de Defensa de entonces que era justamente Juan Manuel Santos…

  2. joseluis 15 November 2016 at 5:05 pm Permalink

    Los pueblos son movidos por aquellos que ven entre las tinieblas.
    Los pueblos son como los búhos, que tienen los ojos exageradamente abiertos, solo para mirar la rata que es su alimento, y los oídos tupidos de incomprensión.
    Los engañan con falsos idealismo político, como también religiosos.
    A veces es mejor oír a un hombre pragmático: que a un idealista político parlanchín o a un religioso prestado al favor de los crueles.
    El que está a favor de la pobreza como el Papa Francisco, es un sádico maniático y cruel, que le satisface el llanto de un niño por hambre. Para luego rogar, en oraciones no sentidas, y calculadas fríamente.
    Amo el mundo que produce, amo al capitalismo y la democracia. Me aterra ver y oír a un niño llorar por hambre, las oraciones frías y calculada por falsos cristianos no le quitan el hambre a un niño.
    Tengo olfato para oler la falsedad. No me duermo con discursos vanos. Discursos solo para lograr un objetivo personal.


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