18 June 2016 ~ 2 Comentarios

Encarceladas niñas de sus ojos (Los dictadores I)

por Luis Leonel León

(Diario Las Américas) Los dictadores no escuchan. Ni saben ni quieren escuchar. No conocen el placer del diálogo. A no ser para negar, aleccionar o arengar a sus contrarios, a quienes no piensan igual que ellos o no confían ciegamente en sus santos postulados, siempre macabros, siquiátricos, ineficientes, muchísimo más falsos que utópicos.

Estos ejemplares, que Latinoamérica hace pulular con maratónica habilidad, detestan todo lo que escape a la inmovilidad de sus delirios, sus leyes maquiavélicas, sus consignas nacidas de un kitsch compulsivo, absurdo, multitudinario, hábilmente vendido como revolucionario. De ahí que sean grandes populistas.

Aunque en sus cartas de presentación se hacen pasar por defensores del pueblo, a estos autócratas, que navegan en el espectro de los parlanchines y los asesinos, lo que verdaderamente les importa es instaurar reglamentos -y defenderlos con mano de hierro- que les propicien más y más control, si es posible el control absoluto, pues saben perfectamente que mientras más mecanismos e instituciones controlen, más poderosos serán.

Enemigos de las libertades individuales y la propiedad privada, el colectivismo es su bandera, y ellos, los únicos capacitados para dirigir las masas enardecidas, que jamás -aunque el proceso sea doloroso- deben abandonar la lucha y mucho menos virarles la espalda.

 Son, por naturaleza, rivales acérrimos de todo lo que defienda el Estado de Derecho. Y para destruirlo, o al menos debilitarlo, suelen seguir dos caminos: eliminar o corromper la democrática separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y controlar con voluntad zarista los medios de comunicación. Dos armas muy efectivas, con las que no en balde se sienten invencibles.

Por eso transforman a su conveniencia las Constituciones. Su mayor anhelo es legislar la ilimitada permanencia de su mandato. Y adoran regir los noticieros y los principales titulares de los periódicos como si fuesen -muchas veces lo son- encarceladas niñas de sus ojos.

Del ego, ni hablar. Los dictadores son los más peligrosos ególatras que existen. Enfrentarlos puede convertirse en una declaración de guerra o una sentencia de muerte. Se sienten dioses y a la vez odian a los dioses porque los sienten su única competencia.

Tienen que estar en todo. Enloquecen por protagonizar. Incluso certámenes de los que nada saben -y muchas veces, ni les gustan- pero que bien saben manipular para enaltecer sus gobiernos y hablar de sí mismos. Ni saben ni quieren callar. Siquiera para no hacer el ridículo. Un ridículo letal. Desde Hitler y Goebbels, promotores de odios e ideas descabelladas, hasta Fidel Castro, con sus interminables discursos y alucinantes peroratas en la Mesa Redonda, hasta que la vejez y la enfermedad se lo impidieron.

Frente a nuestros ojos está la tétrica lista latinoamericana de dictadores y de amantes de la autocracia, encabezada precisamente por el non plus ultra del populismo: Fidel Castro, seguido por su hijo bastardo, Hugo Chávez, los Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales, el viceverdugo Raúl Castro y muchos otros. Una comparsa de delincuentes de cuello blanco y espíritu rojo, integrantes de esa tramposa entelequia que en 1996 el alemán Heinz Dieterich etiquetara como Socialismo del siglo XXI y que tanto mal ha hecho a la región.

Pareciera que empezamos a despojarnos de algunos de estos delincuentes. En Argentina Mauricio Macri sacó finalmente a los Kirchner del poder. La oposición venezolana se hizo de la mayoría de los escaños en la Asamblea Nacional. La brasilera Dilma Rousseff ha quedado suspendida de sus funciones. Jimmy Morales ganó en Guatemala. En Chile, Michelle Bachelet ha perdido un considerable número de seguidores. Y en Perú -aunque el voto de la izquierda le ayudó por carambola o porque no tenían más remedio- vale mencionar la victoria de Pedro Pablo Kuczynski (PPK).

Soplan, al parecer, aires de cambio. Pero no costará poco ni será fácil la recuperación. Se necesita sanear y reconstruir instituciones que la plaga populista, asociada al Socialismo del siglo XXI, ha herido gravemente (algunas ni existen, las han asesinado) y que son imprescindibles para el natural desenvolvimiento de la democracia. En Cuba y Venezuela tomará generaciones. El camino es inevitablemente largo. Pero -recordando el proverbio chino- siempre se comienza con el primer paso.

 

2 Responses to “Encarceladas niñas de sus ojos (Los dictadores I)”

  1. Sam Ramos 19 June 2016 at 2:20 pm Permalink

    Macri, Cristina Kirchner y el convento de los corruptos

    Publicado por Carmen de Carlos el jun 16, 2016

    Mauricio Macri, aunque sabía, no alcanzaba a imaginar la dimensión de la corrupción kirchnerista. El presidente de Argentina, cuentan los que le rondan, sigue sorprendiéndose cada vez que le ponen sobre la mesa un nuevo escándalo de su antecesora y de los suyos. El de José López, el último, superó con creces cualquier pronóstico. La imagen del sujeto que estuvo pegado al matrimonio Kirchner, durante más de dos décadas, intentando ocultar 160 bolsos con millones de dólares en un convento, era imposible de creer pero resultó cierta.
    El escándalo de López, después del de Lázaro Báez (contando kilos y kilos de dólares) aunque parezca increíble, podría ayudar a Macri o, al menos, darle un aplazamiento entre los que ya empezaban a alzar la voz por la inflación y los tarifazos de los servicios públicos. Pero el recuerdo del kirchnerismo, hoy más muerto que vivo, despierta los peores fantasmas al confirmarse, de nuevo, cómo funcionaba una estructura de poder pensada y desarrollada para el saqueo de un país.

    A estas alturas, el Frente para la Victoria que fundó Néstor Kirchner, es una caricatura de lo que fue. Conserva a su “lideresa”, “Cristina”, pero es una mujer vencida por la corrupción que es lo mismo que decir derrotada por sí misma. Los peones van cayendo pero Argentina y el mundo saben que la “reina” o la jefa de la banda siempre fue ella.

    Pareciera que a la viuda más rica de Argentina le gusta bailar ante el peligro. Aún está a tiempo de cambiar de abogado y compartir la de López, una chica animada y con menos vueltas que Raúl Zaffaroni, su asesor en las sombras al que le acaban de retirar la matrícula pero sigue, pese a ello y en contra de los estatutos, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

  2. Julian Perez 20 June 2016 at 3:50 pm Permalink

    Tengo un problema muy grande en mi vida.

    Mi problema es que la mayor parte de esa descrpción se ajusta también a Trump. Viví demasiados años de mi vida bajo la égida de una personalidad como la descrita aquí, y creo ser capaz de reconocerla cuando la veo ante mí.

    Pero ése no es mi problema. Mi problema es que la alternativa… es Hillary 🙁

    Por fin comprendo plenamente el significado de estar “entre la espada y la pared” o su equivalente en inglés ¨between a rock and a hard place¨.

    El dilema de Hamlet es peccata minuta en comparación.

    A la larga probablemente voy a escoger a Biff, el de Regreso al Futuro, por no votar por Cruella de Vil (o quizás no, aún dudo), pero eso va a mitigar la razón de la sin razón que a mi razón se hace.


Leave a Reply