05 July 2015 ~ 19 Comentarios

Francisco, la pobreza de los pobres y la riqueza de los ricos

por Jorge Hernández Fonseca

Papa Francisco

El Papa Francisco, en su condición de Jefe de la Iglesia Católica, acaba de publicar una nueva y controvertida encíclica –"Laudato Si"– sobre asuntos en los que la ciencia juega un papel mayor que la religión: La preservación del Medio Ambiente. Como que la Iglesia "somos todos los bautizados" –y en esa condición me siento parte de la Iglesia que actualmente dirige el Papa Francisco– quiero dar mis puntos de vista respecto a formas y contenidos de la encíclica.

En primer lugar un asunto de forma: independientemente de la reconocida "infalibilidad del Papa" –y como la misma sólo se aplica a asuntos de corte religioso– esta encíclica sólo debe entenderse como un punto de vista más, y no como un asunto doctrinal que haya que abrazar. Es una verdadera lástima, porque una encíclica debe (como mínimo) tener un sentido moral a seguir por los católicos y esta encíclica no es precisamente ese caso.

En segundo lugar un asunto de contenido: el Papa en su encíclica aborda los problemas del Medio Ambiente relacionándolos con aspectos de corte social y asociándolos a causas económicas. El razonamiento general de "Laudato Si" –en la especialidad medioambiental– nos lleva de la mano a la conocida "Teoría de la Dependencia", formulada a mediados del Siglo XX por intelectuales agrupados en la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, como un diagnóstico de los problemas socio-económicos de los "países pobres". En síntesis, esa teoría expresaba que "la pobreza de los países pobres era causada por la riqueza de los países ricos".

El expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso fue uno de los más destacados formuladores de semejante teoría, que posteriormente fue difundida en el conocido libro "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano. Tanto Cardoso, como posteriormente Galeano, se autocriticaron y reconocieron la falsedad de semejante teoría, enterrándola.

En tercer lugar, la peligrosa incursión de la iglesia Católica en el terreno científico-tecnológico mediante una encíclica papal, pudiera re-editar la histórica discusión de Galileo Galillei ante falsos dogmas establecidos voluntaristamente por autoridades religiosas, sobre temas que no le competen. Sobre estos temas las Iglesias, como otras Instituciones, tienen la opción de opinar, pero nunca desde posiciones tan altas como una encíclica papal, que para todos los católicos son entendidas como fuentes de sabiduría moral y fe, no siendo este el caso de "Laudato Si".

Fernando Henrique Cardoso y Eduardo Galeano reconocieron que "la pobreza de los países pobres no se debe a la riqueza de los países ricos". Ahora surge en "Laudato Si" un postulado similar: "los problemas ambientales de los países pobres son causados por los países ricos" en un juego de similitudes de dudosa aceptación hoy en día para los entendidos en problemas socio económicos, como también para una buena parte de los especialistas medioambientales.

El Papa Francisco disfruta de un merecido prestigio ganado en su lucha por modernizar una Iglesia anclada en la antigüedad y que resiste la modernización que imponen los tiempos, sin perder su esencia de fe. Es por esto la sorpresa al constatar cómo "de un plumazo", Francisco nos retrotrae al período medieval de tomar partido sobre postulados científicos todavía en debate, corriendo otra vez el riesgo de la Iglesia escuchar la frase libertadora "pero se mueve".

19 Responses to “Francisco, la pobreza de los pobres y la riqueza de los ricos”

  1. Alfredo Milano 5 July 2015 at 1:55 pm Permalink

    Bueno, que se va hacer. El papa sigue leyendo libros viejos y no se actualiza. Igualito a Chávez, que decía que era Marxista, pero que jamás lo había leído. También le regaló “Las venas abiertas” a Obama. Ya que quiere hablar de política en sus enciclicas, le recomiendo que lea entoces: “Por qué fracasan los países, los origenes del poder, la prosperidad y la pobreza” de Daron Acemoglu y James A. Robinson.

    • Julián Pérez 7 July 2015 at 12:19 pm Permalink

      Y que lea también ¨La riqueza de las naciones¨ de Adam Smith porque tanto el viejo supuesto de que “la pobreza de los países pobres era causada por la riqueza de los países ricos” como el nuevo de que “los problemas ambientales de los países pobres son causados por los países ricos” parten de la hipótesis simplista de que se trata de un juego de suma cero cuando está bien lejos de serlo.

      Aparte de que cualquiera que haya visto el río Almendares, el Malecón o la Bahía de la Habana sabe que en eso de contaminar no son precisamente los países ricos los que tienen el uno.

    • Hector L Ordonez 11 July 2015 at 10:38 am Permalink

      Usted cree de verdad que el PAPA es un ESTUPIDO, pues se equivoca
      este señor, Es un licenciado en Quimica y por tanto es un Cientifico en esa Rama.Tu crees entonces que el PAPA es un ignorante,
      Si no se debe leer libros viejos,entonces no puedo leer a Daron James,por que son libros viejos también. Uno puede leer infinadades
      de Libros,pero aparte de eso,uno aplca su lógica y la razón.No te conviertas en ROBOT,leyendo Dogmas que no conducen a nada.

  2. Christopher Ramírez 6 July 2015 at 3:28 pm Permalink

    Interesante punto de opinión. Quisiera hacer una corrección. El tema del Calentamiento Global no está en debate. Desde hace mucho hay consenso científico al respecto. Los únicos que debaten son los políticos.

    • Jorge Hernandez Fonseca 12 July 2015 at 7:02 am Permalink

      El hecho de que haya calentamiento global no es referido en mi articulo como un debate. Lo que se debate son las causas de ese calentamiento y es a lo que se ha referido el Papa y es a lo que yo me he referido en mi articulo.
      Que el calentamiento global se haya incrementado (minimamente) por la eliminacion de buena cantidad de los bosques cubanos para sembrar cana en la decada del sesenta sin intervencion de los paises ricos (ni de los ricos cubanos, entonces ya no existentes) significa que las causas de este calentamiento global no son tan simples como cargarles la culpa a los ricos solamente. Ese es el punto.

    • Julian Perez 31 July 2015 at 12:40 pm Permalink

      >>El tema del Calentamiento Global no está en debate. Desde hace mucho hay consenso científico al respecto.

      Desde que no hay calentamiento, y de eso hace ya bastante tiempo, ya no se llama así. Ahora se llama ¨cambio climático¨ lo cual es una tautología, porque el clima siempre cambia.

      Pero, en fin, parte de tres hipótesis:
      1- Que el clima está cambiando (tautología)
      2- Que los efectos pueden ser catastróficos (dudoso y no hay consenso)
      3- Que el principal responsable es la actividad humana (dudoso y no hay consenso)

      Por otra parte, no es ciencia, es religión. ¿Por qué? Porque, según el criterio de Popper, para que una teoría sea científica debe ser refutable, o sea, debe ser posible diseñar un experimento que tenga un posible resultado que refute la teoría.

      Cuando todo lo que pasa es ¨debido al calentamiento global –ahora cambio climático¨ (por ejemplo, si hay tres ciclones, es por eso, si no los hay, también es por eso) la teoría deja de ser refutable, deja de ser ciencia y se convierte en religión.

  3. Sam Ramos 6 July 2015 at 10:46 pm Permalink

    Si quieren ilustrarse de verdad sobre los problemas economicos que atraviesan los seres humanos, dediquenle los 40 y picos minutos que dura esta ponencia brindada por otro Argentino, el Sr. Martin Krause que si tiene los pies puesto sobre la tierra y el cerebro bien utilizado:

    Ponencia! Que hacer cuando quiebran los estados

    https://m.youtube.com/watch?v=dd4IKFq88Ok

    Nota: Es una lastima que en el video no se vean los graficos de que habla el Sr. Martin Krause. Aun asi la ponencia es muy ilustrativa.

    • Hector L Ordonez 10 July 2015 at 8:16 pm Permalink

      Este Krause,que mostro ? Nada. Señores vean el video,Teoria de la escuela Austriaca,Es la teoria de la falsedad,Segun este señor,los gastos sociales,han ido en aumnento,y toma como punto de partida el
      1792.Cuantos habitantes,habian en los EEUU,en el siglo xv1ii? Por supuesto,menos que ahora. Cierto ?,empezando que en ese siglo,no existía
      ayuda social. Si usted se enfermaba,posiblemente moria,Los indigentes
      ambulaban por millones,El alto costo de criminalidad era elevadizimo
      como sucede,en países pobres,y no muy lejos de aquí,Mexico,Honduras,
      El Salvador,La lista es muy larga. Como sucede en Guinea Ecuatorial
      un país petrolero,donde el PIB,es uno de los mas alto de Africa. Cuantos años vive un hombre en ese país,Posiblemente,no pase de los 38 años. Y esa es la política,que no puedo aceptar. yo no estoy en ese grupo de los necesitados,pero el mundo da mucha vuelta,y a cualquiera le cae una paja en el ojo, Seamos mas exacto,en la era de Bush,tres millones y medio de clase media pasaron a pobres, La economía se vino abajo,lo que le paso alos bancos,bienes raíces,la Industria del automóvil,bueno todos los problemas que todos conocemos
      La guerra llevo enormes gastos,el pago federal a los Estados se suspendieron, y los Estados de la unión,quedaron en déficit,fue lo que le paso,al actor Arnold en california,Aunque es republicano, acepto que no hizo un mal trabajo,california cayo en default y arnold
      perdió la reelección,Todos los Estados,cayeron en déficit y el desempleo llego a niveles desorbitantes,casi a un 12 por ciento,y como la guerra era en un área de países petroleros,el costo de la gasolina sobre paso los cuatro dólares,acrecentando mas la crisis económica ,los precios de los alimentos subieron y otros,el salario se desplomo debido a la crisis.Fueron años difíciles,que jamas deberían volver.Miles de compañías se fueron del país,obtenian ganacia
      por los salarios bajos de otros países y libre de impuestos,quien
      pago las consecuencias,el trabajador Norteamericano,que se quedo sin el sustento para su familia,El Gobierno protegio a las corporaciones
      pero no al trabajador,Miren a ver si Krause,les va a decir eso.

  4. Hector L Ordonez 7 July 2015 at 6:54 am Permalink

    Milano,por lo que veo,no sabes nada del PAPA FRANCISCO. Primeramente
    te dire que el valor de un libro,no esta que sea viejo o nuevo,si no en su contenido,ya empezando por ahí estas en un error,hay obras literarias del siglo xv ,xvI,que conservan su valor. Te dire que los Jesuitas son los que forman la base científica de la Iglesia,y por lo
    tanto francisco forma parte de ese grupo. Nuestro PAPA es graduado en
    Quimica y científico en esa rama,ni regalo ningún libro a Obama y posiblemente Obama desconoce de la existencia de ese libro.

    • Julián Pérez 9 July 2015 at 10:50 am Permalink

      Según el post de Milano, fue Chávez el que le regaló el libro de Galeano a Obama. (Digo según el post porque no tengo constancia de ello, pero, considerando la personalidad de Chávez, es muy factible) Quizás el post dejó cierta ambigüedad.

  5. Julián Pérez 7 July 2015 at 2:39 pm Permalink

    >>Francisco nos retrotrae al período medieval de tomar partido sobre postulados científicos todavía en debate, corriendo otra vez el riesgo de la Iglesia escuchar la frase libertadora “pero se mueve”.

    Que nunca fue pronunciada ni el juicio a Galileo significó que la Iglesia tomara partido sobre nada.

    • Jorge Hernandez Fonseca 12 July 2015 at 7:13 am Permalink

      Sr. Julian Perez, note como en la frase que Ud. cita de mi articulo, nada se habla de “juicio” o de “Galileo”, sino de la frase tan conocida a la que he hecho referencia por extenso. Si Ud. interpreto que la frase era de Galileo y que fue pronunciada en su juicio (que es lo que quise que cada lector interpretara) la mision con esta referencia final fue cumplida, aun en personas como Ud., profundamente conocedoras de los detalles del supuesto juicio (Ud. sabe lo que fue y lo que no fue dicho entonces).
      Una cosa es lo que se escribe y otra lo que se interpreta. Es un juego semantico que quise hacer sin decir que la frase es atribuida a Galileo en su supuesto juicio, porque independientemente de que sea esa la verdad historica, o no, todos (hasta Ud.) conocen del origen de esta conocida frase, a que hace referencia y que verdad encierra.

      • Julián Pérez 13 July 2015 at 11:13 am Permalink

        Sr Hernández, por favor, no fue mi intención que usted se molestara. Su artículo es muy bueno. Pero usted sabe que las falsas concepciones sobre lo que pasó con Galileo abundan, que muchisimos creen que la frase la dijo él y que lo de Galileo, las Cruzadas y la Inquisición son las tres cosas que más se usan para atacar la Iglesia cerrando los ojos a cualquier otra cara de la moneda. Así que el tema suele ponerme la mosca sobre la oreja. Le pido disculpas.

        Y no, no soy profundo conocedor ni de los detalles del juicio ni de nada. Ni siquiera creo que me conozco del todo a mi mismo… Ya los griegos sabían que eso era bien difícil-

  6. Hector L Ordonez 10 July 2015 at 7:04 pm Permalink

    Ahora resulta que Francisco es Comunista.Le sumba la verengena.

  7. Sam Ramos 11 July 2015 at 3:59 pm Permalink

    Ponencia magistral de Gloria Alvarez

    https://www.youtube.com/watch?v=7WylR8EvhnE

  8. nestorv 11 July 2015 at 10:25 pm Permalink

    Dejen tranquilo al “Camarada Pancho”,su nombre de pila entre los rojitos

  9. Sam Ramos 14 July 2015 at 12:00 pm Permalink

    Ahi se los dejo. A mi nunca me ha engañado este Peronista con sotana.

    EL PAPA SE REUNE CON Y LE HABLA A LOS COMUÑANGAS Y ÑÁNGARAS DE IBEROAMÉRICA Y SE DA LE LENGUA CON ELLOS: Texto completo del discurso del Santo Padre con los Movimientos Populares. Santa Cruz de la Sierra. El Santo Padre clausura en Bolivia el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares

    Posted on July 11, 2015 by Nuevo Accion

    PAPACONROJOSBOLIVIANOSSi alguien tiene dudas de hacia dónde apunta este Papa hereje, que tenga la paciencia de leer entero este discurso:

    “Buenas tardes a todos.

    Hace algunos meses nos reunimos en Roma y tengo presente ese primer encuentro nuestro. Durante este tiempo los he llevado en mi corazón y en mis oraciones. Me alegra verlos de nuevo aquí, debatiendo los mejores caminos para superar las graves situaciones de injusticia que sufren los excluidos en todo el mundo. Gracias Señor Presidente Evo Morales por acompañar tan decididamente este Encuentro.

    Aquella vez en Roma sentí algo muy lindo: fraternidad, garra, entrega, sed de justicia. Hoy, en Santa Cruz de la Sierra, vuelvo a sentir lo mismo. Gracias por eso. También he sabido por medio del Pontificio Consejo Justicia y Paz que preside el Cardenal Turkson, que son muchos en la Iglesia los que se sienten más cercanos a los movimientos populares. ¡Me alegra tanto! Ver la Iglesia con las puertas abiertas a todos Ustedes, que se involucre, acompañe y logre sistematizar en cada diócesis, en cada Comisión de Justicia y Paz, una colaboración real, permanente y comprometida con los movimientos populares. Los invito a todos, Obispos, sacerdotes y laicos, junto a las organizaciones sociales de las periferias urbanas y rurales, a profundizar ese encuentro.

    Dios permite que hoy nos veamos otra vez. La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de Ustedes: las famosas “tres t” tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra.
    1.Empecemos reconociendo que necesitamos un cambio. Quiero aclarar, para que no haya malos entendidos, que hablo de los problemas comunes de todos los latinoamericanos y, en general también, de toda la humanidad. Problemas que tienen una matriz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo. Hecha esta aclaración, propongo que nos hagamos estas preguntas:

    – ¿Reconocemos en serio que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad?

    – ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza?

    Entonces, si reconocemos esto, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio.

    Ustedes –en sus cartas y en nuestros encuentros– me han relatado las múltiples exclusiones e injusticias que sufren en cada actividad laboral, en cada barrio, en cada territorio. Son tantas y tan diversas como tantas y diversas sus formas de enfrentarlas. Hay, sin embargo, un hilo invisible que une cada una de esas exclusiones, ¿podemos reconocerlo? Porque no se trata de cuestiones aisladas. Me pregunto si somos capaces de reconocer que estas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global. ¿Reconocemos que este sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza?

    Si es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.

    Queremos un cambio en nuestras vidas, en nuestros barrios, en el pago chico, en nuestra realidad más cercana; también un cambio que toque al mundo entero porque hoy la interdependencia planetaria requiere respuestas globales a los problemas locales. La globalización de la esperanza, que nace de los Pueblos y crece entre los pobres, debe sustituir esta globalización de la exclusión y la indiferencia.

    Quisiera hoy reflexionar con Ustedes sobre el cambio que queremos y necesitamos. Saben que escribí recientemente sobre los problemas del cambio climático. Pero, esta vez, quiero hablar de un cambio en el otro sentido. Un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio – podríamos decir– redentor. Porque lo necesitamos. Sé que Ustedes buscan un cambio y no sólo ustedes: en los distintos encuentros, en los distintos viajes he comprobado que existe una espera, una fuerte búsqueda, un anhelo de cambio en todos los Pueblos del mundo. Incluso dentro de esa minoría cada vez más reducida que cree beneficiarse con este sistema reina la insatisfacción y especialmente la tristeza. Muchos esperan un cambio que los libere de esa tristeza individualista que esclaviza.

    El tiempo, hermanos, hermanas, el tiempo parece que se estuviera agotando; no alcanzó el pelearnos entre nosotros, sino que hasta nos ensañamos con nuestra casa. Hoy la comunidad científica acepta lo que hace ya desde hace mucho tiempo denuncian los humildes: se están produciendo daños tal vez irreversibles en el ecosistema. Se está castigando a la tierra, a los pueblos y las personas de un modo casi salvaje. Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de eso que, uno de los primeros teólogos de la Iglesia, Basilio de Cesarea llamaba «el estiércol del diablo». La ambición desenfrenada de dinero que gobierna. Ese es el estiércol del diablo. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común. La hermana y madre tierra. No quiero extenderme describiendo los efectos malignos de esta sutil dictadura: ustedes los conocen. Tampoco basta con señalar las causas estructurales del drama social y ambiental contemporáneo. Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán o a regodearnos en lo negativo. Al ver la crónica negra de cada día, creemos que no hay nada que se puede hacer salvo cuidarse a uno mismo y al pequeño círculo de la familia y los afectos.

    ¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para mis problemas? ¡Pueden hacer mucho! Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de «las tres T» (trabajo, techo, tierra) y también, en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio, nacionales, regionales y mundiales. ¡No se achiquen!
    2.PAPAFCODISCURSOENSTACRUZDELASIERRA2015Ustedes son sembradores de cambio. Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho: «proceso de cambio». El cambio concebido no como algo que un día llegará porque se impuso tal o cual opción política o porque se instauró tal o cual estructura social. Sabemos dolorosamente que un cambio de estructuras que no viene acompañado de una sincera conversión de las actitudes y del corazón termina a la larga o a la corta por burocratizarse, corromperse y sucumbir. Hay que cambiar el corazón. Por eso me gusta tanto la imagen del proceso, donde la pasión por sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer, remplaza la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver resultados inmediatos. La opción es por generar procesos y no por ocupar espacios. Cada uno de nosotros no es más que parte de un todo complejo y diverso interactuando en el tiempo: pueblos que luchan por una significación, por un destino, por vivir con dignidad, por «vivir bien», dignamente, en ese sentido.

    Ustedes, desde los movimientos populares, asumen las labores de siempre motivados por el amor fraterno que se revela contra la injusticia social. Cuando miramos el rostro de los que sufren,el rostro del campesino amenazado, del trabajador excluido, del indígena oprimido, de la familia sin techo, del migrante perseguido, del joven desocupado, del niño explotado, de la madre que perdió a su hijo en un tiroteo porque el barrio fue copado por el narcotráfico, del padre que perdió a su hija porque fue sometida a la esclavitud; cuando recordamos esos «rostros y esos nombres» se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos todos. Porque «hemos visto y oído», no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne. Eso es muy distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante. Eso nos conmueve, nos mueve y buscamos al otro para movernos juntos. Esa emoción hecha acción comunitaria no se comprende únicamente con la razón: tiene un plus de sentido que sólo los pueblos entienden y que da su mística particular a los verdaderos movimientos populares.

    Ustedes viven cada día, empapados, en el nudo de la tormenta humana. Me han hablado de sus causas, me han hecho parte de sus luchas, ya desde Buenos Aires, y yo se los agradezco. Ustedes, queridos hermanos, trabajan muchas veces en lo pequeño, en lo cercano, en la realidad injusta que se les impuso y a la que no se resignan, oponiendo una resistencia activa al sistema idolátrico que excluye, degrada y mata. Los he visto trabajar incansablemente por la tierra y la agricultura campesina, por sus territorios y comunidades, por la dignificación de la economía popular, por la integración urbana de sus villas y asentamientos, por la autoconstrucción de viviendas y el desarrollo de infraestructura barrial, y en tantas actividades comunitarias que tienden a la reafirmación de algo tan elemental e innegablemente necesario como el derecho a «las tres T»: tierra, techo y trabajo. Ese arraigo al barrio, a la tierra, al territorio, al oficio, al gremio, ese reconocerse en el rostro del otro, esa proximidad del día a día, con sus miserias, porque las hay, las tenemos, y sus heroísmos cotidianos, es lo que permite ejercer el mandato del amor, no a partir de ideas o conceptos sino a partir del encuentro genuino entre personas, necesitamos instaurar esa cultura del encuentro, porque ni los conceptos ni las ideas se aman; nadie ama un concepto, nadie ama una idea. Se aman las personas. La entrega, la verdadera entrega surge del amor a hombres y mujeres, niños y ancianos, pueblos y comunidades… rostros y nombres que llenan el corazón. De esas semillas de esperanza sembradas pacientemente en las periferias olvidadas del planeta, de esos brotes de ternura que lucha por subsistir en la oscuridad de la exclusión, crecerán árboles grandes, surgirán bosques tupidos de esperanza para oxigenar este mundo.

    Veo con alegría que ustedes trabajan en lo cercano, cuidando los brotes; pero, a la vez, con una perspectiva más amplia, protegiendo la arboleda. Trabajan en una perspectiva que no sólo aborda la realidad sectorial que cada uno de ustedes representa y a la que felizmente está arraigado, sino que también buscan resolver de raíz los problemas generales de pobreza, desigualdad y exclusión.

    Los felicito por eso. Es imprescindible que, junto a la reivindicación de sus legítimos derechos, los Pueblos y sus organizaciones sociales construyan una alternativa humana a la globalización excluyente. Ustedes son sembradores del cambio. Que Dios les dé coraje, les dé alegría, les dé perseverancia y pasión para seguir sembrando. Tengan la certeza que tarde o temprano vamos de ver los frutos. A los dirigentes les pido: sean creativos y nunca pierdan el arraigo a lo cercano, porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas, pero si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos e indígenas, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar.

    La Iglesia no puede ni debe estar ajena a este proceso en el anuncio del Evangelio. Muchos sacerdotes y agentes pastorales cumplen una enorme tarea acompañando y promoviendo a los excluidos en todo el mundo, junto a cooperativas, impulsando emprendimientos, construyendo viviendas, trabajando abnegadamente en los campos de la salud, el deporte y la educación. Estoy convencido que la colaboración respetuosa con los movimientos populares puede potenciar estos esfuerzos y fortalecer los procesos de cambio.

    Tengamos siempre en el corazón a la Virgen María, una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio, una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pañales y una montaña de ternura. María es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Rezo a la Virgen, tan venerada por el pueblo boliviana, rezo a la Virgen María, para que permita que este Encuentro nuestro sea fermento de cambio.
    3.El cura habla largo parece ¿no? Por último quisiera que pensemos juntos algunas tareas importantes para este momento histórico, porque queremos un cambio positivo para el bien de todos nuestros hermanos y hermanas, eso lo sabemos. Queremos un cambio que se enriquezca con el trabajo mancomunado de los gobiernos, los movimientos populares y otras fuerzas sociales, eso también lo sabemos. Pero no es tan fácil definir el contenido del cambio, podría decirse, el programa social que refleje este proyecto de fraternidad y justicia que esperamos. En ese sentido, no esperen de este Papa una receta. Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio de la interpretación de la realidad social ni la propuesta de soluciones a los problemas contemporáneos. Me atrevería a decir que no existe una receta. La historia la construyen las generaciones que se suceden en el marco de pueblos que marchan buscando su propio camino y respetando los valores que Dios puso en el corazón.

    Quisiera, sin embargo, proponer tres grandes tareas que requieren el decisivo aporte del conjunto de los movimientos populares:

    3.1. La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra.

    La economía no debería ser un mecanismo de acumulación sino la adecuada administración de la casa común. Eso implica cuidar celosamente la casa y distribuir adecuadamente los bienes entre todos. Su objeto no es únicamente asegurar la comida o un “decoroso sustento”. Ni siquiera, aunque ya sería un gran paso, garantizar el acceso a «las tres T» por las que ustedes luchan. Una economía verdaderamente comunitaria, podría decir, una economía de inspiración cristiana, debe garantizar a los pueblos dignidad «prosperidad sin exceptuar bien alguno». Esta última frase la dijo el papa Juan XXIII hace 50 años. Jesús dice en el Evangelio aquel que dé espontáneamente un vaso de agua al que tiene sed, le será tenido en cuenta en el reino de los cielos. Así que…

    Esto implica «las tres T» pero también acceso a la educación, la salud, la inovación, las manifestaciones artísticas y culturales, la comunicación, el deporte y la recreación. Una economía justa debe crear las condiciones para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos derechos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad. Es una economía donde el ser humano en armonía con la naturaleza, estructura todo el sistema de producción y distribución para que las capacidades y las necesidades de cada uno encuentren un cauce adecuado en el ser social. Ustedes, y también otros pueblos, resumen este anhelo de una manera simple y bella: «vivir bien». Que no es lo mismo que pasarla bien.

    Esta economía no es sólo deseable y necesaria sino también posible. No es una utopía ni una fantasía. Es una perspectiva extremadamente realista. Podemos lograrlo. Los recursos disponibles en el mundo, fruto del trabajo intergeneracional de los pueblos y los dones de la creación, son más que suficientes para el desarrollo integral de «todos los hombres y todo el hombre». El problema, en cambio, es otro. Existe un sistema con otros objetivos. Un sistema que a pesar de acelerar irresponsablemente los ritmos de la producción, a pesar de implementar métodos en la industria y la agricultura que dañan la Madre Tierra en aras de la «productividad», sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos económicos, sociales y culturales. Ese sistema atenta contra el proyecto de Jesús. Contra la buena noticia que trajo Jesús.

    La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece. El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la doctrina social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo. No basta con dejar caer algunas gotas cuando lo pobres agitan esa copa que nunca derrama por si sola. Los planes asistenciales que atienden ciertas urgencias sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Nunca podrán sustituir la verdadera inclusión: ésa que da el trabajo digno, libre, creativo, participativo y solidario.

    En este camino, los movimientos populares tienen un rol esencial, no sólo exigiendo y reclamando, sino fundamentalmente creando. Ustedes son poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial.

    He conocido de cerca distintas experiencias donde los trabajadores unidos en cooperativas y otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica. Las empresas recuperadas, las ferias francas y las cooperativas de cartoneros son ejemplos de esa economía popular que surge de la exclusión y, de a poquito, con esfuerzo y paciencia, adopta formas solidarias que la dignifican. ¡Qué distinto es eso a que los descartados por el mercado formal sean explotados como esclavos!

    Los gobiernos que asumen como propia la tarea de poner la economía al servicio de los pueblos deben promover el fortalecimiento, mejoramiento, coordinación y expansión de estas formas de economía popular y producción comunitaria. Esto implica mejorar los procesos de trabajo, proveer infraestructura adecuada y garantizar plenos derechos a los trabajadores de este sector alternativo. Cuando Estado y organizaciones sociales asumen juntos la misión de «las tres T» se activan los principios de solidaridad y subsidiariedad que permiten edificar el bien común en una democracia plena y participativa.

    3.2. La segunda tarea es unir nuestros Pueblos en el camino de la paz y la justicia.

    Los pueblos del mundo quieren ser artífices de su propio destino. Quieren transitar en paz su marcha hacia la justicia. No quieren tutelajes ni injerencias donde el más fuerte subordina al más débil. Quieren que su cultura, su idioma, sus procesos sociales y tradiciones religiosas sean respetados. Ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia porque «la paz se funda no sólo en el respeto de los derechos del hombre, sino también en los derechos de los pueblos particularmente el derecho a la independencia».

    Los pueblos de Latinoamérica parieron dolorosamente su independencia política y, desde entonces llevan casi dos siglos de una historia dramática y llena de contradicciones intentando conquistar una independencia plena.

    En estos últimos años, después de tantos desencuentros, muchos países latinoamericanos han visto crecer la fraternidad entre sus pueblos. Los gobiernos de la Región aunaron esfuerzos para hacer respetar su soberanía, la de cada país y la del conjunto regional, que tan bellamente, como nuestros Padres de antaño, llaman la «Patria Grande». Les pido a ustedes, hermanos y hermanas de los movimientos populares, que cuiden y acrecienten esa unidad. Mantener la unidad frente a todo intento de división es necesario para que la región crezca en paz y justicia.

    A pesar de estos avances, todavía subsisten factores que atentan contra este desarrollo humano equitativo y coartan la soberanía de los países de la «Patria Grande» y otras latitudes del planeta. El nuevo colonialismo adopta distintas fachadas. A veces, es el poder anónimo del ídolo dinero: corporaciones, prestamistas, algunos tratados denominados «de libres comercio» y la imposición de medidas de «austeridad» que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres. Los obispos latinoamericanos lo denunciamos con total claridad en el documento de Aparecida cuando se afirma que «las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones». En otras ocasiones, bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo –graves males de nuestros tiempos que requieren una acción internacional coordinada– vemos que se impone a los Estados medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeora las cosas.

    Del mismo modo, la concentración monopólica de los medios de comunicación social que pretende imponer pautas alienantes de consumo y cierta uniformidad cultural es otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Es el colonialismo ideológico. Como dicen los Obispos de África, muchas veces se pretende convertir a los países pobres en «piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco».

    Hay que reconocer que ninguno de los graves problemas de la humanidad se puede resolver sin interacción entre los Estados y los pueblos a nivel internacional. Todo acto de envergadura realizado en una parte del planeta repercute en el todo en términos económicos, ecológicos, sociales y culturales. Hasta el crimen y la violencia se han globalizado. Por ello ningún gobierno puede actuar al margen de una responsabilidad común. Si realmente queremos un cambio positivo, tenemos que asumir humildemente nuestra interdependencia. Es decir, nuestra sana interdependencia. Pero interacción no es sinónimo de imposición, no es subordinación de unos en función de los intereses de otros. El colonialismo, nuevo y viejo, que reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato, engendra violencia, miseria, migraciones forzadas y todos los males que vienen de la mano… precisamente porque al poner la periferia en función del centro les niega el derecho a un desarrollo integral. Y eso, hermanos, es inequidad y la inequidad genera violencia que no habrá recursos policiales, militares o de inteligencia capaces de detener.

    Digamos NO a las viejas y nuevas formas de colonialismo. Digamos SÍ al encuentro entre pueblos y culturas. Felices los que trabajan por la paz.

    Aquí quiero detenerme en un tema importante. Porque alguno podrá decir, con derecho, que «cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia». Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el CELAM y también quiero decirlo. Al igual que san Juan Pablo II pido que la Iglesia «se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos». Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América.

    Y junto a este pedido de perdón, y para ser justos, también quiero que recordemos sacerdotes, obispos, que se opusieron fuertemente a la lógica de la espada con la fuerza de la cruz. Hubo pecado, hubo pecado y abunda, pero no pedimos perdón, y por eso pedimos perdón. Pero allí también donde hubo pecado, donde hubo abundante pecado, sobreabundó la gracia, a través de esos hombres que defendieron la justicia de los pueblos originarios.

    Les pido también a todos, creyentes y no creyentes, que se acuerden de tantos Obispos, sacerdotes y laicos que predicaron y predican y siguen predicando la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre, respeto y en paz; dije obispos, sacerdotes y laicos, no me quiero olvidar de las monjitas que anónimanente patean nuestros barrios pobres, llevando un mensaje de paz y de justicia, que en su paso por esta vida dejaron conmovedoras obras de promoción humana y de amor, muchas veces junto a los pueblos indígenas o acompañando a los propios movimientos populares incluso hasta el martirio. La Iglesia, sus hijos e hijas, son una parte de la identidad de los pueblos en Latinoamérica. Identidad que tanto aquí como en otros países algunos poderes se empeñan en borrar, tal vez porque nuestra fe es revolucionaria, porque nuestra fe desafía la tiranía del idolo dinero. Hoy vemos con espanto como en Medio Oriente y otros lugares del mundo se persigue, se tortura, se asesina a muchos hermanos nuestros por su fe en Jesús. Eso también debemos denunciarlo: dentro de esta tercera guerra mundial en cuotas que vivimos, hay una especie de genocidio en marcha que debe cesar.

    A los hermanos y hermanas del movimiento indígena latinoamericano, déjenme trasmitirle mi más hondo cariño y felicitarlos por buscar la conjunción de sus pueblos y culturas, eso que yo llamo poliedro, una forma de convivencia donde las partes conservan su identidad construyendo juntas la unidad, una pluralidad que no atenta, sino que fortalece la unidad. Su búsqueda de esa interculturalidad que combina la reafirmación de los derechos de los pueblos originarios con el respeto a la integridad territorial de los Estados nos enriquece y nos fortalece a todos.

    3.3. La tercera tarea, tal vez la más importante que debemosasumir hoy, es defender la Madre Tierra.

    La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un grave pecado. Vemos con decepción creciente como se suceden una tras otra cumbres internacionales sin ningún resultado importante. Existe un claro, definitivo e impostergable imperativo ético de actuar que no se está cumpliendo. No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los Pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizare, a exigir –pacífica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra. Sobre éste tema me expresado debidamente en la Carta Encíclica Laudato si’. (…)
    4.Para finalizar, quisiera decirles nuevamente: el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los Pueblos; en su capacidad de organizar y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. Los acompaño. Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez. Sigan con su lucha y, por favor, cuiden mucho a la Madre Tierra. Soy sinciero cuando les digo, rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los acompañe y los bendiga, que los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles abundantemente esa fuerza que nos mantiene en pie: esa fuerza es la esperanza, y una cosa importante la esperanza que no defrauda, gracias.

    Y, por favor, les pido que recen por mí.Y si alguno de ustedes no puede rezar, yo lo respeto pido que me piense bien, que me mande buena onda.


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